Dios no es suficientemente bueno para nosotros

Dicen que Dios, un día, al ver la aflicción de muchos hombres y mujeres a causa de la crisis, bajó al mundo terrenal para ver de cerca qué pasaba en el entorno del trabajo. Así que decidió presentarse a un proceso de selección para un modesto puesto de mando intermedio.

Tras ser recibido y entrevistado por el director de RRHH, su candidatura fue rechazada alegando lo siguiente (según informe interno):

“El señor llamado Dios ha sido descartado para el puesto en cuestión a causa de estos motivos:

  • Su currículum parece definitivamente inflado; se presenta nada menos que como hacedor del Universo, pero no tiene nadie detrás que lo avale ni ninguna titulación certificada. Aun así, se trataría un individuo que está sobre-preparado para el puesto.
  • Dice saberlo todo, lo cual es una exageración completa. Sin más referencias, no puede conocer de facto los entresijos de nuestro sector ni las particularidades de nuestra entidad. Además no parece interesado en recibir nuestra excelente formación corporativa.
  • Su sexo y origen es indefinido, y eso podría ser motivo de controversia y agitación tanto para el personal de la empresa como para nuestros clientes.
  • Se presenta en su personalidad como un ser de bondad infinita y para el puesto ya se sabe que hay que ser al menos un poco cabrón.
  • Afirma sin tapujos que sus valores y convicciones están por encima de la visión y misión de la organización, así como de nuestros intereses y metas estratégicas, lo cual es del todo inaceptable.
  • Un individuo al que no parece preocuparle la retribución económica está bajo sospecha. Además, si le ofrecemos un sueldo bajo estará desmotivado y por supuesto no le vamos a ofrecer un sueldo alto.
  • Definitivamente su edad es un enorme obstáculo; dice estar aquí desde el inicio de los tiempos. De hecho, es tan viejo que debería estar en el retiro. Todo ello no cuadra con la imagen joven, ágil y dinámica que nuestra organización proyecta.

En suma, consideramos que el Sr. Dios no es lo suficientemente bueno para nuestra organización.”

Al salir Dios por la puerta, un hombre de unos 50 años que estaba en la sala de espera se levantó y le dijo:

– ¿A ti tampoco te han elegido? Entonces, tal vez sea mejor que me vaya a casa directamente…

(c) Xavier Bartlett 2013

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