Reinterpretar el cáncer

celulaDesde hace ya muchas décadas el cáncer se ha convertido en uno de los grandes miedos y preocupaciones del hombre (especialmente en el mundo occidental), por ser estadísticamente una las principales causas de muerte de la población. Así, cualquier diagnóstico de cáncer es visto con pavor -o cuando menos incertidumbre- ante el historial terrible de esta enfermedad.

Por supuesto, la medicina moderna ha invertido enormes esfuerzos y recursos económicos en investigar los orígenes de esta enfermedad y sus tratamientos eficaces. Sin embargo, y pese a todos los avances en el terreno quirúrgico y farmacológico, la medicina convencional occidental sigue bastante perdida en cuanto a la causa última del cáncer y continúa aplicando en general métodos altamente agresivos para combatirlo, lo cual nos recuerda el viejo adagio de que “es peor el remedio que la enfermedad”.  De este modo tenemos que, pese a ligeros progresos, un alto porcentaje de diagnosticados de cáncer no logran superar la enfermedad (o su tratamiento…) aun recurriendo a los mejores especialistas y hospitales del mundo.

Con todo, este panorama tal vez podría cambiar si dejásemos de interpretar el cáncer -y otras enfermedades- como un terrible enemigo que hay que destruir a toda costa. En este sentido, varios médicos o investigadores alternativos han empezado a plantear ya desde hace años que las enfermedades son un proceso biológico personal encaminado a superar una situación conflictiva determinada (véase al respecto el libro “La enfermedad como camino”, de Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dälke). En esta línea cabe destacar muy especialmente el trabajo del Dr. Ryke Geerd Hamer, creador de la llamada Nueva Medicina Germánica, que formuló una serie de cinco leyes biológicas fundamentales para entender esta enfermedad de otro modo y sobre todo para reorientar completamente su tratamiento. De todas formas, es oportuno decir que la medicina convencional no sólo ha desestimado e ignorado esta visión de Hamer, sino que lo ha perseguido personal y profesionalmente, por lo que este médico alemán vive actualmente retirado en Noruega. Por lo que yo sé, hasta la fecha su enfoque del cáncer sólo se ha aplicado de forma oficial en el estado de Israel con un altísimo porcentaje de curaciones. El motivo por el cual no se ha extendido a otros países es una  cuestión que no me corresponde contestar.

Finalmente, para aportar las explicaciones y el contexto adecuado a esta nueva visión, adjunto aquí de forma completa un breve artículo elaborado por Antonio Tagliati y Lluís Botinas, de la asociación Plural-21, una entidad pionera en la investigación de nuevas formas de encarar la salud y la armonía más allá del actual paradigma científico.

Aparte, para las personas quizá un poco más reacias a escuchar el término “alternativo” en relación al cáncer, me permito recomendar el visionado de la entrevista que le hizo la periodista independiente Alish al Dr. Javier Herráez, oncólogo, que fue evolucionado desde una estricta aplicación de los protocolos convencionales a un enfoque basado mayormente en la Nueva Medicina Germánica, pero también en otras acciones terapéuticas. Este es el enlace:

EL CÁNCER: ¿Tiene cura? …

CÁNCER: UN PROCESO BIO-LÓGICO A NUESTRO SERVICIO

Bio-lógico significa con lógica de la vida. Como explicaremos a continuación, del cáncer se conocen sus causas tanto sutiles (conductuales, psicológicas, emocionales…) como corpóreas (matrix extracelular, metabólicas, energía…).

Este conocimiento permite afirmar que el cáncer es un programa inserto en nuestro interior que se pone en marcha en situaciones de conflicto o de emergencia a fin de poderlas superar, por lo que el cáncer está a nuestro servicio. Claro está, cuando esto no se entiende, el cáncer se ve convertido en una enfermedad a combatir con métodos muy agresivos que pueden acabar matando. Una consecuencia de este enfoque es que el cáncer es reversible en todas las etapas, si no se ha llegado a un punto de no retorno que consideramos que absolutamente nadie está hoy en día capacitado para precisar si se ha alcanzado o no [1].

Para revertirlo hay que aplicar el principio de –lo primero– no dañar y cambiar las condiciones que determinaron su aparición. El cerebro dirige el conjunto de nuestra actividad. El cerebro es el lugar de encuentro del mundo sutil y del mundo corpóreo. A través del cerebro, lo que nos impacta o perturba, nuestras vivencias y expectativas, nuestros sentimientos y emociones, nuestras esperanzas y nuestras decepciones, nuestros miedos y nuestras alegrías, repercuten en nuestro cuerpo. Y viceversa: nuestra alimentación, los impactos de tóxicos o de ondas electromagnéticas, las condiciones de frío o calor o humedad, etc., repercute en nuestra actitud y en nuestras ganas de vivir. Además, el cerebro dirige hacia la salud el conjunto de nuestra actividad (no destructiva). Y sigue siendo el centro director de nuestra actividad vital incluso cuando la persona se dirige a la muerte, que debería ser digna y consciente. Y así sería si no se produjese la desconexión de los neurotransmisores con morfina o sus derivados y con otros productos químicos que también rompen los complejos mecanismos de reequilibrio y compensación -homeostasis- de que disponemos.

El doctor R. G. Hamer
El doctor R. G. Hamer

¿Por qué el cerebro dejaría de cumplir esta función central cuando la persona tiene un cáncer? Importantes avances científicos recientes permiten culminar investigaciones realizadas hace décadas y poder afirmar con rotundidad que hay buenas noticias sobre el cáncer. En 1931 se otorgó el premio Nóbel de Medicina al Dr. Otto Warburg por sus estudios sobre la célula tumoral. Demostró que no metaboliza oxígeno. Supuso que se debía a un defecto de funcionamiento de las mitocondrias, entonces llamados fermentos respiratorios, sin poder explicarlo exactamente. Hace pocos años, el Dr. Heinrich Kremer pudo culminar las investigaciones de Warburg aplicando los datos actuales aportados por la Biología de la Evolución sobre el origen de las células eucariotas, en particular que nuestro ADN es la acumulación de los ADNs de las bacterias que han participado en la simbiosis. Así pudo explicar que las membranas de las mitocondrias se quedan cerradas de manera permanente por condiciones que se hallan en el exterior de la célula. Entonces la célula se vuelve cancerosa. Si mejoran las condiciones exteriores, las mitocondrias pueden recuperar su funcionamiento normal y la célula cancerosa revertirá a normal [2]. Desde 1981, el Dr. Ryke Geerd Hamer y sus seguidores se han apoyado en miles de casos de cáncer para configurar un mapa del alma y de la vida. En este mapa quedan correlacionadas situaciones de conflicto o de emergencia, los puntos del cerebro donde impactan, y las perturbaciones en las partes del organismo que son dirigidos por dichos puntos cerebrales [3]. Algunas de estas perturbaciones son llamadas cáncer. Si se supera el conflicto o la emergencia desencadenantes, el proceso queda detenido y el cuerpo, dirigido por el cerebro, empieza a reparar lo ocurrido y vuelve por un camino biológico que a veces puede ser peligroso; por ejemplo, en conflicto de territorio la reparación pasa por un infarto de miocardio a la situación normal.

El ser humano es de una complejidad y una potencia extraordinarias. Así, por ejemplo, y a nivel fisiológico, nuestro cuerpo contiene unos cien billones de células. Cada célula tiene más de veinte mil proteínas, de las cuales unas dos mil son enzimas que catalizan unas diez mil reacciones bioquímicas que están constantemente en marcha y que interaccionan entre sí. Cada célula posee 32 pares de cromosomas que contienen la información genética conocida como ADN-nuclear, y cada uno de estos cromosomas tiene unos tres mil millones de pares de letras genéticas. Además, cada célula tiene numerosos ejemplares de cada uno de los diferentes tipos de orgánulos: ribosomas, lisosomas, aparatos de Golgi, centriolos, etc.

Las mitocondrias no son otro tipo de orgánulos como se creyó hasta 1988, sino que son bacterias viviendo simbióticamente dentro de nuestras células. Tienen una cadena respiratoria que les permite formar la molécula energética básica, el ATP [4]. Utilizando oxígeno, de cada molécula de glucosa las mitocondrias obtienen casi 40 moléculas de ATP, mientras que las bacterias que producen su energía por fermentación, obtienen sólo dos moléculas de ATP por cada una de glucosa. Este nivel energético aumentado permite, entre otras cosas, la diferenciación de las células en los organismos complejos. Está muy documentado que las mitocondrias son dañadas por antibióticos (diseñados justamente contra las bacterias), antivirales, quimioterapia, radioterapia [5], etc. A la persona así tratada, le faltará energía. Luego estará cada vez más débil y, entre otras cosas, sus células inmunitarias estarán entre las más afectadas, ya que se multiplican más rápido que el resto de células. Que las membranas mitocondriales se cierren no es de por sí un hecho patógeno, pues deben cerrarse cada vez que la célula se divide a fin de evitar la oxidación del ADN-nuclear por los radicales libres de oxigeno formados en las mitocondrias como producto secundario de su respiración. El problema es que dichas membranas se cierren de forma permanente.

El cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua [6]. El restante 30% está formado en un 10% por células y en un 20% por el matrix extracelular, descrito en los decisivos estudios del Dr. Alfred Pischinger en los años sesenta. Dicho matriz constituye el ambiente externo de las células y las influye en su alimentación, en la eliminación de sus desechos, en su potencial energético; en resumen, determina su correcto funcionamiento. En este matrix extracelular o sistema de Pischinger hay finales de venas, terminaciones nerviosas tanto del sistema simpático como del parasimpático, etc.

Luego la alimentación, la respiración, los pensamientos, los sentimientos, las emociones, los conflictos vividos, las situaciones de emergencia,… incidirán en él. Si el matrix extracelular se anquilosa, degenera, rigidiza, etc., dejará de llegar oxígeno, nutrientes, frecuencias de luz y otros elementos vitales a las células y, en consecuencia, a sus mitocondrias. Las mitocondrias mal oxigenas y mal nutridas van cerrando sus membranas de manera permanente, disminuyen su elaboración de energía porque no pueden seguir obteniéndola por respiración y pasan a obtenerla por fermentación; luego por cada molécula de glucosa forman veinte veces menos moléculas de ATP.

Estos elementos permiten establecer una explicación bio-lógica del cáncer para la que se puede partir tanto del nivel corpóreo como del nivel sutil. Su confluencia debe ser profundizada.

Desde el corpóreo: Si por razones diversas el nivel energético baja de modo constante, se pierde el nivel necesario para mantener la energía y la información de diferenciación celular. La célula se adapta a la nueva situación y vuelve a su bien conocido sistema de obtención de energía por fermentación. Si el fenómeno es localizado en el espacio y en el tiempo, el desajuste metabólico es nimio y la persona no se entera de nada. Pero si tiene la mala suerte de ser diagnosticada en este momento [7], queda automáticamente reo de una amenaza de muerte que puede ser suficiente para provocar, a través del sistema hormonal, otra alteración metabólica que a su vez será diagnosticada como metástasis. E incluso el tratamiento agresivo del tumor primario y/o de la metástasis puede generar otro impacto que a su vez sea diagnosticado como una nueva metástasis.

Si el proceso de disminución de energía prosigue [8], las células transformadas continúan creciendo hasta que la irrigación sanguínea no es suficiente para alimentarlas. Este problema se soluciona desde el punto de vista de la supervivencia de dichas células adaptándose a su entorno y utilizando el azufre contenido abundantemente en el matrix extracelular. Esto determina acercarse al punto de no retorno y a la muerte por caquexia, que es la causa principal de muerte por cáncer. Por el contrario, el tratamiento debe dirigirse a aumentar la energía de la zona del cuerpo afectada para volver al nivel energético normal, y así tener las células la información suficiente para determinar de nuevo la diferenciación a través de la actividad mitocondrial normal.

Desde el nivel sutil: Una emergencia que se vive de manera que sorprende e impacta (como un casi atropello por un vehículo, una pérdida repentina del trabajo, un accidente grave del hijito de una madre diestra, la amputación de una mama) puede [9] vivirse como un conflicto (respectivamente de miedo a la muerte, de territorio, de nido, de ataque a la propia integridad) que genere una diana en una parte u otra del cerebro (respectivamente en un punto del tronco cerebral, de la corteza frontolateral, del lateral derecho del cerebelo, del cerebelo) que se traducirá en el cuerpo (respectivamente en formación de nódulos pulmonares, en ulceraciones pulmonares, en nódulos en la mama izquierda, en melanoma).

Desaparecida la emergencia, habrá una vuelta al funcionamiento biológico normal (que pasará, respectivamente, por el encapsulamiento o eliminación por tuberculosis, por un carcinoma pulmonar, por el encapsulamiento o eliminación por micobacterias, por una reducción por necrosis caseificante). Pero también un conflicto constante en la vida diaria puede provocar alteraciones semejantes. Así, por ejemplo, si un niño no se siente suficientemente atendido puede tener una pérdida de confianza en sí mismo que se reflejará en el mesencéfalo y le producirá una anemia; recuperada la atención de sus padres, le aparecerá una leucemia reequilibradora. Una pérdida grave de valor social puede vivirse como desvalorización que incidirá también en el mesencéfalo y repercutirá en una osteolisis; la superación será diagnosticada como osteosarcoma. Como último ejemplo, tener que convivir con una suegra a la que no se aguanta puede crear una situación de no poder digerir, lo que –a través del puente cerebral– formará un cáncer de estómago. Una vez superada la situación con la suegra, se producirá una putrefacción, por hongos o por micobacterias, de la masa tumoral.

De estos ejemplos, el carcinoma pulmonar, la leucemia y el osteosarcoma son falsos diagnósticos de cáncer (y se están haciendo muchos similares a diario). Los otros son cánceres que empiezan a revertir en cuanto se ha superado la emergencia o el conflicto, y el equilibrio funcional se recupera si no se interfiere con tratamientos agresivos inadecuados.

Resumiendo: La causa del mecanismo adaptativo llamado cáncer está en nuestro entorno y en nuestra forma de vivir la vida. Pero parece más fácil culpar a una mutación genética, o a un microorganismo, o a unas radiaciones, o a un producto tóxico, o al tabaco, que atrevernos a ver la realidad y a cambiarla y a cambiarnos. La ventaja es que esto último depende en gran parte de cada una y uno de nosotros

© Antonio Tagliati / Lluís Botinas, 2006

Notas:

[1] Hay numerosas recuperaciones de enfermos de cáncer –y de otras enfermedades– dados por desahuciados o muertos. Que tantos médicos se permitan colgar diariamente numerosas etiquetas de enfermo incurable o terminal es consecuencia de lo limitado de sus conocimientos y de lo prepotente de su actitud. Además, el concepto de enfermedad incurable es un invento de la Medicina Occidental Moderna; en las Medicinas Tradicionales no existe esta concepción, la cual tiene por sí sola consecuencias muy perniciosas.

[2] El Dr. Jordi Buxalleu, de Arenys de Mar (Barcelona), ha realizado una investigación paralela y ha elaborado su propio tratamiento, avalado por una sesentena de desahuciados que se han recuperado –algunos hace más de 30 años– y cuyos datos aparecen en el libro escrito sobre él.

[3] Se podrían verificar las cinco leyes biológicas encontradas por el Dr. Hamer sin gastar ni un euro simplemente contrastándolas con los escáneres e historiales médicos archivados en los hospitales. En Psicología se ha encontrado asociación entre el tipo de personalidades (A, B y C) y enfermedad (coronarias, nada, y tumores) que coincide con este enfoque.

[4] El ATP constituye en torno al 95% de nuestra energía, y cada día necesitamos para poder vivir una cantidad de ATP aproximadamente similar a nuestro propio peso.

[5] El ADN-mitocondrial no tiene mecanismos de autoreparación, como afortunadamente sí posee el ADN-nuclear. Luego las mutaciones producidas por estos tratamientos se acumularán y serán trasmitidas por las mujeres a sus bebés, ya que las mitocondrias sólo se trasmiten por vía materna.

[6] En realidad, de agua de mar, aunque esto queda para otro texto.

[7] Cuidado con los diagnósticos precoces, que mayoritariamente sirven para hacer falsos diagnósticos y para mejorar las estadísticas presentando como cánceres curados ; lo que no eran sino desarreglos metabólicos transitorios.

[8] Y tanto la quimioterapia como la radioterapia contribuyen a reducir la energía.

[9] Este PUEDE indica que no estamos ante un nuevo determinismo. La misma situación desencadenará o no el mecanismo señalado dependiendo de la intensidad y el colorido con que se viva. Lo que sí puede asegurarse es que si aparece la manifestación, la causa es la señalada.

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