El fraude del calentamiento global y el cambio climático

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No cabe duda que el mundo moderno ha visto en las recientes décadas el triunfo de una ola ecologista global que tiende a enfrentar al hombre (o la actividad humana) con la propia supervivencia del planeta. Esta corriente, en principio opuesta a cierto desarrollo y progreso industrial, quedó fuertemente apuntalada por la aparición en los años 90 de la llamada teoría del calentamiento global antropogénico (CGA, o en siglas inglesas, AGW), que vino avalada (¿sorprendentemente?) por las más altas instancias políticas internacionales y que lanzó un señal de alarma sobre el futuro del planeta y sobre su complicada “sostenibilidad” (extraño concepto que parece más bien una espada de Damocles).

En efecto, el ex vicepresidente de los EE UU Al Gore apadrinó con su libro y documental “Una verdad incómoda” la corriente científica, política, económica y social acerca del grave peligro que supone determinada acción humana sobre la naturaleza, sobre todo en forma de emisiones de dióxido de carbono (CO2), que estarían provocando un progresivo efecto de calentamiento global, con dramáticas consecuencias sobre todos los seres vivos de la Tierra. De este modo, se ha ido creando un potente estado de opinón pública que tiene por objeto el salvamento de la Madre Tierra de la perversa acción de los humanos, en particular de las grandes compañías que explotan los combustibles fósiles.

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Al Gore lanzó la amenaza  climática

Entre otras cosas, los defensores del CGA, a partir de unos modelos informáticos de predicción, defienden que la temperatura sufrirá un fuerte incremento en el siglo XXI, que la capa de hielo de los polos y los glaciares se fundirá, que a finales de siglo el nivel de las aguas crecerá en varios metros, que los huracanes y otros desastres naturales crecerán en número y en intensidad, que miles de especies animales acabarán por extinguirse y, finalmente, que se producirán enormes éxodos de refugiados climáticos.

Por cierto, habría que recordar que hace no demasiados años –la década de los 70– se alertó a la población mundial ante la expectativa de una nueva Edad del Hielo (!), vista la notable bajada de las temperaturas durante parte del siglo XX. Y, mira por dónde, la nueva caída de las temperaturas en estos últimos años ha sido interpretada como una mera pausa en el proceso de calentamiento, lo cual ya es muy representativo de qué clase de ciencia está detrás de esta teoría.

Así pues, nos encontramos que todas las instituciones internacionales (comenzando por la ONU, que ha creado el IPCC, o Intergovernmental Panel on Climate Change), los gobiernos nacionales (aun cuando hay aparentes resistencias) y las instituciones académicas han ido construyendo un escenario catastrofista ante el cual se debe reaccionar de forma preventiva y también contingente. Esta reacción se ha traducido en una agenda global de medidas aplicables a toda la población humana a fin de contrarrestar adecuadamente las amenazas de este proceso climático. La filosofía que impregna esta agenda es que todos nos sintamos corresponsables (en realidad, culpables) de este proceso y que estimemos preciso imponernos unas drásticas medidas para evitar la hecatombe ecológica. Ahora bien, resulta paradójico que los grandes poderes mundiales no muestren igual preocupación por fenómenos como los chemtrails, los alimentos modificados genéticamente, la deforestación, el vertido de residuos tóxicos, la masiva contaminación electromagnética…

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La ONU dirige el debate climático a través del IPCC

Y lo que es más llamativo, incluso las ONG “verdes” (sobre todo las grandes),  se han apuntado a esta cruzada y siguen las consignas marcadas desde los organismos oficiales, apelando a lemas impactantes (“El Ártico se derrite: ¡firma ya para salvarlo!”). Eso sí, a la hora de aportar datos científicos, ya es otra cosa; para eso ya están los científicos oficiales. En todo caso, no se podrán quejar de su impacto mediático, pues gozan de una amplia presencia en los medios de comunicación aunque quieran dar una imagen pública de perseguidos o “anti-sistema”. En fin, si a estas alturas alguno aún cree que las principales ONGs son independientes del Poder, ya es hora de perder la inocencia.

Sin embargo, al hablar del CGA, existe un grupo de científicos que, a pesar de la presión social y mediática de las supuestas verdades sobre el cambio climático, se han posicionado firmemente en contra, porque creen que este fenómeno tiene mucho de maniobra socio-política pero muy poco de verdadera ciencia. Estas personas, que desde las altas instancias son acusadas de negacionistas (al mismo nivel que los negacionistas del SIDA o del Holocausto) y de estar a sueldo de las compañías petrolíferas, creen que los datos científicos disponibles no confirman en absoluto la existencia de un proceso de calentamiento global ni un cambio climático de grandes proporciones.

Así, afirman simplemente que el clima cambia con regularidad, que la humanidad ya ha pasado por episodios de fuertes variaciones climáticas, que las emisiones de dióxido de carbono no pueden justificar cambios drásticos, y que de hecho no han tenido efecto alguno sobre la variación de las temperaturas en el siglo XX. Además, ponen de manifiesto que se ha creado una injustificada histeria sobre estas emisiones, como si este gas fuera un tóxico letal, cuando en realidad es un elemento básico para el proceso de la vida en el planeta. Así pues, una vez descartadas las tesis del CGA, la mayoría de estos escépticos consideran que el origen de las variaciones climáticas se encuentra realmente en la actividad solar, tal y como apuntan los datos obtenidos hasta la fecha.

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El Sol está detrás del cambio climático

En definitiva, pese a la magnificación y repetición de ciertas consignas dogmáticas, estos científicos apelan a su honestidad e integridad científica para afirmar sin tapujos que el CGA está más cercano a una pseudociencia o a una creencia que a un enfoque científico riguroso. De este modo, han destapado las incongruencias de esta corriente de pensamiento, con sus manipulaciones, lecturas sesgadas, interpretaciones y predicciones sin fundamento alguno… Y todo ello por no hablar en clave conspirativa de ciertos correos electrónicos y documentos que salieron a la luz en 2009 sobre acuerdos secretos para manipular u omitir datos y presentar otros que refuercen la versión oficial, o sobre los esfuerzos para que los escépticos no difundan sus postulados, o sobre el ocultamiento del periodo cálido medieval.

No obstante, alguien podría decir que los negacionistas son cuatro iluminados e indocumentados. Pero no es así. La lista de científicos que se oponen al fraude del calentamiento global es muy larga; es, de hecho, de miles de expertos de todo el mundo, incluyendo especialistas de primera fila en meteorología, climatología, biología, oceanografía, física, química, geografía, y también algún Premio Nobel. Sin embargo, muy pocos artículos críticos o escépticos –por no decir casi ninguno– llegan a publicarse en las revistas científicas “de referencia” y tendríamos que preguntarnos por qué.

Mientras tanto, las autoridades y los medios de comunicación insisten, de cara al gran público, en que existe un consenso generalizado sobre este tema. A este respecto, sería bueno matizar que aun cuando existiera un consenso científico “casi unánime”, seguiría sin ser una verdad absoluta, sino simplemente un acuerdo de una mayoría de expertos. Dicho de otro modo, el consenso es más bien un término político, no científico. Como dijo Michael Crichton muy acertadamente: “El consenso científico es irrelevante; lo que es relevante son los resultados reproducibles.”

O sea, aunque los opositores al CGA, en vez de ser miles, fueran diez, cinco, o sólo uno, podría ser que ellos tuvieran la razón y los demás no. Véase esta cita de un notable científico francés del siglo XIX:

“Si un hecho está en contradicción con una teoría dominante, uno debe aceptar el hecho y ha de abandonar la teoría, aunque esta última haya sido aceptada de forma general y haya sido ratificada por personalidades de gran renombre”.

Claude Bernard (1813-1878), biólogo, médico y fisiólogo.

En fin, el dictamen de algunos críticos sobre ese cierto consenso y sobre la naturaleza acientífica del CGA es demoledor. Como afirma el biofísico Paulo Correa:

“Sin una comprensión de conjunto, sistemática e interconectada del sistema no lineal formado por la atmósfera, los océanos, los continentes y la biosfera, los dogmas como el calentamiento global provocado por el hombre por mediación del CO2 sólo pueden salir adelante como parte de una agenda política dirigida a través de los medios. Con una comprensión funcional y de conjunto, estos dogmas no se muestran más válidos que las fantasías de un niño. Si se diera realmente un consenso mayoritario acerca de que el calentamiento global es real y de origen humano, entonces uno tendría que concluir que ese fue el consenso de una mayoría de adultos infantilizados, no de científicos capaces de pensar por sí mismos y de aplicar el método científico, sino de zombis masificados compitiendo por empleos tecnoburocráticos.” (Paulo Correa. Global Warming: an official pseudoscience)

Ahora bien, dicho todo esto, no deberíamos caer en la fácil trampa o falacia de la polaridad: “O estamos con el ecologismo o estamos con  este mundo moderno y sofisticado”. Es como dar a elegir entre la Edad de Piedra y el desarrollo industrial desbocado, el crecimiento indefinido, la globalización, la contaminación, etc. Obviamente, ni cualquier tiempo pasado fue mejor ni el futuro nos depara necesariamente una felicidad basada en un sofisticado entorno material. Es bien posible que el precio que tengamos que pagar por todo el desarrollo de nuestro mundo moderno no sea ambiental sino más bien ético.

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No se debería idealizar la naturaleza para vender una cierta visión del mundo

En este sentido, resulta que casi todo el mundo acepta que la actividad humana tiene un cierto impacto en el medio ambiente (¡siempre lo ha tenido!), y más en los últimos tiempos con el desarrollo industrial. Pero sería bueno señalar que ya el hombre primitivo del Neolítico quemaba bosques para obtener tierras de cultivo y tal vez esta práctica podría ser considerada hoy como altamente agresiva y anti-ecológica. Y si un civilizado romano hubiera viajado al futuro y hubiera visto el desarrollado siglo XIX tal vez hubiera pensado que aquello era una locura del todo “insostenible” y que ya no se podía caer más bajo. No obstante, el mundo ha seguido dando vueltas y ha seguido evolucionando. Los ecologistas quieren “lo bueno” del mundo altamente civilizado y tecnólogico, pero no quieren “lo malo”. ¿O tal vez les gustaría vivir en la Edad Media, con su hambruna, sus epidemias, su falta de higiene, su miseria, su precaria medicina…? En definitiva, idealizar o condenar el pasado (o el presente) es un ejercicio sin mucho sentido.

Y vamos concluyendo. ¿Que a usted, querido lector/a, no le llegan estas noticias sobre disidentes científicos, sobre otras versiones del cambio climático? No se extrañe. La verdad siempre ha de ser unívoca, no pueden haber discrepancias ni dudas. Antes se dictaban las verdades desde un púlpito religioso y ahora se dictan desde una pantalla de TV y desde un despacho oficial.

Para finalizar, nada mejor que remitirme a las pruebas científicas que se aportan desde el bando escéptico, y así pues adjunto para descarga el artículo en PDF del profesor Joel Kauffman, publicado en la revista digital Dogmacero (n.º 5) el pasado año. En dicho documento se aborda el problema en su ámbito científico y se analizan los principales fallos y falacias de la teoría CGA a la luz y el rigor de los datos. Desde luego, contiene argumentaciones de tipo técnico que pueden resultar un poco complejas para el lector no experto, pero que son del todo necesarias para ubicar la controversia en su contexto adecuado. Después, queda a criterio de cada persona profundizar en el tema y hacer su propia reflexión. Es saludable promover la libre información y el debate; para vender verdades dogmáticas y difundir el miedo ya están los de siempre.

El engaño del cambio climático

(c) Xavier Bartlett 2014

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7 thoughts on “El fraude del calentamiento global y el cambio climático

  1. Hola Xavier, me alegra haber encontrado tu blog (a través de timefortruth). Has escrito un post muy interesante y que me deja más claras mis ideas con respecto al controvertido tema del calentamiento global. Soy biólogo y la verdad es que confieso que hasta ahora me tiraba más la versión oficial del cambio climático, sobre todo porque he considerado como prueba bastante contundente una publicación de la Comision Europea en la que presentan los proyectos de investigación DAMOCLES y CARBOEUROPE enfocados al CO2. Pero a partir de hoy la “miraré con otros ojos”, con unos más abiertos, jeje.
    Gracias por la información y un saludo

    1. Hola amigo aantaress

      Bueno, gracias por tu comentario. Evidentemente yo también me creía las versiones oficiales en muchos temas porque pensaba que “los de arriba” en el fondo no eran mala gente. Me equivocaba; eran mucho peor. Algún día irás viendo que todas o muchas de las versiones oficiales forman parte de una gran mentira. Y ni siquiera son capaces de ser fieles a su “infalible y objetiva” ciencia empírica, simplemente les basta vender consignas y que la gente se las crea. ¡Todo son creeencias que instalamos en nuestra mente! Lo que está claro es que debemos de ser capaces de pensar por nosotros mismos para contrastar y formarnos una opinión. En este punto, más allá de los argumentos científicos, ya tengo claro que donde está el miedo, el control y la amenaza (lo de “DAMOCLES” es definitivo…) no puede estar la verdad.

      Saludos,
      Xavier

  2. Me centro en una frase, cuando comparas el cambio climático al SIDA o al holocausto judío, porque es muy parecido, se trata de la manipulación de los hechos, no de una mentira disparatada, el cambio climático existe, pero es algo natural, o el hombre no interviene tanto como se pretende, al menos por su actividad industrial, en cuanto a otros modos que no se reconocen oficialmente, habría mucho que decir, ya que el uso del clima como arma es algo documentado desde ¿la guerra de Vietnam? .

    Y sobre lo que digo del SIDA y Holocausto, aclaro: el SIDA no es un virus y por supuesto no se cura envenenando el cuerpo y el holocausto judío se magnificó mucho después de la guerra para justificar la creación y mantenimiento del estado de Israel, pero los nazis (y demás estados en guerra) asesinaron a mucha más gente y etnias que a los judíos, así como han existido otros holocaustos como el kurdo, el Armenio…

    Saludos.

    1. En efecto, cualquier gran mentira que tiene una pequeña porción de verdad es más fácil de sostener. En cuanto al tema del SIDA, me remito al artículo sobre LLuís Botinas que puedes leer en este mismo blog. El problema es que la mayor parte de la humanidad es un rebaño que no busca ni razona ni reflexiona; simplemente va a dónde le dicen a partir de ciertas verdades impuestas (implantadas). En suma, el hombre-máquina de Gurdjeff…

      Saludos,
      X.

  3. El calentamiento global existe y es un hecho irrefutable.
    Es lógico que existan también fundamentalistas en este tema.
    Junto a los fundamentalistas fanáticos de lo apocalíptico, también los ubico a Uds. fanáticos de la negación del mal que el desmanejo de las emisiones provoca al planeta.
    Para ellos todo está mal, para uds. ellos mienten y todo está bien .
    Ambos se equivocan, pues no es tanto ni tan poco .
    Cuando se cita a Bernard también debiera aclararse que el hecho en contradiccion con la teoria podría ser ni más ni menos que tan solo una apreciación personal.
    Soy ingeniero, y veo como diariamente las industrias agreden al ecosistema al que pertenecemos, por lo que pensar que ello es gratis y no generará consecuencias es , al menos ingenuo (por no pensar mal). Gracias.-

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