Medicina criminal

Reseña del libro “La mafia médica”

LANCTOT, Ghislaine. La mafia médica. Ed. Vesica piscis. Málaga, 2002

 mafiamedica¿Qué sabemos sobre la enfermedad? ¿Qué sabemos sobre la salud? ¿Qué sabemos sobre el cuerpo humano… y lo que hay más allá de él? Estas son preguntas que pueden parecer demasiado genéricas o complicadas, aunque todos tengamos una vivencia directa y cotidiana de ellas. Por su parte, se supone los médicos tienen un amplio conocimiento –científico, por supuesto– de estas cuestiones porque nuestra moderna medicina ya está muy avanzada, después de siglos de constante investigación, que además parece haberse acelerado en las últimas décadas.

Sin embargo, las cosas no son lo que parecen y lo que es peor, de hecho, son más bien lo contrario de lo que parecen. Y esta ignorancia o incomprensión, desgraciadamente, no sólo afecta a los enfermos o pacientes, sino también a los propios profesionales de la medicina. Por lo menos esto es lo que piensa la doctora canadiense Ghislaine Lanctôt (actualmente Ghis), que a lo largo de 25 años de ejercicio de la medicina convencional en Canadá, Francia y EE UU, fue viendo que “algo no iba bien con la sanidad”. Esta percepción acabó por provocar un giro copernicano en su profesión y en su vida, una apuesta personal que iba a costarle un alto precio. Tanto es así, que en 1994, tras publicar La mafia médica (un best seller mundial), las autoridades sanitarias le retiraron de por vida su licencia para ejercer la medicina, aparte de otras persecuciones y limitaciones que vinieron después como consecuencia de la firme postura de Lanctôt de seguir hurgando en la herida y denunciando un cierto estado de cosas.

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Doctora Ghislaine Lanctôt

Y ahora podríamos preguntarnos qué clase de feroz crítica planteó la doctora para ser enviada al más absoluto ostracismo. En suma, ¿qué tenía de peligroso La mafia médica para el sistema? Eso es lo que voy a intentar explicar con la mayor concisión posible, si bien no es tarea fácil, pues casi cada página del libro podría ser una fuente inagotable de reflexiones y comentarios.

En realidad, este libro se sitúa más allá de una denuncia de los sistemas sanitarios occidentales, pues propone una visión integral y revolucionaria de la salud, a partir de una reflexión sobre el concepto del propio ser humano. Desde este enfoque, Lanctôt pone de manifiesto que el hombre es mucho más que un ente material y considera que la salud es un tema que debe afrontarse desde la compleja constitución de los humanos, que incluye un alma y un espíritu. Por otra parte, la autora fustiga el enfoque materialista de la medicina moderna por ser ineficaz, cara y corrupta, y por causar mucho más daño que verdadera sanación. De hecho, pocos libros son tan claros, rotundos y devastadores en la crítica a la concepción occidental de la salud, la medicina y la farmacología.

La primera parte del libro es una introducción al problema de fondo: la medicina moderna es realmente una medicina “de enfermedad”, no “de salud”. Es más, no entiende qué es el ser humano y enfoca la enfermedad como una enemiga a la que hay que combatir implacablemente por todos los medios, como una auténtica guerra sin cuartel. Lanctôt afirma que esta situación se sustenta porque existe una todopoderosa mafia médica que funciona gracias a la imposición y al miedo, pero que las cosas podrían cambiar radicalmente. A este respecto, realiza una inequívoca declaración de principios:

“La información que antes se ocultaba ahora es pública: las vacunas son ineficaces y peligrosas, la medicina mata personas, los medicamentos nos envenenan y el sida ¡no existe! El médico alemán Ryke Geerd Hamer ha demostrado que todas las enfermedades son psicosomáticas. Las medicinas no agresivas ganan popularidad. Se cuestiona la autoridad de las autoridades; si no fuera por el miedo estarían indefensas. La mafia médica se desplomará como un castillo de naipes en cuanto un 5% de la población pierda su confianza en ella.”

Para Lanctôt, todo empieza en una errónea concepción del ser humano, al que la materialista ciencia actual reduce a la simple condición de un cuerpo al que hay que tratar. Sobre este punto, la doctora canadiense ha explorado más allá de los terrenos médicos ortodoxos y ha acudido a otras vías científicas, filosóficas y espirituales para construir un retrato más completo de lo que es un humano, que estaría compuesto de cuatro niveles o elementos, enmarcados en un sistema energético que va de la vibración más densa y lenta a la más ligera y rápida. Así, en su opinión, aparte de un cuerpo físico perceptible por los sentidos, tenemos un cuerpo sutil no visible (donde habitan los pensamientos y las emociones), un alma (nuestra energía vital y conciencia) y un espíritu (nuestra condición divina).

Estos dos últimos componentes son nuestra verdadera identidad, inmortal y eterna, y es cuando el alma se retira del cuerpo cuando se da la condición de “muerte”. Lo que ocurre antes de muerte es, según Lanctôt, una especie de viaje o experiencia en la que el conductor (el alma) se sirve de un vehículo (el cuerpo) para aprender algo.

A su vez, la enfermedad surgiría como una falta de armonía o conjunción entre el alma y el cuerpo. Así, cuando el cuerpo predomina sobre el alma –a través de las adicciones, el miedo, las creencias y la corrupción– se produce un estado de desequilibrio que conduce al malestar y a la enfermedad. Ante esta situación, la medicina convencional sólo se queda en la superficie y se enfrenta a los efectos del desequilibrio, no al desequilibrio en sí. Lanctôt plantea un símil entre el ser humano y un iceberg: la punta del iceberg (el cuerpo físico) es donde se manifiesta el problema, pero el problema real radica en la masa del iceberg que está bajo la superficie (el cuerpo sutil) y las causas del problema aún están más al fondo, en la base del iceberg (el alma).

A partir de este escenario, Lanctôt dedica la segunda parte de su obra a proponer una alternativa al modelo actual, poniendo como foco de atención la salud en vez de la enfermedad. En el camino, no pierde oportunidad para desmontar toda la supuesta eficacia y bondad de la medicina moderna occidental o alopática, dejando bien claro que no sólo no cura, sino que mata y produce sufrimiento, por no hablar de su enorme coste, sobre todo en el terreno farmacológico y asistencial. Veamos seguidamente sus principales argumentos.

En primer lugar, tenemos un sistema en que el médico ha sido educado para vencer a la enfermedad y a la muerte, que son considerados “fracasos” a evitar a toda costa. En general, este profesional, que sólo confía en la formación científica que ha adquirido, se ha vuelto arrogante y distante y desoye cualquier otro medio o forma de sanación. Su trabajo se centra en lo que puede ver, tocar y medir, esto es, en la manifestación del problema y en el agente agresor (microbio, tumor, dolor, etc.), al que hay que suprimir como sea.

pastillaPero resulta que el remedio es peor que la enfermedad, y la aplicación de esta medicina guerrera tiene unos innegables efectos devastadores. Por ejemplo, en EE UU unas estadísticas oficiales revelaban que nada menos que 700.000 fallecimientos eran debidos directa o indirectamente a los fármacos, medicamentos de síntesis que el cuerpo no puede asimilar, a diferencia de los remedios naturales tradicionales. Aparte de esto, la medicina moderna es una compleja, costosa y agresiva maquinaria por la enorme cantidad de pruebas de diagnóstico innecesarias que se realizan. Al final, se acaba convirtiendo en un pulpo de múltiples brazos que atrapa a la persona con pruebas y más pruebas, tratamientos y fármacos destinados a combatir los síntomas, etc. hasta que el paciente se hace dependiente de un sistema que ya no le dejará de por vida… pero que no le curará realmente. Como dice Lanctôt:

“La medicina moderna hace desaparecer el síntoma, la manifestación en el cuerpo físico de la enfermedad del alma. Pero no cura. Sólo corta la punta del iceberg. […] El problema, el cuerpo del iceberg, permanece, al igual que la base, la causa. Tarde o temprano la punta emergerá. Como no se dirige a la causa, la medicina científica mantiene al paciente en un estado de dependencia y sumisión permanentes.”

Además, determinados acuerdos (el informe Flexner en América y luego la declaración de Alma Ata), han conducido a una unificación de las buenas prácticas médicas reconocidas internacionalmente, con lo que todos los sistemas sanitarios han caído bajo la tutela de la OMS (Organización Mundial de la Salud), que dicta los criterios médicos correctos para todo el planeta. En otras palabras, la sanidad pública y privada de cualquier país está en manos de un gobierno mundial, lo que no ha hecho más que confirmar el predominio del poder económico (un auténtico monopolio) sobre cualquier otra visión de la medicina.

Frente a este panorama, la autora propone varias opciones no agresivas o naturales, en las cuales se engloban terapias de diversa índole o enfoques generales como la medicina holística (“total e integrativa”) que concibe al hombre como un holograma, en que las partes y el todo están interconectados, o la medicina complementaria, en la que se combina una visión científica y una visión terapéutica alternativa. Finalmente nos quedaría aquella medicina que va más allá de tratar al cuerpo y cuyo mejor exponente es la autosanación, en la que el paciente es responsable y guía de su propia curación, pasando de un rol meramente pasivo a un rol activo y decisivo. En este contexto, lo que debe conseguir el paciente, con su propia voluntad y la ayuda de los especialistas, es la sanación del alma (donde radica la causa del mal), que es en definitiva la transformación de la conciencia.

Sin embargo, los obstáculos para esta medicina alternativa siguen ahí y son muy potentes. La autora dedica gran cantidad de páginas a mostrar hasta qué punto la llamada mafia médica, de carácter global, controla y manipula la salud pública en todos los países, en beneficio del establishment y la industria (para entendernos, principalmente el imperio farmacéutico) y en perjuicio de los enfermos (los que serían de algún modo los “clientes” de todo el sistema). Lanctôt es tremendamente dura con este estado de cosas, pues afirma que no sólo se trata de una medicina inoperante, sino de un sistema verdaderamente asesino.

Sus análisis de determinados temas críticos son demoledores, demostrando, por ejemplo:

  • Que las vacunas no nos protegen sino que son mayormente inoperantes e incluso muy perjudiciales para salud, llegando a causar numerosísimas muertes y amenazando la salud pública mundial, sobre todo de la infancia.
  • Que el SIDA no es contagioso y que, de hecho, la debilidad inmunitaria debe achacarse a varios factores bien conocidos. El VIH se ha convertido en un chivo expiatorio y mientras tanto se silencian las voces que cuestionan la versión oficial.
  • Que el enfoque ortodoxo sobre el cáncer ignora las verdaderas causas de la enfermedad y aplica soluciones altamente agresivas, como la amputación (cirugía), el envenenamiento (quimioterapia) y las quemaduras (radioterapia). Entretanto, existen tratamientos alternativos eficaces que son ignorados o perseguidos.

Como colofón de su alegato, Lanctôt argumenta que la medicina científica no es realmente científica, y que más bien funciona como una herramienta de miedo y sumisión. Frente a esta situación, la autora propone que el paciente ejerza su poder y recupere su soberanía. Asimismo, marca las pautas para la creación de un sistema de salud basado en una estrecha relación paciente-médico y en la solidaridad médica y universal, sin intermediarios ni interesados.

Finalmente, Lanctôt considera que la medicina actual, controlada por una mafia médica, ha sido una necesidad evolutiva, pero que ya ha cumplido su función y que debe ser superada para alcanzar un estado más alto de conciencia, en el cual el ser humano recobre su condición divina, dejando atrás la dualidad y abrazando la universalidad.

En definitiva, esta obra debe ser leída y valorada con ojos bien distintos a los del actual paradigma, porque de otro modo resultaría del todo absurda e incomprensible. Realmente, cuando una persona que procede del campo científico convencional –y no es la única– da semejante salto hacia una nueva ciencia y una visión espiritual de nuestra existencia, podemos afirmar con seguridad que algo está cambiando definitivamente en este mundo, y que ya no hay vuelta atrás. En efecto, como ya dijimos, se trata sin duda de un documento que va más allá de la denuncia de la situación sanitaria, y es que su objetivo último no es otro que el de abrir mentes y conciencias, o más bien despertarnos de nuestro letargo, apatía e ignorancia. Desde esta nueva visión, se hace preciso entender que la enfermedad es en realidad nuestra aliada y que surge en el cuerpo físico como reflejo de los problemas del alma, lo cual nos recuerda a la famosa máxima hermética de “como es arriba, así es abajo”. ¡Qué simple y, sin embargo, qué difícil de asimilar!

Por lo tanto, la lectura de La mafia médica es altamente recomendable para todos los públicos (incluidos, claro está, todos los profesionales de la salud), para que los velos de una realidad oscura, opresiva y falaz acaben por caer.

© Xavier Bartlett 2015

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8 thoughts on “Medicina criminal

  1. Se agradece el descubrimiento, hace tiempo que sigo a Hamer, (que veo que también menciona) y hace poco descubrí otro ¨raro¨, en este caso español, el doctor Escudero

    Lo que queda claro es que la mal llamada medicina científica, no es en absoluto científica, debería llamarse medicina comercial, pues no persigue mejorar la salud, sino los dividendos de sus accionistas y está controlada por auténticos mafiosos:

    https://disiciencia.wordpress.com/2015/02/26/la-oms-y-la-unicef-esterilizan-a-pueblos-del-tercer-mundo-afirmando-vacunarlos/

    http://www.nutricion-evolutiva.org/2011/10/quien-puso-los-limites-sanos-de.html

    …Ahora a ver si encuentro el libro.

    Saludos.

    1. Amigo Piedra:

      Gracias por tu comentario, coincido con tu apreciación. Supongo que podrás encontrar el libro de Ghis, pero si no, te recomiendo el visionado de la incisiva entrevista que le hizo la periodista Alish y que está disponible en su sitio web (Timefortruth). Asimismo, hay más médicos que se sitúan en esta misma línea más o menos independiente o beligerante como el oncólogo Javier Herranz, que también se ha pasado al método de Hamer. La verdad es que si vas juntando las piezas del sistema médico mundial, es como para poner los pelos de punta, por que ya no es incompetencia, sino genocidio a gran escala, por no hablar del miedo y la sumisión.

      Y lo más triste es que la gente se queja por los recortes en la medicina pública… y me gustaría ver qué pasa con las estadísticas de fallecimientos y enfermedad en una situación de cierre de hospitales y centros de asistencia, a lo mejor resulta que las cosas mejoran en vez de empeorar. Pero, en fin, el problema es que la gente está enganchada al sistema y no puede prescindir de él, es como una droga que atonta y somete. Por eso es importante que la gente conozca este libro y empiece a reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

      1. He encontrado/descargado el libro y también localicé el vídeo, creo que vale la pena invertir un poco de tiempo en ellos.
        Sobre la sanidad “pública” primero concretar que no es tal, es en todo caso estatal, como la policía o el ejercito para que se entienda mejor y efectivamente el que haya una serie de recortes puede hasta ser bueno, siempre que la gente se conciencie de cuidar su propia salud (como siempre debería ser y haber sido) y a pesar de tener que recurrir a expertos en determinadas ocasiones, que lo hagan entendiendo mínimamente los problemas y posibles soluciones; entendamos que los propios médicos también enferman y no siempre pueden curarse a sí mismos, pero saben que cosas no van a permitir que les haga ningún colega, por ejemplo leí que muy pocos oncólogos se someterían a químio.

        Sobre la sanidad ESTATAL, recordar que fue Franco quien la creó para mantener a los trabajadores sanos para que pudieran producir, no es ningún invento “moderno” ni de la “democracia” como parece creer la mayoría y que países como Nicaragua permiten escoger el tipo de tratamiento que se desea, bien de medicina “comercial” (alopática) o de las llamadas alternativas, que es lo más razonable ya que al fin y al cabo se paga con el dinero que el estado quita a los ciudadanos quieran estos o no y en nuestro caso ya ni siquiera lo usa para darles drogas (no diré curarlos), sino que lo desvía a cosas “más importantes” como los presupuestos de defensa, rescate de bancos, o equipo antidisturbios para la policía.

        Saludos.

  2. Después de leer el texto solo cabe ponerse de pie y aplaudir. Da gusto conocer a personas que no son borregos y piensan por si mismos. Gracias.
    Recomendar los vídeos de Enric Corbera que para mi fueron una iluminación en estos temas.
    La verdad es que estamos rodeados de mafias. En la medicina, política, educación, información, finanzas y tantas otras. Pero creo que últimamente se aprecian rayos de esperanza. Y este es un buen ejemplo.
    Saludos.

    1. Bueno, gracias por el comentario, pero yo no hago más que servir de mensajero y aportar mi pequeño grano de arena al cambio de conciencia. Creo que todos los que vemos la situación tenemos el derecho y el deber de difundir esta información, pues la presión del poder está encaminada precisamente a incrementar el estado “borreguil” y robótico de la sociedad, y están poniendo toda la carne en el asador para ello.

      Saludos

    1. LasMentiras:

      Magnífica recomedación. Ya conocía a Pàmies y su compromiso, pero en este breve vídeo me ha gustado especialmente por su honestidad y contundencia, llamando a las cosas por su nombre, incluidos los criminales y sinvergüenzas… Pero el tema de la salud es sólo la punta del iceberg; la gente apenas podrá creer lo que lo que hay debajo cuando un día salga a la luz de manera masiva.

      Saludos

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