Juicios históricos… ¿aberrantes?

Guernica
Guernica, abril de 1937

Se dice que la Historia es una ciencia que debe ir más allá de la mera descripción de los hechos acontecidos, esto es, que ha de incorporar un cierto grado de interpretación a fin de dar un sentido o explicación a tales hechos. Lo que ocurre es que muchas veces la propia descripción de los hechos históricos de una manera supuestamente objetiva, imparcial y completa ya es poco menos que misión imposible, por dos razones. En primer lugar, porque para construir un escenario completo deberíamos disponer de todas las piezas (los datos) y esto prácticamente no ocurre nunca, ni siquiera en los tiempos más modernos. Siempre faltan datos, de un lado o de otro, y el historiador se ve forzado a componer un escenario con lo que tiene; todo lo que ponga de más, será mera especulación. En segundo lugar, siempre está la imposible separación entre el observador y lo observado, lo cual implica incorporar todos los sesgos, prejuicios, ideologías, filtros cognitivos, etc. del propio investigador, haciendo así que la subjetividad forme parte de una supuesta visión objetiva. Todo ello por no hablar de las historias nacionales u oficiales, que nos recuerdan que la historia en realidad la escriben los vencedores o los que mandan en cada país o en cada época. O simplemente los que gobiernan el planeta.

Dicho todo esto, el llamado juicio histórico debería ser una materia muy prudente en la cual el historiador se introdujese con pies de plomo, con todas las reservas y cautelas posibles, a sabiendas de que si la propia descripción ya es un tema complejo, la interpretación ya es terreno altamente volátil. En este sentido, a veces me resulta chocante ver como ciertos historiadores se lanzan a una piscina interpretativa muy delicada y realizan ciertos juicios de valor que más bien parecen fuera de lugar, sobre todo cuando se trata de temas especialmente dolorosos como el fenómeno de la guerra, que sigue siendo la gran asignatura pendiente no sólo de historiadores, sino también de filósofos, antropólogos, sociólogos y otros expertos de las ciencias sociales. Así, deseo referirme a un ejemplo que me ha llamado la atención y más por el hecho de provenir de un historiador tan reputado como el español César Vidal, autor de numerosos libros de referencia.

Precisamente, en uno de sus libros de divulgación histórica (“Enigmas históricos al descubierto”[1]) presenta diversos casos más o menos polémicos o que incorporan algunos elementos dudosos o misteriosos que pueden atraer la atención del público aficionado a los enigmas históricos. Así, podríamos pensar que, en aras de captar público lector, Vidal ha seleccionado diversos casos más o menos llamativos con el ánimo de desmitificar algunos de esos enigmas (algo muy propio de la historiografía ortodoxa) o bien para aportar nuevas pistas o reflexiones que permitan avanzar en la resolución de otros. Sin embargo, debo reconocer que el texto ofrecido por Vidal me ha causado un cierto desasosiego al ver la elección de los temas y la interpretación que hace de algunos de ellos.

Por de pronto, Vidal incorpora “enigmas” como por qué el Islam propugna la guerra santa. ¿Qué clase de enigma es éste, que es un asunto bien sabido? ¿Sorpresa? No del todo. Veamos: libro escrito en 2002, estando muy reciente el atentado de bandera falsa de las torres gemelas de septiembre de 2001, atribuido oficialmente a Al Qaeda, o sea, al terrorismo integrista islámico internacional. Bien, los argumentos de Vidal se centran en los textos islámicos y la vida de Mahoma y no ofrecen mayores comentarios, pero sorprende que el autor resalte que otras religiones no son tan guerreras y que los musulmanes son los especialmente belicosos e intolerantes. Vidal reconoce que el Islam no era así en su origen pero que Mahoma, vistas las amenazas externas, endureció su religión y la convirtió en una fe guerrera e imperialista, y según afirma Vidal ese fue un “proceso irreversible”. Bueno, está claro, que visto el panorama actual de demonización del mundo islámico, este tipo de valoraciones estaba en la línea de ir creando un estado de opinión determinado entre el público occidental. Por cierto, para dar más contexto a este tema, hubiera estado bien citar, por un lado, al judaísmo y su dios Yahveh guerrero y exterminador, y por otro, a las innumerables guerras, cruzadas y matanzas cometidas en nombre de Cristo. Por los motivos que sean, Vidal consideró más adecuado no mencionarlas.

Y como colofón de esta imagen conflictiva del Islam, Vidal dedica un capítulo final al viejo conocido de Osama Ben Laden, proponiendo como sorprendente incógnita su posible adscripción a la CIA, lo que abriría una siniestra puerta a una connivencia entre Occidente y el terrorismo integrista. Pero, una vez vistos los precedentes, no es de esperar un resultado demasiado iconoclasta. Así, en un ejercicio quizá mucho más periodístico que histórico (¿en qué difuso punto se funden ambas disciplinas?), Vidal acaba por desvincular a Ben Laden de tales hipótesis y le hace único culpable de sus malvadas actuaciones, incluidos los atentados de 2001.

Y en otro breve capítulo, para cerrar el escenario más bien poco favorable al mundo islámico, Vidal exculpa a Arial Sharon y al ejercito israelí de las matanzas de Shabra y Shatila en el Líbano, atribuyendo la culpa de tales acciones sin duda alguna a los falangistas libaneses. Y en fin, Sharon sería un halcón duro y todo lo que se quiera, pero fue un firme defensor de su pueblo frente al terrible terrorista Yasser Arafat. Todo, en fin, confirmando el guión esperado.

En fin, todo lo expuesto hasta aquí podría quedarse en un terreno meramente anecdótico, pues está claro que cada investigador es bien libre de abordar los temas que más le interesen y desde el enfoque que estime más conveniente. Sin embargo, considero que hay un punto que no debe ser rebasado: el sentido común, o el sentido humano de la historia. Porque la búsqueda de respuestas no debe hacernos olvidar que la historia debe (o debería) aportarnos alguna enseñanza en términos de autoconocimiento. Así pues, debo referirme a uno de los enigmas explicados por Vidal en el que, en mi modesta opinión, comete un sonoro patinazo. Ahora paso a comentar el caso.

Vidal nos transporta al tema aún polémico del bombardeo de Guernica (o Gernika), acaecido el 26 de abril de 1937. Ya en la misma época en que sucedieron los hechos este bombardeo fue tomado como máximo exponente de la barbarie de la recién nacida “guerra aérea indiscriminada”, que tenía como objetivo la destrucción no sólo de edificios o instalaciones, sino la matanza generalizada de civiles, con el propósito último de sembrar el terror y la desmoralización entre la población. En este sentido, Guernica fue uno más de los experimentos de este tipo de guerra salvaje que tuvieron lugar durante la Guerra Civil española, pues no debemos olvidar que otras ciudades y pueblos de la geografía española fueron duramente atacados desde el aire, principalmente por el llamado bando nacional[2].

Guernica2
Guernica, abril de 1937

Tal vez fueron el enorme eco que tuvo este ataque en la prensa internacional y la mitificación de este episodio a través del famoso cuadro de Picasso los que hicieron que Guernica se convirtiera en foco de controversia en su momento y aún durante décadas. Básicamente el problema de fondo de los análisis históricos se ha centrado en dos aspectos:

  1. La desmitificación del bombardeo: muchas voces han querido minimizar el daño provocado y sobre todo han querido calificar el bombardeo como una operación “normal” en que sólo se buscaba destruir los objetivos de tipo militar, sin ánimo de arrasar toda la población ni de golpear simbólicamente el corazón del nacionalismo vasco.
  2. La búsqueda de culpables: una vez reconocida la gran destrucción provocada, se lanzaron graves acusaciones contra los propios defensores (por parte del bando vencedor, lógicamente[3]), mientras que por otro lado se acusó a la única responsable directa: la aviación franquista.

Este último punto es precisamente el arranque del enigma que Vidal pretende despejar: ¿quién concretamente ordenó el bombardeo de la población vasca, sabiendo que en él participaron aviones italianos y alemanes? Vidal recoge brevemente la situación militar en aquella zona y en aquel momento, en que el general Vigón estaba al mando de las tropas franquistas de vanguardia, con el apoyo de la aviación alemana, que estaba dirigida por el general Richtofen. Luego el autor nos explica la confusa comunicación o acuerdo entre ambos personajes para bombardear Guernica a fin de facilitar el avance de sus tropas y embolsar al enemigo fácilmente. Según Vidal, Richtofen habría decidido actuar por su cuenta a la hora de planear cómo sería el bombardeo, utilizando gran cantidad de bombas incendiarias, idóneas para destruir los edificios civiles hechos de madera. En este escenario, ni Franco ni Mola (al mando supremo de las fuerzas del Norte) habrían conocido ni autorizado expresamente esta operación.

Y en este punto Vidal decide emitir su juicio histórico, que no puede ser más desconcertante: los “culpables” de la gran masacre cometida (se habla de más de 1.600 muertos y más de 800 heridos[4]) serían la eficaz tecnología militar alemana y la “deplorable incompetencia” (sic) de las autoridades vascas por no proveer a la ciudad de una mínima defensa antiaérea y de refugios para los habitantes. En fin, me quedo sin palabras ante tal evidencia: lógicamente, fue la precisión y la cantidad de bombas lanzadas las que arrasaron la ciudad y mataron a tanta gente, y como no había defensa antiaérea ni refugios antiaéreos, el resultado era de temer. Lo más sorprendente del caso es que, cuando tres días más tarde las tropas del general Mola llegaron a una Guernica en ruinas, los puentes seguían intactos, así como la pequeña fábrica de armamentos. ¡Curioso bombardeo que reduce a cenizas un pueblo y no destruye los objetivos militares!

En definitiva, independientemente de que la versión de Vidal tenga validez en sus argumentos principales[5], esta conclusión tan deshumanizada y falta de criterio me deja asombrado por su crudeza. ¿Cómo se puede decir que la muerte de tantas personas fue la consecuencia de la aplicación de la tecnología militar y de la dejadez de los defensores? Esto sería como culpar a los aviadores del bombardero B-29 Enola Gay (por acción) y a la fuerza aérea japonesa (por omisión) del genocidio nuclear cometido en Hiroshima en 1945. Esta salida por la tangente no es buen ejemplo de lo que debería ser la historia como ciencia. Si había que hacer un juicio histórico de tal hecho, está claro que el autor ha errado (por mucho) en la diana, ya sea consciente o inconscientemente.

© Xavier Bartlett 2015

[1] VIDAL, C. Enigmas históricos al descubierto. Planeta. Barcelona, 2002

[2] Hay que hacer notar que la mayor parte de estos ataques no fueron implementados por aviones y tripulaciones españolas sino por las aviaciones extranjeras cooperantes con los rebeldes, esto es, la aviación legionaria italiana y la Legión Cóndor alemana, que tuvo en la guerra española un magnífico campo de entrenamiento para sus pilotos, aparatos y tácticas de cara al gran conflicto que se avecinaba en Europa.

[3] Desde este bando se llegó a negar que el bombardeo hubiera tenido lugar, alegando que los propios vascos habían dinamitado el pueblo. Luego, al ser imposible ocultar los hechos, se reincidió en este argumento para explicar la maximización de la tragedia.

[4] Los datos que se mencionan aquí provienen del Gobierno Vasco, si bien las cifras aportadas por Vidal hablan sólo de un centenar de guerniqueses muertos. El prestigioso hispanista e historiador de la Guerra Civil Paul Preston reconoce que las víctimas reales se acercarían mucho más a la cifra del Gobierno Vasco, pero nunca ha habido consenso en este tema.

[5] Según Preston, el alto mando nacional sabía de esta operación y la autorizó o la toleró, sin preocuparse excesivamente de las consecuencias. Varios historiadores apuntan a la responsabilidad última del Generalísimo, aunque no hay documento escrito que pueda corroborar su papel directo en la masacre. Evidentemente, todavía hoy existen muchas versiones del episodio y bastantes de ellas son irreconciliables, más allá de sesgos políticos o ideológicos.

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5 thoughts on “Juicios históricos… ¿aberrantes?

  1. Es lo que tienen los asalariados del estado. Pero claro, difícil lo tiene para exponer sus opiniones nadie que lo contradiga, pues no encontrará quien le de voz para ello.
    Otro ejemplo más claro (para mi) es el “holocausto” judío (por que haber, ha habido muchos más), con el que el solo hecho de no ya cuestionarlo sino de pedir que se investigue, es considerado hasta delito depende de en que país.
    Y un ejemplo de historiadores malditos de nuestro país, es Félix Rodrigo Mora, que habrá muchos más, pero este es de los pocos que he podido llegar a conocer por la ya mencionada “censura que no existe”.
    Son interesantes por ejemplo sus escritos sobre la edad media y los concejos vecinales o la organización del poder por parte del pueblo o sobre la constitución de 1812, con la parte que no se contó de ella.

    Saludos.

    1. Totalmente de acuerdo. Ya en el mismo texto hago referencia a la historia oficial, que la deciden los que mandan, obviamente en su favor. En este sentido, el periodismo y la historia vienen a ser la misma cosa: te cuentan una determinada realidad desde cierto ángulo para que tú te la creas y te formes la opinión “adecuada”. Saber la última verdad de los acontecimientos se hace pues misión casi imposible, aunque poco a poco van apareciendo grietas en el edificio. Otra cosa que después la gente pueda (o quiera) creer la “verdad alternativa”, porque ha sido programada para rechazarla.

      Saludos

      1. Creo que a César Vidal le ciega la pasión, simplemente.
        Pienso que Félix Rodrigo Mora es una excepción dentro del páramo intelectual dominante.
        Sobre las versiones oficiales de la historia es tiempo de ir revisando a la luz de nuevos descubrimientos “casuales”, como el tema de las grandes guerras europeas del siglo XX. A este respecto invito a leer y también leer entre líneas lo que dice este elemento, George Friedman, presidente de Stratfor, una empresa de inteligencia privada en EE.UU.:
        http://actualidad.rt.com/actualidad/171392-eeuu-temer-rusia-alemania-unidos

        Saludos

  2. Amigo lasmentiras:

    Ya existe una bibliografía (principlamente en inglés) de varios investigadores que han ido más allá de las apariencias y de las versiones oficiales, muy en particular en el tema de las guerras recientes. Como es obvio, no son libros que se puedan hallar fácilmente. Su conclusión es que todas las guerras están preparadas, planeadas y ejecutadas moviendo a los dos -o más- bandos en liza (meros peones sin ninguna independencia), en beneficio de una élite global selecta. Lógicamente, nuestros “amigos rusos” tampoco son “independientes”.
    Se puede decir más alto, pero no más claro.

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