Nuestra salud no es “nuestra”

Reseña del libro “El rapto de Higea”, de Jesús García Blanca

GARCÍA BLANCA, J. El rapto de Higea. Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad. Virus editorial. Barcelona, 2009.[1]

Higea Hace no mucho publiqué en este blog la reseña del libro “La mafia médica” de la doctora canadiense Ghislaine Lanctot, en la que la autora dejaba bien claro que los modernos sistemas de salud públicos, que obedecen a unas grandes directrices mundiales, son en realidad unos sistemas criminales que se caracterizan por no curar de verdad, por ser inoperantes, corruptos y caros y por haberse convertido en unos monstruosos aparatos burocráticos esclavizadores de la población. Esta visión podría considerarse muy negativa y exagerada, pero lo cierto es que cada vez hay más profesionales de la salud en todo el mundo que están poniendo el grito en el cielo por estos mismos hechos, al considerar que los sistemas sanitarios se han apropiado de las vidas de las personas y les están metiendo en un camino lleno de sufrimiento, enfermedad y muerte.

En el caso de España también hay varios facultativos, científicos e investigadores que han destapado esta situación y entre ellos quisiera destacar al gaditano Jesús García Blanca, profesional de la educación, que lleva años estudiando los mecanismos que rigen la salud y la sanidad no sólo en España sino en todo el mundo. Como fruto de esta labor, García Blanca ha escrito un libro demoledor sobre la oscura realidad de la sanidad pública: “El rapto de Higea”[2]. La premisa de este libro se podría situar en la evidente importancia de la salud pública como medio para controlar y manipular a la sociedad ya desde tiempos antiguos, pues a lo largo de la historia no ha habido nada más crítico para las personas que el temor a perder la salud y a no poder recobrarla; en suma, es el viejo miedo atávico a la enfermedad y la muerte. La cuestión clave sería ahora determinar quién detenta ese poder sobre la salud, cómo lo ejerce, y para qué lo utiliza en nuestras sociedades actuales. Esto es lo que precisamente podemos encontrar en este libro, expresado con la máxima claridad y convicción.

García Blanca estructura su discurso en tres grandes bloques temáticos, que navegan entre la denuncia social, política y económica y la descripción de la actual realidad científica de la medicina, que funciona en beneficio de los que ostentan el poder y en perjuicio de la población en general. Así, por un lado, tendríamos la progresiva deshumanización de la salud (o la medicina), coincidiendo con el auge de los sistemas sanitarios modernos. En segundo lugar, el autor aborda un estudio crítico de la microecología (la parte más técnica del libro), y finalmente, nos plantea una profunda reflexión ante un cierto estado de cosas, focalizándose en una situación tan dramática como la llamada enfermedad VIH/SIDA. Vamos a analizar pues estas cuestiones.

La primera parte nos descubre un panorama más bien sombrío de la situación de la salud pública, que está controlada, operada y secuestrada por intereses globales[3], que escapan totalmente del control de las autoridades o poderes nacionales, y ya no digamos de los simples ciudadanos. Según García Blanca, esta situación no es nueva, pues arrancó ya hace tres siglos con la sustitución del poder religioso por el poder científico. Fue entonces cuando se creó una medicina mecanicista orientada a detectar y clasificar enfermedades y luego a atacarlas con todos los medios posibles. Igualmente, se hizo necesario controlar y gestionar la salud de toda la población mediante un gran aparato administrativo-hospitalario, que ha ido creciendo exponencialmente en todos los países con un gran coste para los contribuyentes.

pastillaPero… ¿qué ha hecho en realidad este sistema? El autor insiste en que la medicina moderna se ha inmiscuido en las vidas de las personas, experimentando con ellas y sometiéndolas a un constante bombardeo de pruebas, terapias y fármacos, desde el mismo momento del parto hasta el fallecimiento. Para García Blanca, la nueva ciencia médica se ha convertido en una especie de religión que no puede falsearse ni discutirse, y cualquiera que explore o proponga vías alternativas es marginado, acallado o perseguido por las autoridades. En este sentido, sobresale el poder económico de la llamada Farmafia, que dicta lo que es eficaz y lo que no y ejerce un control absoluto para evitar que esas otras vías puedan dar respuestas a temas tan graves como el cáncer. Como muestra, véase este devastador párrafo:

«Los intereses creados alrededor del cáncer han bloqueado investigaciones alternativas, boicoteado la utilización de tera­pias alternativas, desacreditado, amenazado, denunciado y encarcelado a doctores, terapeutas e investigadores que pro­ponían enfoques diferentes de los oficiales, amañado investi­gaciones, montado campañas mediáticas contra productos naturales que lograban mejoras o curaciones y, en general cometiendo toda clase de tropelías con tal de proteger su negocio y su parcela de poder.»

CDCPor lo demás, para que este sistema se extienda y goce de la confianza de la población debe transmitirse de forma imperativa y global, y en esa labor trabajan conjuntamente los organismos públicos, las multinacionales, las supuestamente independientes ONGs y los medios de comunicación. De este modo, se ha ido creando una red de poderes e instituciones que tienen como objeto el control de la salud pública, y en este punto llama la atención que las primeras iniciativas en este campo tuvieran origen militar… y de hecho siguen siendo cuestión de estado y de seguridad[4]. Así, no es de extrañar que las grandes instituciones nacionales e internacionales de salud hayan declarado la guerra a diversas enfermedades. Lo que está claro para el autor es que el entramado entre el poder público y el económico funciona a la perfección, pues existe un evidente cúmulo de intereses creados y de personas que se benefician de estar en ambos campos. Por tanto, no es de extrañar que la imparcialidad e integridad científica hayan quedado prácticamente reducidas a cero: el dinero llega a todas partes y compra voluntades y servicios.

Lo que quizás resulte chocante a más de un lector es que García Blanca denuncia que las propias ONGs, los supuestos paladines de la justicia y la igualdad ante los abusos de los poderosos, también trabajan para este sistema. Los grandes organismos internacionales –empezando por el Banco Mundial y el FMI– han fomentado las políticas de financiación a las principales ONGs para que actúen de “paliadoras” de las carencias de los estados, al tiempo que movilizan las conciencias de los ciudadanos hacia los problemas de salud pública. Por consiguiente, las ONGs actúan indirectamente como correa de transmisión de los grandes intereses, bajo una marca aparentemente limpia de toda corrupción.

Por otro lado, nos quedaría el papel de la difusión de la medicina oficial. Aquí el autor se centra en las publicaciones científicas, que formarían parte de una estrategia global de desinformación denominada “falsimedia”. Como en los casos anteriores, el poder del dinero decide qué se apoya, qué se rechaza y quién merece, o no, financiación. No hay imparcialidad científica, sino servilismo al poder. En todo caso, las revistas científicas marcan la frontera entre la Verdad (tomada prácticamente como un dogma religioso) y la herejía, y ello a pesar de que unos pocos profesionales han tenido la valentía de reconocer las perversiones, falsedades, errores y sesgos de dichas publicaciones, según nos expone el autor con varios ejemplos muy significativos.

AZTFinalmente, García Blanca trae a colación el papel crucial de la industria químico-farmacológica, un auténtico imperio global que cabalga entre los EE UU y Alemania y que tuvo un amplio desarrollo durante el régimen nazi. Actualmente, este imperio ha sido liberado de toda culpa y, tras ser reciclado convenientemente, se permite experimentar no sólo con la población del Tercer Mundo sino con todos los habitantes del planeta. De esta forma, ha podido convertir sus productos químicos tóxicos en medicamentos; así, el gas mostaza se ha transformado en quimioterapia para el cáncer o el veneno AZT en fármaco para el SIDA.

La segunda parte del libro, centrada en la microecología, tiene como fin demostrar que la medicina moderna ha enfocado la enfermedad de forma totalmente errónea, como una guerra a muerte contra los microorganismos, cuando la realidad del cuerpo humano nos indica que esos organismos tienen su función práctica… y de hecho forman parte de nosotros. García Blanca parte de la base de que ser humano es un pequeño ecosistema habitado por diversos seres vivos que coexisten en equilibrio, mientras que la medicina actual lo que quiere precisamente es romper la armonía de ese ecosistema. En este punto, el autor retoma las teorías de Wilhem Reich y nos recuerda que estamos expuestos a graves impactos exteriores que nada tienen que ver con los microbios. Se trata de unas energías negativas llamadas ORANUR y DOR[5], siendo esta última especialmente perniciosa, a través de los múltiples aparatos electromagnéticos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Aparte, quedaría el uso del uranio y otros elementos radioactivos, cuya toxicidad para el cuerpo humano es más que evidente.

Sin embargo, los sistemas sanitarios han preferido emprender con fuerza la guerra total contra los agentes biológicos que nos infectan y provocan enfermedades. Así, en el siglo XIX el francés Louis Pasteur puso las bases de la lucha contra los microorganismos (“la teoría de la infección”) y se llevó toda la fama y honores, cuando en realidad lo que hizo fue copiar mal y tergiversar a su maestro, el también francés Antoine Bechamp. Para simplificar, lo que hizo Pasteur fue concebir a los microorganismos presentes en el cuerpo como agentes patógenos a los que se debía destruir para poder erradicar la enfermedad, dando así pie a la constante agresión farmacológica sobre el cuerpo humano que caracteriza a la medicina actual. De este modo, la medicina moderna se ha centrado en identificar a todos estos indeseables (microbios, bacterias, virus…) para aplicarles el oportuno tratamiento.

Frente a esta visión guerrera, García Blanca nos explica cómo funciona el organismo de los humanos al nivel más simple y aporta las claves del equilibrio celular, a partir de las teorías de varios expertos, médicos y biólogos en su mayoría. En resumen, se puede decir que el propio cuerpo tiene los mecanismos reguladores y sanadores para recuperar la salud (o sea, el orden del ecosistema) sin la intervención de ningún elemento externo. Por otra parte, tampoco los factores genéticos determinan la aparición de enfermedades –ya sean leves o graves– sino que son los factores ambientales los que provocan un desequilibrio tal que el cuerpo no puede abordarlos satisfactoriamente.

vacunaNo obstante, la agresión al equilibrio del ecosistema continúa en forma de dosis masivas de antibióticos y de vacunas, que en vez de resolver los problemas los han empeorado o cronificado. Como es sabido, la resistencia bacteriana a los antibióticos ha ido aumentando con el paso del tiempo, con lo que la eficacia de estos remedios ha decaído de forma sustancial, hasta el punto de que mucha gente muere en los hospitales por infecciones contraídas allí mismo. A su vez, las vacunas, potenciadas desde la época de Pasteur, no han erradicado de verdad ciertas enfermedades; las causas de la casi desaparición de éstas se debería a factores de cambios en las condiciones de vida. En este punto, el autor presenta abundante documentación, con datos estadísticos concretos, que muestra la clara ausencia de relación entre la administración de las vacunas y la eliminación de la enfermedad. Además, dados sus efectos secundarios, las vacunas son responsables de muchos problemas de salud e incluso muertes.

Finalmente, en el tercer bloque de contenido, García Blanca hace un llamamiento a la acción ante una situación global de opresión completa de las personas y que, desde luego, va más allá del campo de la salud. El discurso del autor se centra aquí en identificar los mecanismos de poder que rigen la gestión de la salud, que estarían orientados a generar miedo y a obtener la total sumisión y dependencia de la población a un sistema de control. Esta visión quizá pueda parecer harto tremendista, pero los argumentos y ejemplos que se presentan son de una claridad meridiana. Así, podemos ver cómo el poder global (que el autor califica de “Imperio”) ha desplegado una serie de estrategias destinadas a expandir el terror planificado, siendo aquí de vital importancia el recurso a las emociones y la identificación con el sistema, esto es, que la gente adopte el sistema como algo suyo, algo que debe defender.

Frente a esta realidad, García Blanca promueve la disidencia y la desobediencia, y –como muestra de la necesidad de una reacción inmediata– nos explica con mucho detalle la controversia del SIDA, a la cual dedica más de 80 páginas. Sería farragoso ahora desarrollar todo su alegato en los límites de una reseña[6], pero para resumir podríamos destacar los siguientes puntos:

  • El SIDA no es realmente una enfermedad, sino un montaje prefabricado para generar miedo y control. Las políticas aplicadas sobre el SIDA en todo el mundo proceden de los CDC y de organismos internacionales.
  • Nunca se ha demostrado científicamente que se haya aislado el virus (VIH) causante de la enfermedad, aparte de que otros expertos –aun aceptando que existe tal virus– afirman que no hay relación causal alguna entre el virus y la enfermedad. En realidad, nadie ha sido capaz de probar cómo el supuesto virus destruye las defensas.
  • El doctor Robert Gallo, supuesto co-descubridor del virus, cometió fraude científico, como se ha podido acreditar a través de documentos escritos. A su vez, el doctor Luc Montagnier, el otro co-descubridor, con el tiempo ha ido matizando su parecer, a veces contradiciéndose o desmarcándose de posiciones anteriores[7].
  • Los tests del SIDA no han sido nunca validados por las empresas farmacéuticas y los tratamientos empleados como curación son en realidad pura quimioterapia y venenos reconocidos. (El AZT, por ejemplo, es un producto catalogado como altamente tóxico capaz de producir mucho daño a la salud e incluso la muerte[8]).
  • Las personas que han fallecido “etiquetadas” de SIDA murieron en realidad de factores psicológicos de desequilibrio (empezando por el puro miedo), de enfermedades bien conocidas desde hace tiempo y de la agresividad de las terapias empleadas.
  • Existen tratamientos alternativos –no agresivos– que están dando resultados positivos en los pacientes, incluso en casos terminales.

En definitiva, el lector se va a encontrar aquí con un panorama que quizás no hubiera imaginado nunca y que amenaza con romper su sistema de creencias y sus seguridades sobre el mundo que cree conocer. Sin embargo, la información está ahí, está bien documentada y contrastada, y como mínimo debe suponer un llamamiento a la reflexión. Por este motivo, El rapto de Higea es un despertador de conciencias, una apelación al sentido común y al autoconocimiento. En efecto, es innegable que la lectura de este material nos desvela una cara oculta y siniestra del poder y de la sociedad. Con todo, más allá de la denuncia, lo importante es reconocer que seguimos comportándonos de forma maquinal, dejándonos llevar y aceptando cualquier mal, sólo por hacer lo que hace todo el mundo. Pero la dignidad y la libertad están ahí, esperando que las ejerzamos y que pongamos remedio a esta situación de miedo y resignación.

Desde luego, es posible encarar la salud y la vida con otro enfoque, sin despreciar algunas cosas buenas que nos haya traído la medicina moderna occidental, pero entendiendo que no somos sujetos pasivos, que la enfermedad es nuestra aliada y que ya está bien de seguir citando aquel dicho tradicional de que “el remedio es peor que la enfermedad”. Si ya lo sabemos, ¿por qué nos empeñamos en seguir haciendo lo mismo? ¿Es que somos masoquistas?

Finalmente, acabo el comentario de este magnífico libro con una cita que me ha parecido de una contundencia y valentía sin igual, pues proviene de un médico, un profesional del sistema, que ha entendido lo que pasa y expone las cosas abiertamente, sin ningún tapujo[9]:

«Robert G. Murray, doctor en Medicina: “Si accidental­mente uno ingiere un veneno, la muerte es un accidente. Si se hace a propósito, es un suicidio. Si uno envenena a otro a propósito es un asesinato, a no ser que lo ordene un tribunal, en cuyo caso es ejecución. ¿Cómo se llama a esta clase de envenenamiento prescrito por el médico y voluntariamente tomado por un paciente asustado y desinformado? Al ser prescrito, no es un accidente. Como el paciente no desea morir, no es suicidio. Luego, a menos que un tribunal lo haya ordenado, estas muertes me parecen asesinatos. Todo médico debe saber que estos fármacos son, con toda evidencia, vene­nos mortales; el médico que no comprenda esto es incompe­tente o negligente”.»

 ¿Hasta cuándo las personas podrán alegar ignorancia, que no sabían nada, que no se lo imaginaban…?

© Xavier Bartlett 2015

[1] Existe ya una recientísima actualización (revisión y ampliación) de este libro bajo el título de La sanidad contra la salud (2015).

[2] Higea era la diosa de la salud en la mitología griega.

[3] El autor habla a lo largo del libro de la globalización como símbolo de un poder máximo de tipo político-económico, una auténtica “dictadura planetaria” según sus palabras, que está por encima de todos los poderes reconocidos y que actúa con total impunidad.

[4] Por ejemplo, el CDC (Centres for Disease Control), organismo federal de los EE UU enfocado a la detección y tratamiento de amenazas a la salud pública, es una institución militar. Sus ejecutivos tienen rango de oficial del Ejército de los EE UU. Entre sus méritos, según el investigador Lluís Botinas, está la creación del SIDA de manera absolutamente artificial y fraudulenta en los años 80.

[5] ORANUR (Orgon AntiNuclear Radiation): Radiación antinuclear del Orgón; DOR (Deadly Orgon): Orgón mortal.

[6] Si el lector desea tener una amplia visión crítica de este tema, le recomiendo que lea la entrevista al investigador Lluís Botinas, disponible en este mismo blog.

[7] El autor adjunta en un anexo las pruebas documentales del fraude de Gallo y las incoherencias de Montagnier.

[8] Esta medicación se ha prescrito incluso a niños pequeños, bebés y mujeres embarazadas.

[9] La cita se refiere a la administración de fármacos tóxicos en el caso del SIDA.

Anuncios

10 thoughts on “Nuestra salud no es “nuestra”

  1. Hola Xavier,
    Indicas en este post que las ONG están conchabadas con los gobiernos. ¿Sería también el caso de Greenpeace, a pesar de que en su página web dejan bien claro que no reciben financiación de organizaciones politicas?
    saludos

  2. Hola,

    Bueno, eso lo dice el autor y yo lo creo también en gran medida, pero sobre todo en lo referente a las grandes ONGs. Sobre Greenpeace y la mayoría de ONG “verdes” creo que forman parte del poder y que transmiten sus mensajes y consignas de forma “limpia” para que la población las admita como deseables. Si te fijas ellos también se han apuntado al fraude del cambio climático y el calentamiento global con lemas emocionales y sin ningún apoyo científico. Sólo en apariencia son contestatarios, porque ellos están omnipresentes en la sociedad y los medios de comunicación, y por algo será. Si fueran un peligro para el sistema, o no saldrían por ningún lado o sencillamente ni exisitrían. Y al final el dinero sale de alguna parte… como sea.

    Lo mismo se puede decir de Médicos sin fronteras, con sus campañas sensacionalistas sobre el ébola, la vacunación… todo es el mismo mensaje: miedo, más miedo, control, “seguridad”, “salvemos al Tercer Mundo”… Yo hace años estuve muy implicado en una ONG muy destacada que teóricamente no recibía fondos públicos, pero al final me di cuenta de que algo fallaba… quizá lo explique algún día.

    Saludos,
    X.

    1. Greenpeace está financiado por Rockefeller. Si eso no hace sospechar de que hay algo que no cuadra, entonces es que nos hemos tragado completamente la mentira
      http://periodismo-alternativo.com/2014/10/01/la-gran-estafa-de-greenpeace/

      Es mejor (para ellos) controlar a la gente creando un grupo disidente (controlado por ellos) en el que la gente pueda canalizar su protesta, antes de que surjan grupos disidentes de verdad que no puedan ser controlados. Avaaz es otro ejemplo de disidencia controlada. Yo ya he perdido la fe en Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, etc. La gente que los apoya sin duda lo hace con la mejor intención, pero cuando se mueve tanto dinero, casi siempre acaba corrompiéndose la idea original de amor y ayuda al prójimo (eso si no era ya de entrada una farsa).

      1. Hola Netmel

        De acuerdo completamente con tu comentario. Yo también perdí la fe y la confianza cuando obtuve cierta información y empecé a atar cabos sobre los objetivos de esta gente. Todas las grandes ONGs pertenecen al poder de un modo u otro, y su agenda es la misma, lo que ocurre es que vivimos instalados en una total mentira y manipulación de la realidad. Pero reconozco que al ciudadano de a pie se le hace enormenente difícil comprender de qué va esto porque el lavado de cerebro es absoluto.

        Saludos,
        X.

  3. Cualquiera que se moleste en cuestionarse el sistema de salud estatal (que no público, aunque si creado con dinero público) tiene que estar de acuerdo con lo escrito. hay que hacerse responsable de la propia salud y no confiarla a desconocidos a cambio de dinero: profesionales, aunque no se puedan dejar de lado a los expertos, pero una cosa es que te orienten o te ayuden y otra que te dirijan y tomen el control total de tu salud o tu persona.

    Saludos.

    1. Amigo Piedra,

      Precisamente ese es el quid de la cuestión, que nuestra salud y enfermedad han sido secuestradas por un sistema controlador que no quiere que explores otras vías o que tomes la responsabilidad de tu bienestar. Para el sistema sólo hay una forma de ver la enfermedad, una forma de encararla, de gestionarla, de aplicar terapias, etc. Como dice la doctora Lanctot, no todo en la medicina occidental es negativo, existen múltiples medicinas y vías de curación; el problema es que los intereses políticos y económicos se han adueñado de esa “sanidad pública” y han dejado al paciente postrado a merced del sistema. Pero, desde luego, unos de los principales problemas es que no te dejan vivir ni morir en paz porque han tomado al ser humano como una mera máquina a la que hay que tratar como sea para evitar la muerte; o sea, todo se basa en el miedo, y por el miedo se justifica la agresión al cuerpo.

      Saludos,
      X.

      1. Por supuesto, pero no dejemos de lado nuestra propia responsabilidad, de momento solo nos obligan mediante el miedo y la propaganda, pero caer en ellos es en definitiva culpa nuestra, por ejemplo con las vacunas (y aun aceptando que alguna (¿?) pudiera tener utilidad), la mayoría de la gente piensa que son obligatorias. Igualmente hay mucha gente que piensa que escolarizar a los niños es obligatorio (en Egpaña) a los 3 años y por supuesto al estado le viene de perlas esta falta de información, de formación y de preocupación.

        Más saludos.

        PD: Todas las O¿N?Gs y organismos internacionales trabajan para el mismo interés, que no es el que pregonan.

        http://www.voltairenet.org/article186918.html

        http://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2015/05/conejillos-de-india.html

        http://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2015/05/la-onu-es-responsable-de-las.html

  4. Un articulo muy interessante! Todo el mundo deberia conocer estas informaciones.Gracias por su trabajo y en hora buena!!!

    1. Amigo Stefano

      Gracias por su comentario. Por favor, si cree que esta información es crítica, no dude en difundirla a través de la Red. Está claro que nunca aparecerá en la prensa, la radio, la televisión, las escuelas…

      Saludos,
      X.

  5. Hola Profesor Bartlett,
    Cada articulo suyo es aportador de verdad!! Será un placer difundir estas informaciónes ocultadas.
    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s