Levitación: ¿Fantasía pseudocientífica o realidad?

Cuando oímos la palabra levitación enseguida nos vienen a la mente imágenes de números espectaculares de magia, en los cuales un ilusionista consigue que una persona se mantenga suspendida en el aire sin ningún apoyo aparente. Naturalmente todos tendemos a pensar que en tales efectos debe haber un componente de truco, trampa o ilusión. Pero lo cierto es que el tema de la levitación “auténtica” es muy antiguo y ha estado relacionado con las capacidades paranormales de ciertos individuos, sobre todo en personas de profunda espiritualidad o religiosidad. Hoy en día podemos decir que este fenómeno ha entrado de lleno en el terreno de los experimentos parapsicológicos sobre psicokinesia y no se toma tan a la ligera.

Pero sin duda existe otra visión de la levitación mucho más enigmática, que va más allá de ciertos “poderes mentales” y que ha hecho reflexionar a muchos investigadores alternativos del pasado. Esta visión no es otra que la posibilidad de que los antiguos hubieran podido tener un conocimiento preciso de una tecnología de levitación capaz de vencer la fuerza de la gravedad, no ya para alzar personas, sino para mover y colocar grandes pesos. De este modo, las antiguas civilizaciones (o una civilización perdida) habrían sido capaces de llevar a cabo proyectos aparentemente muy costosos en trabajo y esfuerzo. Estamos hablando, por supuesto, de construcciones y monumentos realizados con enormes piedras que, además, debían ser desplazadas a grandes alturas.

Peru 1 (9)
Sacsayhuamán (Perú)

Sobre este tema se ha especulado muchísimo y se han propuesto osadas teorías, muchas fundamentadas en el poder de la vibración o el sonido, pero a la hora de la verdad nadie ha podido demostrar que en el pasado se utilizara esta técnica para construir, por ejemplo, las grandes pirámides de Egipto[1], la fortaleza de Sacsayhuamán en Perú o las estructuras megalíticas de Nan Madol, en el Pacífico. Aun así, es destacable mencionar que en este último caso las leyendas locales de la isla de Ponape explicaban que la edificación de la ciudad megalítica se debió a la intervención de dos poderosos hermanos, Olosipe y Olosaupa, una especie de gigantes magos y arquitectos, que habrían transportado y colocado los enormes bloques de basalto por el aire.

No obstante, tal vez las leyendas podrían tener algún referente real, e incluso es posible que ese saber perdido se hubiera conservado hasta nuestros días en algunas comunidades aisladas. Por lo menos esto es lo que se deduce de un artículo publicado en el libro Antigravity and the World Grid (1987), del escritor norteamericano David H. Childress, en el cual se hace una mención directa a una operación de levitación de grandes bloques de piedra en tiempos modernos.

Lamentablemente, como veremos seguidamente, este texto es una referencia de otra referencia (la supuesta fuente original), y además existen otros elementos dudosos que invitan a poner en cuarentena toda la historia o al menos a tomarla con cierta cautela. No obstante, si algún día se pudiera confirmar y contrastar, sería sin duda un documento de inestimable valor científico, y por este motivo he valorado comentarlo al menos en sus puntos principales.

El artículo en cuestión se titula Acoustic levitation of stones (“Levitación acústica de piedras”) y está firmado por Bruce L. Cathie, un aviador, ufólogo e investigador independiente neocelandés fallecido recientemente, que escribió varios libros acerca de una cierta “red energética terráquea”. La fuente primaria de Cathie fue un artículo aparecido en una revista alemana que explicaba el caso de una levitación observada en el Tibet a mediados del siglo XX. A su vez, la fuente de este documento era un investigador sueco llamado Henry Kjielson, especialista en ufología. Sin embargo, tampoco éste observó personalmente la levitación, sino que fue un médico, un tal Dr. Jarl, amigo del matrimonio Kjielson. Al parecer, cuando Jarl estaba en Egipto trabajando para la English Scientific Society, en 1939, fue requerido por un amigo tibetano para que atendiera a un destacado lama en el Tibet. Allí se quedó durante cierto tiempo y entabló amistad con sus anfitriones del monasterio y en este contexto es cuando, supuestamente, presenció la levitación de grandes bloques de piedra mediante el sonido.

Al parecer, un día su amigo lo llevó hasta una pradera en pendiente que estaba rodeada por elevados peñascos. En una de las paredes de roca, a una altura de unos 250 metros, había un agujero o entrada a una cueva y allí los monjes estaban construyendo un muro de piedra. El único acceso posible a esta cueva era desde lo alto del peñasco, descendiendo mediante cuerdas.

Esquema de la disposición de elementos en la experiencia de levitación
Esquema de la disposición de elementos en la experiencia de levitación

Por otra parte, en la pradera, a unos 250 metros del peñasco, había una losa de piedra con una cavidad central de 15 cm. de profundo y 1 metro de diámetro. En dicha cavidad se situó otro bloque de piedra de 1 x 1,5 metros. Luego, los monjes colocaron 19 instrumentos musicales (13 tambores[2] y 6 trompetas) en un arco de 90º y a una distancia exacta de 63 metros de la losa de piedra. Dichos instrumentos reposaban sobre unos montajes que podían ajustarse mediante unos bastones en dirección a la losa de piedra. Entretanto, otros monjes se situaron en fila justo detrás de cada instrumento, manteniendo la misma forma del arco, hasta “llenar” un cuarto de círculo.

levitacion_Tibet2A continuación, tuvo lugar la ceremonia u operación de levitación propiamente dicha. Primero se hizo sonar el pequeño tambor, de sonido muy agudo, y luego se incorporaron los otros instrumentos mientras los monjes situados detrás entonaban cánticos, aumentando progresivamente el tempo. Todo el sonido fue incrementando hasta que pasados unos cuatro minutos el bloque se empezó a agitar y balancear, tras lo cual se elevó en el aire en dirección a la entrada de la cueva y, tomando una trayectoria parabólica, llegó a la plataforma al cabo de unos tres minutos. Una vez concluida la levitación, los monjes fueron colocando otros bloques en la base de piedra y repitieron la operación, a un ritmo de 5 ó 6 bloques por hora.

Jarl ya había oído hablar de esta técnica, así como algunos expertos en el Tibet, pero ningún occidental la había visto anteriormente y quedó muy asombrado. Posteriormente, para cerciorarse de que no se trataba de una alucinación colectiva, grabó dos películas que corroboraban lo que había presenciado en aquel lugar. Sin embargo, lo que resulta muy confuso en esta historia es que, según el artículo, la English Scientific Society confiscó ambas películas y las declaró “clasificadas” hasta 1990[3]. A este respecto, Cathie argumentaba que la razón para tal ocultación sería el hecho evidente de que los monjes tibetanos disponían un conocimiento revolucionario sobre la estructura de la materia, mientras que los científicos de Occidente seguían en su infructuosa investigación.

Bruce Cathie, en fin, estaba convencido de la veracidad del relato y que los hechos narrados se basaban en propiedades científicas del sonido apenas exploradas, en relación directa con la exacta disposición geométrica de los instrumentos sobre el terreno y el emplazamiento de la piedra. En este sentido, él pensaba que el canto de los monjes sería un mero acompañamiento y que el efecto real de levitación tenía su origen en el sonido de los instrumentos. A continuación el autor se explayaba en detalles técnicos y cálculos matemáticos que demostrarían una correlación perfecta entre las ondas de sonido y las dimensiones espaciales. No obstante, para no alargarnos en demasía en este punto, reduciremos su argumentación a los datos más destacados[4].

Arco recorrido por el bloque de piedra
Arco recorrido por el bloque de piedra

Así, el investigador neocelandés interpretaba que las ondas sonoras, proyectadas de forma precisa hacia el objeto (desde el arco hasta su foco y perímetro anexo), provocaban el deseado efecto antigravitacional sobre éste. Los cálculos de Cathie se basaban en que la distancia de 63,707 metros sería la idónea para obtener la reacción armónica óptima, dado que esta cifra estaría en proporción directa con la longitud del radio de la Tierra. Entonces, una vez que el objeto resonara a cierta frecuencia, generada por los instrumentos, tendería a desarrollar un vuelo cuya trayectoria sería un cuarto de circunferencia (véase que la distancia del bloque al peñasco es similar a la altura a la que se encontraba la cueva).

En suma, Cathie aseguraba que los monjes tibetanos poseían desde tiempos ancestrales el secreto de la estructura geométrica de la materia y los métodos para manipular los valores armónicos. Y lo que es más, que si nosotros pudiéramos traspasar estos conocimientos al mundo occidental moderno se podrían construir incluso unas naves con forma de disco que se desplazaran por el aire mediante un efecto antigravitacional sónico[5], idéntico al empleado para alzar las grandes piedras del Tibet. (Y, por cierto, es de señalar que tales naves ya tenían algunos referentes en textos muy antiguos.)

En cualquier caso, la falta de pruebas más consistentes sobre este episodio nos deja con una duda más que razonable, teniendo en cuenta que –si hace décadas que se dispone de una descripción bastante fiel del evento– resulta extraño que nadie haya intentado reproducir el experimento en análogas condiciones para poder verificar su autenticidad. Así pues, toda esta historia del Tibet nos podría parecer un rumor sin fundamento alguno sobre la tecnología de levitación, pero lo cierto es que más o menos en la misma época pudo tener lugar otra experiencia de levitación o manejo antigravitacional de grandes pesos; esta vez, en el continente americano.

Coral_Castle
Vista general del parque Coral Castle

Así, si nos situamos en Florida (EE UU), hallaremos un curioso parque llamado Coral Castle, construido en la primera mitad del siglo XX por un ciudadano americano de origen lituano llamado Edward Leedskalnin, de personalidad enigmática y reservada. Este parque está repleto de estructuras megalíticas, la mayoría en piedra de coral, de muchas toneladas de peso. Fue construido en dos etapas, y en más de veinte años de trabajo; primero fue edificado en Florida City y más tarde fue trasladado a su emplazamiento actual, Homestead. Pero lo más asombroso es que en ambas etapas Leedskalnin trabajó solo, sin ninguna ayuda, para completar su gigantesca obra. Realmente nadie sabe cómo se las arregló para alzar bloques de hasta 30 toneladas, pero no parece que fuera con medios convencionales, según los indicios conocidos[6]. Los estudiosos de esta obra opinan que para mover y situar los enormes bloques recurrió a algún tipo de energía electromagnética de origen telúrico capaz de producir un efecto antigravitacional (o sea, levitación).

A todo esto, Leedskalnin afirmó lo siguiente: “He descubierto los secretos de las pirámides y he averiguado cómo los egipcios y los antiguos constructores de Perú, Yucatán y Asia, sólo con herramientas primitivas, alzaron y pusieron en su lugar bloques de piedra que pesaban muchas toneladas.” ¿De qué secretos hablaba Leedskalnin? ¿Es posible que hubiera accedido al mismo conocimiento que tenían los monjes tibetanos? Lo cierto es que algún testimonio de la época dijo haber visto a Leedskalnin cantando a las piedras con sus manos apoyadas sobre la superficie de éstas, lo cual nos podría retrotraer a la práctica ya mencionada del Tibet. Incluso se habla de que en una ocasión unos jóvenes le vieron manipular fácilmente unos bloques de coral que flotaban en el aire como si fueran globos llenos de aire. No obstante, aparte de estas escasas y difusas referencias, no sabemos nada con seguridad acerca de cómo procedió Leedskalnin, porque sacó adelante la construcción en un ambiente de total sigilo (y casi siempre trabajaba de noche). De este modo, se llevó el secreto a la tumba y, aunque escribió un libro sobre el parque, no ofreció en él explicaciones técnicas concretas.

Sin embargo, algunos investigadores han ido recopilando la escasa información disponible y se ha podido al menos componer un escenario especulativo sobre lo realizado en Coral Castle. Así, se cree que Leedskalnin era consciente de la existencia de una red global de energía telúrica y que la aprovechó para situar su parque en un lugar propicio, una especie de cruce de líneas energéticas, que en la literatura alternativa son conocidas como ley lines. A este respecto, algún autor ha sugerido que el cambio de emplazamiento del parque se debió a que Leedskalnin apreció que Homestead era un lugar de mucha mayor energía telúrica, lo que facilitaría su labor constructiva.

Puerta megalítica giratoria del parque, que se mueve con sólo apoyar un dedo
Puerta megalítica giratoria del parque, que se mueve con sólo apoyar un dedo

Además, parece ser que muchos de los monumentos están dispuestos según alineaciones astronómicas, lo que vendría a reforzar la interacción tierra-cielo. Sobre el origen de esa energía, el propio Leedskalnin dio alguna explicación, aunque sin entrar en detalles. En su opinión, todo residía en el uso de imanes que pueden producir fenómenos mensurables y electricidad, e insistió en que había redescubierto las leyes del peso, la medida y la palanca, y que tales conceptos implicaban la relación de la Tierra con las alineaciones celestes. Leedskalnin, de hecho, creía en la existencia física y real del magnetismo natural, que los antiguos chinos llamaban chi[7].

Vistos estos casos, podemos especular con la idea de que hace milenios existió un saber tradicional sobre la levitación de la materia y que tal vez ese conocimiento fue el auténtico responsable de los grandes monumentos megalíticos. Ello, sin duda, haría cambiar la típica visión de la arqueología ortodoxa, que imagina en tales construcciones a miles de obreros o esclavos, con cuerdas, trineos y palancas, o en el mejor de los casos con grúas, poleas y cabrestantes. Pero por alguna razón que se nos escapa, ese saber desapareció o se fue perdiendo con el avance de la civilización. De todos modos, quizá esa ciencia tradicional profundamente enraizada en la naturaleza y el cosmos pudo subsistir en algunas comunidades y esa sería la explicación para estos brevísimos destellos de una ciencia arcana que a día de hoy aún no somos capaces de recuperar y aprovechar. Hace casi un siglo, el coronel James Churchward –que escribió sobre el mítico continente de Mu– dijo lo siguiente:

“Las civilizaciones han nacido y han acabado y luego han sido olvidadas una y otra vez. No hay nada nuevo bajo el sol. Lo que es, ha sido. Todo lo que aprendemos y descubrimos ha existido anteriormente. Nuestras invenciones y descubrimientos no son más que reinvenciones y redescubrimientos.”

© Xavier Bartlett 2015

Referencias

CHILDRESS, David H. Antigravity and the World Grid. Adventures Unlimited Press, 1987

 http://www.labyrinthina.com/coral-castle.html

Fuente de imágenes de levitación en el Tibet: http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/antigravityworldgrid

[1] En este caso particular, el fallecido investigador norteamericano Clesson Harvey afirmó, basándose en su interpretación de los Textos de las Pirámides, que las grandes pirámides de Guiza fueron construidas mediante levitación, concretamente a través de un cierto ojo metafísico, un poder de la conciencia.

[2] Estos tambores tenían medidas variables: ocho eran de tamaño grande (1 x 1,5 metros), cuatro de tamaño medio (0,7 x 1 metro) y uno más pequeño (0,2 x 0,3 metros). Los más grandes estaban hechos de hierro y pesaban unos 150 kilos.

[3] Lamentablemente, no he podido verificar la liberación de estas películas, ni siquiera su propia existencia. Por otra parte, también es raro que no exista ni una sola fotografía de estos hechos.

[4] Para los interesados en consultar esta argumentación técnica, el artículo completo está disponible (en inglés) en Internet: http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/antigravityworldgrid/ciencia_antigravityworldgrid08.htm#Acoustic%20Levitation%20Of%20Stones

[5] Precisamente, la ufología contempla la hipótesis de que los llamados ovnis (venidos o no de otros mundos) utilicen este sistema de propulsión.

[6] Se conservan fotografías del taller de Leedskalnin y de algunos instrumentos, máquinas o herramientas que usó (poleas, trípodes, cadenas, engranajes…) pero no hay nada que muestre cómo pudo realizar él solo los trabajos, pues ni con la ayuda de las máquinas parece viable manejar ciertos bloques de gran tamaño y peso, siendo él además un hombre de poca talla.

[7] Existen denominaciones paralelas en otras antiguas culturas de varias partes del mundo y en el siglo XX el científico W. Reich habló de la existencia del orgón, que vendría a ser la misma energía natural.

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4 thoughts on “Levitación: ¿Fantasía pseudocientífica o realidad?

  1. El pensar que se pudiera disponer de este tipo de habilidades resolvería (en parte) el porqué de la falta de evidencias arqueológicas de tecnología (avanzada) en la prehistoria.

    Uno de los datos que creo recordar de muchas estatuas y pedruscos gigantestos es que no se detectan síntomas de arrastre o de erosión durante su traslado y colocación, pensemos que una piedra atada, antes de ser colocada debe ser liberada de sus atadura y deslizada (arrastrada) hasta su posición final, cuando la piedra pesa cientos de toneladas, eso deja marcas detectables… o debería, vamos.

    Hay muchas construcciones megalíticas cuya datación es cuando menos dudosa, parece que realmente todas ellas pertenezcan a una misma época y que esta sea muy anterior a lo admitido. Además su intencionalidad REAL es totalmente desconocida pues es absurdo atribuir una mentalidad infantil a quienes eran capaces de llevar a cabo proezas semejantes, no debemos insultar su inteligencia admitiendo que se hacía todo por simple superstición, para “agradar a los dioses”, ni dejar que insulten la nuestra.

    Saludos.

    1. En efecto, coincido contigo en la falta de pruebas sobre los medios utilizados en determinadas obras y sobre todo en el problema de una datación del todo errónea (Graham Hancock está en está línea y cree que todo o gran parte del megalitismo está mal datado y es en realidad mucho más antiguo). Por mi conocimiento de arqueología me puedo creer algunas cosas y no subestimo el ingenio y capacidades de los antiguos, pero otras me resultan imposibles de asumir de forma racional, como los gigantescos bloques de 800 ó 1000 toneladas usados en Baalbek, que la ortodoxia nos dice que fueron manipulados por los romanos. Pues no, mire usted: los romanos no trabajaban con esos bloques ni tenían la capacidad para manejarlos; usaban piedras grandes o cemento y con ello se las apañaban más que bien, pero no empleaban monstruos de tal peso y tamaño. Obviamente la pregunta del millón es quién hizo esos monumentos, cómo, cuándo y para qué, y ahí seguimos sin tener respuestas certeras. La levitación es una opción pero existen otras posibilidades, como el abladamiento de la piedra o la fabricación de piedra sintética.

      Saludos,
      X.

    1. Gracias Jesús por tu comentario

      De todas formas, lo que realmente sorprende en este caso no es que la ciencia actual esté empezando a entender estos principios para ponerlos en práctica, sino que hace miles de años este saber pudo estar en manos de unas gentes supuestamente más primitivas e ignorantes que nosotros. De este modo, ellos pudieron alzar enormes monumentos que hoy nos parecen muy costosos y complejos para nuestra tecnología. Obviamente, si damos crédito a la teoría de la historia cíclica, todo cuadra. Venimos de la decadencia, no del primitivismo.

      Saludos,
      X.

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