Vendedores de Apocalipsis

catastrofismo

Estaba el viejo vagabundo de larga barba blanca medio dormido, tumbado sobre unos cartones en el sombrío callejón, cuando vio que se le acercaba un extraño tipo. Era un hombretón maduro, de gran altura, enfundado en un perfecto traje de ejecutivo. Sin embargo, lo más llamativo es que el tipejo tenía la cara roja, unos cuernos bien afilados sobre la frente y una cola que sobresalía por detrás de sus pantalones. A todo esto, también portaba una larga vara acabada en tres puntas…

El siniestro personaje se acercó al anciano y con cara de malas pulgas le espetó:

– ¡Pero bueno, viejo pordiosero…! ¿Qué haces ahí despreocupado? ¿No sabes la que está cayendo por esos mundos? ¿Cómo puedes estar así tirado sin hacer nada de nada?

– ¿Qué pasa ahora? ¿Por qué me molesta usted?

– Ah, por lo que veo, debo ponerte al corriente. Pues bien, ahora mismo estoy montando una campaña masiva de terrorismo mundial… y naturalmente con su correspondiente contra-terrorismo. Docenas de atentados, bombas, ametrallamientos, ejecuciones, rehenes, represalias, salvajadas a granel, miles de muertos…

– Bueeeeno…

– Pero eso no es todo. Luego voy a organizar una guerra mundial entre las grandes potencias… enormes ejércitos, tanques, misiles, armas químicas… y llegado el momento, bombardeo total con armas atómicas en todo el mundo… cientos de millones de muertos, ciudades pulverizadas, el planeta contaminado por radiación, la civilización hundida…

– Bueeeeno…

– ¿No dices nada al respecto? Pues has de saber que voy a crear una gigantesca crisis política, económica y financiera global. Crearé un mega-estado de control policial absoluto. Hundiré a todos los humanos con mi deuda, les dejaré sin dinero, sin recursos, y les obligaré a que se pongan mi chip para que no muevan un dedo sin que yo lo sepa. Y al que se me rebote un poco, descarga electromagnética de regalo.

– Bueeeeno…

– Y por si fuera poco, van a aparecer –como de la nada– tremendas plagas de mortíferos y agresivos virus por todos los continentes. Y no habrá cura, desde luego. Así, morirán muchos millones de personas y a otros millones los vacunaré para que se mueran de las propias vacunas. Tendré a los supervivientes enchufados a mi “máquina de salud”, les va a encantar…

– Bueeeeno…

– Veo que no te impresiona, pues. No obstante, hay más. Ya estamos en plena fase de crisis ecológica mundial. El cambio climático, el calentamiento global, contaminación insoportable… Dejará de llover o lloverá demasiado. Terremotos, tsunamis, erupciones de volcanes, millones de animales desaparecerán, desertización, multitudes de refugiados climáticos, las aguas subirán muchos metros… ¡Se van a enterar!

– Bueeeeno…

– Ah, ¿con que eso no te impacta? Pues también voy a enviar unos cuantos asteroides y cometas que se van a estrellar contra la Tierra, con una potencia de trillones de megatones. El fin del mundo asegurado, todo saltará por los aires, el cielo cubierto, el fuego eterno, la atmósfera destruida… Eso sí que será para verlo.

– Bueeeeno…

– ¡Por todos los truenos! ¡Que el Apocalipsis viene, que se acaba el mundo, que voy a extender el sufrimiento, la destrucción y la muerte sin ningún límite, y tú ahí sin hacer caso!

El viejo vagabundo hizo ademán de incorporarse un poco para tomar aliento y, mesándose la barba, miró al maldito tipo y le contestó:

– Mira, Satanás, no vayas por ahí tocándome lo que no suena. Vale ya, hombre. Estaba yo aquí descansando un poco y tomándome un respiro, y me vienes tú aquí con la misma historia de siempre…

– ¿Es que tú eres… quién yo pienso?

– Tan inteligente y calculador para algunas cosas y luego resulta que en realidad te pasas de listo y eres un tonto redomado. Oye, que yo soy eterno, que estoy aquí desde siempre, que estuve, estoy y estaré. Que yo lo he creado todo, en infinitos universos, que hasta te ha creado a ti, que te consideras el superhombre del barrio… No me vengas con tus miedos, tus ansiedades y tus amenazas… ¿Dónde estabas el día expliqué que yo soy el Amor, que es lo único que existe de verdad en el Universo? Anda, vete un rato por ahí y déjame tranquilo, a ver si puedo echarme una cabezadita. Y ojo, no me vaya a despertar y tú no estés…

– Glups, bueno… ya me iba.

El viejo de barba blanca se volvió a acostar y cerró sus ojos, mientras el del tridente se esfumaba entre las sombras. El vagabundo esbozó una sonrisa y pensó para sí: “¿Por qué fui yo a dejar a la Humanidad a cargo de este impresentable? Nunca aprenderá… o sí.”

Bonita comedia –o drama– en la que uno debe decidir si toma el papel del viejo o del ejecutivo. Tan fácil como eso. Cuestión de saber algo sobre identidades.

© Xavier Bartlett 2015

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2 thoughts on “Vendedores de Apocalipsis

    1. Sí, en efecto, uno parece dormir y el otro cree tener la sartén por el mango. Sin embargo, la libertad de despertar y decirle al otro que deje ya de marearnos y controlarnos está ahí. El poder de verdad ha sido siempre del viejo… otra cosa es que lo delegue o no lo ejerza. A buen entendedor pocas palabras bastan.

      Saludos,
      X.

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