El ser de Atacama: cuando la realidad supera a la ficción

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Ramón Navia-Osorio Villar es un veterano investigador independiente español, fundador y presidente de una prestigiosa asociación del ámbito de la ufología, el Instituto de Investigaciones y Estudios Exobiológicos (IIEE), con sede en Barcelona. Navia no es una persona muy popular o mediática, pero lleva ya a sus espaldas unas cuantas décadas de estudio del fenómeno OVNI con la mayor dedicación y seriedad, lo que se ha traducido en numerosos libros y artículos, aparte de una ingente cantidad de documentación. Sus quehaceres profesionales[1] y sus investigaciones le han llevado a recorrer todo el mundo, y en esos viajes ha tenido la oportunidad de recoger mucha información sobre casuística OVNI pero también sobre una amplia variedad de fenómenos paranormales o inexplicados. Y precisamente en uno de esos viajes por Sudamérica, a principios de este siglo XXI, fue a topar con uno de los hallazgos científicos más extraños de los últimos tiempos: un pequeño humanoide momificado de apenas 14 cm. de estatura: se trata del llamado Ser Antropomórfico De Atacama, (o SADA, según denominación del propio Navia)[2].

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Ramón Navia

La aparición pública de este ser minúsculo no ha estado exenta de polémica y a veces incluso de un indeseado sensacionalismo, por no hablar de la rumorología o de la mera ignorancia, tan propias de Internet. Y por supuesto, no podía faltar tampoco el acostumbrado rechazo o negación de la ciencia ortodoxa ante ciertos fenómenos “anómalos”. Como consecuencia de todo ello, la información disponible sobre este caso suele ser muy parcial, incompleta o directamente sesgada por prejuicios en uno u otro sentido. Afortunadamente, Ramón Navia ha escrito un exhaustivo libro sobre el tema[3] desde su privilegiada posición, a fin de esclarecer los hechos y dar fe de los estudios llevados a cabo. Por mi parte, además de leer dicho libro, he tenido la oportunidad de hablar personalmente con él y de observar el espécimen en la sede del IIEE, con lo cual he podido reconstruir bastante fielmente este caso, que paso a comentar a continuación, con el propósito de ofrecer una visión de primera mano y poner de manifiesto que, una vez más, “la realidad supera a la ficción”.

Empecemos, pues, por el principio. Ramón Navia se había desplazado en 2004 a Chile al objeto de realizar un estudio de campo en este país andino, básicamente para recoger información diversa sobre fenomenología ovni. Estando en la ciudad de Iquique, un colaborador suyo, Alejandro Dávalos, le mostró en un CD las imágenes del ser, y posteriormente averiguó que este raro ejemplar antropomórfico era propiedad de un empresario local llamado Ricardo Clotet. Según pudo confirmar, este espécimen había sido encontrado un año antes en el desierto de Atacama, concretamente en La Noria, un antiguo asentamiento minero ya abandonado, situado a casi 1000 metros sobre el nivel del mar, y a poco más de 50 kilómetros de Iquique.

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El asentamiento de La Noria (desierto de Atacama, Chile) en 1910

Al parecer, un nativo de la zona llamado Óscar Muñoz estaba allí cribando en un cedazo algunos escombros a la búsqueda de antigüedades o algún objeto de valor cuando observó una pequeña arpillera con un lazo de color morado en el centro. Y acto seguido, al abrir dicho envoltorio, encontró un diminuto ser de aspecto humanoide totalmente momificado, al que apodó “el monito”. Posteriormente, Muñoz vendió esta momia al hermano de Clotet y ahí empezó un pequeño circo, pues el ser fue a parar a la televisión chilena como noticia sensacional, pero sin que hubiera un verdadero interés científico por despejar las incógnitas sobre su origen y naturaleza[4].

Así las cosas, Ramón Navia fue a ver Clotet para observar personalmente este extraño espécimen, aunque en primera instancia no se le permitió tocarlo ni fotografiarlo. A Navia le sorprendió bastante este hallazgo, ya que se asemejaba a lo que en ufología se conoce como “gris”, un pequeño ser humanoide de origen supuestamente extraterrestre, con una cabeza grande y desproporcionada con respecto al cuerpo. Ya en ese mismo momento, Navia creyó oportuno esclarecer la naturaleza de la momia y por ello la mostró a un médico boliviano, el Dr. Raúl Antesana Sanabria, a fin de que certificara su autenticidad, esto es, que descartara la posibilidad de que fuera un elaborado muñeco, lo que constituiría –obviamente– un burdo montaje o fraude. Y, en efecto, tras ese primer examen, el Dr. Antesana pudo asegurar que estaban ante un ser biológico real.

De este contacto científico preliminar vale la pena extraer algunas descripciones específicas sobre la anatomía del ser:

  • El ser tenía indicios de haber recibido un fuerte golpe a la altura del pabellón auditivo derecho.
  • El omoplato es triangular, diferente a los seres humanos. No es plano, aunque una parte sí, y la otra tiene un vértice en donde se apoyan las clavículas.
  • No es feto, al tener los huesos perfectamente formados.
  • Tiene las articulaciones bien formadas, con ligamentos en las extremidades inferiores.
  • La columna vertebral está completa y bien formada.
  • Tiene más vértebras y más pequeñas que los seres humanos.
  • Tiene diez pares de costillas que dan vuelta completa al plexo del pecho.
  • El cuello es mucho más largo que el humano.
  • Tiene la parte transversal del cráneo sobrepuesto.
  • El temporal está dividido en dos y está como hundido.
  • El maxilar superior es diferente al humano. [Posteriores fotografías en clínica odontológica descubrieron que carecía de dientes; se asemejaba en los maxilares a los camaleones.]
  • Órbita ocular muy alargada. Almendrada.
  • El pie está muy bien formado, es largo en relación al tamaño de las piernas y los brazos son largos en relación a las piernas.
  • La cabeza es grande, desproporcionada con relación al cuerpo. El tronco puntiagudo. Un cráneo alargado hacia la quijada y agrandado hacia el ancho de la cabeza.
  • Las placas óseas del cráneo son completamente diferentes a las humanas, pareciendo estar compuestas solamente de dos hemisferios.

 

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Perfil del ser de Atacama

No obstante, al ver que no había un interés real por investigarlo, Navia decidió comprar el ser a Clotet, no con ánimo de coleccionismo ni de negocio, sino para que fuera estudiado debidamente por las instituciones científicas, ya fuera en América o en Europa. Así pues, antes de formalizar la compra, el ser fue llevado a España, a la Real Academia de Ciencias y Artes, en Barcelona, para ser analizado por varios expertos científicos. De este modo, la momia fue examinada por el Dr. Ramón Parés, microbiólogo, el Dr. Jacinto Nadal, catedrático de la Facultad de Biología de Barcelona y el Dr. Antonio Tejedo, catedrático de Anatomía del Hospital Clínico de Barcelona. El resultado de sus observaciones confirmó lo ya apuntado en Chile: que se trataba de un ser orgánico y antropomórfico (de forma humana). Aparte, los doctores sugirieron que sería muy conveniente realizar un estudio de ADN y otro de Carbono-14 para obtener una datación del espécimen.

Pero un punto crucial en esta investigación era determinar si este ser constituía una rareza única, o si por el contrario había otros seres semejantes, en Chile o en otros lugares[5]. Por de pronto, según pudo contrastar Navia, existían noticias históricas acerca de estos “enanos” así como también referencias directas por parte de los indios aymaras. Respecto al primer punto, en diversas crónicas españolas de los siglos XVI, XVII y XVIII se menciona brevemente la presencia de unos pequeños seres en varios lugares de Sudamérica: “…se sabe haber pigmeos que habitan debajo de la tierra y salen abriendo los campos a sus empresas”, “…dos pigmeos, macho y hembra, no más altos que de un codo[6]”, “…sería gente de baja estatura, pero guerreros”, “Solían salir solo de noche para buscar su sustento, tenían miedo a salir de día desamparados de sus cuevas pues serían acometidos por los pájaros grandes.”

Y, por otra parte, tenemos los relatos indígenas, que hablaban de la existencia real de este pueblo de cortísima estatura (de no más de 50 cm.), a los que llamaban gentiles. Y lo que es más, aún podría encontrarse alguno vivo en la actualidad; se trataría una población muy marginal que se habría refugiado en zonas montañosas. A este respecto, según la investigadora colombiana Gilda Mora, existe una referencia muy directa y específica a un lugar concreto de difícil acceso llamado “cerro de los enanos” (en Colombia), en el que todavía se podría encontrar algunos de estos diminutos seres, cuya altura estaría alrededor de los 35-40 cm.

Según las tradiciones orales aymaras, este pueblo gentil había convivido durante siglos con ellos en una amplia región comprendida entre el sur de Perú, Bolivia y el norte de Argentina y Chile. No habría existido relación entre ambas etnias pero sí al menos un respeto mutuo. En cambio, la llegada de los españoles habría provocado la muerte de muchos de estos gentiles, dado que las autoridades religiosas consideraban a estos seres como criaturas del diablo. En cuanto a su modo de vida, un erudito aymara le explicó a Ramón Navia que los gentiles “cultivaban la tierra, disponían de unos bancales chiquititos, como así de alto (unos 6 cm.) y no muy largos. Allí sembraban entre otras cosas un maíz muy pequeño”.

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El libro escrito por Ramón Navia sobre el “SADA”

Cabe destacar que, siguiendo estas informaciones, Navia organizó en 2008 un viaje de exploración con la esperanza de hallar otro ejemplar –vivo o muerto– de esta extraña raza en la zona de Pachica (también en desierto de Atacama). Sin embargo, después de rastrear su pista infructuosamente durante algunos días tuvo que desistir en su empeño. Pero hay más. Según explica el propio Navia, estuvo muy cerca de identificar otro ejemplar de ser antropomórfico diminuto durante un viaje a Puerto Rico. Allí, en la localidad de Salinas, pudo hablar con policías y con la funeraria sobre la muerte de dos seres de pequeñísima estatura localizados en un paraje llamado Las Tetas de Cayey. Tras un laborioso trabajo de investigación sobre el particular, pudo descubrir que habían matado a uno, mientras que el otro, aún vivo, fue llevado a los Estados Unidos.

Una vez acabadas las pesquisas en América, Ramón Navia inició un largo periplo de varios años y de miles de kilómetros para llevar la momia del ser ante diversos expertos e instituciones científicas de España y de otros países para tratar de encontrar respuestas a sus preguntas. Lamentablemente, estas investigaciones resultaron tener a menudo una doble cara, pues los científicos –médicos y biólogos principalmente– se mostraban escépticos o reticentes a reconocer que aquello iba más allá de lo que podían aceptar. Así pues, en muchos casos, en privado le decían a Navia una cosa, pero en público mantenían cierta versión oficial de que aquello no era más que un feto humano de unos pocos meses.

Sin ánimo de ser exhaustivo, recojo seguidamente algunos de los exámenes o estudios realizados por expertos científicos por los que pasó el ser entre 2004 y 2012:

Gabinete de Diagnosis por Imagen del Dr. García Espuche (Barcelona): en esta entidad se realizaron las primeras placas radiográficas al ser, que ratificaron una vez más que no era artificial. Pero sobre todo se observó que el ser tenía una fisura en el húmero y otra en el pabellón auditivo derecho, siendo esta última la que probablemente le causó la muerte (obviamente por un golpe), lo cual pondría muy entredicho la hipótesis del feto, a juicio de Ramón Navia.

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Comparación de radiografías de un feto humano y del ser

Facultad de Veterinaria de Zaragoza: El Dr. Salvador Climent examinó al ser e hizo notar que tenía varias características no humanas y, aunque aceptaba la idea de que fuese un feto humano de pequeñas dimensiones, no descartó que se tratase de un feto de primate.

Facultad de Biológicas de Universidad Autónoma de Barcelona: Los científicos de esta Facultad que analizaron la momia concluyeron que se trataría de un feto de unos 4 meses, posiblemente varón, y le asignaron una antigüedad de 200-300 años.

Universidad de Salzburgo: gracias a la intervención del investigador Klaus Dona, el ser fue examinado por el prestigioso Dr. Tichy, que había analizado el ADN de Mozart. Para Tichy, que lamentó que las radiografías presentadas estuvieran quemadas[7], se trataba de un feto de unos siete meses. Navia le hizo notar que el ser no presentaba fontanelas[8] abiertas (típicas del feto o bebé), a lo que Tichy no contestó. También se solicitó un análisis de ADN a esta universidad, pero se alegó una serie de problemas metodológicos que harían poco fiables los resultados de dichas pruebas.

Universidad Complutense de Madrid: En un análisis preliminar, la Dra. Amaya Maruri afirmó que el ser tenía el esqueleto perfectamente formado, que había caminado[9] y que podría tener unos tres años. No obstante, en un comunicado posterior por escrito, la misma persona decía que se trataba sin duda de un feto de unos 4 meses y que las fracturas observadas se habían producido post-mortem, al tiempo que desestimaba el tema de las fontanelas, porque podía haber excepciones y porque no se podía apreciar bien dicha característica debido a la fractura craneal.

Universidad de Tarapacá (Arica, Chile): de vuelta a los orígenes, Navia pensó que era conveniente retomar la pista antropológica americana, y en consecuencia llevó la momia ante el antropólogo Bernardo Arriaza Torres, que tras calificarla como “un feto con algún tipo de malformación” animó a Navia a presentarla en un congreso de momias que iba a tener lugar en las Islas Canarias.

Así pues, el ser fue llevado al VI Congreso Mundial de Momias, celebrado en Lanzarote en 2007, pero aquí también Ramón Navia se llevó cierta decepción, pues –pese a ser aceptada su ponencia a última hora– se le dijo que no se aceptaban ejemplares originales y además le cerraron la sala en la que tenía que presentar el ser. Posteriormente, pudo mostrar la momia a varios científicos en el hotel del Congreso, pero no le prestaron la atención debida, examinándola superficialmente y con poca luz.

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La momia durante un examen

Universidad de Granada: Por mediación del catedrático de Antropología Física Dr. Miguel Botella, que había asistido al evento recién citado, el ser fue llevado a esta institución para analizar su ADN. Allí hubo mucha curiosidad por parte varios científicos para examinar al ser, pero en un rápido dictamen todo el mundo aceptaba que era un feto. Tras unos meses de espera, llegaron los resultados del análisis de ADN efectuado por el Dr. J. Carlos Álvarez[10], que –en resumen– exponían que el ser era de origen amerindio, que era femenino y que no había sido posible practicar otras pruebas por motivos técnicos.

Universidad del País Vasco: a petición personal de Ramón Navia, el Dr. Francisco Etxeberria Gabilondo, profesor de Medicina Legal y Forense, examinó al ser y ofreció un dictamen por escrito, asegurando que se trataba de un feto momificado de unas 15 semanas con todas sus características normales, y que posiblemente era una momia bastante reciente. Además, Etxeberria incidía en la presencia de una porción de cordón umbilical sobresaliendo por la zona abdominal, lo que sería una evidente prueba de que el ser era un feto. No obstante, Navia afirma que esta apreciación es un error, pues el cordón umbilical se deshace por sí solo poco después del parto. En su opinión, ese apéndice sería en la realidad una porción de los intestinos.

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El Dr. Steven Greer

Finalmente, cabe reseñar un sonado episodio en la investigación –mucho más mediático que efectivo– cuyo origen tuvo lugar en 2009 cuando Ramón Navia y el Dr. Steven Greer[11] coincidieron en un congreso sobre exopolítica celebrado cerca de Barcelona. Navia invitó a Greer a la sede del IIEE donde le mostró el ser. La opinión de Greer, a bote pronto, fue que aquello no era humano, aunque no podía dar mejores explicaciones. El tema quedó ahí “congelado” durante tres años y no fue hasta 2012 en que Greer se desplazó a Barcelona para realizar un examen más detallado y para grabar al ser a fin de incluirlo en un documental titulado Sirius Disclosure. En esta ocasión el ser fue llevado a un centro de radiología donde se le practicaron varias pruebas, como radiografías y tomografías computerizadas (TAC), y además se le extrajo una muestra para análisis posterior de ADN.

La verdad, según comenta el propio Ramón Navia, es que la intervención de Greer y su equipo –pese a todos los medios humanos y técnicos desplegados– mostró cierta ignorancia y torpeza en la manipulación del ser. Asimismo, llegaron a preguntar a Navia si habían encontrado al espécimen… ¡en una nave! Con todo, es de destacar que la iniciativa de Greer supuso la irrupción de la Universidad de Stanford (EE UU) en el asunto, y así pues un equipo de esta institución, dirigido por el Dr. Garry Nolan, llevó a cabo diversas pruebas científicas sobre el espécimen durante varios meses. Como resultado de dichas investigaciones, se confirmaron las observaciones y anomalías anatómicas ya relatadas anteriormente y se dejó bien claro –y por escrito– que el ser no era un feto humano ni un nuevo tipo de primate, sino un individuo que habría vivido entre 6 y 8 años, y que tal vez era fruto de una mutación. A su vez, los análisis de ADN no aportaron hechos significativos y quedaron pendientes de ulteriores estudios.

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Véase el largo cuello del espécimen

Sin embargo, una vez más surgieron aquí algunas contradicciones y cambios de opinión. Concretamente, cabe destacar que en esas mismas fechas el Dr. Ralph Lachman –un profesional también de Stanford y muy reconocido entre sus colegas médicos– examinó al ser y admitió que no podía identificar el origen de la deformidad del espécimen, tras haber descartado que se tratara de un defecto genético, displasia esquelética u otro tipo de anomalía conocida. De todos modos, concluyó que debía ser un niño de unos ocho años[12] y que había caminado, lo contrario a lo que había dictaminado Nolan en un principio. Pero tiempo después, el Dr. Lachman se desdijo de su anterior dictamen. Extrañado de su radical cambio, Navia remitió un largo escrito a Lachman para que argumentase la razón de ese nuevo dictamen, pero nunca obtuvo respuesta. Según Navia, estos cambios tan radicales se han producido en varias ocasiones, pero los de Nolan y Lachman “levantan ampollas”, en sus propias palabras.

El caso es que, con los datos recién citados, Greer acabó por concluir que el ser era una especie de “humanoide” (término que no agrada a Ramón Navia), una criatura no identificada que había vivido hace muchas décadas (o quizás siglos), pues no parecía ser relativamente reciente. Sobre su origen, sólo podía sugerir hipótesis, y si bien no podía afirmar tajantemente que se tratase de un alienígena, tampoco cerraba la puerta a que fuera algún tipo de híbrido. En todo caso, la difusión del documental y la participación del Dr. Steven Greer atrajeron mucha atención mundial sobre el ser de Atacama, aun al precio de vincularlo de algún modo con las visitas de “hombrecillos extraterrestres”.

Y ya en los últimos tiempos se ha ido sucediendo el interés de algunas instituciones y personas sobre la naturaleza del ser, aunque nada realmente nuevo se ha aportado hasta la fecha. Por ejemplo, quien esto escribe estuvo en el IIEE hace escasos meses durante la visita de un equipo de investigación holandés que examinó y fotografió al ser con detalle como base para posteriores análisis, y propuso el contacto con la prestigiosa Universidad de Cambridge para encargar nuevos análisis de ADN.

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Examen de la momia por parte de una doctora holandesa en la sede del IIEE (octubre de 2015)

En cualquier caso, ya hemos visto que los científicos han dado explicaciones para todos los gustos: desde que es un feto perfectamente normal de 15 semanas hasta que podría tratarse de un ser híbrido. Y dado que son personas con conocimiento de causa, nos podemos preguntar el porqué de esta divergencia de pareceres, y sobre todo en el punto clave, porque unos pocos expertos han asegurado que no puede tratarse de un feto frente a una mayoría que se inclina por esa versión. Lo que parece evidente es que, ante esta notable anomalía biológica presuntamente relacionada con el ser humano, los científicos –salvo honrosas excepciones– han tendido a escurrir el bulto o salirse por la tangente con fáciles “explicaciones habituales”, aun cuando las argumentaciones aportadas carecieran de base científica, según los propios criterios del paradigma imperante[13].

En su investigación, Ramón Navia se ha encontrado repetidamente con esta actitud arrogante, o a veces “cómoda”, de no complicarse la vida ante algo que se sale de los parámetros habituales. En efecto, bastantes científicos no se mostraban muy dispuestos a respaldar en público lo que pensaban realmente, pues “tenían hipotecas que pagar”. En otras palabras, estaríamos frente al miedo al qué dirán mis colegas, a perder el prestigio, la plaza o el sustento, que son poderosas razones para no comprometerse con ciertas heterodoxias. Y es más, incluso alguna personalidad científica de gran renombre, como el Dr. Svante Paabo (experto mundial en momias), no respondió siquiera a las peticiones para que examinara el ser y ofreciera su dictamen altamente cualificado[14]. En resumen, vemos que, ante unos mismos hechos u observaciones empíricas, los miedos, sesgos o prejuicios de los expertos han podido influir en la interpretación, si bien es de agradecer que unos pocos no se hayan pronunciado rotundamente, por la simple razón de que admiten sincera y humildemente que, con las pruebas realizadas hasta la fecha y según el conocimiento actual, no son capaces de dictaminar qué clase de entidad biológica es el ser.

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El ser de Atacama en la urna preparada para exposición

No obstante, si vemos el lado medio lleno del vaso, tenemos que valorar en su justa medida los datos acumulados durante estos años sobre el ser de Atacama, que de ningún modo pueden ser ignorados. Lo primero que hay que señalar es que la propia ciencia ha corroborado repetidas veces que no se trata de un fraude, sino de un ser orgánico momificado por desecación. En segundo lugar, el estudio anatómico nos muestra a una entidad de aspecto similar a los humanos. Sin embargo, como ya hemos visto, ciertas características muy marcadas le separarían del género humano “normal”, especialmente en lo referente al cráneo. Por otra parte, se aprecian diversos rasgos (ausencia de fontanelas, pies con callosidades, esqueleto bien formado, lesiones por impacto…) que nos harían descartar la teoría del feto humano, aun con malformaciones, así como la teoría de un diminuto primate. Así pues, es posible que estemos ante un ser con varios años de vida, ya completamente formado, que caminó sobre aquellos parajes chilenos y que murió a causa de un impacto (intencionado) recibido en la cabeza.

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Recreación de un “hobbit”

Por consiguiente, se podría empezar a plantear un escenario hasta ahora impensable de seres inteligentes[15] de talla muy reducida, si bien –lógicamente– ya no estaríamos hablando de alguna variante de Homo sapiens, sino tal vez de otra especie de homínido no identificada. Y en este sentido, es oportuno recordar el hallazgo hace pocos años del famoso Homo floresiensis o “hobbit”, de apenas un metro de estatura media, que parecía poseer una inteligencia similar a la de los hombres modernos, pese a tener una capacidad craneal poco superior a la de un chimpancé y ciertos rasgos bastante primitivos en su fisonomía[16]. De todas formas, y a la espera de unos resultados concluyentes de ADN, se podría llegar a establecer que el ser de Atacama está fuera del género Homo y que por tanto es “otra cosa”, si bien relacionarlo con seres venidos de otros planetas no sería más que una mera conjetura gratuita.

Finalmente, la opinión de Ramón Navia, después de todos estos años de fatigas, es que hay que tomar el tema con cierta prudencia o cautela, pues todavía estamos lejos de poseer todas las claves acerca del origen y la naturaleza del ser, si bien es obvio que las típicas versiones oficiales (o sea, el “feto”), o aquellas que apenas han profundizado en el estudio del ser, no merecen ningún crédito. Como dijo el propio Navia en una entrevista concedida a la revista Dogmacero en 2013:

“Y lo que más lamento es que se haya bautizado a ese ser cuando en realidad todavía no sabemos a ciencia cierta de qué se trata. ¿No sería más propio llamarlo ser antropomórfico de Atacama? Porque en definitiva y hasta donde nosotros sabemos es de lo que se trata: un ser de aspecto y apariencia humana hallado en el desierto de Atacama. [Sobre su naturaleza] una cosa es lo que creo y otra muy distinta lo que puedo afirmar. Yo creo que, con los indicios que tenemos y en función de las experiencias que he podido obtener de los contactos en mis diversos viajes a la zona, efectivamente podríamos estar ante un espécimen de una raza que llegó en tiempos remotos a la Tierra. No sabemos qué pudo haber pasado pero, por causas que ignoramos, quedaron atrapados sin posibilidad de regreso y se refugiaron en los Andes (tal vez porque las condiciones climáticas y de presión se asemejarían a su lugar de origen) en donde se reprodujeron y consolidaron algún tipo de organización social que han mantenido de forma muy discreta hasta ahora. Curiosamente, estos seres –según las referencias que hemos obtenido tanto en Chile como en Colombia– son nocturnos. Eso es lo que creo. Lo que puedo afirmar es que se trata de un ser real, de naturaleza orgánica, de apariencia antropomórfica, que no encaja con ningún tipo humano conocido. Y que nos queda un largo camino de investigación por recorrer.”

 ¿Y qué opina al respecto un servidor de ustedes? Lógicamente, a falta de conocimientos específicos, los legos hemos de hacer un acto de fe sobre las pruebas y explicaciones aportadas por los “expertos” para luego valorarlas con nuestro sentido común y limitado bagaje científico, y extraer al final alguna conclusión “razonable”. En este sentido, por un lado, me parece que el ser de Atacama representa una fuerte anomalía con relación a lo que conocemos sobre el género humano, si bien no sugiero que sea un extraterrestre, ni tan siquiera un híbrido, aunque no descarto ninguna posibilidad. Por otro lado, considero que la teoría convencional del feto tiene muy poca consistencia, a la vista de lo que se ha expuesto.

Pero… ¿y si hubiera otro escenario científico que no se ha contemplado debidamente? Estoy pensando en las referencias al resto de pequeños seres detectados en otros lugares del planeta, así como las crónicas históricas y las tradiciones orales del folclore popular. De este modo, no sería tan descabellado pensar que las leyendas conservadas en muchas culturas del mundo sobre minúsculos y escurridizos seres de naturaleza mágica, léase gnomos, duendes, etc., podrían tener un sustrato de verdad antropológica, de la misma manera que ocurre con los gigantes, seres que la ciencia ha encasillado en el ámbito mitológico, a pesar de que ya han ido apareciendo numerosos indicios y pruebas de su existencia. O sea, que la propia naturaleza de nuestro planeta nos podría deparar sorpresas sobre seres inteligentes de muy diversa talla y aspecto. Y en fin… no puedo dejar de citar la famosa frase de Paul Éluard: “Hay otros mundos, pero están en éste.”

 © Xavier Bartlett 2016

[1] Ramón Navia fue piloto de la marina mercante, trabajó en una multinacional informática y también es empresario.

[2] Cabe señalar que en Internet se puede encontrar muchas entradas en que el ser es llamado “Ata”, un nombre acuñado por el Dr. Steven Greer.

[3] NAVIA-OSORIO VILLAR, R. El ser antropomórfico de Atacama. Ed. Cultivalibros, 2011.

[4] Incluso, para su exposición como una mera curiosidad, el ser fue manipulado y dañado para colocarlo erguido en una especie de peana.

[5] De hecho, Navia tuvo conocimiento de varios hallazgos o incluso encuentros con pequeños humanoides similares al de Atacama en el mismo Chile o en otros países como Colombia, Puerto Rico, Argentina, Estados Unidos, Rusia o Egipto.

[6] Aproximadamente unos 42 centímetros.

[7] Sin embargo, las placas se habían efectuado con una mínima dosis de radiación, lo habitual para los niños.

[8] Las fontanelas son separaciones temporales entre los huesos del cráneo que acaban convirtiéndose en suturas en los cráneos ya formados.

[9] De hecho, son bien apreciables unas callosidades en sus pies.

[10] Navia apunta a que la manipulación para la extracción de la muestra no fue del todo correcta, al dañar el cráneo de forma importante.

[11] Steven Greer es médico de profesión, pero es particularmente conocido por ser el impulsor del llamado Disclosure Project, una iniciativa de comunicación orientada a desvelar toda la información sobre ovnis y alienígenas ocultada (o “clasificada”) durante décadas por las autoridades de EE UU y otros países.

[12] Lechman llegó a esta conclusión tras examinar las placas epifisarias de las rodillas y comparar éstas con las de seres humanos normales de diversas edades.

[13] Incluso, un “experto” llegó a decirle a Ramón Navia que el ser era un fraude, un montaje hecho a partir de huesecillos de pájaro, cosa que se cae por su propio peso con un simple examen atento de dichos huesos.

[14] En palabras del Dr. José Ignacio Lao, que actuó de mediador para Ramón Navia: “El Dr. Svante parece que se asustó porque ni tan siquiera ha remitido una respuesta de cortesía. Es una pena pero […] dada su actitud puede que al final sólo sea otro pseudocientífico más que se niega a romper sus esquemas.”

[15] Por supuesto, aceptando las historias de los aymaras acerca de sus capacidades.

[16] Hay que señalar que las reconstrucciones de este homínido –a partir de su esqueleto– nos muestran a un humano con una mezcla de rasgos arcaicos con otros más modernos, si bien la anatomía general sería bastante más humana que simiesca. Dicho de otro modo, como ya se apreció en su momento, el Homo floresiensis se parecería más a un hombre afectado de enanismo que a un australopiteco. Lo cierto es que, vista su relativa normalidad anatómica, la comparación con el ser de Atacama quedaría un poco forzada.

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4 thoughts on “El ser de Atacama: cuando la realidad supera a la ficción

  1. ¡Salve eximio Xavier! Como si de un prolijo terrario se tratase, de cuando en cuando, vierten cosas extrañas, como un hombre introduce adornos para ornamentar una pecera pues así, según El Libro de los Condenados de Charles Fort, otras “cosas” hacen lo mismo con nosotros: cuando, cómo y donde quieren. Me encanta su modo de explicar las cosas, permaneciendo siempre acaballo entre la credulidad y el escepticismo, haciendo que el lector divague y forme sus propias conjeturas. La reflexión final ya es la guinda de tan suculento artículo. Muchas gracias y saludos.

    1. Estimado amigo,

      Bueno, la verdad es que simplemente trato de ser científico, evaluando todas las opciones y ateniéndome a los hechos observados. A partir de ahí, lógicamente hay que poner dosis de escepticismo pero también de imaginación. Nadie, en ciencia, nos debería decir lo que es posible y lo que no. En este sentido, el ser de Atacama merece un estudio serio y riguroso, evitando caer en el sensacionalismo o en la negación ante todo lo “anómalo”. Lo que sí puedo corroborar, por mis estudios en los últimos años, es que mucha mitología de todo el mundo no es tan “fantasiosa” como nos han hecho creer, sino que en muchos casos esconde un sustrato de verdad que ha de ser explorada adecuadamente.

      Saludos,
      X.

  2. No se si los “doctores” tienen más miedo por reconocer que eso no es un feto humano o que no tienen idea de lo que puede ser.
    Hace tiempo que leí sobre esto y busqué información, pero solo encontré sensacionalismo por un lado y negacionismo absurdo por otro, está claro que no es un feto humano, las costillas, el cráneo, las proporciones generales, ¿tanto cuesta reconocerlo? ¿y tanto cuesta hacer esos exámenes que tanto les aterra que demuestren lo evidente?. Eso es lo que menos entiendo, cuando se les llena la boca de “ciencia”, que siempre terminan por despreciar.

    En alguna de las páginas que vi en su día, los colocaban al lado de las representaciones egipcias de pequeños seres humanoides y la verdad es que los recuerdan bastante.

    Saludos.

    1. Amigo Piedra,

      Has dado en el clavo al citar ese extremismo al afrontar el tema: sensacionalismo o negacionismo, y mientras tanto la casa sin barrer. Por este motivo escribí este artículo: para ofrecer una versión lo más veraz posible de la investigación y de las incógnitas planteadas, con la exposición de los diversos puntos de vista.

      Mucho me temo que el asunto de las pequeñas criaturas humanas, así como el de los gigantes, es un tema especialmente incómodo en el cual la ciencia ortodoxa no se quiere meter, no sea que les vaya a tumbar su sacrosanto edificio evolucionista…

      Saludos,
      X.

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