Abducciones: ¿secuestrados por extraterrestres? (1ª parte)

ovni2La ufología es para el mundo académico una pseudociencia que no merece la menor atención, básicamente por no tener fundamento científico y sí en cambio mucho de creencia y superstición. Los ufólogos, lógicamente, no lo ven así y creen que el fenómeno ovni existe, es real y puede ser observado y estudiado según parámetros objetivos y científicos. Así, desde que en 1947 se produjera el célebre episodio de Roswell (EE UU), los investigadores alternativos se han lanzado al estudio de la casuística ovni en sus múltiples facetas, que incluyen los avistamientos de supuestas naves espaciales (los ovnis propiamente dichos), los encuentros con entidades no humanas, el fenómeno de los contactados, las abducciones, y -en tiempos más recientes- la llamada exopolítica.

Como fruto de estos estudios, muchos investigadores rigurosos han llegado a la conclusión de que un alto porcentaje de sucesos podría ser explicado según causas conocidas y razonables, o al menos podrían gozar del beneficio de la duda. No obstante, quedaría todavía un buen número de casos que no tendría ninguna explicación dentro de los límites de la ciencia convencional. Y este es el problema de fondo: se reconoce que el fenómeno existe, pero no se sabe a ciencia cierta en qué consiste, de dónde proviene y cuáles sus motivaciones. Es bien sabido que desde un principio se lo ha querido vincular con visitas de seres extraterrestres procedentes de lejanos planetas, pero nadie ha podido aportar certezas al respecto. Y por supuesto, la aureola de secretismo y conspiración que se ha tejido en torno a estas supuestas “visitas” no ha ayudado nada a despejar las incógnitas; antes bien, ha aumentado la ceremonia de la confusión.

Lo que sí es destacado señalar es que varias voces han remarcado que el fenómeno no es nuevo, que ha sido observado a lo largo de la historia de la humanidad bajo otras manifestaciones o formas y que más parece relacionarse con lo paranormal o sobrenatural que con la ciencia física que impera en nuestro mundo. En esta línea, me es grato presentar aquí un notable artículo (en dos partes) del experto en ufología David Álvarez Planas, que ofrece una lúcida reflexión sobre una importante vertiente del fenómeno ovni: los raptos o abducciones de humanos a cargo de “seres no identificados”. En esta primera parte se exponen las características básicas de las abducciones y se describe en detalle uno de los casos más paradigmáticos: el secuestro del matrimonio Hill en 1961. En la segunda parte, que publicaré próximamente, se aportarán explicaciones o hipótesis sobre este fenómeno particular a partir de las opiniones de especialistas internacionales de primera fila, como J. Vallée, S. Freixedo, J. Mack, A. Hynek, o D. Jacobs.

El diccionario de la lengua de la Real Academia Española define el término “abducción”, en su tercera acepción, como sinónimo de “rapto” que, a su vez, es el “secuestro de personas con el fin de conseguir un rescate”. El término abducción es una traducción literal del inglés abduction, más propio del lenguaje jurídico pero que, finalmente, ha sido incorporado como sinónimo de “secuestro extraterrestre”.

La primera noticia que tenemos de un episodio de secuestro de este tipo data de enero de 1965 y se refiere al caso que tuvo por protagonista al campesino brasileño Antonio Villas-Boas (1934-1992). Una noche, trabajando en la finca de su padre, pudo ver como un extraño objeto luminoso tomaba tierra muy cerca de donde estaba. Del artefacto surgieron cuatro seres de pequeña estatura que condujeron al sorprendido campesino al interior de lo que aparentaba ser una nave espacial. Lo desnudaron y lo rociaron con un líquido que parecía destinado a limpiarlo y desinfectarlo. Poco después entró en la sala otro ser de reducida estatura (alrededor de 1,50 m.) y de sexo femenino, con quien tuvo relaciones íntimas dos veces. Posteriormente, la “mujer” se fue y los seres echaron al aturdido –y supongo, feliz– Villas Boas de nuevo al exterior de la nave. Naturalmente, a los investigadores de la época el caso les pareció del todo sensacionalista y carente de rigor. El suceso fue posteriormente estudiado en detalle y recogido en diversos libros[i] y quizás sea interesante añadir que todo este incidente no reportó al testigo beneficio alguno, bien al contrario. Villas Boas, con el tiempo se licenció en Derecho y ejerció de abogado y hasta el día de su muerte sostuvo la veracidad de su caso.

Entre los estudiosos está comúnmente aceptado que la publicación del caso de Betty y Barney Hill inauguró lo que podemos calificar como de nueva etapa en la investigación ufológica, muy centrada hasta aquel entonces en los meros avistamientos o, a lo sumo, en el encuentro sin contacto con seres de aspecto humanoide, si bien ya en la década de los sesenta eran conocidos de la opinión pública los casos de contactismo como el de George Adamski, Daniel Fry o el italiano Eugenio Siragusa entre otros. Pero estos casos relataban una casuística totalmente diferente y hasta enfrentada con lo que nos referían los abducidos en sus traumáticas experiencias.

En el intento de clasificación y sistematización del fenómeno que hizo el astrofísico Dr. Allen Hynek (1910-1986) en 1972 no aparecía el fenómeno de la abducción. Hynek, que llegó a reunir en sus archivos más de 50.000 casos de incidentes OVNI, trabajó como consultor científico de la USAF entre 1948 y 1968 en el ámbito del Blue Book Project y pasó de su inicial escepticismo hasta el pleno convencimiento de que se hallaba ante un fenómeno real que debía ser investigado por la ciencia, llegando a fundar el CUFOS (Center for UFO Studies) con sede en Chicago. Hynek estableció una clasificación –comúnmente aceptada por la comunidad ufológica– basada en tres tipos de avistamientos (luces nocturnas, luces diurnas y objetos radar-ópticos) y tres tipos de encuentros (encuentros cercanos del tipo 1, del tipo 2 y del tipo 3). Los encuentros cercanos del tipo 3 (EC-III erróneamente traducido como “encuentros en la tercera fase”) comprenderían aquellos casos en los que el testigo ha informado de “presencia material de seres dotados de movimiento y aparente inteligencia, aunque su aspecto y comportamiento no encajen dentro de los patrones biológicos y sociales de nuestro mundo habitual”[ii]. Es decir, en la “clasificación Hynek” se contemplaba aquellos casos en que el testigo reporta el encuentro con entidades biológicas supuestamente extraterrestres pero no aquellos casos de interactuación con éstas, ni mucho menos los casos de secuestro o abducción que por aquel entonces no habían sido todavía muy estudiados. De ahí que posteriormente se propusiera la incorporación a dicha clasificación de los Encuentros Cercanos de Tipo IV que comprendería las abducciones y los más polémicos Encuentros Cercanos de Tipo V (atribuida al Dr. Steven Greer) que englobaría los contactos de tipo telepático o a través de cualquier otro tipo de percepción extrasensorial (el conocido fenómeno “contactee”).

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Jacques Vallée

Tampoco en la clasificación que debemos a Vallée se consideraba este tipo de incidentes, al menos de forma explícita. Jacques Vallée, matemático y astrofísico francés, nacido en 1939 y residente desde 1962 en Estados Unidos, es una de las máximas autoridades en el estudio del fenómeno OVNI. Vallée colaboró con la NASA y en la creación de ARPANET, la red de comunicación del Departamento de Defensa de Estados Unidos, precursora de la actual Internet. Vallée es autor de numerosos trabajos y diversos libros[iii] acerca del fenómeno OVNI, en los que ha defendido el estudio desde la rigurosidad científica de la hipótesis extraterrestre y de la hipótesis transdimensional en un intento de abordar una explicación completa del fenómeno.

Vallée presentó una clasificación mucho más sofisticada y, en cierto modo, más completa que la del Dr. Hynek. En ella contemplaba, dentro del apartado “extrañezas”, el subtipo CK: “Mensajes extrasensoriales, hipersensibilidad somática o psíquica, mediumnidad, teleportaciones, levitaciones etc.”[iv] en el que, a modo de cajón de sastre, podríamos enclavar los casos de abducción.

En principio, cuando en ufología hablamos de abducción nos referimos a aquellos casos de rapto o secuestro físico (esto es muy importante para distinguirlo claramente de aquellos casos de contactismo o canalización) de seres humanos por parte de, presuntamente, entidades biológicas extraterrestres con o sin presencia de objeto físico asimilable a un vehículo o nave espacial y, aunque parezca reiterativo, siempre contra la voluntad del sujeto. Y hay que poner un especial énfasis en la presunción referida al origen de los captores o secuestradores porque esto está lejos de ser una cuestión pacífica entre los investigadores.

Ciertamente, la abducción es uno de los aspectos más interesante de la casuística OVNI y a través de la que podemos obtener mayor cantidad y calidad de información junto, tal vez –y aquí expreso una opinión personal– con algunos casos de contactismo.

Actualmente contamos con varios cientos de casos (probablemente algunos miles) desperdigados por todo el mundo aunque se hace muy difícil catalogarlos[v] debido a que la amnesia u olvido de la experiencia –generalmente traumática– por parte del testigo es una característica intrínseca de este fenómeno. Por otro lado, algunos investigadores sospechan que tras determinadas desapariciones de personas, pueden esconderse abducciones totales, es decir, sin retorno y sin posibilidad de posterior identificación y estudio. Dicho de otro modo, junto a los actuales casos conocidos, podrían existir muchos otros de los que ni siquiera tenemos conocimiento, con lo cual sólo estaríamos contemplando la punta del iceberg.

De los estudios efectuados, se deduce que el fenómeno de la abducción sigue un patrón común. Generalmente, el testigo o testigos suelen recordar la parte inicial y final del incidente, aunque en ocasiones el origen suele estar “olvidado” y resurge a raíz de una circunstancia ajena al mismo que actúa de desencadenante. Entre el inicio y el final se ha producido un lapso denominado missing time[vi] en el que el sujeto no recuerda nada y que sólo puede detectar por el desfase horario que se ha producido o por la diferencia entre el tiempo del sujeto (medido, por ejemplo, por su reloj de pulsera) y el tiempo de su entorno. Esa parte central del episodio de abducción ha de ser extraída de la parte inconsciente a la que ha sido relegada mediante técnicas de hipnosis, dado que el sujeto es incapaz de recordar de forma consciente dónde ha estado y qué ha sucedido. A través de la regresión hipnótica (la utilización de esta técnica es muy controvertida entre los investigadores) se accede a un material que el sujeto ha enterrado –o le han enterrado– en su inconsciente profundo. La información así obtenida es coincidente en casi todos los casos y muestra la repetición de un mismo patrón indiferentemente del lugar en que se ha producido, raza, sexo o religión del abducido.

grises
Representación artística de alienígenas grises

El sujeto es llevado al interior de una nave en cuya sala puede observar pantallas, cuadros de mando o consolas llenas de luces frente a las que ve operando, indiferentes a su presencia, seres de aspecto humanoide. Esta sala suele identificarse con lo que sería la “sala de control” de la nave. El sujeto es sometido a una especie de reconocimiento médico con especial atención a sus órganos reproductores y, en algunos casos, se produce contacto sexual, extrayéndole fluidos corporales (sangre, orina o semen). Finalmente es devuelto al lugar del que ha sido secuestrado en donde el sujeto prosigue su actividad sin que, en principio, tenga recuerdo alguno del incidente. En cuanto al aspecto de los supuestos humanoides, éste suele diferir según los testigos. Aunque la tipología más descrita es la conocida como “grises”[vii] , en algunos casos se han descrito robots (caso Pascagoula) y en otros, seres de aspecto monstruoso (caso Zanfretta).

La historia de las abducciones, como se ha indicado al principio, se iniciaría en 1957 en Brasil con el caso Villas Boas, aunque el estudio del fenómeno como tal lo motivó el “secuestro” de Betty y Barney Hill acaecido en 1961 en New Hampshire, EE UU. El caso fue ampliamente expuesto en el libro de John Fuller, The interrupted journey y posteriormente revisado y ampliado por Marjorie Fish, quien fue capaz de identificar las coordenadas de un mapa estelar que, al parecer, los supuestos extraterrestres mostraron a Betty Hill.[viii] Tomemos, pues, el estudio de este caso como paradigmático para ilustrar el desarrollo clásico de un incidente de este tipo.

El caso Hill: el viaje interrumpido

En la noche del 19 de setiembre de 1961 el matrimonio formado por Betty y Barney Hill conducían su vehículo, un Chevrolet Bel Air modelo 1957, desde las cataratas del Niagara y las ciudades de Quebec y Montreal, en Canadá, donde habían pasado sus vacaciones, hasta Portsmouth, en el estado de New Hampshire, donde tenían fijada su residencia. Alrededor de las ocho de la tarde[ix], se hallaban conduciendo por una zona muy poco poblada de las White Mountains que posteriormente identificaron como Campton, en las proximidades de Lincoln, cuando de pronto vieron lo que creyeron que era una estrella fugaz que atravesaba el cielo, entre la Luna y el planeta Júpiter. Pronto, sin embargo, pudieron comprobar que se trataba de algo más, cuando aquella luz, haciéndose más grande y brillante, pareció tomar tierra en un campo bordeado por la carretera (la ruta 3). Intrigado por este hecho, Barney salió del coche y dirigiéndose hacia donde parecía haber aterrizado el objeto, constató, con la ayuda de unos prismáticos, que aquello no era un fenómeno natural. Pudo ver lo que parecía un extraño objeto volador provisto de ventanas a través de las cuales observó ciertos seres de apariencia humanoide, entre 8 y 11, vestidos con unos uniformes negros brillantes y gorras negras, manipulando “tableros de mandos”. De pronto, uno de ellos pareció mirar a Barney y, según él mismo declaró, pareció enviarle un mensaje en el que le ordenaba que se quedase donde estaba.

Mientras, su esposa Betty apartó el coche de donde su marido lo había dejado, aparcándolo a un lado de la carretera. No tuvo tiempo de mucho más pues enseguida llegó su marido, muy alterado, gritando que iban a ser capturados. Arrancaron precipitadamente el coche pero no llegaron muy lejos: pronto empezaron a oír un extraño zumbido, que parecía proceder del maletero de su coche y, notando un hormigueo por todo el cuerpo, una extraña somnolencia se apoderó de ellos.

Fuller
El libro sobre el caso de los Hill

Lo siguiente que recuerdan los Hill es que el sonido cesó y comprobaron en un indicador de carretera que se hallaban a 17 millas de Concord, cerca de su ciudad, Portsmouth, donde llegaron hacia las 5 de la mañana. Y aquí se produce la primera anomalía: debieron haber llegado a las 3 de la madrugada y eran las 5. Tenían, pues dos horas de “tiempo perdido”. Además, pudieron comprobar que en su viaje les faltaban más de 56 kilómetros. Las anomalías no terminaban ahí: ambos nunca pudieron volver a ponerse la ropa que llevaban cuando se produjo el avistamiento del extraño objeto; Barney comprobó que las puntas de sus zapatos estaban desgastadas por la parte superior, como si hubieran sido fuertemente rozadas contra algo y, por otro lado, observó que le habían aparecido una manchas en la ingle que antes no tenía. Sus relojes nunca volverían a funcionar. El vestido de Betty estaba roto por varias partes (el forro, la cremallera y el dobladillo) y pudo observar que estaba impregnado de un polvillo de color rosado cuya procedencia no podía explicar. En los días que siguieron al incidente, Barney vio que su coche tenía unas manchas brillantes en la parte del maletero para las que tampoco encontró explicación.

El 21 de setiembre de 1961, Betty llamó por teléfono a la base militar Pease que la USAF tiene en Portshmouth y reportó su avistamiento. Al día siguiente, el Mayor Paul W. Henderson se puso en contacto con los Hill para mantener una entrevista con ellos y para que le explicaran en detalle el incidente[x]. En su informe, que posteriormente fue recogido en el Blue Book Project, Henderson concluyó que lo que los Hill habían visto en la noche del 19 de setiembre había sido el planeta Júpiter. Una conclusión cuando menos curiosa si tenemos en cuenta que el objeto visto por los Hill fue detectado por el radar militar.[xi]

Inquieta por todo el suceso, al cabo de unos días, Betty acudió a la biblioteca local en donde pudo leer un libro escrito por el mayor Donald Keyhoe[xii] y el 26 de setiembre decidió escribirle contándole su caso. El 21 de octubre, Walter Webb, del NICAP se reunió con los Hill y recogió de primera mano todo lo que éstos podían recordar de su incidente. Webb llegó a la conclusión de que los Hill decían la verdad y que muy probablemente lo que contaban había sucedido en realidad.

Sin embargo, lo más molesto fueron las secuelas físicas posteriores a la noche de ese 19 de setiembre. Barney tenía fuertes dolores de estómago que acabaron en úlcera, su ansiedad se había disparado y era ya permanente y su tensión arterial permanecía anormalmente alta. Paradójicamente, Betty Hill no parecía tener secuelas físicas destacables, aunque solía sufrir recurrentes pesadillas en las que se veía rodeada de unos desconocidos de pequeño tamaño, como enanos. También Barney solía sufrir este tipo de sueños en los que se veía conducido a bordo de lo que él identificaba como una nave espacial por unos hombrecitos.

Todo este cuadro psicosomático hizo que en primera instancia los Hill acudieran a la consulta primero del Dr. Patrick J. Quirke y, posteriormente, del Dr. Duncan Stephens en Exeter a quien Barney le comentó todo el incidente y el recuerdo que tenía del ataque de pánico que sufrió cuando contempló con sus prismáticos el objeto posado en el suelo a escasa distancia de donde se hallaba.

Hill
El matrimonio Hill

El Dr. Stephens, viendo la imposibilidad de tratar de forma eficaz el cuadro que presentaban los Hill, decidió derivarlos al psiquiatra y neurólogo Dr. Benjamin Simon, de Boston. El 14 de diciembre de 1963 (es decir, más de dos años después de que tuviera lugar el encuentro con aquel objeto) se personaron en la consulta del Dr. Simon. Dado el tiempo transcurrido y el tratamiento sintomático efectuado aplicado hasta la fecha sin que diera resultado, el Dr. Simon decidió abordar el problema mediante la psicoterapia, utilizando para ello técnicas de regresión hipnótica. Estas sesiones de hipnoterapia se iniciaron el 4 de enero de 1962 y finalizaron el 6 de junio de 1964. Y fue así como surgió la sorprendente historia, “olvidada” hasta entonces.

Los Hill se vieron en su coche, parado en un camino de tierra, que no podía avanzar debido a un obstáculo que les cerraba el paso. Aparecieron entonces varios humanoides de pequeña estatura que les llevaron hasta una especie de nave espacial de forma discoidal posada en el suelo en un claro del bosque. Ascendieron por una rampa y luego por un corredor circular que parecía rodear la nave por el interior, hasta a una habitación también circular. La sala parecía iluminada con una luz parecida a la que produce el “vapor de mercurio”, según la descripción que hizo Betty Hill por comparación con la del Planetario Hayden de Nueva York que tiempo atrás había visitado Betty. Esta luz da a la piel un color azul grisáceo lo que podría explicar el color que los Hill atribuyeron a sus captores.

Betty Hill describió a sus captores como hombrecitos de corta estatura, de rostro ancho y aplanado, de enormes ojos oblicuos que se desplazaban hacia los lados del cráneo. La boca era una simple hendidura, como un corte, desprovista de labios. La que asimilaron a la nariz tampoco tenía relieve alguno y eran dos simple agujeros. La cabeza y el tórax eran enormes, de tamaño desproporcionado al resto del cuerpo, mientras que su piel, como decíamos, fue descrita como de color gris azulado (Betty) y de tonalidad metálica (Barney).

Los hombrecillos arrastraron literalmente a Barney, deslizando las puntas de los zapatos por el suelo (lo que aclararía el origen de la marca que no podía explicar cómo se había producido). Los raptores los subieron a bordo de la nave y los separaron. Los desnudaron y, colocándolos sobre una mesa que Barney califica de corta ya que sus piernas colgaban por el extremo de la misma (Barney Hill media 1,74 m.) les sometieron a diversos reconocimientos físicos: obtuvieron muestras de la piel raspándoles el brazo y les cortaron algunos cabellos y uñas. Barney cree que le tomaron muestras de esperma, aunque no fue consciente de haber eyaculado. A Betty le introdujeron una especie de cable por el ombligo que posteriormente le indicaron era una “prueba de embarazo”. Tanto Betty como Barney Hill identificaron a uno de esos humanoides como el líder del grupo, tal vez el más alto. Fue con este individuo que Betty mantuvo una comunicación sin intercambio de palabras, lo que hace pensar que se trataba de algún intercambio de tipo telepático. No así la comunicación que mantenía el líder con el resto de los tripulantes, que pudo ser claramente audible por los Hill y se asemejaba a una especie de incomprensible murmullo totalmente plano.

Durante el protocolo hipnótico, Betty Hill refirió una situación ciertamente extraña y curiosa. Uno de los humanoides entró en la sala portando la prótesis dental de Barney, lo que pareció llamar fuertemente la atención del líder. Betty le explicó entonces que su esposo había perdido los dientes en un accidente, motivo por el cual había tenido que sustituirlos por esta prótesis y que a cierta edad avanzada era habitual que los humanos perdiesen los dientes y tuvieran que utilizar este tipo de prótesis. Betty Hill declaró que, pese a todos sus esfuerzos, no pudo hacerles comprender el concepto de vejez y de tiempo, cuestión que parecía ser algo totalmente extraño para ellos. Por su parte, Barney estaba totalmente aterrorizado, hasta el extremo que permaneció con los ojos cerrados durante casi todo el tiempo que duró el incidente.

El mapa estelar

Durante una de las regresiones hipnóticas a las que Betty Hill fue sometida, relató un episodio ciertamente extraño y que no ha dejado de ser muy controvertido por los investigadores. En un momento dado de su “secuestro”, Betty observó algo parecido a un dibujo o plano, aunque de aspecto tridimensional, asimilable a un holograma, que colgaba de una de las paredes de la sala a la que fue conducida en la que se representaban una serie de líneas que recorrían diversos puntos. El “líder” le explicó que aquello era un mapa, que los puntos representaban estrellas y las líneas era rutas comerciales –identificadas con líneas discontinuas– y rutas de exploración –identificadas con líneas discontinuas– señalándole uno de esos puntos e identificándolo como el Sol. Esta experiencia debió calar muy hondo en el inconsciente de Betty Hill pues era objeto de recurrentes y vívidos sueños hasta el extremo de que en noviembre de 1961 escribió más de cinco hojas sobre este episodio y los recuerdos que le afloraban en sueños. Finalmente, en 1964, en una de las regresiones hipnóticas a las que fue sometida por el Dr. Simon, Betty dibujó una reproducción del mapa estelar en cuestión.

En 1968, el mapa atrajo la atención de Marjorie E. Fish,[xiii] una joven maestra de escuela de la población de Oak Harbor (Ohio) que por aquel entonces contaba 34 años y sentía una gran afición por la astronomía. Intrigada por el dibujo de Betty Hill, decidió abordar la tarea de construir un modelo tridimensional a escala con el fin de identificar la zona del espacio que representaba aquel supuesto mapa. Para ello, dedicó una sala entera y más de 250 cuentas (a modo de cuerpos celestes) colgadas de hilos del techo de la habitación que representaba el espacio conocido en una distancia de 65 años luz. Tras más de seis años de trabajo, la construcción de más de 20 modelos de representación del entorno espacial de nuestro sistema solar hasta la distancia antes indicada y la documentación en decenas de catálogos estelares, Marjorie Fish conseguió aislar una agrupación estelar que coincidía con el mapa dibujado por Betty Hill. Así finalmente, ya en otoño de 1972 se identificó el sistema de procedencia de los supuestos extraterrestres: las estrellas Zeta Reticuli 1 y Zeta Reticuli 2.

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Mapa estelar según las descripciones de Betty Hill

En todo este asunto hay una cuestión que merece especial atención. La razón por la cual la identificación del mapa no pudo efectuarse hasta 1972 se debió a que varias de las estrellas que lo componían, en concreto el triángulo del fondo identificadas con los números 97, 95 y 86.1, no fueron clasificadas hasta la aparición del Catálogo Gliese en otoño de 1969. Es decir, cuando Betty Hill –bajo protocolo hipnótico– dibujó ese mapa, la estrella 86.1 no aparecía en ninguno de nuestros catálogos, mientras que las 97 y 95 sí aparecían pero en una posición incorrecta que posteriormente, a tenor de los nuevos datos obtenidos, fue corregida. Dicho de otra forma: nadie en 1964 conocía de la existencia de esas estrellas en esa exacta situación.

Hay que aclarar que la cuestión del mapa estelar está lejos de ser pacífica entre los que han abordado el estudio de este caso. Así, Carl Sagan afirmó en su día que la identificación de ese mapa con cuerpos celestes concretos era poco más que una alineación aleatoria de puntos aleatorios, afirmación rebatida por la opinión del estadístico Dr. David Saunders, que había trabajado para la Comision Condon, y que argumentó que estadísticamente era altamente improbable que estuviéramos ante una casualidad debida al azar.

Ciertamente, si aceptamos la autenticidad de este mapa estelar, sería una prueba objetiva de la realidad no solo de este incidente sino, por extensión, del fenómeno de las abducciones. Pero, como ya hemos apuntado, este es un tema que está lejos de ser pacífico entre los investigadores. De hecho, al igual que todo el asunto de las abducciones cuya naturaleza e, incluso, su propia realidad, es fuente de importantes controversias dentro de la comunidad ufológica.

Barney Hill murió en 1969 a los 46 años de edad debido a un derrame cerebral. Había antecedentes familiares de una muerte similar por lo que no hay que buscar relación alguna con el incidente de 1961. Después de su muerte, Betty Hill desarrolló una intensa actividad relacionada con el fenómeno OVNI y en concreto con su caso de abducción: dio charlas y apareció en programas de radio y televisión. Curiosamente, Betty empezó a desarrollar determinadas facultades psíquicas fuera de lo común, lo que en 1976 la llevó a la visita del psiquiatra Dr. Berthold Eric Schwarz que estudió el caso y comprobó, efectivamente, que en su casa de Portsmouth tenían lugar sucesos que podían calificarse de paranormales y en los que el hilo conductor parecía ser la propia Betty Hill[xiv]. Esta circunstancia se repite en otros casos de abducción, lo que lleva a los investigadores a preguntarse si es la abducción en sí misma la que desencadena este tipo de facultades o los abducidos lo son porque poseen estas facultades. Schwarz parece inclinarse por esta última hipótesis cuando afirma:

“En el caso de abducción de Betty, como en algunos ejemplos de contactos con OVNIs, se tiene la impresión general de que el individuo protagonista es un tipo único de persona, cuyas facultades (es decir, su capacidad para sumirse rápidamente en un profundo trance hipnótico, sus rasgos disociativos y sus potencialidades PSI de alta calidad), latentes o no, son necesarias para los OVNIs o para la fuerzas que se esconden tras ellos y que estos factores pueden ser vitales para la generación de la aparente experiencia de relación mente-materia.”[xv]

Es interesante destacar finalmente que, según el Dr. Schwarz, durante el tiempo que la trató, Betty estaba siendo vigilada y su teléfono intervenido posiblemente, según él mismo dedujo, por alguna agencia federal.

Betty Hill murió de cáncer en el año 2004. Su trayectoria vital y profesional (fue trabajadora social) al igual que la de su marido Barney (empleado del servicio postal de los Estados Unidos) hubieran sido de lo más normal de no haberse producido aquel incidente en la noche del 19 de setiembre de 1961.

(c) David Álvarez 2013

Fuente: Dogmacero digital n.º 2 (2013)

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[i] Veáse RIBERA, Antonio. Secuestrados por extraterrestres. Editorial Planeta, 1981

[ii] ADELL SABATÉS, Alberto. Manual del Ufólogo. Editorial 7 ½. Barcelona, 1979

[iii] Entre sus obras destacan Passport to Magonia: From folklore to flying saucers (1969), Messengers of Deception: UFO contacts and cults (1979), Revelations: alien contact and human deception o Wonders in the sky: Unexplained aerial objects from antiquity to modern times (2010)

[iv] Op.Cit.

[v] David Pritchard, físico del MIT y colaborador de John Mack, mantiene que la cifra de norteamericanos que afirman haber sido abducidos asciende a 900.000, señalando que las estimaciones varían entre unos pocos centenares de miles y tres millones.

[vi] “Tiempo perdido”: expresión acuñada por el escritor e investigador Budd Hopkins.

[vii] Del tipo “greys” o grises se han establecido diversos subtipos. Los más frecuentes y en función de las declaraciones de testigos, serían bajos y macrocéfalos de piel gris o verde-grisácea. Se estima que medirían alrededor de 1,20, tendrían brazos alargados y la cabeza de gran tamaño y absolutamente libres de vello en todo el cuerpo. De su rostro destacarían los ojos enormes y almendrados, con oídos pequeños y carentes de pabellón auricular. Se les ha descrito como carentes de ropa, aunque no se descarta la presencia de un traje ajustado que, incluso, podría confundirse con la piel. Este tipo de humanoide fue el descrito por el matrimonio Hill en su abducción de 1961.

[viii] Nos basamos en la descripción del caso que John Fuller hace en su obra El Viaje Interrumpido y en la posterior recensión de Antonio Ribera en el libro Secuestrados por Extraterrestres (Ed. Planeta 1981).

[ix] Otras fuentes,señalan que la hora del encuentro tuvo lugar alrededor de las 10:30 PM.

[x] En aquella época esto era un protocolo habitual dado que los OVNIS eran considerados de interés para la defensa nacional dado el creciente número de avistamientos e incidentes producidos con aviones militares.

[xi] VALLÉE, Jacques. Pasaporte a Magonia. p. 113

[xii] Donald Edward Keyhoe (20-06-1897 – 29-11-1988) fue aviador del cuerpo naval de los marines y autor de diversos artículos sobre aviación. En 1950 empezó a interesarse por el fenómeno OVNI y escribió un libro considerado un clásico en la ufología mundial: The flying saucers are real. El 24 de octubre de 1956, junto con el físico Thomas Towsend Brown, fundó el NICAP (National Investigations Committee on Aerial Phenomena) una entidad sin ánimo de lucro, dedicada al estudio de los OVNIs que en aquella época era un auténtico motivo de alarma social debido a la profusión que los casos de avistamiento tenían en la prensa norteamericana.

[xiii] En 1966, el escritor John G.Fuller (1913-1990), con la colaboración del matrimonio Hill y del Dr. Simon, escribió el libro The Interrupted Journey: two hours aboard a flying saucer en donde se publicaba una reproducción de ese “mapa estelar”. Fue la lectura de este libro lo que despertó el interés de Marjorie Fish para intentar identificar los puntos y las líneas en él dibujadas.

[xiv] El resultado de estas entrevistas fue publicado por la revista inglesa Flying Saucer Review.

[xv] Antonio Ribera en Secuestrados por Extraterrestres, recogiendo las declaraciones del Dr. Schwarz en FSR

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