El sueño del gato de Schrödinger

Erwin_Schrödinger_(1933)
Erwin Schrödinger

Posiblemente uno de los animales más famosos en el ámbito de la ciencia es el llamado gato de Schrödinger, que ha sido citado largamente por científicos, filósofos o simples aficionados a la física durante 80 años. Y en fin, cualquiera que se introduzca en la mecánica cuántica acabará topando tarde o temprano con este simpático animalito, que por cierto nunca existió en la realidad, pues fue fruto de la imaginación del brillante físico Erwin Schrödinger[1] (1887-1961) en el contexto de un experimento teórico o mental.

A estas alturas, dicho experimento ya casi forma parte de la cultura o la ciencia popular porque la física cuántica se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos[2], sobre todo por sus conexiones con algunas visiones alternativas acerca de ciertos conceptos como “realidad”, “conciencia” o “universos paralelos”. Y sí, en efecto, el gato es bastante conocido, pero otra cosa bien distinta es entender exactamente las múltiples implicaciones de este experimento y sus derivaciones, lo que ya quedaría para los expertos más versados en esta materia. Así pues, en este artículo no pretendo polemizar ni adentrarme en ese complejísimo campo ni tampoco reinventar la sopa de ajo, pero sí aportar algunas pistas y reflexiones personales acerca de este curioso experimento desde mi modestísimo conocimiento de la física cuántica y desde mi enfoque sobre la naturaleza de la ciencia y la conciencia.

Pero empecemos por el principio. Si bien, como hemos dicho, el experimento ya es bastante popular, vale la pena explicarlo someramente para aquellos que no hayan oído hablar de él o no tengan una idea clara de en qué consiste. Todo empezó en 1935 cuando Schrödinger publicó en la revista alemana Die Naturwissenscheften un artículo en el cual planteaba un experimento teórico basado en una situación ciertamente curiosa. Schrödinger proponía este escenario: se encierra a un gato en una caja metálica, sin ninguna ventanilla o medio para observar su interior una vez cerrada. Esta caja contiene una partícula radioactiva con un 50% de probabilidades de desintegrarse en el plazo de una hora. Si la desintegración tiene lugar, un contador geiger la detectará y activará un pequeño martillo que a su vez romperá un frasco con cianuro de hidrógeno, un poderoso veneno que matará al gato por inhalación.

Y aquí es donde viene el quid de la cuestión y lo que ha hecho correr ríos de tinta durante décadas: después de pasada una hora, ¿el gato estará vivo o muerto? Desde un punto de vista “lógico”, el destino del gato estará marcado por el mismo destino de la partícula, esto es, tendrá un 50% de probabilidades de vivir e idéntico porcentaje de perecer. Por lo tanto, el azar nos llevaría forzosamente a cadena de acontecimientos que acabará en una u otra resolución, pues no habría otra alternativa. Por supuesto, todo ello dando por hecho que tanto el contador como el martillo cumplan la función esperada por el científico. En todo caso, es del todo evidente que sólo podríamos saber qué ha ocurrido abriendo la trampilla de la caja y observando a continuación si el gato está vivo o muerto.

Schrodingers_cat.svg
Esquema del experimento de Schrödinger (fuente: Wikimedia Commons)

Pero Schrödinger veía este escenario en términos cuánticos y desde la llamada interpretación de Copenhaghe, que se mueve por los derroteros de lo infinitamente pequeño, el mundo cuántico. Según esta teoría, tanto la partícula como el gato están descritos por una función de onda y el mismo hecho de realizar una observación provoca inevitablemente la alteración de lo observado. De este modo, cuando el científico se decida a abrir la caja y observe su interior, su intervención causará el colapso de la función de onda y provocará un resultado determinado, esto es, que el gato esté vivo o que esté muerto.

¿Y mientras tanto? ¿Qué ocurre cuando aún no se ha producido ninguna observación? Según los postulados cuánticos de la interpretación de Copenhaghe, el gato estará en un estado de superposición de las dos opciones[3], o sea, estará vivo y muerto a la vez, pero sólo como realidades potenciales, y cuando el observador colapsa la función de onda, el sistema se decanta hacia una u otra resolución. Así, este observador tiene la capacidad de influir y alterar el sistema sólo con su observación[4], “creando” un estado determinado y descartando otro (u otros) a cada instante. Desde luego, esta explicación parece vulnerar directamente el sentido común, pero desde la perspectiva cuántica, en una escala atómica, las dos opciones –que son exactamente igual de posibles– ocurren simultáneamente[5]. A su vez, en la interpretación de Hugh Everett de 1957 llamada many worlds (“muchos mundos”), este científico proponía que la observación implica la ramificación de la función de onda y así el gato existirá de alguna manera en dos mundos o universos paralelos igual de válidos o reales, pero inconexos entre sí.

Por otra parte, podríamos complicar un poco más el escenario si imaginamos a un segundo observador fuera de la habitación –que permanece cerrada– en la que tiene lugar el experimento. Si el científico ha hecho ya su medición, pero sigue encerrado en la habitación, no hay forma de saber el resultado hasta que el segundo observador entre en dicha habitación y se comunique con el primer observador o reciba su información de alguna manera; quizá bastaría un vistazo a su rostro para saber qué ha sucedido. Sea como fuere, para el segundo observador –y los infinitos observadores que podrían venir detrás de él– el gato seguiría vivo (o muerto) en un eterno estado de indefinición hasta que obtuviese la información deseada por parte del primer observador.

Pero… ¿es el gato un mero objeto sin ningún papel en todos los acontecimientos que ocurren en la caja (o fuera de ella)? Muchas interpretaciones y explicaciones sobre este experimento están centradas en la física de lo más pequeño, el mundo de los cuantos, o en el papel del observador inteligente, dando por hecho que el ser humano es el único ser consciente de sí mismo y del universo, muy por encima de las otras criaturas orgánicas y ya no digamos de los seres inorgánicos. Pero ya tendríamos que empezar a bajarnos del pedestal de semidioses en que nos hemos instalado para reconocer que la conciencia no es exclusiva de los hombres, porque no se deriva del funcionamiento de un “cerebro grande y muy evolucionado”; esto es, no procede de la actividad eléctrica o química de la materia gris. Más bien es al revés; es la conciencia –entendida como un fenómeno no local– la creadora de la materia, afirmación que han defendido tanto filósofos como científicos.

Sin embargo, la gran mayoría de científicos todavía reniega de esto porque ven la realidad como algo separado del observador. Incluso el propio Francis Crick, premio Nobel y descubridor del ADN, llegó a decir que nuestro mundo está ahí fuera, independientemente de que haya alguien para observarlo o no. Lo que ocurre es que se crea aquí la paradoja de que si no hay observación, ¿cómo puede haber certeza de algo?[6] Pero claro, esto es lo que ocurre cuando se confunde mente –por muy compleja que sea– con conciencia. Ya hace mucho tiempo que las antiguas tradiciones de la India y de otras culturas nos advirtieron sobre la mente… nuestra querida generadora de ilusión, individualidad y separación[7].

DSCN1009
El gato, al igual que nosotros, también observa

No obstante, volviendo al gato, si aceptamos que es un ser consciente[8], él sería en realidad el primer observador de la posible desintegración de la partícula radioactiva. Y tal vez tendría algo que decir al respecto de dicha partícula, el martillo y el frasco con el veneno. Sobre este punto, otra teoría sostiene que la observación del sistema por parte del gato debe coincidir con la observación que realice el observador humano, aun en distintas funciones de onda. En otras palabras, cuando el desenlace del experimento ya ha colapsado para el gato, aún sigue en estado de superposición para el científico. Pero cuando éste procede a la observación y accede a la misma información sobre el sistema, las dos mediciones deben colapsar en un mismo resultado. Otra cosa, en la que quizá no reparó Schrödinger, sería admitir la posibilidad de que el gato –en vez de ser un sujeto pasivo– decidiese actuar por su cuenta, manipulando los objetos del interior de la caja y provocando un desenlace inesperado, lo que abriría la puerta a otras múltiples vías o universos…

Con todo, aún podríamos añadir más variables teóricas al escenario. Todos sabemos que los gatos son grandes aficionados al sueño, hasta poder pasar gran parte del día dormidos. ¿Qué sucedería si el gato se duerme y entra en otra realidad? Hemos de tener en cuenta que tanto gatos como humanos estamos sujetos a dos estados básicos de conciencia: la vigilia (cuando estamos “despiertos”) y el sueño (cuando estamos “dormidos”), y en ambas experimentamos una sensación de “realidad”, la primera supuestamente objetiva, y la otra, un mero producto del cerebro mientras el cuerpo descansa. Por supuesto, aquí deberíamos añadir otros estados alterados de conciencia a los que sólo se puede acceder en circunstancias muy particulares. Por ejemplo, los que se producen por ingestión de sustancias psicotrópicas o alucinógenas (conocidas y usadas desde hace milenios por el chamanismo), los estados derivados de una profunda meditación, las experiencias extracorpóreas o incluso las mal llamadas ECM[9]. Y lo que es más significativo: en varias de estas experiencias, los sujetos han descrito lo que han percibido y en muchos casos afirman haber tenido una sensación de “hiper-realidad”, mucho más vívida e intensa que nuestra realidad normal.

Ahora imaginemos que el gato de la caja duerme y está soñando; está creando una realidad alternativa mientras la otra realidad (la de la caja y la siniestra partícula) sigue su curso. Mientras no despierte, experimentará un viaje por un universo paralelo que tal vez le resulte mucho más placentero que la realidad física con la que convive cada día. Y tal vez en ese mundo onírico, el gato sepa con certeza que ocurra lo que ocurra, se dispare o no el dispositivo, él seguirá vivo en otro universo paralelo en el cual podrá seguir experimentando. Esto es, su existencia no sería “local”, no estaría sometida a dimensiones espacio-temporales ni a restricciones causadas por una percepción mental o sensorial de la “realidad”, una realidad no externa a él sino parte de él. Así pues, le daría igual que se activara o no el mortal mecanismo. Claro que, dándole una vuelta más de tuerca a la paradoja, es posible que el gato esté soñando todo el escenario planteado por el científico y que al final sólo resulte ser una extraña pesadilla de la cual despertará en uno u otro momento para su alivio.

Quizá los gatos, a los que legendariamente se les atribuye siete vidas y ciertas facultades paranormales[10], saben mucho mejor que los estúpidos humanos en qué consiste la existencia y el universo. Saben posiblemente que este mundo no es más que una realidad entre las infinitas realidades posibles y que el cambio de un universo a otro sólo supone un cambio de estado pero no la muerte, sencillamente porque la muerte –tomada como “desaparición de la conciencia”– no existe en sí misma, al ser una mera ilusión provocada por la mente… al igual que la vida física a la que tanto nos apegamos. Y todo ello pese a la rotunda frase aceptada ampliamente en el ámbito de la física de que “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, la cual debería hacer pensar a más de un científico materialista sobre sus consecuencias metafísicas.

De hecho, desde hace siglos los iniciados llevan diciéndonos entre líneas que la vida nos es más que un sueño[11] (entendido como “creación”) y mientras tanto nosotros seguimos mirando para otra parte pensando que la realidad es única y que nosotros somos nuestros cuerpos. Sin embargo, desde un enfoque “cuántico-espiritual”, somos propiamente el observador –eterno– y no el cuerpo (ni la mente que lo acompaña). Nosotros observamos, e igualmente lo hace el gato –en la caja o fuera de ella– o cualquier otra criatura, por pequeña e insignificante que nos pueda parecer. En efecto, no sólo somos lo más grande sino también lo más pequeño, y lo que es macrocosmos también es microcosmos, algo que ya sostenían los antiguos alquimistas, por no irnos más atrás en el tiempo.

DSCN1973
El gato, como nosotros, es conciencia

Por consiguiente, el gato es conciencia y se comporta como tal, mientras los sesudos científicos tratan de convencernos de que los humanos somos “únicos e inteligentes”. Aunque, dicho sea de paso, si llevamos la cadena de conciencia hasta el extremo, tal vez sea la propia partícula, dotada de conciencia propia, la que se observe a sí misma y tome una decisión, elija un camino y colapse su propia onda[12]. Por lo tanto, no habría ningún azarosa probabilidad estadística, sino una acción consciente seguida de otras acciones conscientes (la del gato, la del primer observador, etc.). Por supuesto esto nos lleva al concepto filosófico y espiritual de que no existen trillones de conciencias –o tantas como seres– sino una única conciencia que engloba a las otras.

Siguiendo esta línea de razonamiento, podríamos afirmar que el azar, el caos o las probabilidades no existen; antes bien, sería la conciencia la que crea, manda, dirige, experimenta… No importa si somos el científico o el gato, porque es el mismo ser manifestado en dos (falsas) identidades o formas que toma decisiones que acaban por encajar armónicamente en un infinito sistema de información en que la unidad y el todo coinciden por completo. Por desgracia, los científicos actuales, con honrosas excepciones, no quieren oír hablar de mezclar ciencia con conciencia cuando ésta supone la presencia de un factor sobrenatural, inteligente o creador que de alguna manera les pueda recordar a la figura de un Dios al que han renunciado conscientemente. No tienen miedo al dios de la religión, ya superado y del que se pueden reír a gusto, pero le tienen un pánico aterrador al dios científico o espiritual porque eso desmontaría no sólo el paradigma del conocimiento sino la comprensión completa de nuestra existencia.

En definitiva, el experimento del gato de Schrödinger, sugerido por su autor para mostrar lo absurdo que sería trasladar el mundo cuántico subatómico al “mundo real”, ha acabado por abrir la puerta a una visión del universo que ya se había manifestado en los antiguos escritos sagrados sánscritos de hace miles de años, según los cuales no hay diferencia entre observador y observado, y todo emana de una conciencia eterna: gatos, humanos, insectos, árboles, ríos, montañas, mares, planetas, estrellas, galaxias…

© Xavier Bartlett 2016

Nota 1: Existen buenos libros de divulgación sobre física cuántica, más o menos accesibles a todos los públicos, pero para profundizar un poco en sus derivaciones espirituales (o del campo de la conciencia) yo me quedaría con “Más allá de la teoría cuántica”, de Michael Talbot (Ed. Gedisa. Barcelona, 2000). Es una obra muy completa, quizás un poco técnica a veces, pero que aborda muy directamente la relación entre la física y la metafísica. Por supuesto, dedica uno de sus capítulos a revisitar a nuestro inefable gato.

Nota 2: Los dos gatos representados en las imágenes que ilustran el texto son hermanos y pertenecen respectivamente a dos hermanos (humanos). Uno de ellos es mi gato; por tanto, amigo lector, tienes un 50% de probabilidades de acertar cuál es… pero debes saber que el amo del otro gato no es mi hermano/a. ¡Resuelve la paradoja!


[1] Científico austriaco que sucedió a Max Planck en la Universidad de Berlín y que también ejerció la docencia en Viena y Oxford. Recibió el premio Nobel de Física en 1933. Es muy conocido por haber descubierto la mecánica ondulatoria y por formular la ecuación de ondas que lleva su nombre.

[2] Por desgracia, esta moda cuántica se ha introducido de manera muy discutible en actividades diversas (y a veces lucrativas), de tal modo que determinados servicios y productos del mundillo alternativo venden más si se llevan incorporado el término “cuántico” (como la bioingeniería cuántica, etc.).

[3] Equiparando al gato a los electrones, que pueden funcionar como partículas pero también como ondas, según otro experimento famoso, el de la doble rendija.

[4] El tema de la indefinición de la realidad observada también tiene una explicación “cuántica” a partir del principio de indeterminación de Heisenberg, según el cual al realizar una medición sobre un electrón, o bien modificamos su posición o bien su velocidad; es imposible conocer ambos factores a la vez. La física cuántica trata de solventar este problema evitando la observación y recurriendo a predicciones sobre el comportamiento del mundo atómico.

[5] Sin embargo, los críticos al experimento de Schrödinger alegaron que lo que acontece a escala subatómica no puede trasladarse a un mundo macroscópico, como el de la caja y el gato.

[6] Albert Einstein planteó este problema en términos similares: “¿Cómo podemos saber si la Luna está allá arriba cuando nadie la observa?”

[7] Al respecto, recomiendo encarecidamente la lectura del libro “La arqueología de la conciencia”, de Guillermo Caba Serra, que demuestra que en tiempos remotos el ser humano tenía una concepción muchísimo más avanzada y definida de lo que era la conciencia, el espíritu o la mente frente a lo que nos quiere vender hoy la moderna ciencia materialista-reduccionista.

[8] El reputado biólogo británico Rupert Sheldrake apoya la idea de que los animales también tienen (o “son”) conciencia, pues ellos –al igual que nosotros– experimentan una realidad a través de sus sentidos e interactúan con el universo.

[9] Experiencias Cercanas a la Muerte. Este calificativo puede considerarse tendencioso o engañoso, pues las personas que han traspasado cierto umbral –la muerte clínica– dicen seguir viviendo y experimentando una realidad (a veces la propia realidad física en la que estaban inmersos, pero no desde su cuerpo), cuando sus constantes vitales ya han cesado, según los parámetros técnicos empleados por la medicina moderna.

[10] Existen numerosas pruebas de que los gatos, así como muchos otros animales, tienen capacidades sensoriales y extrasensoriales que superan ampliamente a las del ser humano. Asimismo, ya se sabe que las plantas también son capaces de experimentar, esto es, no son exactamente seres “inanimados”.

[11] Véase la famosa y repetida frase de Edgar A. Poe: “Todo lo que ves, o lo que parece, no es más que un sueño dentro de un sueño.”

[12] Esta no es una idea estrafalaria ajena a la ciencia; que las partículas subatómicas posean conciencia fue una propuesta sugerida hace ya años por el físico británico Freeman Dyson.

Anuncios

6 thoughts on “El sueño del gato de Schrödinger

  1. Es un tema que desafía al sentido común, (y la paciencia), y que da para demasiadas reflexiones. A mi no me cabe duda de que las partículas tienen conciencia de sí mismas e incluso que deciden sus movimientos.
    El problema del gato, se complica mucho más si le sumamos la idea de un tiempo no lineal en el que pasado, presente y futuro son simultáneos, como afirman también algunos herejes.

    Saludos.

    PD: ¿Pero de quien puñeta es el otro gato?

    1. Gracias por tu comentario una vez más. Sí, también está el tema del tiempo, pero no me he querido meter a fondo en él para no liar más el tema. Y sobre el otro gato… déjame a ver si alguien da con la solución; desde luego sólo es una pequeña trampa lógica, nada que ver con la física cuántica, por fortuna… Lo que sí te diré es que me resulta más próximo el gato más reflexivo y menos observador…

      Saludos

    1. ¡Bingo! Esa era la obvia y única respuesta posible. En efecto, “mi” gato no es propiamente mío (ya sabrás que las mascotas eligen a sus amos y no al revés) y el otro gato es de mi cuñado.

      Saludos,
      X.

  2. Bueno, lo del otro gato ya está contestado de quién es, así que llego tarde. Yo de esto y del nombre de ese gato no había oído hablar, pero sí de un experimento parecido hecho con luces que se tamizan a través de una superficie vertical… y que la forma que dan en la pantalla final, es distinta según observe alguien o no…. y supongo que para saberlo, habría una cámara que filmó los dos momentos, el del observador ahí en medio con el cambio de forma lumínica y el del momento en que no hay nadie observando que la forma es otra… Estaría muy bien poder hacer ese experimento en mi casa… si es que no es un camelo, claro,je,je,je,jee….Sobre la conciencia…. pues bueno, es algo que existe y por lo tanto no veo por qué no se ha de incluir en la ciencia; no hablamos de “burros volando”…. y desde luego, la ciencia nunca podrá explicarlo todo, o al menos todo lo referente a la creación del mundo, al origen de la vida… y ni tampoco cosas más sencillas…

    1. Hola amiga lunnaris

      Bueno, el experimento del que hablas es el otro experimento famoso de la física cuántica: el de la “doble rendija”, que está basado en el doble comportamiento de la luz: como partículas y como ondas. Y sí, se puede hacer el experimento en casa y ya verás los resultados…

      En fin, en cuanto a lo de ciencia y conciencia, para mí está claro que no hay división entre ambos conceptos, pero para la gran mayoría de la comunidad científica todavía es un tabú porque parten de principios materialistas, y creen profundamente en la separación (sobre todo del binomio “observador-observado”), y en la visión de la conciencia como un producto de la actividad cerebral. Pero resulta que los antiguos tenían mucho más claro qué era el universo y la existencia, como se demuestra en los textos sánscritos, y de alguna manera la física cuántica ha “redescubierto” a su manera esta realidad de la conciencia.

      Si te interesa el tema, en una de las primeras entradas de este blog puse un magnífico vídeo (en inglés) del científico Peter Russell, donde explica los conceptos de “yo”, “realidad” y “Dios” y cómo están interrelacionados. Y cómo los antiguos hindúes lo sabían hace miles de años…
      https://somniumdei.wordpress.com/2013/09/13/la-primacia-de-la-conciencia/

      Saludos,
      Xavier

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s