¿Qué hay detrás de las leyendas urbanas?

Confieso que hasta ahora había leído un par o tres de libros sobre las llamadas “leyendas urbanas” por pura curiosidad y buscando un poco de entretenimiento, y no les había dado mayor importancia. No obstante, la reciente lectura de un libro sobre el tema, extensamente documentado y con cierto tono casi científico, me ha permitido profundizar más allá de las meras anécdotas y constatar que este fenómeno de los tiempos modernos no es en realidad nada nuevo, sino que responde más o menos a los mismos patrones de la antigua mitología o el folclore popular, aunque me temo que hay algo más. Podría ser que este imaginario colectivo de las últimas décadas pudiera tener alguna intencionalidad social, y que además no fuera algo completamente espontáneo, por no decir que estuviera abiertamente generado u orientado (desde “arriba”) para obtener unos fines específicos.

Pero vayamos por partes. ¿Qué es exactamente una “leyenda urbana”? Para algunos autores, este término no es muy acertado, pues no es propio o exclusivo de ámbitos urbanos, sino que está extendido en todo tipo de territorios, comunidades, contextos sociales y países de todo el planeta, hasta el punto de haber leyendas urbanas globales. Quizá sea porque vivimos en una sociedad mayoritariamente urbana se ha preferido darle este nombre, pero tal vez sería más adecuado hablar de leyendas modernas o contemporáneas, que pueden nacer en cualquier lugar y luego propagarse a gran escala, hasta perderse completamente cualquier pista sobre su origen. Desde luego, lo que sí hace la modernidad –desde la llegada de los medios de comunicación masivos, la informática, Internet y las redes sociales– es favorecer la rápida expansión y amplificación de estas historias, a una escala muy superior de lo que hacía el boca a boca de hace siglos, pero manteniendo el efecto de distorsión del relato original en múltiples versiones más o menos fieles a ese primer relato (supuestamente verídico)[1].

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Las brujas siguen volando en el siglo XXI

Lo que tienen en común la mayoría de estas breves historias es que recuerdan a las viejas y clásicas historias de brujas, ogros, duendes, hadas, bandidos, etc. que se remontan a la Edad Media o incluso antes. Siempre hay un componente de misterio, miedo, terror, magia, superstición o cualquier factor inusual que se sale bastante de lo que podríamos llamar “normalidad”. Además, en muchos casos, estas leyendas contienen un mensaje o moraleja implícita, como si fueran fábulas de las que hay que extraer alguna enseñanza. Precisamente, la persona que acuñó este término en 1968, Richard Dorson, afirmaba que tales relatos eran simples historias que nunca habían sucedido realmente, pero que se explicaban como si fueran del todo auténticas. Desde esta perspectiva, las leyendas urbanas de nuestros días vendrían a ser actualizaciones de antiguos mitos y leyendas, sin ningún tipo de veracidad, aunque sean repetidas una y otra vez y estén envueltas de detalles aparentemente realistas[2]. En una línea paralela, algunos estudiosos del fenómeno coinciden en que siempre han existido rumores, chismes y habladurías y que las leyendas urbanas serían sólo una versión un poco más elaborada de esos rumores, pero sin que ello les permita resistir un análisis mínimamente serio y riguroso acerca de su veracidad.

Pero para hacernos una idea general del fenómeno, valdría la pena presentar algunas de estas leyendas modernas que están bien extendidas por España (y bastantes de ellas por casi todo el mundo) y que han llegado a cualquiera de nosotros a través de diversos medios: una conversación entre amigos, un programa de televisión, un e-mail, un mensaje en las redes sociales, etc. Por ejemplo, ¿quién no ha oído alguna cosa sobre los siguientes casos?

  • Un conductor recoge a una joven autostopista en la carretera (generalmente de noche) y ésta le avisa al llegar a una determinada curva, advirtiéndole de su peligrosidad. Luego, la chica se esfuma, desaparece del interior del coche. Más tarde, el conductor se entera de que una chica falleció en esa misma curva meses o años antes.

  • Una pareja decide emprender un viaje por carretera. Cuando llevan ya un largo rato por una carretera medio desértica y sin tráfico (a veces de montaña) se ven envueltos en una espesa niebla que apenas deja ver lo que hay delante del coche. Cuando se desvanece la niebla van a repostar a una estación de servicio, donde les dicen que no pueden pagar con su moneda. ¡Entonces se dan cuenta de que han ido a parar a una carretera de un lejano país extranjero![3]

  • Dos chicas se introducen en una tienda de ropa y pasan a los probadores. Su madre, que las espera fuera y ante su tardanza en salir, decide entrar a buscarlas, pero los responsables de la tienda dicen no saber nada de ellas. La señora pone una denuncia en la policía, la cual registra el local y acaba encontrando a las dos jóvenes maniatadas en un cuarto oscuro. Supuestamente iban a ser llevadas a un país extranjero en una operación de trata de blancas[4].

  • Estando en pleno vuelo, una famosa presentadora y actriz (aunque a veces es simplemente una viajera o una azafata) de generoso busto artificial sufre –con la mayor vergüenza– la explosión de uno de sus pechos de silicona por efecto de una descompresión súbita de la cabina de pasajeros.

  • La población china en nuestro país prácticamente “no muere”, es decir, no registra apenas defunciones ni traslados de cadáveres a China, por lo que se empieza a sospechar que los difuntos son reciclados en los miles de restaurantes de comida china.

  • Un hombre se acuesta con una bella joven (en algunas versiones, una prostituta) y tras pasar una noche muy movida, él se queda dormido. Al despertar, ella ya se ha marchado pero al acercarse al espejo el hombre ve que ella le ha dejado escrito un mensaje con su lápiz de labios: “Bienvenido al club del SIDA”.

  • El famoso beatle Paul McCartney falleció en accidente de coche en 1966 y la industria discográfica obligó al grupo a seguir adelante con la incorporación de un doble (el canadiense William Campbell) en sustitución de McCartney. Sin embargo, el resto de integrantes de los Beatles fueron lanzando enrevesados mensajes subliminales en sus discos posteriores para comunicar secretamente al mundo la muerte de su compañero.

  • Un joven se despierta desnudo en una bañera repleta de hielo y sólo recuerda haber estado la noche anterior con una bella joven y haber bebido mucho. Pero pronto se da cuenta de que ha sido narcotizado y que ha además tiene una gran cicatriz en el costado; cuando acude al médico descubre que le han extirpado un riñón.

  • Un equipo de bomberos forestales encuentra el cadáver de un submarinista (con su escafandra de neopreno, botellas de aire, pies de pato, etc.) en lo alto de un árbol calcinado. Tras quedar boquiabiertos, empiezan a entender que el pobre submarinista fue succionado por un hidroavión del servicio de extinción de incendios que estaba rellenando su depósito interno con agua de mar y que luego fue arrojado sobre el bosque en llamas.[5]

  • El ser humano nunca ha pisado la Luna. El supuesto alunizaje del Apolo XI en 1969 fue una cuidadosa recreación en estudio llevada a cabo por el cineasta Stanley Kubrick, que acababa de filmar “2001: una odisea del espacio”. Las posteriores misiones a la Luna también fueron fraudes bien montados. El supuesto objetivo del engaño habría sido anticiparse a los rusos en la carrera espacial y hacerles gastar grandes sumas de dinero en tratar de emular a los norteamericanos.
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El hombre en la Luna… o no

  • Las cloacas de Nueva York están repletas de peligrosos caimanes albinos. Al parecer, muchos ciudadanos neoyorquinos habían comprado pequeños reptiles en sus viajes a Florida, pero cuando los animales crecieron peligrosamente, decidieron tirarlos por la taza del váter. Como resultado, se fue creando en el subsuelo de la ciudad una colonia de caimanes que –al no estar en contacto con la luz– habrían adquirido una piel blanquecina.

  • Una famosa multinacional de comida rápida, cuyo producto central es el pollo, se habría dedicado a criar industrialmente unos pollos mutantes, hacinados en pequeños espacios, y que carecerían de pico, patas y plumas. Esto incrementaría el beneficio y facilitaría el posterior procesado de los animales para elaborar los subproductos que se venden luego en las tiendas, aunque no podrían llevar incorporado el término “pollo”.

En fin, podríamos seguir con muchas otras historias porque la casuística “legendaria” es enorme y variopinta y toca muy diversos aspectos de la vida cotidiana, pero como muestra representativa ya es más que suficiente. Ahora pasemos al análisis de estos relatos y su función social.

Las personas que se han dedicado a estudiar las leyendas urbanas, los folcloristas modernos, coinciden mayoritariamente en apreciar que la fuente original de una historia se pierde en una inmensa y difusa red o cadena de información, con lo cual es muy complicado verificar su origen y los datos que se mencionan en el relato. De hecho, muchas veces se dice que tal o cual suceso le pasó a “una pareja”, “una mujer”, “el amigo de un amigo”, etc. En definitiva, la historia sobrevive dificultosamente en la indefinición y la generalidad pero triunfa porque se convierte en creencia popular, incluso cuando incluye elementos muy poco creíbles o sobrenaturales, y acaba por ser aceptada por la mayoría de la sociedad. Ello no es incompatible con una cierta banalización de la propia historia, porque estas alturas del siglo XXI podemos afirmar que la continua difusión y expansión de este fenómeno global se sostiene en gran parte como un mero divertimento, en que lo importante es “propagar una información”, sea o no cierta, y hacerla “viral”, como se dice actualmente.

Pero lo que está claro es que la leyenda urbana se parece mucho al mito o al folclore, que aportaban seguridad y coherencia social a los antiguos pueblos del pasado mediante relatos sobrenaturales que trataban de explicar la naturaleza y el mundo, al tiempo que promovían la unificación de los hábitos, credos o conductas. Hoy en día, estas leyendas modernas reflejan la complejidad del mundo actual pero siguen insistiendo en los mismos miedos e inseguridades del hombre primitivo, un factor que ha permanecido inamovible a lo largo de los siglos. Y dado que el hombre común tiene un conocimiento muy escaso de la realidad que le envuelve (pese a toda la parafernalia de la educación moderna), le resulta fácil creer en lo inexplicable, misterioso e incluso conspirativo antes que en el ordenado y lógico universo que nos presentan los científicos. En suma, como ya decíamos, es la vuelta a la superstición, a un universo mágico, tenebroso y truculento, que además resulta mucho más atractivo que la gris realidad cotidiana de un mundo en que todo parece haber sido ya descubierto. De este modo, no es de extrañar que muchas páginas web sobre leyendas urbanas todavía perseveren en el lado morboso (véase la leyenda sobre los chinos), oscuro y espeluznante de estas historias, porque el misterio y lo oculto venden mucho más que la normalidad en la que vivimos.[6]

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Carl Sagan

La otra cara de la moneda es que luego vienen los llamados escépticos o personas con mentalidad racional y científica, los cuales –tras una precisa investigación de estas historias– acaban por desmontar los modernos mitos con sólidos argumentos, achacando el éxito de las historias a la credulidad de la mayor parte de la gente[7]. En efecto, para los escépticos la población no tiene elementos de juicio o criterio para valorar lo que es verdadero y lo que no, si bien en muchos casos tampoco hace demasiado esfuerzo en evaluar la veracidad de una buena historia que va más allá de su aburrido mundo real. Así, el famoso astrofísico estadounidense Carl Sagan decía que la creencia moderna en extraterrestres respondía a una primitiva y mitológica necesidad del hombre de inventar seres superiores o dioses; en otras palabras, la antigua religión se habría transmutado en ufología.

Sea como fuere, muchas leyendas citan datos y hechos que se pueden rastrear hasta cierto punto y contrastar según criterios científicos o periodísticos. Esto es lo que ha permitido a algunos investigadores perseguir las pistas existentes y comprobar una a una las afirmaciones vertidas en esas leyendas, lo que luego les ha conducido a demostrar –con poco o nulo margen de error– que ciertas leyendas son enteramente falsas. Sobre las que he citado en este texto, por ejemplo, no hay pruebas que avalen las historias del pecho explotado, el submarinista apresado por el avión o los caimanes de Nueva York. Por supuesto, estas personas que se han sumergido en el fenómeno afirman que no por muy repetida –y aceptada colectivamente– que sea una historia ha de ser cierta; la cantidad no hace la calidad, o como decía Gandhi, “la verdad sigue siendo la verdad aunque sólo la defienda una persona”. Y ya en términos más empíricos tenemos otra frase inapelable del científico y escritor Michael Crichton: “El consenso científico es irrelevante; lo que son relevantes son los resultados reproducibles”.

Ahora bien, ya es hora de adentrarnos en la parte más sutil de las leyendas urbanas y la que puede generarnos más dudas y reflexiones. Así, hemos dicho que el mito cumplía en el remoto pasado la inestimable función de difundir una serie de creencias –a falta del conocimiento científico del mundo– que aportase coherencia social e ideológica al conjunto de la sociedad (y por supuesto mantuviese el statu quo del poder establecido en el ámbito político, económico y religioso).

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La ufología es blanco de muchas leyendas

Igualmente, si nos trasladamos al mundo actual, veremos que las leyendas urbanas podrían tener una funcionalidad o propósito social para orientar las mentes de los ciudadanos hacia determinadas creencias o conductas deseadas, y por lo tanto fuesen creadas o fomentadas con esos fines. Por un lado, si examinamos a fondo toda la casuística veremos que un porcentaje no pequeño de ella está instalada en el terreno de lo paranormal. Y por supuesto la ciencia oficial no está por la labor de reconocer que la fenomenología paranormal exista de verdad. De hecho, he podido comprobar que cierta parte de la fenomenología ovni tiene paralelos en las leyendas urbanas. Por ejemplo, en el reciente libro “Dimensiones” de Ramón Navia-Osorio, se mencionan extraordinarios casos de apariciones de aves gigantescas en el cielo, con testigos fiables y en más de un lugar. Esto viene a coincidir con algunas leyendas urbanas de nuestro entorno, que pasaron por ser fraudes o meras confusiones[8]. Asimismo, el caso de vehículos o individuos teletransportados en extrañas circunstancias a lejanos lugares es también harto conocido en el ámbito paranormal (con o sin ovnis de por medio) y desde luego es un asunto para hacer poca broma con él.

El problema es que, del mismo modo que algunos antiguos mitos podrían contener un núcleo de verdad (aunque muy distorsionada por el paso del tiempo), muchas leyendas urbanas de temas paranormales podrían responder a casos que sucedieron realmente y de los cuales no hay estudios rigurosos que puedan confirmarlos. Ante esto, podemos recurrir a aquella sentencia según la cual “la ausencia de prueba no es prueba de ausencia”; o dicho de otro modo, es prácticamente imposible demostrar que algo en particular no existe. La labor de la ciencia precisamente es la inversa; esto es, demostrar que algo sí existe, sobre el mundo observable y experimentable. En este sentido, se pueden despachar muchas leyendas porque hay pruebas claras y positivas de que lo afirmado en el relato es falso. Pero en otros muchos casos, tal vez no sea posible derribar la leyenda ni tampoco afirmarla, a falta de unas mínimas pruebas o datos consistentes, lo que dejaría una puerta abierta a que –contrariamente a lo que argumentan los escépticos– algunas historias sí pudieran tener una base real a la cual no se podría acceder, o al menos no fácilmente.

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¿Leyenda o realidad de la industria avícola?

Por otro lado, tal vez la opinión escéptica trata de desacreditar ciertas visiones alternativas del mundo mofándose de las leyendas urbanas más estrafalarias y rocambolescas que no tienen pies ni cabeza, mientras dejan discretamente al margen aspectos de la realidad próximos a esas leyendas y que son más bien poco edificantes, hasta el punto que podrían levantar ampollas si fueran bien conocidos por la población. Así, si ponemos como ejemplo los pollos mutantes, una historia truculenta y casi de ciencia-ficción, veremos que no está demasiado lejana de una cruda realidad, como ciertas prácticas de la industria agroalimentaria, y si no, que alguien investigue cómo se crían industrialmente las gallinas y se obtienen los huevos a un precio moderado. Muy posiblemente no le guste mucho lo que encuentre, pero para los demás seguirá funcionando aquello de “ojos que no ven…”. Algo similar se podría decir del tema del joven sin riñón, que parece el argumento de una película de suspense, pero que esconde detrás de sí el problema del tráfico internacional de órganos y de los transplantes ilegales, aparte de otras prácticas si no criminales sí al menos de dudosa ética. Y todo ello por no hablar de las maquinaciones de las compañías farmacéuticas, aunque en parte ya van saliendo a la luz, justamente en películas como “El jardinero fiel”.

Asimismo, las leyendas urbanas que flirtean con el morbo y el crimen no pueden tapar hechos reales de honda gravedad como la desaparición (más exactamente, secuestro) de personas, para los fines que sean. Tenemos el caso del “rapto en los probadores”, como hemos visto, que podría ser una imaginativa historia de ficción, pero el fenómeno existe y lo que vemos en las noticias es sólo la pequeñísima cima de un gran iceberg que está ahí abajo y del cual prácticamente no se habla en los medios. Pero algunos investigadores independientes nos recuerdan que –pese a los esfuerzos policiales– decenas de miles de niños y adolescentes desaparecen en todo el mundo y nunca más se los vuelve a ver con vida. ¿Trata de blancas, prostitución, esclavización…? ¿O tal vez cosas inimaginables y mucho peores?

Otra tendencia creciente en las últimas décadas ha sido la aparición de relatos del ámbito “conspiranoico” (como el falso alunizaje o la muerte de McCartney), que han creado fuertes polémicas y discusiones, sobre todo en Internet. Una vez más, los expertos han desmontado todas estas historias alegando que los argumentos de los creyentes se mueven en los típicos parámetros de las leyendas urbanas. No obstante, algunos defensores de estas leyendas conspirativas las han verificado una y otra vez, examinando los datos disponibles, y han sacado a la luz puntos oscuros que merecerían un estudio más profundo y sin prejuicios. Con todo, el resultado final de cara la mayoría de la población es que estas leyendas urbanas se han pasado de la raya, que no hay por donde coger tanta suspicacia y que ciertos individuos están instalados en la manía de ver cosas raras en hechos de mayor o menor relevancia, lo que respondería a una especie de desequilibrio mental o paranoia.[9]

Pero si hay algo que impregna la mayoría de leyendas urbanas y que sin duda tiene un propósito ejemplarizante es la apelación al miedo o incluso al terror[10]. Este tipo de historias suele mostrar la débil posición del hombre moderno frente a peligros y amenazas de todo tipo que pueden asaltarle en cualquier momento. Así, un gran porcentaje de estas leyendas tiene que ver con asuntos como éstos: robos, timos o fraudes, asesinatos, secuestros, engaños, enfermedades, contagios, envenenamientos, drogas, canibalismo, accidentes… Existen multitud de leyendas sobre estos temas, cuya comprobación es prácticamente misión imposible, pero que circulan con mucha más rapidez –y avidez– que otras historias más superficiales o asépticas. Es aquí cuando se puede ver que los receptores del relato se quedan altamente impresionados y lo remiten inmediatamente para no romper una cadena de aviso o para difundir una precaución o prevención entre sus allegados más cercanos (como si fueran buenos samaritanos desempeñando un servicio público).

¿Quién no ha recibido alguna vez un largo mensaje con la descripción de una de esas más o menos terribles amenazas y la invitación a pasar dicho mensaje cuanto antes para evitar que haya más víctimas inocentes? Estamos pues ante la generalización del miedo y una cierta exhortación a tomar medidas ante el mal (aunque sea del todo ficticio), cuya primera premisa es más bien negativa: “No confíes en nadie, porque si lo haces te van a engañar, robar, perjudicar, etc.” Por decirlo a las claras, es el triunfo del mensaje evolucionista, del individualismo, la violencia y la competencia: “El hombre es un lobo para el hombre”, en palabras del filósofo Hobbes. “Nada bueno se puede esperar de él, has de ir a lo tuyo y no ir de bueno por la vida, porque de lo contrario…” etc., etc.

Y desde luego, de aquí se deriva la parte moralista o conductual de sugerir que: “ojo, si no haces esto o lo otro, a ti también te puede suceder tal desgracia”. Por ejemplo, la leyenda de la mujer que transmite el virus del SIDA consciente y malévolamente –tal vez por efecto de una especie de venganza– es una admonición no ya ante las relaciones sexuales “a la aventura” (que bien podría ser), sino ante el hecho de que un maléfico virus destruirá tu vida si no te has puesto el reglamentario preservativo[11].

Finalmente, podemos ver que las leyendas urbanas favorecen grandemente la llamada “ceremonia de la confusión”, porque crean un universo ambiguo de verdad y mentira, de dobles intenciones, de incertidumbre y sospecha. Así, por un lado, al demostrarse que ciertas leyendas urbanas son absolutamente falsas, se propaga entre parte de la población una desconfianza generalizada ante la totalidad del fenómeno, sin que se haya llegado a estudiar rigurosamente –y caso por caso– la veracidad de los hechos relatados. Sin embargo, por otro lado, el subconsciente de las personas se queda a veces con ciertos mensajes subliminales de las leyendas, tengan base real o no, sobre todo los que infunden miedos o prevenciones ante una realidad más bien poco fiable.

Y yendo un poco más allá, la confusión hace que hechos reales puedan pasar por mitos y los mitos por hechos reales. Dicho de otro modo, y aunque parezca enrevesado, “la realidad puede ser ficción y la ficción puede ser realidad.” Llega así un momento en que la gente no sabe a qué atenerse y acaba confiando en la inestimable “información (o versión) oficial” que procede de las autoridades y de los científicos y que se muestra a través de los medios de comunicación. Y el ciudadano medio, de la misma manera que no comprueba la fiabilidad de las leyendas urbanas, tampoco comprueba que aquello que se vende como “hechos reales, seguros y objetivos” sea cierto. Además, la ciencia establecida tiene la potestad de desmontar todas las leyendas urbanas que estime oportuno, apelando a argumentos de todo tipo, como la inexistencia o insuficiencia de pruebas o incluso la nula fiabilidad de los testigos.

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Moldes de huellas del “sasquatch”

Por poner un ejemplo, el controvertido tema de la existencia del sasquatch (o bigfoot), una especie de “hombre-mono”, ha sido despachado por la ciencia oficial como una leyenda urbana más (aunque sería más propio decir “rural” o “montañesa”), aduciendo que los miles de testimonios personales recogidos en más de un siglo no tienen valor y que las pisadas halladas son meros fraudes. Aquí vale la pena citar lo que dijo al respecto la directora del Museo de Antropología de la Universidad de la Columbia británica, Marjorie Halpin: “Las experiencias alucinatorias eran experiencias aceptadas como reales por el experimentador pero no eran compartidas con otros. Mientras el sasquatch sea una experiencia personal antes que una experiencia sancionada colectivamente, será considerada como alucinatoria, tal como es definida por la cultura occidental.” O sea, a menos que haya todo un equipo de honorables científicos –con su correspondiente parafernalia técnica– para dar fe in situ de que se han encontrado con el sasquatch y que dicho ser no es ni un oso ni un gorila, nada va a ser creíble, porque es fruto de la alucinación de un pobre ignorante. En fin… sobran los comentarios.

Pero todavía tendríamos un beneficio más de la ceremonia de la confusión, y es el efecto distractor. En este sentido, es posible que a las personas que dirigen los destinos de la humanidad ya les vaya bien que las leyendas urbanas se propaguen, crezcan y lleguen a crear estados de opinión (lo cual es muy fácil en la actual sociedad de la información masiva, inmediata y global), porque lo que interesa es que la gente haga suya esa información y la interiorice, pasando incluso por la criba del pensamiento racional más estricto. Mientras esto ocurre, posiblemente no le den más importancia a otros hechos más serios y más reales pero que apenas son propagados públicamente. Por consiguiente, volvemos a lo mismo: la leyenda es atractiva, la realidad, no. Visto de esta óptica, fomentar la creencia en monstruos imposibles, crímenes tremebundos y fenómenos del mundo paranormal puede ofrecer buenos réditos, ya que de este modo muchas personas desvían su atención hacia estos fenómenos, dejando a un lado los mecanismos de una realidad cotidiana que –dicho sea de paso– tampoco alcanzan a comprender.

Concluyendo, podríamos decir que la moderna mitología de las leyendas urbanas mata varios pájaros de un tiro, y que, al igual que la antigua mitología, no es espontánea ni popular sino que responde a una intencionalidad de mezclar la fantasía y la realidad para mantener a las personas en el mundo de las vanas creencias y para hacerles ver –sobre todo a los más escépticos y suspicaces– que semejantes historias rocambolescas jamás han ocurrido sobre la faz de la tierra, y que por tanto si algún día alguien les viene a contar una cierta e insólita verdad, no merecerá más crédito que el que imaginó a caimanes albinos reptando por el subsuelo de una gran urbe.

Por cierto, el tono pseudoconspirativo sobre este fenómeno que he empleado en este texto no ha sido más que una licencia propia de las susodichas leyendas urbanas. Espero que los lectores disculpen esta salida por la tangente, pero es que me apetecía mucho crear una auténtica leyenda urbana sobre las leyendas urbanas.

© Xavier Bartlett 2016

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Esta difusión funciona como aquel juego del teléfono estropeado, en que un grupo de personas sentadas en círculo se van pasando una a otra un mensaje original en voz baja, de tal modo que cuando vuelve al primer emisor suele estar ya bastante modificado.

[2] Sin embargo, lo más habitual son las generalidades, indefiniciones y las vaguedades, que dificultan mucho cualquier investigación sobre el origen del relato, lo que enseguida nos remite al mundo mitológico en vez de al mundo científico.

[3] Yo mismo oí por primera vez esta historia de boca de un amigo, que aseguraba que se trataba de una pareja del barrio de Gràcia (Barcelona) que habría ido a parar nada menos que a ¡México!

[4] Según una transmisora de la leyenda, este episodio habría tenido lugar en una tienda de la ciudad de Valencia, la cual –ante los rumores y la alarma social creada– no sólo tuvo que desmentir públicamente esta historia sino que también tuvo que cambiar de nombre.

[5] Esta leyenda también la había oído en forma de chiste, pero esta vez el submarinista salía con vida del apuro.

[6] Este mismo argumento se aplica a una parte de la arqueología alternativa, que apela básicamente al misterio y el enigma frente a la supuesta “claridad” de la arqueología científica. En efecto, el factor misterio resulta más atractivo y vende mucho más, y algunos autores se aprovechan de ello.

[7] Dado el gran impacto social de estas leyendas, se llegó a crear en 1987 una institución internacional académica para el estudio de éstas, la ISCLR (traducido del inglés: Sociedad Internacional para la Investigación de las Leyendas Contemporáneas).

[8] Por ejemplo, tenemos la leyenda del ave negra y enorme vista por varios vecinos de la ciudad de Barcelona (y luego en otros lugares) en 1990, y que llegó a ser tema de debate (luego de mofa) en la sección de cartas al director del periódico “la Vanguardia”.

[9] De ahí precisamente el calificativo despectivo de “conspiranoico”, en vez de “conspirativo”.

[10] Otro tanto se podría aplicar a una gran parte del actual cine de Hollywood, que vende como ficción un cierto neocatastrofismo, en forma de invasiones alienígenas, virus mortales, terroristas paranoicos, desastres naturales a escala gigantesca, etc.

[11] Por supuesto, dejo aquí aparte el hecho de que según miles de científicos de todo el mundo (encabezados por el Grupo de Perth) han puesto en duda que el VIH haya sido nunca aislado, o sea, que se haya demostrado su existencia. Por otra parte, otros muchos niegan que, aun en caso de existir, pueda ser transmitido por vía sexual o que pueda causar la enfermedad llamada SIDA, que en realidad sería un conjunto de viejas y bien conocidas enfermedades. (Para detalles, me remito a la entrada sobre este tema en este mismo blog).

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10 thoughts on “¿Qué hay detrás de las leyendas urbanas?

  1. A mi también me ha parecido siempre un nombre poco acertado, además creo que muchas veces se pretenden mezclar
    cosas que no pertenecen a la misma categoría, por ejemplo el viaje a la luna, para mi no entraría en este grupo, ni siquiera lo de los “bitel” aunque este último no tenga transcendencia real y el otro si la tendría: nueva mezcla intencionada de información, es decir, prueba de la intoxicación existente.

    Hay otras historias, que si que tienen origen conocido, pero no es solo uno, no puedes ir al origen porque son cientos y al llegar al que crees primero, lo descartas porque ya existía la “leyenda” anteriormente, eso es un error y muy común a la mayoría de historias, por ejemplo el de la tele-transportación o la chica de la curva.
    También es muy corriente que un banco te expropie después de haber pagado durante años, pero eso no lo convierte en una leyenda.

    Coincido totalmente en pensar que alguien se aprovecha de todo esto, pero eso es normal, a casi todo se le puede sacar provecho si se sabe como y se dispone de medios suficientes, como es el caso.

    (Ahora sigo)

  2. Cuando hablas de escépticos, te estás refiriendo realmente a los pseudoescépticos u oficialistas, que en la práctica de escépticos no tienen nada, ni de científicos o racionales, por otro lado las investigaciones que hacen dejan mucho que desear y jamás he encontrado a ninguno que las haga in situ, no conozco investigadores de campo que se autodenominen escépticos, para mi eso es parte del fraude que son. Y sus argumentos suelen ser sólidos solo para ellos, aunque eso no les importa demasiado.
    Lo que si estoy de acuerdo es en que creen firmemente que el resto de mortales son imbéciles, y ellos no se sabe muy bien porqué tienen el sacro santo deber de salvaguardarlos de su imbecilidad congénita.

    Por otro lado, la creencia mitológica, si se estudia y se comprende, no tiene nada que ver con lo que nos cuentan, nadie creía que los dioses existiesen o fuesen seres reales, esos idiotas antigüos sabían perfectamente que se trata de fuerzas que interactuan con nosotros y nuestro mundo y necesitaban darles forma para entenderlos conscientemente, porque no pertenecen al mundo consciente, hasta eso lo sabían mejor que nosotros.

    Saludos.

    1. Hola piedra,

      Gracias por el doble comentario. De hecho, por lo que he leido, hay autores que no consideran ciertas historias como leyendas urbanas pero otros sí, y no hay un acuerdo unánime. En lo que más o menos todos coinciden es que las leyendas tienen la intención de venderse como relatos auténticos cuando no lo son en ningún caso, si bien quedaría la duda -que ya he citado en el texto- de que algunas historias estén inspiradas en unos difusos hechos que sí ocurrieron o que guardan alguna relación con el mito.

      Con respecto a los escépticos, ya tenía previsto escribir un artículo sobre este tema en este blog, precisamente con la idea que has adelantado: no son realmente escépticos sino pseudoescépticos o guardianes más o menos disimulados del paradigma. Por decirlo de otro modo, los que hacen el trabajo sucio a los académicos (que no suelen meterse en berenjenales). Vaya. conozco unos cuantos de éstos, sobre todo del ámbito de la arqueología alternativo y son unos individuos de cuidado… manipuladores y tergiversadores y que ni siquiera son especialistas de los temas que critican y evalúan con lupa. Si hubiera realmente genuinos escépticos otro gallo cantaría, y la ciencia ortodoxa sería la primera en recibir palos.

      Saludos..

  3. De todas esas “leyendas”, yo me sabía la de los caimanes en las alcantarillas, aunque no el detalle de que fueran albinos, y … ¿hay caimanes viviendo en esos lugares?. Me queda un poco la duda…. De este tema, hablaron en la famosisima película “ET el extraterrestre”… Lo de la tienda de ropa me lo contaron en la calle como un hecho real, si bien era el novio quien esperaba a la chica… y no recuerdo si había final feliz; puede que no, sino me extrañaría no acordarme….También hay otra “leyenda” sobre una estrafalaria persona que tiene de mascota a una ¡¡serpiente!! y descubre que se mete con ella en la cama y se estira a su lado. Luego el veterinario le explica que lo hace para ver si ya es tan grande o más que él o ella, y así decidir si ya cabe en su cuerpo para poder zamparsela… y la estrafalaria persona animalista coge miedo y ya no hace más el idiota con su “mascota” y la dona a un zoo…

    Me gusta mucho esta frase por el sentido que le dan sus cuatro últimas palabras : “Visto de esta óptica, fomentar la creencia en monstruos imposibles, crímenes tremebundos y fenómenos del mundo paranormal puede ofrecer buenos réditos, ya que de este modo muchas personas desvían su atención hacia estos fenómenos, dejando a un lado los mecanismos de una realidad cotidiana que –dicho sea de paso– TAMPOCO ALCANZAN A COMPRENDER”

    Lo que no entendí muy bien es lo que dices de la leyenda urbana sobre las leyendas urbanas…

    Y en cuanto al monstruito “vih”, este fue mi último comentario en otro blog: “Vamos a ver, la gente hoy en día, que es normalita, o sea, no tiene un laboratorio, ni siquiera un triste microscopio en casa, se piensa que los microbios asociados a enfermedades (virus, retrovirus, bacterias) están fuera de nuestros cuerpos y siempre tratan de invadirnos. Esa es la teoría microbiana de las enfermedades, la de Pasteur, mientras que la de Bechamp dice que esos microbios conviven con nosotros y que también tienen su función, como las células, y se vuelven patógenos por factores oxidantes (falta de higiene, hambre, humedades, intoxicación, hacinamiento, tensión, drogadicción…) y esos factores oxidantes, son la causa de la inmunodeficiencia, llamada por el aparato propagandista- genocida “sida” hace unos años y del que decían también, con todo el morro esos genocidas, que su causa era, como no, un microorganismo, un retrovirus al que bautizaron con las siglas “vih”, con lo cual, je,je,je,jee…, se contradecían, pues si se supone que la población ya estaba inmunizada gracias a las vacunas… de poco les servía, puesto que su sistema inmune estaba peor que bajo mínimos ante la amenaza del letal microorganismo. ¿Se ha dicho en este blog algo sobre ese fraude genocida?

    Dices que los datos del enlace son interpretables… ¿Y los que usted me pone no lo son?. Interesante. ¿De verdad cree, y no le parece una quimera, que los microorganismos de la viruela SE EXTINGUIERON gracias a la vacuna y que quedan unos pocos ejemplares guardados en secreto en laboratorios de Rusia y Estados Unidos??¿y que pasó con los microorganismos de la difteria? ¿si se habían extinguido, por que salió un caso? ¿por qué se mandó analizar la sangre o lo que fuera, del pobre niño de Olot con una máquina que existe desde al año 2007, en Madrid, para detectar unos microorganismos que al fin y al cabo también tenían sus amigos, solo POR NO ESTAR VACUNADO???

    Como siente curiosidad, le diré que el hecho de que usted haya trabajado en una “ONG” (en trealidad OG) para la ONU (una institución nada democrática y corrupta donde las haya), y no le cierren las puertas en las universidades (que tampoco son democráticas), no me inspira confianza.”

    1. Hola amiga lunnaris

      Muchas gracias por tu extenso comentario. Te explico algunas cosas a partir de lo que me señalas:

      1. De las 12 leyendas que menciono, prácticamente todas tienen variantes y versiones y por eso es normal que hayas oido historias semejantes con pequeñas diferencias. Al final, lo que hacen los folcloristas es desbrozar los detalles e ir al núcleo de la historia para ver que todas tienen un origen común.
      2. Sobre ese parrafo, mi intención era dejar claro que a la gente se la educa en la escuela para que tenga una cierta visión del mundo, lo que han de saber y lo que no, lo que deben creer y lo que no. En realidad, es un lavado (o mejor dicho un “rellenado”) de cerebro; pero en la práctica el mundo moderno es tan complejo y tan instalado en la alta ciencia que el ciudadano normal no sabe cómo funciona el mundo de verdad ni tiene acceso a la ciencia hermética (un servidor, tampoco).
      3. Sobre mi declaración final, es un simple juego. El artículo está escrito como si fuera una leyenda urbana sobre leyendas urbanas, dándole un toque pseudoconspirativo de realidad, cuando en el fondo no es más que un recurso literario de mezclar ficción y realidad.
      4. Sobre el VIH creo que ya lo has dicho todo con claridad y contundencia y coincido contigo. La microecología moderna, heredera de Béchamp, ya explica que los microorganismos están aquí dentro y que son nuestro sistema de reciclaje, no nuestro enemigo. El famoso virus fantasma, así como los otros virus con los que nos quieren amenazar ahora son la excusa para meternos en el cuerpo más y más tóxicos (antibióticos, quimioterapia, etc.) que acaban por matar a la persona. A mí se me pusieron los pelos de punta cuando descubrí que la terapia básica para el SIDA era el AZT, que no es un medicamento, sino un veneno potencialmente mortal. Sin comentarios. Ya ves tú en manos de quién estamos.

      Saludos,
      X.

      1. Así es, por eso me gustó tanto esa frase, porque describe a la perfección cómo me sentía y me siento en relación a nuestro vastísimo desconocimiento de cómo funciona el mundo de verdad.
        En cuanto a cierto hechos, como el fantasma de la chica que avisa del peligro de una curva a quien la recoge haciendo auto-stop, la teletransportación…. sin ánimo de ofender, eso sí que son tonterías, eso sí que son leyendas puras y duras, eso sí que es creer en cuentos de hadas y es una religión…Lo del yeti… no sé, ahí ya puedo dudar algo, y lo de los OVNIS tampoco me parece una fantasía, de hecho yo he visto en vivo y en directo,al menos 4 veces, la típica bola blanca, ni lo de los extraterrestres…. Eso ya no me parecen quimeras.

    1. Hola lunnaris

      No, he aprobado todos los comentarios, pero sospecho que ha habido algún problema con el WordPress, porque no se visualizaban. Ahora creo que está todo correcto. Por cierto, ya te digo que el tema del sasquatch (o yeti) tiene una base empírica suficiente como para no tomar el tema a la ligera y menos como una leyenda urbana. Lo que ocurre es que nunca han salido a la luz las pruebas definitivas, pero existe un largo historial de avistamientos y encuentros, aparte de algunas pruebas físicas. Puedo entender que haya dudas e incógnitas razonables, pero lo que me saca de quicio es que digan que se trata de creencias, mitos o alucinaciones, cuando algunas de las personas que han investigado este asunto son antropólogos y biólogos (sin prejuicios, claro). Por si te interesa el tema, escribí un artículo al respecto en mi otro blog: https://laotracaradelpasado.blogspot.com.es/2016/03/en-busca-del-autentico-hombre-mono.html

      1. Ahí dejé un comentario que ahora no reproduzco por pereza, (está invisible y pendiente de moderación…) pero… ¿dónde se conseguiría ese periódico que habla de esa captura y la fuente de esa almas domesticada y de ser cierto lo de esa almas y su descendencia con humanos normales, por qué el sistema iba a estar interesado en ocultarlo? ¿dónde hay más noticias de su descendencia?. Mientras tanto, he leído esto… https://esoterx.com/2013/01/26/the-almas-of-the-atlai-our-cousins-the-mongolian-monstrosities/

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