¿Voces de otros mundos?

aparicionesDentro del ámbito de la parapsicología, o de los fenómenos paranormales en general, existe una amplia casuística de personas que de alguna manera “contactan” de forma mental con otros seres o inteligencias y se convierten en receptores y transmisores de determinados mensajes. En realidad, esto es un fenómeno extraordinariamente antiguo que ya se manifestaba en los elegidos que entraban en contacto con Dios o con los dioses (u otras entidades superiores) al oír una especie de voz interior. En efecto, a lo largo de la historia se han dado innumerables casos de gente que “oye voces” o que entra en trance y empieza a verbalizar –o escribir– el mensaje de algún ser etéreo que utiliza el cuerpo del afectado para expresarse en nuestro mundo, incluso en una lengua totalmente desconocida para la persona en cuestión (lo que técnicamente se llama xenoglosia). Así, tenemos múltiples casos y variantes de esas extrañas voces, cuyo origen es todo un misterio, y que han creado toda una legión de médiums, contactados, canalizadores, iluminados, poseídos, etc.

Ciertamente estamos ante un fenómeno que se remonta a la noche de los tiempos y que ha llegado hasta nuestros días, en que supuestamente ya no hay lugar para la superstición o la magia. Sin embargo, los hechos están ahí y siguen siendo un hueso duro de roer para la ciencia académica, que ha optado casi siempre por la táctica de “balones fuera”. De este modo, la casuística observada ha sido interpretada como un simple fraude, una forma de autosugestión o bien algún tipo de enfermedad o trastorno mental, por no hablar de otras explicaciones más bien rocambolescas o especulativas. En suma, la ciencia moderna no quiere saber nada de espíritus, seres incorpóreos o extraterrestres que se manifiestan a través de personas de carne y hueso, puesto que todo ello supera el marco materialista-reduccionista en que se mueven el conocimiento y la experimentación científica actuales, y en los cuales ni siquiera cabe la telepatía.

Hoy en día, esas voces están muy vinculadas al mundo de la ufología, en lo que se ha llamado el fenómeno de los contactados. Se trata de personas que son objeto de algún tipo de contacto mental (no abducción, aunque a veces pueden darse ambas situaciones a la vez) y establecen una relación más o menos estable con entidades “de otros mundos o planetas” que se sirven de esa persona para comunicar determinados mensajes o consignas, e incluso a veces doctrinas enteras que se convierten luego en libros de culto. Muchos estudiosos y ufólogos han intentado adentrarse en esta faceta del contacto con los supuestos alienígenas y han apreciado numerosas inconsistencias y contradicciones, por cuanto no es un fenómeno uniforme, y tampoco está exento de sospecha de tergiversaciones y fraudes.

Para tratar de arrojar un poco de luz sobre este asunto, seguidamente adjunto un artículo muy documentado a cargo de David Álvarez Planas, editor de la revista Dogmacero y experto en ufología, que expone los puntos principales del problema y analiza las controversias planteadas, aunque no ofrece respuestas definitivas, porque nadie las tiene, pues el fenómeno se muestra esquivo y parece estar más allá del alcance de las metodologías y herramientas científicas habituales. Tal vez alguien esté jugando con nosotros desde hace tiempo… o simplemente estemos rozando los límites de otras dimensiones que no somos capaces de procesar desde nuestra mente instalada en la realidad física en la que nos movemos.

Los contactados: un intento de aproximación a un fenómeno contradictorio

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George Adamski

Cuando en 1954, George Adamski saltaba a las primeras páginas de los periódicos norteamericanos anunciando estar en contacto con seres venidos del planeta Venus, no creo que fuese realmente consciente del enorme revuelo que sus afirmaciones iban a provocar a nivel mundial. En efecto, Adamski fue el pionero de un movimiento que amenazaba con convertir el estudio del fenómeno OVNI en una práctica más cercana a la religión y al ascetismo que a la tarea, a menudo callada y resignada que los investigadores honrados están intentando llevar a cabo.

Los contactados son personas aparentemente normales y corrientes que afirman estar en contacto con entidades extraterrestres. ¿Se trata de embaucadores, desequilibrados o, tal vez, auténticos sensitivos capaces de acceder a niveles de consciencia que a la mayoría de los humanos nos está vetado alcanzar? El tema no es pacífico entre los especialistas y lo cierto es que son muchos quienes se inclinan por marginar esta casuística calificándola de efecto colateral inevitable del fenómeno ufológico, ya de por sí suficientemente complejo. Estaríamos ante la componente psicológica del fenómeno Ovni, una componente que, para algunos, cobra un peso creciente en el estudio de la casuística mundial.

Hace unos años tuve la oportunidad de seguir de cerca algunos de estos casos y a raíz de esa experiencia me interesé por el tema y estudié con detenimiento buena parte de la bibliografía existente sobre el fenómeno contactee. Y la conclusión a la que llegué es que existen casos de auténticos sensitivos que están en contacto con algo o alguien de origen desconocido. También es cierto que existen vividores, embaucadores y personas con pocos escrúpulos que, aprovechando la buena fe de las personas y sus carencias afectivas, intentan obtener provecho de este asunto. Pero esto no implica que todo el fenómeno sea un fraude, ni mucho menos.

Pese a que estamos ante un fenómeno de fuertes condicionantes subjetivas que hace sumamente difícil el establecer un patrón universalmente válido de comportamiento, sí que se dan una serie de circunstancias comunes, susceptibles de ser esquematizadas. A efectos meramente metodológicos, podríamos definir al contactado como aquella persona (sujeto pasivo) que es capaz de intercambiar información, casi siempre de contenido mesiánico, con entidades supuestamente extraterrestres (sujeto activo), mediante el empleo de un soporte mental, con frecuencia de tipo telepático (soporte). Digamos que el pensamiento directo, el intercambio de ideas —que posteriormente es trasladado por el sujeto pasivo a palabras o dibujos— es la forma en que se establece ese intercambio de información que normalmente fluye en una sola dirección y en el que el sensitivo raramente puede ejercer un control ni sobre el contenido ni sobre la oportunidad del contacto; de ahí la diferenciación entre sujetos activo y pasivo.

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Supuesta misiva ummita

Habría que contemplar, sin embargo, una excepción a esa norma, un caso particularmente interesante y sobre el que, pese a la opinión de muchos, no se ha dicho aún la última palabra: el sinuoso affaire UMMO[1], un caso especialmente notable de contacto no mesiánico —al menos en apariencia— en el que el soporte no era telepático sino epistolar (y en ocasiones telefónico). Un caso, en fin, sumamente curioso y, justo es decirlo, sospechoso. Espero volver en un futuro trabajo sobre este tema.

En cuanto a la oportunidad del contacto, hay que decir que, aunque aquí tampoco podemos establecer un patrón de comportamiento exacto, parece ser que el contacto primigenio es espontáneo y suele surgir a raíz de una particular experiencia del sensitivo, subjetivamente impactante para el individuo: el convencimiento de haber sido testigo de un avistamiento, la participación en alguna sesión de contactismo o simplemente un sueño especialmente vívido en el que las entidades se presentan al sensitivo. En ocasiones, el contactado procede del campo del espiritismo pero en muchos otros casos es totalmente ajeno a ese mundo. Estaríamos en lo que podríamos denominar la primera fase del contacto o fase de inicio. Tras esa primera etapa, normalmente breve, de descubrimiento y asimilación de su propia experiencia (en ocasiones incluso de crisis y negación), el sujeto acaba por aceptarla. Es entonces cuando empieza a oír voces, a tener sueños anormalmente realistas, incluso visiones muy realistas en estado de vigilia. En algunas ocasiones existe cierta resistencia del sujeto pasivo ante la recepción de los mensajes, pero casi siempre su curiosidad es mayor que su temor y acaba aceptando la situación. Finalmente, se produce la avalancha incontrolada de información. Se inicia así la segunda etapa o fase de consolidación.

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B. Meier, supuesto contactado

Es ahí donde el nivel cultural del sujeto pasivo juega un importante papel, dado que el mensaje recibido, que ahora ya es uno e indivisible, será filtrado por su personalidad e interpretado no tan solo sobre la base de los conocimientos aprendidos a lo largo de su vida, sino también sobre la base de su pertenencia a un grupo étnico o religioso determinado. De esta manera, si la religiosidad es la base de esa formación o, simplemente ocupa un lugar preeminente en su esquema de valores, es probable que el sujeto interprete las voces que oye como mensajes de Dios, los santos o la virgen. Si la doctrina espiritista influye en la personalidad del contactado, entonces serán los espíritus o hermanos de luz quienes hablen con el sujeto. Si éste, por fin, posee interés en el fenómeno OVNI (interés que en ocasiones suele haber permanecido oculto en su inconsciente) tenderá a identificar a sus interlocutores con extraterrestres. En el fondo, estamos ante un único fenómeno interpretado de forma diferente por el receptor. Sin embargo, habrá que valorar como un factor positivo el hecho de que una persona sin un especial interés en la casuística OVNI reciba mensajes de entidades que se identifican como extraterrestres.

Y es en ese punto donde suele surgir también el ruido. Definiremos el ruido como aquel mensaje, de más o menos intensidad según los casos, confuso y, a menudo, en contradicción con el original, al que se yuxtapone, hecho a propósito y con el fin de tergiversar el mensaje primigenio. Ese ruido obligará al investigador a una comprometida labor de diferenciación del mensaje y a discernir lo verdadero de lo falso, lo auténtico de lo ficticio.

El ruido puede ser de dos tipos: el generado por el propio sujeto pasivo (ruido antropológico o cultural, derivado de las creencias y conocimientos del contactado) y el generado por la propia fuente primaria, la supuesta entidad extraterrestre (ruido primario). Parece ser que el ruido antropológico es el más frecuente, aunque sospechamos que el ruido primario puede darse más a menudo de lo que se creía. El médium pretende adornar o mejorar, de forma consciente o inconsciente, con opiniones personales los mensajes recibidos que cree que carecen de sentido para los demás, sencillamente porque él no puede entenderlos. Es a partir de ahí cuando empiezan a producirse las contradicciones. Y ello no porque el emisor se contradiga en sus afirmaciones, sino porque el receptor no es todo lo transparente que debiera ser.

Es frecuente que cuando en esa segunda fase, el contactado está recibiendo información abundante y fluida (podríamos decir que “oye alto y claro”) gane una creciente confianza no tan solo en su singularidad, sino en el contenido de la información recibida que pasa a ser anatema indiscutible. Es lo que podríamos denominar síndrome del iluminado, caracterizado por un cierto estado alterado de conciencia en el que el contactado no distingue los mensajes del emisor de los suyos propios. Es en ese estadio en el que el contactado, que con frecuencia carece de referentes culturales para este tipo de experiencias, emite ideas de elaboración propia, que impiden la clara recepción del mensaje original e, incluso, lo contradicen. Puede suceder entonces que el sujeto pasivo no sepa distinguir entre el ruido y el mensaje, confundiéndolo todo con éste último y llegando así al autoengaño. En estas circunstancias es fácil que los escépticos constaten contradicciones en el mensaje y desacrediten todo el asunto.

Esto ha sucedido en algunos casos que en el pasado tuvieron gran notoriedad y trajo como consecuencia el hundimiento del contactee en el desprestigio más absoluto. Y es el temor a esta circunstancia lo que ha provocado que los auténticos contactados se encierren en círculos muy cerrados, solamente accesibles a familiares y personas de su más estricta confianza, lo que hace creer falsamente al investigador que el fenómeno contactee es algo reducido y residual, cuando lo que sucede es que sólo aflora una mínima parte de lo que está pasando, la punta de un enorme iceberg de incalculables consecuencias sociales.

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Supuesto ovni procedente de las Pléyades que apareció en una cita pactada con Billy Meier

Hay ocasiones en que en esta segunda fase el contactado tiene seriamente afectada su capacidad de discernimiento y cree a pies juntillas el contenido del mensaje. No cuestiona nada y él mismo se ve imbuido de una especie de coraza que lo hace inmune a cualquier peligro exterior. Ellos están con el contactado y lo protegen de todo mal. En estas circunstancias se hace muy complicado el mantener una conversación coherente, en pie de igualdad, con el sujeto pasivo dado que se siente tocado por el don de la infalibilidad. El contactado ha dejado de ser un médium para convertirse en un iluminado, un fanático que no aceptará otras opiniones que no sean las suyas propias. Poco a poco se hunde en sus propias contradicciones, llegando finalmente a un autobloqueo para recibir cualquier mensaje y todo lo que pone en boca de sus emisores es únicamente ruido.

Pero si el contactado logra superar todos estos problemas, alcanza lo que podríamos denominar la tercera fase o fase de contacto objetivo. Por fin, tras meses o incluso años de recepción, y tras una etapa supuestamente de preparación y de superar una gran cantidad de pruebas, entraríamos en esa tercera fase del proceso en la que el contactado es convocado a un avistamiento con cita previa e, incluso, a un encuentro cercano de tipo tres (EC III según la clasificación Hynek) en donde, por fin, sus interlocutores se darían a conocer. Pero no nos engañemos, a esta fase sólo llegaría un muy reducido número de contactados (lo que podríamos denominar núcleo duro del contactismo) y su experiencia casi nunca trasciende a la opinión pública. Todo este podría llevar años e incluso no llegar a producirse jamás.

Hay que insistir en que, como se ha dicho antes, no estamos ante un esquema rígido que se repita en todos los casos pues el temperamento y la personalidad del sujeto pasivo condicionan toda la evolución del contacto.

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Salvador Freixedo

En efecto, hay casos, en los que este procedimiento no es tan pacífico. A veces, el contactado, tras un período de recepción más o menos prolongado, se desanima y se niega a seguir recibiendo, intentando abandonar el contacto. Es entonces cuando comprueba que no es capaz de hacerlo y que su mente es violentada por entes extraños y ajenos a si mismo. En tales circunstancias, es fácil perder el equilibrio mental con unas consecuencias imprevisibles, en ocasiones fatales. Es un aspecto del fenómeno interesante y que no hay que perder de vista. Recomiendo al lector interesado en el cariz maquiavélico y satánico del tema que revise los interesantes comentarios que al respecto hace Salvador Freixedo, en su libro “La Religión entre la parapsicología y los Ovnis”[2] en la que este investigador nos muestra unos aspectos inquietantes del que han de ser tenidos en cuenta por el investigador que intente aproximarse a este fenómeno.

Quisiera destacar que, al referirme a los contactados, no estoy hablando de casos aislados más o menos relevantes, sino de un fenómeno que es universal, que se da en todos los países y culturas. Un fenómeno que probablemente ha acompañado al hombre desde los primeros días de su historia y que con otra forma y otro aspecto, incorporan todas las creencias y religiones del mundo. En ocasiones, toma la apariencia de mensaje telepático, en otras, la de visiones o apariciones[3]. Y como en todo este exasperante fenómeno, aquí también estamos trabajando sólo con los casos conocidos. Creo poder afirmar sin peligro a equivocarme que estamos ante un fenómeno universal, que supera las barreras del tiempo, soterrado, callado y silencioso pero eficaz en su misión, cuyo fin último nosotros, al igual que los propios contactados, desconocemos.

La mayoría de los ufólogos considerados serios se niegan a dar credibilidad a los casos de contactismo. Sin embargo, algunos autores disienten. Tal es el caso del citado Salvador Freixedo (para mí, una de las cabezas mejor amuebladas de la ufología mundial) o del norteamericano Brad Steiger que se muestra convencido de la existencia de los hermanos del Cosmos a los que considera básicamente benevolentes. Incluso en uno de sus libros llega a dedicar un capítulo a “Cómo contactar con seres multidimensionales” y llega a afirmar que en el pasado ciertos personajes que jugaron un papel clave en la historia mundial pudieron haber sido contactados. Steiger es contundente cuando afirma:

“Estoy convencido de que existe un tipo sutil de relación simbiótica entre la Humanidad y las inteligencias extraterrestres.”[4]

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Allen Hynek

Una persona tan poco sospechosa como el astrofísico Allen Hynek afirmó en cierta ocasión:

“Algunos de los que han tenido experiencias OVNI afirman haber desarrollado sus capacidades psíquicas. Incluso hay casos de curaciones en encuentros con contacto, así como casos de precognición en los que la gente tuvo conocimiento previo de que iban a presenciar algo (…) Resulta harto difícil hablar de algunas cosas pero están ahí y no podemos ignorarlas.”[5]

Por su parte, el psicólogo norteamericano Leo Sprinkle, profesor en la Wyoming University, acuñó el término Cosmic Consciousness Conditioning para definir el efecto que había tenido sobre diversas personas el contacto directo o indirecto con el fenómeno OVNI y que se concretaba en una más amplia visión del mundo y del ser humano. Sprinkle planteaba la cuestión de si estábamos ante la mera consecuencia de mecanismos psíquicos normales o bien frente a un plan sistemático con el propósito de inducir mediante periódicas manifestaciones una toma de conciencia por parte de la humanidad con vistas a favorecer un próximo encuentro. De ser así, el fenómeno contactee se incardinaría dentro de esa segunda opción.

La información que hoy tenemos sobre el fenómeno OVNI es contradictoria y con frecuencia extravagante. Todo esto hace que a menudo esas informaciones aparezcan como poco creíbles. Y los contactados no han de ser una excepción. Nos hallamos ante individuos de elevada sensibilidad, con un mundo interior rico en sensaciones y experiencias poco comunes al resto de los mortales, independientemente de su nivel de formación académica. Circunstancias estrictamente personales han hecho que de algún modo esas personas desarrollaran unas habilidades mentales que la mayoría de los seres humanos tendrían adormecidas y entre las que se hallaría la telepatía. Esas habilidades, precisamente, serían las que les facilitarían el contacto con ese algo no humano.

Quienes opinan, opinamos, que el fenómeno OVNI interactúa con el testigo, condicionando la forma y el momento en el que aquél se manifiesta, creemos que todo este complicado y contradictorio asunto es merecedor de una sistemática y profunda investigación, y que el ufólogo debe abandonar ideas preconcebidas y acercarse al contactismo con espíritu crítico pero con la mente abierta. Una cosa para mí es cierta: o estamos ante un fraude a escala planetaria de inmensas proporciones o, por el contrario, estamos ante auténticos casos de comunicación con seres extraterrestres.

Si aceptamos esta última hipótesis, entonces hay que admitir que tenemos ante nosotros el enigma más apasionante de la Era Contemporánea. Los contactados y sus seguidores estarían escribiendo una de las páginas más emocionantes de la Historia: el primer contacto de los seres humanos con una civilización extraterrestre.

ovni3Si por el contrario llegamos a la convicción de que todo esto es falso, entonces hay que plantearse por qué una parte creciente de la humanidad oye en un momento dado de su vida unas voces que dicen proceder de seres de otro planeta. Habría que preguntarse qué impulsa a esas personas a alterar su comportamiento, sus costumbres e incluso sus más íntimas convicciones. Deberíamos, en definitiva, plantearnos si no estamos ante los prolegómenos de una locura colectiva preludio tal vez de la definitiva decadencia de esta contradictoria civilización.

Sea como sea, estamos ante un fenómeno digno de ser estudiado, porque, de ser cierto que algunos de nuestros semejantes han iniciado ya el contacto con seres venidos del espacio, lo que estaríamos jugándonos aquí y ahora sería el futuro de la humanidad.

© David Alvarez Planas 2013


[1] En palabras del reputado ufólogo Antonio Ribera Jordá.

[2] La Religión entre la parapsicologia y los Ovnis. Ed. Orión. México, 1977

[3] Algunos autores han vinculado el contactismo con las apariciones marianas, llegando incluso a defender que son aspectos diferenes de un mismo fenómeno.

[4] Contactos con Extraterrestres. Editorial Edaf, 1978

[5] Lo Inexplicado. Ed. Delta. Pág. 1751

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5 thoughts on “¿Voces de otros mundos?

  1. Creo que la respuesta a todo esto hay que buscarla antes de que aparezca el boom OVNI, así, entendiendo como se interpretaba en otro momento, quizás sea más fácil librarse de los prejuicios que el propio fenómeno nos inculca.

    Hay entidades no humanas que se valen de nuestra ignorancia para manipularnos, a veces incluso explotando nuestras propias virtudes y capacidades, aseguran que ese potencial nos lo han otorgado ellos y de ese modo nos manipulan o nos obligan, sin saberlo, a trabajar para ellos.
    Otras veces nos ofrecen información sin demasiado interés o trucos de feria, para convencernos de que poseen un poder extraordinario y que son algo que realmente no es cierto.
    De un modo o de otro, con premios o castigos, siempre intentan que hagamos algo, que les ayudemos de algún modo y suelen salirse con la suya.

    Antes pedían ermitas y peregrinaciones, vestidos de Vírgenes o Ángeles y ahora piden reuniones de creyentes y centro de meditación. Vamos, el mismo cuento pero adaptado a nuestro tiempo, nuestra perdida de espiritualidad y nuestra mayor estupidez.
    A otros niveles siguen pidiendo sangre y sufrimiento.

    Un saludo.

    1. Gracias Piedra

      Bueno, el artículo está centrado en el campo ufológico, pero lógicamente puede hacerse extensivo a otros muchos, y remontarse a muy antiguo. Lo que está claro es que aún hoy en día a quien oye voces se lo considera un farsante o un enfermo mental. La gran pregunta sigue sin contestarse: ¿de dónde proceden tales voces y con qué intenciones? Y las “entidades” no quieren dar la cara… por el momento.

      Saludos

      1. Lo que quiero decir es que si no nos centramos solo en la ufología, nos damos cuenta de que el fenómeno es siempre el mismo, con diferentes disfraces siempre actúa igual y persigue los mismos fines.

        “La gran respuesta”, está dada hace siglos por las escuelas esotéricas: proceden del plano espiritual y las intenciones no son buenas, para nada. Pueden ser tanto espíritus que alguna vez encarnaron (que han sido humanos) o que nunca lo han hecho, puede ser también nuestro propio espíritu, (que es del único que podemos fiarnos).

        A veces se oyen voces sin sentido, caso de los esquizofrénicos, que también quedaría explicado con una sintonización defectuosa del cerebro con el espíritu al que pertenece, es decir, que oímos lo que dice el vecino, además de lo que decimos nosotros mismos y no somos capaces de asimilarlo de forma consciente.

        Las voces pueden provenir también de un humano vivo, (o no) que telepáticamente y de forma consciente, o no, nos envía un mensaje o simplemente se sintoniza, voluntariamente, o no… en nuestra frecuencia de recepción. Esto ya es parapsicología y está bastante estudiado y explicado en esta disciplina.

        Más saludos.

  2. Pues ya que se lee ahí lo de que esos supuestos fenómenos se adaptarían a la cultura y las convicciones de quienes dicen pasar por eso, hay un libro que leí en su día que explica eso mismo, en el que los contactados ven a la Virgen, o a hadas y elfos, o a extraterrestres…. Se titula “Magonia” y me lo leí entero, aunque no me sirvió para tener ninguna de esas experiencias, je,je,je,je,je,ejee; sigo igual que antes, no debo de tener el “don”. Desde luego, es una faena que los recados que darían esas personalidades, la mayoría se distorsionen, luego mucho don, mucho don, pero luego…. vaya chapucila que hacen, je,je,je,jeee… los interpretes, je,je,je,je…

    Bromas aparte, yo solo sé que tuve una tía, que me decía que veía a mi abuela y hablaba mucho con ella, y me lo decía convencidisima y es todo lo más que sé empiricamente de ello.

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