Cuando la medicina es causa de muerte

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFrente a la visión triunfalista que los medios de comunicación propagan sobre las maravillas de la medicina actual, tan llena de tecnología y de parafernalias diversas, poco a poco han ido surgiendo voces disidentes de profesionales e investigadores independientes que contradicen este panorama de éxito social y científico[1]. Así, en este mismo blog he ido presentando varias visiones extremadamente críticas (Lluís Botinas, Antonio Tagliatti, Ghislaine Lanctot, Patrick Quanten, Enric Costa, Jesús García Blanca…) que echan por tierra estos clichés y afirman sin tapujos que en gran medida la moderna medicina alopática es inoperante, agresiva, cara, inhumana y hasta criminal. Y todo ello por no hablar de la acción del imperio farmacéutico global que planea sobre todos los ámbitos de la salud…

A este respecto, es evidente que desde el poder establecido se quiere dar una imagen de avance y resultados, pues la política y la sanidad pública son conceptos íntimamente ligados en el mundo actual, y los propios ciudadanos han sido concienciados acerca de la necesidad y el valor de disponer de un gran sistema de salud pública que mantenga a todo el mundo bajo un gran paraguas protector. Así pues, no es de extrañar que se haga una propaganda de las investigaciones en curso, de las inversiones en sanidad, de la apertura de nuevos hospitales, de las operaciones realizadas, etc.

Sea como fuere, al profundizar en el tema, he comprobado que cada vez hay más profesionales que se oponen al sistema sanitario, al imperio farmacéutico y en general a la vasta influencia de los poderes políticos y económicos internacionales que regulan la medicina moderna. Y en esta búsqueda de opiniones profesionales contrastadas he topado con un valiente artículo, titulado Death by Medicine (“Muerte por Medicina”)[2], escrito por un grupo de médicos norteamericanos bajo el patrocinio del Nutrition Institute of America[3], que les encargó realizar una revisión independiente de la calidad de la medicina en los EE UU. Este documento muestra críticamente la cruda realidad del sistema sanitario de los EE UU, confirmando lo ya apuntado por Lanctot o García Blanca en sus libros: que el sistema público de salud causa mucho daño y que literalmente mata a cientos de miles de personas por la aplicación indiscriminada de esa medicina tecnológica y burocratizada.

hospital_3
¿Exceso de medicina tecnológica?

Por centrar la cuestión, basta decir que este informe expone en su introducción unas cifras globales (referidas al año 2001) que dan que pensar:

  • 2,2 millones de personas hospitalizadas a causa de reacciones adversas a los medicamentos prescritos.
  • 20 millones de antibióticos innecesarios aplicados por infecciones virales.
  • 7,5 millones de procedimientos médicos y quirúrgicos practicados sin necesidad.
  • 8,9 millones de personas expuestas a hospitalización innecesaria.

La estadística más impactante, sin embargo, es que el número total de muertes causadas por la medicina convencional se eleva a una asombrosa cifra de 783.936 por año, lo que pone de manifiesto que el sistema médico estadounidense es la principal causa de muerte y de lesiones en los EE UU, y todo ello con un coste nada liviano para los contribuyentes de 282.000 millones de dólares. El estudio incorpora también una proyección a 10 años vista a partir de los datos disponibles y calcula para ese periodo un total de 7,8 millones de muertes por causa iatrogénica (de origen médico), una cifra superior al conjunto de muertes sufridas por los EE UU en todo su historial de guerras.

Por supuesto, para plantear seriamente este panorama se han de aportar pruebas convincentes, y por ello los autores del documento se han basado en estudios profesionales que incorporan estadísticas, datos y hechos que no pueden negarse, aunque admitan cierto grado de análisis o interpretación. En todo caso, la información está ahí y debe ser conocida por el gran público para provocar al menos una reflexión global sobre esto que llamamos “salud pública”. Pero vayamos por partes y expongamos seguidamente los puntos principales de este decidido alegato.

En primer lugar, los autores ponen de manifiesto que pese al enorme gasto económico en el sistema de salud, el país no tiene la mejor medicina del planeta ni está en el camino de entender y resolver realmente los problemas de salud pública. Así, en vez de prevenir y reducir las enfermedades, la medicina oficial actúa de manera agresiva y contingente y a menudo causa más daño que beneficio. En efecto, la moderna medicina parece dar la espalda a varios elementos que provocan no pocos desequilibrios de salud, como el estrés, la falta de ejercicio, los alimentos altamente desnaturalizados, la ingesta calórica excesiva o la exposición a decenas de miles de toxinas ambientales. En cambio, los pacientes se ven sometidos abusivamente a la burocracia y la tecnología médica, con un exceso de procedimientos médicos y quirúrgicos y de prescripciones de fármacos de todo tipo.

pastilla
La medicina como causa de muerte ya no puede ocultarse

En segundo lugar, está la falta de reconocimiento del problema, esto es, la falta de registro del origen iatrogénico de muchos fallecimientos, lo cual permitiría tener una imagen mucho más exacta y veraz de las muertes producidas por error médico o por una intervención médica excesiva. Naturalmente, este es un punto crítico, pues la tecnología médica y la industria farmacéutica están profundamente vinculadas a la enseñanza y al ejercicio de la profesión médica, causando obvios conflictos de intereses. Por ejemplo, un estudio de 2003 sacó a la luz que casi la mitad de los profesores de las facultades de medicina que trabajan en las Juntas de Revisión Institucional (IRB) para asesorar sobre la investigación de ensayos clínicos también ejercen de consultores en la industria farmacéutica. Esta influencia se ve también en la financiación directa de la investigación; así, en 1981 industria farmacéutica “ofreció” 292 millones de dólares a las universidades para la investigación, y para 1991 esta cifra había aumentado hasta los 2.100 millones.

El primer estudio sistemático sobre el error médico en EE UU data de 1994, a cargo del Dr. Lucian L. Leape, que reconocía que este tipo de literatura era muy escasa y que los datos recogidos eran sólo la “punta del iceberg”. El motivo de este vacío, según Leape, sería simplemente la costumbre general de no notificar los errores, que supuestamente ocurren de forma aislada e inusual, dado que los médicos y las enfermeras no están preparados para hacer frente a las consecuencias de un error humano. Dicho de otro modo, los errores médicos son vistos como un fracaso y  equiparados a negligencia. Por tanto, no es de extrañar que la mayoría de notificaciones de errores procedan del propio paciente o de su familia. En cualquier caso, el impacto de estos errores no es leve, pues en una rueda de prensa de 1997 Leape actualizó sus estadísticas, señalando que los errores médicos en pacientes hospitalizados en EE UU podrían ascender hasta 3 millones y podrían costar unos 200.000 millones de dólares. En cuanto a la tasa de mortalidad por error médico, la situaba en el 14%, lo que se traduciría en unos 420.000 pacientes.

Sea como fuere, este grave contexto de negación u ocultación no es precisamente simple y está influido por diversos factores, empezando por el miedo de los médicos y enfermeras a ser objeto de demandas o a sufrir represalias dentro de su ámbito profesional. Por otro lado, está la cuestión de la prescripción de fármacos y el desconocimiento de sus reacciones adversas y efectos secundarios, por ignorancia o dejadez. Así generalmente, el fracaso de un tratamiento suele achacarse a la enfermedad (esto es, al paciente) y no al fármaco o al propio médico. Claro que el propio sistema no facilita la búsqueda y corrección de los errores, pues un estudio de la Dra. Wild de 2003 demostró que la mitad de médicos de un hospital de Connecticut desconocía la existencia de un sistema de informe de errores médicos, mientras que la otra mitad prácticamente no lo empleaba.

big_pharma
Los fármacos como gran negocio

En tercer lugar, está el ya citado asunto de los fármacos. Actualmente, la prescripción de fármacos es la base de los tratamientos de la medicina científica moderna. Con el triunfo de la “teoría de los gérmenes” se vendió al público que los organismos infecciosos eran la causa de las enfermedades y que había que atacarlos por todos los medios. De este modo se abrió la puerta a la medicina química, que a juicio de los autores del artículo no sólo es inoperante en muchas ocasiones sino que es directamente nociva para la salud de los pacientes debido a sus numerosos efectos adversos. El problema es doble, pues puede darse un mal diagnóstico y/o mala prescripción, pero aun en el caso de una prescripción correcta, el enfermo se enfrenta a esos efectos secundarios indeseables, que son considerados un “mal menor”.

En este sentido, un estudio de 1992 sobre una base de datos nacional de farmacias identificó 429.827 errores de medicación de 1.081 hospitales. Otro estudio más reciente, de 2002, mostraba que el 20% de los medicamentos hospitalarios para pacientes tenían errores de dosificación y que de ese porcentaje casi el 40% se consideró potencialmente perjudicial para el paciente. Pero lo que los autores recalcan es que la cantidad de reacciones adversas provocadas por las medicinas prescritas va en aumento, dado el crecimiento exponencial de fármacos para una población envejecida y la incompetencia de los médicos para diagnosticar los efectos secundarios de los productos que recetan.

Por otra parte, los pacientes son sometidos a un bombardeo publicitario de fármacos “para hacernos sentir mejor”, como las numerosas drogas antidepresivas. Sin embargo, en vez de alivio, muchas de estas personas sólo encuentran los perjuicios de sus efectos secundarios. Además, la ingesta de estos productos hace que los pacientes afronten los problemas de la realidad cotidiana a base de drogas en vez de usar sus recursos internos, hasta el punto que tales drogas se han convertido en sustancias socialmente aceptadas (y “necesarias”) para combatir el estresante mundo actual. Entretanto, la industria farmacéutica invierte ingentes cantidades de dinero en publicidad, sobre todo en televisión, incitando al consumo de múltiples productos que a veces no han sido suficientemente probados.

Precisamente este es otro grave problema que el público cree –falsamente– que está solucionado, tras el ensayo y aprobación de los nuevos fármacos. Y en efecto, los fármacos son sometidos a ensayos clínicos antes de salir al mercado, pero luego resulta que muchos medicamentos autorizados muestran efectos secundarios inesperados sobre los “usuarios reales”[4]. Y no es un porcentaje pequeño. En un informe de la Oficina General de Contabilidad del Gobierno Federal consta que de los 198 medicamentos aprobados por la FDA entre 1976 y 1985, 102 de ellos (más del 50%) presentaban graves riesgos a la salud, entre otros: insuficiencia cardiaca, infarto de miocardio, anafilaxis, convulsiones, insuficiencia renal y hepática, trastornos sanguíneos graves, defectos de nacimiento, toxicidad fetal y ceguera.

CDC
Sede de los Centers for Disease Control and prevention (CDC) en Atlanta, EE UU

Y entre todo el arsenal de fármacos potencialmente nocivos tenemos los antibióticos, que han sido recetados masiva y abusivamente creando resistencias indeseables, si bien lo peor es que se prescriben para muchas dolencias (sobre todo de garganta) que no requieren el uso de estos fármacos, según reconoce el propio CDC[5]. Pese a todo ello, los médicos siguen prescribiendo gran cantidad de antibióticos, que crean fuertes resistencias bacterianas y que causan miles de muertes por infección adquirida en hospital. En este contexto, las autoridades sanitarias –e incluso las empresas farmacéuticas– apuestan por la racionalización de la administración de antibióticos, pero no apoyan ni fomentan el uso de otras alternativas terapéuticas como los nutracéuticos (productos naturales).

Para finalizar este capítulo sobre los fármacos, cabe reseñar otra importante causa iatrogénica: la quimioterapia para el cáncer. En este ámbito, los autores citan el trabajo de 1989 del científico alemán Ulrich Abel, que llegó a la conclusión de que no había prueba directa –a partir de los ensayos clínicos– de que la quimioterapia prolongase la supervivencia en los pacientes afectados de cáncer epitelial.

En cuarto lugar, los autores de “Muerte por medicina” se refieren al problema de los procedimientos quirúrgicos innecesarios. Según datos de 1974, en EE UU se habían practicado nada menos que 2,4 millones de intervenciones innecesarias, con el resultado de casi 12.000 muertes. En 2001 la cifra de esas operaciones –que incluyen cesáreas, amigdalectomías, apendicetomías, histerectomías, gastrectomías para la obesidad, implantes mamarios, etc.– había ascendido a 7,5 millones, con un balance de más de 37.000 muertes, todo ello sin tener en cuenta el altísimo coste económico de dichas intervenciones. Y por cierto, los autores citan también datos de España, donde se estima que el 20-25% de las operaciones son innecesarias (cifras recogidas en 2003).

intervencion_quirurgica
¿Intervenciones quirúgicas no justificadas?

Lamentablemente, la tendencia de esta cirugía superflua va la alza y viene apoyada además por modas estéticas (por ejemplo fomentadas por las estrellas de Hollywood), pero el problema se agrava porque a más intervenciones surgen más complicaciones post-operatorias, como el empleo de técnicas no perfectamente estériles que provocan posteriores infecciones. En este punto, los autores mencionan un estudio realizado en 2000 y publicado en JAMA (Journal of American Medical Association) que arroja una cifra de 32.000 muertes relacionadas con cirugía, aparte de 2,4 millones de días extra de internamiento hospitalario, con un coste de 9.000 millones de dólares. No obstante, el estudio incide en la gran cantidad de complicaciones post-operatorias observadas, en forma de infecciones, objetos extraños en las heridas, apertura de cicatrices, sangrado post-operatorio, etc. y reconoce que el problema se ha infravalorado pues muchas de esas complicaciones no son registradas en los hospitales.

Para cerrar este apartado, cabe destacar el uso abusivo e innecesario de pruebas de rayos-X (radiografías) que durante mucho tiempo fue una práctica “popular”. Pero los datos sobre el impacto nocivo de la radiación sobre las personas acabaron por aflorar. Los autores mencionan el caso de las radiografías realizadas en los años 50 y 60 sobre mujeres embarazadas para medir sus pelvis y hacer un diagnóstico de gemelos. Pues bien, un estudio sobre 700.000 niños nacidos entre 1947 y 1964 en 37 grandes hospitales de maternidad demostró que la mortalidad por cáncer fue del 40% mayor entre los niños cuyas madres habían sido objeto de radiografías de pelvis durante el embarazo.

En cuanto a la aplicación actual de rayos-X, todavía se desconoce el impacto real de las radiaciones empleadas en la medicina moderna, si bien las autoridades han relativizado y minimizado el riesgo por la exposición a tales prácticas. No obstante, el médico John Gofman (doctorado en química nuclear y física y gran experto en radioactividad), ha proporcionado pruebas acerca del peligro de la moderna tecnología médica –en particular radiografías, tomografías computarizadas y dispositivos de mamografía y fluoroscopia– considerando que son un factor que contribuye al 75% de los nuevos casos de cáncer.

mamografia
La radiación en las mamografías no es inocua

En un informe[6] de 2000, el Dr. Gofman señalaba que el aumento de pruebas de diagnóstico por rayos-X incide en el incremento de la tasa de cáncer y de la enfermedad isquémica del corazón, y añadía que por sí mismas estas pruebas no causan todo el daño, pero sí en combinación con otros factores como la mala alimentación, el tabaquismo, los abortos y el uso de píldoras anticonceptivas.. Asimismo, Gofman apuntaba que el cáncer de mama es la principal causa de muerte entre las mujeres estadounidenses entre las edades de 44 y 55, y que dado que el tejido mamario es muy sensible a la radiación, las mamografías pueden ser causa de cáncer. Y ya en un tono más alarmante, el Dr. John Gofman predecía que las radiaciones ionizantes serían responsables de nada menos que 100 millones de muertes prematuras en la siguiente década.

A continuación, los autores se refieren a las hospitalizaciones innecesarias, aportando la cifra de casi 9 millones de pacientes hospitalizados sin necesidad en 2001. Según la revisión de 1.132 historias clínicas, dos médicos concluyeron que el 23% de todas las admisiones eran inapropiadas. En general, varios estudios entre 1986 y 1999 coinciden en que alrededor del 25% de los ingresos eran inadecuados. Por otro lado, las prolongadas estancias en hospital tampoco estarían justificadas: hasta un 34% de los días de hospitalización deberían haberse evitado. Estas hospitalizaciones, aparte de la cuestión económica, supusieron la exposición a intervenciones médicas innecesarias y a potenciales episodios iatrogénicos. De hecho, se ha apreciado un aumento importante de muertes debidas a infecciones nosocomiales (contraídas en los propios hospitales), con un resultado de 88.000 muertes y un coste de 4.500 millones de dólares, en datos de 1995. Por último, cabe resaltar un informe específico (el llamado estudio Lazarou, de 1994) que analizaba la prescripción de medicamentos sobre 33 millones de pacientes ingresados en hospitales y revelaba que se habían producido lesiones en 2,2 millones de casos por reacción adversa a los fármacos, estimando que las muertes anuales debidas a tales reacciones ascendían a 106.000.

Otro aspecto que los autores del artículo destacan en especial es el tratamiento de la medicina moderna hacia las mujeres y las personas mayores. En el primer ámbito, se deja claro que las mujeres han sido objeto desde hace décadas de un exceso de tratamientos e intervenciones (en comparación con los varones), aparte de diagnósticos psicológicos delirantes, como la histeria u otros trastornos mentales, que justificaba la intervención quirúrgica, concretamente la extirpación del útero[7]. Esto más bien formaría parte del pasado pero aún en nuestros días se recurre regularmente a mastectomías profilácticas, cesáreas innecesarias[8], exceso de monitorización fetal, incremento de la medicalización en el parto y la menopausia, administración de fármacos para prevenir enfermedades (pero con graves efectos colaterales), terapias hormonales agresivas, etc.

En cuanto a los mayores, la situación en los EE UU es lamentable en muchos aspectos, sobre todo por falta de atención. Los autores mencionan diversos problemas, empezando por el alto número de personas –más de un millón al año– que desarrollan escaras[9] durante el periodo de hospitalización, y que en caso de los ancianos multiplica por cuatro el riesgo de muerte. Las estadísticas indican que la tasa de mortalidad por escaras oscila entre el 23% y el 37%, y aun con la cifra más baja, el resultado de muertes se sitúa en 115.000. Los críticos alegan que es la edad avanzada la que mata a los pacientes, pero es patente que un tratamiento de enfermería adecuado puede prevenir este mal y por tanto evitar muertes prematuras. Por otro lado, se comenta el grave problema de la desnutrición y deshidratación en residencias de ancianos, que afectaría a nada menos que un tercio de estas entidades en todo el país.

residencia
El problema de las residencias de ancianos

En general, los autores denuncian el trato deficiente hacia los ancianos, que por su situación de debilidad y vulnerabilidad deberían tener una mejor atención. En cambio, la tendencia es a “almacenar” a los mayores en residencias, con un resultado de aislamiento social y exceso de medicación. Además, existen datos contrastados de maltrato y negligencia hacia los mayores que, según informe de 2001, afectaba a más del 30% de las residencias. Y lo que es más preocupante es que en un 10% de estas instalaciones se registraban casos de violencia verbal o física (con resultado de serias lesiones o fracturas), o incluso abuso sexual. Y por supuesto, queda pendiente el tema de la sobremedicación de estas personas, que son víctimas de una prescripción masiva de fármacos de toda clase (porque acuden a diferentes especialistas), a pesar de que existen informes que alertan de medicaciones inadecuadas y de dosis equivocadas.

En resumen, el doctor Gary Null y el resto de colegas que escribieron “Muerte por Medicina” consideran que el error médico está muy presente en la moderna medicina y que existe un exceso de tratamientos y de aplicaciones tecnológicas que aporta más perjuicios que beneficios. Además, señalan acertadamente que éste es un problema global, aunque en EE UU se puedan apreciar efectos más negativos que en otros países occidentales.

En fin, nada de esto nos debería sorprender, porque también lo tenemos aquí, ya sea en el sector público o en el privado. Esto es lo que hay: un macro-sistema de salud burocratizado y tecnificado orientado en realidad a la enfermedad y que “da servicio” a toda la población, eso sí, con un alto coste económico. Pero la realidad cotidiana está ahí y no se puede ocultar. La gente no está mejor, sufre, va de un médico a otro, es objeto de innumerables pruebas, se atiborra de fármacos y sigue bajo el control de un sistema que no tolera la disidencia ni los tratamientos alternativos o naturales. Y lo que realmente puede resultar más absurdo es que la gente siga pidiendo a gritos más de lo mismo: más “atención”, más medicación, más hospitales… y el Estado encantado de dar al pueblo lo que necesita.

© Xavier Bartlett 2017

Nota 1: Adjunto a continuación el artículo original en PDF para descarga, que incluye al final todas las fuentes y referencias de los datos expuestos (nada menos que 152): death-by-medicine

Nota 2: Para quien desee profundizar en esta temática, una vez más recomiendo visitar Time for truth, la web de la periodista independiente Alish, que lleva años dedicándose con rigor y sin pelos en la lengua a denunciar la situación actual de la salud y la medicina a través de reportajes y entrevistas a personalidades críticas con el presente paradigma. Sólo como muestra, incluyo enlace a la reciente rueda de prensa del médico alemán Peter Gotzsche en Barcelona sobre el siniestro asunto de la moderna psiquiatría y los psicofármacos.


[1] Éxito relativo, pues alguna causa de muerte muy común, como el cáncer, pese a haber sido afrontado con múltiples terapias, aún presenta unas altas cifras de mortalidad, por no hablar de las muchas personas que padecen con dolor la enfermedad –y los tratamientos agresivos– durante años.

[2] Texto original (en inglés): NULL, G. et alii. Death by Medicine. www.lef.org (2003)

[3] El Instituto de Nutrición de América es una organización sin fines de lucro que ha patrocinado la investigación independiente en los últimos 30 años.

[4] Los fármacos son testados generalmente sobre personas sanas, lo cual tiene poco que ver con la población que luego consume esas sustancias, que suelen ser personas que padecen varias enfermedades y que toman otras medicaciones.

[5] El CDC admite que el 90% de las infecciones del tracto respiratorio superior, incluyendo las infecciones del oído de los niños, son virales y que los antibióticos no tratan dichas infecciones virales.

[6] GOFMAN, J. Radiation from Medical Procedures in the Pathogenesis of Cancer and Ischemic Heart Disease: Dose-Response Studies with Physicians per 100,000 Population. Disponible en:

http://hps.org/publicinformation/ate/q1084.html.

[7] En el siglo XIX, por iniciativa del Dr. Martín Charcot, se empezó a diagnosticar masivamente la histeria en mujeres, pasando de un 1% en 1841 a un 17% en 1883. Como los médicos creían que el desequilibrio tenía origen el útero, se recurría a esta castración física como método de curación.

[8] En EE UU, en 2001, hasta un 24% de los partos eran por cesárea, frente –por ejemplo– a un 8% en Holanda.

[9] Llagas o úlceras por presión.

Anuncios

5 thoughts on “Cuando la medicina es causa de muerte

  1. Completo y bien documentado, pero hay algo que sobra y es el referirse a la medicina oficial como científica, ya que en gran parte no está sustentada en este tipo de pruebas. Esto se denuncia por muchos colectivos profesionales.
    Yo recomendaría a Juan Gérvas.de entre estos profesionales, porque siendo un científico reconocido de primera linea, ataca y critica todo lo criticable.
    También existe por los internetes un escrito de advertencia para que las mujeres rehúsen las pruebas de cáncer de mama, firmado por varios médicos, donde explican los muchos riesgos y los pocos beneficios..

    Y como dato curioso., el fármaco más vendido de la historia son las estatinas, (para controlar el nivel de colesterol), cosa tan inútil como peligrosa, ya que es perjudicial tener el nivel de colesterol que se pretende imponer y la propia droga produce, como es habitual, como efecto secundario, el daño que se pretende combatir.
    El nivel que se considera normal para el colesterol, va bajando cada pocos años y es fijado por una comisión de expertos con demostrado conflicto de intereses, ya que están pagados por los laboratorios que producen el fármaco.

    Un saludo.

  2. Gracias Piedra

    Bueno, con lo de medicina científica, me refiero como siempre a la visión convencional; en todo caso se deberían poner comillas. En cuanto al resto que comentas, coincido en tu comentario. Además, hace menos de un año visitando a mi suegro en el hospital conocí a un joven de 30 y pocos años hospitalizado grave por los efectos adversos de las famosas estatinas. En fin, lo del colesterol clama al cielo, y encima por TV te venden supuestos “yogures” como si fueran eficaces medicinas. Y dentro de no sé cuanto tiempo la gente se escandalizará por los tratamientos actuales contra el cáncer, que se llevan por delante tantas personas, tarde o temprano…

    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s