Carlos Castaneda y el mito de Don Juan

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Habiendo consagrado este blog a la realidad, la ciencia y la conciencia, casi resultaba inevitable dedicarle una entrada al polémico autor y antropólogo Carlos Castaneda (o Castañeda), todo un referente científico y literario en el campo de las otras realidades a partir de una experiencia chamanística conducida por su emblemático maestro Don Juan. Lo cierto es que no es nada fácil adentrarse en la figura de Castaneda, una personalidad enigmática y reservada[1], que siempre estuvo rodeada por la controversia y las acusaciones de no ser científico, incluso llegando a ser calificado por muchos expertos como un farsante que se inventaba gran parte de lo que narraba en sus libros. Así pues, en este breve artículo nos adentraremos particularmente en el lado oscuro de este autor y analizaremos qué hay de mito y qué hay de realidad en la (supuesta) investigación antropológica llevada a cabo por Castaneda sobre el acceso a otros mundos más allá de nuestra realidad física propia del estado normal de conciencia.

Lo que no ofrece duda es que la obra de Castaneda, traducida a muchas lenguas, fue todo un fenómeno social y cultural de su tiempo, especialmente en ciertos ámbitos alternativos y de la New Age, llegando a convertirse en un referente indispensable de la psicodelia y de la llamada “contracultura”. Así, no es nada exagerado afirmar que Castaneda lleva casi medio siglo influenciando poderosamente a muchísima gente de todo el planeta a través de sus extraños relatos que describen su largo y difícil aprendizaje en el mundo chamanístico a cargo del no menos famoso hechicero yaqui Don Juan Matus, un personaje que cabalga –como no podría ser de otro modo– entre la realidad y la magia.

Pero empecemos por el principio. Lo primero que hay que reseñar es que el propio Castaneda trató de mantener un cierto secretismo o privacidad sobre su persona, y de este modo parece ser que “inventó” o “maquilló” unos ciertos orígenes y trayectoria personal y profesional. Así, él mismo afirmaba que había nacido en São Paulo (Brasil) en 1935, hijo de un profesor de literatura, pero otros biógrafos averiguaron que había nacido en la población peruana de Cajamarca, en 1926, con el nombre de Carlos César Salvador Arana Castañeda y que su padre era un orfebre local. Asimismo, Castaneda afirmó que había vivido algunos años de su niñez en Buenos Aires (Argentina) y luego se había trasladado con su familia adoptiva a los EE UU. Allí estudió literatura, periodismo y psicología. Más adelante, en 1962, se graduó en Antropología en la Universidad de California (UCLA); para entonces ya se había convertido en ciudadano estadounidense y había cambiado la “ñ” por la “n” en su apellido. Ahora bien, según otras fuentes, en realidad había estudiado Bellas Artes en Perú, centrando su interés en las artes plásticas (pintura y escultura). Más tarde, se habría desplazado a EE UU, viviendo de oficios diversos hasta que se decidió a estudiar antropología.

En todo caso, Castaneda se convierte en una figura pública en 1968 tras la aparición de su primer libro, “Las enseñanzas de Don Juan”, una obra que describe la relación entre el autor y un brujo de la comunidad yaqui que le introduce en los mundos que van más allá de la realidad perceptible. En años sucesivos vendrían hasta ocho libros más (hasta 1993), en los cuales Castaneda profundiza en sus experiencias junto al chamán nagual. Ya en los últimos años de su vida escribió cuatro libros más, a modo recopilatorio, y popularizó una técnica llamada “tensegridad”[2], un compendio de pases mágicos rituales (posturas y respiraciones) que difundió a través de una asociación llamada Cleargreen, pero que más parecían movimientos propios de ciertas artes marciales que prácticas de brujos mesoamericanos. Por lo demás, tuvo una vida sentimental tumultuosa, con un divorcio y varias relaciones, y formó a su alrededor un grupo de acólitos (mayoritariamente mujeres) que rozaba el sectarismo. Finalmente, Castaneda falleció en 1998 en Los Angeles de cáncer de hígado, aunque su familia no informó de este hecho hasta dos meses después.

En cuanto a lo que constituye el núcleo de su obra, todo empezó con un trabajo de investigación antropológica que Castaneda llevó a cabo –presuntamente– en el desierto de Sonora (México). El origen de esta empresa se sitúa en los viajes de Castaneda a la región para obtener información sobre las plantas medicinales que usaban los indios. Allí traba relación con un brujo de la comunidad yaqui llamado Juan Matus, heredero de la tradición de los chamanes toltecas, que le irá introduciendo progresivamente –y no sin cierta resistencia– en su mundo mágico. De este modo, Castaneda se familiarizará con los secretos de las prácticas chamánicas y llegará a experimentar los estados de conciencia alterados por ingesta de sustancias enteógenas, como el peyote y otras drogas alucinógenas, si bien ya más avanzada su instrucción dejará de tomar dichas sustancias, que no le serán necesarias para conectar con los otros mundos.

ensenanzas_don_juanAsimismo, Don Juan le revelará al autor el modo de evadirse o sortear la realidad física modificando cierto punto de encaje, una especie de huevo u óvalo luminoso que se sitúa por encima del hombro derecho, lo que permite acceder a otras percepciones de la realidad. Por este arduo camino, el autor –siempre siguiendo los dictados de su mentor– se adentra en otras realidades paralelas, viajes astrales y sueños lúcidos (mediante el arte de ensoñar) que a la larga le llevarán incluso a encarnarse en animales[3] o topar con extrañas criaturas mágicas de otros mundos. Esta experiencia entre lo personal y lo científico se extendió a través de sucesivas fases de aprendizaje, en las que aparecen nuevos personajes secundarios (siendo el más importante de ellos otro chamán, Don Genaro), hasta que Castaneda adquirió el status de brujo saltando al vacío, tras lo cual asumiría una cierta personalidad de “guerrero espiritual” que ejerció hasta el fin de su vida.

Todo este fabuloso viaje iniciático quedó registrado en sus primeros libros y enseguida obtuvo un gran éxito de ventas, dándose por hecho que su historia y su relación con Don Juan era auténtica y científica, pues se trataba de un estudio antropológico de campo, si bien “novelado” hasta cierto punto. De este modo, Castaneda adquirió un rápido renombre y su labor antropológica no fue cuestionada, tratándose de una obra respaldada por la Universidad de California. Incluso los expertos en la materia no pusieron excesivas pegas a un trabajo relativamente descuidado y poco metódico, que impactaba más por la narrativa que por los aspectos puramente antropológicos. Así pues, Castaneda, viendo la buena recepción entre el público, fue dilatando su relación con Don Juan, incluso más allá de la presunta muerte del brujo, pues siguió escribiendo sobre sus experiencias con él a partir de antiguas notas y recuerdos.

Sin embargo, con el tiempo y ante una evidente lista de falsedades, incoherencias y lagunas, no pocos profesionales de la antropología hicieron notar en sus críticas que la obra de Castaneda tenía muchos puntos oscuros y que posiblemente se trataba de un fraude, empezando por la muy dudosa existencia real del brujo yaqui, Don Juan. Así, ya a inicios de los 70 fueron apareciendo voces escépticas e incluso muy duras con Castaneda, que en algunos casos se tradujeron en libros y artículos bien documentados y argumentados que desmontaban enteramente el mito de Don Juan. Posiblemente la persona que más colaboró en derribar el prestigio de Castaneda fue el psicólogo Richard de Mille, que en 1976 publicó Castaneda’s Journey: The Power and the Allegory y luego en 1980 The Don Juan Papers, sacando a la luz la gran cantidad de incoherencias y errores de un trabajo presuntamente riguroso y científico.

Para resumir este escenario crítico, aportaremos los siguientes elementos:

  1. En lo personal, Castaneda quedó bastante desacreditado al descubrirse que había mentido –al menos parcialmente– sobre su biografía y su currículo.
  2. Es del todo inusual en el contexto académico que Castaneda no facilitara a la comunidad científica las notas de campo que supuestamente había tomado en sus encuentros con Don Juan. Dichas notas originales jamás aparecieron por ninguna parte. En general, se considera que la obra de Castaneda carece de metodología y de calidad científica.
  3. Nadie vio nunca a Don Juan. Tampoco hay de él ninguna fotografía, grabación o cualquier otra referencia fiable de su existencia[4].
  4. El relato de Castaneda parece ignorar bastantes aspectos geográficos, naturales o culturales del entorno de Don Juan. Por ejemplo, pese a sus repetidos viajes a la zona, Castaneda se muestra incapaz de aprender los nombres locales de las plantas o animales. Además, está el dato nada ambiguo de que los indios yaquis no emplean el peyote.
  5. Existen numerosos detalles muy poco creíbles y episodios de desfase cronológico o espacial, que muestran que la obra es pura ficción en la que ni siquiera se ha comprobado a fondo la consistencia interna del relato.
  6. Se tiene constancia que buena parte del discurso de Don Juan es un simple plagio de autores concretos que en su mayoría pueden ser identificados sin demasiada dificultad[5]. De hecho, muchos críticos consideran que la narrativa de Castaneda es un compendio de fuentes diversas que van desde la antropología a la metafísica pasando por el misticismo, el ocultismo y otras influencias[6].
  7. Resulta incongruente que Castaneda no hubiera mencionado antes en ninguno de sus libros los llamados pases mágicos de la tensegridad (difundidos a partir de 1993), supuesta herencia directa de los antiguos hechiceros toltecas.

El resultado de estas críticas impactó negativamente en Castaneda, que se cerró todavía más en sí mismo y fomentó su aislamiento y distanciamiento de los medios. De este modo, Don Juan acabó por desaparecer de sus libros y Castaneda se centró en recopilar su obra y abrir nuevas vías místicas (o de negocio), como la ya citada tensegridad. Sea como fuere, es justo decir que mucha gente siguió comprando sus libros y asistiendo a sus talleres, porque o bien creían que la historia de Don Juan era completamente cierta o bien porque consideraban que lo importante era el mensaje transmitido. En cualquier caso, para la comunidad científica, la obra de Castaneda cayó definitivamente en desgracia al ser considerada como una pura ficción y que como tal debería venderse, pese a que aún hoy en día la editorial que publica los libros de Castaneda los califica de “no-ficción” y mantiene la reputación de este autor como antropólogo.

castaneda_movieCon todo, y aun admitiendo que Castaneda vendió una ficción literaria como si fuera una experiencia científica real, resultaría procedente ir un poco más allá y tratar de justificar la obra de Carlos Castaneda, por lo menos en algunos aspectos. En este sentido, es preciso remontarse a la época anterior a la publicación de Las enseñanzas de Don Juan y reconocer que, según los testimonios, Castaneda era un gran narrador de historias y tenía múltiples intereses en diversas materias. A partir de este punto, no es difícil ver que Castaneda tomó el campo de la antropología como eje para expresar su pensamiento y de esta forma creó un alter ego con el cual dialogaría, sirviéndole así de vehículo para transmitir sus inquietudes. Posiblemente fue así como nació Don Juan, que –como efectivamente señalan los críticos– no podía ser un personaje real, pero que en el fondo era el propio Castaneda.

No obstante, tal vez no sería del todo exacto afirmar que Don Juan es una pura entelequia, pues según el antropólogo Jay C. Fikes, analista de la obra de Castaneda, éste seguramente se entrevistó con dos o tres chamanes (en particular una curandera llamada María Sabina) para recabar información sobre la materia en cuestión. Así pues, Don Juan vendría ser una mezcla de varias personas reales de procedencia india más la propia personalidad de Carlos Castaneda, que ponía en boca del brujo todos los asuntos que él consideraba idóneos para la narración.

En definitiva, el universo mágico de Castaneda tuvo bien poco de estudio antropológico académico y sí mucho de fenómeno social y cultural. La fortuna de Castaneda es que tuvo la visión de escribir su obra en el contexto de la contracultura y la revolución de las drogas de finales de los 60, que atrajo a muchas personas que –desengañadas con el mundo real– estaban dispuestas a explorar nuevos horizontes más allá del puro materialismo y la existencia cotidiana. Castaneda sin duda aprovechó el momento y lanzó sus mensajes de rebeldía y de huida hacia realidades mágicas que no son accesibles desde la mentalidad racional y el “yo” convencional que él tanto detestaba, superando el marco estrictamente chamanístico para plantear cuestiones filosóficas o metafísicas de diversa índole.

Hasta qué punto él creyó en sus historias mágicas y se imbuyó profundamente de la filosofía de su propia creación (Don Juan), quizá no lo sepamos nunca. Podríamos decir que este es el mito de Carlos Castaneda dentro del mito de Don Juan. Así, para muchos, Castaneda siempre fue un farsante y un estafador, un hombre de perfil oscuro que sólo trató de aprovecharse de la gente. Pero dejando aparte sus licencias literarias y su visión comercial, lo que no podemos negar es que con su poca o mucha erudición presentó al gran público una vía de conocimiento que no es nada fantasiosa y que resulta ciertamente incómoda para el actual paradigma científico: la exploración del mundo interior del ser humano a través de las sustancias enteógenas y las prácticas chamanísticas, lo cual inevitablemente conduce a territorios que están más allá de la realidad material que nos rodea.

ayahuasca
Planta de la ayahuasca

En efecto, frente a las opiniones oficiales de que esas otras realidades no existen y que sólo son fruto de las fantasías o las alucinaciones (o incluso del fraude), se alza la visión de muchos investigadores serios que han experimentado personalmente dichos viajes a otros mundos paralelos tras ingerir esas sustancias, sobre todo la famosa ayahuasca, pócima ancestral de los chamanes de buena parte de Sudamérica. Sólo como referencia, cabe citar al popular autor alternativo Graham Hancock. que ha tomado ayahuasca varias veces y ha descrito con detalle sus experiencias con extrañas entidades de todo tipo en un entorno que parecía ser tan real como el universo físico que percibimos normalmente con los sentidos[7].

En fin, este es un empeño en que otros investigadores de perfil académico pero de mente abierta –como Terence McKenna o Jeremy Narby– han dejado huella, aunque todavía sigan siendo vistos como heterodoxos en muchos aspectos por el estamento académico. Desde este punto de vista, creo que vale la pena reivindicar a Castaneda, aun con toda la reprobación que podamos hacerle, porque su ficción ha abierto las puertas del pensamiento a muchas personas, que han comprendido que detrás de los conjuros, los rituales y la magia hay un sustrato científico que todavía está por explorar en su mayor parte.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Esta privacidad llegó al extremo de no dejarse fotografiar ni filmar, por lo cual tenemos muy pocas imágenes disponibles de él. Asimismo, pese a su fama, apenas concedió entrevistas.

[2] Contracción de tensión e integridad.

[3] Por ejemplo, adquiere el poder de transformarse en un cuervo y volar.

[4] Algún crítico de Castaneda incluso afirma que el apellido “Matus” no fue más que una ocurrencia del autor, a partir de su afición por el vino de Oporto “Mateus”.

[5] Mi impresión personal al leer a Castaneda coincide en apreciar que en muchas ocasiones el discurso del brujo yaqui parece demasiado elaborado y erudito, incluso en las expresiones, como para ser verídico.

[6] Por ejemplo, según el reputado antropólogo John Lash, el famoso pasaje de los voladores en “El lado activo del infinito” está inspirado directamente en los textos gnósticos y su referencia a los llamados arcontes. A su vez, R. De Mille llegó a redactar un amplio glosario (47 páginas) con todas las fuentes de las citas de Don Juan.

[7] Es oportuno mencionar aquí que Hancock defiende el derecho y la libertad de las personas a experimentar esos otros estados alterados de conciencia con las sustancias adecuadas y sin ser perseguidos por las autoridades policiales y judiciales; eso sí, siempre en un contexto controlado y dentro de la tradición chamánica. De todos modos, él mismo –desde su dura experiencia personal– no recomienda el recurso a estas sustancias, ni mucho menos como aventura, divertimento o escapada. Para más detalles, véase el artículo de este mismo blog.

 

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9 thoughts on “Carlos Castaneda y el mito de Don Juan

  1. En este como en la mayoría de casos similares, no creo que haya nada científico, pero es que el ámbito científico se queda corto en este tipo de cuestiones. Muy al contrario de lo que parece que quieren que pensemos, la ciencia solo es un método aplicable a unas cuantas cosas, no a todo y el hecho de que a algo no se le pueda incluir en las materias científicas, no lo tiene porqué desacreditar. La psicología, la Psiquiatría, la Economía… no son científicas, ni pueden serlo, mucho menos la parapsicología , la magia o la ufología, pero ahí están incuestionáblemente.

    Un saludo.

    1. Gracias por el comentario

      Bueno, lo que yo quería remarcar es que el mundo del chamanismo es tomado en gran medida por la antropología como un mero ejercicio de magia, rituales y superstición, pero detrás de eso puede haber principios científicos que no han sido explorados a fondo, a excepción de algunos autores como McKenna y Narby y si me apuras, Mircea Eliade. Recuerda que el mismo Arthur C. Clark dijo que la magia era simplemente la ciencia que aún no comprendemos. Eso sí, Castaneda se permitió fantasear con el tema y mezclarlo con otras muchas cosas, lo cual desvirtúa en parte su aportación.

      Por otro lado, admito que muy posiblemente según qué materias (por ejemplo, la parapsicología) no pueden ser abordadas con los planteamientos teóricos y metodológicos del actual paradigma. Por lo demás, estoy de acuerdo en que muchas ciencias “oficiales” no son tales ciencias porque se pasan el método científico por el forro, mientras nos venden una moto.

      Saludos,
      X.

  2. En la ENAH que es la escuela de Antropología de México, Carlos Castañeda es visto como un impostor sinvergüenza, expertos en la zona Cora y Yaqui se ríen de lo fantasioso y poco verídico de sus relatos, la cosmología de la zona no tiene nada que ver con lo que Castaneda plantea en sus libros, para mi que era, un neohippie en esa época, fue triste saber que los relatos que leí en mi adolescencia eran un autentico fraude, pero bueno por lo menos Castaneda estaba bien documentado en misticismo.

    1. Gracias Daniel por el comentario

      Sí, en el artículo ya insisto en que para el mundo académico Castaneda ha sido visto como un farsante aprovechado que tomó como excusa la antrolopogía para crear “best-sellers”. Pero precisamente su éxito se basaba en dar como real lo que él había fantaseado. Desde este enfoque, en efecto, su relato de Don Juan es un fraude; otra cosa sería valorar lo que pudo aportar para que mucha gente se acercara al auténtico mundo del chamanismo (no tanto de las drogas).

      Saludos,
      X.

  3. Tu artículo me parece objetivo y bien documentado. Leí “Las enseñanzas de Don Juan, en 1968 y los otros siete libros de la saga a medida que se fueron publicando. Lo cierto es que, después del primero, mi interés y mi fe fueron decreciendo, hasta desaparecer por completo. Las experiencias narradas en el volumen inicial tenían el encanto de introducir al lector en un modo distinto de percibir el universo de la mano de un chamán, y la descripción del proceso estaba muy bien construida, demasiado, pensé hacia el final… Sin embargo no disminuyó mi interés por el chamanismo, de un lado, y por el estudio científico de los estados de conciencia alterados. por otro.
    En EE.UU se llegaron a prohibir las sustancias psicodélicas para usos experimentales. Por aquello de que “no hay mal que por bien no venga”, científicos como Jean Houston y Robert E. L. Masters provocaron experiencias místicas mediante procedimientos mecánicos y/o audiovisuales, con resultados muy satisfactorios. Ellos y otros muchos han demostrado, a lo largo de los años, que si se alteran las percepciones, o bien se aísla al cerebro de todo estímulo exterior, se logran efectos semejantes a los obtenidos mediante la ingestión controlada en laboratorio de los productos clásicos, naturales o de síntesis.

    1. Gracias por tu comentario, peregrino

      Bueno, como ya expuse en el artículo, más allá de la ficción, Castaneda puso en primer plano las experiencias chamanísticas y el acceso a los otros mundos, y sólo por eso creo que merece un mínimo reconocimiento. La lástima es que otros autores -con enfoque científico- que han entrado en este ámbito no han llegado apenas al gran público.

      Saludos,
      X.

      1. Es cierto, hay muchas investigaciones en este campo, no sólo en el área de la antropología, sino también en el de la medicina, especialmente en las aplicaciones terapéuticas a los trastornos de índole disociativa. De hecho, entre las primeros usos científicos que se realizaron con el LSD figura en del estudio de la esquizofrenia. Aunque, ello no es óbice para toda la riqueza del enfoque chamánico. Concuerdo contigo en que Castaneda contribuyó a que se trataran los antiguos saberes con más rigor y respeto, al margen de su peripecia personal.
        Me ha satisfecho el intercambio que hemos sostenido.
        Recibe mi cordial saludo.

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