La era de la estupidez y la superficialidad

mundo_interconectadoComo ya expuse en una antigua entrada sobre Internet (“¿Infierno o Paraíso del conocimiento?”) tenemos la falsa sensación de que vivimos en una era dorada del conocimiento, en que casi toda la población tiene acceso a millones de informaciones y datos… pero ¿realmente mejora esto nuestra vida? ¿Ha avanzado nuestra conciencia? ¿Somos más sabios? No hay que reflexionar demasiado para darnos cuenta de que información, conocimiento y sabiduría son cosas bien distintas y que si bien andamos sobrados (saturados se podría decir) de lo primero carecemos bastante de lo segundo y ya no digamos de lo tercero.

En el moderno mundo civilizado vivimos inmersos en una burbuja hipertecnológica que nos hace creer que hemos avanzado mucho como especie, pero en realidad estamos cayendo en picado hasta estar bien cerca del fondo del pozo. La información que nos rodea y nos abruma es una cháchara de cosas superficiales sin ningún sentido profundo, que nos distrae y nos entretiene, pero no nos llena realmente. A su vez, el conocimiento (sobre todo, científico) nos resulta incomprensible y lo tomamos como una realidad indiscutible, cuando en su mayor parte es puro engaño y parcialidad. Cada vez parecemos estar más cerca de ser robots que acumulan enormes cantidades de información en su disco duro para funcionar de manera maquinal, sin llegar a buscar el conocimiento de nosotros mismos y del universo, que es una vía a la que sólo se puede acceder mediante la sabiduría.

El artículo que presento a continuación del mexicano Alejandro Martínez Gallardo es una excelente aproximación a la diferencia entre los conceptos citados –información, conocimiento y sabiduría– y pone bien de manifiesto que la cultura de Internet y la superficialidad de la información masiva que se nos ofrece nos aleja de la verdadera sabiduría. Por eso, hoy en día la gente ni conoce ni mucho menos sabe. Simplemente opina

La diferencia entre información, conocimiento y sabiduría

dinero electronico
Pendientes y dependientes de la información

La Internet originalmente, según la visión de Tim Berners-Lee, fue diseñada con la intención de convertirse en una herramienta de conocimiento. Se creía que la libre difusión de información automáticamente produciría una sociedad del conocimiento, una especie de nueva Ilustración. Hoy cualquiera se puede dar cuenta –quizás porque el modelo capitalista ha cooptado la tecnología de la información­– que la Internet no ha cumplido esta promesa de libertad y bienestar a través de la información. La Internet se parece cada vez más a un medio de comunicación como la televisión, cuya función esencial es entretener, pasar el rato, distraernos (al tiempo que se nos venden todo tipo de cosas e, incluso ya, nuestra información nos convierte en productos). De aquí que se haya creado el compuesto infotainment, la inseparabilidad del entretenimiento y la información, el signo de nuestros tiempos. La información es reducida fundamentalmente a un componente de entretenimiento o mera utilidad (top tens para hacernos ricos, guapos, sanos, más productivos, etc.), pero no tiene lo que Walter Benjamin llamaba un lado épico, de verdad, de sabiduría.

Las diferencias entre las palabras conocimiento y sabiduría se han vuelto un tanto difusas, ya que éstas son usadas comúnmente como sinónimos sin mucho discernimiento. Una diferencia yace en que conocimiento contiene el prefijo “con”, que significa “junto” y por lo tanto remite a una gnosis dualista, dentro de un constructo sujeto y objeto, o algo que se obtiene con o del mundo exterior. La palabra sabiduría en español tiene un origen que denota una percepción, una experiencia directa de la realidad, específicamente un sabor; podemos decir que la sabiduría es saborear el conocimiento, un acto superior que nace del reposo y la reflexión del mismo.

En inglés la palabra wisdom (sabiduría) tiene un origen similar, en este caso su raíz (wit) tiene el significado de “ver”. Esta palabra tiene la misma raíz que el latín videre (ver) e incluso que el sánscrito veda, (como en los Vedas), sabiduría, visión. Podemos sugerir entonces que el conocimiento tiene que ver más con la aplicación y recordación de información que se produce colectivamente y que la sabiduría tiene que ver más con la asimilación de la experiencia, con la capacidad de ver, descubrir e interpretar la realidad.

Charlie Amber del Daily Zen dice: “El conocimiento es adquirido, la sabiduría es descubierta (en uno mismo)”. Parece que las personas han empezado a pensar que funcionan como las computadoras. Cuanta más información le meten a sus cabezas, mejor… El acceso a esta información puede darle la impresión a una persona de estar mejor informada, pero esto no la hace más sabia.

Amber resalta un punto importante, que podemos notar como algo que distingue al conocimiento de la sabiduría: el primero es productivo, busca conocer para hacer; la segunda, es contemplativa, busca conocer para ser:

“Un siglo de industrialización y modernización ha convencido a las personas de que la conciencia más alta en el ser humano es la conciencia productiva. Es paradójico que el hombre, al moverse en la dirección de la satisfacción material y el confort, se encuentra cada vez más alejado de la vida espiritual.”

Maria Popova, del sitio Brain Pickings, hace una diferencia que nos puede servir para aclarar estas diferencias. Información es tener unos libros sobre cómo construir un barco. Conocimiento es aplicar la información para construir el barco. Sabiduría es lo que permite que navegues el barco sin que se hunda, e incluso que seas capaz de ir en la dirección correcta y llegar a buen puerto.

En este sentido la sabiduría tiene un aspecto moral que ni la información ni el conocimiento tienen. No sólo hacer lo que es bueno según la moral o ley de una sociedad, sino saber o ver qué es lo necesario para tu propio crecimiento o evolución. Hoy en día podemos construir naves especiales que viajan a Plutón y allende, pero no sabemos conducirnos de tal forma que no destruyamos la Tierra.

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Absortos por la información y el entretenimiento

Vivimos en la llamada “era de la Información”, donde la cantidad de información existente se duplica en sólo unos pocos años. Pero un aumento en cantidad no significa un salto cualitativo (como es evidente por el hecho de una computadora puede hacer muchas cosas, pero no puede resolver tus problemas y hacerte feliz). Aldous Huxley, en Un Mundo Feliz, había vislumbrado una sociedad donde la supresión del pensamiento libre y la inteligencia no ocurría a través de la violencia y la censura, sino sobre todo a través de la saturación, de la irrelevancia, del exceso de información inane (como ocurre con la cultura del entretenimiento). Conocemos más cosas, pero sabemos menos…

Según Popova: “Vivimos en un mundo donde abunda la información, pero nos enfrentamos a una creciente escasez de sabiduría.” Y lo que es peor, confundimos la una con la otra. Creemos que tener más acceso a la información produce más conocimiento, y esto resulta en sabiduría.

Pero, si acaso, lo opuesto es verdad; más y más información sin el contexto y la interpretación adecuada sólo confunde nuestro entendimiento del mundo en vez de enriquecerlo. Este es el vago mecanismo que pensamos que opera automáticamente:

+ información = + conocimiento = + sabiduría.

Pero ni la información necesariamente se convierte en conocimiento ni el conocimiento en sabiduría. Hay un par de elementos esenciales en todo esto que parecen ser cada vez más escasos: La atención dirigida y sostenida a voluntad que convierte la información en conocimiento, focalizando la misma dentro de una práctica o disciplina (la atención es algo muy escaso hoy en día, ya que la tecnología informática está diseñada para secuestrar nuestra atención a través de la hiperestimulación) y la conciencia reflexiva que da sentido a la información y al conocimiento y lo integra dentro de la continuidad de la existencia.

Gurdjieff
G. Gurdjieff

El conocimiento se vuelve sabiduría cuando es asimilado de tal forma que se convierte en una forma de vivir, en una vida plena de significado. El conocimiento que no es refinado o purificado por una conciencia moral para así transformar al individuo, se vuelve estéril intelectualidad, verborragia, sofistería. Gurdjieff dijo alguna vez que “un cambio de estado de conocimiento, deber ir acompañado de un cambio de estado de ser”. Es aquí donde el conocimiento se convierte en sabiduría, de otra forma deviene mera información (la relación es siempre dinámica, nunca estática).

Vivimos en la cultura de las opiniones. Hoy en día todos tienen el derecho a una opinión. Y todas las opiniones deben valer lo mismo, justamente porque la democracia (la religión secular de nuestros días) tomada literalmente, hasta el absolutismo, implica que no existe la sabiduría, sólo la información, sólo el promedio estadístico, la igualdad, nadie es mejor que el otro, no importa que unos hayan cultivado su mente y otros no.

Umberto Eco habló sobre esto: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios.”

Platón
Platón

La opinión es la forma más baja del conocimiento, si es que puede considerarse conocimiento. Platón, en La República, esquematizó cuatro formas de conocer o relacionarse con la realidad: noesis, dianoia, pistis y eikasia. Noesis es la aprehensión o intuición directa de principios, esto es lo que llamaríamos hoy sabiduría o entendimiento y lo cual tiene un nivel filosófico. Dianoia es conocimiento en el plano de la mente discursiva y tiene un nivel sólo científico. Estas dos primeras entran en la clasificación de episteme. Pistis es creencia o fe, sentido común práctico. Eikasia es conjetura, chisme, opinión. Estas dos últimas entran en la clasificación de doxia (opinión). Creo que queda muy claro cuáles predominan hoy en día.

En un famoso pasaje del Fedro, Sócrates toma la voz narrativa del rey egipcio que recibe la invención de la escritura del dios Thoth:

“Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es obvio lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un elixir de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.”

El pasaje es complejo ya que, por un lado, es debido a la escritura que podemos tener acceso a las mentes brillantes de pensadores como Platón, de cuya lectura el conocimiento tiene la posibilidad de transformarse en sabiduría, como si fuere en realidad un “elixir de la memoria”. Por otro lado, si cambiáramos la tecnología de la escritura en este pasaje por la tecnología de la información, el pasaje sonaría ominosamente acertado.

Quizás siempre existe una tendencia de resistencia inicial en la adopción de nuevos medios… Pero, como decía McLuhan, “todos los nuevos medios amplifican ciertas facultades sensoriales y cognitivas y amputan otras”. Generalmente nos enfocamos, deslumbrados por lo nuevo, sólo en lo que amplifican (son sólo los artistas y los filósofos los que perciben lo que perdemos, y cuando los escuchamos generalmente ya es demasiado tarde). El caso es que cada medio tiene ciertas características y existe una clara tendencia histórica a que nuestros medios de comunicación estén orientados a una mayor cantidad de información y una menor cantidad de reflexión e integración (el saboreo) de la misma.

La cultura oral es mucho más limitada en cantidad de bits, pero realiza una curaduría mucho más refinada de los paquetes de información y al mantener un nivel menos saturado puede aumentar la calidad de la transmisión. Esto es, al recibir una transmisión oral de un maestro existe una gran riqueza de tonos y matices en la comunicación (tanto verbal como no verbal) que permiten que la información pueda experimentarse (saborearse) con una alta definición que facilita su integración, que penetre en todo el organismo, por así decirlo. Esto último se presta también a momentos de epifanía o realización, momentos eureka, momentos de satori o iluminación, como ocurre en algunas tradiciones orientales.

Para concluir es pertinente regresar a Walter Benjamin, quien detectó hace unos 90 años este proceso del reemplazo de la sabiduría a cambio de la información como modelo dominante en nuestra sociedad. Benjamin entendió que el arte de la narración, el storytelling, el cuento como tal, estaba desapareciendo.

Ante el deseo de ser modernos, ante el encandilamiento de las máquinas y aparatos, ante la noción del crecimiento infinito, del progreso, se palpaba que “la experiencia [ha] perdido valor”. Asimismo surgía el individualismo de la mano de la adquisición de bienes de consumo que distinguían a los ciudadanos; perdía valor la experiencia, la sabiduría de los viejos, el mito, la fábula, la moraleja, el cuento de hadas. Surgía la novela (literalmente lo nuevo) que dependía del objeto, del libro, en oposición al relato, que se decía de memoria. La novela “ni viene de ni va hacia la tradición oral”, dice Benjamin. Nace del “individuo solitario” que no recibe consejo: “El consejo zurcido en el tejido de la vida real es la sabiduría”, escribió. La razón por la que el arte de narrar estaba muriendo era “porque el lado épico de la verdad, la sabiduría, está muriendo”, algo que podía entenderse como “un síntoma concomitante de las fuerzas productivas seculares de la historia”. De nuevo, para la productividad lo importante es la información y su capacidad de ser transformada en capital; no la sabiduría, cuyo valor es incuantificable.

Benjamin sostiene que en el pasado, lo que llamamos sabiduría era una “inteligencia que venía de lejos” pero que poseía cierta autoridad, aunque ésta no fuera sujeta a verificarse. El poder o atractivo de la información, en cambio, es que sostiene poderse verificar al instante. De hecho: “su primer requerimiento es que aparezca de tal forma que sea entendible en sí misma. Generalmente no es más exacta de lo que era la inteligencia de hace siglos. Pero mientras que la segunda estaba inclinada a tomar de lo milagroso, es indispensable que la información suene plausible. Es por esto que prueba ser incompatible con el espíritu de contar historias.”

ciencia
La ciencia como única realidad

Un caso muy concreto de esto lo vemos todos los días en las noticias en la Internet cuando se coloca un encabezado “Científicos dicen” o “Según la ciencia” y con esto se da un coeficiente de plausibilidad o verosimilitud que aniquila la sombra mágica de la narrativa, que elimina el espacio de la imaginación. Es real, limpio, objetivo, contundente. A diferencia del mito que necesariamente coloca al oyente ante un misterio, la información nos da las cosas digeridas; el trabajo del informador es presentar una realidad, eliminar lo enigmático. Con esto se crea la ilusión de que accedemos a la realidad, la cual puede ser definida de manera objetiva, ya que tenemos suficiente información para abarcarla. “Ningún evento hoy en día nos viene sin antes haber sido pasado por una explicación”.

El arte de contar historias es, contrariamente: “mantener la historia libre de explicación al tiempo que uno la reproduce… Las cosas más extraordinarias y maravillosas son relatadas con gran precisión, pero las conexiones psicológicas de los eventos no son forzadas en el lector. Se deja que él las interprete en la forma en la que las entiende, y así la narrativa logra una amplitud de la cual la información carece.”

Al pasar al dominio de la mera información, nos alejamos de lo misterioso, de lo maravilloso y lo metafórico y nos acercamos a la literalidad, a la evidencia, al dato duro, algo que quizás también sirva para explicar ciertos fundamentalismos o extremismos que surgen de tomar la escritura al pie de la letra y de no hacer espacio para la propia interpretación e imaginación.

La información nos conecta con lo nuevo, con lo actual, es noticia. Pero su valor “no sobrevive el momento en el que era nuevo. Vive sólo en ese momento; debe entregarse completamente a él para explicarse a sí misma sin perder tiempo”, dice Benjamin. A esta inmediatez se contrasta el tiempo expansivo y cualitativo (el tiempo de Kairos, no el de Cronos) de las narraciones, las cuales pueden ser distendidas y destiladas en cualquier momento, sin caducar, generando siempre un entendimiento de la existencia.

Y aquí también tenemos la diferencia entre información y conocimiento y sabiduría. Lo que único concierne al final de cuentas a la sabiduría, lo que es la sabiduría misma, es el conocimiento de lo que trasciende el tiempo. Y es que, a diferencia de la información, la sabiduría sí tiene el poder de liberar.

© Alejandro Martínez Gallardo 2017

Fuente: http://pijamasurf.com

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

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4 thoughts on “La era de la estupidez y la superficialidad

  1. Bueno… Hay cosas del artículo ke me gustan y otras no tanto. Cuando pone el ejemplo del invento de la escritura y los libros enseguida se apresura a decir, el autor, que aunque conste esa queja que resalta que la tradición oral es mejor como vehículo de comunicación y aprendizaje, las letras son necesarias para leer a “los grandes” pensadores pero ke si el ejemplo se extrapola a Internet, la cosa cambia. Internet es, en principio, un compendio de mucha información, y ésta por sí sola no garantiza el conocimiento ni la sabiduría, pero si se compara con los tan sobrevalorados libros, pasa lo mismo; no por muchos libros que se lean, se va a adquirir conocimiento y luego sabiduría; es más, hay libros muy interesantes, que tienen algunas lagunas, y hay muchisimas cosas, como aprender a distinguir setas, que el peor sitio para conocerlas es en los libros, pues lo mejor es verlas y tocarlas en vivo, y luego también hay, incluso libros hechos expresamente para manipular al personal, como los periódicos y la tele.Internet, como el coche, hay ke saber usarlo, pero eso depende mucho de la forma de ser de cada persona. Internet, es también un espacio en el que personas que no se conocían de nada, pueden incluso llegar a hacer algún proyecto juntas incluso usando solo el ciber- espacio y esto antes no pasaba. En cuanto a que opinar y expresarse en Internet tenga que estar reservado solo a gente “de prestigio”… sin comentarios.

    1. Gracias por tu comentario Ania

      Bueno, reconozco que el artículo puede parecer por momentos un poco elitista, pero yo me quedo con su fondo, más que con las apreciaciones concretas. En efecto, la forma de usar una herramienta puede variar mucho de una persona a otra, y en este sentido Internet lógicamente también tiene su contraparte positiva, ya que ha permitido una conexión global de información y sobre todo el acceso a un conocimiento digamos alternativo o herético, si bien es cierto que hay que tener la mente muy afinada para sacar un poco de oro de un montón de arena sin valor.

      Para mí, en muchos aspectos, internet es una ceremonia de la confusión donde no sabes a qué atenerte, pero por lo menos todavía se respira allí un poco de libertad si lo comparamos con los medios tradicionales, la educación, las consignas oficiales, etc. De todas formas, la propia realidad del mundo me demuestra que la cantidad no hace la calidad y que estamos lejos de la antigua sabiduría que se expresaba en la tradición oral. Nuestra visión del mundo está cada vez más limitada y controlada a pesar de tanta difusión de información. Y como suelo decir: el conocimiento esotérico (para los elegidos) se queda donde está mientras que el exotérico (para la plebe) corre alegremente por todas partes.

      Un saludo,
      X.

  2. Los que gozan de más cantidad de información, no son necesariamente los que mejor la usan.
    La información es algo muy valioso e Internet es una buena fuente de información. Supongo que por eso mismo sería muy peligroso permitir que cualquiera pudiera acceder a ella, de igual modo que impedirlo sin más. La solución ha sido perfecta, ocultar lo valioso entre cientos, miles, millones de datos inútiles entregados a una sociedad ya desde hace tiempo infantilizada y acostumbrada a la recompensa inmediata y a que alguien les de las respuestas.

    Recuerdo que hace tiempo también, me sorprendió descubrir que alguien al que yo consideraba bastante estúpido y acrítico, poseía una extensa y valiosa biblioteca, cuyos cientos de volúmenes había leído. ¿como podía no haber sacado nada de todos ellos?, pero así es. Creo que fue entonces cuando comprendí la diferencia que expone el artículo. 😉

    Saludos.

    1. Gracias piedra

      Precisamente por eso, aun se considera “sabias” a muchas personas, sobre todo ancianos, que apenas tienen estudios o formación, pero “saben”. Y en efecto, mucha información no hace mejores personas, ni siquiera da auténtico conocimiento. Internet abruma y distrae aunque unos pocos le pueden sacar partido, pero en general tantos datos y comunicación acaban por producir empacho y un efecto de aplastamiento y ocultación de la verdad.

      Saludos,
      X.

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