Franco, rojo y masón

Introducción

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Francisco Franco en 1923

Podríamos decir que los caminos de la historia son inciertos o inescrutables. O que existen miles de posibilidades y que al final sólo se materializa una de ellas, por lo menos en este Universo. En el verano de 1916, el teniente Francisco Franco Bahamonde fue herido de gravedad en el norte de África durante una escaramuza contra los rifeños. Fue un disparo limpio en el abdomen que, en la mayor parte de los casos, comportaría una muerte segura. Pero según sus hagiógrafos, fue la misma Providencia la que salvó milagrosamente al futuro Caudillo para que pudiera prestar un inestimable servicio a su pueblo.

Así pues, Franco fue ascendido a capitán por méritos de guerra (por la herida sufrida) y empezó a consolidar un liderazgo carismático y mesiánico que ya no le abandonaría hasta el final de sus días. Y de todos es sabido que se convirtió luego en el general que ganó una sangrienta guerra civil, llegando a ser dictador y jefe del Estado durante casi 40 años. Todo el mundo en España sabe quién fue, y su nombre quedó grabado a fuego en las páginas de la Historia. Sin embargo, si el joven teniente Franco hubiera perecido en aquella escaramuza, hoy el apellido Franco sería recordado de un modo radicalmente distinto. Porque hubo otro Franco, y no menos famoso en su época: Ramón, el hermano pequeño de Francisco.

Actualmente, fuera del ámbito de los historiadores, de los aficionados a la aviación y de algunos interesados por la convulsa España de la Guerra Civil, la figura de Ramón Franco Bahamonde es prácticamente desconocida para la mayor parte de la población española. No obstante, y sin ningún atisbo de exageración, se puede decir que al menos hasta 1934 Ramón Franco gozó de una fama igual o superior a la de su hermano Francisco, que pocos años antes se había convertido en el general más joven de Europa. Pero empecemos por el principio.

El héroe aviador

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Ramón Franco, comandante de aviación

Ramón Franco nació en El Ferrol el 2 de febrero de 1896 y fue el penúltimo hijo de Nicolás Franco (general intendente de la Armada) y de María Pilar Bahamonde, que ya habían tenido a Nicolás, Francisco y Pilar[1]. Según se recalca en todas sus biografías, Ramón fue el único de los hijos que heredó el carácter abierto y extrovertido de su padre Nicolás[2], con un marcado talante de vividor, mujeriego, exaltado y rebelde, rasgos que determinaron su agitada vida, tanto en lo privado como en lo público.

Al igual que sus hermanos, de joven optó por hacer la carrera militar –a pesar de que su madre quería que se hiciera sacerdote– y en 1911 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo. De allí salió con el grado de teniente[3] en 1914, siendo destinado al Protectorado de Marruecos donde consolidó su trayectoria militar como tantos otros oficiales de la época, incluido su hermano Francisco. Según las crónicas, como oficial de infantería fue conocido como “el chacal”, impetuoso y temerario en el combate y al mismo tiempo amante de las juergas. Pero siendo una persona apasionada y de perfil aventurero, Ramón no pudo dejar pasar la oportunidad de adentrarse en el campo de la aviación, tras haber sido destinado a la Aeronáutica militar en 1920. De este modo, obtuvo su titulo de piloto y tomó parte en diversas acciones aéreas en el Protectorado, sobre todo en hidroaviones, y fue finalmente condecorado con la Medalla Militar en 1924 por sus méritos en servicio.

No obstante, la carrera y la vida de Ramón iban a dar un salto espectacular apenas dos años después, cuando en plena euforia planetaria por los logros de la moderna aviación, decidió emprender una aventura muy típica de aquella época: llevar a cabo un raid transoceánico con un hidroavión. Antes de proseguir, empero, hay que puntualizar que en esos tiempos la aviación aún estaba relativamente en pañales y que los aviones eran técnicamente muy precarios –comparados con los de hoy en día– y que sufrían de bastantes problemas y carencias. Por consiguiente, realizar un viaje de miles de kilómetros a través de océanos y continentes era todo un reto en que los aviadores se jugaban literalmente la vida, y de hecho muchos fracasaron o murieron en el empeño.

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Tripulación del Dornier Wal “Plus Ultra” (1926). Franco, en el centro.

De esta manera, espoleados por otras hazañas internacionales, el entonces comandante Franco y otros compañeros aviadores consideraron que España también merecía ocupar un lugar destacado en la carrera aeronáutica pese a ser un país relativamente atrasado en cuestiones de aviación. Así nació el proyecto del raid de España a Argentina, cruzando buena parte del Atlántico en un hidroavión de diseño alemán, un Dornier Wal, al que se bautizó como Plus Ultra. Así las cosas, Franco –junto con el capitán Ruiz de Alda, el teniente Durán y el mecánico Rada– partió de Palos de la Frontera (Huelva) el 22 de enero de 1926. El viaje tuvo no pocos contratiempos (incluido un incendio) pero con mucho valor y pericia la tripulación del Plus Ultra logró recorrer los más de 10.000 kilómetros de travesía en cuatro etapas y llegar al Río de la Plata el día 10 de febrero. El recibimiento allí fue entusiástico y al volver a España se repitieron las aclamaciones populares, las celebraciones y los homenajes. Ramón ya se había convertido en todo un héroe nacional e internacional, llegando a ser portada del New York Times.

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El “Plus Ultra” a su llegada al Río de la Plata (Argentina)

Más tarde, en 1929, intentaría un raid similar con otro Dornier más moderno, pero esta vez cruzando el Atlántico norte con destino a Nueva York. Lamentablemente, la aventura fracasó por un fallo mecánico y Franco tuvo que ser rescatado en medio del Atlántico por un portaviones británico tras pasar varios días a la deriva. Con todo, fue recibido apoteósicamente por las masas y su prestigio quedó aún más consolidado. Sin embargo, lo peor vino después, ya que a causa de serias desavenencias con el régimen político imperante y muy en particular con el general Primo de Ribera[4], fue arrestado temporalmente y causó baja en la Aviación Militar. Fue justo en esta época cuando empezó otra etapa en la vida de Ramón Franco, muy ligada a la política.

El revolucionario

En efecto, tras haber disfrutado de sus aventuras militares y aeronáuticas, Ramón se implicó de lleno en la oposición a la dictadura del general Primo de Ribera y al régimen monárquico, y se mostró abiertamente partidario de la instaurar la república en España, así como de implantar la revolución popular. Además, en esos tiempos ya había sido iniciado en la Masonería y se había declarado fuertemente anticlerical. Su vehemencia y ardor revolucionario fueron tales que llegó a escribir un duro artículo amenazando con “linchar, quemar, dinamitar o despedazar a los enemigos de la revolución” e incluso consideró recurrir a las bombas para cometer atentados terroristas contra el poder. Por estas actitudes tuvo que ser encarcelado en Madrid por orden de su propio hermano en octubre de 1930 para evitar males mayores, aunque se logró fugar de la prisión con la ayuda de su inseparable ayudante Rada, causando con ello cierto revuelo social y mediático.

Así, no es de extrañar que apoyara el fallido intento de sublevación militar de Jaca de diciembre de 1930, ya en plena descomposición del régimen dictatorial. Pero todavía fue más allá y, llevado por su típica exaltación y personalismo, participó en otra intentona republicana días después, la de Cuatro Vientos, en la que llegó a volar sobre el Palacio Real de Madrid con la intención de bombardearlo, aunque finalmente desistió de este propósito al ver unos niños jugando en unos jardines próximos. Ramón Franco tuvo que escapar de España junto con el general Queipo de Llano (otro conspirador pro-republicano) y refugiarse en Lisboa para no ser detenido y juzgado.

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Ramón Franco durante la República

No obstante, la proclamación de la República Española el 14 de abril de 1931 le rescató del exilio y le catapultó de nuevo a la palestra política, siendo nombrado jefe de la Aviación Militar por el Gobierno Provisional. Aunque su ideario político no estaba muy claro, parecía estar más próximo al anarquismo que al comunismo, y era declarado partidario del federalismo, pero siendo él persona independiente y rebelde no militó en ningún partido concreto. Eso sí, en las primeras elecciones bajo régimen republicano se presentó por Barcelona y Sevilla en las listas de Esquerra Republicana de Catalunya y del Partido Republicano Revolucionario, junto al andalucista Blas Infante, obteniendo un escaño en el parlamento dentro de una minoría de extrema izquierda. En su típico talante revolucionario e inflamado, estableció su base política en el aeródromo de Tablada (Sevilla) desde el cual realizaba vuelos para el lanzamiento de octavillas y preparaba un alzamiento revolucionario, pero el gobierno, por mediación del general Sanjurjo, ordenó ocupar el aeródromo[5].

Sin embargo, los analistas coinciden en afirmar que este paso por la política fue un grave error porque el Congreso no era su lugar, ya que él carecía de oratoria, de tacto y de la mentalidad política al uso. Su fracaso en el parlamento vino marcado por una dura recriminación por parte de Miguel Maura (entonces Ministro de Gobernación) sobre el episodio de Tablada, a la cual Ramón no supo responder adecuadamente. Precisamente Maura dijo de él: “He visto menos personas más alocadas y menos reflexivas que el pobre Ramón Franco”. A partir de este punto, su imagen y su prestigio público quedaron en entredicho. Esto no es difícil de entender pues Ramón iba de cara y era un hombre de acción, no de politiqueos y brillantes discursos.

Sea como fuere, tanta exaltación y radicalismo le habían hecho ganar muchos enemigos y Manuel Azaña no tuvo más remedio que cesarlo como jefe de la Aviación, lo que provocó el progresivo distanciamiento entre Ramón y el nuevo régimen, y en particular con el propio Azaña. De hecho, en 1933 ya no se presentó a las elecciones y solicitó su readmisión en la aeronáutica militar. Al año siguiente Franco, que se acababa de divorciar y vuelto a casar, se desmarcó de la lucha política y solicitó al gobierno de la CEDA un puesto diplomático, siendo destinado como agregado aéreo en la embajada española de Washington. Y fue desde tierras americanas que Ramón vio el triunfo del Frente Popular en 1936 y la escalada de caos y violencia en que se estaba metiendo el régimen republicano.

El piloto desorientado

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Manuel Azaña, presidente de la República en 1936

Así pues, el alzamiento militar del 18 de julio de 1936 –en el que tan profundamente implicado estaba su hermano– sorprendió a Ramón en los Estados Unidos. Desde el principio Ramón tuvo claro que debía hacer algo, pues no podía observar los hechos pasivamente desde la distancia. Su corazón estaba con la República y la revolución, pero dudaba. Su primer movimiento fue sondear su vuelta a España en el bando gubernamental, pero desde el entorno del presidente Azaña se le insinuó que no se incorporase a las filas republicanas, con el agravante de ser hermano de uno de los líderes destacados de la sublevación. Incluso parece ser que el propio Azaña, que no le tenía precisamente mucha simpatía, dijo literalmente “¡Que no venga, que lo pasaría muy mal!”

Debieron de ser unos momentos muy difíciles y de gran desorientación para Ramón, viendo la situación en su conjunto. Pero lo que acabó de decidirle fue la noticia del asesinato de su viejo amigo Ruiz de Alda (entonces líder falangista) en los sucesos de la cárcel Modelo de Madrid en agosto de 1936. Además, su hermano Francisco ya estaba alcanzando la cima de su poder político y militar en el otro bando, y eso debió pesar también a la hora de involucrarse en el conflicto del lado sublevado. Asimismo, como reconoció públicamente, estaba convencido de que un régimen firme era la mejor solución para España en esa coyuntura. Finalmente, en octubre viajó a Portugal y con la ayuda de su hermano Nicolás pasó a la zona controlada por las fuerzas que dirigía su otro hermano, para quedar bajo su protección y a sus órdenes, dado que entonces ya era “Generalísimo” y máximo jefe político de la llamada “España nacional”.

Francisco Franco lo recibió en Salamanca, lo ascendió al grado de teniente coronel y le concedió el mando de la Aviación de Baleares, con base en Pollensa (Mallorca). Sin embargo su vuelta a las armas –y del lado faccioso– no iba a ser precisamente un camino de rosas. El jefe de la aviación franquista, el general Alfredo Kindelán, hombre muy conservador y monárquico, no podía ver ni en pintura al hermano del Generalísimo por su innegable pasado izquierdista y revolucionario. Además, se sintió muy ofendido porque en ningún momento se le informó de la decisión ni se pidió su parecer. Y este mismo sentimiento lo compartían muchos otros jefes y oficiales sublevados que veían a Ramón como una especie de enemigo infiltrado. Totalmente enojado, Kindelán escribió una cortés –pero muy dura– carta al general Franco el 26 de noviembre de 1936, quejándose del evidente “enchufe” en la persona de Ramón. Véase, a modo de ejemplo, el fragmento más demoledor de dicha carta:

“La medida [el nombramiento de Ramón Franco], mi general, ha caído muy mal entre los aviadores quienes muestran unánime deseo de que su hermano no sirva en aviación, a lo menos en puestos de mando activos. Los matices son varios; desde los que se conforman con que trabaje en asuntos aéreos fuera de España hasta los que solicitan sea fusilado, pero unos y otros tienen el denominador común de rechazar, por ahora, la convivencia, alegando que es masón, que ha sido comunista, que preparó hace pocos años una matanza durante la noche de todos los jefes y oficiales de la base de Sevilla y sobre todo que por su semilla, por sus predicaciones de indisciplina, han tenido que ser fusilados Jefes, Oficiales y Clases de aviación.”[6]

El general Kindelán se debió quedar a gusto con estas afirmaciones tan francas y directas, y de no haber sido una persona de la máxima confianza de Francisco Franco tal vez hubiera acabado en la cárcel o frente a un pelotón de fusilamiento[7]. En fin, con estos precedentes, no es difícil imaginar que Ramón no se sintiera muy a gusto en Mallorca pese a su posición de mando y su retorno a su adorada aviación. Nadie confraternizó con él, y ni siquiera le estrecharon la mano. Y las relaciones con las nutridas fuerzas aéreas italianas estacionadas en Mallorca no fueron mejores.

Lo que podemos suponer es que Ramón, que había adoptado en Mallorca una conducta moderada, vivó una situación de tensión y de contradicciones internas. Así, a pesar de su adhesión sincera a los facciosos, debía ser muy consciente de que todos sus amigos y antiguos correligionarios estaban luchado en el bando opuesto y que él estaba aislado entre sus compañeros de armas. Según algunos autores, esta tensión se tradujo en un progresivo deterioro físico, más apreciable durante 1938. Entretanto, fue cumpliendo con su cometido sin mayores problemas, pero inevitablemente casi toda su vida se había reducido a las misiones militares de bombardeo sobre la costa mediterránea[8].

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Base de hidroaviones de Pollensa (Mallorca) durante la Guerra Civil. Los hidroaviones son los Cant Z-506

Así llegamos a la mañana del 28 de octubre de 1938, en la cual –según las órdenes– Ramón debía bombardear los muelles del puerto de Valencia. Iba a ser una incursión relativamente rutinaria de sólo dos aparatos, los modernos hidroaviones italianos Cant Z-506 Airone. Pero el tiempo era malo y los dos aviones se vieron pronto metidos en condiciones adversas. Al parecer, el segundo avión –pilotado por Rodolfo “Rudy” Bay– pudo esquivar lo peor de una tormenta pero no así el de Ramón. El Cant de Ramón, matriculado 73-1, cayó en picado al mar y todos sus ocupantes perecieron al instante. Bay, tras haber visto con impotencia el desastre, abortó la misión y regresó a la base. Todos los cuerpos fueron recuperados al día siguiente excepto el del radio-operador, que no apareció jamás. El mando franquista no abrió ninguna investigación oficial acerca de lo sucedido y sobre el cadáver de Ramón se colocó una tarjeta con la siguiente nota: “Fallecido en accidente de aviación a causa del mal tiempo”.

Ramón Franco Bahamonde había muerto con sólo 42 años. Fue enterrado en Palma de Mallorca el 31 de octubre de 1938 con honores militares, pero a la ceremonia no asistió su hermano Francisco, que se limitó a enviar un formal telegrama de condolencia elogiando la entrega del aviador Franco, aunque sí estuvo presente su otro hermano, Nicolás. Se le otorgó una condecoración militar y se le ascendió a coronel a título póstumo. A día de hoy, sus restos mortales siguen allí, en un panteón dedicado a los aviadores franquistas caídos en la guerra. Sus hermanos mayores le sobrevivieron en muchos años, ya que fallecieron los tres entre 1975 y 1989.

¿Quién asesinó a Ramón Franco?

A pesar de que durante décadas el régimen franquista corrió un tupido velo sobre la polémica figura del hermano del Caudillo, nunca se pudieron evitar del todo los rumores acerca de las extrañas circunstancias de la muerte de Ramón. Estos rumores y sospechas fueron creciendo con los años y actualmente algunos estudiosos afirman que la muerte de Ramón no se debió a un accidente sino a un calculado sabotaje, con lo cual estaríamos hablando de asesinato. Ahora bien, ¿quién estaría detrás de dicho acto criminal?

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¿Conjura masónica?

Pilar Franco confesó en una entrevista televisiva[9] que en realidad su hermano había sido víctima de un complot de los masones. Según ella, Ramón se había enemistado con la Masonería y estaba escribiendo un libro muy crítico llamado La burla del grado 33, lo que le había puesto en el punto de mira de los masones, que lo habrían amenazado de muerte. Así, Ramón examinaba muy bien el avión antes de cada salida para evitar sabotajes. Pero el 28 de octubre fue distraído mientras manipulaban su hidroavión y luego le obligaron a tomar otro aparato porque el suyo tenía una rueda que no se podía reparar[10]. Sin embargo, pese a sus recelos, tuvo que obedecer las órdenes, y así fue como partió hacia Valencia y luego sufrió “el accidente”, o sea, el estallido de una bomba que acabó con su vida y con la del resto de tripulantes. Y para acabar de dar el toque novelesco, Pilar afirmaba que antes de quedar precintada la casa de su difunto hermano, los masones lograron entrar en ella y llevarse el manuscrito de la citada obra.

Para muchos expertos, la versión de Pilar Franco no tiene ninguna validez, pero sí ven una mano negra detrás de los acontecimientos. En primer lugar, muy poco antes de despegar, los pilotos recibieron la orden de cambiar de avión y tripulación[11], con lo cual Ramón pasó al avión de Bay y éste al de Ramón. Este hecho era del todo insólito, pero ambos obedecieron –aunque extrañados– y se inició la misión. En este punto cabe referirse al testimonio dado por el propio Bay en una entrevista poco antes de morir[12], en la cual el piloto confesaba sin tapujos lo siguiente:

Para mí está muy claro que fue un sabotaje. Muy bien preparado pero un sabotaje, sin duda. Es difícil demostrarlo al cabo de los años, pero no me cabe duda de que el avión estaba preparado para que ocurriera lo que ocurrió.

Básicamente, lo que Bay explicó es que cuando el avión de Ramón estaba a la altura del cabo Formentor, a unos 4.000 metros, ya sobre las nubes, de repente se quedó casi parado, se desplomó a un lado y empezó a caer sin control. La tormenta quedaba bajo las nubes y de hecho los restos del avión no mostraban los desperfectos típicos debidos a la acción del granizo, por lo que el efecto de la tormenta quedaría descartado. Por otro lado, en su opinión profesional, ninguna tormenta por debajo de 4.000 metros podría derribar a un trimotor de ese tamaño. Bay cree que fallaron simultáneamente tanto los motores como los controles y no hubo manera ni tiempo de reaccionar. Y para enturbiar más el asunto, al recuperar los cuerpos se apreció que Ramón presentaba una clara herida en la sien, una circunferencia de un centímetro de diámetro ennegrecida en los bordes[13]. ¿Un disparo, tal vez? ¿Suicidio o crimen? Lo que parece obvio es que dada la fuerza del impacto contra el mar, era muy improbable que nadie sobreviviese.

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Hidroavión trimotor Cant Z-506, idéntico al que pilotó Ramón Franco en su última misión

De todos modos, como aún defienden bastantes autores, la posibilidad de un fatal accidente por la acumulación de varias circunstancias es algo razonable y no podemos descartarla. Sin embargo, lo que está claro es que la pericia y la experiencia de Ramón Franco eran grandes y que en condiciones normales de avería mecánica o de mal tiempo hubiera podido controlar el avión y regresar a la base o realizar un amerizaje de emergencia. El trimotor Cant era un avión muy capaz y moderno y parece raro que todo fallara de golpe. Teniendo en cuenta que el afamado Plus Ultra era un avión mucho más rudimentario y que fue sometido a una prueba mucho más dura, resulta difícil creer que Ramón no hubiera podido reaccionar ante un imprevisto y salir del paso.

Por consiguiente, suponiendo que la tesis conspirativa sea cierta, quedaría la incógnita de quién ordenó sabotear el avión de Bay (que finamente pilotó Ramón Franco). Si dejamos a un lado la confusa conspiración masónica, está claro que Ramón tenía muchos enemigos entre las filas franquistas, empezando por Kindelán y otros muchos mandos. También existe la remota posibilidad de que algún republicano infiltrado –pero de bajo rango– hubiera querido castigar la imperdonable traición de Ramón, pero dada la orden superior del cambio de aparatos parece una propuesta muy forzada.

Y finalmente nos queda Francisco Franco. ¿Sería éste capaz de sacarse de en medio a su propio hermano, al que había acogido un par de años antes aun después de todo su historial? Puede parecernos algo radical, pero no mucha gente sabe que Franco mandó fusilar nada menos que a su primo hermano al iniciarse el Alzamiento en África. Se trataba del comandante de aviación Ricardo de la Puente Baamonde[14], que se negó a entregar la base aérea de Tetuán a las fuerzas sublevadas del coronel Sáenz de Buruaga, aunque finalmente hubo de rendirse ante la superioridad de los atacantes. Poco después Franco llegó a Tetuán y tras informarse de lo acaecido ordenó –aunque no firmó– su ejecución para no mostrar signos de debilidad ante sus camaradas, pese a que Ricardo había sido desde niño casi un auténtico hermano para él[15]. Por lo demás, es bien sabido que Franco no toleraba defecciones u oposiciones a su mando, ni en lo político ni en lo militar, y no dudaba en castigar sin piedad a quien fuera, como por ejemplo a Manuel Hedilla, jefe de la Falange Española de las JONS, al que condenó a muerte en 1937, aunque luego indultó.

En suma, dado el inexplicable trueque de aviones y de tripulaciones a última hora, la rapidez del desastre y la nula investigación de los hechos, la hipótesis de una posible conspiración bien urdida para asesinarlo no es ni mucho menos descabellada, aunque seguiremos sin saber quién pudo dar la orden y mover los hilos para que se manipulara el aparato. La gran pregunta sería: ¿podía alguien en aquel tiempo eliminar ni más ni menos que al hermano del Generalísimo sin su conocimiento o consentimiento? Por cierto, el Caudillo apenas mostró la más leve emoción al conocer la trágica noticia del “accidente” de su hermano. ¿Lo esperaba, acaso? Y mejor no hablemos de otros dos célebres accidentes aéreos de la Guerra Civil, los que acabaron con la vida de los generales Sanjurjo (1936) y Mola (1937), ambos claros rivales de Franco para la máxima jefatura del bando sublevado…

La relación entre Francisco y Ramón

Todos los expertos coinciden en que los dos hermanos nunca se llevaron bien y que con el paso del tiempo el distanciamiento se hizo cada vez mayor, pues ya no sólo se trataba de dos formas muy distintas de vivir la vida, sino de insalvables discrepancias morales, ideológicas y políticas, hasta el punto de estar años sin hablarse. Además, pese a la meteórica carrera militar de Francisco, auspiciada por el propio Alfonso XIII, Ramón le superó en fama y reconocimiento popular con su gesta del Plus Ultra y sin duda fue un personaje polémico y protagonista de la época final de la dictadura de Primo de Ribera, para convertirse luego en toda una estrella de la naciente República. Es posible que en este contexto Francisco llegara a sentir celos de su hermano. Y en esto convergían de algún modo: ambos eran fuertes personalidades, amantes de los baños de masas y de la admiración pública, aunque desde dos enfoques bien diferentes.

El ocaso de Ramón Franco coincidió con su fallida aventura política y su desengaño con el régimen republicano, pues no halló en éste la salvaguarda de los intereses de las clases más desfavorecidas, sino “más de lo mismo”. Y justamente en 1934, su hermano Francisco salió del ostracismo para pasar al primer plano como “salvador de la República” (tal como lo denominó la prensa del momento) tras haber aplastado la revolución de Asturias. No sabemos hasta qué punto el influjo del triunfante Francisco pesó en la decisión de Ramón de unirse a él, ya iniciada la guerra, pero es razonable pensar que Ramón acabó por caer en una profunda pesadumbre por su decisión, pues más pronto que tarde debió sentir que se había equivocado y que no sólo había traicionado a sus amigos, sino que se había traicionado a sí mismo.

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Francisco y Ramón Franco en África (1925)

En fin, para su hermano Francisco, Ramón no dejó de ser una piedra en el zapato, un bala perdida, una oveja negra (o “roja” para ser más exactos), y durante muchos años intentó hacerle volver al redil de la cordura, la moderación y la legalidad y le avisó de que acabaría muy mal sino cambiaba radicalmente de actitud, como queda patente en varias pruebas documentales. Ramón, por el contrario, siempre se mostró desdeñoso y distante con su hermano, pues no podían ser más incompatibles, tanto en su forma de ser como en sus ideas políticas.

Pero Ramón sabía muy bien del carácter megalómano y egocéntrico de su hermano. Es conocido que una vez le dijo a otro militar, Vicente Guarner: “Paco, por ambición sería capaz de asesinar a nuestra madre y por presunción mataría a nuestro padre.” Y en esto no iba muy desencaminado, pues su hermano Francisco puso por delante de cualquier otra consideración su interés personal y el del país, a los que fusionó en una sola cosa, reduciendo su vida personal y afectiva al mínimo posible. Así, incluso sus familiares más próximos –aunque le sirvieron bien– nunca fueron reconocidos ni apreciados por el frío y seco Francisco, imbuido en su espíritu militar y endiosado por sus acólitos.

Y pasado un cuarto de siglo desde el final de la Guerra Civil, Ramón ya no era más que un triste recuerdo para el Generalísimo, tal como se aprecia en este comentario a su primo Francisco Franco Salgado-Araujo, que incide en la idea de la oveja descarriada:

“…sucede en muchas familias que salga un chico descarriado ignorándolo los padres. El caso de mi hermano Ramón es uno de ellos. […] Exactamente no sé si era comunista o anarquista, pero para el caso es lo mismo. Su actuación para mí y para mi madre no pudo ser más desagradable, pero en nada teníamos culpa de ello.”[16]

Epílogo

En la actualidad, Ramón Franco Bahamonde sigue siendo un gran desconocido, después de haber sido casi completamente ignorado por el régimen franquista durante 40 años y denostado por los demócratas por haberse unido a su hermano el dictador. Existen algunos pequeños monumentos a su memoria (sobre todo por la hazaña del Plus Ultra[17]) y también hay varias calles con su nombre, aunque ninguna de ellas es especialmente destacada en su población. A decir verdad, sólo los apasionados de la aviación mantienen el recuerdo y el prestigio de Ramón.

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El libro sobre la gesta del “Plus Ultra”

Volviendo al escenario de historia-ficción presentado en la introducción, no sabemos qué hubiera podido suceder si su hermano Francisco hubiera muerto en 1916. Tal vez Ramón podría ser hoy recordado como uno de los grandes líderes republicanos que se enfrentó al general Mola (“jefe de la sublevación”). Tampoco sabemos qué hubiera pasado si Ramón hubiera sobrevivido a la guerra, pero es muy posible que al ver que Francisco no estaba dispuesto a dejar el poder no hubiera tardado en enfrentarse a su hermano, lo que comportaría seguramente su desgracia.

No obstante, la realidad es que Ramón  fue víctima de sus impulsos, contradicciones y salidas de tono y acabó por crearse enemigos en todos los frentes. Pero él era así, un hombre de fuertes contrastes, sin término medio. Su agitado perfil vital es digno de novela o de producción cinematográfica y corre en paralelo con el de otros nombres ilustres de su misma época como por ejemplo Antoine de Saint-Exupéry, gran aviador, aventurero y escritor (autor del famosísimo libro El principito), que también falleció en extrañas circunstancias volando un aparato militar en 1944.

En definitiva, viéndolo con la perspectiva y el beneficio del tiempo pasado, el trágico final de Ramón fue probablemente el mejor que podía tener un moderno héroe del siglo XX, quizá comparable al de los clásicos héroes románticos, si bien sería prudente no mitificar su figura, aunque ello fuera como contrapunto de su hermano.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Los Franco tuvieron otra niña, Mª Paz, nacida en 1899, que falleció un año después.

[2] Otros estudiosos consideran que Nicolás hijo también era relativamente extrovertido pero no tanto como Ramón. Francisco sí era claramente de un carácter mas sobrio y reservado, como su madre.

[3] Por cierto, y a diferencia de la mediocridad de su hermano Francisco, obtuvo una notoria 37ª plaza entre más de 400 alumnos.

[4] Ramón Franco había optado por usar un aparato de fabricación italiana en vez de un modelo español patrocinado por el gobierno. Franco cambió las matrículas de los aviones para no dar explicaciones, pero al saberse a la vuelta su trampa fue duramente reprendido y represaliado por el dictador Primo de Ribera.

[5] En esa misma época, Ramón Franco denunció haber sido víctima de un atentado en Lora del Río, cuando se hundió el estrado desde donde estaba pronunciando un mitin, lo que le produjo la fractura de su pierna derecha.

[6] FRANCO SALGADO-ARAUJO, F. Mis conversaciones privadas con Franco. Ed. Planeta. Barcelona, 1976

[7] De hecho, Franco no contestó a esa carta. Kindelán jamás vio al Caudillo como su superior sino como un igual, y lo apoyó y criticó a partes iguales. No obstante, sus conspiraciones pro-monárquicas le pasaron factura y Kindelán fue progresivamente marginado y estuvo a punto de ser encarcelado, aunque acabó exiliado en las Canarias. Este oscuro final se debió en parte por su posición favorable a la vuelta de la monarquía pero también en gran parte por este abierto desaire en el episodio de Ramón Franco.

[8] No obstante, existen dudas sobre el carácter de sus misiones, pues el historiador José Silva afirma que ninguna de sus acciones estuvo relacionada con bombardeos a poblaciones. Por otro lado, he recogido una información, no confirmada con fuentes originales, de que en un vuelo sobre Alicante el 6 de octubre de 1938 lanzó alimentos para la población.

[9] Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=XIVfMiVO6FI

[10] Muchos críticos descalifican esta historia porque Pilar Franco no cayó en la cuenta de que los hidroaviones no llevan ruedas sino flotadores.

[11] La tripulación de Ramón estaba compuesta por falangistas que tenían la misión encubierta de vigilar que no se pasase al enemigo, ya que se seguía desconfiando de él.

[12] Aparecida en el número 99 de la revista Mach.82, publicación del SEPLA, de mayo de 1999.

[13] El cadáver también había perdido parte de la pierna derecha, la misma que Ramón se había fracturado durante un mitin en su etapa política republicana.

[14] Éste lo escribía sin la “h” intercalada.

[15] De todos modos, ya llevaban cierto tiempo enemistados, pues Ricardo era firmemente republicano y en la revolución de Asturias de 1934 se había negado a bombardear a los mineros con sus aviones, como le había ordenado su primo, al mando de las operaciones. Se cuenta que Franco le había dicho: “Un día te voy a tener que fusilar”. Y cumplió su palabra.

[16] FRANCO SALGADO-ARAUJO, F. Mis conversaciones privadas con Franco. Ed. Planeta. Barcelona, 1976.

[17] El avión original nunca volvió a España; se quedó en Argentina –donado por el rey Alfonso XIII– y allí sigue en un museo. En España se construyó una réplica, que se puede visitar en el Museo del Aire.

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2 thoughts on “Franco, rojo y masón

  1. El disparo del abdomen… por lo que yo se le costó un Güevo, que se dice, vamos que perdió un testículo, que es algo con lo que algún psicólogo pretende explicar la megalomanía del asesino del Ferrol o su complejo de inferioridad.
    Sobre la masonería, sabía que su hermano pertenecía y el odio del carnicero hacia ella parece ser que nació al ser él rechazado. Se ve que no dejan entrar a cualquiera.

    Está claro que se más y por desgracia, de la miserable vida de su hermano que la del protagonista del artículo, asi que ha sido interesante, aunque no se si toda esta gente merece ser recordada.

    Un saludo.

    1. Gracias por el comentario piedra

      Sí, mucho se ha hablado sobre la pérdida del famoso testículo y también de otro rumor que no querido tocar en el artículo: la presunta paternidad de Ramón de la hija única de su hermano. Creo que simplemente es una leyenda, pero no sé si en la actualidad -con las técnicas de ADN- se podría cerrar este asunto. En cuanto a la Masonería, tienes razón, Francisco fue rechazado, a diferencia de su hermano y de su padre Nicolás (otro miembro de la familia al que no podía ver porque había abandonado a su madre para juntarse con otra mujer más joven).

      En cuanto al recuerdo de Ramón, sin pretender defenderlo ni condenarlo, creo que merece al menos un pequeño lugar en la historia como aventurero romántico, dejando a un lado el tema político y militar, Lo cierto es que la sombra de su hermano es demasiado alargada y todavía hoy en día no ha podido salir de ella..

      Saludos,
      X.

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