No más cuentos de “terror”

Iraqi_insurgentsAnte el avance inexorable de una cierta escalada de “terrorismo islámico”, que día sí día también inunda los medios con nuevas masacres, desde esta modesta tribuna me veo forzado a poner los puntos sobre las íes y a hacer un serio llamamiento a todos aquellos que se consideran despiertos. Así, aunque en este blog suelo rehuir los temas del ámbito político, considero que es preciso realizar con urgencia un servicio público y empezar a extender una contra-realidad (por lo menos en Internet, el último reducto de cierta libertad) para que todo el mundo tenga acceso a la triste verdad de nuestro mundo y que pueda obrar –si lo desea– en consecuencia. Como le confesó Morfeo a Neo en la película Matrix: “No te dije que sería agradable, te dije que sería la verdad.” Pero empecemos por unas simples reflexiones.

El terrorismo se podría considerar como una forma de guerra “sin leyes” contra el poder establecido, al igual que los movimientos revolucionarios o subversivos, guerrillas, etc. Y bien sabemos que las guerras oficiales sólo las pueden organizar y declarar los estados contra otros estados. Los ciudadanos de a pie en cualquier país se ven inmersos en la vorágine de la guerra sin comerlo ni beberlo; simplemente se les presenta un enemigo o una amenaza (externa o interna) y luego se les convence y adoctrina adecuadamente para considerar que la guerra contra ese enemigo es buena, justa y necesaria para vencer al “mal”. Durante miles de años hemos visto cómo los pueblos se enfrentaban unos contra otros en costosas y largas guerras que requerían de logística, planificación, armamento, recursos humanos y materiales y mucho dinero.

Con el terrorismo actual y de épocas recientes sucede algo parecido. ¿De dónde sacan las armas y el dinero los grupos terroristas? Las armas son producidas y comercializadas por los estados a través de empresas públicas o privadas que están bajo estricto control. Entonces, ¿cómo llegan a manos indeseables? ¿Y la financiación? Podríamos pensar que no es muy complicado que un pequeño grupo se haga con unas pocas armas a través de traficantes (un gran negocio internacional por cierto, ejercido con el beneplácito o aquiescencia del poder global), pero… ¿cómo se explica que surjan auténticos ejércitos yihadistas (Al Qaeda, ISIS, Daesh o similares) como una seta en el bosque, de hoy para mañana, bien organizados y pertrechados y que pueden hacer frente a ejércitos de naciones soberanas? Por Dios, ¿es que nos toman por tontos? Los terroristas no pueden ser cuatro chalados fanáticos, como es bien obvio.

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Osama Bin Laden

De hecho, el malvado Osama Bin Laden y sus acólitos de Al Qaeda, ¿cómo podían poner en jaque a las grandes potencias internacionales? Ah, es que resulta que su familia y los Bush eran íntimos amigos y aliados. Cumplieron bien su papel en Afganistán y luego se dedicaron a ejercer de “terroristas internacionales”, convenientemente financiados. Y qué casualidad, luego se cargaron a Bin Laden en una operación secreta y su cuerpo no apareció por ninguna parte. A eso se le podría llamar una jubilación bien ganada. Y esto no viene de ahora. ¿Se imaginan cómo pudo caer el régimen de Batista en Cuba a manos de cuatro barbudos que apenas sobrevivían en las montañas? Claro, nuestro buen amigo revolucionario Fidel Castro estaba generosamente subvencionado por los Rockefeller… Ello por no hablar de otros terroristas que después de haber cometido cruentos atentados llegaron al poder y fueron auténticos héroes nacionales, como los israelíes Yitzak Shamir o Menachem Begin, que antes de ser primeros ministros de su país habían sido activistas sionistas que no dudaron en poner bombas y matar inocentes para sus propósitos.

No quiero extenderme en demasía sobre este punto, pero ya existe hoy en día suficiente investigación y documentación por parte de periodistas y autores independientes que demuestran que los movimientos terroristas no funcionan de manera autónoma sino que dependen de oscuros intereses globales que disponen de las capacidades organizativas y económicas para hacerlos funcionar durante un tiempo determinado en un lugar establecido, de tal modo que se puedan eternizar, apaciguar o eliminar según convenga a los que dirigen la maniobra. Entre las varias obras escritas al respecto, recomiendo una en inglés, Terrorism and the Illuminati, de David Livingstone, un libro profusamente documentado que aborda ampliamente la cuestión oriental-islámica y desvela los complejos entresijos ideológicos, políticos y financieros de la trama.

Luego está la venta del terrorismo a la población a través de los medios, algo que es francamente grotesco. ¿Cómo es que después de los atentados se acumula una ingente cantidad de información sobre los perpetradores de los crímenes? ¿Cómo es que en cuestión de horas o días se nos ofrecen todos los detalles y casi se sabe hasta lo que comió el terrorista el día de su cumpleaños? ¿Y cómo es que van dejando el pasaporte y múltiples huellas en todas partes, como pasó con el atentado del 11-S? Con respecto a este lamentable suceso, es del todo evidente que fue un auto-atentado bien planificado y expuesto por televisión en una realidad virtual prefabricada digitalmente, en que ni siquiera hubo aviones (sino misiles)[1]. Y de hecho, los medios de comunicación no sólo juegan con el soporte visual sino que muestran al público todo un discurso prefabricado y manipulado que podríamos calificar de “para-realidad”, un montaje intelectual y emocional con todos los hechos y datos, reportajes, testimonios, entrevistas, imágenes impactantes y muy oportunas, declaraciones de políticos, etc.

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El ataque a las torres gemelas del 11-S

Pero todo esto sucede después, insisto, porque antes de los hechos los terroristas disfrutan de todas las facilidades para atentar en lugares públicos donde hay escasa o ninguna policía. Parece ser que nada puede parar las matanzas indiscriminadas, y eso a pesar de un enorme despliegue policial y militar y de unos modernísimos sistemas de vigilancia cada vez más exhaustivos y sofisticados. Ahora bien, siendo realistas y puesto que es imposible poner a un policía o a un soldado a cada esquina, en cualquier aglomeración de gente de cualquier ciudad del mundo se puede cometer un atentado con muchas víctimas mortales; basta disponer de unas armas automáticas, unos explosivos o un vehículo. Otra cosa es que se incurra en flagrantes –e inexplicables– descuidos, errores o negligencias como los mismos sucesos del 11-S o cuando la reacción policial es casi nula, como ocurrió en el atentado de Niza (Francia), en el cual la policía apenas había hecho acto de presencia pasados 45 minutos después de los hechos.

Incluso, históricamente, se han dado algunos casos de manifiesta actitud pasiva –o más bien colaboracionista– ante un atentado del máximo nivel. Por ejemplo, el 28 de junio de 1914 un grupo terrorista serbio llamado Mano Negra (que funcionaba como una sociedad secreta) tenía planeado asesinar en Sarajevo al Archiduque Franz Ferdinand de Austria. Sin embargo, en primera instancia, la bomba lanzada contra su coche falló, hiriendo a varias personas pero no al heredero de la corona austriaca. Y ¡oh, sorpresa!, en vez de poner a salvo al Archiduque y sacarlo con seguridad de la ciudad, permitieron que el Archiduque visitase –con escasa escolta– a los heridos del atentado y allí fue tiroteado a placer por el terrorista Gravrilo Princip. Como resultado de este crimen estalló la Primera Guerra Mundial, que no es poca cosa. (Por cierto, el Archiduque era partidario de una profunda reforma federal del imperio para que pudiese sobrevivir a los nuevos tiempos y se mostró abiertamente pacifista, lo que no cuadraba en absoluto con los aires de guerra que se avecinaban.)

No obstante, y si todavía nos quisiéramos creer la versión oficial, salta a la vista una realidad incuestionable. El terrorismo islámico, a través de la yihad, pretende hacer caer a un régimen mundial de maldad y opresión encarnado por el Occidente cristiano, pero… ¿a quién acaban matando? No a los altos dirigentes políticos, no a los mandos militares, no a los banqueros, no a los potentados… sino a pobre gente inocente. Así, ya les digo yo que no acabarán nunca con el sistema… sólo alimentarán el mecanismo de odio y rechazo de la gente hacia los practicantes del terror indiscriminado (y a lo que ellos supuestamente representan), justo lo que se necesita para montar una guerra a gran escala. Por la reciente historia sabemos que Hitler intentó destruir completamente el bolchevismo y lo quiso hacer matando a millones de rusos o eslavos en general. Sólo hubo una enorme masacre de personas. El comunismo siguió gozando de buena salud.

Por consiguiente, la estrategia terrorista en sí misma carece de cualquier lógica y esperanza de triunfar. Sólo genera odio y violencia, acción y reacción. Pero si sabemos positivamente que la gran mayoría de los practicantes de la religión musulmana son buena gente, viven entre nosotros, no están por la guerra santa y sólo quieren vivir una vida digna y apacible (como todo el mundo), ¿de dónde salen esos fanáticos que son reclutados, entrenados y enviados a la muerte (dado que los atentados son suicidas en gran parte)? Esa es la pregunta del millón. Y la respuesta no puede ser más evidente: son mercenarios o gente a la que se le ha lavado a conciencia el cerebro (o ambas cosas a la vez).

Es básicamente un programa en cadena. Se crean unos líderes manipuladores que a su vez manipularán mentalmente a todos sus seguidores. Dejan de ser personas con corazón y conciencia para convertirse en fanáticos autómatas que estarán dispuestos a todo por el triunfo de su idea o creencia. Desde ese punto de vista, son personas que han perdido su humanidad para convertirse en robots ejecutores de una política que han creado otros. Se les ha convencido de que son instrumentos de un bien indiscutible y serán capaces de cualquier cosa para eliminar a lo que se oponga a dicho “bien”. Es, en suma, una maniobra de control mental masivo.

Así pues, no es nada difícil apreciar que estamos ante la clásica dialéctica enunciada por Nietzsche de la tesis-antítesis-síntesis. O dicho de otro modo, del problema, reacción y solución. El mecanismo funciona de manera simple: Los que mandan desean aplicar una política o actuación concreta pero no pueden ir directamente a ella porque sufrirían el rechazo de la gente. Por lo tanto, han de “crear” previamente de modo artificial un problema que afecta gravemente a la población. Después, se produce una lógica reacción por parte de la gente, que demanda a gritos una solución… que se aplicará oportunamente –puesto que ya estaba bien preparada y planificada– y que coincide con el propósito inicial que no se podía vender al público “por las buenas”. En este sentido, todo apunta a que la actual estrategia se orienta a fomentar un enfrentamiento o choque de civilizaciones y religiones a gran escala, a través del problema inicial del terrorismo islámico… como si no hubiera “terrorismo” israelí en los territorios palestinos o “terrorismo” occidental en las guerras fabricadas de Libia, Siria, etc.

Pike
Albert Pike

Todo esto podría parecer pura especulación o digresiones conspirativas, pero me remito a los hechos y a lo que declaró hace más de un siglo Albert Pike sobre los planes bélicos de la élite a largo plazo, “pronosticando” el estallido de una Tercera Guerra Mundial basada en el antagonismo entre el mundo islámico y el judeo-cristiano, con el resultado de la imposición de un gobierno mundial despótico[2]. Y por supuesto, nada pasa de un día para otro. Debe haber una progresiva escalada para que el público vaya aceptando lo inevitable, algo que ya sucedió con la Segunda Guerra Mundial, que fue un perfecto in crescendo de tensión y violencia hasta que se consumaron los hechos.

Entretanto, el terrorismo cumple la no despreciable función de amenazar, de meter miedo a la gente y de sumirla en la angustia. Y del mismo modo, los atentados pueden justificar las crecientes medidas de seguridad y control sobre la población en general, con la consiguiente pérdida de derechos, de libertades, de privacidad. Todo el mundo es sospechoso, cualquiera puede ser un asesino, hay que ceder la libertad a cambio de la “seguridad” que nos proporciona el estado… ¿hace falta seguir?

En fin, amigos y amigas, es un derecho y un deber de las personas que han visto la maniobra denunciar que el terrorismo, tal y como nos lo quieren vender, no existe. Esto es, los grandes líderes políticos internacionales que ante un nuevo atentado se rasgan las vestiduras, realizan pomposos discursos de condena e implementan más medidas represivas “por nuestro bien” son los mismos que están detrás de los terroristas. Aunque para ser más exactos, son los que están por encima de esos líderes los que realmente organizan, pagan y mantienen a esos sicarios. Lamentablemente, tales personas nunca dan la cara; siempre están en un discretísimo segundo plano, para que sus hombres de paja hagan todo el trabajo de cara a la galería.

Y lo más triste es que estos terroristas –ya sean muchos o pocos– son las primeras víctimas de ese terror global implementado desde lo más alto. Se trata de desgraciados que son comprados y manipulados aprovechando el estado de marginación, pobreza y falta de libertades que se sufre en muchos países. O simplemente personas a las que se ha llenado el cerebro con odio, hasta el punto de perder de vista cualquier contacto con la realidad.

Ahora invito a todos los lectores a que difundan este tipo de informaciones por las redes sociales u otros medios, de tal manera que la población en general empiece a ver el verdadero rostro de los que nos gobiernan, que no actúan por el bien de sus pueblos, sino por el de su propio interés y beneficio.

© Xavier Bartlett 2017


[1] En Internet se puede encontrar abundante documentación en forma de libros, artículos y documentales que desmontan la versión oficial con sólidos argumentos de todo tipo. Entre el material audiovisual vale la pena este vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=bRtqPq0afqg&feature=gv. Cientos de periodistas, técnicos, arquitectos, ingenieros, especialistas en imagen y medios audiovisuales, e incluso militares han destapado las vergüenzas de un diabólico montaje que sirvió de justificación para emprender la lucha contra el terror, incluyendo una nueva ola de sangrientas guerras en Oriente Medio, desde Libia a Afganistán.

[2] Para más detalles, véase el artículo Viejos planes para nuevas masacres de este mismo blog.

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9 thoughts on “No más cuentos de “terror”

  1. Yo lo que no comprendo es que esto no sea evidente para todo el mundo, aun me sorprendo cuando descubro tanta gente que se cree las versiones oficiales o que ni siquiera se ha planteado jamás que puedan ser falsas, sinceramente me siento perplejo y confundido, no me entra en la cabeza la cara que ponen cuando les mencionas algo que a mi me resulta tan evidente y que es demostrable tanto por las pruebas físicas, como por los testigos, como por lo que evidencia el paso del tiempo.
    Y lo peor, hay quien jamás se ha planteado ninguna duda, le muestras una serie de pruebas, las comprende, las acepta, te da la razón y después compruebas que sigue pensando lo mismo que antes o que lo que ha aprendido o descubierto, no le afecta en absoluto su percepción del mundo, del sistema, de los políticos…

    En fin, totalmente de acuerdo, pero esos mercenarios y tontos útiles (terroristas), no son los únicos a los que lavan el cerebro y sin la complicidad incosciente de la gran masa cretinizada, ni esto sería posible, ni sucedería.

    Un saludo.

    1. Gracias Piedra

      Magnífica reflexión que comparto enteramente. También recuerdo la cara de una amiga mía, persona culta y crítica, cuando le comenté la farsa del 11-S. Simplemente no podía creer que lo que decían por televisión pudiese ser mentira, era “imposible”. La gente “normal” no ve más allá de su nariz, pero ni siquiera se cuestionan la realidad aun cuando tienen acceso a pruebas contradictorias. Es evidente que el control mental masivo es lo que sostiene a la cúpula gobernante.

      Saludos,
      X.

    1. Gracias por tus amables palabras Pablo

      Yo sólo intento abrir mentes y despertar conciencias pero soy consciente de que es una labor muy difícil pues la gente no puede estar más atontada y manipulada… Pero en fin, no pretendo tener la verdad ni sentar cátedra. me conformo con que la gente mire para adentro y empiece a cuestionarse todo lo que creía firme. No es fácil ni agradable, pero a la larga es liberador.

      Un abrazo,
      X.

  2. Si eso de despertar conciencias es una tarea dificil y hasta ingrata. Es verdad que la gente esta atontada y manipulada, también atomizada, pués nos intentan convencer por todos los medios del valor de lo individual, nada de asociaciones :):), nada de organizarse, por el contrario quienes controlan si que estan unidos y organizados. Por otra parte la gente de a pie bastante tiene con el “vivir o sobrevivir” dia a dia, no tiene tiempo ni energia para pensar o reflexionar sobre las causas que le condicionan precisamente ese vivir dia a dia. Historicamente sabes muy bien que siempre existieron grupos organizados que controlaron reinos, imperios, etc….quiero ser optimista…pero la realidad es la que es.

  3. Hola Xabier;
    Soy otro de tus seguidores incondicionales (en ambos blogs 😉 ).
    Sobre el autoatentado del 11-s, existen teorías conspirativas aparentemente más consistentes que la versión oficial, pero la de los “no-aviones” siempre me había resultado demasiado… loca(?). Me parece entender, no obstante, que es la que tu compartes… ¿Estariamos entonces hablando de misiles y hologramas? ¿Sería acaso posible un engaño de semejante magnitud?
    Gracias por el tiempo que dedicas a formarte, informarte y compartir.
    Un saludo;

    Jabi

    1. Gracias Jabi por tu comentario y por seguir mis blogs

      Bueno, no tengo a mano la información concreta, pero en su día vi un video realizado por un técnico en imagen digital que demostraba que las imágenes “reales” eran un montaje prefabricado y emitido por todas las cadenas, usando las técnicas más modernas. Creo que el verdadero problema no era camuflar misiles y darles forma de aviones, sino qué hacer con los aviones reales que despegaron y de los cuales no se supo más (ni de los pasajeros, claro está). Me parece que a día de hoy ni los investigadores más críticos tienen una respuesta a ese enigma.

      Saludos,
      X.

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