La medicina alternativa, en la picota

hospital_1Muchas personas todavía pueden pensar que la moderna medicina alopática nos ofrece una mayor calidad y esperanza de vida, por lo menos en los países desarrollados. En efecto, hoy la sanidad se ha convertido en una preocupación mundial que está en manos de los organismos internacionales y de sus filiales en cada estado. El objetivo de las mentes preclaras de los dirigentes mundiales es que la población de todos los rincones del planeta tenga acceso a la medicina oficial, que es la única que está reconocida como válida y realmente útil. Todo lo demás, lo que propiamente constituiría la medicina alternativa, es objeto de sospecha, crítica, marginación, traba, burla, ataque, y –llegado el caso– persecución legal.

Por supuesto, hay que admitir que por desgracia existen supuestas vías de sanación que se venden como “alternativas” y que en realidad son totalmente ineficaces o inocuas, por no hablar de las que pueden comportar perjuicios a la salud. En realidad, estaríamos hablando de malas prácticas, fraudes o engaños por parte de gente desaprensiva; esto existe en todas las profesiones y no merece más comentarios. Sin embargo, es bien cierto que existe una medicina alternativa basada en principios científicos y naturales, así como muchos métodos de curación, que –aparte de arrojar buenos resultados– ponen de manifiesto que las prácticas equivalentes de la medicina oficial no sólo son caras e inoperantes sino que incluso pueden llegar a ser muy dañinas para los pacientes, con el resultado de un deterioro grave de la salud o incluso la muerte.

En esta contienda, los peor parados hasta el momento han sido los profesionales médicos disidentes, esto es, los médicos de carrera que abandonaron –al menos parcialmente– la teoría y la praxis de la doctrina del paradigma por considerarlas erróneas y contraproducentes. Existen centenares de casos de médicos que han sido marginados, olvidados o represaliados por el sistema, porque no hay cosa más grave para el sistema que un profesional se vuelva contra la ortodoxia, precisamente porque este profesional tiene un conocimiento científico y goza de una cierta reputación social, aunque se sitúe en la heterodoxia. Por ello, las autoridades sanitarias nacionales e internacionales se preocupan de que las prácticas médicas heterodoxas pasen a mejor vida, bien marginándolas bien prohibiéndolas directamente.

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El doctor R. G. Hamer

Desde el caso del Dr. René Quinton, que ya demostró hace un siglo las bondades del agua de mar para la curación de muchas enfermedades y cuyos logros fueron progresivamente olvidados y marginados[1], tenemos un largo historial de científicos que se estrellaron contra los muros del paradigma. Desde mediados del siglo XX tenemos casos tan lamentables como el del científico alemán Wilhem Reich, cuyas investigaciones sobre el cáncer fueron duramente perseguidas[2], o el de su compatriota el Dr. Ryke G. Hamer que perdió su licencia para ejercer la medicina e incluso hubo de exiliarse en Noruega a causa de su trabajo sobre las llamadas cinco leyes biológicas de la Nueva Medicina Germánica, una explicación científica y racional del proceso del cáncer, que hace que esta enfermedad sea muchísimo más fácil de comprender y curar que con los métodos ortodoxos reconocidos.

Y por si no lo sabían, la “habitual” quimioterapia que se aplica para el cáncer según los protocolos oficiales procede de productos utilizados originariamente como armas químicas… Y se sigue administrando masivamente a pesar de que ya hay estudios científicos contrastados que demuestran que no sólo no cura sino que –a la corta o a la larga– conduce a la muerte debido a su alto grado de toxicidad, pues ataca el sistema inmunitario, elimina tanto las células sanas como las malignas, destruye órganos vitales, altera el ADN, causa debilidad y dolor, etc. Así, la triste realidad es que los pacientes mueren antes de la acción “terapéutica” que del propio cáncer.

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El poder de la industria farmacéutica

Del mismo modo, tenemos otros médicos que han criticado firmemente el sistema sanitario y que han apostado por un modelo de medicina alternativa, contrario a las directrices sanitario-políticas y al poder omnímodo del imperio farmacéutico (al cual algunos autores llaman la FarMafia). Desde luego, tal postura les ha supuesto a menudo pagar un alto precio personal y profesional, que va desde la marginación o el descrédito a la pérdida de la licencia para ejercer la medicina y el acoso por parte de las autoridades.

Y ya no digamos qué pasa cuando un profesional pone en entredicho las grandes verdades científicas del paradigma dominante y se posiciona en contra de la mayoría de sus colegas y de las normas y protocolos establecidos. Así, no importa el prestigio o los méritos acumulados por el disidente en cuestión, pues –por ejemplo– el afamado biólogo y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU, Peter Duesberg, tras rebatir ya en 1987 con sólidas pruebas de tipo biológico, virológico y epidemiológico que el VIH fuese la causa del SIDA, perdió todas sus subvenciones y sus proyectos fueron desestimados. Y aún con todo, las autoridades de los EE UU llegaron a ofrecerle un soborno para que mantuviera cerrada la boca… Hoy le consideran un negacionista del SIDA[3]. 

Otro lamentable caso de ataque a una celebridad fue el que tuvo que sufrir en los años 70 el bioquímico Linus Pauling, dos veces ganador del premio Nobel. Pauling, junto con el Dr. Ewan Cameron, había implementado una terapia alternativa para enfermos terminales de cáncer basada en la vitamina C, consiguiendo muy buenos resultados, en comparación con los pacientes tratados con radio o quimioterapia. Y precisamente el hecho de no recurrir a los tratamientos ortodoxos puso a Pauling contra las cuerdas, pues el National Institute of Health[4] norteamericano montó una campaña de desprestigio científico a partir de un falso estudio de la Clínica Mayo (que echaba por tierra los beneficios de la vitamina C para el cáncer) publicitado en una revista de medicina “seria”. Pauling y Cameron se quejaron de que el estudio estaba tergiversado, pero el daño ya estaba hecho y esta terapia quedó reducida a un uso marginal[5].

mafiamedicaY entre otros facultativos podemos citar a los valientes que han denunciado el sangrante asunto de las vacunas, aportando datos y pruebas científicas de que no sólo son inoperantes sino que son causantes de serios perjuicios físicos y de numerosas muertes. Por ejemplo, vale la pena destacar a la Dra. Viera Scheibner, al Dr. Patrick Quanten, al Dr. Andrew Moulden[6] y muy especialmente a la Dra. Ghislaine Lanctot, que además denunció sin tapujos el penoso estado de los sistemas de salud en su libro La mafia médica, en el cual presentaba un durísimo alegato contra el poder político (responsable de la “sanidad”) y su socio el cártel farmacéutico[7]. Este libro y otros más le costaron la pérdida de su título de médico y su licencia para ejercer la profesión. Asimismo, se vio perseguida legalmente por negarse a pagar impuestos y acabó en prisión.

Y más recientemente ya ha aparecido toda una generación de nuevos disidentes, como el Dr. Peter Gotzsche, que se opone a la masiva agresión farmacológica derivada del tratamiento de los trastornos psicológicos –tanto en niños como en adultos– y denuncia que la moderna psiquiatría es un auténtico despropósito que crea enfermedades donde no las hay (o las cronifica) y fomenta un estupendo negocio a costa de la salud de la población.

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Antigua botica con hierbas medicinales

No obstante, también existen muchas otras personas sin el título de médico que tratan de promover la medicina alternativa desde el conocimiento de los métodos tradicionales de curación y del uso de plantas medicinales, aquello que popularmente se conocía como “los remedios de la abuela” o las sencillas prácticas que recomendaban los médicos rurales o de familia de hace décadas. Y aunque estos “enemigos” no parecerían ser tan peligrosos como los profesionales herejes, en los últimos tiempos las autoridades sanitarias han visto con horror que, gracias a Internet y a los movimientos cívicos, se está extendiendo un cierto recelo hacia la medicina oficial y una deriva hacia las prácticas alternativas. Por este motivo, los poderes públicos ya han empezado a cargar sus armas contra estos promotores de una salud natural, libre de fármacos, vacunas y otros tratamientos agresivos. Y como las consignas oficiales y la crítica feroz a la heterodoxia a través de la propaganda televisiva tal vez resultaban insuficientes, se ha tenido que ir un paso más allá y recurrir a la persecución pura y dura.

Entre los casos más significativos de estas personas, voy a citar dos del ámbito español: el aragonés Xavier Galindo y el catalán Josep Pàmies, ambos perseguidos por fomentar el uso terapéutico de plantas para el tratamiento de enfermedades, incluso las más graves. El caso de Galindo[8] es realmente paradigmático porque nos muestra la cruda realidad de los mecanismos de la sanidad internacional y la actuación de las ONGs de cooperación y asistencia médica, que –en contra de lo que pudiera parecer– están bien alineadas con los máximos poderes.

Pues bien, Galindo, que ya tenía experiencia como cooperante en África, fundó en 2009 una asociación llamada Cultivant Vida y se fue a Gambia para afrontar allí la lacra de la malaria mediante la administración de infusiones de la planta Artemisia annua así como de dosis de MMS (dióxido de cloro). Allí, una vez instalado en el pueblo de Murithabé, consiguió sacar adelante el cultivo de esta planta[9], al tiempo que realizaba otras acciones higiénicas y sanitarias muy necesarias como la construcción de pozos, la creación de huertos de frutas y hortalizas, etc. Pero lo mejor ocurrió cuando al fin pudo administrar masivamente el MMS y las infusiones de Artemisia a miles de enfermos de malaria, consiguiendo un porcentaje de curaciones del 98%, con sólo una semana de tratamiento totalmente natural. Asimismo, Galindo obtuvo buenos resultados de mejora o curación de otras enfermedades.

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Plantación de Artemisia annua

Sin embargo, la noticia de su éxito llegó a oídos de grandes organizaciones como Cruz Roja, Médicos sin Fronteras o la propia UNICEF, que le presionaron para que abandonase sus esfuerzos “por su seguridad”. Esta tensión llegó a su punto álgido cuando al fin las autoridades anti-droga del país se presentaron en el pueblo a fin de detenerlo. Gracias a las presiones de jefes e imanes locales, Xavi Galindo eludió la cárcel y “sólo” fue reprendido por su actuación. Pero las autoridades no iban a permitir que la medicina alternativa triunfase, por lo que destruyeron los cultivos de Artemisia y prohibieron el MMS para consumo humano. Hoy en día Galindo ha tenido que echar mano de otra planta medicinal, la moringa oleífera, y limitar el uso del MMS a afecciones cutáneas, heridas e infecciones.

Y lo mejor de todo es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sabe muy bien de las virtudes de la Artemisia como tratamiento de la malaria, pero ha optado por aplicarla a través de un antibiótico llamado COARTEM con extracto de esta planta. Estas pastillas están comercializadas por la farmacéutica Novartis y, naturalmente, muy poca gente del país se las puede permitir. Entretanto, en África cada año mueren por malaria entre 2 y 3 millones de personas –principalmente niños– que podrían curarse de forma sencilla y económica…

El caso del veterano horticultor Josep Pàmies, que lleva muchos años de trayectoria en las terapias alternativas a través de su asociación Dulce Revolución, es más conocido porque es una figura más mediática y con un perfil activista tal vez más “radical”. El afán principal de Pàmies ha sido promover una alimentación y una salud más natural, volviendo a la agricultura tradicional y aprovechando las múltiples propiedades nutritivas y terapéuticas de muchas plantas, algunas de ellas olvidadas o consideradas “malas hierbas”. Así, desde su asociación ha denunciado los males de la agricultura transgénica y tóxica y los agresivos y caros productos farmacéuticos, resaltando el hecho contrastado de que los fármacos son la tercera causa de muerte en el mundo. En su lugar, Pàmies apuesta por los cultivos ecológicos y el uso de plantas específicas para tratar –y curar– enfermedades o trastornos como la diabetes, la artritis, la hepatitis, la hipertensión, la malaria o incluso el cáncer. Es famosa, por ejemplo, su lucha por normalizar el uso de la planta stevia, un edulcorante natural, que ha sido retirada de los mercados por decisión política.

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El horticultor y activista catalán Josep Pàmies

Pero Pàmies ha cometido el pecado de alzar demasiado la voz, de hacerse muy visible y de ofrecer charlas informativas por todos los rincones de España, criticando las políticas oficiales (nacionales e internacionales) e incluso todo un modelo de sociedad, lo que le ha llevado a no pocos problemas, como por ejemplo las presiones a ayuntamientos y universidades para que se denegara el uso de los locales previstos para sus conferencias. Y apenas hace un par de años, ante su creciente activismo, tuvo que ser puesto en la picota pública a través de uno de esos rigurosos reportajes de investigación y denuncia de la cadena televisiva La Secta, que estaba dedicado a los “gurús” de las terapias alternativas. Sin embargo, este juicio mediático, más que condenarlo, tuvo el efecto perverso e inesperado de dar a conocer la labor de Josep Pàmies a mucha más gente.

Con todo, y dado que Pàmies seguía retando al orden y la ortodoxia, las autoridades acabaron por echar mano de la vía legal hace escasas fechas, acusándolo de estar en el negocio de la droga por cultivo ilegal de marihuana. Así pues, el pasado 25 de mayo de 2017 tuvo lugar el juicio contra Pàmies en Lérida, en el cual la fiscalía pedía para Pàmies nada menos que dos años de prisión y 16.000 euros de multa. Y ya para empezar mal, la juez no había admitido ningún testigo propuesto por la defensa, si bien –tras la queja razonada de la abogada defensora– al final permitió el testimonio de cinco personas.

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Cultivo de marihuana

Para resumir este evento, diremos que la defensa demostró que el cultivo de marihuana estaba a cargo de un colectivo de socios de Dulce Revolución al cual cual Pàmies había cedido un pequeño terreno y que todas las plantas tenían “propietario” (2 ó 3 plantas por persona) y que se utilizaban exclusivamente con fines terapéuticos, sin que hubiera ningún tipo de retribución o ventaja económica para Pàmies, que ni siquiera se reservaba ni una sola planta para su uso personal. Por lo demás, la propia asociación nunca había promovido un uso indiscriminado ni ocioso de la marihuana.

En suma, no había ningún negocio, tráfico de drogas ni vicio relacionado con este cultivo; en términos legales, ningún delito contra la salud pública. El cultivo de esta planta estaba enfocado únicamente a superar las afecciones de las personas implicadas, según está demostrado en numerosos estudios científicos y teniendo en cuenta que la marihuana está ya legalizada en diversos países avanzados como Estados Unidos[10], Alemania, República Checa, Argentina, Italia, Australia, etc.

Finalmente, en su alegato personal, Pàmies insistió en los beneficios terapéuticos de la planta y añadió que quizá un día, en vez de estar él en la sala, comparecerían allí los gerentes y propietarios de las empresas farmacéuticas para responder de las 200.000 muertes que se producen en Europa cada año a causa de las “drogas legales” (los fármacos). Inmediatamente, Pàmies fue interrumpido por la juez, que dio por acabada la sesión y el juicio quedó visto para sentencia. Y sorprendentemente, tan sólo una semana después la juez dictó sentencia, absolviendo de los cargos a Josep Pàmies, si bien la fiscalía ya ha declarado que piensa recurrir esta resolución.

En definitiva, vemos que no sólo se arrincona y se persigue a los médicos disidentes sino que cualquier terapeuta alternativo está en el punto de mira del sistema, que trata de englobar a toda la población bajo su “paraguas protector” sanitario; un paraguas de control, explotación, sufrimiento y muerte, no nos engañemos. Sin ir más lejos, la Organización Médica Colegial de España ha aprobado recientemente un documento (titulado apropiadamente “Contra las pseudociencias, pseudoterapias, intrusismo y sectas sanitarias”) por el cual se solicitará a la Fiscalía la acción legal contra cualquiera que practique terapias naturales, ¡aún estando algunas de ellas reconocidas por la propia OMS, que más oficial no puede ser!

Para concluir, me permito ofrecer a los lectores una demoledora carta abierta de una doctora homeópata española sobre su situación personal y profesional, en la cual denuncia una cierta “caza de brujas” y deja bien a las claras que la medicina “política” sólo va a permitir las prácticas oficiales y el tratamiento químico masivo a toda la población, desde los bebés hasta los ancianos. Como el texto es un poco largo, he preferido adjuntarlo en documento PDF para descarga, pero creo que vale la pena leerlo y compartirlo.

Carta de la doctora Galán

© Xavier Bartlett 2017

Nota: Obviamente, como incluso reconocen los profesionales más críticos, no toda la medicina moderna es dañina, sólo una parte de ella. La propia Dra. Lanctot admite que una combinación de medicina convencional y de medicina natural funcionaría perfectamente, siempre que estuviera orientada y gestionada de forma correcta. Asimismo, es de resaltar el compromiso y la dedicación de muchísimos profesionales de la salud. No fallan ellos, falla el sistema en el cual desarrollan su labor.

Fuente imágenes: Wikimedia Commons / vimeo / archivo del autor


[1] Por lo menos hasta los años 70 en Francia se reconocía el valor terapéutico del agua de mar y se recetaba en la sanidad pública, pero luego fue desestimada como medicamento, como ocurre actualmente en la mayoría de países. En España es incluso ilegal inyectarla en pacientes.

[2] De hecho, la mayor parte del trabajo de Reich fue tan herético que incluso llegaron a quemar todos sus libros y a meterlo en la cárcel, donde murió. Esto no ocurrió en la Alemania nazi, sino en los muy democráticos Estados Unidos de mediados del pasado siglo.

[3] Actualmente, Duesberg considera –al igual que muchos otros reputados científicos– que el VIH simplemente no existe y que el SIDA tiene un origen tóxico (básicamente drogas). Recuerdo a los lectores que hay unos pocos investigadores, como L. Botinas, que ni siquiera ven el SIDA como una enfermedad propia sino como un conjunto de enfermedades bien conocidas a las que se ha rebautizado como SIDA desde finales del siglo XX. Además, según el Dr. Enric Costa, esta práctica de “eliminar” y “crear” nuevas enfermedades a partir de un mero cambio de nombre es muy habitual en la medicina moderna.

[4] Instituto Nacional de Salud, máxima autoridad administrativa sanitaria de los EE UU.

[5] Cabe señalar que otros estudios de científicos que replicaron exactamente los protocolos de Pauling y Cameron repitieron los buenos resultados, pero tampoco salieron adelante.

[6] El doctor Moulden murió en 2013 a los 50 años en extrañas circunstancias; se habla de suicidio o de un ataque al corazón. Según un colega de profesión, Moulden estaba a punto de sacar a la luz información científica definitiva para derribar el negocio de las vacunas, así como para desbaratar la teoría del origen gérmico de las enfermedades.

[7] Véanse en este mismo blog una reseña de esta obra y una entrevista a la doctora.

[8] Información extraída de la web Time for truth, de la periodista Alish.

[9] Precisamente gracias a las 8.000 semillas proporcionadas por Josep Pàmies.

[10] No en todos los estados, empero; sólo en 25 de ellos.

 

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6 thoughts on “La medicina alternativa, en la picota

  1. Totalmente de acuerdo. Muy recomendable la lectura de la carta de la doctora Galán. Deberían crearse movimientos ciudadanos reclamando que se reconozcan las otras terapias dentro de marcos legales como se ha hecho en Nicaragua, donde la homeopatía, la nueva medicina germánica y los dispensarios de agua marina, entre otros, funcionan con toda normalidad y el paciente tiene libertad para escoger la terapia más afín a sus creencias.

    1. Gracias Netmel

      Bueno, de momento ya ves que difícilmente se van a aceptar las terapias naturales en el ámbito oficial y mucho menos si están orientadas a la curación de las enfermedades más graves. Interesa que la población esté enferma permanentemente y dependa del sistema sanitario y de los fármacos. De hecho, el problema ya no es vivir (más o menos años) o morir sino que te dejen vivir o morir en paz y decidiendo lo que quieres hacer.

      Saludos,
      X.

  2. Creo recordar que Nicaragua era uno de los pocos países donde el paciente elige el tipo de medicina con que quiere ser tratado por el sistema estatal.

    Sobre Quintón, era un gran científico, pero no era médico ni titulado universitario, creo recordar, es una de las cosas que no le perdonaban, pero su persecución fue después de muerto.

    De Hamer, decir que no solo es cáncer lo que explica, son en principio todas las enfermedades similares, pero por lo que voy leyendo de él. cada vez entiende más enfermedades. Lo último que recuerdo haber encontrado suyo era música … para el alma, por supuesto. (curioso que fuera esa una de las “asignaturas” de los antiguos sabios griegos)

    Sobre la estevia, ya no es ilegal; Yo compraba plantas hace años, pero se hacía como planta ornamental, no para consumo, ahora ya hasta venden estevia de marca en el supermercado. (por internet, es mucho más barata, por si a alguien le interesa, 2000 pastillas a 20€ con gastos incluidos).

    Y cuando mi enana me deje, volveré para leer la carta de la doctora 😉

    -Por supuesto, no todo lo alternativo es bueno, ni todo lo oficial es malo, pero sobre todo se debería dejar elegir y para tener igualdad de opciones, todas las medicinas o técnicas deberían estar igualmente subvencionadas por el sistema estatal (que no público).

    Un saludo,

    1. Una vez más gracias por tus apostillas y puntualizaciones, y me quedo con la evidencia de que “no todo lo alternativo es bueno ni todo lo oficial malo”. Por mi propia experiencia personal con ambas medicinas, recibí cosas buenas y malas de las dos, pero a decir verdad la alternativa al menos fue siempre inocua, es decir, que no era eficaz pero no me causó el menor malestar. Y creo que la carta de la doctora te gustará, nada mejor que hablen los propios médicos… y esta mujer no se corta ni un pelo.

      saludos
      X.

  3. Leída la carta,

    Es una de esas personas que llegan a la medicina por vocación, es decir, un bicho raro.
    Me ha recordado en varios puntos al Dr. Gérvas, que también critica la falta de humanidad de la medicina alopática, aunque él es la única que practica.
    En cuanto a su optimismo, estoy leyendo libros de alguien que hace cien años también esperaba que en su futuro, la sociedad reconociese determinadas evidencias y terminasen muchos de los males, que dependen más del mal uso de los recursos que de la falta de estos.

    Muy recomendable para restregar a algún que otro pseudoescéptico.

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