El incidente del Petit Trianon

reloj_arenaPosiblemente, uno de los elementos más desconcertantes que cuestiona la supuesta solidez, regularidad y estabilidad de nuestro mundo material es la existencia de ciertos episodios de saltos o distorsiones en el espacio-tiempo, los cuales suelen ser ignorados o rechazados directamente por la ciencia oficial, al considerarlos meras falsedades, autosugestiones, alucinaciones, o leyendas urbanas.

Como casi siempre, el estamento académico se aferra a su paradigma materialista-reduccionista y si bien en lo puramente conceptual se permite plantear múltiples teorías y divagar sobre hipotéticos viajeros en el tiempo, no está por la labor de investigar a fondo esta cuestión cuando se refiere a fenómenos observados, a los que toma más bien a broma. Veamos que dice la “políticamente correcta” Wikipedia al respecto: 

“Las leyendas urbanas sobre viajes en el tiempo son los reportes de aquellas personas que supuestamente viajaron a través del tiempo, los cuales fueron informados por la prensa y circularon en Internet. Todos estos informes han resultado ser bromas o se basaron en suposiciones incorrectas, información incompleta, o la interpretación de la ficción como un hecho.”

Sin embargo, desde hace mucho tiempo se han ido acumulando testimonios de este tipo de vivencias, normalmente experiencias muy fugaces y confusas, que indican que hay algo más que pura fantasía en este asunto, y que si bien –tras un exhaustivo análisis de los hechos– se podrían llegar a descartar o explicar racionalmente algunos casos[1], otros se podrían considerar totalmente ciertos, aunque quedaría pendiente darles una correcta interpretación científica. Esto es, podemos admitir la veracidad de un hipotético salto momentáneo en el espacio-tiempo, aunque no sepamos la causa de tal fenómeno.

Los investigadores de lo paranormal hace décadas que conocen esta amplia casuística y para descifrar este enigma suelen apelar a la probable existencia en todo el mundo de unas zonas o puertas específicas de carácter espacio-temporal en que las personas “caen” y experimentan una vivencia fuera de su “línea temporal continua”. Tampoco sabemos cuál es el origen de esos portales y por qué se activan en un momento dado, tanto si es por la propia acción psíquica del individuo como si es por factores naturales externos a él, o bien por una combinación de ambos elementos.

En todo caso, podemos observar una diversidad de escenarios anómalos. En primer lugar, tenemos los desplazamientos inexplicados en el espacio pero sin alteración aparente del tiempo, como por ejemplo las personas que van en coche, son engullidas por una especie de niebla y reaparecen en una carretera de un lejano país[2]. Luego están las experiencias en que no hay aparentemente desplazamiento en el espacio pero sí en el tiempo, en las cuales el sujeto sale temporalmente de su realidad normal y se interna casi sin darse cuenta en otra realidad pasada situada en el mismo espacio. Sólo al cabo de un cierto tiempo y en determinadas condiciones, el sujeto vuelve a su realidad cotidiana.

No obstante, estos viajes se vuelven más siniestros cuando la puerta de entrada se cierra para siempre y no hay forma de volver al punto de partida. Me estoy refiriendo a los casos en que los portales no son de ida y vuelta, sino sólo de ida, con lo cual, las personas “desaparecen” del mundo actual y ya no pueden regresar. Esta es una de las hipótesis que sostienen algunos investigadores para explicar las desapariciones súbitas o misteriosas de personas solas o incluso de grupos más o menos grandes, y que podría incluir las extrañas desapariciones de barcos y aviones en determinadas regiones del planeta, siendo la más famosa el llamado “Triángulo de las Bermudas”. A este respecto, existen numerosos testimonios que rozan las historias de terror y que han dejado sin palabras a los investigadores privados o policiales que han intentado hallar –sin éxito– explicaciones “lógicas” a dichas desapariciones.

La_Mussara
Pueblo abandonado de La Mussara

Por ejemplo, tenemos el caso del niño Tom Lerch, que desapareció casi en la puerta de su casa el 24 de diciembre de 1890 en un pueblo de Indiana (EE UU) tras haber ido a buscar agua a un pozo junto a su casa. A los pocos segundos de cerrar la puerta, se oyó gritar a Tom, pero al salir sus familiares, éstos no vieron nada. Luego identificaron sus pisadas sobre la nieve, que cesaban bruscamente entre la casa y el pozo; sin embargo, no se hallaron huellas de ningún lobo u otra fiera. La investigación sobre lo acaecido no arrojó ningún resultado. Otro suceso insólito –del todo contrastado– es el ocurrido en 1991, cuando unos excursionistas estaban recogiendo setas en un bosque cercano a la localidad tarraconense de La Mussara[3] y de repente uno de ellos, Enrique Martínez, dejó de ser visto por los otros. La tierra se lo había tragado. Lo estuvieron buscando durante horas y días enteros, se organizaron batidas por toda la zona, pero nunca apareció.

Ahora bien, no hay forma fiable de relacionar estas desapariciones con los saltos en el espacio-tiempo, pues el sujeto se lleva la verdad con él a otra dimensión, si hemos de creer en que este fenómeno es real. Además, muchas veces se ha relacionado estos casos con supuestas abducciones extraterrestres, lo que ya deriva hacia el tema ufológico y añade más sensacionalismo y confusión. Lo que sí puede ser más interesante y provechoso para la ciencia es el estudio de las experiencias de las personas que han vivido episodios de un viaje temporal fugaz y que luego se han dado cuenta de que algo anómalo había sucedido en cuestión de segundos o minutos, una vez de vuelta a la “normalidad”. Claro que siempre subsiste la duda de quién interfiere a quién: ¿es el presente el que “se entromete” en el pasado o es al revés? ¿O es que el pasado nunca desaparece, sino que persiste en un limbo muy raramente accesible?

Luego abordaremos esta cuestión, pero ahora pasaremos a comentar el más famoso de todos los casos registrados de “intrusión” en el pasado; sin duda, el que ha hecho correr más ríos de tinta en el último siglo. Es un suceso acontecido a inicios del siglo XX y que es conocido como el incidente Moberly-Jourdain (o incidente del Petit Trianon), o más coloquialmente “los fantasmas del Trianon”. Y antes de proseguir, es obligado señalar que este caso, pese haber sido objeto de una minuciosa descripción en un libro escrito por las propias personas que sufrieron la experiencia anómala, no puede refrendarse más que por el propio testimonio de éstas, pues no hubo más testigos ni se realizaron fotografías[4], aunque sí algún dibujo.

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C. A. Moberly (izq.) y E. Jourdain (der.)

La historia arranca en el verano de 1901, cuando dos turistas británicas, las profesoras Charlotte Anne Moberly y Eleanor Jourdain, estaban pasando unos días en París. Ambas eran personas de elevada educación. Moberly era directora de un colegio femenino y tenía un diploma de Filosofía y Letras por la Universidad de Oxford. Jourdain, de origen francés, era la subdirectora de dicho colegio y tenía un diploma superior de lengua francesa; además, había estudiado historia en Oxford, había escrito varios libros y era musicóloga. Así pues, el día 10 de agosto decidieron visitar Versalles y sus alrededores. Tras admirar el gran Palacio de Versalles, se dirigieron a otro lugar más recóndito, el palacete llamado Petit Trianon y sus terrenos adyacentes.

Una vez llegadas al recinto del Trianon, las dos mujeres pidieron a dos hombres que las orientaran, y éstos –sin apenas hacer más que unos gestos– les indicaron que siguieran en línea recta. Pero ya allí había algo raro, pues estos hombres vestían largas casacas verdes y tricornios. Más adelante, siguiendo el camino toparon con dos personajes, una mujer y una jovencita con un cántaro que estaban junto a una choza en lo que parecía una “escena rural”. Y poco más allá se internaron en un bosque en el que observaron un pequeño quiosco circular con aspecto abandonado, junto al cual había un hombre vestido con sombrero y capa, y con el rostro fuertemente demacrado por la viruela. Y allí mismo, un hombre joven, con vestido oscuro y zapatos con hebilla, les advirtió de que no debían seguir por ahí, y les indicó el camino hacia “la casa”.

Por tanto, las dos turistas tomaron una nueva dirección, pasaron por un viejo puente rústico y fueron a parar a una especie de pequeño prado. Allí había una bonita casa de campo y en el césped pudieron ver a una mujer madura, bien vestida con un traje de verano, un chal y un sombrero de alas anchas. La dama parecía estar realizando un boceto o dibujo sobre un papel. Moberly y Jourdain se internaron en una terraza de aquella casa y en seguida se abrió una puerta, que se cerró nada más entrar ellas. Y en ese mismo momento salía un joven, con aspecto de sirviente, y decidieron seguirlo hacia el Petit Trianon. Y ya llegadas al edificio se vieron inmersas en una multitud reunida para una fiesta de boda. Y allí todo el mundo ya vestía a la moda de 1901… En total, la experiencia había durado no más de media hora.

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El palacete del Petit Trianon (Versalles)

Tras esta rara vivencia, Moberly y Jourdain regresaron a su hotel de París y más tarde a Inglaterra. Pero no fue hasta noviembre de ese año en que ambas mujeres comentaron a fondo su experiencia y descubrieron que había detalles que no coincidían, incluso hasta el punto de no haber visto las mismas “escenas” o “personajes”. Fue entonces cuando se propusieron contrastar sus notas y documentarse sobre la historia del Petit Trianon. Por de pronto, Jourdain volvió a Versalles en enero de 1902 con el objetivo de trazar un plano fiel de los edificios y parajes del Trianon. Allí volvió a experimentar algunos fenómenos extraños, básicamente sonidos: gente hablando en francés, una composición musical… pero allí no había nadie. En julio de 1904 las dos profesoras volvieron de nuevo al lugar de los hechos y constataron la diferencia entre lo que veían entonces y lo que habían visto tres años antes. Los edificios, los caminos, las distancias… todo había cambiado, o ya no estaba allí. Por ejemplo, el quiosco y el puente ya no existían, o la casa donde habían visto a la mujer y la joven estaba completamente modificada.

Marie-Antoinette
La reina María Antonieta

Este punto supuso el inicio de una investigación que les llevaría años y que les reveló una serie de coincidencias muy llamativas. Por ejemplo, la mujer del prado se parecía muchísimo a la reina María Antonieta, según un retrato de la época. A su vez, el hombre con el rostro marcado sería el conde de Vaudreuil, un oscuro personaje de la época, próximo a la reina. Incluso llegaron a identificar a los dos hombres con casaca y tricornio: los hermanos Bersy, servidores de la Casa Real, vestidos con la obligada librea verde de palacio. Asimismo, confirmaron la existencia de los edificios y caminos que habían visto gracias a antiguos dibujos y planos de finales del siglo XVIII.

Por fin, Moberly y Jourdain –después de haber consultado numerosos documentos antiguos y haber recurrido a reputados historiadores– pudieron reconstruir al menos parcialmente los personajes y situaciones de su extraña experiencia. De este modo, llegaron a la conclusión de que habían revivido una tensa escena histórica ocurrida el 5 de octubre de 1789, la última fecha en que la reina estuvo en su rincón favorito, el Petit Trianon, que ella llamaba “la casa”. Al aparecer, ese día los servidores estaban muy agitados para advertir a la reina que debía abandonar Versalles pues una turba furiosa procedente de París se dirigía hacia aquel lugar. Toda esta fascinante investigación la culminaron en 1911 con la publicación, bajo pseudónimo, de un libro titulado An Adventure (“Una aventura”), que fue un gran éxito de ventas. Sin embargo, desde el mundo académico y científico nadie creyó esta historia y aún hoy en día se considera que es un simple fraude o –en el mejor de los casos– un episodio de autosugestión.

¿Y qué podríamos decir al respecto? ¿Es creíble lo que explicaron estas profesoras? Lo cierto es que ambas mujeres eran personas serias, con amplia formación y no amantes de sensacionalismos, si bien en aquella época existía una innegable moda por el espiritismo y otros muchos fenómenos paranormales (¡no hay nada nuevo bajo el sol!). Desde esta perspectiva, podríamos llegar a sugerir que Moberly y Jourdain aprovecharon su viaje para crear una historia fantástica que adornaron luego con una sólida fachada histórica. Y es muy significativo, y casual, que en los años 50 del pasado siglo dos turistas inglesas que estaban en la ciudad francesa de Dieppe –en la costa norte, frente al canal de la Mancha– revivieran de madrugada el desembarco británico acaecido a mediados de 1942, aunque esta vez sólo captaron sonidos (bombas, artillería, aviones, disparos, gritos, etc.) pero nadie más en Dieppe notó absolutamente nada…

Plan_de_Versailles_1746
Plano original del conjunto arquitectónico de Versalles (1746)

De todos modos, podemos dar un voto de confianza al relato de Moberly y Jourdain, sobre todo al comprobar que no es un hecho aislado sino que varias personas han vivido situaciones parecidas, y que las descripciones dadas por los testigos de un pasado “que aparece de súbito” coinciden a menudo con lo que luego se puede corroborar documentalmente, y desde luego es muy forzado considerar que todas estas personas se hayan dedicado a investigar antes cómo era el paisaje del pasado en un lugar concreto. No obstante, en el caso del Trianon siempre quedará la sombra de la sospecha, dada la imposibilidad de contrastar ningún hecho narrado y con el agravante que ni siquiera vieron las mismas cosas pese a ir juntas. Sea como fuere, lo que realmente importa es tratar de dar una explicación científica al episodio, si hemos de darlo por válido.

Para empezar, resulta oportuno destacar las condiciones en que se produjo el incidente. Durante esos días hacía un calor muy intenso, la atmósfera estaba cargada y también hubo fuertes tormentas. En cuanto a lo que vieron Moberly y Jourdain, ya ellas mismas relataron una cierta sensación de realidad difusa pese a que estaban usando sus ojos y oídos en un estado “normal” de conciencia. Esto es, los sonidos e imágenes de las personas y objetos parecían surgir y desaparecer en un momento, difuminarse (como en un fading radiofónico), mezclarse, ondularse, pararse… En este sentido, una descripción de Eleanor Jourdain resulta casi fantástica, pues afirmó haber visto cómo las rejas metálicas de una puerta parecían fundirse mientras que los pilares se mantenían sólidos. Y en efecto, en 1901, tal puerta tenía aún los pilares, pero las rejas habían desaparecido hacía tiempo. Y yendo más allá, tampoco estaban seguras de que los personajes les hubieran hablado a ellas; parecía como si hablasen a otras personas a las que no podían ver[5]. En suma, el episodio vivido tenía el aspecto de ser una irrupción súbita en un momento del siglo XVIII pero sin que ellas pudieran ejercer más que de meras observadoras de una realidad que pasaba por delante de sus sentidos y que parecía “sobreimpresa” en el mundo del siglo XX, como si fuera una especie de película histórica.

Lo que quizás ya no es tan conocido, pero sí muy significativo, es que esos flashes del siglo XVIII se repitieron con otras personas. Así, en 1908, los Crooke, una familia de turistas norteamericanos que visitaron la misma zona, afirmaron haber visto fugazmente una dama vestida de blanco y a un hombre con tricornio, y en 1914 se lo hicieron saber a Moberly y Jourdain en persona. Y más adelante, en 1928 dos ciudadanas británicas vieron allí mismo a un viejo con una antigua librea y tricornio. Luego, según una referencia datada en 1940, una tal Miss Bassett también vio en el Petit Trianon a una serie de personas vestidas a la antigua que aparecían y se desvanecían. Finalmente, tenemos un último relato que se remonta a mayo de 1955, cuando un matrimonio inglés observó en el mismo lugar a dos hombres que corrían por allí con indumentaria del siglo XVIII. ¿Más alucinaciones o fraudes?

Tal vez estas visiones serían una prueba de la propia relatividad del tiempo, de tal modo que objetos situados en tiempos distintos pueden ocupar un mismo espacio. En cuanto al concepto de interferencia, es hasta cierto punto inútil tratar de discernir si es el pasado el que irrumpe en el presente o es al revés. De repente, por razones que nos son del todo desconocidas, pero que quizás podrían estar relacionadas con potentes fuerzas o campos electromagnéticos, se produce una especie de reverberación y entonces confluyen los objetos / observadores en un mismo tiempo único, pero no hay contacto real entre ellos… sólo es una ilusión momentánea. Y por cierto, las testigos se refirieron a la sensación física de un campo de fuerza no habitual. Y aparte quedaría la incógnita de saber por qué ciertas personas –y sólo en circunstancias extraordinarias– tienen acceso a esos campos o portales temporales. ¿Hay algún factor psíquico de por medio? ¿Y por qué Moberly y Jourdain no llegaron a ver exactamente las mismas cosas?

Petit_Trianon_-_Jardin_français
Jardines del Petit Trianon

Con todo, el incidente del Petit Trianon –y otros semejantes– nos podría indicar que el paso del tiempo no es lineal sino circular y que el pasado no queda atrás y desaparece para siempre sino que permanece grabado en una especie de registro universal, tal vez un gigantesco mecanismo informático u holográfico (¿la famosa Matrix?). Así pues, ese registro del pasado estaría ahí, simultáneamente, conviviendo con el presente y el futuro, y a disposición de infinitos observadores (…o un solo observador), pero no en nuestro estado habitual de conciencia. Dicho de otro modo, tanto el espacio como el tiempo quizás serían meras creaciones de la mente para tener una sensación dimensional de desplazamiento por un espacio y un tiempo, pero en realidad sólo habría eternidad, todo pasaría a la vez[6]. Sólo la acción de la mente nos permitiría “ordenar” o “estructurar” la realidad y fijarla en un mundo sólido y en constante cambio. Así pues, de hecho, el tiempo no tendría en sí mismo ninguna dirección, ni hacia delante ni hacia atrás.

El filósofo Parménides dijo hace ya muchos siglos: “Nada ocurre realmente en el Universo: todo está aquí y ahora.” Posiblemente esta sería una buena explicación para entender esta superposición de tiempos y espacios, y sobre todo para acabar de una vez por todas con el concepto materialista de la existencia, que debería ser sustituido por el reino de la conciencia.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente principal: TOMAS, A. La barrera del tiempo. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1976.

Fuente imágenes: Wikimedia Commons / archivo del autor


[1] Por desgracia, como ocurre a menudo en el ámbito de lo paranormal, existe un alto grado de confusión entre los casos verídicos y las fantasías o los casos maquillados, y es muy complicado llegar a las fuentes originales para discernir entre lo que es auténtico y lo que ha sido inventado o retocado.

[2] Hay noticia, empero, de casos tan insólitos como uno ocurrido en 1953, según el cual un centinela filipino del palacio del gobernador de Manila apareció “de golpe” en ciudad de México y nadie se pudo explicar qué había pasado.

[3] Pueblo maldito de la provincia de Tarragona (España), abandonado desde hace décadas, que tiene fama de acumular un largo historial de sucesos extraños o paranormales, brujería, avistamiento de humanoides y ovnis, etc. Yo he estado varias veces en esta localidad y aunque no he experimentado nada anómalo, reconozco que a veces se percibe un atmósfera extraña.

[4] Hay que tener en cuenta que en esa época todavía no existían las cámaras fotográficas portátiles; todavía se recurría al trípode y casi todos los fotógrafos eran “profesionales”.

[5] Para hacer una comparación, algo similar a lo que le ocurría al personaje difunto de Bruce Willis en la película El sexto sentido.

[6] De hecho, según muchos testimonios de experiencias ECM, en el momento de la muerte la persona experimenta un fugaz recorrido a través de su vida en que todo pasa simultáneamente.

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6 thoughts on “El incidente del Petit Trianon

  1. Lo que se cuenta en el post es un fenómeno bien conocido y bien explicado por la parapsicología, simplemente sintonizamos con un resto de energía que impregna el ambiente donde ocurrió algo especialmente traumático o emotivo como para crear esa huella.

    Sobre la linealidad del tiempo, eso solo es la forma en que nuestros sentidos lo perciben, pero presente, pasado y futuro son simultáneos, cosa difícil de entender por ser ilógico desde nuestra propia experiencia.

    Sobre la manía de pretender aplicar a todo el método científico, en este caso el que no sea posible no implica que no sea real o posible, la economía, la psiquiatría… no son científicas y nadie las pone en duda. Los sentimientos no se pueden medir ni pesar, pero tampoco nadie (en su sano juicio) duda que existan.

    Un saludo.

    PD: Hace unos años estuve en La Mussara intentando captar algo fuera de lo normal y las baterías de todos los aparatos electrónicos que llevaba se agotaron al instante, por lo que no pude grabar ni medir nada.

    1. Gracias Piedra,

      Empezando por el final, yo también fui a La Mussara una vez en busca de “anomalías” y no hallé nada, pero tenía presente el caso de 1991 y la verdad no iba muy tranquilo. Esto que comentas de la descarga de baterías me recuerda a lo mismo que ocurre en el interior de la Gran Pirámide. ¿Un lugar que absorbe energía? Si te interesa más el tema, en la página web del investigador Fran Recio hay un buen artículo de la Mussara.

      Sobre el fenómeno en sí, me gustaría saber en qué se basan esos parapsicólogos, y si es una mera teoría o está demostrado con hechos y observaciones que se puedan corroborar. Yo no creo en las brujas pero sí en la ciencia, y por tanto debe haber una explicación científica, aunque posiblemente esté fuera de los parámetros de actual paradigma. Me parece evidente que aquí hay un tema de energía y no de materia, pero me gustaría tener la claves científicas que explican esa especie de superposición de hologramas, por decirlo de alguna manera. Y también puede haber una correlación con ciertas fuerzas psíquicas, pero esto de la “huella emocional” debería poderse concretar en términos prácticos. En ciencia, no basta presentar una teoría: hay que demostrala con hechos fehacientes; otra cosa es no tengamos los medios o la capacidad de probar ciertos fenómenos con nuestro actual estado de conciencia y sus limitaciones.

      Saludos,
      X.

  2. Está demostrado hasta donde se puede demostrar. Como digo jamás podrá ser algo científico, tal como se entiende la ciencia, aunque digamos que es reconocido así por todos aquellos que estudian la verdadera Ciencia, (el esoterismo) y por aquellos que se interesan, investigan y estudian estos temas.

    1. Bueno, estamos diciendo lo mismo con distintas palabras, o tal vez no me haya expresado bien. Por “ciencia” entiendo algo mucho más grande y completo que el actual paradigma, y que si quieres podemos llamar esoterismo, porque se reserva a unos pocos. En este sentido, valoro a todos los que se adentran el terreno de lo “paranormal”, pero me gustarían respuestas más concretas, sea en clave esotérica o más convencional, porque teorizar es fácil, lo difícil es demostrar la teoría. Claro que si las demostraciones se escapan del método científico actual, de nuestros recursos y de nuestra propia conciencia, pues todo se complica más… pero acostumbrado a hacer actos de fe con la ciencia ortodoxa, no me gustaría caer en lo mismo con la ciencia herética.

      saludos,
      X.

  3. Me refería a que los que hacen investigación de campo, parten de unas bases teóricas y sobre su experiencia las comprueban y pueden aportar nuevos datos o rechazarlas, todo va sumando y va evolucionando, pero siempre hay una base que no cambia porque todos la dan por buena, aunque no pueda demostrarse por métodos físicos y por tanto no pueda ser asimilada por el método científico.

    Con los “fantasmas” por ejemplo, hasta relativamente poco, solo existían las declaraciones de los testigos, pero llegó la fotografía y quedaron fotografiados, más tarde se pudo grabar sonido e incluso en movimiento con el vídeo, pero eso solo aportó pruebas físicas, porque lo que son y lo que quieren ya estaba claro (para muchos) desde hacía siglos.

    Otro saludo.

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