Centenario de la revolución rusa: nada que celebrar

Russian_Revolution_of_1917Este mes de octubre[1] se conmemora el centenario de la llamada revolución bolchevique o simplemente revolución rusa. Es de suponer que para muchos entusiastas izquierdistas la fecha de octubre de 1917 sea de grato recuerdo y símbolo de toda una lucha popular contra el capitalismo y la opresión, pero –aparte de la obligada revisión histórica– considero no hay realmente nada que celebrar desde el punto de vista humano o de la conciencia, pues como trataré de demostrar en el siguiente texto esta revolución no aportó ninguna evolución en el espíritu de la Humanidad, sino más de lo mismo, o sea, explotación, sufrimiento, guerra y más opresión. Eso que gusta tanto a las élites. Además, veremos –no sé si para sorpresa de algunos– que los que crearon el capitalismo (los banqueros) fueron los mismos que crearon su antítesis, el comunismo internacional.

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Karl Marx

Pero empecemos por el principio. Desde el punto de vista histórico y político podríamos decir que la revolución rusa culminó –y superó– las revoluciones burguesas de corte liberal (la americana y la francesa) a partir de una nueva ideología que planteaba como eje central la llamada lucha de clases, esto es, el acceso de las clases oprimidas, obreras y campesinas, al máximo poder. Así, mediante un proceso revolucionario, las clases populares desbancarían a los burgueses que habían derrocado al Antiguo Régimen pero que se habían instalado en la tiranía del sistema capitalista. El judío alemán Karl Marx (de nombre real Moses Mordechai Levy), no precisamente proletario sino burgués acomodado, fue el que diseñó la ideología socialista a mediados del siglo XIX junto con Friedrich Engels (un próspero industrial). Y por cierto, en varias fuentes se expresa la duda de que el famoso “Manifiesto Comunista” no fuera escrito por Marx, sino que ya habría sido ideado muchos años antes en sus líneas generales por la orden de los llamados Iluminados de Baviera[2], con lo que el papel de Karl Marx habría sido más bien de compilador y editor.

A partir de aquí deberíamos referirnos a la difusión de la ideología marxista a finales del siglo XIX por casi todo el mundo occidental (que era básicamente el núcleo del capitalismo), pero lo que sorprende hasta cierto punto es que los mayores esfuerzos de expansión del marxismo se centraron en un enorme país atrasado y semifeudal, el imperio ruso de los zares. No querría extenderme demasiado sobre este asunto porque varios investigadores lo han tratado en profundidad (sobre todo destacaría al magnífico Antony Sutton[3]), pero para resumirlo en pocas líneas diríamos que la llegada, consolidación y triunfo del marxismo en Rusia se debió a dos factores principales: por un lado, la acción de las sociedades secretas y, por otro, la muy generosa financiación por parte de la gran banca internacional, la misma que años más tarde facilitaría el ascenso del partido nazi al poder en Alemania.

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El banquero Jacob Schiff

Así, muchos activistas comunistas fueron entrenados ideológicamente entre 1900 y 1902 en los EE UU con dinero del millonario Jacob Schiff con el fin de levantar a las masas proletarias contra el régimen zarista[4]. De hecho, el apoyo de Schiff –junto con el de otros banqueros judeoamericanos[5]– se prolongó durante muchos años e incluso constituyó el pilar financiero del primer plan económico de Lenin en la recién nacida URSS. En cuanto al impulso final a la revolución, es muy conocido el episodio de cómo la élite financiera –básicamente el imperio Rothschild– le dio una enorme cantidad de oro a Lenin (Vladimir Ilyich Ulyanov) y a sus acólitos durante la Primera Guerra Mundial y les ofreció un tren privado y sellado que cruzó media Europa hasta llegar a Rusia sin ser molestados, todo ello en plena contienda. Asimismo, Leon Trotsky (Lev Bronstein) partió de los EE UU hacia Rusia con una importante cantidad de dinero y acompañado por más de 200 agitadores para sumarse a la revolución de 1917. Hasta el propio líder anarquista Bakunin reconoció que los marxistas “tenían un pie en el banco y otro en el movimiento socialista”. Insisto en que todo esto ha sido narrado y expuesto por varios historiadores rigurosos que me merecen crédito y respeto y no añadiré más comentarios.

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El Zar Nicolás II de Rusia

Lo que sí vale la pena remarcar es que, como en otros tantos momentos convulsos de la Humanidad, el pueblo fue hábilmente seducido por agentes y agitadores que fomentaron el odio y la revuelta en la mente de las personas, prometiéndoles un mundo mucho mejor, justo y abundante, que acabaría con la miseria y la explotación, y por supuesto con la feroz opresión del régimen zarista (que era prácticamente dictatorial, dado que el parlamento o Duma tenía escaso poder efectivo). Sin embargo, como ya había sucedido en revoluciones anteriores, y a pesar de las apariencias, no se trató de un movimiento de abajo a arriba, sino de arriba abajo, en que unos pocos individuos controlaban todos los mecanismos de poder y decisión. Y tampoco fue un movimiento de eslavos (el núcleo de la población del imperio zarista) sino de una minoría semítica, pues la gran mayoría de los líderes políticos, sindicalistas, burócratas, comisarios, etc. de la revolución fueron judíos.

En efecto, la gesta de la revolución nunca estuvo en manos del pueblo llano, aunque así se ha tratado de vender. Como varios autores han relatado, antes de desencadenarse los hechos los bolcheviques no tenían un gran peso en la escena política y los cabecillas y agentes revolucionarios no llegaron masivamente al país hasta 1917, incluyendo a Lenin y Trotsky, que entonces vivían cómodamente en Suiza y EE UU respectivamente. Así, la revolución rusa no tuvo nada de espontánea; antes bien, fue convenientemente planeada y ejecutada en dos pasos: el primero, con la abdicación del zar en marzo y la creación de un régimen provisional liderado por Lvov y luego por Kerensky, y el segundo, con el golpe bolchevique de octubre-noviembre, en que realmente sólo hubo mucha agitación en unas pocas ciudades rusas, principalmente en Petrogrado (o San Petersburgo). La gran mayoría del pueblo ruso, que vivía en ciudades pequeñas o en el entorno rural, no secundó la revolución. Simplemente fue arrastrada a ella y luego implicada en la subsiguiente guerra civil que estalló entre “blancos”[6] y “rojos” entre 1917 y 1923.

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Asamblea de los Soviets (Petrogrado, 1917)

Esta sangrienta guerra costó muchísimas vidas (unos 10 millones), pero el gobierno comunista triunfante se cobró luego muchas más con el exterminio de los rivales políticos y la represión de muchas minorías étnicas o culturales que se habían opuesto al régimen bolchevique. Entremedio hubo una terrible hambruna en Rusia y Ucrania que se llevó la vida de unos 5 millones de personas[7] y el gobierno rojo –acusando a la Iglesia ortodoxa de acaparar comida– desató una despiadada campaña antirreligiosa que comportó la destrucción masiva de templos y la ejecución o deportación de decenas de miles de fieles y religiosos, una práctica que se mantuvo durante casi todo el período estalinista. Esto no era ninguna sorpresa, pues el marxismo tenía una sólida base atea, materialista y antirreligiosa, mientras que los campesinos profesaban fuertes creencias religiosas y estaban apegados a la tradición y a la monarquía. Véase lo que dijo Lenin al respecto: “Al destruir la atrasada economía campesina, el hambre nos acerca objetivamente a nuestra meta final, el socialismo, etapa inmediatamente posterior al capitalismo. El hambre destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios.”[8]

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Factoría de tractores soviética (años 30)

Sea como fuere, tras la guerra se implantó el estado republicano soviético, conocido como la URSS, que agrupaba a prácticamente los mismos territorios multiétnicos del antiguo imperio zarista. Este estado, que de algún modo venía a cumplimentar la dictadura del proletariado, fue en realidad el estado autoritario de una minoría, la cúpula del partido comunista, el único permitido. Y ya desde el principio funcionó como un perfecto capitalismo de estado con su propio banco central –ligado al resto de bancos centrales propiedad de la élite financiera– y sus políticas y decisiones en las cuales el pueblo no contaba para nada, aparte de ser duramente reprimido. Para ilustrar el funcionamiento capitalista de la Unión Soviética me remito a esta soberbia descripción de William Bramley:

“El sistema económico de la Rusia comunista fue un ultra-capitalismo porque su industria era altamente monopolista y la economía de la nación estaba mucho más dominada por las mismas instituciones que dominan a las naciones capitalistas. La más significativa de esas instituciones es el Banco Central Soviético, que operaba de manera similar a los bancos centrales de las naciones occidentales. La mayor diferencia era que el Banco Central Soviético tenía –y todavía tiene en el momento de escribir esto (1992)– un papel altamente intrusivo en la vida económica del país. El Banco Central de la Unión Soviética se llama el Gosbank. Ha cumplido simultáneamente las funciones de banco central y banco comercial. […] Las mayores empresas soviéticas, las cuales eran de propiedad del Estado, dependían de los préstamos del Gosbank para capear los períodos en que sus gastos eran más grandes que sus ingresos. En otras palabras, las empresas del Gobierno comunista de la Unión Soviética también operaban en base a ganancias y pérdidas y tenían que recurrir a préstamos del Gosbank cuando sufrían pérdidas […] El Gosbank era y es todavía un banco de emisión, es decir, que tiene la potestad de emitir dinero. El Gosbank crea “dinero de la nada” al igual que lo hacen los bancos occidentales.”[9]

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Stalin junto a Lenin (1919)

Con todo, el afianzamiento definitivo del régimen soviético se produjo a partir de 1924, tras la muerte de Lenin y el ascenso al poder del georgiano Iosif Stalin (Iosif Vissarionovich Djugashvili), un personaje intrigante y sin escrúpulos que había sido agente doble, en tareas de informador para la policía zarista (la Okhrana). La etapa estalinista también ha sido ampliamente estudiada por muchos autores, pero vale la pena al menos remarcar sus puntos principales para ver la verdadera cara de un régimen que pretendía ser liberador. Nada más alcanzar la máxima jefatura, Stalin emprendió una serie de planes económicos quinquenales encaminados a industrializar fuertemente el país en detrimento de la economía agrícola autosuficiente de los campesinos y pequeños propietarios (los kulaks). Para esta labor contó con la inestimable ayuda del occidente capitalista –su teórico enemigo– que le proporcionó financiación, maquinaria y tecnología. Esto lo ha descrito muy detalladamente A. Sutton en su obra Western Technology and Soviet Economic Development, dejando a las claras que fue el capital llegado principalmente de los EE UU el que sustentó ese crecimiento industrial ruso.

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Avión de combate Polikarpov I-153 (años 30)

Y por cierto, es muy de destacar que gran parte de esa industrialización se basó en la industria pesada y metalúrgica, que se volcaría de inmediato en el desarrollo de una gigantesca maquinaria de guerra, con la fabricación de una gran cantidad de armamentos de primera clase, de un nivel igual o superior al de las naciones occidentales. Para muestra, basta ver que a partir de avanzados diseños ingleses y americanos, los rusos construyeron tanques, cañones, aviones, ametralladoras, etc. de máxima eficacia que fueron empleados, por ejemplo, en la Guerra Civil española[10]. Así, nadie puede discutir que a lo largo de toda su existencia, la URSS fue una superpotencia imperialista y militarista, que fabricó ingentes cantidades de armamento, abasteció a países de casi todos los continentes, fomentó la guerra y la revolución, y mantuvo un inmenso ejército que participó directa o indirectamente en sangrientas guerras durante 70 años. Y en esa expansión militarista, tengamos en cuenta que –aun entrados en la Guerra Fría– la URSS siguió recibiendo tecnología militar americana, incluida tecnología atómica, pese a que la historia oficial dice que fueron los científicos nazis capturados los que aportaron tal tecnología. El relato de este trasvase también ha sido estudiado por el imprescindible A. Sutton en su obra The best enemy money can buy (“El mejor enemigo que el dinero puede comprar”).

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Noticia de la hambruna masiva en Ucrania

Volviendo a Stalin, cabe destacar al menos un par más de temas. Por un lado, su política social y económica llegó al auténtico genocidio. El hecho más trágico de esta política, que tuvo lugar de forma caótica en unos pocos meses entre 1929 y 1930, fue la colectivización forzosa de todas las tierras y la deportación de millones de campesinos que fueron desplazados de sus tierras y realojados en remotas regiones. Así, gran parte del campesinado quedó esclavizado en grandes explotaciones colectivizadas, mientras que otros muchos fueron destinados como mano de obra forzosa a los gulags[11]. Además, a inicios de los años 30 Stalin reclamó la totalidad de las cuotas de grano impuestas (que en 1932 habían sido aumentadas en un 44%), condenando a muerte a millones de campesinos que no tenían nada más comer. De este modo, se ha calculado que, al ser incautadas sus cosechas, aproximadamente unos 6 millones[12] de campesinos ucranianos murieron de hambre, hecho que fue recogido por la prensa occidental en 1935.

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Gulag soviético de los años 30

Por otro lado, es tristemente famosa la cruenta represión política en forma de asesinatos, ejecuciones, deportaciones y persecuciones de amplios sectores políticos y militares, hasta llegar a las terribles purgas de los años 30, que se llevaron por delante las vidas de incontables opositores o simplemente rivales (reales o imaginarios) de Stalin. Esa fue la infame época de los gulags donde los enemigos del régimen fueron recluidos y maltratados, llegando a morir muchos de ellos. Se estima que entre 1937 y 1938 fueron ejecutados cerca de un millón de “contra-revolucionarios” mientras que otros cinco millones fueron enviados a los gulags, donde la mayoría murió debido a los abusos y las terribles condiciones de vida.

Asimismo, Stalin mandó ejecutar a muchos altos mandos militares e incluso a expertos oficiales que habían servido en la guerra de España. La experiencia de esos hombres era irremplazable y el Ejército Rojo lo pagó muy caro cuando los alemanes invadieron la URSS en 1941. El historiador disidente ruso Roy Medvedev dijo al respecto que “nunca el estado mayor de un ejército sufrió pérdidas tan grandes como las que sufrió el ejército soviético en tiempo de paz.” En cuanto a la 2ª Guerra Mundial, Stalin permitió el sacrificio inútil de millones de hombres y mujeres, con tácticas horribles y tropas mal equipadas. Y lo que no suele remarcarse en la historia oficial es que gran parte de la población rusa, bielorrusa o ucraniana veía a los alemanes no como invasores sino como libertadores de la opresión comunista. Pero, como bien sabemos, los nazis hicieron todo lo posible para ganarse la enemistad de la población, al tiempo que Stalin supo vender la guerra como una cuestión “patriótica” más que política.

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Stalin con sus “socios” Churchill y Roosevelt

En todo caso, es una paradoja[13] que un país volcado a la producción de armamento no tuviera suficientes fusiles para todos, obligando a muchos soldados a lanzarse al asalto sin poder disparar al enemigo (y eso sin contar que Gran Bretaña y EE UU enviaron enormes cantidades de armamentos, aviones y vehículos a la URSS). Además, los comisarios ya se ocupaban de imponer el terror entre las tropas, pues todos los que volvían a las filas propias rechazados por el enemigo eran ametrallados ipso facto por sus camaradas. Igualmente, todos los prisioneros rusos que fueron liberados o que de algún modo escaparon del cautiverio alemán acabaron directamente ejecutados o enviados a campos de concentración en Siberia. Y sobre lo que hicieron los soviéticos a la población civil alemana a finales de la guerra me remito al libro Hellstorm de Thomas Goodrich[14], para cuya lectura hay que tener estómago. Y no exagero. En cualquier caso, la guerra acabó y la Rusia soviética amplió su imperio añadiendo nuevos países conquistados detrás del “telón de acero” en los que impuso regímenes totalitarios fieles a Moscú. Y Stalin acabó su vida impulsando una Guerra Fría que duraría 40 años y que tendría episodios de inútiles y sangrientas guerras como Corea y Vietnam, aparte de los continuos conflictos árabe-israelíes[15]. Se estima que, aparte de las cuantiosas pérdidas sufridas durante la Guerra Mundial, unos 20 millones de personas murieron directamente por los dictados de Stalin.

En 1953 Nikita Khruschev subió al poder y, si bien la represión interna se moderó mucho, mantuvo la política de enfrentamiento mundial y de expansión del comunismo sobre todo en Asia, en países del Tercer Mundo y algunas naciones árabes, jugando así al juego de la élite –amenaza y bipolaridad– que justificó carreras de armamentos, guerras y revoluciones locales. Y cuando Khruschev visitó los EE UU no corrió a ver a los líderes izquierdistas y sindicales americanos, sino que se apresuró a estrechar la mano del banquero Nelson Rockefeller, uno de los fieles financieros del régimen soviético. Y recordemos que un cachorro de Moscú como Fidel Castro fue apoyado directamente por los Rockefeller… De todo esto, no les costará mucho deducir que la famosa “crisis de los misiles de Cuba” fue puro teatro para implantar el terror global.

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Mao Zedong

Más adelante, para la consolidación de la bipolaridad mundial, triunfó la revolución comunista de Mao Zedong en China, previa guerra civil como es habitual. En China se repitieron aproximadamente las mismas políticas y actitudes del partido comunista ruso, con el sometimiento de todas las clases sociales y la persecución implacable de los enemigos políticos. Veamos cuál era la concepción del poder que tenía Mao: “Todo el poder político proviene del cañón de un arma. El partido comunista debe poseer todas las armas, de modo que ningún arma pueda usarse para comandar el partido.” El resultado de esta política es que entre 1948 y 1952 fueron exterminados 20 millones de disidentes políticos. Y lo que ya no debería llamar la atención es que pese a seguir siendo formalmente un régimen comunista autoritario, China se ha convertido en las últimas décadas en la gran potencia hipercapitalista mundial, la fábrica del mundo e impulsora del consumo masivo en Occidente.

Asimismo, la extensión de la revolución china a otros países asiáticos también sería excusa para la aparición de regímenes comunistas en la zona, que sería causa de crueles guerras, sobre todo en la región de Indochina, con la complicidad inestimable de las potencias occidentales, básicamente los EE UU. Y entre los episodios más terribles de estas revoluciones, cabría destacar en los años 70 el régimen totalitario y sanguinario de inspiración maoísta de Pol Pot y los jemeres (o khemeres) rojos en Kampuchea (Camboya). Allí se instauró una revolución agrícola que quiso acabar con la cultura urbana, enviando a toda la población al campo para integrarse en colectivizaciones de trabajo forzado. El resultado de estas políticas fue un auténtico genocidio de millones de personas –con torturas, malos tratos, ejecuciones masivas, etc.– que fue objeto de juicio por crímenes contra la Humanidad. Se calcula que el régimen de Pol Pot acabó con la vida de una cuarta parte de la población de Kampuchea.

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Caída del Muro de Berlín (1989)

Y bien, hace unos 25 años se produjo la caída “oficial” del comunismo en Rusia y en muchos otros países. Pero aparte de la fachada, nada cambió, pues el capitalismo, la explotación del hombre y la confrontación global nunca se fueron de verdad. Hoy en día Rusia sigue siendo una potencia “controlada”, no menos imperialista y militarista que la URSS, que jugará su papel al igual que Corea del Norte, cuyo rancio comunismo de feria, su patán dictador y sus bravatas parecen salidos de una película de James Bond. Es simplemente un malvado necesario, a sueldo de los amos del mundo. Por lo demás, el llamado socialismo o comunismo democrático –desmarcado desde hace décadas del totalitarismo de corte soviético– sigue cómodamente instalado en el mundo “capitalista” y su elaborada farsa de la democracia y las libertades.

En fin, esta es la herencia de la revolución rusa de 1917. Lo que en teoría debía ser un movimiento emancipador de las masas contra la explotación y opresión del gran capital que condujera al “paraíso de los trabajadores” resultó ser un absoluto fiasco pues los mismos que manejaban un bando manejaban el otro, y el comunismo funcionó perfectamente en sus dos facetas: como contrapoder del mundo liberal-democrático-capitalista (lo que produjo subversión, terror y guerras) y como forma eficiente de esclavización de la población, a la que no sólo le negó la libertad sino que también la privó de un digno nivel de vida en muchas ocasiones. Es más de lo mismo, puro egoísmo y materialismo –ya sea con la etiqueta de “capitalista” o la de “comunista”– que sólo busca la destrucción completa del espíritu humano y la sumisión a un sistema de poder omnímodo y a un mundo material de miedo, sufrimiento e ignorancia disfrazado de paraíso social de bienestar. Ese es el objetivo marcado; no vayan a creer que el “comunismo” ha muerto.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

Bibliografía

ALLEN, G. None dare call it conspiracy. (1971)

BRAMLEY, W. Gods of Eden. (1993)

GOODRICH, T. Hellstorm. The death of nazi Germany 1944-1947. (2010)

LINA, J. Architects of deception. (2004)

MOOREHEAD, A. La revolución rusa. Ed. Destino. Barcelona, 1958.

SUTTON, A. The best enemy money can buy. (1986)

SUTTON, A. Wall Street and the Bolshevik Revolution. (1974)

SUTTON, A. Western Technology and Soviet Economic Development. (1968)

WALTER, G. Lenin. Ed. Grijalbo. México, 1959.


[1] Dado que el calendario usado por los rusos no era el mismo que el del mundo occidental, existe un desfase que afecta a las dataciones. Así, lo que en la nueva cronología serían fechas de marzo y noviembre, para los rusos de entonces serían de febrero y octubre.

[2] No es casual que la fiesta de los trabajadores, de inspiración socialista, coincida con la fecha de fundación de dicha orden, el 1 de mayo.

[3] Sutton escribió una obra clave sobre el papel de Wall Street en el triunfo de la revolución bolchevique: Wall street and the bolshevik revolution.

[4] Esta iniciativa ya provocó el primer levantamiento revolucionario contra el zarismo en los luctuosos sucesos de 1905, que incluyó el Domingo Sangriento en San Petersburgo.

[5] Prácticamente en esta lista estaban todos los grandes nombres de Wall Street como Rockefeller, J.P. Morgan, Harriman, Warburg, Khun & Loeb, Vanderlip, etc. a los que habría que sumar el apoyo británico del multimillonario Lord Alfred Milner, también en la órbita Rothschild.

[6] En realidad, una amalgama de anti-bolcheviques donde había zaristas, liberales, socialistas moderados y otras minorías. También contaron puntualmente con el apoyo de alguna potencias occidentales.

[7] Si bien hay cálculos que rebajan esa cifra a entre 1 y 2 millones.

[8] Lenin se refería a una hambruna anterior acaecida a finales del siglo XIX que causó la muerte a medio millón de personas.

[9] BRAMLEY, W. Gods of Eden. 1993. (Traducción del original inglés)

[10] El armamento ruso recibido por la República española era muy moderno y podía competir bien con el alemán o el italiano. De hecho, los mejores tanques de la guerra fueron rusos y los aviones rusos (propulsados con motores americanos copiados con licencia) sólo fueron superados por el diseño alemán más avanzado, el Messerschmitt Bf-109.

[11] Los gulags (acrónimo en ruso de “Dirección General de campos de Trabajo”) eran los campos de trabajo forzoso dependientes del NKVD, organismo de seguridad antecesor del KGB.

[12] Otras fuentes sitúan las víctimas entre 7 y 10 millones de personas y señalan a Stalin como instigador de una limpieza étnica y política anti-ucraniana camuflada bajo la hambruna forzosa. En 2006 el parlamento de Ucrania declaró estos hechos como Acto de Genocidio premeditado.

[13] No es tal paradoja, empero, si en realidad quieres matar a tu propio pueblo de una manera discreta o justificada.

[14] GOODRICH, T. Hellstorm. The death of nazi Germany 1944-1947. Aberdeen Books, 2010.

[15] Es patente que los EE UU y otros países occidentales apoyaron a Israel, mientras que la mayoría de naciones árabes fueron equipadas militarmente por la URSS.

 


8 respuestas a “Centenario de la revolución rusa: nada que celebrar

  1. Wowww!! ¡¡Bramley y Jüri Lina entre tus fuentes!! Celebro que te nutras de autores tan “sospechosos”… No terminé de leer la totalidad de la entrada; pero de seguro que volveré para enfocarlo más a fondo en cuanto disponga de ‘timing’.

    Un millón de gracias por tus sesudos y elaborados análisis, brother.

    1. Gracias por tu comentario

      Me nutro de todas las fuentes que me parecen fiables, serias y rigurosas, y eso incluye desde el “aceptable” Sutton hasta autores malditos que destapan la metahistoria, como los que has citado. Pero obviamente siempre tengo presente que se pueden equivocar, que pueden tener sesgos o simplemente que sólo han alcanzado a desvelar una parte de los hechos. Otra cosa sería hablar de historiadores oficialistas que deliberadamente presentan una historia conveniente para las masas.

      Saludos,
      X.

      1. Perfecto enfoque, Xavier: Dudar… hasta de la propia sombra.

        Me leí ya todo el tocho. Y hasta me lo bajo pues seguramente me servirá como apunte resumido sobre el tema.

        Y ya que estamos ambos ‘on line at the moment’… al hilo de lo que comentas aquí sobre autores de uno u otro signo… -y en general en relación al apartado del artículo centrado en la revolución bolchevique- …me gustaría conocer la opinión o el crédito que te merece la visión a este respecto del tal Alejandro Eleazar… -si acaso le llegaste a consultar en su día-; y te lo pregunto así, a las claras… aún a riesgo de pecar de exacerbadamente conspirativo.

        Es que parece ser que se está poniendo demasiado de moda el hombre este y el caso es que la mera supervisión de los títulos de sus capítulos no me acaba de resultar del todo sugerente (XD!). Y por eso me vendría bien un empuje atrás o alante por parte de alguien más experto en aras a lanzarme a su consulta detallada o dejarlo para cuando estemos algo más aburriditos.

        ¡Buen trabajo, master! And… thankx in advance.

  2. Sí, todos en el mismo bando…. Hay kien incluso asegura ke todas las supuestas ejecuciones de oligarcas, como la del presidente de Irak o Libia, son ficciones y…. siguen vivos y lo mismo dicen de las ejecuciones de la familia del zar… de las guillotinas francesas… Es ke, esto es lo ke despista un poco a mucha gente, ke los ke “pierden” mueren, y por lo tanto sí hay un enfrentamiento de verdad….Eso sí, no es el caso de esta fascista “revolución de colores” catalana, donde se les ve a todos… TAN AMIGOS…. No se ven muertes, ni ficticias ni reales, ni encarcelamientos, ni ficticios ni reales…. de momento, aunke para el pueblo, todo es y ha sido siempre, real, incluso las mentiras…

    Pero está claro, ke donde hay “financiación” (lo entrecomillo porke nadie se da cuenta de ke el dinero, en realidad, no pertenece a nadie y en el fondo, es un vehículo para hacer cosas de interés, pero está “secuestrado”) hay movimiento, tanto para algo positivo como… negativo. ETA tenía financiación, respaldo político, y una nula, NULISIMA, lucha contra ella, y sorprendentemente, la gente no se da cuenta de ello…. y esta última super-cómica “revolución” catalana digamos ke me ha abierto los ojos de par en par, para llegar a la conclusión de ke…lo de los “Comuneros”, lo de Francia, Rusia, etc, solo fueron luchas de poder, o re-estructuraciones de la sociedad… nada es espontáneo en las masas… al menos cuando actúan como masas…. y su ceguera llega a tal punto, ke no les importa apoyar a unos chorizos ke saben ke no les interesa ese pueblo ke dicen kerer gobernar… si bien, del otro lado, también hay gente ke no ve la jugada y con mucho entusiasmo grita ¡viva el rey! y piensan ke votar a rajoy, es “el mal menor” y no saben, ke rajoy también está metido en el ajo…

    La manipulación de las masas, llega a tal punto, ke hay dos multinacionales, Avina y Ashoka, ke financian eso ke llaman “emprendedores sociales” y ke pueden ser personas ke hablen de “soberanía alimentaria” por ejemplo; de ahí ke diga en mi vídeo, ke incluso hay ke ser críticos con la manera de actuar de esos “líderes” ke pidan y trabajen cosas concretas…

    1. Gracias Ania por tu comentario

      Sí, por desgracia, todo teatro, o mejor dicho, engaño y manipulación al más alto nivel. La gente no sabe nada de nada, pero a lo mejor algún día empiezan a unir cabos y quién sabe…

  3. Mmmmmmmmmmm, de aquí a Siberia a ser reeducado.

    Pues si, parece que lo poco que tuvo de popular la revolución Rusa, pronto quedo enterrado, y nunca mejor dicho, por los bolcheviques.
    Ahí queda el testimonio de los Españoles que regresaron de visitar el nuevo “paraíso obrero” y contaron espantados como los dirigentes del partido tenían todo tipo de lujos mientras el pueblo moría de hambre. Tenemos también la Rebelión de Kronstadt o la persecución y rechazo de los anarquistas o la lucha a muerte contra estos en Ucrania.

    Sobre el parásito Marx, añadir que su ideología estaba pensada en y para una economía industrial moderna y no para una agrícola y casi feudal, donde se puso en práctica.

    El comunismo totalitario ha demostrado (menos a algunos comunistas que aun no lo reconocen), ser capitalismo de estado y parte de una estrategia creada por el mismo poder en la sombra que mueve los hilos del capitalismo occidental.

    Un saludo.

    1. Gracias Piedra

      Coincido básicamente con tus argumentos, y date cuenta -como bien has citado- que el marxismo estaba pensado para sociedades industrializadas capitalistas… justamente donde jamás se impuso. No hay por donde cogerlo; a la opresión le puedes poner los calificativos que quieras pero sigue siendo opresión. Y sobre la planificación de las revoluciones, no lo he mencionado en el texto, pero he leído que Lenin había afirmado que la siguiente revolución comunista sería en España. Esto lo dijo en 1921, cuando en España el comunismo era testimonial (e incluso creo que no existía aún el PCE, si bien el movimiento obrero ya era bastante fuerte). Hasta el famoso Valentín González, “El Campesino”, comunista acérrimo, salió por pies del paraíso de los obreros después de pasar allí una temporada no precisamente agradable…

      Saludos,
      X.

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