La dura experiencia del despertar

arbol_luzHoy en día, en determinados ámbitos alternativos, se habla a menudo del concepto de despertar o de iniciación, que para unos es ensalzado y para otros ridiculizado, con el agravante de que algunas corrientes pseudo-espirituales como la New Age han aportado más recelo o confusión a nivel social. Así pues, permítanme que les explique muy por encima desde mi limitado conocimiento en qué consiste eso del despertar, por qué es un auténtico mazazo –aunque también provoque cierta liberación– y cómo podemos gestionar nuestra vida cotidiana una vez entrados en ese estado.

Partiendo de la alegoría de la caverna de Platón, se podría suponer que cuando uno se libera de los grilletes que le tenían fijado al fondo de esa oscura cueva que llamamos mundo real, y consigue entrever un poco de la luz que proviene del exterior, debería estar dando saltos de alegría. Pero no es así. La propia historia platónica ya nos dice que el despierto va a sufrir los efectos de la luz solar directa –que le cegará por momentos– y lo que es peor, va a ser víctima de la incomprensión, incredulidad e incluso hostilidad por parte de aquellos que siguen aferrados al fondo de la cueva y que se creen libres.

Asimismo, es oportuno señalar que el despertar no es en sí mismo una meta. Es más bien un primer paso de un largo camino que lleva a la iniciación y en última instancia a la iluminación, si bien a veces se hace difícil distinguir entre estos tres conceptos (hay múltiples opiniones al respecto). En mi modesta opinión, yo veo tal distinción más como una cuestión de intensidad o de profundización que una cuestión cualitativa. Sea como fuere, no pretendo hacer aquí de gurú o maestro porque soy un mero principiante, y me limitaré a expresar mi parecer y experiencia para ofrecer algunas pistas a quien pueda necesitarlas.

Vayamos al grano. ¿Qué es “despertar”? Para simplificar, podríamos decir que todos nosotros –prácticamente desde que nacemos– estamos conectados a un mundo físico, con sus propias reglas naturales, dentro del cual funciona una especie de orden que llamamos “sociedad humana”, con sus múltiples facetas relacionadas con nuestra mente y nuestra existencia (política, economía, religión, cultura, etc.). Todo esto contribuye a crear una identidad personal dentro de una identidad colectiva y así se mantiene hasta el momento de nuestra muerte. Ese es el camino habitual de los dormidos.

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El ciclo habitual de la vida de un dormido: de la cuna a la tumba sin enterarse de nada

Sin embargo… algunas personas, por un motivo profundo que desconocemos, perciben una especie de error o distorsión en ese mundo cotidiano y empiezan a cuestionarse la realidad, viéndola incluso como algo ajeno, anómalo e incluso hostil. No se trata de un rechazo o alejamiento de tipo ideológico, sino más bien espiritual o vibracional. Algunos experimentan esto desde su más tierna infancia –en cuanto tienen uso de razón– pero en muchos casos son incapaces de ir más allá, simplemente porque no poseen aún la capacidad mínima para reflexionar y dar una respuesta a su inquietud. Sin embargo, esta distorsión o disonancia sigue ahí, en el fondo, a pesar de que no pueda explicarse o eliminarse mediante un proceso mental.

Sea como fuere, llegado el momento, tienen lugar una serie de hechos –nunca fortuitos– que van cuadrando y juntándose en el tiempo y el espacio para producir una reacción en el individuo. No suele ser un proceso de un día para otro; lleva semanas y meses, o incluso años. Es como una cadena que empieza con un eslabón, a la cual poco a poco se le van añadiendo más eslabones hasta que la persona empieza a “tomar conciencia”, y todo aquello que previamente no había podido explicar cobra un sentido definido. Esto, metafóricamente, podríamos considerarlo como la llegada de la luz a la conciencia. Claro que no todo el mundo recibe la misma intensidad de luz, lo que provoca la existencia de “medio-despiertos” o de personas que apenas abren un poco los ojos. Y luego están los que en una sola experiencia –a veces breve– pasan prácticamente de dormidos a iluminados, como le ocurrió a Bhagavan Sri Ramana Maharshi.

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El despertar provoca desasosiego

El caso es que, una vez llegados a este punto, es cuando comienzan de verdad los problemas. Cuestionarse el mundo real, cotidiano u objetivo representa una caída a los infiernos, porque nuestro yo mental-emocional se había construido en torno a ese mundo, y todo nuestro entorno social sigue apegado ahí. Normalmente, el despertar es una bofetada, un mazazo, una depresión, un desasosiego completo porque el individuo pierde los puntos de orientación o referencia que daban estabilidad a su existencia, y lo que es peor, pierde el vínculo con su entorno más próximo. Lo que para el resto de mortales tiene un valor indiscutible deja de tener sentido para el despierto, que pasa a interpretar el mundo de modo muy distinto. Esto provoca automáticamente una ruptura que es difícil de manejar y encajar porque puede afectar a las personas más próximas: la pareja, los hijos, los padres, los amigos, los compañeros de trabajo… prácticamente todo el mundo. No es infrecuente pues que las relaciones se resientan o incluso que desaparezcan completamente.

En suma, todos (o casi todos) los que están alrededor del despierto siguen dormidos y no pueden entender qué está sucediendo. Ello provoca en la mayoría de las ocasiones un dilema que fuerza a la persona despierta a seguir como si nada sucediese –o sea, a fingir– o bien a vivir su nueva existencia de la mejor manera posible, tratando de compaginar una vida más o menos convencional con otra vida de introspección. Con todo, el despierto sabe que no hay marcha atrás y que deberá cargar con el peso de su nueva mochila. Ha descubierto un camino que se sale de las rutas habituales y debe asumir que transitar por dicho camino –hasta donde él quiera llegar– tiene un precio.

Por de pronto, el yo con el que se identificaba se empieza a desdibujar o borrar mientras va emergiendo otro yo más profundo, lo que causa obviamente un choque o conflicto que sólo el propio despierto puede resolver. Para ser exactos, el acto de despertar es la vieja historia de la muerte y el renacimiento, pero en un mismo cuerpo y una misma mente, con lo cual el hombre o mujer afectada sabe que su identidad ha cambiado y que su vida también ha cambiado para siempre, aunque el mundo –aparentemente– siga girando en el mismo sentido. Dicho de otro modo, el despertar crea la sensación de ser un extraño en tierra extraña, una especie de intruso o exiliado en un lugar que no le corresponde y que no considera “su casa”. Por lo tanto, el despertar representa básicamente soledad, aislamiento e incomprensión, una vivencia que resulta lejos de ser placentera.

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La constante presencia del “sistema”

En la práctica lo que ocurre es que los parámetros en que se movía la vida de la persona se empiezan a mover y tambalear. Generalmente muchas personas despiertas empiezan a cuestionarse lo que tradicionalmente se ha venido a llamar el sistema, nuestro modelo de sociedad que abarca casi todos los aspectos de nuestra vida, y que está regulado por el estado, los gobiernos, la política, las finanzas, la economía, el trabajo, el dinero, las leyes, las normas, las creencias, las costumbres, las modas, la tecnología, etc. Lamentablemente, algunos no pasan de ahí o confunden el sistema con el modelo capitalista, que es sólo una de las manifestaciones de éste. ¡Incluso los llamados “anti-sistema” son los más apegados a dicho sistema!

Pero un auténtico despierto acaba yendo más allá y entiende perfectamente qué es el sistema, o sea la superestructura de poder que podemos apreciar, sentir, sufrir, etc. Este sería un estadio que podríamos relacionar con lo que se considera teorías de la conspiración, aunque tal vez ésta no sea una expresión muy lograda ni muy exacta. Además, por desgracia muchas veces causa confusión y más apego a lo que realmente queremos abandonar, pues bastantes personas se quedan en la esfera de una especie de lucha social o política que no conduce a ninguna parte, porque son incapaces de profundizar en la realidad subyacente. Pero en todo caso es, o puede ser, sin duda un primer paso para la iniciación y la iluminación.

El siguiente estadio es el cuestionamiento mismo de lo que llamamos realidad, y eso ya son palabras mayores. Este sería el punto en que propiamente puede dar comienzo la iniciación, el descubrimiento de lo que hay más allá de los velos de la realidad física y objetiva en la cual nos movemos en nuestro estado de conciencia habitual. Este es el punto de confluencia de las más antiguas tradiciones espirituales y esotéricas junto con las modernas teorías científicas que se sitúan fuera del materialismo, y que algún modo tratan de dar respuesta a las preguntas filosóficas claves de nuestra existencia: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?, o incluso la más simple: ¿Qué estoy haciendo aquí? A partir de ahí se inicia una búsqueda en la que pueden intervenir personas, situaciones, lecturas, experiencias de todo tipo, llegando incluso a la exploración de otros estados de conciencia que nos conectarán con otras realidades o universos. He tocado estos temas en varias ocasiones en este blog y no me voy a extender en más comentarios, porque nos alejaría del eje del presente artículo.

Lo que sí vale la pena resaltar es que este proceso de despertar o alcanzar la iluminación progresiva no es ninguna maravilla en términos personales, ni una especie de éxtasis. Antes bien, es una experiencia dura y fatigosa que se vive en solitario, porque nadie puede hacer el camino por nosotros. Y para construir, primero hay que destruir. Como dice el maestro espiritual Adyashanti[1]:

“No nos equivoquemos con esto: la iluminación es un proceso destructivo. No tiene nada que ver con ser mejor o ser más feliz. La iluminación es el derrumbe de la mentira. Es ver a través de la fachada de la pretensión. Es la erradicación completa de todo lo que imaginamos que era verdad.”

En efecto, despertar es dejar atrás la persona que éramos para comenzar un viaje que no sabemos muy bien a dónde nos llevará. Y entonces surgen múltiples dudas y problemas sobre cómo gestionar nuestra vida y sobre todo nuestras relaciones con lo que un amigo mío llama “los normales”. Porque está claro que de un día para otro no adquirimos una nueva identidad. Seguimos cargando con nuestro antiguo yo mental –al que le hemos tomado cierto cariño y apego con los años– mientras construimos nuestra identidad espiritual que está muy por encima de ese yo mental que no para de hablarnos internamente y de hacernos sentir bien o mal según el momento.

Para acabar quisiera aportar algunas ideas sobre ese “convivir” con el despertar, sin ánimo de sentar cátedra o de dar soluciones mágicas. Cada persona debe actuar según sus propios principios y sensaciones, y con el ritmo vital que crea adecuado. Habrá quien opte por abrazar directamente una vía mística y querrá irse a la otra punta del mundo, hacerse monje budista, dedicarse a la meditación en un islita de Indonesia, o establecerse en una montaña de los Andes. Sin embargo, la mayoría de despiertos no huyen necesariamente de su espacio físico habitual y se dedican a crear su propio espacio interior mientras siguen con sus vidas (aunque prácticamente en todos los casos los despiertos cambian de rumbo de un modo notable). ¿Y qué hacer entretanto? ¿Cómo convivir con los dormidos?

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La vía mística y la separación de la civilización: una opción (pero no la única) para el iniciado

Mi propia experiencia me lleva a constatar que –sin hacer nada– muchas cosas se ponen espontáneamente en su sitio, y relaciones de muchos años con amigos de “toda la vida” se acaban por caer. Dejas de verlos, llamarlos, salir juntos… No hay ninguna intención expresa, simplemente ocurre, y podemos lamentarlo más o menos pero sería un error buscar culpas en una u otra parte. Pero seguimos teniendo relaciones y entonces nos preguntamos: “¿Debo explicarle lo que me pasa? ¿Lo entenderá?” Este paso puede hacerse con naturalidad y a veces hasta resulta una cierta liberación, aunque no es infrecuente que la respuesta sea una cara extrañada de sorpresa o desorientación. Incluso hay gente que puede pensar que el despierto sufre algún tipo de trastorno y se empiece a preocupar por su salud mental. Con todo, hay que tender puentes, mantener las amistades (si eran sinceras), compartir todo lo que se pueda y mantener una actitud positiva y comprensiva.

Ahora bien, lo que suele ser contraproducente es explicarlo todo de golpe y sobre todo intentar convencer de tu nueva visión del mundo a las otras personas. Inevitablemente, casi todos los despiertos queremos que todo el mundo despierte, sacarlos del campo de concentración, a tantos como se pueda. No es raro tener esa inquietud, pero se debe aceptar que la libertad de cada uno es sagrada y que tanto empeño es sólo un recurso de la mente, que nos puede hacer creer que tenemos un pequeño papel de Mesías. Esto es erróneo; en todo caso, de compañero, guía o ayudante. Si el hecho de subir un escalón nos hace sentir por encima de cualquiera, entonces hemos perdido el norte y podemos caer en la soberbia[2]. Esto le ha pasado a muchos personajes iniciados o iluminados, que han acabado recluidos en un gran ego[3] (o sea, justo lo que tratábamos de destruir en el viaje espiritual) como fue el caso del gran esoterista francés André Malby, íntimo amigo de Andreas Faber-Kaiser.

Hay que admitir pues que el hecho de despertar no es un proceso mental y por lo tanto no podemos forzarlo en las demás personas (ni nadie puede forzarlo en nosotros). Pero igual que perdemos relaciones ganamos otras, y descubrimos que el fenómeno del despertar no es tan exclusivo de una ínfima minoría. Lo que ocurre generalmente es que mucha gente siente una cierta desazón ante la paranoia del mundo en el que vive pero no sabe explicarla ni sabe cómo encararla. Así, no es raro que se produzca una serie de sincronicidades –que nada tienen de azarosas– y que vayamos contactando con otras personas que están en una misma onda vibracional, si bien lo más habitual es que cada uno esté en niveles diferentes, por no hablar de los que ya llevan muchos años experimentando un camino espiritual genuino (para diferenciarlo de tendencias de tipo New Age). Sea como fuere, en cada nivel hay unos estímulos o unas pistas y podemos aprovecharlas para seguir creciendo, si eso es lo que resuena en nuestro interior.

En definitiva, una vez consolidados en el despertar, no debemos juzgar ni valorar si es bueno o malo, o si era mejor permanecer ignorantes (dormidos) para evitar el mazazo. Solamente ha ocurrido; hay que dejar que el universo fluya en nosotros y no darle más vueltas. Estamos en la vía del auto-conocimiento y veremos a dónde nos conduce. En esa vía, cada uno es libre de tomar sus propias decisiones y sacar partido (o no) de las experiencias vitales. En todo caso, no pongamos barreras ni prejuicios a lo que nos sucede, ni tratemos de asimilarlo intelectualmente. Al fin y al cabo, como decía John Lennon, “la vida es aquello que te va pasando mientras tú [la mente] tratas de hacer planes.”

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Adyashanti significa “paz primordial” y es el sobrenombre del estadounidense Steven Gray (1962), que recibió formación Zen durante 14 años. Ha escrito numerosos libros sobre espiritualidad y sus enseñanzas se basan fundamentalmente en la doctrina del Advaita Vedanta (no-dualidad) hindú.

[2] Esto lo recalcó muy explícitamente Georges Gurdjieff en las enseñanzas a sus discípulos.

[3] Posiblemente este fue el sino de los llamados Illuminati, personas que tomaron la iniciación como un arma de poder y dominio absoluto sobre los demás.

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10 thoughts on “La dura experiencia del despertar

  1. Un esfuerzo de síntesis plausible que me ayudará a explicar lo que me sucede a los que aún no me comprenden: pocos, la verdad, porque, como bien apuntas, me ha creado básicamente soledad, aislamiento e incomprensión. Muchas gracias

    1. Gracias a ti Jumanper

      Lógicamente el tema da para escribir un libro, pero al menos he intentando dar las pinceladas básicas, sobre todo pensando en el hecho de “sentirse descolocado” y cómo reaccionar ante el aislamiento, pero ya sabes aquello de “consejos vendo y para mí no tengo”; cada uno debe hacer su propio camino.

      Un saludo cordial,
      X.

  2. Que alivio y paz produce leer articulos como este!Que resuenan y amortiguan el pensamiento cotidiano:Que pinto yo aquí? Rodeado de todo esto?….pero bueno….esa es mi tarea.Gracias! Estoy con el libro de Abinash Chandra,El científico y el Santo.Imprescindible para comprender donde nos encontramos.Un saludo Xavier.

    1. Gracias Ismael

      Precisamente vi el reportaje que hizo Alish sobre la presentación de dicho libro y -aunque aún no lo he leído- creo que será muy recomendable, para todo el mundo, despiertos o no…

      Saludos,
      X.

  3. A un individuo que ha presenciado la verdad de que todos somos el mismo y ÚNICO fenómeno con aspecto de muchos jugando al paripé consigo mismo… no le restan más razones para ocuparse o preocuparse de su familia, amigos, allegados, adláteres o antagonistas. Todas esas nociones se desvanecen; pierden todo su significado.

    Lo lógico es pues… -como hicieron la mayoría- …retirarse de la sociedad.

    Por eso comentaba anteriormente que la problemática del auténtico “despertar” (o el “volver a casa”) conduce inexorablemente al solipsismo; ya bien descartiano o desde una perspectiva más advaita, zen, mahayana o taoísta.

    Está OK que te ocupes de cuando en vez sobre estos temas, Xavier. Enhorabuena de nuevo.

    1. Gracias por tu comentario

      Decía Ken Wilber que de lo único de que podemos estar seguros es del “Yo soy”, la subjetividad absoluta. El problema es determinar qué es ese “yo”. Estoy estudiando el tema de la Gnosis por si puede darme alguna pista…

      Saludos,
      X.

      1. Entre otros… parece ser que Descartes fue quien se percató de hasta qué punto ese ‘yo soy’ es el único que de hecho ‘es’… hasta que se logra dar un paso más allá y se comprueba igualmente su desaparición.

        En cuanto a lo de la versión advaita del asunto pienso que, más que Ramana, a quien considero demasiado piadoso y negador in extremis del poco o mucho margen de libre albedrío que como seres ‘Yo soy’ disponemos, considero que Nisargadata llega a ser bastante más saludable y beneficioso para lograr un entendimiento no demasiado… -digamos- …destructivo del ‘Yo soy’. (XD!)

        Cuídate hermano.

  4. Nos encontramos en sitios como este (tu blog) gracias a gente como tú… Es cierto lo que dices; no hay nada placentero en despertar; ya lo decian en “Matrix”: la pastilla roja o la azul… y recuerda; solo te ofrezco la verdad…
    Un saludo;

    1. Gracias Jabi

      A ver si podemos compartir más cosas y seguir avanzando. Y por cierto, tengo previsto en breve darle un repaso al clásico “Matrix”, para sacar a la luz algunas cosas de interés… precisamente sobre el tema que acabo de abordar.

      Saludos,
      X.

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