La creencia conforma nuestra realidad

¿Hasta qué punto el llamado mundo real es externo a nosotros? ¿Cómo interactuamos con él? ¿Cómo nos influye y cómo influimos en él? ¿De verdad construimos nuestra realidad a partir de nuestros deseos o creencias? ¿Cómo determina nuestro pensamiento la observación del mundo físico (sobre todo en ciencia)? Estas son algunas cuestiones que ya he tratado puntualmente en este blog, sobre todo a partir de las propuestas de Rupert Sheldrake, y que me resultan fascinantes por el concepto de una cierta subjetividad absoluta, esto es, el poder del observador (la conciencia) para construir una realidad supuestamente objetiva, pero teniendo en cuenta que en verdad no hay una distinción entre lo observado y el observador.

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¿Creamos a cada instante nuestra realidad?

Con relación a esta materia, me es grato presentar un nuevo artículo del doctor Patrick Quanten, del cual ya he publicado otros materiales en los que defiende una nueva visión de la ciencia, de la biología y la medicina en particular, hasta el punto de desarbolar con argumentos científicos determinadas verdades empíricas consideradas indiscutibles, como la teoría de la infección o el beneficio de las vacunas, por poner dos ejemplos de peso. En este interesante documento, Quanten explora un asunto muy incómodo para el actual paradigma, que no es otro que la influencia de nuestras creencias o visiones en nuestro entorno más próximo y en nuestra propia salud, frente a la supuesta solidez y objetividad del mundo natural que nos quiere presentar la ciencia materialista-reduccionista.

Así pues, desde los principios básicos de la física cuántica, el doctor Quanten nos expone mediante ejemplos y estudios rigurosos de varios expertos el evidente poder de nuestro pensamiento o intención consciente a la hora de conformar nuestra realidad, pasando de imaginarla o visualizarla a crearla de modo efectivo, y no sólo en el presente, sino también en el pasado o el futuro. No obstante, ahora nos podríamos preguntar: “¿Entonces, cómo es que observamos un mundo tan similar, tan común, si todos y cada uno de nosotros creamos?”

Como afirma el propio Quanten: “Esto concuerda con lo que se comprende del efecto observador en la teoría cuántica, de que la primera observación de una entidad cuántica descodifica o colapsa su estado de potencial puro en un único estado. A continuación es menos probable que cambie mayormente, ya que es más y más probable que las observaciones futuras manifiesten esta potencialidad concreta en un estado único similar. De ahí que el mundo nos parezca a todos nosotros más o menos parecido, porque nosotros compramos el cuadro que otros antes que nosotros han creado, de entre todas las formas posibles en que el mundo podría haber parecido.”

Maravillas del mundo cuántico, sin duda, pero me pregunto qué pasaría si dejáramos de comprar ese mismo cuadro y rompiéramos las cadenas de una potencialidad forzosa

Prestando atención a la intención: Cómo la intención da forma al mundo en que vivimos

No se ha perdido el tiempo intentando saber más sobre la energía.

Desde el momento en que nuestros científicos aceptaron que todo es energía, y que todo procede de la energía, se dedicaron a intentar saber más sobre la energía. Desde luego, puesto que todo es energía, existe una gran variedad de “energías”, pero la energía humana, el poder que tiene, y la forma en que gobierna nuestras vidas, es algo que ha intrigado a muchos investigadores.

A partir del momento en que nuestro conocimiento ha abarcado y superado la física cuántica, los científicos se han mantenido atareados, diseñando experimentos que constatasen lo que ya se conocía.

Uno de los factores importantes es el hecho de que el observador modifica lo observado. El simple hecho de que uno observe algo, o lo mida, cambia el objeto. Una manera sencilla de comprender esto es que cuando no observamos el comportamiento de la luz, ésta se comporta como una onda, pero desde el momento en que empezamos a realizar mediciones, parece que esté compuesta de partículas. Hemos aprendido desde entonces maneras de observar la luz como una onda, y en consecuencia la observamos comportándose como una onda y no como una serie de partículas.

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Medición de la tensión arterial

En términos prácticos eso significa que al medir tu tensión arterial, ésta cambia. Y muchos de vosotros podréis confirmar el hecho de que al preguntar como ha salido la medición, generalmente arroja una lectura más alta que la que el tensiómetro os ha dado en casa. Es más, si cuando te colocan el manguito estás “ansioso” por el resultado, de nuevo incrementas los valores medidos. De hecho, parece que simplemente con pensar en tomarnos la tensión arterial es probable que ésta cambie, según sea nuestra actitud hacia la prueba. Estas afirmaciones ya no son las fantasías de ningún profesor rarito y despistado. Son verdades aceptadas en ciencia.

¿Por qué pues no están aceptadas en la vida cotidiana? ¿Os imagináis lo que podría significar esto en una sociedad que confía totalmente en las mediciones? El estamento médico al completo tendría que dejar de hacer evaluaciones, pruebas sanguíneas, y todo tipo de análisis. ¿En qué basaría su diagnóstico? ¿En nada? ¿En corazonadas? ¿Cómo puede ser cierto algo si nada puede ser medido sin alterarlo?

Son preguntas pertinentes que, a buen seguro, se han estado planteando desde hace ya algún tiempo. En cierta manera se acostumbraron a no entretenerse con sus habituales medios de práctica. Los científicos más concienzudos incluyeron este conocimiento en sus trabajos de investigación, sin importar cuan imposible pudiera parecer a simple vista, encontrando formas de seguir adelante. Están “midiendo” las energías, jugando con ellas, y “observando” los resultados. La interpretación ha cambiado mucho desde Einstein.

En los experimentos modernos lo que mayoritariamente se intenta es establecer la magnitud del efecto. Significa que comparando, digamos, dos grupos diferentes, se busca una diferencia considerable entre ellos, estableciendo que uno ha realizado el cambio y el otro no. Para dar una idea de qué podrían ser esos cambios, necesitamos saber que una magnitud de efecto es una cifra estadística utilizada en investigación científica para demostrar el efecto del cambio, o resultado.

Se llega a ello a través de una serie de factores, comparando generalmente dos grupos, uno de los cuales ha realizado el cambio. Una magnitud de efecto por debajo de 0,3 se considera baja, entre 0,3 y 0,6 es media, y cualquier cosa por encima de 0,6 se considera grande. Para daros una idea de lo que significa, cuando las autoridades nos dicen que se ha “probado” o “demostrado” que algo tiene éste o aquel efecto, podría ayudaros saber cómo han llegado a esa conclusión.

La aspirina, considerada en estos momentos como el preventivo más eficaz contra el infarto, tiene una magnitud de efecto de tan solo 0,032. Podría decirse que el efecto es casi insignificante. Sin embargo se nos dice que todos necesitamos tomarla para prevenir los infartos. Esta es la diferencia entre lo que las investigaciones arrojan, y lo que las autoridades elaboran. 

La sanación como energía
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Christiaan Huygens

Sincronización es un término que se utiliza en física. Significa que dos sistemas oscilantes entran en sincronía. Fue acuñado en 1665 por el matemático holandés Christiaan Huygens, tras descubrir que los péndulos de dos de sus relojes, colocados muy cerca uno del otro, empezaban a moverse al unísono.

Lo mismo ocurre con el ciclo menstrual de mujeres que trabajan en estrecha proximidad una de la otra, y que acaban sincronizándose. También podríamos contemplar el hecho de que personas que pasan un montón de tiempo juntas, empiezan a tener ideas similares. ¿Cómo funciona esto?

Dos ondas cuyos picos y valles se producen al mismo tiempo se considera que están “en fase”, o que funcionan en sincronía. Aquellas cuyos picos se producen en momentos diferentes están “desfasadas”. Los físicos creen que la sincronización se produce mediante insignificantes intercambios de energía entre dos sistemas que están desfasados, ocasionando que el uno se ralentice y que el otro se acelere hasta que los dos están en fase.

Se relaciona también con la resonancia, o la capacidad de cualquier sistema de absorber más energía de lo normal en una frecuencia particular (el número de picos y valles por segundo). Cualquier cosa que vibre –¿y qué no lo hace?– tiene unas frecuencias preferentes, denominadas frecuencias resonantes, en las que la vibración se hace más fácil. Cuando le llegan o “escucha” vibraciones de cualquier otro lugar, se desentiende de todas las que no están en su propia frecuencia de resonancia, para escuchar solo ésta.

Una vez marchan al mismo ritmo, las cosas que se han sincronizado envían una señal mucho más fuerte de lo que hacían individualmente. En la música instrumental se puede constatar esto con claridad, ya que el sonido se amplifica cuando todos están tocando en fase. En la sanación se puede observar algo similar. El impacto sobre el sujeto es mucho mayor cuando el ambiente que le rodea, las personas que están conectadas con él, incluyendo el número de sanadores con los que se está trabajando, están enfocando su intención hacia el mismo punto.

También es la forma que tienen las autoridades para asegurarse de que todos conozcamos “una verdad” que se desea implantar: cuantas más veces escuchemos la misma afirmación, y más personas expresen la misma opinión, más convencidos llegaremos a estar de que aquello es cierto.

El ejemplo lo tenemos en afirmaciones del tipo de “Todos sabemos que ahora se ha alargado el tiempo de vida”. Schwartz y sus colegas realizaron un montón de investigaciones acerca de los intentos de sanación. A través de una variedad de estudios –algunos de ellos ingeniosamente concebidos– descubrieron que los sanadores tenían un efecto mucho más beneficioso los días en que se sentían realmente bien. La salud general del propio sanador era un factor esencial en la capacidad de sanar a otros. Otros resultados mostraron que el acto de la sanación, y quizá incluso el propio contexto de la sanación, eran, en sí mismos, sanadores. En otras palabras, que sanar a alguien sanaba también al sanador.

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Resultados más allá del efecto placebo

Pero Schwartz y Brooks llegaron incluso más lejos. En un estudio de doble ciego sobre la sanación de pacientes cardíacos, encontraron que los mejores resultados se hallaban entre quienes habían recibido la sanación, y creían que la habían recibido. Los peores resultados estaban entre quienes no habían recibido sanación y estaban convencidos de no haberla recibido. Los otros dos grupos –los que la habían recibido, pero no creían haberla recibido, y los que no habiéndola recibido creían haberla recibido– estaban más o menos por el centro. Este resultado tendía a rebatir la idea de que el resultado positivo se produce totalmente debido al efecto placebo: aquellos que creyeron haber recibido la sanación sin recibirla no lo hicieron mejor que aquellos que creyeron haberla recibido y la recibieron.

Los estudios de Schwartz revelaron algo fundamental acerca de la sanación: Tanto la energía como la intención de la propia sanación, así como la creencia del paciente de que está recibiendo la sanación, favorecen la sanación real. La creencia en la eficacia del tratamiento concreto de sanación era, sin duda alguna, otro factor. 

Carroll Nash, directora del departamento de parapsicología de la Universidad St. Joseph, en Filadelfia, llegó a una interesante conclusión mientras estudiaba los efectos de enviar energía positiva (de sanación), y energía negativa (destructiva). Observando sus datos constató que la intención negativa era más efectiva cuando se enviaba desde un lugar distante. La intención positiva trabajaba mejor en presencia de su objeto.

La sabiduría convencional cree que el mejor estado de rendimiento es un estado de relajación, pero eso no es necesariamente cierto. En un estudio sobre karate, utilizar técnicas de relajación, antes de llevar a cabo las intenciones, no mejoró el rendimiento. Sólo era útil si el participante estaba nervioso, y necesitaba tranquilizarse a fin de desempeñarse mejor. La relajación y la hipnosis, utilizadas con intención, funcionaron para mejorar el objetivo, como en los tiros de baloncesto, o en los golpes con efecto del golf. Los mejores atletas, sin embargo, se las arreglan para funcionar ellos mismos con intensidad máxima, en un estado de hiperalerta tranquila. Los atletas experimentados comprometen todos sus sentidos en su ensayo mental. No solo tienen una imagen visual interna del futuro acontecimiento, sino que también lo escuchan, lo sienten, lo huelen y lo saborean: el ambiente, los competidores, el sudor de sus cuerpos, los aplausos. De todas las sensaciones, la más vital para los atletas parece ser practicar mentalmente el “sentimiento”. Cuanta más experiencia tienen los atletas, mejores son imaginando como sienten sus cuerpos cuando practican su deporte.

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Los mejores deportistas ensayan (visualizan) antes interiormente su actuación

Pero, ¿de qué manera puede el simple pensamiento de un futuro desempeño afectar a la realización el día del acontecimiento? La electromiografía (EMG) se ha utilizado no sólo para diagnosticar la epilepsia y registrar los impulsos eléctricos que envían las neuronas motoras a músculos específicos. También se ha utilizado para medir si el cerebro distingue o no entre un pensamiento y una acción. ¿El pensamiento de una acción crea los mismos patrones de neurotransmisión que el acto en sí mismo?

Esto se probó conectando un grupo de esquiadores a un equipo de EMG mientras ellos ensayaban mentalmente. A medida que los esquiadores practicaban mentalmente la carrera cuesta abajo, los impulsos eléctricos dirigidos a los músculos eran los mismos que los utilizados para hacer los giros y saltos del esquí real. El cerebro enviaba las mismas instrucciones al cuerpo, ya fuera que los esquiadores estuvieran simplemente pensando en un movimiento concreto, o realmente llevándolo a cabo. El pensamiento produce las mismas instrucciones cerebrales que las acciones. 

Sin embargo, existen unas pocas diferencias importantes entre la práctica mental y la física. Con la práctica física, si se practica demasiado, se acaba cansado, y el cansancio ocasiona una interferencia eléctrica y bloqueos a lo largo de las pistas. Con la intención mental, nunca aparecen bloqueos, no importa cuanto se haya practicado mentalmente. La otra diferencia tiene que ver con la magnitud del efecto; el patrón neuromuscular que arroja la práctica mental puede ser ligeramente menor que la de la práctica física. Aunque ambos tipos de práctica creen el mimo patrón muscular, los desempeños imaginarios tienen magnitudes menores.

En los ensayos mentales tampoco sucede lo mismo que en el ejercicio con máquinas: la intención facilita tan solo el tipo de práctica atlética que se esté ensayando mentalmente, y no es transferible a otros deportes, incluso aunque esos otros deporten involucren a grupos similares de músculos. La imaginería específica realzaba sólo la tarea específica que había sido imaginada.

El tipo de técnicas vívidas de visualización utilizadas por los atletas son también altamente efectivas para tratar enfermedades. Las personas han potenciado el tratamiento de una gama de condiciones agudas y crónicas, desde las enfermedades coronarias y la presión sanguínea alta, hasta los dolores lumbares y las enfermedades músculo-esqueléticas, incluyendo la fibromialgia, utilizando imágenes mentales o representaciones metafóricas de sus cuerpos luchando contra la enfermedad.

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La visualización ayuda en la curación y la recuperación

La visualización mejora también los resultados post-quirúrgicos, ayuda a gestionar mejor el dolor y minimiza los efectos colaterales de la quimioterapia. Realmente, el resultado de la enfermedad de una persona ha llegado a ser predecido examinando los tipos de visualización utilizados para combatirla.

Si el cerebro no puede distinguir entre un pensamiento y una acción, ¿es capaz el cuerpo de seguir instrucciones mentales del tipo que sean? La bibliografía acerca del bio-feedback (bioretroalimentación), y de la medicina mente-cuerpo, indica que el cuerpo seguirá instrucciones como rebajar la presión sanguínea, reducir la frecuencia de latidos, rebajar los niveles de azúcar en sangre, incrementar la circulación sanguínea en un dedo, y muchas más relativas a funciones del sistema nervioso autónomo, que se piensan que están fuera del control consciente.

La opinión más convencional acerca del bio-feedback sostiene que tiene algo que ver con la relajación. Sin embargo, la amplitud del alcance del control argumentaría que el mecanismo tiene más que ver con el poder de la intención. Virtualmente, cada proceso corporal que una máquina puede medir –incluso una única célula nerviosa que controle una fibra muscular– parece entrar dentro del control del individuo. Los voluntarios en los estudios han conseguido un dominio mental total de la temperatura de sus cuerpos, o incluso de la dirección del flujo sanguíneo al cerebro. 

La fecha del tiempo

La evidencia física del envejecimiento ofrece la prueba más tangible de la dirección y focalización en un solo punto de la flecha del tiempo; primero nacemos, luego envejecemos y morimos. De forma similar, creemos que la consecuencia de nuestra intención puede ocurrir sólo en el futuro. Lo que hacemos hoy no puede afectar a lo que sucedió ayer.

Las investigaciones han arrojado evidencias claras de los efectos de la inversión temporal, en la que los efectos precedían a la causa. El estudio de Leibovici fue excepcional sobre la investigación de la oración en que se dirigió hacia atrás en el tiempo. Mostró que las personas se recuperaron mejor y más rápidamente de una operación cuando se rezó por ellas; sólo que las oraciones se realizaron por lo menos diez años después de que tuviera lugar la operación. Estudios como los de Leibovici presentan la idea más desafiante de todas: que los pensamientos pueden afectar otras cosas, sin importar cuando tuvieron lugar esos pensamientos y, de hecho, pueden funcionar mejor cuando no están sujetos a una secuencia temporal convencional de causación.

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Un jerbo en la rueda de ejercicios

La intención desplazada en el tiempo ha sido también aplicada con éxito a las cosas vivientes. El parapsicólogo alemán Elmar Gruber llevó a cabo una serie de ingeniosos experimentos examinando si el movimiento de animales o humanos podía ser influido una vez ya ocurrido. Se grabó cada vuelta que un jerbo (especie de roedor) daba a una rueda de ejercicios, marcándola con el sonido de un clic, así como también se marcó con un clic cada vez que un voluntario humano atravesaba un rayo láser en un espacio determinado. Las cintas fueron copiadas y almacenadas para eliminar el fraude. Entre uno y seis días después, se pidió a unos voluntarios que escuchasen las cintas, e intentasen modificar mentalmente la velocidad de los jerbos, acelerándolos, o haciendo que la gente atravesase más a menudo el rayo. Se midió el éxito según un número mayor de clics en las cintas de los voluntarios, que en las cintas copiadas y guardadas de las anteriores sesiones, cuando ni animales ni humanos estuvieron sometidos a influencias externas. Cuatro de las seis tandas de ensayos consiguieron resultados significativos, y en tres de ellos, la magnitud del efecto superó el 0,44 (¡Recuerden la aspirina¡)

Se han llevado a cabo un montón de estudios, y se harán muchos más, sobre retro-causación, y el hecho es que existen evidencias que sugieren que existe algo como el desplazamiento en el tiempo. Dean Radin concluyó, tras una serie de estudios que llevó a cabo, que nuestros pensamientos sobre algo pueden afectar nuestros tiempos de reacción pasados. Mostró que, de alguna manera, el tiempo que se tardaba en realizar una segunda tarea afectaba al tiempo que se tardaba en realizar la primera. Las implicaciones de esto son enormes. Los físicos ya no consideran a la retro-causación inconsistente con las leyes del universo.

Una de las maneras de comprender este efecto es contemplar toda la información del universo –la información es energía– como disponible para nosotros en todo momento, y como el tiempo existiendo como un presente expandido gigantesco. Tan solo con que se revierta el presentimiento, y se le llame una influencia hacia atrás, de manera que toda la futura actividad mental influya sobre el presente, se conserva el mismo modelo y resultados que los estudios de retro-causación. Las precogniciones podrían ser una evidencia de la influencia actuando hacia atrás; todas las decisiones futuras pueden también influir en el pasado.

Existe también la posibilidad de que en la capa más fundamental de nuestra existencia no exista algo así como el tiempo secuencial. La energía pura, tal como existe a nivel cuántico, no tiene tiempo ni espacio, sino que existe en un vasto continuo de fluctuación de carga. Nosotros, en cierto sentido, somos tiempo y espacio. Al crear el tiempo y el espacio, creamos nuestra propia separatividad y realmente nuestro propio tiempo.

Según Dick Bierman, la retro-causación es tan solo la prueba de que el presente depende de condiciones o resultados potenciales futuros, y de que la no localidad se da a través del tiempo así como del espacio. Nuestras acciones futuras, elecciones y posibilidades, todas ellas ayudan a crear nuestro presente, a medida que éste va desplegándose.

Parece algo de simple sentido común. Mirando hacia los sucesos más importantes que han ocurrido en nuestra propia vida, y viendo cuán improbable es que algunos de ellos se dieran actualmente en nuestra vida, y sin embargo, sin ellos nuestra vida no podría haber acabado donde se halla ahora mismo. En otras palabras, el hecho de que ya estuviera yendo hacia donde ha ido, modeló los sucesos anteriores de manera que efectivamente se dirigieran hacia donde se suponía que irían. La probabilidad de que alguno de esos sucesos sucediera de la forma en que lo hizo es prácticamente nula en nuestra actual comprensión de la naturaleza. El futuro determina en gran medida el pasado.

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La intención trasciende el tiempo unidireccional y puede actuar en el pasado, el presente y el futuro

Caslav Brukner y Vlatko Vedral mostraron que la causa y efecto instantáneos se dan no sólo a través del espacio, sino hacia atrás y posiblemente hacia adelante del tiempo. Ofrecieron la primera prueba matemática de que las acciones de cada momento influían y cambiaban las del pasado. Muy bien podría ser que cada acción que llevamos a cabo, cada pensamiento que tenemos en el presente, cambie toda nuestra historia.

Lo más significativo es que sus experimentos demostraron el papel central del observador en crear, y realmente cambiar, la realidad. El propio acto de medir una entidad en un punto del tiempo, cambiaba su estado anterior. Esto puede significar que cada vez que nosotros observamos algo, cambia algún estado anterior del universo físico. Un pensamiento deliberado de cambiar algo en nuestro presente también podría influir en nuestro pasado. El propio acto de la intención, de realizar un cambio en el presente, también puede afectar a todo lo que nos ha conducido hasta ese momento. Puede ser que nuestro futuro ya exista en una especie de estado nebuloso que nosotros “actualizamos” en el presente. Esto cobra sentido, puesto que las partículas subatómicas existen en un estado potencial hasta que son observadas, o se piensa en ellas. Si la conciencia funciona a nivel de frecuencia cuántica, residiría de forma natural fuera del espacio y del tiempo, y teóricamente tendría acceso a la información pasada y futura.

Bierman mostró también que la primera persona que realiza una observación “contrae” el campo de posibilidades en un estado de realidad. Si la conciencia es el ingrediente crucial para que ocurra la “contracción”, entonces los seres humanos –y su capacidad para “reducir” la realidad a estados limitados– son totalmente responsables de la idea de que el tiempo transcurre unidireccionalmente. Si nuestra elección futura de un estado concreto es lo que afecta que “se manifieste” en el presente, la realidad puede ser que nuestro futuro y presente estén constantemente reuniéndose uno con otro.

Esto concuerda con lo que se comprende del efecto observador en la teoría cuántica, de que la primera observación de una entidad cuántica “descodifica” o colapsa su estado de potencial puro en un único estado. A continuación es menos probable que cambie mayormente, ya que es más y más probable que las observaciones futuras “manifiesten” esta potencialidad concreta en un estado único similar. De ahí que el mundo nos parezca a todos nosotros más o menos parecido, porque nosotros “compramos el cuadro” que otros antes que nosotros han creado, de entre todas las formas posibles en que el mundo podría haber parecido. 

Conclusión

“Los milagros no ocurren contradiciendo a la naturaleza, sólo contradiciendo aquello que conocemos de la naturaleza.” (San Agustín)

La ciencia moderna está rápidamente desentrañando los reinos que durante mucho tiempo pertenecieron a la fantasía. Las cosas que se creían imposibles van acercándose cada vez más a ser comprendidas. Cuanto más aprendemos más extraño se convierte el mundo, y más abre sus puertas a un futuro extraño y maravilloso. Espero que algún día lleguemos a comprender por lo que hemos tenido que pasar, y porqué.

© Patrick Quanten 2007

Fuente: seryactuar.org

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

 

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