El estercolero público

televisionHace ya algunos años empecé a leer en Internet a varias personas relacionadas con la evolución de la conciencia que expresaban una opinión inequívoca sobre los medios de comunicación y especialmente sobre la televisión. Dicha opinión no era otra que: “Por su propia salud física y mental, no vea la televisión. Notará los efectos positivos al poco tiempo.” Recientemente, ya dediqué un artículo a ese poder mágico de la televisión y los medios, que son capaces de crear realidades y verdades absolutamente indiscutidas y aceptadas en un acto de fe por la práctica totalidad de la población. Sin embargo, se me quedó en el tintero la peor cara de ese bombardeo continuo de “realidad”, y que a raíz de los recientes sucesos de actualidad se ve aún más claramente.

Me voy a referir pues al poderoso impacto televisivo –y de la prensa en general– a la hora de embrutecer de forma masiva a la población. Ya no se trata de emitir programas de pura distracción o idiotización de la sociedad, o incluso del peor amarillismo a veces disfrazado de color de rosa (cualquiera puede imaginar a qué clase de espacios me refiero…). Tampoco hablaríamos de la consabida y constante manipulación ideológica o política que realizan los medios privados o públicos. Lo que tenemos instaurado en nuestras casas a través de la televisión desde hace ya muchos años es la estrategia del estercolero público; esto es, de lanzar en los espacios de máxima audiencia toneladas de mierda (con perdón) en forma de odio, conflicto, enfrentamiento, tensión, miedo, rabia, venganza, cabreo, indignación, etc. Y todo ello, se supone, para que todos estemos “bien informados” y podamos formarnos nuestra opinión racional y sosegada. ¿“Sosegada” he escrito?

Muchos recordarán los terribles sucesos relacionados con el macabro crimen de las niñas de Alcàsser en los años 90, pero todavía recodarán más cómo las principales cadenas de televisión dedicaron horas a “analizar los hechos”, cuando en realidad lo que hicieron fue lanzarse al más puro sensacionalismo y a las más bajas pasiones, explotando una situación de dolor para hacer una especie de “periodismo de vísceras”. Esto mismo se ha ido repitiendo desde entonces en innumerables casos macabros o luctuosos de origen diverso (terrorismo, crímenes, desgracias, accidentes, guerras, enfermedades, etc.) en que a menudo se ha olvidado cualquier ética profesional para explotar las emociones más desatadas, lo que a su vez permite crear y fomentar intencionadamente determinados estados de opinión pública.

Este “periodismo” aprovecha la mínima oportunidad para plantarnos una realidad violenta, conflictiva y aberrante que sea capaz de crear un malestar generalizado, a fin de que surjan los sentimientos más bajos y ruines de las personas, que pierdan cualquier noción de serenidad o razón y que entren una espiral de negatividad total. Generalmente eso se consigue mediante un efecto acumulativo; esto es, un impacto tras otro, las 24 horas, los 7 días de la semana. Véase por ejemplo la actualidad española más próxima: broncas políticas continuas, el irresoluble barullo catalán, corrupciones por todas partes, desastres naturales, manifestaciones feministas reivindicativas, movilizaciones de pensionistas cabreados, los crímenes de la joven Diana Quer y del niño Gabriel, la reciente muerte de un inmigrante senegalés, etc.

Y todos estos casos merecen largas portadas de informativos y constante información y actualizaciones para que la gente sepa más y más de la maldad humana y se vaya calentando. En este contexto no es raro que se produzcan auténticos linchamientos mediáticos (y a veces por desgracia casi físicos), valoraciones de expertos y tertulianos, opiniones de ciudadanos indignados, etc. ¿Alguien ha visto alguna vez alguna tertulia televisiva ponderada, tranquila, respetuosa y constructiva? ¿O más bien han visto gallineros de gente que grita, interrumpe, no escucha ni reconoce al otro, se indigna, sienta cátedra y condena a cualquiera que no piensa como él, etc? Todo funciona a partir de extremismos, de decir las cosas más gruesas, de querer pasar por encima del otro… Y qué decir de esos reportajes informativos sobre actividades mafiosas, criminales, o simplemente oscuras. O los programas de sátira con poca o ninguna intención humorística que no dejan títere con cabeza y son un vómito sarcástico desde el minuto 1 hasta el último.

¿Y cuántas personas han visto destruidas sus reputaciones debido a los juicios y veredictos paralelos de los medios? ¿Cuánta carnaza se echa al estrado público? Intencionadamente, se tiende a buscar el espectáculo sangriento que atrae a las masas, como la sangre atrae a los tiburones. No es algo muy distinto de aquellas turbas furibundas de la Edad Media armadas de antorchas y forcas  que iban a quemar a la bruja o del populacho revolucionario francés –los “sans-culotte”– que se reunía ansiosamente en la plaza pública para gozar del espectáculo de las múltiples decapitaciones de aristócratas bajo el filo de la guillotina.

Al final, toda esa supuesta “información” cae en la pura morbosidad y explotación sensacionalista cuya última finalidad no es –como nos quieren hacer creer– conseguir la máxima audiencia para una u otra cadena. Porque es toda la televisión la que participa en mayor o menor grado de la macabra y repugnante fiesta de la casquería. La cosa va mucho más lejos. El objetivo global no es otro que es llevar a la gente a estados de ánimo de muy baja vibración, a fin de crear una atmósfera de control y manipulación basada en el negativismo y en la pura reacción emocional ante unos estímulos bien calculados y narrados. Y no se hagan ilusiones: en cualquier país del mundo todos los medios pertenecen a los mismos amos y responden a unas mismas motivaciones. No se extrañen pues de que el lema de la prensa desde sus principios haya sido “Good news, no news” (Las buenas noticias no son noticias).

Este mismo fenómeno lo vemos también muy marcado en las redes sociales, que en cierto modo también se han convertido en otro estercolero público, como perfecto reflejo de sus hermanos los medios de comunicación. La tensión y el conflicto en las redes se palpan a cada minuto –por la inmediatez intrínseca del medio– con todo tipo de provocaciones, insultos, vejaciones, desprecios, mofas, crueldades, etc. que van y vienen de un lado a otro por motivos de todo tipo, generalmente políticos pero también personales. Es el efecto viral de la paranoia en que vivimos; escudados detrás de una pantalla y un teclado, cualquiera se siente legitimado y estimulado para condenar o destruir a cualquier adversario (real o ficticio) mediante comentarios y tuits, aunque luego vea que ha metido la pata hasta el fondo y deba retirar su mensaje. Además, tal clima de crispación ya ha pasado a los más jóvenes –incluso niños– porque ellos ya han entrado de pleno en el uso de los dispositivos electrónicos y de las redes sociales, llegando a casos de auténtica obsesión, negativismo y, por desgracia, acoso o bullying.

Además, por si fuera poco, la televisión y las redes interactúan constantemente y se preocupan mucho de que todo el estiércol sea repartido y asumido por el conjunto de la población. Así, a través de los típicos eslóganes virales como Todos somos París o Todos somos Gabriel, se lanza un mensaje subliminal de que toda la población es una víctima potencial y debe asumir ese papel de cordero degollado. Dicho de otro modo, se generaliza el miedo y la sumisión ante el implacable sacrificador de víctimas. No hay pues nada positivo realmente es esos mensajes, aunque parezca todo lo contrario. Es meter a todo el mundo a la fuerza en el mismo saco de la opresión y el control.

En fin, estamos ante una clara estrategia de embrutecimiento y perversión del ser humano incitando a lo más bajo y miserable, a entrar en el juego de las víctimas y los verdugos. O sea, cuanto peor, mejor. ¿Hemos de vivir en este ambiente ruin, escabroso y canallesco hasta límites insoportables? ¿Pretenden que perdamos la poca humanidad que nos queda? Nuestra “moderna y civilizada” sociedad está terriblemente enferma; nuestra mente está desquiciada y necesita curación. Por favor, háganme caso; eviten la televisión y las redes sociales en lo posible.

© Xavier Bartlett 2018

 

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15 respuestas a “El estercolero público

  1. Un copi-pega de un amigo mio suscrito a tu blog : ” ” CM´s son los Community Managers. Los foros, blogs y demás páginas y sitios de internet están llenos de ellos. Manipulan y distorsionan la realidad hasta límites nauseabundos siguiendo los consejos de quienes les pagan (son voceros a sueldo, repitiendo las consignas y argumentos que les indican).

    Respecto a lo que está ocurriendo (campaña por la prisión permanente revisable, manifestación feminista/ideología de género del 8-M, noticia del asesinato de Gabriel que aparece en los medios casualmente el 11-M, sucesos de Lavapiés, etc.) todo está relacionado.

    Están exacerbándose las luchas en los niveles 2 y 3 y los “terceros espadas” de las élites están acelerando determinadas estrategias de división mediante la ingeniería social y la manipulación.

    No debemos caer en ello. El “anti-feminismo “no es la solución, es lo que desean las élites (guerra de sexos). De igual manera que el racismo (guerra racial) o la guerra generacional (pensiones). Las élites están provocando de manera estratégica la polarización social e individual y que las personas se enfrenten y pasen de un extremo a otro, cual pollos sin cabeza, sin analizar reflexiva y críticamente qué es lo que está ocurriendo y por qué. Están mirando constantemente el dedo, y no la luna.

    Tampoco es ninguna solución votar a partidos pequeños (VOX, DN o similares), son simplemente disidencias controladas para encauzar el sentimiento de impotencia (exactamente igual que PPSOE/C¨S/Podemos, pero en miniatura). La solución es empezar a pensar en cómo salir de la mátrix, y el voto significa apuntalar la mátrix y dar nuestro consentimiento a un sistema diseñado, controlado y gestionado por las élites, las cuales utilizan a “gestores” (políticos/partidos políticos) para pastorear el rebaño.

    Y, por último, ver la pirámide de poder, control y estratificación de esta mátrix como un todo, y no quedarnos en los niveles más bajos con los cuales nos distraen.”

    1. Gracias Ania

      Bueno, más o menos coincido con tu apreciación y es obvio que se fomenta un clima de indignación, cabreo y enfrentamiento constante por la famosa máxima de “divide y vencerás”. Participar de la “carnicería” televisiva de un modo u otro sólo nos hace caer más abajo en el pozo… y dejamos de ver la luz.

      Lo que me parece ya un poco desconcertante, y no hace falta ser despierto para verlo, es que la gente no se dé cuenta (o al menos sospeche) de que hay una estrategia detrás de todo esto, de que no puede ser todo tan “espontáneo”. Si sólo nos quedamos en la superficie es imposible ver la trama profunda. Lógicamente, las feministas, los jubilados, los indepes, los podemitas, etc. están siendo manipulados y usados de manera torticera…

      Saludos,
      X.

      1. Con el caso del desafortunado Gabriel, aunque hay quien dice que huele mal, que ha sido un ritual televisado, si bien eso es quedarse cortos pues a mi lo que más me choca son las contradicciones y cabos sueltos de la supuesta investigación, parece que gana el discurso politizado acerca de ese misterioso crimen, por ejemplo.

  2. Y mi respuesta: ” Sí, pero sabes que es imposible que toda la masa vea eso. Estaría bien difundir este mensaje a 20 personas cinco veces y más, como dice rafa, pero… no va a dar el fruto deseado.De todas formas, lo de las pensiones no es tan polarizador, es exigir algo muy normal, como que dejen de ser tan miserables… “

    1. No voy a meterme en este triste caso de Gabriel ni en otros muchos similares que podrían ser perfectas cortinas de humo para desviar la atención o tapar realidades mucho más macabras, pero es obvio que el tratamiento masivo por los medios responde a una ingeniería social bien calculada. En este sentido, se juntan los dos elementos que he comentado en los recientes artículos: “crear” y vender una realidad indiscutible y embrutecer a la sociedad. Dos pájaros de un tiro.

      Saludos,
      X.

  3. Siempre acertadísimo Xavier. Lo que se pretende es irnos instruyendo (instrucción, construcción o deconstrucción) con la programación mental mediante trauma. El sacrificio como centro del sistema satánico que nos domina. Se pretende como tu dices, bajarnos la vibración. Hacernos infelices. Separarnos entre nosotros. Entre hombres y mujeres. Los medios de difusión son solo herramientas del sistema.
    Saludos

    1. Gracias por el comentario

      No tengo más que añadir, lo has dicho todo muy claramente, incidiendo en el tema del trauma, palabra que no he usado en el texto, pero que estaba ahí implicitamente.

      Saludos cordiales,
      X.

  4. Estimado Xavier

    Otra detallada disección de la agenda actual que tristemente se comparte en la mayoría de los países, obviamente personalizada a modo.

    Me remitió a unos casos ocurridos en donde vivo, que es la Ciudad de México. Allá por 2009, el estallido de la paranoia social por el virus H1N1. Recuerdo perfectamente ese día (había ido a renovar mi visa estadounidense, al salir, estaban llamando a regresar a nuestras casas). Desde luego en el momento, y yo de 19 años, nos fuimos con lo que se decía por doquier. Las noticias transmitían a todo momento actualizaciones de contagios, los síntomas, grupos sociales en alto riesgo, incluso recuerdo cuando el alcalde y el presidente ordenaron mantener la ciudad aislada y cerrada por días. No fue hasta una semana después cuando mi médico de cabecera (un cirujano con conocimientos de alopatía y homeopatía) nos dijo entre risas que todo era un plan para controlar a las masas, que el virus era tan preocupante como una gripa “normal”, etc.

    Otro episodio, aún más tenebroso que el anterior, ocurrió después del terremoto del 19 de septiembre del año pasado. Las cadenas televisivas, de un momento a otro, comenzaron a acaparar su atención total al rescate de una niña llamada “Frida Sofía”, se realizó una transmisión ininterrumpida de 25 horas, hasta la televisión tenía un contador de tiempo real de cuánto llevaba atrapada la niña.

    Una periodista finalmente descubrió que la niña nunca existió. Obviamente el gobierno y las televisoras se echaron la culpa mutuamente y llegaron a la conclusión de que fue culpa de la misma gente que generó histeria colectiva (tan hipócritas).

    Incluso en estos momentos se está realizando un nuevo ataque mediático, ahora con la premisa del alza de casos de Sarampión en Estados Unidos y México. El núcleo de las notas siempre va dirigido culpando a aquellas personas que no quisieron vacunarse a sí mismos o a sus hijos. En redes el tema es fuego. Creo que todo apunta a querer erradicar la idea de que la vacunación hace daño y es forzoso que todos nos estemos metiendo vacunas cada año por siempre, bien conveniente.

    1. Apreciado Felipe

      Gracias por tu aportación desde México (el único país americano que he visitado…). En efecto, según las noticias que me van llegando de diversos países latinoamericanos y de Europa, la agenda es la misma y los métodos son idénticos. Los medios de comunicación funcionan también en la misma onda, con mensajes subliminales (o a veces directos) y con una masiva manipulación emocional. El caso es tener a la gente preocupada, angustiada, atemorizada, etc.

      Un saludo cordial desde el otro lado del océano,
      Xavier

  5. Gran consejo el de evitar los medios de propaganda y embrutecimiento del sistema.

    Hay, según cuentan, otros motivos más oscuros (aun) para que se haga ese perverso uso de los medios, entrando ya en planos más profundos de la realidad, donde son las emociones las que juegan un papel fundamental, así manipulando los sentimientos en este plano, obtendríamos una respuesta en otro plano, que a su vez generaría de nuevo una reacción en este. (Es uno de los principios de la magia).

    Un saludo.

    1. Gracias piedra

      Bueno, no me he metido en lo más profundo de la madriguera, o en los efectos hipnóticos o mágicos de la televisión, pero los tiros bien podrían ir por la dirección que apuntas.

      Saludos,
      X.

  6. Muchas gracias por tu labor, Xavier. Tienes toda la razón, cuando abandonas los medios de comunicación, tu vida cambia. Llevo aproximadamente 20 años sin televisión, radio, periódicos y demás artilugios manipuladores. Gracias a ello, me enfado mucho menos y tengo tiempo y ganas de pensar de forma independiente. Eso sí, de esta manera, te sientes bastante aislada, ya que es difícil que otras personas se interesen por las cosas que están fuera de esos medios. No obstante ¡merece la pena!
    Un abrazo y gracias de nuevo.

    1. Muchas gracias por tu comentario Alicia

      Te felicito por llevar tantos años desconectada, ya que hoy, en el mundo occidental, es francamente difícil abstraerse de esa droga dura que son los medios y su “información”, todo ello acrecentado por Internet, las redes sociales y las tecnologías de comunicación. Es ese bombardeo continuo el que nos altera y nos desequilibra, nos manipula y nos atonta.

      Puede parecer muy bucólico y utópico, pero la vida en la naturaleza como existía antaño ofrecía mucha más paz para la mente, sin que por ello dejase de haber problemas y preocupaciones. No obstante, ahora existe la socialización masiva de la angustia y el miedo, y resulta muy complicado escapar a esa presión constante. Por eso tanta gente habla ya de “calidad de vida” cuando se van a vivir al campo y empiezan a prescindir de tanta información y saturación para su mente.

      Saludos

      1. ¡Exacto! El vivir en el campo te acerca a lo verdaderamente importante: a ti mismo. ¡Qué ya es bastante! Todo es muy sencillo cuando consigues escapar de lo que nos han hecho creer que es la verdad y que es importante. Un abrazo

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