Un poco de paz para la mente

Creo que cabe muy poca duda de que el mundo occidental, y por extensión todo el planeta, está profundamente desequilibrado, sumido en una sinrazón materialista y una paranoia que no deja de aumentar a partir del constante bombardeo de información propagado principalmente desde los medios de comunicación y las redes en las que casi todo el mundo está atrapado (véase el significado subliminal). Así, no es de extrañar que el ciudadano medio esté constantemente acosado por problemas, preocupaciones, amenazas, incertidumbres, etc. tanto de su esfera privada como de la esfera pública. Esto crea un estado mental y anímico muy negativo del que muchos no pueden salir, cayendo incluso en lo que la medicina llama depresión, si bien otros muchos optan por escapar a base de todo tipo de distracciones o adicciones. Pero las preocupaciones siguen ahí; no se eliminan, se enmascaran.

En efecto, hoy podemos comprobar cómo el hombre moderno está permanentemente conectado o esclavizado a un mundo que no entiende y que le resulta preocupante y hostil en muchas ocasiones. En la práctica, casi cualquier cosa afecta a la persona, que empieza a darle vueltas y a especular con lo que le puede suceder en el presente y –lo que es peor– en el futuro. Dejamos de vivir en paz, armonía y tranquilidad porque nos presentan a cada momento una serie de ataques, amenazas, ofensas y agresiones que parecen ir dirigidas a cada uno de nosotros, sin que realmente seamos capaces de valorar las cosas en su justa medida ni separar la realidad de la ficción. El resultado final es que vivimos en el reino del miedo y la desconfianza, en el cual somos débiles y fácilmente manipulables, lo cual no debe ser ninguna casualidad. Sin embargo, nada de esto es inevitable. Es nuestra responsabilidad afrontar ese mundo exterior cambiante e incierto y hacer que no dependamos de él como una simple veleta que se mueve al albur de los vientos, lo que debe redundar en un mayor estado de paz para nuestra mente.

Seneca
Lucio Anneo Séneca

En este sentido, no necesitamos ninguna receta mágica de los movimientos New Age, sino simplemente aplicar un sano sentido común y un equilibrio a nuestras vidas que no precisa de mayor esfuerzo que el de una profunda reflexión sobre la naturaleza de las “amenazas”. En realidad, no estamos hablando de nada nuevo, pues la filosofía y la espiritualidad tradicionales ya llevan siglos aportando simples soluciones que la mente parece no querer entender, como por ejemplo cuando el pensamiento oriental nos revela lo obvio: “Si tienes un problema y puedes resolverlo, ¿por qué te preocupas? Y si tienes un problema y no puedes resolverlo, ¿por qué te preocupas?” Y si nos centramos en el mundo occidental, la doctrina filosófica del estoicismo ya trataba hace dos mil años de la actitud firme y serena ante las múltiples adversidades o vicisitudes de la vida. Precisamente, he hallado en Internet un interesante artículo de la psicóloga Jennifer Delgado en que nos recuerda que el filósofo hispano-romano Séneca (siglo I d. C.) ya había dado en sus “Cartas a Lucilio” unas firmes recomendaciones para poder llevar una vida serena, relativizando el impacto, la importancia o la urgencia de todo lo que gira a nuestro alrededor.

En fin, les dejo con este útil documento, que nos hará entender que hemos de procurar controlar nuestra mente en vez de dejar que ésta nos controle a nosotros. En todo caso, hemos de asumir que nuestra vida es una experiencia en la que nos puede pasar de todo y así hemos de aceptarlo; eso sí, evitando que el peso nos aplaste, especialmente cuando ese peso es ficticio. Dejemos, pues, que la filosofía nos ayude un poco y dejemos las pastillas en el cajón. Como decía el título de un famoso libro contemporáneo, “más Platón y menos Prozac”.

El antídoto de Séneca para calmar la mente y deshacernos de las preocupaciones

“La verdad es que sabemos muy poco sobre la vida. Realmente no sabemos cuáles son las buenas y las malas noticias”, observó el escritor estadounidense Kurt Vonnegut refiriéndose a que, en cualquier momento, las buenas noticias se pueden convertir en malas y viceversa, ya que cada situación contiene la semilla opuesta.

Alan Watts se refería a este fenómeno diciendo que “todo el proceso de la naturaleza es un proceso integrado de inmensa complejidad, y es realmente imposible saber si algo de lo que sucede en él es bueno o malo.”

Aún así, la mayoría de nosotros no podemos evitar pensar en términos de pérdidas o ganancias, de bueno o malo. Tenemos un pensamiento dicotómico y, como tal, necesitamos catalogarlo todo en fenómenos opuestos, a poder ser relacionados con nosotros mismos. Por tanto, pensamos que todos los sucesos pueden ser beneficiosos o perjudiciales. Por eso, pasamos la mayor parte del tiempo preocupándonos por la posibilidad de que ocurran eventos que consideramos negativos y perjudiciales, pérdidas potenciales impulsadas por lo que percibimos como “malas noticias”.

La ansiedad moderna se sustenta, fundamentalmente, en preocupaciones por cosas que jamás sucederán. Algunos psicólogos afirman que la ansiedad moderna se sustenta en cinco categorías de preocupaciones, cuatro de las cuales son imaginarias y solo la quinta se refiere a preocupaciones que tienen una base real, pero estas ocupan solamente el 8% del total de nuestras preocupaciones cotidianas.

En otras palabras: somos auténticos maestros en el arte de preocuparnos por nada. Y esas preocupaciones alimentan miedos presentes o augurados, manifiestos u ocultos, genuinos o supuestos…

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La interconexión permanente: ¿generalización de la angustia?

La Internet ha agravado aún más esta situación. El hecho de estar permanentemente conectados, sabiendo lo que sucede en todos los rincones del mundo, genera una ansiedad difícil de soportar. ¿Cómo podemos estar seguros de que no seremos las próximas víctimas de un ataque terrorista? ¿Cómo garantizamos que no será nuestro edificio el próximo en arder?

Estar al tanto de todas las catástrofes y adversidades que suceden en cada rincón del planeta sume a nuestra mente, ya de por sí propensa al catastrofismo, en un estado de auténtico delirio.

Al respecto, el sociólogo Zygmunt Bauman explicó: “Quizá el volumen de incertidumbre no ha crecido, pero el volumen de nuestras preocupaciones sí lo ha hecho”. Esto nos revela una verdad tan evidente como difícil de asumir: la mayoría de nuestras preocupaciones no tiene una base real, pero eso no impide que sus efectos en nuestro día a día sean devastadores.

El antídoto de Séneca para liberarnos de las preocupaciones inútiles

Séneca, el gran filósofo estoico, examinó hace siglos nuestra tendencia a centrarnos en los aspectos negativos de las situaciones y preocuparnos excesivamente.

Explicaba: “Los animales salvajes huyen de los peligros que encuentran en su realidad, y una vez que han escapado, no se preocupan más. Sin embargo, a nosotros nos atormenta el pasado y lo que está por venir. Nuestra bendición nos hace daño ya que la memoria nos devuelve la agonía del miedo, mientras que la capacidad de previsión lo provoca prematuramente.”

Se refería a que nuestra mente se encuentra a caballo continuamente entre el pasado y el futuro, entre los errores y desastres que vivimos y los errores y desastres que podrían acaecernos.

De hecho, en su correspondencia con su amigo Lucilius, publicada más tarde como “Cartas de un Estoico” llegó a la conclusión de que: “Hay más cosas que pueden asustarnos que aplastarnos; sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad.”

angustia
Siempre imaginando el peor de los desastres

Luego, con la vista puesta en el hábito humano, a menudo autodestructivo y agotador de prepararnos para un desastre imaginario, nos aconseja: “Algunas cosas nos atormentan más de lo que deberían; otras nos atormentan antes de llegar y otras nos atormentan cuando no deberían atormentarnos en absoluto. Tenemos el hábito de exagerar, imaginar o anticipar la tristeza. No seas infeliz antes de que llegue la crisis pues puede ser que los peligros por los que sufres antes de que te amenacen, nunca te alcancen.”

Por supuesto, es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Séneca lo sabía, por eso también analizó la diferencia entre las preocupaciones razonables y las irracionales, mostrándonos la inutilidad de malgastar nuestra energía mental y emocional en estas últimas, perfilando además un camino a seguir:

“Es probable que algunos problemas ocurran realmente, pero no es un hecho presente. ¡Cuántas veces sucedió lo inesperado! ¡Cuán a menudo lo esperado no ha sucedido! Y aunque pueda suceder, ¿de qué sirve agotar nuestros recursos para hacerle frente a su sufrimiento de antemano? Sufrirás cuando suceda, así que mientras tanto, mira hacia adelante para intentar mejorar las cosas. ¿Qué ganarás? Tiempo. Mientras tanto, ocurrirán muchos sucesos que servirán para posponer o eliminar el problema. Incluso la mala suerte es voluble. Tal vez viene, tal vez no; mientras tanto, no está. Así que concéntrate en cosas mejores.”

Séneca se esmeró especialmente en advertirnos de que el mayor peligro de la preocupación permanente es que nos mantiene siempre tensos, en guardia contra una catástrofe imaginaria, impidiéndonos vivir plenamente el momento presente.

Por eso, su antídoto para aliviar la ansiedad y deshacernos de las preocupaciones es:

“La verdadera felicidad es disfrutar del presente sin dependencia ansiosa del futuro, no divertirnos [distraernos] con esperanzas o miedos, sino descansar tranquilos, como el que no desea nada. Las mayores bendiciones de la humanidad están dentro de nosotros y se encuentran a nuestro alcance. Un hombre sabio está contento con su suerte, sea cual sea, sin desear lo que no tiene.”

Por tanto, la clave está en vivir aquí y ahora, sin desarrollar deseos que nos vuelvan excesivamente expectantes y generen incertidumbre por el futuro.

Si nos preocupamos hoy por convertirnos en personas más resilientes y echar en la mochila de la vida las herramientas psicológicas que podríamos necesitar, el futuro no debería preocuparnos demasiado, sea cual sea…

(c) Jennifer Delgado 2018

Fuente: http://www.rinconpsicologia.com

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7 respuestas a “Un poco de paz para la mente

  1. Buenos y oportunos consejos para alguien (yo) que pasa quizás por los momentos más duros y difíciles de su vida. Ahora solo falta ser capaz de usarlos.

    Un saludo.

    1. Apreciado piedra,

      Qué más puedo decir que mucho ánimo, sean cuales sean las circunstancias. Con todo, confieso que mentener una actitud estoica -especialmente en los peores momentos- no es nada fácil, porque salir de la negatividad y ver la luz al final de túnel es un arduo trabajo personal de desconectar con la realidad y conectar con la espiritualidad, y eso para las personas especialmente racionales resulta un camino complicado.

      De todos modos, a un nivel mucho más bajo, en el mundo actual muchísima gente tiende a ahogarse en un vaso de agua y quejarse y lamentarse por todo, sobre todo proyectando negatividad hacia el futuro. Y en gran parte esto es el resultado de una sociedad infantil, débil y apegada a lo material, haciendo que cualquier nimiedad nos afecte.

      Saludos,X.

  2. Muy acertado. Hace años, (creo que fue en un libro que se llamaba “Vivir más sin envejecer”), leí uno de los consejos que intenté convertir en mi filosofía de vida: “no te preocupes por las cosas que tienen arreglo, porque tienen arreglo. No te preocupes por las cosas que no tienen arreglo, porque no tienen arreglo”. Exactamente lo mismo que dices. He vivido intentando no preocuparme demasiado, aunque no siempre resulta fácil escapar de la tendencia a dejarnos dominar por pensamientos fatalistas en las situaciones complicadas. Como todo, es más fácil en la teoría que en la práctica. Aún así, considero que es un consejo muy beneficioso y creo que me preocupo menos que la gente a mi alrededor, que se estresan por cosas a las que no otorgo la misma importancia.

    1. Gracias Netmel

      Bueno, me remito al comentario que le he hecho a piedra y coincido contigo es que es mucho más fácil la teoría que la práctica. Pero… ¿qué pasaría si tuviésemos la convicción de que este es un mundo virtual en que nada es más real de lo que nosostros creamos? Sé que esto nos lleva a otro debate, pero imagínate que estás en enorme videojuego: ¿gozas de la experiencia o sólo sufres con ella? En el juego nos pueden salir bien o mal las cosas y podemos experimentar toda clase de eventos. Entonces, ¿los clasificaríamos como buenos o malos, si sabemos que todo forma parte de un juego para aprender y progresar…?

      Saludos

  3. Interesante tu artículo Xavier, como a menudo ocurre.

    Es curioso que vemos noticias en las que aparecen hechos excepcionales y extremos y nos asuste por si nos puede ocurrir a nosotros. Pensamos en la casa robada entre las 500 del barrio y no en las 499 donde no ha habido el robo.

    Respecto a la frase “Si tienes un problema y puedes resolverlo, ¿por qué te preocupas? Y si tienes un problema y no puedes resolverlo, ¿por qué te preocupas?” siempre que la he oído me ha sonado que la idea es buena pero la complicación viene sobretodo cuando no encuentras la solución a un problema que es importante para tí y sigues dándole vueltas porque crees que quizá haya una solución y no la ves… quizá no la haya pero no te das por vencido, creo que la preocupación también viene por ahí.

    Además de que nos preocupamos muchas veces con fantasías que nunca ocurrirán, también creo que tenemos un problema para tolerar las frustraciones y el sufrimiento, y esta intolerancia a la frustración y al sufrimiento hace que la fantasía se nos dispare intentando evitar a veces lo inexistente y otras lo inevitable. Y es que aquí queda al descubierto nuestra falta de confianza en que podremos enfrentarnos a lo que pase y que sabremos reaccionar adecuadamente sin tener la necesidad de prepararnos de un modo obsesivo con esas fantasías, y si pasa podremos soportarlo.

    Yo creo que la clave es dejar caer la necesidad de que determinadas cosas ocurran o no ocurran pero aún así seguir trabajando en ello con el máximo interés. La diferencia es que si estamos dispuestos a aceptar que a lo mejor no ocurre lo que deseamos (o creemos que “necesitamos”) le quitamos mucha tensión a nuestro día a día y trabajamos no desde la obligación y el miedo sino desde emociones más positivas y constructivas. Incluso puede que dejemos de esforzarnos en algo por considerarlo inútil, poco importante o demasiado costoso para lo que sacamos. Evidentemente todo esto es muy sencillo de decir pero difícil de hacer, a mi juicio porque, tal y como se ha comentado a veces en este blog, la mayor parte del tiempo estamos “dormidos” es decir “hipnotizados” por una serie de creencias (¡No nos hacemos a la idea de hasta que punto!) que nos hacen perder el contacto con la realidad y emplear mucho tiempo y energía inútilmente. Para entender bien de lo que hablo hay un libro del psicólogo Antonio Blay “SER-Curso de autorrealización” que lo explica de un modo muy claro, preciso y didáctico.Por internet están los audios del curso que se usó para escribir el libro y creo que son muy inspiradores. Según Blay estas creencias que nos tienen sugestionados y que nos hacen sufrir innecesariamente son las que conforman nuestra parte automática a la que llama “el personaje” y que se parece mucho a lo que en otros ámbitos se le llama el ego.

    Un saludo y gracias de nuevo por el artículo.

    1. Gracias Pep por tu extenso comentario

      Coincido básicamente con todos tus argumentos, y yo también me sé la teoría pero me cuesta mantener un “aplomo” estoico. Muy interesante eso que citas al final del ego o el personaje, ese que se lamenta, se asusta, se siente perdido y está lleno de incertidumbres. Como ya expuse en un antiguo artículo sobre Gurdjieff, se trataría de un falso yo, mecánico o robótico, que necesita estabilidad y seguridad y se hunde ante las adversidades, no las tolera ni las acepta. Si entendiéramos y aceptáramos que en la vida vamos a encontrar muchas piedras en el camino, y que nos van a caer chaparrones encima y que todo eso es “normal”, tal vez podríamos vivir un poco más aliviados, reaccionado libremente ante cada suceso pero sin dejarnos chafar por lo que viene o por lo que pudiera venir (esa es la parte peor de la angustia, la que fabricamos en nuestra mente)

      Salutacions,
      X.

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