Nombres para triunfar

StalinMe permito aquí hacer otra fugaz escapada al mundo del cine para tocar una faceta no muy conocida, pero que tiene su punto de anécdota y curiosidad. Como ya expuse en un artículo sobre los pseudónimos, a lo largo de la historia muchas personas de renombre han preferido utilizar un alias o pseudónimo por las más diversas razones, pero sobre todo para realzar su personalidad y alcanzar más notoriedad. Sólo por citar el campo político, basta decir que el político georgiano comunista Iosif Dzugashvili (apellido que significa “hijo de judío”) cambió oportunamente su nombre cuando inició su carrera política, pasando a llamarse Iosif Stalin, apelativo que quiere decir “mano de hierro”. Como vemos, un cambio con un trasfondo simbólico no poco importante.

En el mundo artístico, y concretamente en el mundo del cine, también hubo numerosos cambios de nombre y apellido, si bien la mayoría de actores y actrices conservaron sus nombres reales, y de hecho, en la actualidad muy pocos artistas de la gran pantalla recurren a un nombre artístico, fenómeno que más bien ha quedado reducido a los ámbitos de la música y de la literatura. En este artículo, dedicado especialmente a los amantes del cine, y en particular del clásico Hollywood del star-system, repasaremos en perspectiva la época dorada de los nombres artísticos, empleados por algunos actores y actrices para triunfar, quedando su nombre auténtico sepultado para siempre.

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Lucille Le Sueur

Cabe apuntar, empero, que dichos nombres para triunfar no siempre fueron adoptados por convicción y decisión propia del actor o actriz, sino que a menudo fueron los productores los que sugirieron (o casi impusieron) renunciar a su nombre real –que muchos aún empleaban al inicio de sus carreras– para adoptar uno más “glamoroso” o simplemente uno que sonara mejor, aparte de otras motivaciones que también tocaremos. Como caso paradigmático, por ejemplo, tenemos a la famosa actriz Joan Crawford, de nombre original Lucille Le Sueur (que suena bastante cinematográfico), que al casarse su madre por segunda vez adoptó el apellido del marido de su madre, pasando a llamarse Billie Cassin. Más adelante recuperó su auténtico nombre –Lucille Le Sueur– y lo empleó como nombre artístico en su faceta de bailarina en los años 20. Y cuando finalmente se consolidó en el mundo del cine adoptó el alias de Joan Crawford en su cuarta película, a propuesta de la productora MGM.

Si entramos a revisar la casuística, podemos enumerar a un amplio grupo de actores y actrices que apenas hicieron unos leves retoques en sus nombres y apellidos, generalmente para hacer más sonoros o atractivos sus nombres de pila o para pulir o suavizar algún rasgo del apellido. Entre los que mantuvieron su apellido y sólo cambiaron o modificaron el nombre de pila, cabe mencionar los casos de Sean (en realidad, Thomas) Connery, Raymond (William Stacy) Burr, Zsa Zsa (Sira) Gabor, Glenn (Gwyllyn Samuel) Ford, Stewart (James) Granger, Buster (Joseph Francis) Keaton, Bette (Elizabeth) Davis, Gary (Frank James) Cooper, Rex (Reginald) Harrison, Bing (Harry) Crosby, Audrey (Edda) Hepburn o Kim (Marilyn Pauline) Novak. Aparte quedaría algún caso en que el cambio de nombre de pila no pareció aportar mucho, como sucedió con Bob Hope, actor de origen inglés cuyo nombre de pila era Leslie, pero tal vez en este caso prefirió un nombre más popular antes que el semi-aristocrático Leslie.

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Walter Matthau (W. Matuschanskayasky)

Después tenemos los que mantuvieron básicamente su nombre de pila, pero retocaron más o menos el apellido. Este sería el caso de Jack Palahmuk, actor de origen ucraniano que se convirtió en Jack Palance. Otra modificación similar fue la del actor y consumado bailarín Frederick Austerlitz (como la famosa batalla librada en 1805), que prefirió ser conocido como Fred Astaire, mucho más glamoroso y afrancesado. Y por cierto, cabe mencionar que su pareja de baile en muchas películas, Ginger Rogers, también optó por un nombre artístico, pues en realidad se llamaba Virginia Catherine McMath. Y entre las féminas de Hollywood podemos citar a Merle O’Brien Thompson, que empleó el apellido de su madre[1] pero cambiando su pronunciación y escritura para convertirse en Merle Oberon. A su vez, la actriz Lillian Guish, que triunfó en los años 20, se apellidaba realmente De Guiche (que quizá sonaba demasiado noble). Y finalmente, tenemos un caso de adaptación por pura necesidad, pues el bueno de Walter Matthau difícilmente habría triunfado en el cine manteniendo su apellido original completo: Matuschanskayasky.

Luego podemos citar un amplio segmento de actores y actrices de origen diverso –pero no anglosajón– que se adaptaron culturalmente al contexto americano modificando poco o mucho sus apellidos o inventándolos completamente. Entre la comunidad de origen italiano se produjeron cambios para todos los gustos. Por el ejemplo, Dominic Amici se americanizó con un fácil Don Ameche. En cambio, otros sólo modificaron su apellido italiano o lo cambiaron por otro, como el caso de Louis Cristillo, que pasó a ser Lou Costello, o el de Anthony Papaleo, que prefirió ser conocido como Tony Franciosa. Y luego están los que optaron por un apellido anglosajón; así, casi nadie identificaría a la gran actriz Anne Bancroft por su nombre real: Anna Maria Italiano. En la misma línea está Dean Martin, inseparable compinche de Frank Sinatra, cuyo nombre auténtico era Dino Crocetti. Asimismo, cabe señalar que alguna actriz italiana con gran proyección internacional también cambió su apellido, como el caso de Sofia Scicolone, reconocida por todos como Sofia Loren, si bien tuvo otro alias previo, Sofia Lazzaro.

Después están los actores de origen germánico, eslavo o nórdico (aunque algunos ya nacidos en los Estados Unidos), entre los que igualmente hubo adaptaciones diversas. Algunas fueron bastante simples, como James Garner, que sólo tuvo que recortar su auténtico Baumgarner. Otros tenían apellidos de corte aristocrático o rimbombante y tuvieron que simplificarse. Así, el actor y director alemán Erich Von Stroheim –que ya es altisonante de por sí– se llamaba en realidad Erich Oswald Hans Carl Marie Stroheim Von Nordenwall. ¡Ahí es nada! Y el famoso Paul Henreid, uno de los protagonistas de Casablanca, era hijo de un barón vienés y se llamaba Paul Georg Julius Von Hernfeid. Por su parte, el actor inglés de origen holandés Dirk Bogarde también prefirió un nombre más breve y anglosajón que su nombre original: Derek Van Den Bogaerd.

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Natalie Wood (Natasha Gurdin)

En el caso de actores y actrices de origen ruso, tenemos algunos ejemplos como Charles Bronson (Charles Buchinsky) o Natalie Wood (Natasha Gurdin). Otro gran actor y director de origen eslavo, Karl Malden, tuvo que hacer malabarismos con su nombre auténtico serbio (Mladen Sekulovich), haciendo que su difícil nombre de pila se convirtiera en apellido. Por su parte, la actriz sueca Greta Lovissa Gustafsson empezó usando su propio apellido al inicio de su andadura artística pero en 1923 lo cambió, a instancias de Mauritz Stiller (uno de sus primeros amores), por Garbo, en honor de un príncipe húngaro llamado Gabor, aplicando una trasposición de las letras para hacer el nombre más atractivo.

Aparte, nos quedaría citar la extensa comunidad judía de Hollywood, que abarcaría directores, productores y numerosos actores y actrices de primera fila. Entre estos últimos, hay muchos que utilizaron sus auténticos nombres, como Paul Newman, de resonancia plenamente anglosajona, pero otros muchos prefirieron modificar sus apellidos –de procedencia centroeuropea o del este– o los sustituyeron por otros. Por citar sólo unos cuantos, tenemos a Eddie Cantor (Edward Israel Iskowitz), Kirk Douglas (Issur Danielovitch Demsky), Peter Lorre (Laszlo Loewenstein), Jeff Chandler (Ira Grossel), Tony Curtis (Bernard Schwartz), Danny Kaye (Daniel David Kuminsky), Edward G. Robinson (Emmanuel Goldenberg), John Garfield (Jacob Julius Garfinkle), Jerry Lewis (Joseph Levitch) o Hedy Lamarr (Hedwig Eva Maria Kiesler). Y como caso curioso, vale la pena señalar que el neoyorquino Leo Joachim Jacoby adaptó con ingenio su apellido para transformarse en el muy conocido Lee J. Cobb[2].

Otra categoría interesante de nombres artísticos es la de los nombres o apellidos que sonaban refinados o exóticos –sobre todo para el público anglosajón– o bien a nombres de personajes famosos por cualquier motivo. Así tenemos, por ejemplo, a Yul Brynner (que se llamaba Julius Bryner), actor de procedencia siberiana que hizo honor a sus rasgos de origen mongol cambiando el Julius por un más exótico y étnico Yul. Podemos referirnos a otros casos similares como las actrices Pola Negri (mejor, aparentemente, que su auténtico Barbara Apollonia Chapulek[3]), Yvonne de Carlo (Peggy Yvonne Middleton) o Dorothy Lamour (Mary Stanton). Por otro lado, algunas actrices se apropiaron de apellidos famosos, como Lucille Langhanke, que triunfó como Mary Astor (los Astor eran un linaje americano de gran prestigio y poder) u otras que se inspiraron en grandes músicos, como Ann Dvorak (Ann McKim)[4].

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Omar Sharif (Michel Chalhoub)

Ahora bien, yendo un poco a contracorriente, el muy británico William Henry Pratt adoptó, acertadamente, el alias de Boris Karloff, que resultó muy apropiado para sus clásicos papeles de personajes tétricos o siniestros. Otra gran estrella del género de terror, Béla Lugosi, de origen húngaro, ya parecía poseer un apellido exótico, pero en realidad no era el suyo, pues se apellidaba Blaskó y lo cambió por Lugosi en honor a la ciudad donde nació (Lugos) antes de introducirse en Hollywood, aunque también llegó a emplear otro alias, Arisztid Olt. Y aun cabe citar otra aportación creativa en este campo, a cargo del actor egipcio Michel Chalhoub, que –habiendo tenido ya amplio éxito en su país– saltó al cine internacional en 1962 y echó mano de un sonoro nombre de aspecto árabe, Omar Sharif, pero que en realidad estaba inspirado en el western: ¡el sheriff!

Y desde luego no podía faltar un amplísimo grupo de actores y actrices de Hollywood, británicos o estadounidenses, que ejercieron su profesión con nombres y/o apellidos completamente distintos a los reales. La lista es muy larga, pero para señalar a los más destacados citaremos a Julie Andrews (Julia Wells), Stephen Boyd (William Millar), Richard Burton (Richard W. Jenkins), Michael Caine (Maurice J. Mickelwhite), Cyd Charisse (Tula E. Finklea), Claudette Colbert (Claudette Chauchoin), Doris Day (Doris Von Kappelhoff), Angie Dickinson (Angeline Brown), Judy Garland (Frances Gumm), Peter Finch (William Mitchell), Cary Grant (Archibald Leach), Sterling Hayden (John Hamilton), Susan Hayward (Edythe Marrener), William Holden (William F. Beedle), Rock Hudson (Roy Scherer Fitzgerald), Jennifer Jones (Phylis Isley), Veronica Lake (Constance Ockleman), Janet Leigh (Jeanette Morrison), Vivien Leigh (Vivian Hartley), Ray Milland (Reginald Truscott-Jones), Marylin Monroe (Norma Jean Baker), Mary Pickford (Gladys Marie Smith), Mickey Rooney (Joe Yule), Barbara Stanwyck (Ruby Stevens), Robert Taylor (Spangler Arlington Brough) y John Wayne (Marion Michael Morrison).

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Joan Fontaine (de Havilland)

Para finalizar este repaso a Hollywood vale la pena comentar una casuística poco común, pero muy llamativa, que es la divergencia de apellidos en actores de una misma familia. Así, tenemos la anécdota de que dos hermanos o hermanas trabajen en el cine con nombres distintos, lo cual sucedió más de una vez. Por ejemplo, tenemos el caso de Warren Beatty y su hermana Shirley Beatty, la cual decidió emplear el apellido de su madre, para ser conocida como Shirley Mac Laine. Después está otro famoso dúo, el de las hermanas De Havilland, en que se repitió el uso distinto de los apellidos, pues Olivia de Havilland mantuvo el apellido paterno, pero su hermana menor Joan prefirió el apellido materno Fontaine. Y también encontraremos algún caso paralelo entre padres e hijos, como la familia Estévez, de origen español. Así, Martin Sheen (en realidad Estévez) adoptó un apellido anglosajón y su hijo Charlie Sheen ha conservado dicho apellido. En cambio, su otro hijo –también actor– ha optado por quedarse con su nombre hispánico original: Emilio Estévez.

Para concluir este viaje a los pseudónimos artísticos haremos un breve repaso del cine europeo, y español en particular. En cuanto a los tipos de modificación y adopción de alias, se puede decir que los patrones son prácticamente los mismos que ya hemos visto. En Europa, no obstante, no hay tanta tendencia a los cambios radicales, y lo más habitual son los leves cambios de apellido, como fue el caso del actor y cantante argentino de origen francés Carlos Gardel, que en su Toulouse natal era Charles Gardes. Otro cantante y actor muy conocido, el francés Charles Aznavour, apenas tuvo que acortar su apellido armenio: Aznavourian. Y otro tanto hizo Jacques Tati (Tatischieff). Y sin movernos de Francia, el apellido auténtico de la famosa Sarah Bernhardt era Bernard, pero por alguna razón prefirió “germanizarse”[5]. Y en Italia tenemos, por ejemplo, a Virna Lisi (en realidad, Pieralisi), Lea Massari (Ana Maria Massatani) o Walter Chiari (Annichiarico), y en Alemania a Gert Fröbe (Fröber), conocido sobre todo por encarnar a Goldfinger.

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Catherine Deneuve (Dorléac)

Entre los que cambiaron su apellido completamente tenemos a algunas grandes figuras, como por ejemplo Jean Gabin (Jean-Alexis Moncorgé), Yves Montand (Ivo Livi), Simone Signoret (Simone-Henriette Kaminker) o Rommy Schneider (Rosemarie Albach-Retty). Asimismo, tenemos un caso de hermanas con distinto apellido, pues la actriz francesa Françoise Dorléac es para muchos una gran desconocida[6], pero no así su hermana Catherine, que triunfó como Catherine Deneuve. Después cabe reseñar una categoría de pseudónimos que apenas se dio en Hollywood: los actores y actrices que usaron un apodo, generalmente relacionados con el cine cómico y especialmente en los países mediterráneos. En este grupo podríamos mencionar al italiano Totò (Antonio De Curtis), y a los franceses Fernandel (Fernand-Joseph Contandin), Bouvril (André Raimbourg), y Capucine (Germaine Lefèvre)[7].

En España los nombres artísticos se dieron poco y tendieron más bien a sustituir a apellidos más o menos comunes para adoptar en algunas ocasiones tintes altisonantes o extranjeros. Así podemos citar a varios famosos actores y actrices como Imperio Argentina (Magdalena Nile del Río), Sara Montiel (M.ª Antonia Abad), Tony Leblanc (Ignacio Fernández), Lina Morgan (M.ª de los Ángeles López), Alfredo Mayo (Alfredo Fernández), Carmen Sevilla (M.ª Carmen García) o Raquel Meller (Francisca Marqués). Y aparte del éxito americano de Sara Montiel, es procedente citar a algunas actrices de origen español que también triunfaron en Hollywood cambiando sus apellidos, como Maria Montez (en realidad, M.ª África Vidal de Santo Silas y Gracia), y sobre todo la rutilante Rita Hayworth (Margarita Cansino).

En fin, como ya comenté al principio, en la actualidad la moda de los nombres o apodos artísticos ha decaído mucho en el cine y sólo se ha mantenido en algunos casos por motivos comerciales, en particular para potenciar algún perfil determinado de actor, como Dwayne Johnson, conocido también como The Rock.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

Apéndice

De entre todos los actores y actrices nombrados, la gran mayoría ya fallecieron. Sólo quedan vivos los más recientes, como la familia Estévez, y algunos ilustres veteranos como Warren Beatty, su hermana Shirley Mac Laine, Michael Caine, Catherine Deneuve, Charles Aznavour, Doris Day o Julie Andrews. Otros nos dejaron hace pocos años o meses, como Tony Leblanc, Joan Fontaine, James Garner, Omar Sharif, o Jerry Lewis. Mención aparte merecen los dos únicos supervivientes del Hollywood dorado: Kirk Douglas y Olivia de Havilland (ambos de 101 años).


[1] En el mundo anglosajón siempre se pone como primer apellido el de la madre, pero o bien suele omitirse o bien aparece abreviado con una inicial.

[2] En inglés, la pronunciación de Leo Jacoby suena parecida a Lee J(ey) Cobb.

[3] Esta actriz era de origen polaco y compuso su nombre artístico a partir de la contracción de su nombre y del apellido de una poetisa italiana a la que admiraba mucho, Ada Negri.

[4] En Europa se dio un caso paralelo con la actriz alemana Eva Bartok (Eva Martha Sköze).

[5] En este caso, cabe señalar que también cambió su nombre de pila, porque se llamaba Henriette-Rosine.

[6] Françoise tenía mucho talento y grandes perspectivas, como su hermana, pero murió muy joven, a los 25 años, en un accidente de tráfico.

[7] En América tenemos los famosos casos de Cantinflas (Mario Moreno) en México o Fatty (Roscoe Arbuckle) en Estados Unidos. En España podemos mencionar al cómico Cassen (Casto Sendra) o a la cantante Marisol (Pepa Flores).

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3 respuestas a “Nombres para triunfar

  1. Sólo un breve comentario a modo de puntualización, para dar exactitud al texto: el actor egipcio de origen sirio Omar Sharif (o al-Sharif) ya utilizaba este nombre artístico durante su carrera en Egipto antes de llegar a Hollywood. Queda dicho

  2. La verdad es que es un post fantástico, por exhaustivo.

    Por añadir algo, algunas veces hay controversias en los nombres. Por ejemplo, una sobre si Audrey Hepburn nació Edda y se puso luego Audrey o le pusieron inicialmente su nombre conocido y luego se puso ella misma temporalmente Edda, para luego volver al inicial (parece ser que son el mismo nombre, pero el primero inglés y el segundo holandés).

    Otra controversia es la que tuvimos tú y yo hace años sobre el nombre de John Wayne; yo sostenía que era Marion Michael y tú que se llamaba Marion Robert. Teníamos razón los dos, pero no está claro el orden. Unos dicen que nació Marion Michael, y le cambiaron a Robert; otros (últimamente parecen más numerosos), que nació Robert y luego le cambiaron a Michael para darle el primer nombre a su hermano, y los hay que dicen que era Mitchell y no Robert ni Michael. Aunque en el certificado de fallecimiento indicaron Marion Robert, en la mayoría de biografías americanas durante su carrera se indicaba siempre Marion Michael y en las más recientes aparece lo de Robert. En fin, un lío, que solo podría aclarar la familia. Lo chocante es que el primer nombre era… de chica. Curioso en un personaje tan representativo del macho americano (actor al que, por cierto, yo rindo pleitesía desde siempre).

    En todo caso, este post es una auténtica alfombra roja. Ver tantos nombres míticos juntos emociona.

    1. Hola Carlos

      No podía faltar tu comentario-validación de altos vuelos cinematográficos. Gracias por tu precisión en los detalles que comentas, y al final podríamos coincidir en que al bueno de “Marion” le quedaba mucho mejor John Wayne. Pero lo más triste es que para muchísima gente joven o no tan joven (de menos de 40-50 años) la mayoría de estos nombres (reales o artísticos) no significan casi nada porque o no los conocen o no han visto sus películas. El blanco y negro ha pasado a ser prehistoria o arquelogía pura y las películas de más de 30 años de antigüedad ya no se suelen poner en TV.

      Cuando mueran Douglas y de Havilland se habrá ido para siempre el cine clásico, que -por no poder ser superado- es imitado a base de remakes de inferior calidad o combatido a base de tecnología digital y efectos especiales.

      Un abrazo
      X.

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