El día en que se desató el infierno sobre la Tierra

Tunguska, hace 110 años

Impact_eventEn las profundidades de la Siberia Central, en la región de Tunguska, corre un río con este mismo nombre (Podkamennaya Tunguska: “Tunguska pedregoso”), afluente del gran río Yenisei. Allí, hacia las 7:15 de la mañana del 30 de junio de 1908, cientos de testigos advirtieron en el cielo despejado la presencia de un enorme objeto muy brillante que aparentemente procedía del sur o sureste. Entonces se produjo un impresionante estallido y el objeto se desintegró de forma espectacular a varios kilómetros de altura sobre el suelo[1] liberando una energía brutal, estimada según diversas fuentes entre un mínimo de 10 megatones (de TNT) y un máximo de unos 50 megatones[2]. Según los nativos de la zona, el cielo “se partió en dos” y luego se elevó una columna ardiente de varios kilómetros de altura “en forma de lanza”. También se apreciaron unos potentísimos ruidos, a la manera de “truenos y cañonazos”, hasta tal punto que pudieron ser oídos a 1.200 kilómetros de distancia. En cuanto a la duración total del fenómeno, las estimaciones apuntan a unos 10 minutos, si bien las observaciones de los testigos varían entre sólo un par de minutos hasta una hora.

El caso es que la aterradora explosión abrasó y devastó una enorme extensión de taiga siberiana, alrededor de unos 2.150 kilómetros cuadrados. Su epicentro se situó grosso modo en las coordenadas 60º 53′ N y 101º 53′ E, en una zona apenas habitada[3], a unos 65 Km. de la población más cercana, llamada Vanavara, donde estallaron puertas y ventanas y se hundieron los techos. El paisaje boscoso quedó completamente aplanado y quemado, y se estima que unos 30 millones de árboles quedaron abatidos y gran parte de ellos carbonizados. En realidad, toda forma de vegetación fue víctima del fuego en un radio de unos 200 Km.2 a partir del epicentro. Asimismo, la explosión calcinó a más de mil renos y se llevó por delante las pocas chozas y graneros de la zona, e incluso las vías del ferrocarril transiberiano, a decenas de kilómetros del epicentro, resultaron afectadas. Además, una vez pasada la catástrofe, toda la región se vio sometida a una intensa lluvia negra.

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Mapa de situación del evento de Tunguska (Siberia). El punto rojo y su anillo es el epicentro y la región devastada. La zona azulada es el área con efectos leves y la zona en difuminado morado, es la zona de percepción del evento.

Este es el testimonio de un hombre llamado Semenov, que presenció el evento desde la citada localidad de Vanavara:

“A la hora del desayuno estaba sentado en el porche de casa, en la factoría de Vanavara, mirando hacia el norte. De repente en el norte… el cielo se partió en dos, y muy por encima del bosque toda la parte norte del cielo apareció cubierta de fuego. Sentí un gran calor, como si mi camisa se hubiera incendiado… En ese momento hubo un estallido en el cielo y un gran estrépito… Salí despedido a veinte pies [seis metros] del porche y perdí el conocimiento por un momento. El choque fue seguido por un ruido como de piedras cayendo del cielo, o disparos de armas. La tierra tembló… En el momento en que se abrió el cielo, un viento caliente, como de cañones, corrió entre las casas y dejó marcas como senderos sobre el terreno y dañó las cosechas. Más tarde, descubrimos que muchos cristales de las ventanas se habían hecho añicos y que el cerrojo de hierro de la puerta del establo se había roto.”

Los sismógrafos de buena parte del mundo recogieron las ondas de choque del tremendo impacto, que se atribuyó a un violentísimo terremoto. A su vez, el cielo del norte de Rusia y parte de Europa quedó cubierto de unas nubes plateadas y se produjo una extraña luminiscencia, de tal modo que durante tres noches fue posible leer o tomar fotografías en algunas regiones de Europa sin necesidad de luz artificial. Además, se produjeron grandes oscilaciones barométricas y fortísimos vientos que llegaron a dar dos veces la vuelta al mundo. También se registraron anomalías electromagnéticas y la tormenta magnética posterior al impacto fue de tal potencia que se hizo imposible usar una brújula en Irkutsk, ciudad situada a más de 900 Km. del epicentro. Todos estos hechos llamaron la atención de los científicos y en particular las noches luminosas llegaron a tener cierto eco en la prensa de bastantes países, pero en la propia Rusia apenas provocó unas pocas noticias en los periódicos locales.

Las expediciones de Leonid Kulik

Resulta hasta cierto punto sorprendente cómo un acontecimiento de tal calibre –con una repercusión que fue mucho más allá de las fronteras de Rusia– no fuera objeto de ninguna expedición científica en su momento. Bien es cierto que nadie en Europa llegó a relacionar los peculiares fenómenos observados con lo sucedido en Siberia, pero ello no explica que no se hiciera prácticamente nada por buscar las raíces del evento. Esto es más extraño por cuanto todavía estaba reciente otro fenómeno natural catastrófico de proporciones apocalípticas y efectos apreciables a grandes distancias, acaecido en 1883, como fue la destrucción de gran parte de la isla Krakatoa (en el Pacífico) a causa de una terrible erupción volcánica. Cabe señalar que, en aquella época de la Rusia zarista, Siberia no era una región desarrollada, pero el país en su conjunto no estaba tan atrasado, por lo menos la Rusia europea. Sin embargo, el evento de Tunguska quedó sepultado con el paso de los años sin que se llevara acabo ningún intento de investigación, mientras el país vivía tiempos convulsos a causa de la agitación social y política, y más tarde por la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique.

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Leonid A. Kulik (1883-1942)

Hay que remontarse a 1910 para hallar la primera expedición a la zona, que corrió a cargo de un rico comerciante y orfebre ruso llamado Suzdalev, si bien no tuvo ningún ánimo científico[4]. No fue hasta 1921 en que Leonid Alekseyevich Kulik, científico del Museo de Mineralogía de Petrogrado, tuvo conocimiento del evento casi por casualidad y a partir de ahí empezó a recabar información sobre lo acontecido en Siberia, que apenas era mencionado como “la caída de un gran meteorito cerca de la ciudad de Tomsk”. Fruto de su empeño, Kulik, consiguió el patrocinio de la Academia de Ciencias de la URSS y pudo organizar una primera expedición científica a Siberia. Lamentablemente, la información de que disponía no era todo lo completa que sería deseable y pese a que pudo recoger numerosos testimonios del incidente en varias ciudades siberianas, no encontró el cráter del meteorito ni ninguna huella de devastación en aquella región y finalmente tuvo que desistir por falta de medios y por la proximidad del invierno.

Así las cosas, regresó con las manos vacías a Petrogrado y empezó a preparar una segunda expedición, la cual se demoró por diversos motivos hasta 1927, casi 20 años después del evento. En esta ocasión, y gracias a la recogida de más datos y testimonios, Kulik ya tenía una idea más clara del posible emplazamiento del suceso, si bien los tunguskos se mostraban muy reticentes a entrar en esa zona por el pavor supersticioso que todavía les imponía el terrible evento, que consideran algo así como la cólera de un dios nativo[5]. Con todo, Kulik pudo procurarse un guía local y se adentró durante semanas a través de centenares de kilómetros en la profunda taiga siberiana. Finalmente, su expedición llegó al río Tunguska y a mediados de abril de 1927 alcanzó el escenario de la explosión de 1908. Allí, Leonid Kulik observó atónito un paisaje desolado, con miles de árboles abatidos y calcinados que apuntaban hacia el sur.

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Paisaje con los árboles abatidos

Kulik quiso seguir hacia el norte, en busca del epicentro, pero sus guías tunguskos, aún atemorizados, se echaron atrás. El científico ruso tuvo que retornar a Vanavara, esperar unos días y echar mano de un nuevo equipo, pero al fin –ya en el mes de mayo– llegó a una zona pantanosa que era evidentemente el epicentro que estaba buscando. En aquel lugar, al que llamó “el caldero”, vio un terreno ondulado (como golpeado) y los típicos árboles derribados, pero esta vez se encontraban distribuidos según un patrón radial, en todas las direcciones, a partir de cinco puntos o centros. También pudo apreciar un raro paisaje disperso, el de cientos de árboles en pie pero sin ramas, al que llamó bosque de postes de telégrafo. Dicho extraño fenómeno sólo se repitió unos 20 años después, tras la explosión de la bomba atómica en Hiroshima. Ante ese panorama afirmó: “Los resultados de un simple examen superficial superan todos los relatos de los testigos y mis más fantásticas expectativas.”

Kulik estuvo estudiando el lugar durante unos días y realizó numerosas fotografías e incluso una breve película documental. Sin embargo, y a pesar de haber constatado la existencia de docenas de agujeros sobre el suelo, de hasta 50 metros de diámetro y cierta profundidad, no halló rastro reconocible de un meteorito, que era sin duda su principal objetivo, ya fuera en forma de cráter del impacto o de algún resto mineral. Con todo, regresó a la Academia de Ciencias con una importante documentación que convenció a sus escépticos colegas sobre la naturaleza y la magnitud de lo que había ocurrido en Tunguska en 1908. Posteriormente, todavía volvería a Siberia en dos ocasiones (1929 y 1938) para ampliar el estudio del fenómeno y así dio paso a una extensa investigación sistemática que prácticamente ha proseguido hasta nuestros días, sobre todo por parte de científicos rusos.

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Imagen actual del río Tunguska pedregoso (Siberia)

Investigaciones e hipótesis

Para tratar de dar una respuesta lo más certera posible sobre lo sucedido en Tunguska, los científicos han contado con estas fuentes de información:

a) El testimonio de aproximadamente unos 700 testigos del evento, recopilados en diferentes momentos, desde los días posteriores a la catástrofe hasta fechas tan tardías como los años 60 (gente ya mayor que aún recordaba el suceso). Hay que destacar que hubo testigos situados a distancias muy grandes (hasta 1.000 Km.) y desde múltiples puntos u orientaciones de observación (cerca de 400)[6].

b) Los registros sísmicos, meteorológicos, magnetográficos y barométricos recogidos en Rusia y otras partes del mundo inmediatamente después de los hechos.

c) Las noticias y fotografías sobre las noches brillantes tras el evento.

d) Los datos tomados in situ sobre la devastación forestal.

e) Los análisis de muestras del terreno realizados a lo largo de varias décadas.

f) Los datos procedentes de fotografías aéreas.

En la década de 1920 casi todo estaba por hacer, pero la primera hipótesis –sustentada por las escasas noticias periodísticas– fue la de la caída de un meteorito. De hecho, Kulik fue el primer científico que acuñó el término “meteorito de Tunguska”, a pesar de no haber encontrado ninguna traza de éste sobre el terreno. Con el paso de los años, la comunidad científica internacional adoptó los términos TSB o TCB (Tunguska Space / Cosmic Body, “cuerpo celeste / cósmico de Tunguska”) para referirse al objeto que provocó la catástrofe, pues se daba por hecho que lo que vieron los testigos fue un cuerpo u objeto de origen espacial que entró a gran velocidad en la atmósfera de la Tierra; en todo caso quedaría por dilucidar si fue un meteorito, un asteroide o bien un cometa.

Con el paso de los años y la recogida de más datos sobre el terreno, se fueron acumulando nuevas incógnitas y propuestas. Así pues, ya en los años 30 empezaron a surgir las primeras voces que se desviaban de la versión de Kulik. Por ejemplo, dos astrónomos, F.J.W. Whipple e I.S. Astapovich, llegaron de forma independiente a la conclusión de que el famoso objeto había sido en realidad un cometa gaseoso, que al impactar contra el suelo no había dejado ningún rastro material; sin embargo, debería existir una huella en forma de cráter, pero –como ya sabemos– el cráter nunca fue identificado. En cualquier caso, a partir de aquí se abrió un amplio abanico de hipótesis, según la interpretación de los diversos científicos, que se podrían resumir de este modo:

Meteorito o asteroide

Según la visión tradicional de Kulik, un enorme meteorito de hierro se hizo pedazos en la atmósfera terrestre. Los fragmentos del meteorito y el chorro de gases ardientes devastaron el paisaje de la taiga. En 1940, un científico colaborador de Kulik llamado E. L. Krinov propuso que, efectivamente, no había cráter porque el objeto –un supuesto meteorito– se había desintegrado completamente en el cielo, mucho antes de que pudiera impactar contra el suelo. (Años después, Krinov se decantó por la explosión térmica del núcleo de hielo de un cometa.)

Los científicos Tsikulin y Rodionov estimaron que la catástrofe se debió a la onda de choque que acompañó al meteorito al adentrarse en la atmósfera y que golpeó el terreno después de que la resistencia del aire desintegrara el meteorito. A su vez, para el científico S. S. Grigoryan se trató de la rápida desintegración de un asteroide rocoso o del núcleo de un cometa. En esta misma línea, Boslough y Crawford afirmaron que se trató de la explosión a baja altitud de un asteroide rocoso.

Cometa
Cometa
Imagen de un cometa y su cola

Según Petrov y Stulov, el causante del desastre fue un bloque de nieve espacial de densidad muy baja que entró en la atmósfera y se deshizo violentamente, provocando una fuerte onda de choque que aplastó la taiga. Otros autores, empero, apuestan por la explosión química de un cometa gaseoso, o bien la explosión termonuclear del núcleo de un cometa.

Incluso se ha llegado a proponer a un cometa llamado Encke como posible protagonista del evento, tras haber sido capturado por el campo gravitacional de la Tierra y haber dado tres vueltas en torno a ésta. Al entrar en la atmósfera se habría evaporado, formando una nube explosiva sobre Tunguska. Una variante de esta teoría, basada en el concepto del Universo eléctrico, sostiene que los efectos observados se debieron a la naturaleza eléctrica del cometa, que provocó una enorme descarga de plasma (gas electrificado).

Otros cuerpos cósmicos

En el campo de las teorías minoritarias, los científicos Cowan, Alturi y Libby se decantaron por la desintegración de un meteorito consistente en anti-materia. A su vez, Jackson y Ryan llegaron a proponer que el fenómeno fue la irrupción de un diminuto agujero negro que habría traspasado la Tierra como un cuchillo caliente en la mantequilla[7]. Dichas propuestas, empero, son consideradas por la mayoría de expertos como hipótesis forzadas, rocambolescas o simplemente sin fundamento científico. Por ejemplo, en la propuesta de la anti-materia, se debería haber registrado un importante aumento del carbono-14 radioactivo en la atmósfera, y no fue el caso. En cuanto al mini agujero negro, los científicos críticos consideran que debería haber dejado sin duda un cráter bien identificable sobre el terreno, aparte de que no explicaría las noches brillantes subsiguientes al evento.

Fenómeno terrestre

En una línea aún más heterodoxa cabe citar la posibilidad sugerida por algunos científicos de que la explosión hubiese tenido su origen en tierra (por ejemplo, por una conjunción de procesos geofísicos de fuerzas tectónicas y atmosféricas o por una explosión de gas natural). No obstante, la gran mayoría de académicos se muestra muy reticente, dados los repetidos testimonios sobre el avistamiento de un objeto brillante cruzando los cielos, aparte de la ausencia de trazas reconocibles sobre el terreno.

Sobre el polémico tema de los pretendidos restos del TSB, hay actualmente algunas posiciones discordantes, pues algunos científicos dicen haber hallado en la zona trazas de material supuestamente procedente de un meteorito, pero para otros muchos especialistas esos fragmentos no son concluyentes ni atribuibles con seguridad al evento de Tunguska. Por tanto, si estamos hablando de un meteorito o asteroide sólido, nadie hoy en día tiene una idea clara de su composición ni naturaleza. Asimismo, se ha propuesto algún posible cráter para el impacto (concretamente el lago Cheko[8]), pero las pruebas aportadas están lejos de ser determinantes. A todo ello cabría sumar la opinión de la científica rusa Olga Gladysheva, que en su estudio de los cientos de testimonios concluye que todas las descripciones recogidas testifican inequívocamente en contra de la naturaleza meteórica del objeto.

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¿Una explosión termonuclear?

Lo que por otra parte parece bastante significativo es la presencia confirmada de unos índices de radiación anormales y el rastro de una altísima temperatura, hechos que han empujado a valorar seriamente el escenario de una explosión termonuclear (o varias), si bien algunos científicos como Brown y Hugues opinan que una explosión de tipo termoquímico hubiera producido unos efectos semejantes y sin llegar a temperaturas tan extremas.

Finalmente, cabe citar que las investigaciones han destapado otro hecho insólito, y es que días antes de producirse el evento se publicaron noticias de algunos fenómenos anómalos observados en Europa occidental, Rusia y en la misma Siberia. Se trataba de nubes plateadas, brillantes crepúsculos de aspecto volcánico o halos solares, para los cuales no había una clara explicación, pero que podrían estar en relación directa con lo ocurrido el día 30 de junio. Incluso parece ser que las famosas noches luminosas se iniciaron no el día 30, sino que ya el 29 se pudo apreciar el fenómeno.

La hipótesis herética

Como se ha señalado en el epígrafe anterior, algunas de las propuestas más audaces plantean algún tipo de explosión termonuclear, y aquí es precisamente cuando surgió la hipótesis más extrema y herética de todas las formuladas hasta la actualidad y la que ha comportado más polémica –y también rechazo– por parte del mundo académico. Así, en 1946 el científico ruso Aleksander Kazantsev, que había estudiado los efectos provocados por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima (Japón) el año anterior, empezó a atar cabos y a elaborar su particular hipótesis. Para Kazantsev, y algunos científicos rusos que siguieron sus pasos en años posteriores, las similitudes entre Hiroshima y Tunguska se podían resumir en los siguientes argumentos:

a) El patrón de árboles en pie justo por debajo del epicentro de la explosión, mientras que el resto de árboles, así como las casas, habían sido derribados según un patrón radial.

b) La explosión había tenido lugar a gran altitud sobre el suelo y había producido un típico “hongo” nuclear, aparte de una potentísima onda de choque de arriba abajo.

c) En ambas localizaciones se había producido una lluvia negra típica después de la catástrofe.

d) Sobre el terreno se identificaron unas diminutas esférulas vítreas de arena fundida llamadas trinititas, formadas por la altísima temperatura generada. Dichas esférulas también aparecieron en la primera prueba nuclear llevada a cabo en Nuevo México.

e) Se pudieron apreciar a posteriori sobre humanos, animales y plantas ciertos efectos característicos de la exposición a una fuerte radiación. Especialmente se pudieron observar efectos de enfermedades cutáneas sobre renos y humanos y un crecimiento anómalo de las plantas, muy visible sobre todo en los anillos de los árboles[9].

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Efectos de la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima (1945). Véanse los postes en pie.

Desde la constatación de estos elementos, Kazantsev propuso que la clásica hipótesis del meteorito no se sostenía y que lo más probable es que hubiese explotado en el cielo algún tipo de nave voladora de propulsión nuclear, que forzosamente debía ser extraterrestre, dada la fecha del evento, en que la aviación estaba en pañales y la energía atómica era aún una quimera teórica. Ni que decir tiene que esta propuesta abrió la caja de Pandora a las mentes más atrevidas y a los investigadores del fenómeno ufológico, que no tardaron en apuntarse a esta interpretación. Y, yendo todavía más lejos que Kazantsev, cabe destacar la insólita teoría del ufólogo ruso Valery Uvarov, el cual asegura –a partir de sus propias investigaciones– que el objeto era en efecto un gran meteorito, y que fue interceptado por un “misil”, construido y almacenado desde tiempo inmemorial en una “base” localizada en Siberia, a varios centenares de kilómetros al norte de Tunguska[10]. En cuanto a la ufología hispánica, cabe citar que el afamado investigador J.J. Benítez apoyaba en su libro Mis enigmas favoritos la tesis de Kazantsev y especulaba con la idea de que el evento pudo ser un accidente o bien un “experimento”.

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Vladimir Rubtsov

Este escenario de corte extraterrestre nos podría parecer estrambótico, sensacionalista o de ciencia-ficción, pero lo cierto es que más allá de los quieren ver “hombrecillos verdes” en todo este asunto, algunos escasos científicos se han atrevido a dar cierta credibilidad a Kazanstev o al menos a plantear el tema de la explosión de una nave como una hipótesis viable, sobre todo a partir de ciertas anomalías o problemas del resto de versiones y del testimonio de muchos testigos. Concretamente, he escogido la reflexión realizada por el profesor Vladimir Rubtsov, licenciado en filosofía de la ciencia y miembro de la Academia rusa de Cosmonáutica, que creo que sintetiza de manera sólida y rigurosa la sombra de la duda que planea sobre el evento de Tunguska. Cabe apuntar que el profesor Rubtsov ha estado estudiando el evento durante 40 años y por tanto es una voz autorizada para ofrecer una valoración ponderada, con pleno conocimiento de todas las investigaciones realizadas hasta la fecha.

La interpretación de Rubtsov

Rubtsov parte del principio de que la mayoría de científicos se ha precipitado en crear modelos teóricos que expliquen Tunguska antes de analizar sosegadamente todos los datos empíricos disponibles y tratar de reconstruir la secuencia de los hechos. Dicho de otro modo, se ha tendido a anteponer las tesis a las pruebas, haciendo casar los datos de forma parcial o sesgada con un modelo preconcebido. Este prejuicio empezó con el propio Kulik, que –siendo un experto en meteoritos– lógicamente buscaba su meteorito, aunque se hubiera disgregado en varios fragmentos. En todo caso, para Rubtsov existen demasiados datos anómalos –o por lo menos difusos– que no han sido correctamente valorados e interpretados y que desde luego suponen serias trabas a las explicaciones habituales.

En primer lugar, tomando las huellas materiales, Rubtsov vuelve a incidir en la ausencia de cráter o fragmentos de meteorito, lo que fuerza a plantear una completa explosión del objeto, sin que quede ningún rastro de él. Luego está el estudio del patrón de abatimiento de los árboles en una extensa área que tiene una forma aproximada de mariposa. Para el científico ruso, el patrón de destrucción del bosque en el epicentro, que no es perfectamente radial, muestra la existencia de un gran estallido y dos ondas de choque (la segunda bastante más leve que la primera), lo que le empuja a pensar que hubo dos objetos sobre Tunguska que se desplazaban en direcciones diferentes y que tuvo lugar una secuencia de varias explosiones de distinta intensidad. Además, los efectos visibles de la explosión se prolongan más allá del epicentro en dirección oeste, lo que indicaría que un gran cuerpo siguió en movimiento después de la explosión.

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Patrón radial de los árboles abatidos en el epicentro

Sobre este punto es significativo remarcar que los testimonios recogidos entre los nativos de la zona en los años 20 por el etnógrafo ruso I. M. Suslov hablaban de al menos cinco explosiones, siendo la segunda la más potente. Véase el relato de dos hermanos llamados Chuchancha y Chekaren, que estaban durmiendo en una choza en el momento en que se produjo el evento:

“Ambos estábamos muy asustados. Empezamos a llamar a nuestro padre, madre, y tercer hermano, pero nadie contestó. Un ruido fuerte se oyó afuera de la choza; comprendimos que los árboles estaban cayéndose. Chekaren y yo salimos de nuestros sacos de dormir e íbamos a salir de la choza, pero de repente hubo un trueno muy grande. Éste fue un primer estallido. La tierra tembló, un fuerte viento sacudió nuestra choza y la tiró abajo. El elliun [el techo de pieles que cubre la choza] se levantó y vi algo terrible: los árboles estaban cayéndose, las agujas de pino ardían. Las ramas muertas y el musgo de la tierra también se estaban quemando. De repente apareció encima de una montaña, allí dónde los árboles ya se habían caído, una brillante luz como un segundo sol… En ese mismo momento, un estruendo fuerte, un trueno, retumbó. Éste fue un segundo estallido. La mañana estaba soleada, sin ninguna nube, el Sol brillaba como siempre, ¡y había ahora un segundo sol! Con esfuerzo Chekaren y yo nos arrastramos hacia afuera por debajo de los postes y el techo de la choza. Después de eso vimos aparecer de nuevo un fogonazo y la caída de un trueno se oyó otra vez en lo alto, aunque en otro lugar. Este fue un tercer estallido. Entonces hubo una nueva ráfaga de viento que nos volteó y nos golpeamos contra un árbol derribado. [Poco tiempo después] Chekaren gritó: “¡Mira!” y estiró su mano hacia arriba. Yo miré en esa dirección y vi un nuevo relámpago. Pero su sonido no era tan fuerte como antes. Este cuarto estallido fue como un trueno normal. Ahora puedo recordar que hubo un quinto estallido, pero bastante débil y lejos de nosotros. Esta última explosión tuvo lugar en alguna parte lejos en el norte.”

En cuanto al efecto “postes de telégrafo”, Rubtsov considera que tal fenómeno confirma que la gigantesca explosión tuvo lugar justo encima y a una gran altura. Con todo, el patrón de quemado de la vegetación revela que algo extraño ocurrió con la explosión. Así, se podría esperar que en el mismo epicentro (o zona central) se registrase el núcleo de los árboles más severamente quemados, mientras que en la zona periférica los árboles deberían tener quemaduras más leves. Sin embargo, la observación del terreno pone de manifiesto que existen zonas dispersas e intercaladas de árboles muy quemados y otras de árboles menos quemados, dando a entender que la explosión fue irregular.

Por otro lado, Rubtsov destaca que el estudio geoquímico del terreno no arrojó los componentes más habituales o típicos de un meteorito –hierro, cobalto, cromo o níquel– sino una apreciable presencia de tierras raras[11] (samario, terbio, iterbio, europio, etc.), así como otros elementos como el cobre, el titanio, el cobalto o el bario. Las muestras de las tierras raras son especialmente significativas porque sus niveles superan con mucho las proporciones medias habituales (por ejemplo, 55 veces superior en el terbio, 150 veces superior en el europio y hasta 800 veces superior en el caso del iterbio). En su opinión, esto podría indicar que el TSB contenía una notable cantidad de cerámica superconductora de alta temperatura compuesta de bario, un lantánido[12] y cobre, y aparentemente tal sustancia no puede darse de forma natural.

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Fotografía del paisaje desolado tomada por la expedición de Kulik

Rubtsov también se fija en las anomalías de tipo biológico y constata que el bosque se recuperó de forma relativamente rápida y que el crecimiento normal de la vegetación se vio acelerado, tal y como se pudo comprobar con el desarrollo anormal de los anillos de los árboles. Este factor, unido a otras observaciones sobre mutaciones en plantas y animales (humanos incluidos) y sobre el aumento de los niveles de radioactividad y de termoluminiscencia en minerales, confirma que el evento liberó una gran cantidad de radiación. Otro elemento bastante anómalo fue el registro de una fuerte tormenta magnética que sucedió en dos momentos: uno más corto y leve tras la explosión (de unos 2 minutos) y otro más intenso que fue in crescendo hasta alcanzar su pico unos 25 minutos después del evento y que luego fue decayendo hasta alcanzar los niveles normales unas 5 horas después del evento. Dicho efecto jamás ha sido registrado en la observación de meteoritos, ni antes ni después de Tunguska. Lo más parecido a este efecto de tormenta geomagnética tuvo lugar durante unas pruebas nucleares realizadas a gran altura en 1958 sobre la isla de Johnston (Hawai).

Finalmente, el profesor Vladimir Rubtsov pone el dedo en la llaga de la interpretación convencional cuando se fija en las pruebas aportadas por los testigos presenciales, teniendo en cuenta las dos áreas principales de observación del evento: desde el sur y desde el este. Para los observadores de la zona sur, el evento duró más de media hora y el objeto tenía un brillo comparable al del Sol, con un color entre blanco y azulado, y volaba de sur a norte. Detrás de su trayectoria se formaron unas estelas iridiscentes, como un arco iris, que permanecieron bastante tiempo sobre el cielo. En cambio, para los observadores del este, el objeto era mucho menos brillante que el Sol, de color rojo, y su forma parecía una especie de bola o proyectil de cañón (otros testimonios hablan abiertamente de “tubo” o “cilindro”), con una larga cola[13]. Su trayectoria apuntaba hacia el oeste y no dejaba ningún rastro tras él. Por lo demás, y a diferencia del primer caso, la duración del fenómeno apenas duró unos pocos minutos.

De estas dos versiones dispares, Rubtsov trata de reconstruir un hipotético escenario: en vez de tener un objeto que entró en la atmósfera en una dirección determinada, parece que nos encontramos ante dos objetos distintos[14] con trayectorias diferentes o bien un objeto que realizó cambios de dirección –lo cual es altamente improbable para un meteorito o cometa– o incluso una combinación de estos dos supuestos. Además, el hecho de que el TSB fuera visto a distancias de hasta 1.000 Km. implica que se desplazaba en un ángulo no muy pronunciado con respecto a la superficie terrestre, y a una velocidad no muy elevada (contrario a lo que sería propio de un meteorito), pues los testigos afirman que el objeto se desplazaba lentamente, llegando a ser visto en este movimiento durante al menos 10 minutos.

Adicionalmente, cabe señalar que un típico meteorito que entra en la atmósfera a gran temperatura y gran velocidad –a unos 9.600 Km./h– produce una inequívoca cola humeante, hecho que en ningún momento es citado por los testigos; de hecho, como ya se ha expuesto, en vez del típico rastro de humo, los testimonios hablan de una cola iridiscente. Juntando todas las piezas, Rubtsov cree que –dada la trayectoria y velocidad del TSB– no habría podido tener lugar una explosión térmica que fuera debida exclusivamente a la energía cinética del objeto. Por tanto, concluye que la tremenda explosión debió producirse por la propia energía interna (ya sea térmica, nuclear o de otra clase) del objeto[15].

En suma, Rubtsov ve la hipótesis de Kasantsev como digna de posteriores estudios, y plantea la posibilidad de que esa mañana del 30 de junio de 1908 dos objetos con trayectorias distintas se desplazaran sobre Siberia Central, con el resultado de que uno de ellos acabó explosionando por causas internas, liberando una enorme cantidad de energía. Lo que pudo suceder en ese escenario “artificial”, según especula el profesor ruso, se nos escapa. Tal vez fuera un “combate aerospacial”, una misión de rescate fallida, un accidente… En todo caso, Rubtsov opina que para poder avanzar firmemente en la investigación, será crucial hallar fragmentos inequívocos –por pequeños que sean– del TSB.

Conclusiones

Como ya se ha mencionado, nadie tiene una explicación definitiva sobre lo ocurrido en Tunguska. En verdad, todas las propuestas no pasan del estadio de meras hipótesis, pues la falta de datos determinantes –a pesar de tantos años de investigación– no permite validar ninguna de ellas. Cabe insistir en que los proponentes de la teoría del meteorito, la más aceptada, han tenido que reconocer dos hechos relevantes: que no hay rastro de cráter ni tampoco restos reconocibles del meteorito. Por lo que se refiere a la tesis del cometa, la que parecería más plausible si se descarta el meteorito, nos podríamos preguntar por qué ningún astrónomo lo detectó en su aproximación a nuestro planeta, si es que realmente era de un tamaño y brillo considerable.

Lo que sí comparten casi todos los científicos es la convicción de que la explosión tuvo lugar a gran altura y que destruyó casi completamente el TSB, si bien cabría esperar que al menos hubiera aparecido algún fragmento del objeto, pero se sigue sin identificar fehacientemente esa materia cósmica. Por tanto, las hipótesis del cometa y del meteorito permanecen en el limbo científico, aunque tampoco deberíamos descartar la posibilidad –planteada por el científico ruso N. V. Vasilyev– de que estemos ante un desconocido fenómeno cósmico no registrado anteriormente y que pudiera justificar las rarezas de los efectos observados.

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¿Ovnis sobre Siberia?

Aparte, nos queda el polémico tema de los testigos y las diferentes observaciones que, en vez de despejar incógnitas, han acrecentado la confusión. Con todo, si damos valor y fiabilidad a los testimonios recogidos acerca de la forma y apariencia del objeto –u objetos– y en particular a la alteración de su trayectoria (se habla al menos de dos maniobras de viraje, primero hacia el este y luego hacia el oeste), estaríamos ante un hecho bastante anómalo y difícil de explicar. Este enfoque obviamente permite dar alas a la versión ufológica, pero debemos ser muy cautos para evitar caer en los consabidos sesgos de la ufología más sensacionalista; no sería la primera ni la última vez que ante un fenómeno determinado sin explicación se recurre al factor extraterrestre a modo de Deus ex machina.

Ahora bien, hay que reconocer que las descripciones de los testigos –casi todos ellos gente sencilla y sin razón alguna para mentir o fabular– no estaban contaminadas por ningún prejuicio ufológico, dado que entonces los avistamientos de cosas extrañas en el cielo no se relacionaban con naves volantes de ningún tipo. Otra cosa es que ya en épocas posteriores se hiciera una lectura “aerospacial” de algo que resultaba extraño para ser un meteorito o un cometa, según la opinión de algunos. Por desgracia, en aquella época y aquella zona no se pudo obtener ninguna fotografía del objeto, que obviamente hubiera constituido una prueba de incalculable valor.

Sea como fuere, hay que reconocer que existe una serie de datos incompletos y de interpretación diversa que explica en cierto modo que los científicos no se pongan de acuerdo, con el problema añadido de que a menudo el debate en términos técnicos del ámbito astrofísico se hace impenetrable para los legos en la materia. Sin duda, la casi absoluta falta de investigación en los 20 años posteriores al evento fue un gran lastre, pues probablemente se perdió la oportunidad de obtener datos in situ de primera mano, pero eso es algo que ya no tiene remedio. Entretanto, podremos seguir especulando sobre lo acontecido, y especialmente sobre lo que pudo acontecer, pues si el objeto hubiera caído apenas unas pocas horas después (sobre la Rusia europea, siguiendo su trayectoria), tal vez hubiera podido destruir una gran ciudad como San Petersburgo y hubiera causado con toda seguridad centenares de miles de muertos. En efecto, dentro de lo desastroso del hecho, fue un auténtico golpe de suerte que el TSB cayera en una zona prácticamente deshabitada.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

Bibliografía y referencias

BENÍTEZ, J.J. Mis enigmas favoritos. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1993.

CHYBA, C.F; THOMAS, C. J.; ZAHNLE, K.J. The 1908 Tunguska explosion. Atmosferic disruption of a stony asteroid. Nature, vol. 361, January 1993.

GLADYSHEVA, O. Eyewitnesses about the Tunguska Cosmic Body. Acta Geodaetica et Geophysica, March 2013.

KOLESNIKOV, E. et alii. Nature of the Tunguska Impactor Based on Peat Material from the Explosion Area. (Artículo en: BROBOWSY, P.T.; RICKMAN, H. (Ed.) Comet/asteroid impacts and Human Society. Springer-Verlag. Berlin, 2007)

KUNDT, W. Tunguska (1908) and Its Relevance for Comet/Asteroid Impact Statistics.

(Artículo en: BROBOWSY, P.T.; RICKMAN, H. (Ed.) Comet/asteroid impacts and Human Society. Springer-Verlag. Berlin, 2007)

LONGO, G. The Tunguska Event. (Artículo en: BROBOWSY, P.T.; RICKMAN, H. (Ed.) Comet/asteroid impacts and Human Society. Springer-Verlag. Berlin, 2007)

RUBTSOV, V. The Tunguska Event: Maybe It Wasn’t What We Thought. Edgescience n.º 5, october-december 2010.


[1] No hay acuerdo en apreciar este punto concreto, pero la mayoría de las estimaciones oscilan entre los cinco y los ocho kilómetros, si bien se ha mencionado hasta un máximo de diez.

[2] Tal cifra empequeñece con mucho la potencia de la bomba de Hiroshima y más bien se corresponde con las más potentes bombas de hidrógeno existentes.

[3] Según las estimaciones realizadas, los seres humanos más próximos eran pastores acampados en tiendas y estaban situados a unos 30 Km. del epicentro. Lo que resulta sorprendente es que, si bien con el tiempo muchas personas padecieron secuelas físicas de diversa índole, apenas hay constancia de unas pocas víctimas mortales como consecuencia directa de la explosión.

[4] Según consta en un artículo del científico alemán Wolfgang Kundt, este comerciante urgió a los tunguskos a que no hablaran sobre el incidente, por razones no definidas. Kundt especula que tal vez fue por la presencia sobre el terreno de diamantes (formados a causa de las tremendas temperaturas).

[5] Los tunguskos se referían a una especie de maldición a cargo del dios del fuego llamado Ogdy, que habría castigado a los tunguskos destruyendo los árboles y matando a los animales.

[6] La gran mayoría de artículos científicos consultados no tocan apenas el tema de los testigos, y se limitan a confirmar la observación de una “bola de fuego”, y los efectos directos del evento pero en general no entran a valorar a fondo las apreciaciones sobre la forma y aspecto del objeto. Resulta, además, sorprendente que no se hiciera una recopilación completa y exhaustiva de todos los testimonios hasta una fecha tan tardía como 1981, a cargo del científico ruso N. V. Vasilyev.

[7] Según esta visión, el agujero negro habría entrado por Siberia, habría perforado todo el planeta y habría salido por el océano Atlántico.

[8] Según el artículo de 2007 de GASPARINI et alii: A possible impact crater for the 1908 Tunguska Event.

[9] Como se pudo comprobar, hasta 1908 los anillos crecían a un ritmo de entre 0,4 y 2 mm. por año, mientras que después del evento, los anillos crecieron a un ritmo de entre 5 y 10 mm.

[10] De hecho, Uvarov cree que cierta región siberiana llamada el Valle de la muerte, que está prácticamente deshabitada, esconde ciertos restos de estructuras de una civilización alienígena. Su tesis se basa en las tradiciones y leyendas de las tribus locales y algunas observaciones modernas.

[11] Nombre común de un conjunto de 17 elementos químicos poco frecuentes.

[12] Componentes mayoritarios (15) de las tierras raras.

[13] Un chamán local tomó el objeto por el diablo y lo describió así: “El mismo diablo era como un lingote, color claro, con dos ojos adelante, y fuego por detrás.” (¡Extraño cometa o meteorito!)

[14] Existe un cierto número de testimonios que apuntan a que hubo varios objetos, al menos dos, pero podrían ser más.

[15] Los investigadores rusos Zolotov y Zigel, seguidores de Kazantsev, precisamente afirmaron que el explosivo en cuestión tenía que hallarse en el interior de un envase (o sea, una nave).

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5 respuestas a “El día en que se desató el infierno sobre la Tierra

    1. Gracias Piedra

      La verdad es que no todo es tan simple, pues los expertos no se han puesto de acuerdo después de décadas y no han encontrado lo que supuestamente debía encontrarse. Y las anomalías tampoco se pueden pasar por alto. No avalo la teoría extraterrestre, pero bien pudo ser un fenómeno completamente nuevo que pilló a todo el mundo por sorpresa. En este sentido, lo que dice Rubtsov me parece muy acertado: todos quieren encajar las difusas pruebas dentro de su modelo prefabricado, y esto contamina cualquier conclusión.

      Saludos,
      X

  1. A ver si lo leo luego con más calma. Este es uno de los pasajes del libro que leí, “Magonia” y resulta bastante extraño…

  2. Saludos querido Xavier

    Todo esto pudo ser una batalla entre los “dioses”. Pero como los satanistas caricaturizan todo para su descrédito las carcajadas son “cósmicas” como acertadamente escribió Andreas Faber Káiser. El impacto en una zona silvestre fue a propósito.
    https://www.google.es/search?q=kamehameha&rlz=1C1AZAA_enES751ES751&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiMwZzK14fcAhXG66QKHRCLAJUQ_AUICigB&biw=1280&bih=918

    Un abrazo y muchas gracias

    1. Gracias Jose por tu comentario

      Bueno, ya habrás visto que he sido cauto en mi análisis porque no veo una información clara y fiable para posicionarse en un sentido u otro. La imaginación y los prejuicios nos pueden jugar malas pasadas, pero las anomalías, como ya he apuntado, están ahí, y las casualidades (o no) se me escapan completamente. Un escenario artificial precisa de motivaciones y explicaciones y de momento no veo por dónde podrían los tiros.

      Saludos,
      X.

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