Mutilación de ganado… y más allá

mutilacion_ganadoAviso previamente que el tema que voy a exponer a continuación no es agradable ni ameno, e incluso admito que puede provocar cierto rechazo o malestar. No obstante, como tengo por costumbre abordar asuntos que resultan incómodos –por una u otra razón– para la ciencia establecida, he creído oportuno sacar a la luz una oscura faceta de nuestra realidad que convencionalmente se ha venido a denominar “mutilación de ganado”. Cabe resaltar que se trata de hechos demostrados y no de fantasías, y que por mucho que queramos mirar para otra parte, van a seguir ahí. Así pues, aun sin ánimo de ser exhaustivo, presentaré una amplia descripción del fenómeno, con la aportación de algunos datos y argumentos que pueden resultar sorprendentes incluso para las personas que ya habían oído hablar de este asunto. Lo que sí voy a omitir son las imágenes más explícitas, porque aportan más desazón y angustia que otra cosa.

Para empezar diremos que las mutilaciones de ganado son relativamente desconocidas para la mayor parte de la población, pues, aunque no es tema secreto, sí es bastante discreto y envuelto en opacidad. En efecto, el impacto de este asunto en la opinión pública es mínimo, dado que prácticamente no aparece en los medios de comunicación y muy raramente es abordado en los programas de misterio. Asimismo, la ciencia oficial –aparte de sus habituales reacciones escépticas– no ha dado señales de vida en esta cuestión, y ha preferido aparcarla discretamente, traspasando la responsabilidad de las investigaciones al entorno policial y forense. Lo cierto es que las mutilaciones siguen siendo un auténtico enigma a día de hoy porque no hay respuestas claras sobre su origen y propósito. En gran medida se ha relacionado con el fenómeno OVNI, a partir de una serie de testimonios, indicios y pistas, pero incluso los investigadores más veteranos reconocen que todavía están lejos de dar con una explicación satisfactoria, pese a la gran cantidad de casuística recopilada. Pasemos ahora a exponer los hechos esenciales.

La ola de mutilaciones que despertó las alarmas ocurrió en Estados Unidos en los años 70 del pasado siglo, pero ya existían precedentes aislados en la década anterior[1]. Así, en 1963 se habían producido algunos ataques al ganado en el condado de Haskell (Texas), atribuidos a alguna bestia salvaje indeterminada. Sin embargo, el caso más sonado tuvo lugar en un rancho de Alamosa (Colorado) el día 9 de septiembre de 1967. Allí, una yegua de tres años llamada Lady[2] apareció muerta de la noche a la mañana. El aspecto del animal, que estaba acostado sobre su lado izquierdo, era terrible: la cabeza se había convertido en puro cráneo y el cuello había sido cortado en redondo hasta el hueso. También se le había extraído carne del lomo, y todo ello con una precisión quirúrgica. No cabía duda de que se había empleado un instrumental cortante muy afilado, por lo que era muy dudosa la implicación de un depredador. Extrañamente, no se encontró ningún tipo de huellas en los alrededores del animal.

Este suceso tuvo eco en la prensa y se revelaron otros datos intrigantes como la ausencia de sangre, de líquido cerebroespinal y de tejido cerebral; asimismo, los órganos internos habían sido extraídos. En cuanto la investigación posterior, se realizó una tardía autopsia al animal –un mes después de los hechos– a cargo del experto veterinario Robert Adams (de la Universidad estatal de Colorado). Adams no vio nada raro en particular y atribuyó la desaparición de los órganos internos a pequeños carroñeros. Con respecto a la falta de sangre, concluyó que ésta se había coagulado, mientras que el corte del cuello habría sido hecho por alguien con la intención de acabar con el sufrimiento del caballo. Pero, por lo demás, todo podía explicarse por la acción de los depredadores. En fin, la historia de Lady es lo que podríamos llamar un “caso-tipo” de mutilación de ganado, que se iba a repetir con pocas variaciones en diversas localizaciones de Estados Unidos, pero también en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, República Dominicana, Argentina, Brasil, Suecia, Alemania, Reino Unido… En realidad podemos decir que es un suceso de alcance mundial, si bien preferentemente focalizado en el continente americano.

Lo que ocurrió en los años 70 fue básicamente una generalización del fenómeno y una mayor atención por parte del público, dado que hubo bastantes propietarios afectados en el entorno rural. Muchos casos aparecieron en la prensa, las autoridades tomaron cartas en el asunto y se implementaron informes oficiales. Asimismo, los investigadores independientes –sobre todo del mundo de la ufología– realizaron exhaustivos trabajos de campo. El fenómeno tuvo un repunte a mediados de los años 80 pero ya fue a la baja en los 90 y casi se dio por desaparecido en el presente siglo, a excepción de algunos incidentes esporádicos, si bien en América han ido apareciendo otros casos similares atribuidos al misterioso ser llamado chupacabras. Dicho esto, según algunas fuentes que he podido consultar, los mutiladores siguen activos en varias regiones del mundo, con mayor o menor intensidad, pero con una mínima o nula cobertura informativa. Por ejemplo, en Argentina se dieron muchos casos entre 2001 y 2003, en diversas partes del país.

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Intervención quirúrgica precisa

Vamos a repasar brevemente las características típicas de la casuística observada (que sólo en EE UU alcanzaría los 10.000 animales muertos) en base a los casos recogidos en los años 70 y 80 en el ámbito rural de hasta 22 estados de los EE UU, entre ellos Colorado, Dakota del Sur, Kansas, Nevada, Texas, Minnesota, Nuevo México, Oklahoma, etc. Las mutilaciones se centraron en los habituales animales domésticos que pueden encontrarse en granjas o ranchos: caballos, vacas, cerdos, ovejas, perros, etc., y afectaron indistintamente a ejemplares de uno u otro sexo. No se tenía constancia del momento exacto en que se producían los hechos, pero se suponía que casi todos habían ocurrido durante la noche. En lo referente al aspecto de los animales, lo primero que llamaba la atención era la total ausencia de sangre en el animal, sin que quedase ningún rastro de ella ni siquiera en el terreno, lo cual resulta bastante inverosímil. Luego estaban los cortes perfectos y la extracción de determinadas partes u órganos internos del animal. Se observó en particular la extracción de forma limpia y quirúrgica del morro (mandíbula inferior), ubres, órganos sexuales, ano, ojos, orejas y lengua[3]. Muy a menudo era típica la sustracción de un solo ojo u oreja.

Sobre todo, destacaba el método de intervención sobre el recto y los genitales, con depuradas extracciones a partir una profunda incisión circular, oval o cuadrada. Al principio se habló del uso de instrumental médico clásico, como los bisturís, pero más adelante las investigaciones apuntaron al uso del láser a altas temperaturas, o una tecnología similar, pues las heridas mostraban una perfecta cauterización. En un caso, incluso, se llegó a apreciar en la zona del corazón una cirugía de altísima complejidad y precisión realizada con material sofisticado.

Y no sólo resultaron afectadas las granjas, pues en 1975 se registró la mutilación de un gran bisonte hembra en una reserva zoológica de Colorado. Al animal se le había cortado una oreja y la ubre, se le había mutilado los genitales y se le había arrancado cuidadosamente una porción cuadrada de piel. Además, daba la impresión de que al animal se le había administrado algún tipo de anticoagulante. Para el director del zoológico y el veterinario que efectuó la autopsia no quedó duda de una intervención humana muy precisa, y descartaron la acción de cualquier fiera.

Sin embargo, aun siendo todo esto bastante siniestro, hay otros elementos colaterales del escenario de las mutilaciones que todavía complican más las explicaciones convencionales. Así por ejemplo, destaca el hecho anómalo de que incluso cuando alguno de los animales mutilados queda expuesto durante días a los depredadores o carroñeros, ninguno de ellos toca los restos. Esto no parece tener ninguna lógica, pues dichos restos serían de fácil acceso y consumo para aves y mamíferos, pero por alguna razón desconocida ni los carroñeros ni siquiera las moscas se acercan. Quizá perciben algo extraño o nocivo como producto de la manipulación sufrida por el animal mutilado, pero es una mera conjetura.

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¿Animales secuestrados por vía aérea? ¿Por ovnis?

En cuanto a la ubicación de los animales y la falta de huellas, parece que en muchos casos el animal atacado es desplazado por aire y llevado a otro lugar, como un caso documentado en que dos vacas mutiladas aparecieron en un prado cercado y cerrado con candado en el condado de Park (Colorado) en 1975. No había huellas junto a los animales y el alguacil que estudió el suceso afirmó que las vacas no podían haber llegado allí a menos que hubiesen sido lanzadas desde un avión. Según el investigador Chuck Zukowski, se puede proponer la existencia de un patrón aéreo de actuación: se toma al animal en un punto A, luego se lo transporta a otro punto B donde es mutilado y finalmente es abandonado en un punto C, en la zona del punto original A. Por decirlo de alguna manera, se habría producido un rapto súbito por medios indeterminados. Desde su punto de vista, esto se fundamenta en la falta de huellas de depredadores –ni de ataque, ni de lucha, ni de sangre– y sí en cambio una depresión del terreno en el lugar donde se ha dejado el animal (a veces incluso un círculo perfecto), aparte de que en algunos casos se aprecian daños físicos o posturas forzadas que indicarían que el animal habría caído de una cierta altura. Y tampoco se perciben rastros directos de intervención humana, como podrían ser pisadas o marcas de neumáticos.

Es precisamente en este punto es donde aparecen los datos más confusos e inquietantes. Así, de acuerdo con los testimonios, en muchos casos de mutilación aparecieron sobre el lugar luces anaranjadas o azuladas en el cielo, ruidos maquinales inexplicados en el entorno, objetos voladores, o más propiamente ovnis, así como unos extraños helicópteros negros sin ninguna identificación. Estas observaciones se verían reforzadas por algunas huellas sobre el terreno, como marcas de aterrizaje, vegetación aplastada, terreno chamuscado, índices de radiación anormales, etc. Estas informaciones han causado cierta controversia no sólo por la siempre polémica cuestión de la verdadera naturaleza del fenómeno OVNI sino también por la presunta participación del gobierno norteamericano o de algún poder político no identificado. Más adelante trataremos de aportar alguna conclusión al respecto.

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Libro referente a los casos de los años 70

El caso es que ya en los años 70 los granjeros buscaron culpables y la policía andaba un poco desorientada, pero puestos a buscar explicaciones mundanas lo que parecía más plausible era la actuación de grupos de gente perturbada o, más probablemente, de sectas satánicas. Bien es cierto que –dada la intervención brutal y al mismo tiempo precisa– todo empujaba a pensar que allí podía haber ciertos rituales maléficos y macabros que tenían por objeto el sacrificio de las pobres bestias. A este respecto, surgieron algunas pistas e indicios de ceremonias satánicas y hubo testimonios sobre la presencia de personas encapuchadas y vestidas con túnicas negras en el escenario de mutilaciones, como ocurrió en Cove Creek (Idaho) en 1975 o en Enderlin (Dakota del Norte) en 1976. También aparecieron otros objetos de la supuesta parafernalia satánica como altares, cráneos bovinos, velas, piedras grabadas o pintadas, libros que describían sacrificios de animales, etc.

Esta versión pareció ser aceptada por mucha gente e incluso un granjero llamado John Dunn ofreció en 1976 una recompensa de 1.000 dólares por cualquier pista que condujese a la captura de los mutiladores satánicos. La culminación de las sospechas llegó en 1979 con la confesión de una mujer de Oklahoma que decía haber pertenecido a una secta satánica durante más de cinco años y que aseguraba haber participado en las matanzas, realizadas con el fin de bautizar con sangre a los nuevos adeptos. Con todo, y aun aceptando la hipotética intervención de satanistas u otras sectas en algunos episodios de mutilaciones, no todo el mundo quedó convencido con estas explicaciones, en particular los investigadores independientes. Más bien pensaban que estos casos serían anecdóticos, o que incluso podrían ser un intento de desviar la atención. Sin ir más lejos, el distinguido investigador John A. Keel emitió un juicio categórico sobre esta hipótesis:

“Otra teoría muy popular en los años 70 era que las mutilaciones de ganado eran la obra de una secta secreta de adoradores del demonio. Tales cultos existen y siempre han existido, pero los peores ritos satánicos involucran el sacrificio de niños pequeños, no la inmolación de rebaños enteros de ovejas. Cualquier culto que pueda campear por sus respetos en una docena de estados a la misma vez, matar miles de animales y no dejar una sola huella debe ser muy grande, muy bien financiado y bien organizado. Pero si tuviesen los medios para obrar a una escala nacional o hasta internacional, ciertamente podrían tener sus propios ranchos o mataderos. No tendrían necesidad de meterse en ningún pastizal de Oklahoma para desangrar a unas cuantas vacas.”[4]

Sea como fuere, los granjeros seguían sin tener una idea definida de lo que estaba pasando y los casos se seguían acumulando. A finales de los 70 la situación ya era bastante grave y las investigaciones locales apenas avanzaban. Fue entonces cuando el senador de Nuevo México Harrison Schmitt consiguió una dotación de fondos para impulsar una investigación estatal en toda regla que tratara de desentrañar el origen del fenómeno y aportar soluciones. El encargado de dirigir la investigación fue un ex agente del FBI llamado Kenneth Rommel, y el resultado de sus pesquisas fue popularmente conocido como el informe Rommel, que fue difundido en 1980.

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Policías de New Mexico examinan el cadáver de una res mutilada

Dicho informe, fruto de un año de trabajo de Rommel y su equipo de colaboradores, se fundamentó en el examen de hasta 27 casos de mutilaciones en Nuevo México y –para sorpresa de muchos granjeros– acabó por dictaminar que el fenómeno era completamente natural. En efecto, Rommel veía la clara acción de los depredadores en el ataque a las reses, a lo que había que sumar los efectos secundarios de los carroñeros y la descomposición natural. En cuanto a la precisión de los cortes, se argumentaba que los coyotes pueden cortar limpiamente la carne, dando la impresión de incisiones quirúrgicas. Y en cuanto a la falta de sangre, se volvió a recurrir a la explicación de la coagulación. Pero lo más polémico es que el informe incidía en la falta de fiabilidad de los testigos e incluso se sugería que había una “ilusión colectiva” generada por la tensión, la ansiedad y la confusión en las declaraciones de veterinarios y policías, aparte del revuelo mediático y la predisposición del público hacia las historias de misterio y conspiración.

Visto este panorama, no es necesario ser muy perspicaz para deducir que las autoridades –tanto en Estados Unidos como en otros países– nunca han estado demasiado preocupadas por solventar este enigma y más bien se han dedicado a despejar balones y a recurrir a las explicaciones habituales. Por lo demás, los autores escépticos han seguido insistiendo en la condición natural del fenómeno e incluso han llegado a acusar a los granjeros de fabricar un montaje, con el propósito de estafar a las compañías aseguradoras. Otros han tratado de vender historias inverosímiles como –por ejemplo– que los gobiernos estaban realizando experimentaciones científicas sobre los animales para estudiar el remedio a enfermedades como las “vacas locas”.

Llegados a este punto, ¿qué dicen los autores alternativos? ¿Qué líneas de investigación han seguido? ¿Hay pistas sólidas sobre los perpetradores de estos actos? Las opiniones de estos investigadores, basadas mayormente en las entrevistas a los implicados y en el trabajo de campo, descartan firmemente la participación de las fieras salvajes y dan poco crédito o importancia a la actuación de siniestras sectas. Su foco de atención se centra básicamente en el terreno paranormal, y en particular en el fenómeno OVNI, aunque sin descartar otras presencias extrañas.

Si nos remontamos a muchas décadas atrás, existe un confuso testimonio que data de 1897, según el cual tres personas en Kansas habrían visto cómo una aeronave había lanzado una especie de lazo para capturar una vaquilla. A pesar de que intentaron liberar al animal, al final la nave se alzó y se llevó su presa[5]. Otra historia –también dudosa– de inicios del siglo XX cuenta cómo en Alaska un testigo vio a cierta distancia una escena impresionante: unas veinte aeronaves aparecieron estacionadas sobre un prado. De inmediato fue a alertar a sus cuatro compañeros de acampada y al llegar poco después al prado encontraron el terreno chamuscado y cientos de animales (renos, ciervos, osos, caribúes…) mutilados, sin patas, orejas, ojos, órganos internos, etc. El caso de los caribúes parecía el más extraño, pues se les había extraído limpiamente toda su osamenta. ¡Y hasta una ballena de unos 5 metros yacía sobre el prado! Y no había sangre por ninguna parte…

No obstante, las referencias masivas a ovnis –o a “helicópteros negros”– con relación a las muertes de animales se centran en la segunda mitad del siglo XX, con las huellas y avistamientos que ya hemos mencionado, habiendo una inequívoca coincidencia en el tiempo y el espacio con los episodios de mutilaciones. Existen además algunos testimonios de personas que aseguran haber visto cómo los animales eran alzados hacia el cielo por una fuerza misteriosa[6]. De todas maneras, no hay ninguna evidencia o prueba directa de la actuación de los mutiladores sobre el terreno.

En cambio, sí se tiene constancia de ciertas intrusiones o ataques a animales a cargo de presencias no identificadas, más bien aberraciones biológicas o seres extraños. Por ejemplo, en 1981 unos granjeros amish de Ohio consideraron que una cosa negra de gran tamaño con ojos rojos que corría a cuatro patas era el presunto atacante de varios animales. En otra ocasión, ese mismo año, el animal visto parecía un enorme gorila o bigfoot peludo de unos tres metros de altura, también con ojos rojos, que es una característica típica de estos seres grotescos. Cabe recordar aquí que el famoso ser alado (“Mothman”) reportado por John Keel en Point Pleasant (West Virginia) entre 1966 y 1967 tenía un aspecto semejante, con esos mismos ojos, y allí también se habían dado casos de animales mutilados (perros, caballos y vacas) con incisiones quirúrgicas en sus gargantas. En la mayoría de estos casos se advirtió la presencia cercana de ovnis o luces en el cielo.

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¿Experimentos de alienígenas?

A partir de aquí, se han disparado algunas hipótesis para tratar de entender o justificar el fenómeno. Para algunos investigadores, la intervención de seres extraterrestres en este asunto es indudable. En este caso, los seres de otros mundos recurrirían a la mutilación para extraer ciertos tejidos y material biológico con fines no definidos, pero tal vez relacionados con la ingeniería genética, para experimentaciones biológicas, obtención de determinadas células, clonaciones, hibridaciones o ensayos de reproducción.

Sin embargo, otro grupo de investigadores aboga por una teoría en que los humanos tienen algún papel destacado, que puede presentarse en dos vertientes. Por un lado, se podría dar una colaboración cómplice entre las autoridades del más alto nivel y unos poderes extraterrestres, para que éstos últimos obtuvieran lo que desean con el amparo, ayuda o encubrimiento de los gobiernos, y de ahí la participación de los famosos helicópteros negros[7]. Por otro lado, existe una teoría que considera que el fenómeno es puramente humano, pero dirigido y controlado por un máximo poder global cuyas finalidades tampoco están muy claras y que podrían tener relación con cuestiones médicas, biológicas o químicas, sin descartar experimentaciones secretas o prácticas aberrantes. Para sustentar esta visión, algunos investigadores apelan a la presencia de sustancias conocidas en los restos de los animales, como drogas (calmantes, tranquilizantes o estupefacientes) y anticoagulantes[8].

Todo lo dicho hasta ahora ya de por sí da mucho que pensar sobre el mundo en que vivimos. Pero he guardado intencionadamente para el final el aspecto más tenebroso de esta cuestión: que las mutilaciones también se realizan sobre ganado… humano. A estas alturas, para muchos investigadores ya no cabe duda de que los mutiladores han actuado sobre seres humanos con el mismo modus operandi que ya hemos expuesto, y en un marco temporal y espacial muy semejante al de los animales de granja, con una especial predilección por el continente americano. Desde luego, este tipo de mutilaciones son mucho menos conocidas, pues los medios han tendido a ignorarlas y las investigaciones oficiales que se han llevado a cabo han tratado estas muertes como casos aislados. Por tanto, no han sido estudiadas en conjunto ni tampoco relacionadas con la clásica mutilación de ganado, aun cuando los rasgos observables son prácticamente idénticos.

Existe una amplia casuística al respecto, si bien los investigadores reconocen que es sólo la punta del iceberg y que probablemente hay mucho más bajo la superficie, pues dan por hecho que los gobiernos llevan a cabo una ocultación sistemática de los hechos. Normalmente, cuando sale a la luz alguno de estos casos, las versiones oficiales suelen acudir a los lugares comunes: ataques de depredadores o asesinatos a cargo de perturbados. Sólo a modo de ejemplo del alcance de esta situación expondré una breve muestra de casuística.

En 1956 tuvo lugar en Nuevo México el llamado “incidente Lovette”. Dos militares, el sargento Jonathan Lovette y el mayor William Cunningham, iban a recoger los restos de un misil de pruebas en una zona desértica, cerca de su base militar. Estando separados, Cunningham oyó unos gritos de su compañero. Entonces observó un gran disco plateado que flotaba encima de Lovette, el cual estaba siendo agarrado por un objeto con aspecto de serpiente o tentáculos que procedía del disco. Antes de que pudiera hacer nada, Cunningham vio impotente cómo Lovette era raptado y la aeronave se desvanecía en apenas un instante. Entonces regresó a su base y explicó su increíble historia, y muy posiblemente hubiera sido acusado de asesinato, si no fuera porque tres días más tarde apareció el cadáver de Lovette sin signos de descomposición pero lleno de heridas, incluyendo la extracción del recto, los genitales, los ojos, las orejas y la lengua. Y su cuerpo apareció sin una sola gota de sangre.

En los años 70 se recogieron varias historias de mutilaciones humanas en Estados Unidos, sobre todo en Colorado y Montana, pero también en otros estados. El primer caso de la década se remontaría a 1973, aunque no fue revelado hasta años más tarde por Don Ecker, un ufólogo que por aquel entonces ejercía de oficial de policía. Según este investigador, unos cazadores encontraron en los bosques del condado de Jerome (Idaho) un cadáver vestido sólo con pantalones cortos que presentaba las típicas extracciones de órganos internos, labios, ojos y genitales. Posteriormente se descubrió el lugar de acampada del muerto, que estaba a muchos kilómetros de distancia del lugar donde se halló el cuerpo. A su vez, el autor francés Michel Granger[9], que había recopilado varios informes de autopsias de víctimas mutiladas de esa época, apreciaba el mismo patrón aplicado sobre las reses, con escasas diferencias. Así, se solían extraer las vísceras, el corazón y el hígado preferentemente, y en el caso de las mujeres también los pechos. En todos los casos las autoridades atribuyeron las muertes a depredadores o sectas.

En 1988 ocurrió en Brasil otro caso paradigmático que levantó cierto revuelo (en particular por las espeluznantes fotos), si bien no fue difundido hasta 1994 por la investigadora brasileña Encarnación Zapata. Se trataba del cadáver de un hombre hallado cerca del embalse de Guarapiranga, al sur de la ciudad de São Paulo. En el torso se le habían practicado dos agujeros para drenar toda la sangre. Se le había extraído el ano, los genitales, una oreja, un ojo, la lengua, la mandíbula y los labios, aparte de otras intervenciones para extraer órganos interiores, y todo ello con precisión quirúrgica. La autopsia reveló todos estos datos y otros detalles, pero enseguida se tiró tierra sobre el asunto –nunca mejor dicho, pues el cadáver fue a parar a una fosa común– y el dictamen final atribuyó la muerte a la caída de un rayo y la mutilación a la posterior acción de los buitres.

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Primera página del informe de la autopsia del caso Guarapiranga

Y sin salir de Brasil, cabe mencionar que en 2001 el niño de 13 años Welson Frazao Sierra fue hallado muerto muy cerca de su casa, en la localidad de Maranhao. Su padre, el campesino José Antonio Sierra encontró el cadáver de su hijo en posición arrodillada, con parte del torso y los genitales extraídos limpiamente. También presentaba una perforación en la yugular por donde se le había sustraído toda la sangre. Nada de esto pillaba por sorpresa a las autoridades brasileñas, pues desde 1991 se habían contabilizado al menos 20 casos, con rasgos comunes: extracción de toda la sangre, castración, sustracción de ojos, labios e hígado, y en algunas ocasiones también de los pulmones y el corazón.

Realmente, el horror de todo esto es inenarrable y más aún si tenemos en cuenta la opinión de muchos expertos que aseguran que el animal o humano secuestrado no es “asesinado” en el momento y luego “despedazado” sino que de alguna manera es neutralizado o sedado para poderlo manejar bien a posteriori, sin que la víctima tenga ninguna capacidad de reacción frente a las agresiones sobre su cuerpo. Dicho de otro modo, las mutilaciones y la extracción de sangre se llevan a cabo cuando la víctima está todavía viva y en un estado de semiconsciencia, pero del todo paralizada. Además, se aplicarían las sustancias apropiadas para facilitar el bombeo de la sangre desde el corazón, lo cual explicaría el rápido drenaje de toda la sangre[10]. Y por supuesto, todo ello se realiza con una total impunidad y sin demasiada preocupación por ocultar pruebas, pues la víctima es arrojada de nuevo al terreno como si nada hubiera pasado o incluso para infundir más terror. ¿No les recuerda todo esto a las siniestras muertes provocadas en Londres a finales del siglo XIX por un asesino –y hábil cirujano– que en su día fue llamado Jack el Destripador?

Mi limitado conocimiento del tema me impide ir más allá y tampoco me veo capaz de extraer firmes conclusiones. Sólo a modo de resumen y reflexión, podría decir que la voz cualificada de los especialistas descarta por completo la teoría de los depredadores y carroñeros (coyotes, lobos, buitres, etc.) y que la intervención de desequilibrados, fanáticos o sectarios parece muy forzada para explicar todo el fenómeno, dado su gran alcance, organización y despliegue de medios. Y, en fin, teniendo en cuenta los indicios ya señalados, todo nos llevaría al pantanoso terreno de la ufología y de los supuestos extraterrestres, donde lo fantástico y lo real se confunden con facilidad. Y ya entrados en esta nebulosa paranormal, francamente me parece esperpéntico que unos esforzados alienígenas recorran con sus naves galaxias enteras para venir aquí y capturar unas cuantas bestias.

En este punto, debo apelar aquí a la visión que tienen varios expertos en ufología –sobre todo los de la vieja escuela– sobre la naturaleza terrenal de las presencias extrañas en los cielos (y en la tierra), las abducciones y los raptos[11]. Así pues, no se trataría de astronautas venidos de lejanos planetas sino más bien de entidades o inteligencias que supuestamente conviven con nosotros desde el inicio de los tiempos y que se han ido manifestando de diversas maneras, con la cualidad de poder entrar y salir a voluntad de nuestra realidad o de disfrazarse o camuflarse bajo múltiples apariencias. En nuestra época actual, esas presencias se mostrarían en un “modo tecnológico” con aeronaves venidas de Dios sabe dónde, bien en formas “alienígenas” (los ovnis), bien en “humanas” (los helicópteros furtivos). No obstante, parte del fenómeno se remonta a épocas distantes y sin relación alguna con ovnis. De hecho, ya existían antiguas noticias de ataques inexplicados al ganado como, por ejemplo, una crónica inglesa datada en 1606 que informaba de matanzas de ganado –generalmente ovejas– en condados próximos a la ciudad de Londres, en que se había extraído algunos órganos internos a los animales y se había dejado la carcasa y la lana intactas.

En cuanto a la intencionalidad de estas intrusiones, no puedo ofrecer mejores respuestas a las hipótesis ya mencionadas a lo largo del texto. Que haya un propósito “científico” que justifique tales matanzas y carnicerías quirúrgicas se me escapa por completo, pero aparte de las extrañas extracciones de órganos destaca la presencia de una evidente actividad vampírica, que no es precisamente nueva, sino que nos transporta al ámbito de antiguas y tenebrosas leyendas de regiones y culturas de todo el mundo que nos hablan de seres que necesitan la sangre y la carne de sus víctimas para mantener su energía y su poder. ¿Acaso estamos ante una simple depredación bestial –y tal vez ritual– disfrazada de fenómeno paranormal o de ataque extraterrestre? Una vez más, nos quedamos en un callejón sin salida.

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Charles Fort

Para finalizar, me gustaría aportar dos breves referencias que quizás tengan que ver algo con este fenómeno… o no. Por un lado, el norteamericano Charles Fort escribió en 1919 su ya clásico The Book of the Damned (“El libro de los condenados”), dedicado a destapar las vergüenzas de la ciencia moderna y su incapacidad o falta de voluntad de abordar y explicar la realidad observable cuando se trata de determinados fenómenos extraños. Y entre sus muchas observaciones de fondo, Fort decía textualmente lo siguiente: “Creo que somos bienes inmobiliarios, accesorios, ganado. Pienso que pertenecemos a algo.” Por otro lado, vuelvo a citar al reputado experto en ovnis, así como en otros temas de fenomenología paranormal, John Keel. Preguntado por su vocación o dedicación, Keel decía que él no era ufólogo, sino demonólogo. Vamos a dejarlo ahí.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Cabe reseñar que existen noticias de que el fenómeno es anterior, por lo menos con dos siglos de antigüedad, según algunos relatos no siempre fiables, pero incluso los indios de EE UU reconocían que estos hechos se remontaban a tiempos muy lejanos, antes de que los europeos llegasen al continente.

[2] En muchas fuentes consta erróneamente el nombre de Snippy, que fue empleado profusamente por la prensa en su tiempo, pero se trata de una confusión pues Snippy era el nombre de la madre de esta yegua.

[3] En los años 80 se documentó otro elemento bastante desconcertante: la presencia de unos grandes agujeros de unos 20 cm. de diámetro en el pecho de 11 reses muertas en Pennsylvania.

[4] Citado por Scott Corrales en su artículo “Mutilación de ganado”, Espacio Compartido, n.º 97.

[5] Esta historia se publicó en el Woodson County Advocate, un periódico local de Kansas el 23 de abril de 1897. Según la noticia, al día siguiente un vecino de la zona le dijo al propietario de la vaquilla que había hallado en su terreno partes (el trasero, las patas y la cabeza) de un animal sacrificado.

[6] Personalmente, vi un vídeo en youtube de uno de estos episodios, grabado si no recuerdo mal en Argentina, en que una vaca se alzaba repentinamente y desaparecía en las alturas. No puedo afirmar hasta qué punto esta grabación era auténtica o si se trataba de una manipulación o fraude. Actualmente tal vídeo ha desaparecido de youtube.

[7] Esto aparatos suelen ser vistos antes o después de los hechos revolteando la zona de las mutilaciones, y en ocasiones muestran actitudes hostiles hacia los testigos

[8] Cabe señalar que en algunas ocasiones los veterinarios hallaron en los animales muertos otras sustancias que fueron recogidas y analizadas, pero que resultaron ser desconocidas.

[9] Autor del libro de referencia sobre mutilación de ganado en Estados Unidos y Canadá titulado Le grand carnage (“La gran matanza”), publicado en 1986.

[10] Esto fue demostrado en un experimento que llevó a cabo un veterinario. Se inyectó una importante cantidad de un fármaco anestésico llamado Ketaset en una res y se pudo comprobar que en unos tres minutos el animal caía al suelo y la pulsación del corazón había pasado de 60 a 120 latidos por minutos. En ese proceso, el veterinario pinchó la vena yugular y pudo extraer una buena cantidad de sangre, que fluía regular y rápidamente. (Este experimento se realizó como parte de las investigaciones sobre las mutilaciones, y en animal se recuperó normalmente sin sufrir ningún daño.)

[11] La obra de referencia sobre este tema es Pasaporte a Magonia, de J. Vallée.


6 respuestas a “Mutilación de ganado… y más allá

  1. ¡ Uf ! algo de escalofrio si que da,si.
    No se porque,me ha venido a la mente el suceso del paso Diatlov.
    Puestos a especular,podria pensarse que detras se esconde algo relacionado con la industria medica o farmaceutica,pero por el nº de casos,por su forma y manera de actuar,la descarto.
    Desde luego quien realiza estos actos,carece totalmente del sentido de la moralidad.
    Si es obra de seres Humanos,el apelativo de “Humanos”,es injusto y les queda grande.
    Atribuirlo a extraterrestres,no me acaba de encajar,unos seres que hayan superado,el problema de distancia,velocidad,tiempo,adaptacion fisica,vehiculos y propulsion adecuada,etc,no hayan superado,aspectos eticos,morales y espirituales,necesarios para una actividad exploradora y de altisimo nivel tecnologico,no se puede descartar,pero no lo veo muy logico.
    Los ovnis,suena como mas plausible,pero confundir ovnis con extraterrestres,a lo mejor no es la opcion correcta.
    Hace miles de años,el Hombre,ya hablaba sobre la lucha entre ” El Bien” y “El Mal”,el Bien,se presenta de muchas maneras en nuestras vidas,pero el Mal,tambien.
    A lo mejor y solo como especulacion,los tiros van en esa direccion.

    Gracias por su trabajo y dedicacion, le agradezco especialmente,mantener
    despierta mi curiosidad.

    Un Saludo.

    1. Gracias Alarico

      Sí, en efecto, hay gente que ha conectado el incidente Dyatlov con este fenómeno, pero no lo he tocado para no extenderme en demasía; en todo caso, sigue siendo un suceso muy extraño.

      En cuanto al resto de reflexiones, las comparto básicamente. Ni me parece un tema de extraterrestres ni creo que estén detrás las compañías farmacéticas o similares, porque de hecho ya se experimenta con animales desde hace mucho tiempo y nadie dice nada al respecto, Pero aquí el modus operandi es completamente distinto.

      Vamos a dejarlo en que se trata de gente “inhumana”, que actúa con total prepotencia, arrogancia y sensación de total superioridad e impunidad. Quizá esos tiros sobre el Mal no vayan muy desencaminados.

      Saludos,
      X..

  2. Siempre ha habido leyendas e historias de “demonios” que hacían cosas similares, pero yo sospecho que puede que se use esa creencia popular para ocultar una serie de experimentos o incluso para crear cierto estado de alarma o terror. Difícil que lleguemos a saber la verdad, si es que solo hay una, porque en estos casos se mezclan las realidades (increíbles) con las prácticas de los oportunistas (oficiales) e incluso de los cara duras (oportunistas amateur).
    Creo que si se tratase de experimentos llevados a cabo por seres no humanos, los cuerpos no aparecerían, deben de tener tecnología de sobra para hacerlos desaparecer, así que el hecho de que los cuerpos aparezcan, ya es una evidente prueba de que alguien desea que se conozcan sus prácticas, no que no le preocupe, porque sino lo haría con testigos alguna vez, pero sin embargo, se oculta para hacerlo.

    Un saludo.

    1. Gracias piedra

      La verdad es no sabemos qué clase de experimentos o prácticas se llevan a cabo con el material orgánico sustraído, porque todo lo que se ha dicho es mera especulación. En todo caso, no me parece la distracción de unos pocos fanáticos o sectarios, sino de un poder bien organizado y dotado de medios. Tampoco veo claro el motivo de no hacer desaparecer las pruebas y desde luego tal práctica debería tener algún sentido, aparte de la mera prepotencia.

      Saludos

  3. Hola Xavier,

    Igual que Keel, Salvador Freixedo también relaciona las mutilaciones de ganado con seres que, probablemente, entran más dentro de la categoría de demonios que de extraterrestres, simplemente porque no es necesario que vengan de otro planeta (aunque sí podrían estar en otra dimensión y hacen incursiones en la nuestra, de tanto en tanto, para cometer este tipo de actos atroces). Él está bien convencido de que para esos seres nosotros mismos no somos más que ganado, y como dices, el fenómeno no es nuevo, ni mucho menos. Freixedo va más allá y llega incluso a relacionarlo con las tradiciones antiguas en que los “dioses” (y aquí se puede citar al mismísimo Yahvé bíblico y sus peticiones de ofrendas y holocaustos) exigían rituales en los que se sacrificaban enormes cantidades de animales para deleite de dichas extravagantes deidades.

    También Charles Fort, en su Libro de los condenados, cita con frecuencia todo tipo de extraños fenómenos (como las inexplicables “lluvias” de los más diversos y extraños materiales), que para él podrían estar relacionadas con la entrada en contacto con algo que “planea” por encima de nuestro planeta, y que bien podría ser también una especie de transferencia desde otra dimensión, o cualquier otra cosa que no tiene explicación, pero que existe. Y ese es, creo, el mayor problema de la ciencia oficial: los fenómenos que no tienen ninguna explicación razonable dentro de los paradigmas aceptados, son sistemáticamente ignorados, rechazados y silenciados. Si un fenómeno resulta tan extraño que no se puede explicar dentro de las leyes conocidas, simplemente no existe, nadie lo investiga, se tacha de fraude o de superchería. Ha pasado más de un siglo desde que Fort escribió su libro y seguimos igual (o peor?).

    Saludos

    1. Gracias amiga por tu comentario

      En fin, no puedo estar más de acuerdo con todo lo que expones. Ya ves que hay varios autores que apuntan en esa dirección dimensional o no extraterrestre, y sobre todo en nuestra desgraciada condición de “ganado” para ellos (el libro “La granja humana” de Freixedo es todo un referente). El caso es que el sacrificio de animales ha sido una constante en la historia, pero lo que me intriga es esta maniobra moderna de mutilación quirúgica y selectiva, aparte de la total extracción de la sangre. ¿Cómo es que los presuntos “demonios” necesitan practicar estas aberraciones? ¿No será que son más “materiales” y próximos a nosotros de lo que pensamos?

      Saludos
      X.

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