El papel de las anomalías en el avance de la ciencia

scienceLos científicos del actual paradigma, limitados por su visión materialista, tienen la vana pretensión de “controlar” la realidad, escrutarla, medirla, analizarla e interpretarla, con el fin de enunciar leyes o regularidades que les permitan explicar el Universo con total objetividad y rigor. Pero este afán no es nada nuevo; viene siendo realizado por el hombre desde hace milenios. Así, una y otra vez los intentos de meter el mundo en una especie de caja de seguridad han saltado por los aires. En efecto, cuando los sabios del pasado creían tener explicaciones definitivas, aparecían hechos y datos “irregulares” que no casaban con su teoría o visión del universo. En tal caso, solían ignorar o rechazar las observaciones incómodas y se dedicaban a reforzar las murallas del dogma.

Sin embargo, algunas de las sorpresas que el mundo deparaba a los sabios se acababan convirtiendo en auténticas anomalías, cosas que no podían encajar de ninguna manera en las creencias establecidas. En un primer paso, este fenómeno provocaba dudas y cuestionamientos en algunos científicos y, si decidían persistir en sus investigaciones, podían acabar retando al paradigma imperante. El segundo paso de este desafío era la confrontación conceptual y metodológica entre unos y otros, en que predominaba el rechazo hacia las nuevas visiones. No obstante, si con el tiempo los argumentos críticos lograban imponerse, se llegaba al tercer paso, en el cual el viejo paradigma caía y era sustituido por uno nuevo, en que las anomalías ya no eran tales porque se podían justificar dentro de los límites de esa nueva ciencia. Todo esto ya lo describió magníficamente hace décadas el profesor Thomas Kuhn en su libro sobre las revoluciones científicas y no merece más comentario.

Lo que sí creo conveniente tratar ahora es esa sutil frontera entre las sorpresas y las anomalías. Así, es habitual que un determinado hecho pueda ser considerado una simple sorpresa, algo inesperado, pero que podría encuadrarse en los márgenes del paradigma. En tal caso, los científicos recurren a explicaciones colaterales, excepciones, dudas razonables, y necesidad de seguir explorando el tema, aunque no suelen faltar los que niegan que el hecho tenga relevancia o que incluso sea un error, una manipulación o un fraude.

Bauer
Henry H. Bauer

Para abordar esta cuestión, me es grato adjuntar seguidamente un artículo del reputado científico norteamericano Henry Bauer. Para los que no lo conozcan, cabe decir que Henry H. Bauer (Viena, 1931) es profesor emérito de Estudios de Química y Ciencias, y decano emérito de Ciencias y Letras del Virginia Polytechnic Institute & State University. Si bien Bauer ha desarrollado una carrera académica convencional, desde hace años se ha acercado a ciertos temas, teorías y corrientes alternativas en ciencia, desde una perspectiva rigurosa y racional pero crítica con la visión académica mayoritaria. Por este motivo se ha interesado en asuntos diversos como el supuesto monstruo del lago Ness, los fenómenos paranormales o los OVNI, y ha sido especialmente crítico con la versión oficial del SIDA por considerarla acientífica, aunque por otro lado también ha criticado las teorías de Velikovsky, uno de los adalides de la heterodoxia científica.

Entre sus obras más destacadas podemos citar: “Dogmatism in science and medicine” (2012), “The origin, persistence and failings of HIV/AIDS theory (2007), “Fatal attractions: the troubles with science” (2001), “Science or pseudoscience: magnetic healing, psychic phenomena, and other heterodoxies (2001), “Scientific literacy and the myth of the scientific method (1992), “The enigma of Loch Ness: making sense of a mystery” (1986) y “Beyond Velikovsky: the history of a public controversy” (1984).

Anomalías y sorpresas

Me impresiona que hayan pasado ya más de 20 años desde que se fundó esta Sociedad (Society for Scientific Exploration). Estoy agradecido por la oportunidad que se me brinda de revisar algunas de las cosas que he aprendido durante estas dos décadas y de expresar mi gran agradecimiento a los fundadores, miembros y simpatizantes de la Sociedad, quienes me ayudaron a ampliar mis horizontes intelectuales. Creo que esto equivale a seguir siendo joven, si bien algunas personas lo consideran no como juventud, sino como inmadurez o ingenuidad.

Peter Sturrock me sugirió el tema: “¿Cuándo una sorpresa es una anomalía?” En mi opinión, entiendo que una sorpresa es una anomalía cuando la sorpresa no sólo es algo inesperado –que lo es por definición– sino cuando también contradice de alguna manera las creencias bien establecidas. Puedo resultar sorprendido si de repente 50 personas se agolpan en mi casa para celebrar una fiesta sorpresa de cumpleaños, pero ello no inflige daño alguno a mi visión de lo que son los acontecimientos normales. Sin embargo, sí me sorprendería de verdad encontrarme a mí mismo siendo examinado en un OVNI por seres extraños, después de haber sido secuestrado. Eso sería una sorpresa anómala: mi visión del mundo quedaría sacudida por este hecho. ¿Es por tanto cada anomalía también una sorpresa? Yo antes pensaba que sí, pero ya no, y esto es de lo que quiero hablar.

Las anomalías como algo anómalo

Creo que yo era el caso típico de persona formada en la ciencia en la presunción de que las anomalías son anómalas. Igual de típica era mi falta de formación en filosofía de la ciencia; la historia que nos enseñaron era la tradicional secuencia cronológica de un notorio progreso, de una ciencia que alcanzaba gradualmente un mayor y más profundo conocimiento y comprensión.

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Supuesto bigfoot

Sin embargo, la lectura casual de un libro me puso frente a los ojos pruebas aparentemente sustanciales de que el monstruo del lago Ness podría ser un animal real, y ello me hizo cuestionar por qué la ciencia organizada no parecía sentir curiosidad por él.

Afortunadamente para mí, empecé a pensar seriamente en este tema justo cuando se estaba fundando esta Sociedad. No obstante, a lo largo de unos cuantos años, mis colaboraciones dentro de esta Sociedad no hicieron más que aumentar mi estado de perplejidad. Por un lado, me parecía evidente que sólo unas pocas de estas anomalías consideradas como extraordinarias podrían resultar válidas hasta cierto punto: el Nessie, los Bigfoot, los ovnis, la telequinesia, la reencarnación, la combustión humana espontánea, la curación por la fe, etc., etc. Por otro lado, llegué a conocer y a respetar a ciertas personas que se toman muy en serio toda una gama de afirmaciones extraordinariamente anómalas. ¿Tenían que estar necesariamente equivocadas?

Las anomalías como una norma en el progreso de la ciencia

Consideremos por un momento la historia de las reivindicaciones anómalas. Sin duda, lo que ahora llamamos “anomalías” no siempre fueron sorprendentes. Una anomalía va en contra de las expectativas. Cuando la humanidad tenía poco conocimiento, también había muy pocas pautas sobre lo que cabía esperar: las cosas simplemente ocurrían y tenían que ser aceptadas como algo que ocurre naturalmente. Siglos antes de que surgiera la ciencia moderna, las personas emprendieron la observación cada vez más sistemática de la naturaleza, lo que los historiadores llaman historia natural. Como punto de partida, esta actividad debía haber implicado una mente bastante abierta: se sabía muy poco y lo que se observaba sólo se podía tomar como tal observación. Pero a medida que se acumulaba el conocimiento, aparecieron presuntas generalidades y conexiones, y de este modo, uno podía esperar razonablemente que se diesen ciertos eventos bajo determinadas circunstancias. Por ejemplo, se podía estar bastante seguro de que el próximo cisne que se viera sería blanco, y que el siguiente cuervo sería negro.

Así pues, las anomalías científicas surgieron cuando la ciencia alcanzó un cierto nivel de confianza, al conocer en qué consiste el mundo y cómo funciona. Fue hacia finales del siglo XIX cuando se llegó a un alto nivel de esa confianza. Para entonces la física, luego la química, a continuación la geología, y finalmente la biología se habían hecho reconociblemente modernas, con sus correspondientes paradigmas. Desde entonces hemos “conocido” bastante bien lo que cabe esperar a medida que estudiamos el mundo con mayor detalle. Sin embargo, la historia nos enseña que a tal firme expectativa siempre le ha seguido una humillante sorpresa.

Las anomalías van en contra de la teoría científica aceptada. Pero sería erróneo equiparar nuestro acervo de conocimiento científico acumulado con los actuales paradigmas teóricos: el conocimiento crece mientras que las teorías cambian. Este error de equiparar conocimientos y teorías ha sido cometido ­–por supuesto no conscientemente– por muchos científicos en ejercicio, y en mayor grado por ciertos elementos de la ciencia que se hacen llamar “escépticos”. Para ellos, las anomalías siempre surgen como sorpresas; más aún, como sorpresas no deseadas.

thomaskhunSigue siendo una de las ideas más relegadas en la naturaleza de la ciencia el reconocimiento de que ésta no avanza progresivamente, sino a través de la revolución y frente a una constante resistencia. Hace ya cuatro décadas, Thomas Kuhn (1970) describió las revoluciones científicas y Bernard Barber (1961) abordó “la resistencia de los científicos a los descubrimientos científicos”. Barber destacaba que las ideas o hechos contrarios son sistemática e inevitablemente combatidos desde el inicio por la comunidad científica. Como ejemplos, mencionaba a Abel (matemáticas), Arrhenius y Faraday (química física), Ampère, Ohm y Maxwell (electricidad y magnetismo), Heaviside (propagación de ondas de radio desde la ionosfera), Karl Pearson (biometría), Magendie (química en la medicina), Lister (asepsia), Pasteur (fermentación causada biológicamente), Darwin (evolución como resultado de la selección natural), una panoplia de nombres ahora venerados que, cuando propusieron por primera vez sus descubrimientos, fueron cualquier cosa menos reverenciados por sus compañeros. En una línea similar, Gunther Stent (1972) ha descrito casos de ciencia “prematura” –ignorada por la corriente mayoritaria durante largo tiempo antes de ser aceptada– como, por ejemplo, el descubrimiento de las reglas de la herencia de Mendel o la deriva de los continentes de Alfred Wegener (Sullivan, 1974).

En otras palabras, cuando se trata del progreso de la ciencia en vez de su rutinaria actividad oficial, las anomalías no son en modo alguno anómalas. Con todo, las anomalías siempre resultan ser una sorpresa para los profesionales de la la especialidad en la que aparecen. Sin embargo, no es una sorpresa, objetivamente hablando, que surjan continuamente anomalías y que periódicamente provoquen cambios en la manera en que vemos el mundo. Los científicos sólo esperan que las anomalías aparezcan en el patio trasero de otros, pero no en el suyo propio.

Las anomalías como algo cada vez más común

Sin embargo, yendo más lejos, no me conformo con sugerir simplemente que las anomalías son un hecho normal: creo que van a ser cada vez más prominentes. En general se acepta que el conocimiento se ha ido expandiendo y que la ciencia ha ido creciendo a un ritmo cada vez mayor. Dado que las anomalías constituyen un factor regular y necesario de las revoluciones científicas que marcan el progreso de la ciencia, necesariamente colegimos que van a surgir con más frecuencia.

¿Por qué la comunidad científica no ha aprendido ya a estas alturas que las anomalías conducen al progreso, y que por consiguiente no deberían ser tan escrupulosamente ignoradas, denigradas y combatidas? Porque la comunidad científica es una colección de los seres humanos. Individualmente, los seres humanos prefieren no tener que cambiar de opinión; colectivamente, aún están más decididos a no cambiar. Por lo tanto, los nuevos enfoques pasan por tiempos difíciles antes de establecerse, no importa lo que la historia o la lógica hayan podido mostrar. Merece la pena recordar la Ley de Parkinson: cuando una institución humana ha adquirido la hegemonía, también es señal de que se ha hecho obsoleta. Parkinson citó la Armada británica, pero creo que la misma ley se aplica a los colegios invisibles de la comunidad científica.

Un paradigma sólido, una visión del mundo aceptada, o un conjunto de teorías científicas se establecen debido a su éxito en la tarea de organizar y “explicar” lo que se conoce. En ningún momento, sin embargo, se puede conocer todo. Por lo tanto, cualquier paradigma es obsoleto desde el momento en que se llega a establecer, pues ignora los nuevos conocimientos que están por venir.

¿Deberíamos, entonces, ponernos como objetivo derribar los paradigmas tan pronto como son aceptados? Por supuesto que no. Hay más propuestas de nuevos enfoques y aparentes anomalías de las que podemos abarcar en un momento dado. En ciencia, la enorme fiabilidad del conocimiento (dado más o menos por seguro) depende hoy en día de la defensa vigilante contra los ataques prematuros sobre las teorías y los datos existentes. Como Bernard Barber puso de manifiesto, es apropiado, necesario y útil que las anomalías sean tratadas por la comunidad científica con gran incredulidad hasta que se conviertan en pruebas abrumadoras e irresistibles. En ciencia, al igual que en otros ámbitos humanos, bien se puede decir lo siguiente de la experiencia del pasado: “esto ha funcionado, y además ha funcionado bastante bien (lo suficiente en su momento), y así pues deberíamos pensárnoslo varias veces antes de cambiar nada”. Así, no sólo deberíamos asegurarnos de que algo está roto del todo antes de arreglarlo, sino también que la nueva solución funcionará sensiblemente mejor.

Por lo tanto, la resistencia a los nuevos descubrimientos desempeña una función vital. Ahora bien, ¿hay alguna manera de juzgar cuando se convierte en excesiva? La resistencia cumple una función intelectual importante, al situar acertadamente el peso de la prueba sobre la nueva propuesta. Sin embargo, la resistencia también puede surgir de arraigados intereses no-intelectuales, y cuando eso sucede se convierte en algo disfuncional. Podemos ver clásicos ejemplos de esto en las interferencias políticas en la ciencia, como sucedió en los casos de la Alemania nazi o la Unión Soviética. En una sociedad libre como la nuestra no existe una interferencia tan genuinamente política, pero aun así, cualquier cosa que controle el funcionamiento de una sociedad conlleva intereses creados que pueden incidir en el progreso científico. Actualmente, creo que la dependencia de los mercados económicos, que regulan casi todo lo que pasa en la sociedad, constituye un considerable peligro para la ciencia, tanto para la investigación como para las aplicaciones de la investigación.

Dinero_ciencia
El poder del dinero subyace en todas las investigaciones modernas

Dado el número cada vez mayor de especialidades, la investigación se hace cada vez más cara; así pues, las personas que la sufragan quieren ejercer un mayor control y buscan aplicaciones inmediatas explotables. Cito textualmente: “Todo el mundo está trabajando en proyectos cuyo resultado debe ser conocido de antemano, ya que de lo contrario la desmesurada inversión financiera no podría justificarse […] uno de mis estudios actuales cuesta de producir entre veinte y veinticinco veces más que un artículo equivalente realizado hace treinta y cinco años” (Chargaff, 1977: 55-56, 64, 65)… y esto se escribió hace más de 25 años. De este modo, los que quieren emprender una investigación se sienten cada vez bajo mayor presión de producir lo que sus patrocinadores desean: “los científicos han de cantar para conseguir su dinero mucho después de haber perdido sus juveniles voces” (Chargaff, 1977: 65). Así, uno de los resultados de la ciencia basada en el negocio es el creciente número de escándalos, sobre todo en la investigación biomédica, en la cual parece que se tiende a ocultar a la opinión pública los desagradables efectos secundarios o la falta de eficacia de los nuevos medicamentos hasta que ya se ha producido un daño considerable.

Aquí tenemos otro ejemplo de intereses creados en la investigación, de nuevo según Chargaff: “Como si fuera una orden, toda universidad, instituto de tecnología o laboratorio de investigación siente la repentina necesidad de abrir un instituto de cáncer… uno se sorprende ante la repentina plétora de talento terapéutico” (Chargaff, 1977: 87n). Y añade: “En nuestro tiempo un existoso investigador del cáncer no es alguien que resuelve el enigma, sino más bien el que recibe una gran cantidad de dinero para hacerlo. Todo esto es bastante similar a la historia de la alquimia, otra empresa claramente dirigida, aunque sin duda mucho menos costosa” (Chargaff, 1977: 89).

Hoy en día tenemos la tragedia del SIDA, cuyo dogma mayoritario –que el VIH es su la causa, sometiendo así a decenas o cientos de miles de personas a los llamados tratamientos inadecuados (de hecho mortales)– ha llevado a varias compañías farmacéuticas obtener beneficios sin precedentes1.

Hace veinte años pensé que esta Sociedad podría ocupar un eficaz nicho, abordando los temas que la ciencia convencional ignora. Ahora he llegado a la conclusión de que también puede ofrecer un servicio de gran utilidad a la propia ciencia convencional, aportando un foro para las heterodoxias menos anómalas, que son cada vez más reprimidas dentro de la corriente mayoritaria debido a los intereses creados de las organizaciones patrocinadoras y de las empresas e industrias que comercian con las aplicaciones del conocimiento científico.

Al mismo tiempo, el ejemplo de la corriente mayoritaria que se va corrompiendo bajo el dominio de los patrocinadores financieros también podría ser una advertencia para nosotros: si bien resulta tentadora la búsqueda de apoyos sustanciales para nuestro trabajo, todavía hay mucho que decir sobre el hecho de mantener nuestro estatus de amateurs.

© Henry H. Bauer 2001

Fuente: Dogmacero n.º 4 (2013)

Fuente original: Journal of Scientific Exploration, Vol. 15, No. 4, 2001. Artículo presentado en la 20ª reunión anual de la Society for Scientific Exploration, junio de 2001.

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


1 Una excelente guía de opiniones poco ortodoxas sobre el SIDA es el sitio web de replanteamiento del SIDA: http://www.virusmyth.com/aids

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6 respuestas a “El papel de las anomalías en el avance de la ciencia

  1. Buenas reflexiones, que hasta parecen sacadas de algunas meditaciones propias de hace ya tiempo.

    Supongo que en otra entrada cabría plantearse el “conveniente” papel que ha venido desempeñando la Royal Society en lo que a tapujos a la divulgación de los avances científicos reales refiere. Porque cabría aclarar que, puertas adentro, los del Smithsonian Institute y la propia Royal Society no se cortan de explorar todo lo que llega a sus puertas sino que más bien lo que pretenden es precisamente ocultarlo a la sociedad y en última instancia, enterrarlo para siempre en sus sótanos y galerías privadas eruditas.

    La, a veces tildada como ‘hermandad’ de los grados más altos de la masonería internacional persevera en mantenerse en su posición de dominio; y para ello el ‘SABER’… -en mayúsculas- …acerca del funcionamiento del contexto real que nos rodea no debe divulgarse a nivel masivo; echaría abajo todo su tinglado de propaganda basado en pura y dura hipnosis.

    1. Gracias por tu comentario

      Básicamente comparto lo que dices, y de hecho hablar de instituciones como la Royal Society o el Smithsonian daría pie para un largo artículo, por su papel e influencia en la creación y refuerzo de paradigmas y dogmas. Mucha gente no lo sabe, pero la gran mayoría de científicos británicos han estado relacionados con la Royal Society en los últimos cuatro siglos. Y el poder del Smithsonian en América es impresionante, en especial en temas de antropología, historia y arqueología.

      Desde luego ya sería otro debate la ocultación de los saberes profundos o esotéricos, que evidentemente nunca se ponen al alcance del pueblo, que debe conformarse con el saber exotérico. Sin embargo, creo que poco a poco se van colando leves trazas de ese saber elevado en la ciencia convencional y tal vez algún día esas grietas “harán saltar la banca”, poniendo en riesgo el “tinglado hipnótico”, como tu lo denominas. Quién sabe.

      Saludos

    1. Gracias Ismael

      El caso que expones del Dr. Hammer es especialmente sangrante pues no sólo se enfrentó al paradigma y rechazaron sus aportaciones (¡la resolución del cáncer, nada menos!) sino que lo persiguieron ferozmente, le prohibieron el ejercicio como médico y al final tuvo que abandonar su país. Y en fin, existen en Internet largas listas de científicos (actuales) muertos en extrañas circunstancias. Hoy no tenemos hogueras para quemar herejes, pero…

      saludos,
      X.

  2. Yo creo que es necesario definir conceptos,para no caer en errores o malas interpretaciones.
    ¿ Que es Ciencia ? .- En el contexto actual,Ciencia es el estudio de la materia y su actividad,desde la particula mas pequeña hasta la inmensidad del Universo,y al menos en principio,sus postulados han de ser observados y comprobados mediante experimentacion.lo cual nos proporciona medidas y cantidades que dan lugar a leyes fundamentales de la naturaleza,que no pueden ser derogadas,que no dependen de nuestros puntos de vista,las cosas son lo que son y por eso hacen lo que hacen y por eso no hay una Ciencia distinta ni para un chino,ni para un ruso ni para un americano.
    La Ciencia es una manera muy limitada de conocimiento,solo habla de la materia y solo cuando la hay.
    Personalmente soy consciente de que existen muchas anomalias,respaldadas por innumerables evidencias para creer en muchos fenomenos,y yo creo que esos fenomenos son reales y existen,no se el como ni el porque,pero la evidencia me conduce a esa conclusion,pero si la Ciencia algun dia valida algo de lo que yo doy por seguro,sin una prueba observable,sin una evidencia demostrable,dejare de creer en la Ciencia.
    ¿ Que tiene que decir la Ciencia ante el fenomeno ovni,o la existencia del Yeti,por ejemplo ? Nada,lo unico que puede decirme es,” traigame uno y lo estudiaremos ”
    Por otra parte,que un cientifico de una opinion,no lo hace acreedor de la verdad,grandes cientificos,admirables por sus aportes a la Humanidad,han dicho grandes barbaridades,como para mear y no echar gota,ni Einstein se salva,de alguna que otra burrada.
    Las anomalias,claro que buscan una explicacion y una investigacion seria,pero sin una prueba,la Ciencia no puede pronunciarse ni en un sentido ni en otro.
    En el Universo y en el Hombre cohexisten una realidad material susceptible de ser comprobada,medida y experimentada y otra realidad inmaterial,en la que la Ciencia no tiene nada que decir,para razonar con suficiencia esta realidad,estan,la Metafisica,la Filosofoa,la Teologia,etc. y todos sus postulados,nos llevan a una razon logica de comprension de esa realidad.
    La Ciencia sin pruebas o sentido empirico,deja de ser Ciencia y se convierte en paraciencia o cienciaficcion.

    Un efectuoso saludo.

    1. Muchas gracias Alarico

      Magnífico comentario, que suscribo casi enteramente. En realidad, ciencia quiere decir “conocimiento” en latín, al igual que gnosis, pero en griego. Y sin embargo, ciencia y gnosis están bien alejadas la una de la otra, Es evidente que existe una forma limitada de acceder a la realidad, que es la ciencia actual basada en el materialismo o positivismo (la simple percepción y análisis de la materia). Pero la realidad es algo mucho más grande, que va más allá de nuestros sentidos y del mundo material. Algunos científicos lo saben y lo asumen, pero han sido desprestigiados por creer en lo paranormal. Lo que ocurre es que esas “desagradables anomalías” existen, las percibimos, y la ciencia se resiste a aceptarlas o darles una explicación.

      En todo caso, lo que me saca de quicio no es que la ciencia denigre los “mundos platónicos”, por llamarlos de alguna manera, sino que manipule, haga trampas y mienta sobre sus propias bases empíricas, como en asuntos tan graves como el supuesto cambio climático o las vacunas, aparte de otras muchas cuestiones de medicina, biología, arqueología, y un largo etcétera.

      Saludos,
      X.

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