De plagios, favores y mezquindades

EASE-publicationsA raíz de las noticias y escándalos que se van repitiendo desde hace unos meses en España sobre el manoseado tema de los másteres, tesis y tesinas de famosos políticos, y que parecen estar ahora en su punto culminante, me parece oportuno realizar algunas consideraciones sobre este tema, más que nada para deshinchar un poco este globo artificialmente inflado, donde mucha gente opina sin saber demasiado del asunto y sobre todo con una intención más política o inquisitorial que otra cosa. Para sentar las bases de mi comentario, diré que lo que presento a continuación se fundamenta en mi experiencia personal en lo académico y literario y en el contenido de un artículo del profesor de ciencias sociales Larry Patriquin (Universidad de Nissiping, Canadá) titulado Plagiarism, Citation, Quotation (2003).

Para empezar, una especie de chiste. Cuando se descubre que alguien ha copiado o fusilado a un autor o investigador, se dice que su obra es “un plagio”. En cambio, cuando se copia a muchos autores, entonces eso ya es otra cosa; se trata de “un proyecto de investigación”. Aunque esto parezca una broma, se acerca bastante a la verdad. Es más fácil detectar una copia de una sola fuente que de varias, si bien sólo es cuestión de tiempo y dedicación, y hoy en día ya existen programas informáticos que facilitan bastante esta tarea. Lo que ocurre, y esto es un pilar del conocimiento y de la ciencia, es que no hay nada que salga del vacío. Los investigadores de cualquier disciplina adquieren un conocimiento técnico desarrollado durante siglos y que ha sido construido por las aportaciones de cientos o miles de personas. Por lo tanto, nadie empieza de cero y es completamente normal que cualquier obra científica, del nivel que sea, desde un trabajo sencillo para una asignatura hasta una tesis doctoral, utilice el saber acumulado por otros como base para realizar una nueva aportación.

Aquí ya entramos en otro dilema, de orden cualitativo. Si tomamos como eje principal el contenido de los materiales de ámbito científico, podríamos distinguir claramente dos tipos de artículos o trabajos, ya sean propiamente técnicos o más bien enfocados al gran público. Así, en primer lugar, existe una tipología que podríamos definir como “estado de la cuestión” en que el autor nos presenta el tema desde todas sus facetas y nos pone al día de las investigaciones en curso, polémicas, cabos sueltos, etc. y adicionalmente puede aportar su análisis u opinión personal[1]. En segundo lugar tenemos otros documentos que sí propiamente son “trabajos de investigación”, en que el autor desarrolla el contenido de lo que ha analizado, experimentado y descubierto, a partir de su labor personal o en equipo. Por tanto, el primer tipo de textos es básicamente informativo o divulgativo, mientras que el segundo tipo es propiamente de investigación, y debe aportar –por fuerza– novedades que no han sido publicadas previamente.

El siguiente paso de esta argumentación nos conduce a valorar específicamente lo que un autor aporta en su texto. Como ya se ha dicho, siempre habrá una referencia más o menos extensa a lo que han hecho otros, a lo que debe sumarse lo que el autor propone. El profesor Patriquin –citando a su vez a otro científico, Gordon Harvey[2]– nos da tres pautas sencillas para emplear fuentes de otros:

  1. Emplear las referencias a los demás de forma concisa, y no llenar el texto de tales fuentes, pues de otro modo la aportación del autor aparece difusa y empequeñecida.
  2. Nunca hay que dejar al lector en la duda de discernir qué parte del contenido es de las fuentes y qué parte es del autor.
  3. Aclarar siempre de qué modo se relaciona la fuente citada con el argumento o propuesta del autor.

La filosofía básica de la literatura científica reside en estos principios, e insiste en se debe ser escrupuloso con el material empleado a modo de fuente. Así, cuando empleamos ideas de cualquier otro autor, hay que mencionarlo, bien parafraseando su argumento o bien copiándolo textualmente cuando así se requiera. Ahora bien, en ambos casos hay que expresar explícitamente quién es el autor de ese contenido y de dónde proviene (publicación original). Y como es lógico, cuando se trata de copiar una cita textual hay remarcarla formalmente para que no quede ninguna duda mediante comillas y referencia pertinente, a pie de página o en un apartado de notas. Asimismo, si la cita es más o menos larga debe aislarse del texto principal mediante un párrafo con tabulación, manteniendo naturalmente la referencia.

Existen, además, otras normas para citar literalmente o para mostrar las referencias y la bibliografía, pero no voy a entrar a ese nivel de detalle para no extenderme en demasía. Para el propósito que nos ocupa, basta remarcar que siempre que se copie literalmente un texto, palabra por palabra, (lo que en el argot se llama verbatim) se ha de indicar adecuadamente según los criterios que acabo de mencionar. Patriquin incide en que la cita textual (en inglés, quotation) da el crédito apropiado a la fuente, pero además ayuda al autor a despejar dudas y le evita el engorro de tener que expresar algo complejo que él podría tergiversar si trata de parafrasearlo.

Para ser estrictos, el profesor Patriquin nos define el plagio como aquella situación en la cual alguien se apropia de las ideas de otros sin citarlos debidamente, ya sea de forma deliberada o por descuido. Y esto va desde el caso más extremo, que consiste en fusilar (copiar íntegra y literalmente) el texto de otro y luego poner tu nombre al final hasta la falta de mención en el texto de las ideas de otros, al haber tomado las notas de documentación sin criterio u orden y haber mezclado lo que es propio con lo que es ajeno. En realidad, siendo escrupulosos, cualquier artículo que aporta información diversa debería tener una fuente por cada información de no es de conocimiento común[3]. De ahí que los artículos científicos presentados a revistas o publicaciones técnicas estén absolutamente llenos de citas y referencias bibliográficas. Véase el siguiente ejemplo, un fragmento de un artículo del profesor de biología Máximo Sandín:

“Darwin heredó de su padre una importante fortuna, que incrementó considerablemente mediante la boda con su prima Emma Wedgwood, nieta de Josiah Wedgwood, propietario de la famosa fábrica de porcelanas “Etruria” (proveedora de la Real Casa), y que decidió tras un meticuloso cálculo sobre la herencia que le correspondía (Thuillier, 1990). Fortuna que redondeó, posteriormente, mediante sus actividades como prestamista (Hemleben, 1971). Como él mismo escribe en sus memorias, Pero poco después me convencí, por diversas circunstancias, de que mi padre me dejaría herencia suficiente para subsistir con cierto confort, si bien nunca imaginé que sería tan rico como soy (Autobiografía).”[4]

Cualquier cosa que no sea dar el crédito adecuado a las fuentes es considerada por Gordon Harvey como plagio, incluso cuando se cambian unas pocas palabras o se maquilla el texto, y tal conducta debe ser cualificada como un acto de “mentira, engaño y robo” (sic). En su opinión, el plagio tiene una gradación que va desde el ya citado fusilamiento completo de textos hasta el uso de frases sueltas del autor original. Lo que va en medio son simples adaptaciones en forma de mosaico (tomar piezas separadas y luego encajarlas) o de paráfrasis elaborada, en que el parecido con el original es más o menos obvio.

ScientificReview
El mundo académico está lleno de trámites, controles y revisiones, pero siempre pueden colarse irregularidades

Para ir concluyendo, podemos decir que todo el problema del plagio o copia es una cuestión de honradez personal e intelectual pero también de formalidad, procedimiento y criterio. No hay ningún inconveniente en mencionar a los demás y basarnos en su trabajo, pero desde luego si presentamos el texto como un documento de investigación es lógico que haya un resultado o producto personal fruto de la investigación realizada.

Para evitar deslices y malas prácticas relacionadas con el plagio, Larry Patriquin sugiere algunos preceptos que pueden ser fácilmente asimilados por los estudiantes, y que deberían ser perfectamente conocidos por los licenciados o cualquier persona que elabora una tesina o tesis. Fundamentalmente, se trata de:

  • Parafrasear el contenido del autor citado, o bien citarlo textualmente cuando así sea preciso, siempre bajo los criterios y formulismos reconocidos.
  • Aprender a usar adecuadamente la expresión propia, el material explicado procedente de otros y las citas textuales, y no dejar ninguna duda a los lectores.
  • Documentar apropiadamente, con orden y sistema, para que no haya confusión a la hora de utilizar el material acumulado. Es conveniente llevar un buen registro bibliográfico para reconocer de dónde procede cada información empleada.
  • Citar con el mismo cuidado y rigor las fuentes “electrónicas” procedentes de Internet. Aunque parezcan venir de una nube o espacio etéreo, deben tener origen y autor[5].
  • Evitar o reducir al mínimo el uso o copia del material propio que ya hemos utilizado para trabajos anteriores, o en todo caso no presentarlo como “nuevo”.
  • Realizar una amplia búsqueda de información y fuentes en todos los casos. Si, por ejemplo, uno depende de un documento de 10 páginas para redactar un artículo de 10 páginas, seguramente acabará incurriendo en plagio.

Dicho todo esto, ser cauteloso y riguroso para no caer en el plagio está bien, pero es insuficiente. Así, no es de recibo presentar un trabajo impecable formalmente pero que sea una retahíla de citas y que no contenga el pensamiento y valoración del propio autor. Un autor debe ser responsable y honesto con su trabajo, y no buscar el lucimiento a costa de otros o la falsedad. Antes bien, ha de implicarse en la materia que está abordando y al mismo tiempo dejar claro lo que aporta él y lo que toma de los demás. En resumidas cuentas, hay que dar al César lo que es del César.

En este punto, volvería al principio y a las polémicas desatadas por la prensa y los políticos, sin duda por un claro oportunismo. Hay que ser muy inocente para pensar que en 40 años de democracia no ha existido el problema de la realización de estudios fantasmas y de las calificaciones dudosas. Sin embargo, sólo ahora ha aflorado y desde luego por oscuras razones, pero todo ello forma parte del juego de los engaños y distracciones a los que no tienen acostumbrados los poderosos. No voy a entrar pues en el terreno de la disputa política porque no es el objeto de este blog, pero sí al menos pretendo lanzar algunos mensajes para desmitificar el tema al tiempo que pongo el dedo en algunas llagas.

Lo que es evidente es que en este tema de la educación y la formación casi nadie está libre de culpa. Así, resulta demasiado fácil lanzar la primera piedra al condenado de turno cuando a lo mejor más de uno debería reflexionar sobre su comportamiento académico. ¿Quién no ha copiado alguna vez? ¿O ha intentado hacerse con las preguntas de un examen? ¿O ha obtenido alguna ventaja por métodos no muy lícitos? ¿Acaso nadie ha buscado convertirse en pelota o favorito de tal cual o profesor para medrar? ¿Quién no ha asistido casi nunca a clase y ha pedido luego los apuntes a los compañeros sólo para presentarse al examen? ¿O es que no ha habido personas que han firmado fraudulentamente en las hojas de asistencia para simular que habían asistido a todas las sesiones de un curso formativo subvencionado? ¿Y qué hay de los profesores universitarios que se han aprovechado del trabajo de sus estudiantes para sus propios proyectos de investigación? ¿O es que sólo los políticos hacen trampas?

En el mundo académico, cada uno hace lo que puede y en realidad no hay nada que no se dé en cualquier otro ámbito de la vida. Hay buenos, malos y regulares, personas honestas y granujas, humildes y trepas. Hay también gente que se esfuerza y trabaja mucho y quizá obtiene pocos resultados. Otros trabajan poco, pero son más brillantes y les resulta todo más fácil, o simplemente consiguen tocar las conexiones adecuadas. Es obvio que se presentan miles de trabajos, tesis y tesinas y que debe haber calificaciones para todos los gustos, desde lo mediocre a lo excelso, dependiendo –claro está– de la opinión o criterio no carente de subjetividad de los examinadores. En cualquier caso, en la política, como en otras actividades, encontraremos a personas honradas y muy bien preparadas frente a otras que llegan justito a ser competentes. Ahora bien, tal vez nos tendríamos que preguntar qué aporta de verdad esta obsesión por la acumulación de honores, másteres y títulos, que más parecen un fin en sí mismo que un medio.

Lo que seguramente clama al cielo es que ciertas personas obtengan tratos de favor injustificados e injustificables. O bien que alguien te escriba, previo pago, todo un libro o una tesis, lo que vulgarmente se llama contratar a un negro. Esto no es nada extraño; hay amplia oferta y demanda. Lo demás es simplemente llegar a un acuerdo en el precio y la discreción. Otro grado de perversión ya sería que te den un título de más o menos importancia sin hacer absolutamente nada, incluso falseando notas y expedientes, sólo como favor o regalo por ser fulanito o fulanita, ya sea por razones políticas o de otra índole. Tampoco esto nos debería sorprender demasiado porque las redes de corruptelas, intereses e influencias en el ámbito administrativo y académico han existido desde hace décadas (o siglos) y han persistido hasta la actualidad.

En este sentido, la presente cruzada de la perfección y la pureza moral aplicada a los políticos (o a cualquier ciudadano) me parece esperpéntica, por decir algo, porque ya no se habla de ilegalidades o delitos probados, sino de sospechas, bulos, maledicencias y acusaciones gratuitas. “Copió esto o aquello”, “Convalidó no sé cuántas asignaturas”, “No se presentó por clase”, “Conocía a un miembro del tribunal”, “Su trabajo es más bien mediocre”, etc. No quiero ahora defender ni acusar a nadie en particular, pero si empezamos a sacar la guillotina justiciera para defenestrar a todos los que alguna vez han hecho algo discutible en sus estudios o carrera profesional, no quedaría casi nadie en el ejercicio de sus funciones, ni en la empresa pública, ni en la privada ni en la administración.

Otra cosa sería hablar de la a veces baja o discutible calificación de muchos políticos, a los cuales no se les exige casi nada, aparte de una titulación básica universitaria, cuando incluso en más de un caso se ha puesto al frente de una cartera ministerial a quien apenas tenía idea de la materia en cuestión. Recordemos que, en un mercado de trabajo profesional superexigente, algunos presidentes del gobierno de España ni siquiera hablaban idiomas. Realmente el modo de llegar a la política y de prosperar en ella depende de otros factores, que ya traté en el artículo sobre la farsa de la democracia, y que guardan relación con obedecer, ejecutar las órdenes de los de arriba y portarse bien. Por tanto, ¿hasta qué punto tienen valor estas discusiones sobre lo que se ha estudiado o dejado de estudiar? No es esta la honradez o transparencia que importa de veras, sino la entrega y el servicio sincero a los ciudadanos, y ya sabemos que esta condición no se da nunca pues los políticos responden ante sus jefes, los amos del mundo, no ante la población.

chiste_politico

Lo que no acabo de ver claro es por qué ahora se destapa toda esta suciedad bajo la alfombra cuando ha debido funcionar discretamente durante mucho tiempo. ¿Se trata de bombas de relojería contra determinadas personas o partidos? ¿O es una maniobra para montar una nueva operación de ingeniería social? Visto lo visto, todo parece estar perfectamente programado y preparado, porque –una vez dada la orden– la jauría de dobermans (la prensa, uno de los mejores instrumentos del poder) salta a la yugular de las víctimas “con toda la información a punto” y se arma el escándalo, o el teatro, según se mire. En todo caso, resulta evidente que existen regalos o favores que pueden ser terriblemente envenenados y tal vez algunas personas no fueron capaces de ver dónde se estaban metiendo y a qué precio. Con todo, creo que los políticos, o al menos la mayoría de ellos, deben ser bien conscientes de que tienen una espada de Damocles sobre sus cabezas con la cual es mejor no jugar.

En fin, más bien pienso que este show de baja estofa no deja de ser otra cortina de humo para que no se vean otras cosas más subliminales que nos van colando poco a poco en segundo plano. Mientras la gente hable de pequeñeces y mezquindades –y los medios ya se preocupan de inundarnos con esa clase de basura para que no falte carnaza– no se notará la implantación a pasos agigantados en todo el mundo de la política opresiva del Gran Hermano en todos los países, en ámbitos como la reducción drástica de libertades, los impuestos, la tecnología electromagnética mortífera, el control a través de la sanidad y la educación, la mal disimulada eugenesia global, la destrucción de las religiones (para imponer la creencia luciferina), etc.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Este es el tipo de textos que normalmente he escrito en mis blogs y también en mi libro sobre historia alternativa. Muy puntualmente he realizado alguna investigación (de campo) como mi trabajo en Tenerife sobre el asunto de los gigantes. Así pues, casi todo el resto es trabajo de biblioteca y de Internet.

[2] Dado que Harvey es la fuente principal de Patriquin, citaré también directamente a este autor, cuyo texto de referencia es: HARVEY, G. Writing with Sources: A Guide for Students (Indianapolis: Hackett, 1998)

[3] Se entiende por conocimiento común todo aquello que es compartido por la mayoría de la población, como por ejemplo: “La conferencia de Postdam se celebró en 1945.”

[4] SANDÍN, M. Sobre el origen del hombre. (2002) Fuente: http://www.somosbacteriasyvirus.com

[5] Para ser honestos, aun con la mejor voluntad es complicado a veces hallar las fuentes originales de la información “virtual” pues en Internet impera el “copia-pega” sin demasiados miramientos.

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4 respuestas a “De plagios, favores y mezquindades

  1. Pues muy bien lo que dice el profesor “Paquirrin” y lo expuesto, pero yo me centro en la última parte donde estoy más de acuerdo: Si nos inundan con esta basura, es para algo.

    Por otro lado, un político no tendría porque saber ni siquiera escribir, solo hacer bien su trabajo que es administrar los bienes públicos, aconsejado, de ser necesario, por expertos. Lo importante es que la empresa (país) funcione lo mejor posible para todos, pero esto es evidente que nunca es el objetivo de los políticos PROFESIONALES.
    Se de empresas creadas por empresarios analfabetos que son muy rentables, unas veces son unos genios y otras unos ladrones, pero se demuestra que no hacen falta 3 master (del universo) para construir o mantener una empresa, solo ser bueno en eso, como sucede con todo.
    Así, una titulación tampoco asegura una buena práctica de la teoría aprendida, tan solo, un nivel académico oficial; algo que cada vez es más bajo y más común, por lo que cada vez también tiene menos valor.

    Un saludo.

    1. Gracias por tu aportación Piedra

      En fin, estamos de acuerdo. La sabiduría no es conocimiento, ni para triunfar hay que tener 40 titulaciones. Pero ahora nos quieren dar lecciones de ética y moral y poner a ciertos políticos en el punto de mira. Esto me suena, una vez más, a aquello de dejar caer a cuantos notables a modo de ejemplaridad, para luego meter a todo el mundo en el mismo saco de control y represión, como en los asuntos de evasión fiscal, etc.

      Y, por cierto, los que mandan de verdad poseen el conocimiento esóterico y con eso les basta. Todo lo demás es teatro y cortinas de humo.

      Saludos

  2. Coincido plenemente con el comentario anterior de Piedras,salvo en las explicaciones del profesor “Paquirrin”.
    Bajo mi optica personal,plagio es el aprovechamiento propio con fines economicos o lucrativos,de las ideas ajenas.
    Por lo demas,no existe casi nadie que haya tenido una idea totalmente original y exclusivamente suya,salvo excepciones,todo lo que sabemos,oimos,escribimos,decimos etc.lo hemos recibido de otros,porque nos lo han dicho,lo hemos oido,lo leimos,o lo aprendimos en el colegio.Todo esto nos da conocimiento,pero nosotros no lo hemos ni inventado,ni descubierto,ni experimentado.
    Que alguien exponga,diga o escriba,sin ningun animo de lucro,lo que su bagaje cultural le permita,no me parece plagio,si no caeriamos en el extremo opuesto,de explicar cada palabra que decimos o escribimos,su verdadera procedencia,”esto lo dijo Platon,esto lo escribio Julio Verne,esto lo expuso en una conferencia el dr.Fleming ” etc.
    Por otro lado,coincido con ud. mejor dejar la politica a un lado,por que huele,atufa y apesta y si esto ocurre es por que fuera del circulo,hay rebaños inmensos,abonandola con estiercol.
    No hay disculpa,solo se puede manejar lo que es susceptible de ser manejado.
    ¿Quien es mas culpable,el ladron que comete un robo,o el que teniendo la obligacion de impedirlo,el conocimiento para capturarlo y el poder para abortarlo,lo permite,lo transige,lo tolera y lo fomenta? .

    Un afectuoso saludo.

    1. Gracias Alarico

      Coincido con el comentario. Ahora, por motivos oportunistas que poco o nada tienen que ver con el mundo académico se ha creado un pequeño monstruo que no viene a cuento. El plagio o la copia (o la “inspiración”) es el pan nuestro de cada día, ya sea en el campo intelectual o el comercial, y estoy seguro de que muchos trabajos y tesis tienen mucho de ajeno y muy poco de propio. Esto es así por las razones que ya he mencionado en el texto, y más aún hoy en día que vivimos en una nube de conocimiento masivo compartido. Por tanto, demasiado ruido para tan pocas nueces; esto no es más que una maniobra política. Nada nuevo bajo el sol.

      De todos modos, entiendo que algunos estudiantes estén mosqueados, pero el mundo real y el ideal son dos cosas distintas. Y tampoco he entrado a valorar lo que para mí es la difusión y promoción del verdadero conocimiento, pues no olvidemos que la ciencia es un tema que para el poder debe estar siempre perfectamente controlado.

      Saludos,
      X.

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