Amor y perdón

Juicio_FinalHace ya una enormidad de tiempo me enseñaron en la escuela la doctrina cristiana, que todos los chavales debíamos aceptar como una verdad absoluta e indiscutible. Pero ya entonces, antes incluso de tener una mente crítica, vi que había muchas cosas que fallaban o que no casaban. ¿Cómo es que si Dios era un ser tan bueno y lleno de misericordia podía ejercer de juez terrible al final de los tiempos, separando a buenos y malos, dando el cielo y la salvación a los primeros y el infierno y la condenación a los segundos? Años más tarde descubrí que ese dios procedía de la tradición judía, el dios que se dedicaba a controlar y castigar tanto a su pueblo elegido como a los enemigos de éste. En fin, cualquier parecido con la idea de Dios que tenía se desmoronó en poco tiempo.

Además, ¿qué es eso de ir juzgando a la gente? ¿En función de qué? ¿Con qué criterio? ¿Con qué potestad? ¿Nos hace más felices ir haciendo de justicieros por el mundo? Nos pasamos la vida evaluando, sopesando, valorando, poniendo etiquetas… Creemos que hay gente que merece nuestro amor: la pareja, la familia, los amigos, los que piensan como nosotros (bueno, no todos…). Son aquellos que nos reconocen y valoran, en los que se da una relación afectuosa de reciprocidad: Yo doy a cambio de que tú me des. En el otro extremo existen otros –muchos o pocos– que sólo merecen nuestro repudio o reprobación, pues no nos dan nada, nos perjudican o nos hacen la vida más amarga. Y entre medio de estos dos grupos, está la gran masa que –cuando menos– merece nuestra indiferencia o el beneficio de la duda.

Pero, ¿es este el verdadero amor o es otra cosa? Lamentablemente, vamos un poco perdidos buscando imposibles porque el concepto de amor que nos han vendido, en minúscula, es un fraude, una ilusión, un pobre sucedáneo del original. Actualmente, el amor es más condicional y material que nunca y se pierde en una falsa felicidad que no es real. Deseamos ansiosamente que estén por nosotros, que nos aplaudan, que nos escuchen, que nos refuercen en nuestras posiciones. Incluso necesitamos que nos pongan likes en las redes sociales para sentirnos reconocidos y amados. El amor se hace débil, volátil y pasajero, y cae a la primera decepción que sufrimos. No hay ninguna firmeza, ninguna serenidad, ningún equilibrio, ninguna paz… Dependemos totalmente de la aceptación o la reacción del mundo exterior.

En efecto, casi nadie sabe lo que es el Amor con mayúscula, el amor incondicional, infinito y eterno, que no nace de nuestras emociones o sentimientos, ni tampoco de nuestro pensamiento ni de nuestras costumbres o instintos. Ese Amor pertenece en verdad a un plano superior, el plano divino, espiritual o trascendente, y debe ser descubierto en el interior de uno mismo, lo que no es tarea fácil. No obstante, un día las cosas se ponen en su sitio y se empieza a vislumbrar un poco de luz. En mi caso, he de agradecer la inspiración, no de un poeta, un gurú, un filósofo, o una persona espiritual, sino de… ¡un científico!

fromsciencetogodAsí, hace algunos años topé con la obra del matemático británico Peter Russell, que escribió el magnífico libro From Science to God (“De la ciencia a Dios”). Russell, a partir de su bagaje científico moderno y del estudio de la meditación y las filosofías orientales, ha realizado un magnífico trabajo de síntesis que vincula el mundo de la conciencia y la espiritualidad con la ciencia del ámbito cuántico. Para el tema que nos interesa quisiera destacar aquí su descripción del Amor incondicional, que incide especialmente en el desapego de nuestro yo y en el concepto de “no juicio”, o “no valoración”, algo tan querido y tan habitual para nuestra mente. Cito a continuación un extracto de su artículo titulado Love: the Gift of Peace (“Amor: el don de la paz”)[1]:

“El amor no es algo que hagas. El amor es una forma de ser. Y más que eso. Simplemente es ser, estar con otra persona, como quiera que sea. Sin sostener juicios, sin tener agendas. No hay ningún deseo de controlar. No hay necesidad de probar su amor, ninguna intrusión en su alma. Nada más que una aceptación total de su ser, nacida de tu aceptación del tuyo.

El amor incondicional no es la aprobación incondicional de las acciones ajenas, independientemente de sus efectos sobre los demás. Es el amor incondicional del ser detrás de la acción. No depende de cómo piense, sienta, o se comporte una persona. No hace una pausa para evaluar si el otro es digno de afecto. Reconoce que bajo todas nuestras diversas apariencias y actividades todos queremos sentirnos amados. En esto estamos todos unidos.”

Vemos que Russell apunta a un elemento clave. No importa lo que haga o como sea el otro, porque yo lo seguiré amando y no plantearé ninguna clase de “examen” para corroborar si merece o no mi amor. Y eso no implica que no tengamos una noción de lo que está bien o lo que está mal, o que nos dé igual o que no sepamos distinguirlos. Quiere decir que –sabiendo todo esto– lo aceptamos y lo comprendemos, porque el otro no es alguien “exterior a nosotros” sino parte de nosotros. Es la unidad en la esencia.

Sin embargo, siempre puede surgir el inevitable problema del conflicto con los demás, la ofensa y el rencor. En suma, el ego herido. En este punto, volvemos al inicio y se plantea el problema del juicio. Cuando nos sentimos agraviados, ofendidos, atacados, vejados o engañados reaccionamos emitiendo un juicio: condenamos al otro sin paliativos. Claro que, en nombre del amor, podemos pasar página, olvidar y ejercer nuestro derecho al perdón, como un poderoso emperador que con un gesto de benevolencia perdona la vida al malvado. (¿Recuerdan la famosa escena de la película La lista de Schindler entre el oficial nazi Amon Goeth y Oskar Schindler?) Pero, ¿qué clase de perdón es ese? ¿No será una trampa del ego? ¿No estaremos jugando al rol del pequeño dios? Vuelvo aquí a citar a Russell:

“Perdón es abandonar la creencia de que la otra persona se comportó mal. No es decir “sé que cometiste una falta, pero no la mantendré contra ti”. Es el reconocimiento de que cada uno busca el mismo objetivo, pero –al estar atrapados cada uno de nosotros en nuestra mente egoica– podemos actuar de modo miope y egocéntrico, y no en el mejor interés de otras personas.”

Desde esa perspectiva, el perdón mal entendido puede ser un ejercicio más del ego, y se sustenta en una posición de poder o superioridad (moral o de otro tipo). ¿Quién no ha oído nunca la expresión coloquial “perdonavidas”? Ya sabemos que ese término no es precisamente elogioso. Eso por no hablar de la muchas personas que hoy en día se lanzan a la calle o a las redes sociales con un orgulloso y dogmático lema: “Ni olvido ni perdono”. No hay ningún interés en amar (ni perdonar), sino de aplicar una cierta “justicia”, en forma de castigo, condena, represión, desprecio, venganza, humillación…

Y por primera vez en la historia de la Humanidad desde instancias oficiales se nos dice que el amor –incluso con minúscula– es malo o que no existe, que es un montaje social represivo, una estructura del heteropatriarcado y otras lindezas semejantes. A los niños ya se les quiere educar en el no-amor y en la sustitución del amor por un sexo robótico y deshumanizado basado en la pura lujuria. Vamos bien. En realidad, desde lo más alto se quiere imponer la destrucción del amor y del perdón, mediante un conjunto de estrategias de ingeniería social que ya se están consolidando entre nosotros a través de la llamada sociedad del odio. Pero hablar a fondo de esto daría para otro artículo y mejor lo dejaremos aparcado por ahora.

En fin, con todo lo expuesto, no voy a decir nada malo del perdón, pero… ¿es este el camino del Amor incondicional? Creo que no. Para ilustrar el dilema del perdón, incluyo a continuación una breve historia o enseñanza de Buda, que he recogido de la página web de mi amiga Alish[2]:

Quien ama no necesita perdonar

buddha-1369081592xqnEstaba Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de mayor concentración del Buda, lo insultó, lo escupió y le arrojó tierra.

Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente, atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para darle su merecido.

Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole:

“Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.

Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un engaño de la mente esto de ver la unidad en todo.”

Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.

A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida.

“No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me perdone y me acepte junto a Usted.”

Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: “Usted es libre de quedarse con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo.”

El hombre, muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que el Buda respondió:

“Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido; sólo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Sólo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida.”

Y continuó: “No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, sólo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar.”

El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con comprensión infinita:

“Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado.”

Y así fue.

En el Amor incondicional nadie tiene la capacidad de herirnos u ofendernos, y por tanto no hay necesidad de perdonar. No hay juicio ni absolución. Ahora bien, mientras estemos en el camino de alcanzar ese estadio, no menospreciemos la compasión ni el perdón y démoslo siempre sinceramente, en la esperanza de que un día no tengamos la necesidad de ello. Entretanto, a modo de guía, basta recordar que el diablo juzga y que Dios ama.

(c) Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Fuente: https://www.peterrussell.com/WUIT/Love.php

[2] Fuente. https://timefortruth.es/2011/07/01/quien-ama-no-necesita-perdonar-ensenanza-de-buda/


13 respuestas a “Amor y perdón

  1. Tema bonito para hablar tomandose unas cervezas y brindando al Sol.
    Si, parece que los demonios de la Existencia quieren despistarnos mas de lo que estamos. Pero, pero, el Ser es Misterioso..
    Ya se verá…
    saludos

    1. Apreciado camaleón

      Mucho me temo que entre cervezas y brindis al sol se habla más bien de amores mundanos o de cosas aún menos sutiles… Pero en fin, se decía que el emperador Juliano discutía ardorosamente de filosofía griega con su amante mientras estaban en plena acción….

      Saludos

  2. Entiendo que lo veas de ese modo Xabier Bartlett.
    Pero, al menos a mi, me parece un modo agradable de hablar del tema.
    Lastima.
    Un abrazo

  3. Acertadisimo analisis de un tema tan profundo,que inexorablemente esta conectado con el desarrollo de la conciencia,la cual adquiere sus diferentes niveles operativos,partiendo de una base cognitiva o del conocimiento.
    Actualmente veo dificil,al menos para una gran mayoria de humanos,alcanzar un cierto grado de discernimiento,sobre lo que realmente significa el amor y el perdon,en el contexto de la sociedad actual,una percepcion de conciencia,tiene que pasar de manera inevitable por la erudicion y la sabiduria.
    Estimado Xavier,ud. puso el ejemplo de Buda,por cierto gran ejemplo de un gran hombre,con espiritu sabio,justo y humilde.
    Pero para situar correctamente lo que de verdad es el amor y el perdon,existe otro ejemplo mucho mas contundente,sobre un hombre llamado Jesus,que sucedio hace mas de dos mil años,a este hombre lo condenaron a sufrir una crucifixion romana,ud. sabe bien lo que ese castigo conlleva,aparte saltandose la ley imperante para este tipo de castigos,fue escarnecido,azotado con el flagrun taxillatun hasta dejarlo medio muerto,coronado con un casco de espinas que le atravesaron varias venas,golpeado con una caña,abofeteado y escupido,para el regocijo de las bestias que lo custodiaban,pues bien,clavado en la cruz y sabiendo proxima su muerte,pedia el perdon y la conmiseracion,para sus ejecutores,todo esto fue observado por testigos oculares y presenciales.
    A lo largo de toda la historia humana,no conozco un caso similar de sublimacion del amor tan incondicionalmente ofrecido,como el que nos ofrecio Cristo.
    Esto es historia y la historia es la que es,la religion cada uno opta por lo que cree mas conveniente de acuerdo a las pruebas o evidencias que ha podido o ha querido obtener,o simplemente no cree en nada.
    Siento discrepar,sin estar seguro de lo que pienso,sobre ” quien ama no necesita perdonar”,el perdon surge como un resarcimiento de una accion inmoral o contraria,para el interes del afectado y la cotrariedad y la inmoralidad existen,quien ama “debe” de perdonar aquello que se le opone,precisamente por el amor que profesa,quien no necesita perdonar porque ama,esta anteponiendo su condicion a una realidad de verdad,justicia y bien,lo cual lo convierte en una persona inmoral y no etica,puesto que no es capaz de discernir sobre lo que esta bien o lo que esta mal,las dos opciones tienen el mismo valor bajo su punto de vista,y esto no es cierto.
    Existe lo blanco pero tambien lo negro,el bien pero tambien el mal,nosotros tenemos libertad de opcion,de nosotros depende elegir lo correcto o no,perdonar es un don de la perfeccion de conciencia de quien lo otorga y una necesidad de quien lo solicita renegando de un error cometido.
    El amor y el perdon a veces se suelen disfrazar bajo falsas apariencias,pero eso es otro tema.

    Gracias por su trabajo.Un saludo.

    1. Apreciado Alarico

      Gracias una vez más por el comentario. Comparto la visión de que también podría haber citado a Jesucristo, según la visión genuina cristiana sobre el amor y el perdón. No era mi intención preferir una creencia a otra sino mostrar el trasfondo espiritual de la cuestión y evitar un debate “religioso”, si bien reconozco que actualmente existe un nada disimulado interés global por culpabilizar y condenar al cristianismo, así como al islamismo, pero entrar en ello nos llevaría por otros derroteros.

      En cuanto al perdón, ya verá que en el texto no digo nada malo sobre el perdón genuino (y véase que Buda lo entiende y lo concede) sino sobre el falso perdón -y la ofensa- nacidos del ego. Sigo creyendo que el Amor completo e incondicional nos hace dejar atrás el perdón, pues la ofensa, que realmente está en nosotros y no en el exterior, no tiene entonces ningún sentido ni debe ser objeto de juicio (y por tanto tampoco de absolución). Dicho esto, es evidente que no debemos caer en la relatividad moral o la amoralidad, o en el engaño de no hay bien ni mal ni es posible distinguirlos. El Bien no es en modo alguno “lo que nos complace a nosotros”. La conciencia no engaña; otra cosa es que la mente actúe por su cuenta.

      Hemos de entender que el Amor es la meta final del camino, pero que dicho camino está jalonado de odio, miedo y separación y que esos obstáculos forman parte del “Bien”. No son un contrapoder de éste (lo que sería la dualidad, como defendían los maniqueos, por ejemplo). No sé si me he explicado bien, espero no haber sido demasiado espeso.

      Saludos cordiales,
      X.

  4. Vaya… Esto está en la línea de ” Las mariposas vuelan libres”. Je, je… lo que se me ocurre, a bote pronto, es que en la familia, muchas veces hay cosas desagradables, pero después se olvidan, y ni se pide ese perdón ni se perdona, je,je… la vida sigue y ya está…. Con los “demás” también puede darse esto, pero parece que tarda más y es más difícil.. En cuanto a “deshacerse del ego” que es el tema central del libro y tu artículo, supongo que para algunas cosas puede ir muy bien, ya que a veces nos ocupamos de tonterías y eso es tener un ego muy viciado que nos hace infelices a lo tonto ( sí, sí, eso es un “juicio” y toda está diseñado de antemano para que seamos así de idiotas o de sabios y tenemos un escaso margen de maniobra en cuanto a cómo reaccionar o elegir entre “A” y “B” según ese libro…¿no?). El caso es que, si la cuestión, el asunto, es algo más que el raciocinio de la “Mátrix” en la que vivimos… ¿ se trataría de “liberarse” del engaño “matando” al ego…para…. ganar más cosas “buenas” y tener menos cosas “malas”…? No sé si es ese el concepto, al menos es lo que creo haber entendido del libro de las mariposas; desde luego lo que sí está claro, es que como masa nos dirigen muy bien y nos avocan a enfrentamientos y divisiones estériles, aunque eso, según ese libro ( y el pensamiento general) no se puede cambiar y solo se liberarían cuatro gatos que empezaran con ese “proceso en la crisálida” que redundaría en un beneficio única y exclusivamente para ellos… Pero dime, entonces, ¿ son los arcontes nuestros CREADORES y quienes hacen que apenas tengamos libre albedrío…?

    1. Hola Ania

      Gracias por tus reflexiones. El tema de los arcontes y su influencia sobre nosotros daría para mucho y si te parece lo dejaremos para otro momento; posiblemente escriba una entrada específica sobre el gnosticismo y el problema del demiurgo y los arcontes. En cuanto al ego y el poder de la mente sobre nosotros te recomiendo que releas el artículo sobre Gurdjieff y el “hombre-máquina” (el falso yo) que todos acarreamos, y que desde luego nos pone todas las trabas posibles para acceder al Amor o para dificultar el perdón sincero.

      Saludos,
      X.

      1. Lo de los arcontes lo digo porque leí ese libro creyendo que se iba a tocar ese tema, pero ahí todo va de los “yos infinitos” que es lo mismo que decir Dios aunque con la variedad de que el alma no existe, solo una “conexión” con esos “yos infinitos”, o sea con Dios y si ellos o Él, escriben nuestros guiones, entonces los arcontes serían también Dios… Todo es lo mismo al final, se deduce… y con esto te respondo a ti también, Camaleón…

      1. Como le he comentado a Ania, ya trataré el tema a fondo más adelante. Pero si te interesa una visión completa sobre los arcontes, en este mismo blog publiqué hace años (es una de las entradas más antiguas) una entrevista a John Lash, antropólogo, posiblemente uno de los mayores expertos actuales sobre gnosticismo. La entrevista está centrada casi enteramente en el tema de los arcontes. (Puedes acceder a la entrada a través de la opción “Buscar”).

    1. Gracias Ismael

      Desgraciadamente, en muchas capas de la sociedad se ha impuesto el “ni olvido ni perdono” por motivos políticos, sociales o de otra índole, y para ellos su respuesta es el odio, disfrazado de “justicia”.

      Namasté,
      X.

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