Réplicas ingeniosas a lo largo de la historia

No cabe duda de que la historia está plagada de frases agudas o afortunadas que no suelen aparecer en los libros académicos pero sí en las recopilaciones de anécdotas protagonizadas por personajes muy famosos, menos famosos o prácticamente anónimos, y que constituyen en sí un pequeño género cultivado por los aficionados a la “pequeña historia”, como fue el caso del escritor Carlos Fisas, del cual he tomado algunos de los episodios que se exponen a continuación. En este campo son de destacar las ingeniosas réplicas dadas ante una insinuación, comentario, observación, pulla o sutil dardo en las que no falta la retranca o ironía por parte del que dice la última palabra.

Así pues, como divertimento y regalo navideño me permito ofrecer a la audiencia una breve muestra de estas réplicas ingeniosas formuladas a lo largo de la historia, en diversas culturas y situaciones, y entre personajes de todo pelo, desde emperadores y políticos a artistas y literatos. Que ustedes lo disfruten.

Todo llegará

En el siglo XVI, el rey Francisco I de Francia quiso burlarse y aprovecharse de su confesor y ministro, el cardenal Duprat. El rey le hizo creer que el Papa de Roma había fallecido, ante lo cual Duprat le aconsejó que sería menester poner en el cargo a alguien de su confianza. Francisco I le dijo a Duprat que ya había pensado en ello y que había escogido a su fiel consejero. Sin embargo, reconoció que para tal propósito necesitaría de mucho oro, del cual –desgraciadamente– no disponía. El cardenal captó la indirecta y poco después le hizo llegar al rey una cuantiosa suma de oro. El rey quedó satisfecho y le dijo a Duprat que con esa cantidad más lo que él podía añadir sería suficiente.

No obstante, una vez llegadas noticias fidedignas de Roma, Duprat se enteró de que el Papa seguía vivo. Inmediatamente se presentó ante el rey, al cual reclamó la devolución del oro cedido. Sin inmutarse, Francisco I le dio esta réplica inapelable:

– No te precipites, ten calma, que si el Papa no ha muerto, un día u otro ha de morir. (Y se quedó con el dinero.)

Rivalidad poética

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Francisco de Quevedo

Es bien sabido que en muchas épocas han existido fuertes antipatías entre determinados artistas, por los motivos más espurios o simplemente por orgullo o vanidad. Una de las rivalidades más sonoras se dio en el Siglo de Oro español (siglo XVII) entre Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. Véase este intercambio de golpes:

Quevedo a Góngora:

“Son tan sucias de mirar las coplas que dais por ricas, que las dan en las boticas para hacer vomitar. Yo untaré mis obras con tocino para que no las muerdas Gongorilla, perro de los ingenios de Castilla, docto en pullas, cual mozo de camino.”

Réplica de Góngora:

“Hoy hacen amistad nueva, más por Baco que por Febo, Don Francisco de Que-Bebo.”

Jugarse la vida… por casi nada

Un soldado del ejército del mariscal de Sajonia fue hallado culpable de robar unas gallinas y por ello fue condenado a muerte. Antes de ser ejecutado, fue interpelado por el citado mariscal, que le dijo:

– ¡Eres un idiota! ¡Jugarte la vida por seis francos! [lo que costaban las gallinas]

– Mi general, en el frente me juego la vida cada día por 25 céntimos.

(Según recoge la anécdota, el soldado fue perdonado por esta réplica.)

Tacañería paterna

El hijo del general Valeriano Weyler, famoso militar y político español del siglo XIX, le pidió a su padre dinero para comprarse unos pijamas. Extrañado por la petición, éste le preguntó:

– ¿Pijamas? ¿Y qué es eso?

– Son para dormir.

– Pues para dormir lo que se necesita es sueño. (Y se quedó tan ancho.)

El sueldo de los políticos

El rey Luis XVIII de Francia había escrito un proyecto o borrador de constitución para el país y se lo mostró al político Tayllerand. Éste le hizo notar que faltaba un dato importante: el sueldo de los diputados. Ante esta observación, el rey le dijo:

– Yo creo que sus servicios han de ser gratuitos. Su cargo debe ser honorífico.

– Señor, si han de ser gratuitos, nos saldrán muy caros.

Vecinos a la greña

El famoso músico Bretón de los Herreros vivía en la misma casa que cierto médico llamado Pedro Mata. Este último estaba cansado de que la gente se equivocara de puerta y entonces puso un cartel con el siguiente verso: “En esta mi habitación, no vive ningún Bretón”. Viendo esto, el compositor de zarzuelas le contestó en otro cartel con estos versos:

“Vive en esta vecindad cierto médico poeta, que al pie de cada receta pone Mata y es verdad.”

Ser o no ser… joven

Una vez, la actriz Dolores del Río le preguntó a la también actriz María Félix, con dudosa intención:

– ¿Qué haces para parecer tan joven?

– Serlo.

Veneno conyugal
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Winston Churchill

En una conversación entre Lady Astor y Winston Churchill, que no se apreciaban mucho que digamos, ésta le dijo:

– Winston, si fuese usted mi marido, le pondría veneno en el café.

A lo que replicó con sorna el político:

– Madame, si yo fuese su esposo, me lo bebería.

Y en otra situación, Lady Astor afeó a Churchill su estado de embriaguez, algo no poco extraño dada su gran afición a la bebida:

– Winston, está usted borracho.

– Y usted, señora, es fea. Pero yo mañana estaré sobrio.

Dardos cruzados

Otra genialidad de Winston Churchill. El famoso escritor Bernard Shaw le dijo:

– Tengo dos entradas para el estreno de mi nueva obra. Traiga a un amigo, si es que lo que tiene…

– Lo siento, no puedo ir la primera noche. Lo intentaré la segunda, si es que la hay…

Una carta bien escueta

Ahora el protagonista es Bernard Shaw. Una vez recibió una carta que no tenía más texto que una palabra: “Imbécil”. Ante lo cual hizo este agudo comentario:

– En mi vida he recibido muchas cartas sin firma, pero esta es la primera vez que recibo una firma sin carta.

La mejor defensa es un buen ataque

En el siglo XVIII el conde de Sándwich, John Montagu, le espetó lo siguiente al político John Wilkes, que tenía fama de disoluto.

– ¡Señor, desconozco si usted morirá en la horca o de sífilis!

Y Wilkes no se cortó un pelo en su réplica:

– Eso, señor, depende de si acepto los principios de su señoría o el abrazo de sus amantes.

Honores reales

Había en Londres dos famosos charcuteros enfrentados entre sí, y un día uno de ellos colgó en su establecimiento un cartel que ponía: “Proveedor de su majestad el rey”. A su rival le faltó tiempo para poner un letrero que decía: “Dios salve al rey”.

Cortesía diplomática

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Constancio II

A veces las ofensas, las amenazas y las réplicas pueden ir teñidas de bellas y corteses palabras, pero no pueden ocultar los golpes soterrados por debajo de la mesa. Esto ha ocurrido con frecuencia en las relaciones diplomáticas desde los tiempos antiguos, y para muestra he aquí este intercambio de cartas –recogido por el historiador Amiano Marcelino en el siglo IV d. C.– entre los dos grandes soberanos de aquella época: el rey Sapor II de Persia y el emperador romano Constancio II. Véase la mezcla de ironía y contundencia en ambas cartas y la mordaz réplica de Constancio al tono jactancioso de Sapor. (Al final, la cosa fue a mayores y de las palabras pasaron directamente a varios enfrentamientos armados durante años en que ninguno de los dos obtuvo ventajas decisivas.)

“De Sapor, rey de reyes, compañero de las estrellas, hermano del sol y la luna, a mi hermano Constancio César, saludos.

Me alegro y me complace mucho que hayáis regresado por fin al camino correcto y reconozcáis lo que requiere una justicia perfecta, habiendo aprendido por experiencia qué desastres han resultado a menudo de una codicia obstinada por las posesiones de otros. Como, por lo tanto, el lenguaje de la verdad debe ser desinhibido y libre, y se convierte en un lugar elevado en que se habla como se siente, expresaré mi intención de manera sucinta, recordando que a menudo he repetido en el pasado lo que estoy a punto de decir. Que el gobierno de mis antepasados ​​una vez se extendió al Strymon y las fronteras de Macedonia es un hecho del que incluso atestiguan vuestros propios registros antiguos, y es justo que yo exija este territorio, ya que –dicho sea con la debida modestia– mi esplendor y el catálogo de mis ilustres cualidades superan a los de los reyes de antaño.

Pero la regla del derecho siempre me es querida; me he casado con ella desde mi juventud y nunca he cometido ninguna acción que haya tenido motivo para arrepentirme. Así que ahora me debo a mí mismo recuperar Armenia y Mesopotamia, de las cuales mi abuelo fue privado por engaño deliberado. Nunca aceptaré el principio que vuestro orgullo eterno le lleva a enunciar, que todo es justo en la guerra que trae éxito, ya sea logrado por la fuerza o por el fraude. En una palabra, si vos sois guiado con un buen consejo, abandonad esta pequeña área, que siempre ha sido fuente de problemas y derramamiento de sangre, y reinad en paz en el resto de vuestro reino.

Tened la sabiduría de reflexionar que aquellos que practican la medicina a veces cauterizan y cortan e incluso amputan partes del cuerpo para que el paciente pueda disfrutar del uso saludable del resto. Incluso algunos animales hacen lo mismo; cuando se dan cuenta de qué es lo que hace que los hombres estén ávidos de capturarlos, lo abandonan espontáneamente para poder vivir más allá del miedo. Esto declaro enfáticamente, que si mis enviados regresan con las manos vacías, al final del invierno movilizaré todas mis fuerzas y avanzaré hasta donde lo permita la prudencia, confiando en el éxito de la fortuna y en la justicia de lo que propongo.”

Y esta fue la carta de réplica de Constancio:

“De Constancio, vencedor en tierra y mar, perpetuo Augusto; a su hermano el Rey Sapor, saludos.

Me alegra saber de vuestro bienestar y estoy listo, si lo deseáis, a ser vuestro amigo, pero reprendo fuertemente vuestra codicia, que nunca disminuye y siempre se extiende sobre una área más amplia. Vos reclamáis Mesopotamia, y también Armenia, y me aconsejáis que haga cortar algunos miembros de un cuerpo sano para asegurar su salud más adelante. Debo rechazar totalmente una sugerencia de este tipo, que nunca puede obtener mi aprobación. Escuchad entonces la simple y pura verdad, que no debe ser sacudida por amenazas vacías. Mi prefecto pretoriano, en la creencia de que actuaba en interés público, usó dos intermediarios insignificantes para entrar en negociaciones de paz con vuestro general, sin consultarme. No rechazamos ni repudiamos su iniciativa, siempre que sea coherente con la dignidad y el honor y no implique ninguna violación del respeto debido a nuestra majestad.

Para nosotros, en una época en la que una serie de logros diversos nos han glorificado (que ningún oído celoso se ofenda por ello), cuando los usurpadores hayan sido destruidos y todo el mundo romano esté a nuestra merced, sería absurdo e imprudente abandonar las posesiones que durante mucho tiempo mantuvimos intactas, incluso cuando estábamos confinados dentro de los estrechos límites del Este. Recemos para que haya un final ante las amenazas que es vuestra costumbre lanzar contra nosotros. Está más allá de toda duda que es la contención, no la falta de espíritu, lo que a veces nos ha llevado a aceptar en lugar de provocar una batalla, y a defender nuestro territorio, cada vez que somos atacados, con el coraje inspirado por una conciencia limpia. Tanto la experiencia como la lectura nos han enseñado que, aunque Roma en algunas raras ocasiones ha sufrido un revés en una batalla en particular, nunca ha salido perdiendo de una guerra completa.”

Pintada imaginativa

En la época de la transición en España (años 70) fue bastante corriente ver pintadas en las paredes con lemas políticos de todo tipo, incluyendo ataques y amenazas. Así, un grupo de extrema derecha pintó en un muro:

“Mataremos al cerdo de Carrillo” [Carrillo era el líder del partido comunista.]

Y alguien con imaginación, y de ideología indefinida, pintó debajo:

“¡Cuidado Carrillo! Quieren matar a tu cerdo”

© Xavier Bartlett 2018

 

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One response to “Réplicas ingeniosas a lo largo de la historia

  1. Para frases ingeniosas el amigo Voltaire.

    “Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión” es la realidad misma.
    Y
    “Una de las supersticiones del ser humano es creer que la Virginidad es una Virtud” es la biología pura.

    Y esta otra, no me acuerdo de quien la dijo. Puede que Unamuno.

    “El pensamiento es buen siervo pero mal dueño”.

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