La última frontera de las vacunas

vacunaEntre las perversidades de la medicina oficial y de las instituciones de salud nacionales e internacionales no cabe duda de que las vacunas tienen un papel destacado, como ya he dejado patente en anteriores entradas de este blog. En este ámbito, empero, hace décadas que se ha generado un fuerte rechazo o recelo por parte de amplias capas de la población, que –gracias a la opinión de no pocos especialistas críticos con el sistema– han visto la cruda realidad de una medicina inútil o perjudicial. En efecto, pese a toda la propaganda oficial y un largo historial de aplicación en todo el mundo, cada vez surgen más voces que confirman su más que dudosa eficacia, por no hablar directamente de múltiples efectos perniciosos que incluso pueden llevar a la muerte, sobre todo en las personas más débiles y los ancianos.

Claro que si de lo que se trata es de reducir la población, entonces todo empieza a cuadrar. Sin ir más lejos, el famoso millonario y filántropo Bill Gates, que ha invertido mucho dinero y esfuerzo en difundir las vacunas, sobre todo en el Tercer Mundo, en una ocasión dijo abiertamente lo siguiente:

“Hoy el mundo tiene 6.800 millones de personas y pronto puede llegar a 9.000 millones. Ahora bien, si hacemos un buen trabajo con las nuevas vacunas, el sistema sanitario, el sistema de control de natalidad… podríamos reducir la población en un 10 ó 15 por ciento.”

Más claro, imposible. No se trataría de matar de golpe a cientos de miles de personas al poco de ser vacunadas; eso sería muy obvio. Las vacunas sólo matarían directamente a una minoría de individuos, pero provocarían diversas enfermedades degenerativas, debilitarían mucho el sistema inmunitario y sobre todo facilitarían la esterilización de la población mediante las sustancias tóxicas adecuadas.

En cualquier caso, para hacer frente a esta oleada crítica, las autoridades han desatado una cruzada global de la medicina alopática moderna e institucional, apoyada en el poder político y el imperio químico-farmacéutico, en contra de las medicinas y terapias alternativas, a fin de perseguirlas legalmente y prohibirlas, al tiempo que se generaliza el tratamiento masivo sanitario-tecnológico a toda la población con las soluciones ya conocidas basadas principalmente en la química. En este sentido, la presión política y mediática para obligar a vacunar a todo el mundo va in crescendo con nuevas medidas coercitivas de todo tipo, que pueden llegar mucho más lejos de lo esperado, pues –por ejemplo– en España un cierto Comité de Bioética ya aboga por retirar la patria potestad a los padres que se nieguen a vacunar a sus hijos. Además, no falta tampoco la constante criminalización pública –a través de reportajes y noticias– de los llamados “anti-vacunas” a los que se considera ya no sólo un grupo de lunáticos o antisociales, sino un auténtico peligro público para la comunidad.

Lo que ya no es tan conocido es que muchos “anti-vacunas” son reputados científicos y médicos que se han posicionado abiertamente contra las vacunas por considerar que son inoperantes en el mejor de los casos y muy lesivas en el peor. Desde luego, las autoridades ya están bien al corriente de tal visión crítica, pues estos científicos regularmente elaboran artículos, informes o documentos de referencia sobre los efectos adversos de las vacunas, como el exhaustivo trabajo realizado en 2011 por la Academia Nacional de Ciencias de los EE UU y firmado por un grupo de prestigiosos especialistas.

He aquí una selección de opiniones –claras y contundentes– de varios profesionales disidentes, a partir de su conocimiento y experiencia:

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Doctora Lanctôt

“Las autoridades médicas son mentirosas. La vacunación ha sido un desastre para el sistema inmune. Causa un gran número de enfermedades. Estamos ahora cambiando nuestro código genético a través de la vacunación… de aquí a 10 años nosotros sabremos que el mayor crimen contra la humanidad fueron las vacunas.” (Dra. Guislaine Lanctôt, autora el libro La mafia médica)

“No hay evidencia sobre la habilidad de las vacunas para prevenir alguna enfermedad. Todo lo contrario, hay una abundancia de evidencias que ellas causan serios efectos colaterales.” (Dra. Viera Scheibner)

“Una vacuna disminuye la inmunidad mediada por células en un 50%, dos vacunas en un 70% … todas las vacunas triples (MMR, DTaP) dañan marcadamente la inmunidad mediada por células, lo que predispone a las infecciones víricas recurrentes, especialmente otitis media, así como infecciones por levaduras y hongos.” (El inmunólogo mundialmente conocido Dr. H.H. Fudenberg)

“Sólo después de darme cuenta de que las inmunizaciones de rutina eran peligrosas, conseguí una caída sustancial en las tasas de mortalidad infantil. Lo peor de todo es la vacuna contra la tos ferina… es responsable de muchas muertes y de una gran cantidad de infantes que sufren daño cerebral irreversible. En niños susceptibles, golpea su sistema inmunológico, dando lugar a un daño irreparable cerebral o ataques graves o incluso la muerte a causa de enfermedades como la neumonía o la gastroenteritis y así sucesivamente.” (Dr. Kalokerinos)

“Los datos oficiales muestran que la vacunación a gran escala no ha podido obtener ninguna mejora significativa de las enfermedades contra las que se supone deben proteger.” (Dr. Sabin, creador de la vacuna contra la poliomielitis)

“Toda vacunación tiene el efecto de dirigir los tres valores de la sangre en o hacia las características de la zona de cáncer y la leucemia… Las vacunas predisponen al cáncer y la leucemia.” (Profesor L. Vincent, fundador de Bioelectrónica)

“La mayor amenaza de las enfermedades de la infancia radica en los esfuerzos peligrosos e ineficaces hechos para evitarlas a través de la inmunización en masa… No hay prueba científica convincente de que las inoculaciones masivas puedan ser acreditadas con la eliminación de cualquier enfermedad de la niñez.” (Dr. Robert Mendelsohn)

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La eficacia de la vacunación masiva sobre la población infantil ha sido seriamente cuestionada

“Es patético y ridículo decir que hemos vencido a la viruela con las vacunas, cuando sólo el 10% de la población fue vacunada.” (Dr. Glen Dettman)

“Hay una gran cantidad de evidencia que demuestran que la inmunización de los niños hace más daño que bien.” (Dr. J. Anthony Morris, Jefe Oficial de Control de Vacunas de la Administración de Fármacos de Estados Unidos Federal, la FDA.)

“No hay pruebas suficientes para apoyar la vacunación de rutina de las personas sanas de cualquier edad.” (Dr. Paul Frame, Journal of Family Practice)

“Las vacunas no están funcionando, y son peligrosas… Deberíamos estar trabajando con la naturaleza.” (Dr. Lendon H. Smith)

“La disminución de las enfermedades infecciosas en los países desarrollados no tenía nada que ver con las vacunas, sino con la disminución de la pobreza y el hambre.” (Dr. Buchwald)

“Mi participación en el campo de la toxicidad de las vacunas comenzó en 1979 cuando descubrí que la desmielinización del sistema nervioso central (esclerosis múltiple) había sido causada, en algunos individuos, por la vacuna contra la gripe porcina. Mi participación fue mayor cuando me encontré que lo mismo ocurrió después de vacunación contra la hepatitis B. Estos resultados han sido confirmados por muchos otros y se han ampliado para incluir otras reacciones adversas a las vacunas contra la hepatitis B. Las reacciones incluyen otras enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, la neuritis óptica, encefalomielitis postvacunal y la diabetes, y otras posiblemente, menores.” (Testimonio del Dr. Burton A. Waisbren ante el Congreso de los EE UU en 1999)

“Para la mayoría de los niños, el riesgo de una reacción grave a la vacuna puede ser 100 veces mayor que el riesgo de hepatitis B.” (Declaración de la Dra. Jane Orient ante el Congreso de los EE UU en 1999)

“Mi sincera opinión es que la vacunación es la causa de más enfermedad y sufrimiento que cualquier cosa que podría nombrar.” (Dr. Harry R. Baybee)

“La experiencia ha demostrado que las personas en el poder simplemente ignoran lo que no les conviene. En mi opinión sólo hay un problema básico con el que nos enfrentamos, sólo hay una esperanza de revertir la tendencia descendente de la salud actual entre los niños estadounidenses, y es que los padres adquieran el derecho de libre elección de aceptar o rechazar las vacunas basadas en el consentimiento informado. Bajo el régimen burocrático de hoy, este derecho nunca se les dará a los padres. Siguiendo la vía legal, es un derecho que debe ser exigido. No será fácil, pero puede y debe hacerse. Personalmente voy a apoyar cualquier cosa o persona que vaya en esa dirección.” (Dr. Harold E. Buttram)

“Las vacunas no son eficaces, aumentan la morbilidad, la mortalidad, y la infertilidad. También están modificando el patrimonio genético de la humanidad.” (Dr. Eduardo Yahbes)

A todo esto, cabe añadir el significativo dato de que muchísimos médicos que defienden la vacunación y la aplican escrupulosamente dentro del sistema sanitario, no se vacunan ellos mismos ni vacunan a sus hijos o familiares. Por algo será. (Se lo digo ahora, en petit comité: porque estos médicos saben que las vacunas 1) no son eficaces ni seguras, 2) contienen sustancias tóxicas, y 3) pueden provocar trastornos y enfermedades. Además, posiblemente han tratado a pacientes que han sufrido los efectos negativos de la vacunación, y seguramente también han leído las opiniones fundadas de algunos de los profesionales que acabamos de citar.)

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El recurso a la moderna biotecnología puede resultar muy convincente

Con todo, las reticencias sociales aumentan, y ante la eventualidad de una creciente polémica en torno a la administración de las vacunas tradicionales, los mandamases del mundo han optado por recurrir a una estrategia basada en la más moderna biotecnología, que siempre es un factor científico que resulta muy eficaz, vistoso y convincente de cara a la opinión pública. Así, en los últimos años se han llevado a cabo numerosas investigaciones en el campo de la genética a fin de crear unas nuevas vacunas –o algo parecido– que resulten espectaculares y plenamente vendibles a la población. Se trata, en definitiva, de dar un paso más allá con respecto a las tradicionales vacunaciones, y convencer a la población que los novísimos métodos biotecnológicos son mucho más eficaces y seguros, y tienen un efecto de por vida, ya que se modifica la genética humana a fin de conseguir una inmunización perpetua frente a los “agresores exteriores”. Y la cosa aún ha ido más lejos, según hemos podido ver recientemente con la polémica del científico chino He Jiankui, que ha creado los primeros bebés humanos modificados genéticamente para que fueran inmunes al virus del SIDA (que, por cierto, nunca ha sido aislado según los criterios científicos aceptados).

Así pues, en EE UU, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) ha estado años investigando sobre un nuevo tipo de vacunas genéticas que en una sola dosis permitirían librar a las personas de enfermedades tan recurrentes como la gripe. De hecho, ha habido una fuerte inyección de dinero público para conseguir una vacuna universal eficaz contra gripe basada en la modificación permanente del ADN, lo cual ha abierto la puerta directamente al concepto de terapia génica. Esto es, en vez de inyectar virus debilitados en la corriente sanguínea a fin de estimular el sistema inmunitario, se pretende implantar en el individuo una serie de genes sintetizados que supuestamente harán que el individuo sea resistente a las amenazas de los gérmenes, al cambiar su composición genética.

Esta estrategia ya fue presentada al gran público hace más de tres años, en un artículo del New York Times, con fecha 15 de marzo de 2015, titulado “Protección sin vacuna”. En este documento, el inmunólogo Michael Farzan afirmaba lo siguiente:

“Mediante la inoculación de genes sintéticos en los músculos de monos, los científicos han conseguido rediseñar en esencia a los animales para que resistan a la enfermedad. El cielo es el límite.”

Pero desde luego, el objetivo era llevar estos resultados al ser humano, y en ese sentido ya se estaba diseñando un ensayo en humanos llamado ITG[1] (Inmunoprofilaxis por Transferencia de Genes). Según Farzan:

“La ITG es completamente diferente de la vacunación tradicional. Es una forma de terapia génica. Los científicos aíslan los genes que producen anticuerpos potentes contra ciertas enfermedades y luego los sintetizan, creando versiones artificiales. Los genes se inoculan en virus y se inyectan en el tejido humano, por lo general en los músculos. Entonces los virus invaden las células humanas con sus cargas útiles de ADN, y el gen sintético se incorpora en el ADN original del destinatario. Si todo va bien, los nuevos genes instruyen a las células para que comiencen a fabricar los poderosos anticuerpos.”

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El doctor Michael Farzan

Como se puede comprobar, no se está hablando aquí de una protección temporal frente a una eventual enfermedad o “agresión”, sino de un cambio permanente en el organismo, pues el gen sintético se incorpora al ADN propio del receptor. En suma, el ser humano pasaría a ser un ente modificado genéticamente, como ya se ha hecho con numerosos alimentos (los famosos GMO), antes naturales, que hace años que se cultivan, comercializan y consumen. No es pues un tratamiento puntual, sino una transformación genética de por vida, cuyos efectos secundarios y resultados posteriores son toda una incógnita, por no hablar de fines inconfensables que poco o nada tendrían que ver con las enfermedades a las que supuestamente se quiere combatir y eliminar. Ahora bien, está claro que este tipo de intervención genética podría ser mal vista por mucha gente, dadas esas hipotéticas afectaciones desconocidas. Frente a esto, el Dr. Baltimore reconocía en el mismo artículo que:

“Algunas personas podrían mostrarse recelosas ante una estrategia de vacunación que signifique alterar su propio ADN, aunque ello evite contraer una enfermedad potencialmente mortal.”

Como es obvio, estamos ante la misma estrategia del miedo y la amenaza usada en las vacunaciones clásicas: “¿Cómo te puedes negar a recibir la terapia que va a poner solución a tan graves enfermedades?” Al final, todo es “por nuestro bien”, como la totalidad de las medidas del ámbito de la salud que se toman desde las más altas instancias internacionales y que todos los estados adoptan y ejecutan sin rechistar en sus políticas sanitarias.

Lo que se presenta ahora con esta estrategia genética es realmente un salto al vacío, a la pérdida de la identidad humana para ser sustituida por una identidad artificial, negando lo que la naturaleza ha hecho de forma muy competente durante millones de años. Frente a tanta agresión externa como ve el estamento oficial hoy en día, resulta que durante muchas generaciones los homínidos –y todos los animales en general– han desarrollado un eficaz sistema de equilibrio interno en que la activación nociva de los gérmenes que todos llevamos dentro es neutralizada, en condiciones normales, por un sano sistema inmune. Si este proceso natural no hubiese tenido lugar, hoy no quedaría ni un solo ser humano sobre el planeta, y eso teniendo en cuenta que en el pasado la medicina estaba en pañales en muchos aspectos y que las condiciones sanitarias e higiénicas dejaban bastante que desear. La aparición de las vacunas ha trastocado el sistema natural de inmunidad y la situación se ha agravado recientemente con la intrusión de los tóxicos (los fármacos) y sobre todo de los antibióticos, cuyo uso y abuso ya ha demostrado ser muy perjudicial para desmontar el equilibrio y los recursos de nuestro propio cuerpo.

¿Podría ser este el primer paso para tratar a la Humanidad de una forma más amplia y radical de lo que se ha estado haciendo hasta la fecha, pensando sobre todo en una estrategia eugenésica global? Las autoridades actuales ya se cuidan muy mucho de informar sobre la composición de las actuales vacunas, que –bajo el argumento de precisar sustancias coadyuvantes– incluye elementos altamente tóxicos y dañinos para el cuerpo, como ya ha sido probado y denunciado. De igual modo, con respecto a la terapia génica, es bien posible que sólo se explique una pequeña parte o una mera fachada, como ya es práctica habitual en el ámbito de la farmacoterapia, cuya toxicidad es ocultada, minimizada o camuflada con letra pequeña y alusiones a los consabidos “efectos secundarios”.

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¿Cómo impactarán las vacunas en el ADN de los receptores?

En verdad, lo que podría derivarse de la aplicación masiva de este tipo de falsas vacunas es del todo incierto pero bastante inquietante. Podría ser que los vacunados –y sus descendientes– experimentasen cambios genéticos que afectasen gravemente a su salud, provocando, por ejemplo, una esterilización masiva o una debilidad grave del sistema inmunitario, haciendo que muchas personas sucumbiesen a determinadas enfermedades. O incluso podría darse el caso de que otras muchas resultasen más débiles, dóciles o propensas a depender de ciertas sustancias (una especie de drogadicción). En cualquier caso, el resultado final sería la eliminación física de una buena parte de la población y el control de la otra parte mediante la acción del sistema político-sanitario, que hoy ya es tan omnipresente en nuestra sociedad moderna. Pero esta sólo sería una cara de la moneda.

La otra cara de la moneda sería la división de la sociedad en dos bloques. Así, resultaría muy fácil vender la idea de que la intervención genética mediante estas vacunas –o métodos similares– potenciaría las capacidades, fortalezas, habilidades y oportunidades de las personas vacunadas, mientras que los “naturales” estarían más expuestos a todo tipo de males y quedarían relegados a un segundo plano social y económico. Dicho de otro modo, se quiere trasmitir la visión de que en un futuro cercano los humanos sintéticos (mejorados mediante ingeniería genética y biorobótica, entre otras prácticas) serán la humanidad avanzada y que el resto simplemente se quedará atrás o desaparecerá. Y esto no es ciencia-ficción, sino que ya ha sido propuesto por algunos científicos para un horizonte no muy lejano, y de hecho, este mismo concepto se desarrolló abiertamente en la película de culto Gattaca (1997). Y ya sabemos del papel de Hollywood para modelar la mente colectiva a través de una cierta ficción

Estamos, por tanto, ante una fase más de la ingeniería transhumanista que quiere implantarse en todo el mundo, empezando por los países más desarrollados. En este contexto, las novísimas vacunas se presentan como una mejora y un gran avance respecto a las antiguas, pero –como hemos visto– sus efectos y propósitos son los mismos, pero con una mayor profundidad, al afectar directamente al ADN de las personas. Es la vieja y conocida estrategia de la gradación: para introducir lo inaceptable, se empieza con algo relativamente aceptable y progresivamente se va subiendo paso a paso en la “dureza” de las medidas hasta obtener el resultado deseado, desmontando cualquier tipo de recelo u oposición. Las vacunas biotecnológicas constituyen pues la última frontera antes de adentrarnos ya sin remedio en la era transhumanista.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente: https://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_genoma104.htm

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] En el original, las siglas son en inglés: IGT.

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2 respuestas a “La última frontera de las vacunas

    1. Estimado Alejandro

      Gracias por el comentario. Entiendo que la propaganda oficial tiene mucho peso y ocupa todos los espacios, pero el caso es que no ha habido un debate serio y riguroso que cierre la polémica sobre este tema. Sobre la intencionalidad última de las vacunas podríamos discutir, pero las observaciones empíricas de los médicos desde inicios del siglo XX hasta la actualidad son determinantes. Basta leer las declaraciones citadas en este artículo, que no son de “personas indocumentadas”, sino de expertos de primer nivel. También publiqué un amplio argumentario en contra de las vacunas en “La gran mentira de las vacunas” desde la experiencia del dr. Quanten (un médico, no un “escritor conspiranoico”). Por tanto, lo mínimo que se podría pedir desde la opinión pública es un análisis abierto, contrastado e imparcial de todas las visiones, pues aquí no sólo se plantea la seria duda de que sean ineficaces, sino que sean dañinas o incluso mortales, y eso es extremadamente grave.

      Saludos

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