Ilusiones

Escribí este brevísimo relato hace 30 años, inspirándome de alguna manera en la famosa novela y película 2001, Una odisea del espacio, con especial énfasis en el concepto de realidad o “simulación” y en el papel de la inteligencia artificial (recordando al malvado ordenador HAL) en nuestro mundo moderno. Como quiera que este blog se centra en la realidad, la ciencia y la conciencia, y viendo además cómo el avance vertiginoso de la ciencia y la técnica nos ha introducido de lleno en el ámbito de esa inteligencia artificial y de la realidad virtual, he creído oportuno rescatar esta píldora de ciencia-ficción que tiene un trasfondo más bien siniestro detrás de la pura fantasía. En fin, que cada cual lea entre líneas lo que quiera leer, porque la propia obra de Arthur C. Clarke ya fue susceptible de múltiples interpretaciones.

2001-A_Space_OdysseyQuizá ya era demasiado tarde. Pero yo no lo sabía. Tanto tiempo solo, sin más compañía que la de una máquina. Casi seis años perdido en medio del espacio en una misión rutinaria, una misión de castigo.

Yo estaba convencido de que podría superarlo. Estaba acostumbrado a la soledad y creía que aquella situación no era ni mucho menos dramática. Pensaba en mi misantropía, en mi carácter difícil, en mis depresiones, en muchas cosas. Tenía razones para alejarme del género humano. ¿Pero era eso deseable? ¿Era bueno para mi salud mental? El espacio, la nada, la negación absoluta, el vacío. Tienes demasiado tiempo para pensar, para reflexionar. El pasado, el presente, el futuro… todo era lo mismo, y no tenía sentido en aquella dimensión del tiempo y del espacio.

Ya no había soluciones. Sólo podía recurrir a la máquina, un ordenador muy sofisticado capaz de producir ilusiones en la mente humana. Ilusiones… o mentiras… o influencias. Mis compañeros me hablaron de ello, de sus efectos y de sus riesgos. La máquina podía llegar a dominar mis sentidos, podía jugar con mi imaginación. Pero la máquina era ahora mi compañero, la única salida para evitar la esquizofrenia. Era preciso volver a la realidad, al género humano, a las relaciones. Programé el ordenador para crear ilusiones en mi mente. Todo sería auténtico, aceptaba el engaño.

Y comenzó la pesadilla. La máquina me ofreció mujeres, cuerpos para agradar a mis sentidos, palabras dulces y sonrisas puras. Y amigos para charlar de cualquier tema, para jugar al ajedrez, para complacer a mi ego. Todo parecía real, pero era repetitivo, mecánico, artificial. Hombres y mujeres nacidos de un ordenador que se había apoderado de mi mente, que conocía los detalles más íntimos de mi personalidad. Cada vez que utilizaba una ilusión, una porción de mí desaparecía para formar parte del juego de la máquina. Me estaba volviendo loco. Cuando no empleaba el ordenador, me daba cuenta de que estaba solo, que no había nadie más en aquella pequeña nave. Entonces tomé una decisión.

El ordenador habla, y también piensa y escucha. Sólo una orden oral pondría fin a las ilusiones. Sí, quizá ya era demasiado tarde, quizá había esperado demasiado. Las ilusiones se habían convertido en mi droga, en una adicción que se hacía cada vez más peligrosa y letal. La balanza se inclinaba del lado de la razón y los perjuicios de las ilusiones pesaban mucho.

La orden fue ejecutada:

“¡Elimina las ilusiones! ¡Para siempre! ¡Definitivamente!”

La máquina respondió:

“No puedo hacerlo, escúchame…”

“¡Obedece la orden, obedece…!”

La máquina no respondió. Con mis propios ojos pude ver cómo mi cuerpo iba desapareciendo poco a poco, haciéndose transparente. Mi cerebro ya no puede funcionar, me voy, soy la última ilusión, soy…

Epílogo

La estación orbital NA-41 Orión dejó de emitir información después de seis años de funcionamiento óptimo. El ordenador que controlaba todos los sistemas de la nave sufrió una grave avería que lo dejó fuera de servicio. La nave Orión no llevaba tripulación humana.

© Xavier Bartlett 1989 / 2019

[relato original escrito en 1989, revisado y reeditado en 2019]

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6 respuestas a “Ilusiones

  1. Hola piedra

    Muchas gracias por tu breve comentario. La verdad es que en los tiempos que corren la gente no está para leer mucho (más de 2 páginas ya produce trastorno neuronal). Dicho esto, lo malo, si también es breve, mejor…

    Saludos,
    X.

    1. Gracias por el comentario Melisa; de eso se trataba, de dar un toque fantástico para romper el equilibrio. Además, me gusta dejar finales abiertos para que cada uno piense lo que quiera.

      Saludos,
      X.

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