Entrevista con el Diablo

ShemihazaNo todos los días se tiene exclusivas como ésta. Acceder a personajes de primer orden no es tarea fácil y mucho menos conseguir una entrevista abierta sin condiciones, pactos o cortapisas de cualquier tipo. Aunque, como sabe todo el mundo que ha trabajado en prensa, siempre está flotando sobre el escenario esa famosa máxima de “usted pregunte lo que quiera, que yo contestaré lo que me dé la gana” (y eso suponiendo que quiera decir la verdad).

En fin, el audaz, incisivo y persistente periodista Jon di Eboli ha movido todos los hilos de este mundo para conseguir una entrevista sin precedentes para el famoso programa “Condenados”, de la cadena La Secta. Así, después de ímprobos esfuerzos, el mismísimo Diablo ha concedido una entrevista al programa en cuestión en un lugar secreto (o discreto) de este planeta. Además, el controvertido personaje –que no ha impuesto un cuestionario previo– se ha explayado a gusto y ha contestado a toda clase de preguntas; eso sí, sin demasiado interés en lavar la mala imagen que le acompaña desde el principio de los tiempos.

Desde este modesto medio hemos podido acceder al contenido de la entrevista gracias a unas influencias que ahora no vienen a cuento (alguien habla de un trapacero ex comisario de policía), que generosamente nos ha filtrado el material íntegro, o al menos, eso pensamos. Por consiguiente, nos adelantamos a la exclusiva y transcribimos sin censura las declaraciones y proclamas de un individuo quizá poco recomendable, pero sin duda todo un protagonista de la historia humana. Que cada cual extraiga al final sus propias conclusiones.

Bueno, aquí estamos. No ha sido sencillo llegar hasta usted, pero le agradecemos su deferencia. Por cierto, ¿Cómo debería llamarle?

La verdad es que tengo muchos nombres y títulos. Hasta me llaman Excelencia, pero usted puede llamarme señor Satán. Creo que es lo adecuado.

Pues bien, señor Satán, para empezar, debo admitir que tiene usted un aspecto muy normal, muy humano, y muy distinguido por otra parte… quizá no me lo esperaba así.

Ah, bueno, eso no tiene mayor importancia. Puedo tomar múltiples formas, incluida una forma humana convencional. Además, no se trata de impresionar ni de mantener rancios tópicos. No me iba a presentar aquí con la piel escamosa, ojos de reptil, cuernos, rabo, alas y tridente, y oliendo a azufre, ¿no le parece, señor di Aboli? Perdón, quise decir, di Eboli.

Claro, claro. Mire, la verdad es que mucha gente no cree en usted, e incluso podrán decir que esta es una entrevista a un simple fantoche. ¿Qué tiene que decir a eso?

Que piensen lo que quieran. A decir verdad, me aprovecho de la estupidez e incredulidad de los humanos. O sea, simplemente he de hacerles creer que no existo, como los vampiros. ¿Cómo se puede combatir a una entelequia, a una ilusión, a una fantasía…? Por eso, yo ya parto con ventaja en este juego. Mis sicarios ya se ocupan de que esto siga así. Ha funcionado siempre y sigue funcionando. Y luego están los ateos, que me ayudan un montón negando la existencia de Dios. Es fabuloso.

En todo caso, parece que el satanismo está de moda, ya sabe: los satánicos del heavy metal, las divas del pop…

Sí, sí, siempre es interesante captar a los jóvenes. Pero, vaya, todo eso –más la magia negra, las brujas, los aquelarres y otras zarandajas– es puro satanismo de feria. El satanismo de verdad, el satanismo profundo, es otra cosa, y está restringido a unos pocos.

¿Y me va usted a explicar en qué consiste?

Por supuesto que no. Hay cosas que deben mantenerse en la oscuridad, y no voy a hablar sobre ello por mucho que usted insista, que ya sé que es una de sus cualidades…

Así que en cierto modo eso es “materia reservada”, ¿podemos denominarlo así?

Exacto: materia reservada. Hay cosas que se pueden saber y otras que no, aunque resulten increíbles para la gran mayoría de la gente.

O sea, que no me va a hablar de las ceremonias satánicas más secretas…

Me parece que van a tener una ola de frío gélido en los próximos años. Otra pregunta.

Vale, entendido. En fin, señor Satán, sepa que le entrevisto porque en cierto modo me sentí obligado –por coherencia profesional– a contrastar con usted la visión global del mundo, porque hace no mucho entrevisté al máximo representante de su oponente, al Papa Francisco…

¿Cómo dice, joven? Me temo que no está usted muy bien informado. Sepa que el ámbito de las religiones me pertenece y que no me enfrento a ningún “oponente”. Vamos a ver, para centrar el tema: tengo a los líderes religiosos en nómina, desde el Papa Francisco al Dalai Lama. Todos siguen mis consignas, incluyendo los gurús e iluminados de la New Age.

¡Caramba, vaya sorpresa! O sea, que usted monopoliza el mercado, se hace pasar por Dios –o varios dioses– e impone sus creencias…

Bueno, algo parecido. Son diferentes productos, pero con un mismo propietario: yo. Se trata de apaciguar las mentes y de dar respuestas a preguntas que podrían ser peligrosas. Por eso desde el inicio de los tiempos impuse las religiones para controlar y atontar las conciencias. Y debo decir que ha salido razonablemente bien. Además, los humanos se han estado peleando durante siglos por las creencias religiosas, lo cual ha sido uno de mis logros más celebrados, modestia aparte.

¡Qué cachondo, señor Satán! Tiene usted todos los ases en la manga…

Naturalmente.

Pero usted viene del Infierno… ¿Qué le ha traído por este mundo? ¿Cuál era su interés?

No vengo del Infierno, señor di Eboli. ESTAMOS en él. Es eso que ustedes llaman el planeta Tierra y todo lo que lo rodea. Esta es mi casa, o mi coto, o mi finca… llámelo como quiera. Ustedes no poseen este mundo. Lo poseo yo, que por algo lo he creado y lo vengo gestionando –a mi favor– desde el principio de los tiempos. Yo les he estado amenazando con el infierno desde siempre sólo para que me hagan caso y para hacerles sentir culpables y no dignos del “cielo”, pero en el infierno ya están, que quede claro. Sólo salen un ratito, después de muertos, y luego de cabeza otra vez al caldero. Esto es el eterno reciclaje… que ahora está tan de moda.

Por tanto, usted es el amo del mundo y de la historia. Ha estado detrás de todos los asuntos que aquí se cuecen, ¿no?

En efecto. La historia de la humanidad es mi historia. Divisiones, guerras, conflictos, imperios, revoluciones, represiones, crisis… todo es cosa mía.

Ya… pero déjeme que insista, señor Satán. Usted tuvo que llegar aquí desde algún sitio, ¿no?

La manera en que llegué aquí no tiene importancia, pero yo estaba en un lugar increíble hasta que me arrojaron aquí contra mi voluntad, y tuve que crear una casa donde habitar. Luego capturé a los seres que vagaban por el éter y los metí en mi mundo, donde me sirven de sustento. Posiblemente hay universos mejores, pero este es el mío.

A ver si le entiendo… ¿estamos pues en su casa? ¿Y cómo la creó?

Mire, señor di Eboli, el cómo no se lo voy a explicar porque no lo va a entender. Ustedes están en una especie de red inteligente de energía, que en realidad es una hipnosis. No hay mundo real. Están ustedes secuestrados en mi red. ¿No vio Matrix, acaso? Yo controlo esa red. Todos ustedes están conectados a ella.

Pero los científicos dicen que no hubo creación, sino que el Cosmos surgió de un Big-Bang, y luego…

No siga, por favor. Los científicos dicen las idioteces más increíbles que ustedes se tragan porque los adoran como si fueran los sumos sacerdotes de la verdad. Todo su discurso sale de mis instrucciones. Así, en cada momento de la historia ustedes se han dejado llevar por mis creencias… que se convierten en sus creencias.

Vaya, que usted tiene la sartén por el mango… Pero, ¿hasta dónde llega su poder?

Lo tengo todo. ¿Por dónde quiere que empecemos? El mundo de la política es mi reino favorito. Presidentes, reyes, ministros, dictadores, altos cargos, partidos políticos… todos dependen de mí. Y por supuesto también controlo otros poderes mundanos derivados, como la justicia, el ejército, la policía, la educación, la ciencia, la religión, etc. ¿Sigo?

Creo que lo está deseando.

Y naturalmente manejo el mundo del trabajo, la economía, la banca y las finanzas, que es lo que me permite explotar a la gente y sacarle hasta la última gota de su energía. Bueno, toda no, porque han de seguir trabajando.

¿Y todo eso lo hace usted solo?

A ver, que ya sabe usted que si otro puede hacer el trabajo por ti… Lógicamente, yo tengo mi corte de diablos que operan y supervisan desde lo alto de la pirámide del poder. Y para las labores mundanas tengo mis propios adláteres, encargados, sicarios o testaferros, como prefiera llamarles. Los tengo instalados en la Tierra para que ocupen las posiciones de máximo poder y control en todos los países. Y luego están los peones, los que dan la cara, pero que en realidad sólo obedecen órdenes estrictas y mantienen la farsa de cara a ustedes. Normalmente, los primeros son desconocidos o pasan casi desapercibidos. Los segundos son muy populares y para eso están. Y después tengo una extensa cantera de operarios que acuden a mis discretos templos y que trabajan para mí en todos los campos de la actividad humana.

Se está usted refiriendo a la masonería, ¿no es cierto?

Bueno, eso lo ha dicho usted.

Ya… En cualquier caso, todo ese entramado, ¿cómo se sostiene?

Ya le he dicho que es una pirámide. Vaya, nada nuevo; seguro que usted ha visto el ojo “que todo lo ve” encima de la pirámide… está en los billetes de un dólar. Bueno, pues el del ojo soy yo, ahí en la cúspide dando las directrices sobre lo que debe hacerse en todos los órdenes de la vida. Luego, los de abajo las van trasmitiendo y cumpliendo en su nivel. Pero sólo unos pocos, los que están en la cumbre de la pirámide, saben de qué va todo. Los que están en los sucesivos niveles, se limitan a cumplir lo que manda el que está en el nivel inmediatamente superior. “Como es arriba, así es abajo”: Muy simple, pero funciona.

Eso parece del crimen organizado, señor Satán… pero, ¿cómo consigue que le obedezcan?

Bueno, ya que lo menciona, el crimen organizado también está en mi nómina. En realidad, todo es crimen organizado, sólo que algunas de sus manifestaciones están “fuera de la ley”, mientras que la mayoría de ellas “son la ley”. Verá, el poder supremo se ejerce con la clásica estrategia del palo y la zanahoria. Se mete miedo, se amenaza y se castiga, pero también se ofrece la recompensa adecuada a través de la codicia y la avaricia. Si todos se ajustan a su papel, todo va como la seda.

O sea, que usted es algo así como el capo di tutti capi, ¿no?

Bueno, sí, la mafia es una buena metáfora en este caso. ¡Grandes sirvientes, los mafiosos y corruptos!

En definitiva, usted está detrás de todas las cloacas y chanchullos del planeta…

Desde luego. Especulación, sobornos, desfalcos, blanqueo de capitales, extorsión, tráfico de armas, drogas, pornografía, prostitución, pederastia, esclavitud, juego, etc., etc. La corrupción y la depravación es la norma. En mi mundo no puede haber gente buena, generosa y honesta en posiciones de poder. Y si alguno de los responsables se sale del guion, acaba muy mal. A menudo recurro a aquello de “que parezca un accidente”.

¿Y no me va dar nombres de los peces gordos? Por lo menos alguno, para hacernos una idea.

¿Nombres? ¿Quiere usted saber quién es satanista y quién no? Ya se lo he dicho antes, casi todo el mundo que ocupa cierta posición es de mi club. Y además trabajan juntos y con mucha eficacia, aunque ustedes los perciban como “rivales”. Pero, vaya, se sorprendería si yo le pasara una lista completa de los más destacados. Algunos hasta parecen buenas personas que no tienen nada mejor que hacer que regar las plantas de su jardín. En lo alto de la pirámide se vive muy bien y entretanto hay que mantener las distancias, las apariencias y la discreción.

¿Y no teme que los medios de comunicación destapen algún día su pirámide oculta y su modus operandi criminal?

A ver, señor di Eboli, pensaba que lo había pillado. Los medios de comunicación también me pertenecen en todos los ámbitos: periódicos, televisiones, radios, agencias de noticias… incluso la llamada “prensa alternativa”. Los utilizo a destajo para lavar mentes e imponer estados de opinión, aparte de controlar a la posible oposición. Es fácil manejar a los humanos una vez se les hace creer en lo que yo considero conveniente. No hay verdad en los medios, sólo mentira y engaño, que es lo que a mí me corresponde.

No me hará usted creer que yo no soy libre de realizar mi labor periodística, ¿o sí?

No se haga el inocente, joven. Que usted y yo sabemos que la libertad de decir según qué cosas tiene sus riesgos. Por de pronto, usted también está en mi nómina y se mueve en los márgenes que toca, haciendo la labor para la cual se le paga.

Pero usted no paga mi sueldo.

¡Claro que lo pago! Bueno, en realidad no pago, porque mi dinero-deuda es puro humo y no vale nada, pero a efectos prácticos, así es. Verá, yo remunero al señor Rothskill; el señor Rothskill remunera al señor Zoros; el señor Zoros remunera al señor Robles; y el señor Robles le remunera a usted. Por tanto, usted trabaja indirectamente para mí. ¿Estamos?

Me deja usted anonadado… Entonces, según esa lógica, ¿todo el mundo trabaja para usted?

Bueno, ya sea de forma consciente o inconsciente, todos –o casi todos– los humanos me dan su energía. La mayor parte me la quedo yo, junto con mis diablos, en forma de energía negativa. La que se deriva de su malestar, su sufrimiento, su miedo, su odio, su rabia, su división, su angustia… Ya me preocupo yo de que estén ustedes en ese estado. Desde las simples cuestiones cotidianas hasta las crisis económicas, pasando por las luchas políticas y sociales. Y cuando hace falta, echo mano de la destrucción y el asesinato, así como del terrorismo y las guerras. En cuanto a los medio-diablos, mis representantes terrenales, ellos se conforman con acaparar todos los bienes materiales y gozar de su poder casi ilimitado.

Entonces, si he entendido bien, usted se dedica a distraer al personal, a tener cabreada y separada a la gente, mientras se queda con todo…

Se podría decir que es así. Yo les tengo distraídos con la política y mis partidos (los tengo todos, de extrema derecha a extrema izquierda), mis ideologías, mis entretenimientos, mis gadgets, mis ilusiones. Cuando no se pelean, ustedes están embobados con la televisión, el deporte, las tecnologías, las redes sociales, los viajes, las compras…

Vaya, que encima le tendríamos que estar muy agradecidos, ¿no, señor Satán?

Pues la verdad es que sí. Yo les he dado todo lo que vale la pena: la civilización, el estado, el dinero, los créditos, los impuestos, las leyes, los tribunales, los gobiernos, la policía… hasta el rock’n’roll, los todo-terreno 4 x 4 y los smart-phones. Y luego se quejan.

Perdone que le diga, pero no me impresiona. Usted en el fondo va de fachenda y de soberbio por la vida, ¿no cree? ¿Qué dice Dios a todo esto?

No me insulte, joven. Yo soy dios. El dios que ha creado su mundo holográfico, que para eso soy arquitecto, o ingeniero. Ustedes están en el universo que yo les he dado para que me sirvan a mí. No pueden esperar otra cosa. No sean ilusos: nadie vendrá a rescatarles. Yo les puedo engañar cuantas veces quiera, e incluso les puedo hacer creer que vendrán los “extraterrestres” a salvarlos. Si hasta casi me dan pena, ustedes; tan tontos y sumisos. Ustedes tienen lo que se merecen, y por ello están aquí. Es lo que hay.

En suma, que vendríamos a ser una especie de “masocas”, ¿no?

Pues ahora que lo dice, le confieso que yo no podría soportar ni un 5% de lo que ustedes soportan en su miserable esclavitud. Ustedes aguantan lo indecible. Se agachan, se bajan los pantalones y todavía piden perdón por dar la espalda. No saben, no entienden, se revuelven en la dirección equivocada.

Vaya panorama me pinta usted, don Satán… Entonces, ¿no hay un Dios bueno, misericordioso y omnipotente? ¿No hay nadie que le ponga freno a su dictadura (si me permite la expresión)?

¿Pero usted ha visto a ese Dios por algún lado en este cuchitril? No existe; sólo estoy yo y punto. Pero ahí están mis peones ateos para negar a ese Dios absurdo y para que la gente crea en la naturaleza, el cosmos, el caos, el azar, la ciencia… en fin, en cualquier chorrada. O que no crean en nada etéreo, que tampoco hace falta. Ya me va bien con que crean en el dinero, el lujo, los placeres, el trabajo…

Oiga, no le compro ese discurso. Me parece, señor Satán, que usted quiere escurrir el bulto y quedarse con un chiringuito que no es suyo. Usted no es el amo, es un vulgar okupa. Vaya, que usted niega a Dios para no tener problemas de conciencia y seguir en la poltrona eternamente. El poder le ofusca. Seguro que no hay elecciones en su casa.

Un respeto, señor di Eboli, conmigo no se pase de audaz. Yo ordeno y mando, y aquí hay una jerarquía y un orden. No existe la democracia, como tampoco la hay en su mundo material. Todo es un burdo teatro para mantenerles tranquilitos. Aquí reino y resisto en el cargo. Ese es mi destino y mi voluntad. Nadie me va a apartar de mi posición, téngalo por seguro.

A ver, que yo le estoy diciendo que usted niega a Dios, pero sabe que existe, que un día va venir, va a observar lo que hay y se le va acabar el cotarro, ¿no es así?

Ese día no ha llegado aún, ni va a llegar.

Y también teme que la gente se libere de su yugo.

Mire, entre nosotros, yo sé cómo pueden evadirse los humanos de mi campo de concentración y no volver nunca más. Hay una salida; de hecho, algunos salen. No hay una prisión perfecta, ni siquiera la construida por mí. Pero comprenderá que no le voy a dar esa exclusiva. Si quieren escapar, se lo tendrán que ganar a pulso, y yo nunca he dado facilidades, precisamente.

Pero si ya lo tiene todo ganado, ¿qué le queda por hacer?

Todo ganado, no. Me queda un último golpe de efecto. Les tengo preparado un fin de fiesta que se llamará “fin del mundo”. Es una obra muy dramática en varios actos que tendrá por objeto la destrucción y sometimiento completo de la Humanidad. Les destrozaré y masacraré con todo tipo de males y desgracias y los supervivientes quedarán tan vapuleados que rogarán para que se acabe la tortura. Y entonces, yo, por fin, después de milenios de estar en la sombra, saldré a la palestra con mi verdadero aspecto y me presentaré como su salvador y su señor absoluto. Exigiré que me rindan pleitesía y que me adoren como su único dios. La culminación de todo el trabajo. El satanismo será público y explícito y se cometerán libremente los crímenes más horrendos que puedan imaginar y ustedes estarán encantados de participar en todo ello. Y no se lo tome a broma. Algunas de mis medidas definitivas ya están funcionando a pleno rendimiento delante de sus narices gracias a mis secuaces. No tienen ustedes escapatoria.

¿De verdad lo cree, señor Satán? ¿Piensa que después de todo eso le van a seguir dócilmente? Usted odia profundamente a los humanos, pero ¿por qué?

Porque les envidio. No puedo evitarlo.

¡No fastidie! Nos envidia… ¿Y qué tenemos para que nos envidie?

Eso no se lo voy a decir. Ya he hablado demasiado. A veces me pasa… me da un subidón y me vengo arriba. Me parece que vamos a poner fin a la entrevista.

¿Me va a dejar con la palabra en la boca? Todavía tengo algunas cuestiones pendientes.

No me venga con majaderías, hombre. Que después de esto la audiencia de La Secta va a subir como la espuma, a usted le cubrirán de oro y además le van a conceder todos los premios de periodismo nacionales e internacionales. No se me haga el ofendido, di Eboli.

Una cosa no quita la otra. Los premios siempre se agradecen y…

Bueno, ya está bien. Vanitas vanitatum, et omnia vanitas, amigo mío.

Los latinajos nunca fueron lo mío.

Peor para usted. Corten de una vez. Recuerdos para los amigos de La Secta.

Fin de la entrevista

© Xavier Bartlett 2019

Nota: Como se suele hacer en el medio cinematográfico, es preceptivo señalar que en esta ficción cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Y, además –como todos sabemos– el diablo no existe.

 

 

Anuncios

10 respuestas a “Entrevista con el Diablo

  1. Extraordinario relato. Es de una actualidad total.
    Justamente acabo de ver un vídeo sobre un Estudio bíblico profético sobre la Generación de la Higuera y el final de los tiempos:

    Enhorabuena por tu labor.

  2. Tuve veces en la vida que mi alma cayo bajo el influjo y al alcance de este satrapa del mal,pero algo en mi interior me decia que no estaba haciendo lo correcto,que mi vida tenia que tomar otro rumbo o dejaria de ser vida y buscando salidas y alternativas que fuesen acorde con mi manera de pensar,sin quererlo o ¿queriendo?,encontre a Jesus,a Jesucristo,conocia su existencia,pero yo lo ignoraba,me gusta basar mis conclusiones en pruebas o en su defecto evidencias claras y las tengo,acercarme a El,con toda la carga negativa que yo soportaba,ha cambiado mi vida de arriba abajo,sus manos siempre las encontre abiertas para sacarme de la oscuridad,su compasion siempre ofrecida para perdonarme,su presencia en el alma siempre dispuesta para guiarme.
    No,no soy digno de El,aunque se que me ofrece su amor sin condicion,tengo que aclarar que Cristo,no compite con ninguna otra religion,El me acepta desde el pincipio,no al final,no despues de cumplir ritos y preceptos,para ser aceptado,por eso ahora dedico parte de mi tiempo,para conversar con El y ofrecerle my amor y mi gratitud,no para conseguir su amor,eso ya lo tengo,sino para agradecer su amistad y para complacerlo.
    Ni conozco a “Jon di Eboli”,ni se lo que es la sexta,ni la quinta,ni la cuarta,ignoro por completo a Soros,( aunque tengo razones para pensar que acaba de hacer una gorda en España,por medio de sus asalariados y todos contentos y tranquilos,sometidos y dominados hasta la medula.),y por supuesto quiero ignorar por completo al maligno.
    Hay una cita que dice ” Cuando un hombre honesto,descubre que esta equivocado,o deja de estar equivocado o deja de ser honesto.”
    Pues,eso.

    Gracias por su trabajo.Un saludo.

    1. Apreciado piedra,

      Exacto, “vanidad de vanidades, todo es vanidad”… ¿No será que el diablo somos nosotros mismos? ¿y que además nos sirve en vez de que le servimos a él?

      Saludos,
      X.

  3. Muy bueno. Probablemente se acerca más a la verdad que algunas de las cosas que nos han contado,

    Saludos,

    M

    1. Bueno, mucho me temo que en el mundo en que vivimos la verdad es ficción y la ficción es verdad. En realidad ésta era un simple broma dedicada a ese brillante periodista, ¿o era otra cosa?

      Saludos,
      X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s