¿La astrología reivindicada?

prague-astronomical-clock-1498144768DQGPara los escépticos, la astrología no es más que una ocurrencia o un dislate que pervive en la actualidad por la simple creencia de la gente en los inevitables horóscopos de las publicaciones, que asignan a cada signo zodiacal una serie de predicciones basadas en la posición de los planetas y las constelaciones. Así, opinan que la similitud entre esas “adivinaciones” y la realidad futura vendría a ser pura casualidad. Dicho en otras palabras, para las mentes racionales no hay por dónde agarrar la astrología, pues carece de base científica y de credibilidad, al no haberse demostrado de modo objetivo la incierta influencia de los lejanos astros en nuestras vidas.

Ahora bien, para los estudiosos de la astrología, esta disciplina está bien fundada en los complejos mecanismos del firmamento, los cuales –según ellos– tienen un sentido trascendente. En su opinión, la astrología goza de tanta tradición y empaque como la propia astronomía y, de hecho, durante muchísimos siglos la astrología y la astronomía fueron prácticamente una misma ciencia, como es bien sabido. En este sentido, algunos insignes astrónomos del pasado aún tuvieron en consideración la astrología como ciencia válida. Sin ir más lejos, un astrónomo tan destacado como el alemán Johannes Kepler realizó unas afirmaciones tan inequívocas como ésta: “Otra cosa maravillosa es que la Naturaleza provoca igualmente una cierta correspondencia entre las constelaciones celestes de los parientes. Cuando una mujer tiene un hijo dentro y cuando el momento normal del nacimiento ha llegado, la Naturaleza elige un día y una hora que corresponden con respecto a los cielos a la fecha de nacimiento de un hermano de la madre o del padre, y esto no es un hecho cualitativo, sino astronómico y cuantitativo.” (Tertius Interveniens, 1610).

Con todo, ambas materias se fueron distanciando cada vez más la una de la otra a partir del Renacimiento hasta llegar a la situación actual en que la astronomía es la ciencia que estudia de forma empírica (“materialista”) el Universo y los astros mientras que la astrología ha sido relegada a la categoría de mera pseudociencia. Es más, la astrología es sin duda una de las pseudociencias más desacreditadas por el estamento académico, al considerar que ejerce aún un poderoso y nocivo influjo en la opinión pública pese a no tener el más mínimo fundamento científico según los parámetros modernos. De este modo, la astrología ha quedado progresivamente reducida a la pura superstición, a los horóscopos, a las cartas astrales y a la extensa literatura sobre los signos del Zodíaco.

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Michel Gauquelin

No obstante, he aquí que en pleno siglo XX, con el predominio total del racionalismo y el empirismo, surgió la figura de un científico que se propuso demostrar –mediante el recurso a la ciencia estadística– que la posición de los planetas sí tenía una influencia real en los nacimientos y en las vidas de las personas. Este hombre fue el psicólogo francés Michel Gauquelin (1928-1991), del cual vamos a hablar en el presente artículo. Cabe señalar que Gauquelin es prácticamente un desconocido para la gran mayoría de la población y su extenso trabajo apenas es estudiado por una ínfima minoría de especialistas académicos, pues no hay mayor herejía y afrenta para la ciencia oficial que uno de los suyos se pase al campo “enemigo”.

Lo primero que hay que destacar es que Michel Gauquelin era un sano escéptico con respecto a la astrología y que su inclinación hacia ella vino motivada justamente por su interés en escrutarla mediante la aplicación de criterios estrictamente científicos. En efecto, ya desde muy joven había sentido cierta fascinación por la astrología –llegó a leer un centenar de libros sobre el tema– y sentía un fuerte impulso de analizarla hasta las últimas consecuencias, lo que implicaba también desmontarla si los datos objetivos no arrojaban resultados concluyentes. Por tanto, podemos decir que Gauquelin no fue nunca un creyente sino un racionalista. No por nada había estudiado en la Sorbona de París y se había formado especialmente en el ámbito de la estadística, y pensaba emplear esta metodología para contrastar con hechos comprobados los supuestos logros de los astrólogos. Hasta entonces, sólo unos pocos científicos de la primera mitad del siglo XX –como Krafft, Lasson y sobre todo Choisnard– habían realizado algunos intentos de “objetivizar” la astrología, empleando para ello métodos estadísticos. Sin embargo, sus estudios no profundizaron demasiado y no tuvieron apenas eco en la comunidad científica.

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Obra capital de Gauquelin

Así pues, sus investigaciones sobre astrología arrancaron al poco de acabar sus estudios, en los años 50, y para ellos contó con la inestimable ayuda de su primera esposa Françoise Schneider. Fruto de este trabajo nacieron varios libros, siendo los más famosos Los relojes cósmicos (1967) y Las bases científicas de la astrología (1970). Lo que voy a exponer a continuación es un breve relato de sus descubrimientos y teorías que le llevaron de una posición crítica o escéptica a una reivindicación de la astrología como disciplina digna de consideración científica, si bien siempre mantuvo serias reservas hacia los planteamientos clásicos de la astrología. De hecho, Gauquelin se enfrentó al desafío de nadar entre dos aguas, pues se desmarcó tanto de los conceptos y métodos de la astrología tradicional como de las pautas de la ciencia oficial, y prefirió conformar su propia línea de investigación basada en análisis estadísticos.

Lo que Gauquelin se propuso como punto de partida fue tratar de asociar ciertos aspectos de la personalidad –sobre todo relacionados con la actividad profesional– con los datos procedentes de la astrología, concretamente con las fechas de nacimiento. Dicho de otro modo, buscaba la correlación entre la trayectoria vital de las personas y su carta natal astrológica, según las posiciones de los planetas, a fin de corroborar o no lo que la astrología llevaba afirmando durante siglos acerca de la “predisposición” hacia ciertas profesiones o conductas de los nacidos bajo cada uno de los signos del Zodíaco.

Para ello reunió, durante los años 50 y 60, una ingente cantidad de información sobre el momento exacto del nacimiento de personajes públicos internacionales (mayormente europeos) de reconocido éxito o prestigio en varios campos profesionales, incluyendo políticos, literatos, artistas, deportistas, militares, científicos, etc. Y pese a las dificultades de esta tarea, consiguió recopilar aproximadamente unas 16.000 fichas que contenían la hora del nacimiento del personaje en cuestión, dato esencial para poder estudiar con precisión las posiciones planetarias, ya fueran salidas, culminaciones o puestas. Aparte, para validar su metodología científica, Gauquelin recopiló otras 12.000 fichas de personas de la misma profesión que los elegidos pero que no habían salido del anonimato, que ejercerían de contraste o grupo de control[1]. Eso sí, a la hora de realizar sus cálculos no tomó al pie de la letra la astrología tradicional, y en vez de las doce casas astrológicas convencionales empleó un firmamento dividido en 18 sectores.

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El efecto Marte sobre los deportistas

Así, Michel Gauquelin estudió miles de datos referentes a nacimientos y biografías[2] y empezó a entrever que la posición de algunos planetas, y muy particularmente Marte, tenía una influencia innegable en el carácter y la trayectoria vital de las personas, inclinándolas hacia una determinada conducta o campo profesional. Así, Gauquelin defendió especialmente la existencia de un cierto “efecto Marte” que marcaría muy fuertemente a los atletas y a los deportistas en general, aunque también consiguió relacionar otros astros con otras profesiones. Concretamente, apreció fuertes correlaciones entre Júpiter y los actores, Saturno y los científicos, y la Luna con los escritores. Tales correspondencias venían a coincidir con los rasgos personales que la astrología había concedido desde antiguo a esos astros. Por ejemplo, Marte indica un carácter activo, entusiasta e impaciente (los deportistas), mientras que Saturno se asocia con el carácter reservado, metódico y organizado (los científicos). Cabe señalar que en todos estos casos sus rigurosos estudios estadísticos desestimaron la posible influencia del mero azar.

Pero las investigaciones de Gauquelin fueron más allá, confirmando de alguna manera lo que Kepler había enunciado cuatro siglos antes acerca de la influencia de los planetas a la hora de marcar el momento justo del parto, lo cual añadía una dimensión temporal específica al fenómeno, y que además estaba en relación directa con los progenitores de la persona en cuestión. Así, Michel Gauquelin sugirió que –más que afectar a la naturaleza del feto durante el embarazo– los planetas tenían una importancia decisiva en la temporalización exacta del parto, lo que vendría a ser lo que él llamó la “hipótesis de la comadrona”. Esta hipótesis no niega que el niño reciba de sus padres una herencia genética individualizada –que determina tantos rasgos físicos como psicológicos– pero apunta a que el feto puede ser objeto de una influencia externa física puntual en forma de estímulos o fluctuaciones magnéticas cósmicas que lo predispongan hacia ciertas actitudes o comportamientos.

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¿Influencias cósmicas de los planetas?

En este escenario se apreciaba un hecho que no pasaba por alto y es que, a partir de los datos obtenidos, se podía establecer una relación directa entre el nacimiento del niño y el de uno de sus progenitores (ya fuese el padre o la madre). De este modo, el niño tendía a nacer bajo la influencia de un determinado planeta si su padre o su madre habían nacido en ese mismo momento. A este respecto, el propio Gauquelin confirmó que él había nacido bajo la influencia de Júpiter en posición de culminación, casi al igual que su madre (Júpiter en ascenso). Ahora bien, en el caso de la influencia directa paterna, dicho dato podría indicar que es el propio niño –y no la madre– quien inicia realmente el parto[3]. Por otro lado, la observación de Gauquelin sobre la relación paterno-filial se veía reforzada por la constatación de que cuando el padre y la madre habían nacido bajo un mismo planeta, la posibilidad de que el niño naciera bajo esa misma influencia planetaria se duplicaba.

Y como dato significativo, cabe resaltar que los estudios estadísticos demostraron que estos hechos sólo se daban en los nacimientos naturales (“decididos por el niño”), pues en la casuística observada sobre niños nacidos por cesárea o bien adelantados por decisión médica la correlación anterior brillaba por su ausencia; es decir, no había afinidad astrológica, y de hecho las cartas astrales de los padres no se correspondían con las de sus hijos.

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Gráfica del efecto Marte según Gauquelin

Como era de esperar, casi todo el estamento académico se opuso a sus tesis, con lo que se crearon fuertes controversias acerca de la validez científica de sus conclusiones. Gauquelin quiso reivindicarse y en 1956 sometió sus hallazgos a un conocido comité belga para los estudios de lo paranormal, pero dicho comité –después de muchos años de discusión– rehusó dar credibilidad a sus datos. Más adelante, otros organismos de la ciencia (como el famoso CSICOP) rechazaron igualmente la investigación del científico francés, por considerar que en base a la información estadística no se podía probar ninguna influencia o correlación planetaria. Gauquelin, empero, tampoco contentó a la astrología tradicional, por cuanto su estudio rechazaba el papel de las casas o no validaba la influencia de todos los planetas y algunas estrellas. Con todo, algunos eruditos y académicos –como Eysenck, Müller, Ertel y Seymour– analizaron a fondo las propuestas de Gauquelin y mostraron que tenían un fundamento sólido en términos científicos, si bien tampoco ocultaron que existían algunas dudas o problemas que requerían estudios más profundos.

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Suitbert Ertel

De entre estos expertos, hay que citar obligadamente la exhaustiva labor de Suitbert Ertel, psicólogo y profesor de la Universidad de Göttingen (Alemania), que apoyó firmemente la coherencia y rigor del efecto Marte. En este empeño, Ertel se dedicó a revisar y refinar los datos aportados por Gauquelin y observó que dicho efecto quedaba todavía más marcado cuanto mayor era el nivel de éxito alcanzado por los deportistas, a los que clasificó en cinco niveles. Así, pudo comprobar que las superestrellas y las grandes estrellas del deporte alcanzaban altos porcentajes del efecto Marte, superiores a los de los deportistas de alto nivel. Estos porcentajes oscilaban entre el 32,2% (nivel 5) y el 24,4% (nivel 1), que en todo caso se sitúan por encima del 22,2%, que marca el umbral del posible efecto del mero azar. No obstante, Ertel identificó al menos tres grandes problemas en las propuestas de Michel Gauquelin:

  1. El problema de la ventaja biológica: A criterio de Ertel, no se aprecia ninguna ventaja adaptativa biológica por el hecho de que el nacimiento se active en un momento dado por acción de los planetas.
  2. El problema de los temperamentos planetarios: Se hace muy complicado relacionar cualidades simbólicas (color, brillo, velocidad, movimiento…) de los planetas con los posteriores rasgos de conducta de la persona. Ertel no ve de qué modo un feto puede percibir y asumir esas representaciones si carece completamente de procesos cognitivos de información.
  3. El problema de las fuerzas físicas: No hay pruebas empíricas de la influencia física, ya sea directa o indirecta, de lejanos planetas sobre la biosfera terrestre. Además, dichas fuerzas sólo aparecerían en determinadas regiones del planeta y durante momentos específicos (como el orto o la culminación), lo que no explicaría de manera satisfactoria el fenómeno.

Asimismo, es de destacar la opinión del científico inglés Percy Seymour, del prestigioso Observatorio de Greenwich, que quedó muy convencido por los descubrimientos de Gauquelin y que se atrevió a considerar que había diversos fundamentos científicos interrelacionados en la astrología, en que se combinaban elementos cósmicos, genéticos, neurológicos y electromagnéticos. Así, a su juicio:

“La astrología, según es practicada por la mayoría de los astrólogos, es una versión muy intrincada de unos cuantos principios científicos básicos. […] La sintonización de la antena que es nuestro sistema nervioso queda genéticamente determinada por la personalidad heredada y esta sintonización determina también el instante natal.”[4]

En fin, quien escribe estas líneas no es docto en la materia y se pierde en las sutilezas estadísticas, matemáticas y biológicas, con lo cual no me atrevo a emitir un dictamen argumentado sobre si Gauquelin tenía o no razón. Sólo a modo de conjetura me viene a la mente un vínculo con lo que propugnaban los antiguos iniciados en el hermetismo. Me refiero, obviamente, a la famosa y enigmática máxima de “Como es arriba (el firmamento), así es abajo (la Tierra)”. Es una visión muy sugerente, pero no me puedo pronunciar al respecto. En cualquier caso, creo que al menos es de justicia dar el mérito correspondiente a Michel Gauquelin por su enorme trabajo. Creo que dicho mérito está bien ganado por una serie de razones que paso a comentar brevemente.

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El clásico Zodíaco

En primer lugar, Gauquelin, partiendo de la admiración o fascinación por lo paranormal, quiso entender un fenómeno despreciado por la ciencia y aportar razonamientos y datos que pudieran explicarlo de modo científico, más allá de cualquier superstición o sesgo, lo cual no era tarea fácil ni agradecida, como hemos visto. En segundo lugar, siempre fue muy estricto en su enfoque y metodología, y no se saltó ningún criterio científico para tratar de demostrar a priori una determinada hipótesis. Su precisión y rigor en la recolección de datos y en la aplicación del método fueron la base imprescindible para que los que vinieron después pudieran extraer conclusiones más fundadas.  Y en tercer y último lugar, es de admirar el afán de persistir y no desfallecer en una investigación tan ardua y polémica durante 40 años, a pesar de las críticas y de la incomprensión de los dos bandos en liza. Quizá por eso, Gauquelin es un científico prácticamente desconocido para el gran público, que no tuvo honores ni reconocimientos, porque salirse de la ortodoxia académica suele tener un precio muy alto.

Y acabo. Un servidor de ustedes está a años-luz de genios como Michel Gauquelin, pero quisiera pensar que su ejemplo me empuja a seguir por la vía disidente a partir de una formación académica, tratando de estudiar la historia alternativa con espíritu crítico y al mismo tiempo abierto, a fin de dignificar esta materia en su justa medida. Me quedo pues con la visión de este gran sabio francés: rigor, método y sano escepticismo, pero también una mente abierta a todo lo inexplicable, a los misterios insondables y a todas las posibilidades que nos ofrece nuestro universo. Ojalá algún día Gauquelin sea justamente reivindicado y reconocido por su labor pionera en desentrañar los mecanismos ocultos del firmamento… si es que los hay.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] El grupo de control es usado en la investigación científica para eliminar sesgos y prejuicios en la medida de lo posible, al comparar sus resultados con los obtenidos en el grupo experimental, objeto principal de la investigación.

[2] Al final de su vida, Gauquelin llegó a compilar medio millón de fichas de nacimiento.

[3] Esta determinación vendría marcada biológicamente en el momento en que –bajo la influencia cósmica– el feto empezara a producir ciertas hormonas, lo que desencadenaría la labor de la madre.

[4] SEYMOUR, P. Astrology. The Evidence of Science. Arkana, London, 1990.

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9 respuestas a “¿La astrología reivindicada?

  1. Vaya… Te diré, por si no lo sabes, que a Un Técnico Preocupado, le había citado el fiscal o la fiscalía ( no sé si hay reuniones para eso) para el día 23 de este mes de junio ( es que el fiscal decidió saltarse la prescripción del supuesto delito de injurias y calumnias, que según la ley prescribe al año) a las doce y media ( como veo que la hora es importante) y me dijo que había una conjunción planetaria perfecta ese día ( y no sé si a esa hora), todos los planetas alineados ” en fila india” y estima, que como les da rabia que se de cuenta de ello, le han cambiado la fecha para el día 4. Puedes mirar, si quieres, el enlace del giro que están dando al caso bar España y mi vídeo. https://tecnicopreocupado.com/2019/05/18/no-permitan-que-maten-al-mensajero-por-favor/ y https://www.youtube.com/watch?v=RdKdvDDP-lo&t=10s PD: Creo que muy poca gente sabe la hora exacta de su nacimiento, y sí estaría interesante anotarla…

  2. El tema implica consideraciones mucho mas profundas de lo que a simple vista aparenta.
    Si es cierto que los astros determinan en gran medida,nuestra manera de ser y de actuar,de manera similar a como puede determinarlo la genetica,como digo,si esto es cierto,entonces tengo que asumir que no existe el libre albedrio y si esto tambien es cierto,entonces he de admitir que la responsabilidad de mis actos,no son consecuencia de un acto libre de mi voluntad y que solo depende de un modo de proceder de la naturaleza y la materia.
    Yo,si creo,que mi voluntad es libre,sin ningun tipo de imposicion o condicionamiento y que repercute sobre mis actos,de los que soy totalmente responsable.
    No veo porque unas galaxias y astros,situadas a miles de millones de kilometros, de
    nosotros,pueden tener algun tipo de influencia personal,si un camion que pase a dos calles de donde estoy,tiene mas influjo sobre mi,que cualquier sistema planetario.
    Asumiendo como verdad las teorias astrologicas,aun quedaria por determinar en que medida y capacidad interactua en nuestras vidas y que valores de influencia y determinacion,condiciona nuestros actos,lo que conduciria directamenta a que todo el conocimiento actual que tiene el ser humano sobre fisica,astrofisica,astronomia,
    metafisica,etc. tendria que replantearse de nuevo.
    Quiza,no sepamos muy bien,que es materia,y no comprendamos sus extrañas e incomprensibles maneras de actuar,ahi estan los fisicos cuanticos,totalmente pasmados y con la boca abierta,incapaces de comprender nada,por que en la propia definicion de la mecanica cuantica no tiene cabida el termino comprension.
    El debate sobre el tema de la astrologia,se las trae,no es simple,no.

    Gracias por su trabajo.Un saludo.

    1. Gracias Alarico

      Por supuesto, no es un debate ni un tema baladí; por eso lo he sacado a colación en un contexto científico serio. Existe una astrología “de feria” (como ocurre con el esoterismo) y una astrología más profunda. El tema del libre albedrío y los condicionantes -sean los que fueren- es en realidad algo que va mucho más allá de la astrología y que nos sitúa en el terreno de la conciencia. Claro que desde otras perspectivas nos pueden decir que nosotros escogemos una vida “antes” de nacer, lo cual me remite al reciente artículo sobre “el contrato” y sobre otros mundos que (supuestamente) se superponen sobre éste. Tal vez Gauquelin sólo rozó la superficie de un asunto muy complejo. En mi opinión, deberíamos abandonar el pensamiento estrictamente materialista para tratar de avanzar en la comprensión del fenómeno.

      Saludos,
      X.

      1. Hola maestro, con permiso:
        Hay gran error que se comete al tratar este tema desde la ignorancia o desde el cientifismo, y lleva a la imposibilidad de entenderlo. La astrología tiene una máxima: Los astros inclinan, no obligan.

        Pero no es que cuando nace uno, es influido por los astros que hay en ese momento, no, es al revés, Cuando los astros están en la posición adecuada que corresponde con la personalidad que hemos venido a interpretar, entonces nacemos.

        La astrología difícilmente se puede adaptar al método científico, pero aun así es una ciencia real, con reglas, leyes y fundamento.
        Por cierto, la influencia que ejercen los astros sobre la persona, no es gravitacional, como algunos pretenden cuando no son capaces de entender más allá de esto.

        Y sobre el libre albedrío… ¿no estamos influidos por nuestra educación, nuestra cultura, nuestro entorno, nuestra moral, nuestros propios temores…? ¿Somos libres y responsables de nuestros actos? (ja ja ja ja ja, miles de años de filosofía y teología al retrete en diez renglones)

        Un saludo.

      2. Hoy día se esta intentando fundir la psicología transpersonal y la propia astrología dado que la astrología pura, decae en los medievalismos, en los sexismos y en la estrechez de sus normas.

        Desde el enfoque científico nunca tendrá validez porque la ciencia es contractual al materialismo, aunque sea inaudito. Debería de haber primero otra revolución científica que lo permita.

        Gracias por el articulo lo recomendare a alguien que le gusta el tema.

  3. Estimado piedras,como creo que su comentario de alguna manera se refiere al mio,solo le pediria como un favor que me prestase ud.5000 euros,el dia que pactemos para devolverselos,se los negare apelando a que estoy predispuesto a no devolverselos,y no es culpa mia,estoy predestinado a estar dirigido por otro tipo de fuerzas que no controlo,le hablare de educacion,entorno y moral,pero no se los devolvere.
    ¡ Ya vera ud como por arte de magia,apela a mi responsabilidad !
    Por otro lado,no niego que fuera de la ciencia,no existan verdades,de hecho si existen,pero solo se denomina ciencia,aquello que es suscetible de demostracion empirica,todo lo que no se pueda demostrar no es ciencia,ni debe aceptarse como tal,
    sera otra cosa igual de respetable,pero no es ciencia en el contexto con el que hoy la aceptamos y es bueno no confundir ciencia con conocimiento.
    De todas formas, deberia replantearse seriamente quien tira al retrete miles de años de conocimiento en diez renglones,por su risa deduzco que lo puede hacer en cinco.

    Reciba ud. un cordial saludo.

    1. Gracias piedra y Alarico por los sendos comentarios

      Veamos, en este caso es obvio que no soy maestro y que sólo estoy presentando un enfoque científico que puede ser válido o no, pero carezco de los criterios para valorarlo a fondo. Eso sí, creo que al menos en el enfoque y los métodos, el empeño de Gauquelin obtuvo resultados y datos dignos de estudio. Otra cosa es que, una vez constatadas las coincidencias, podamos atribuir una causa “cósmica” al fenómeno. En este campo, pienso que la ciencia actual materialista-reduccionista se mueve en los parámetros de la astrofísica, y necesita pues “pruebas físicas”. Ya hemos visto las serias dudas de Ertel al respecto.

      Lo que sí quisiera puntualizar a Alarico es que tenemos un modelo o paradigma científico, pero formas de conocimiento puede haber muchas y pueden estar más allá del actual método científico y la comprobación de los hechos mediante la observación sensorial del mundo material. “Scientia” en latín y “Gnosis” en griego simplemente querían decir “conocimiento” y esa es la base de todo. El problema es el viejo debate de cómo conocer el universo y a nosotros mismos. Por ejemplo, la gnosis es contraria al conocimiento procedente del mundo material y las antiguas escrituras védicas también rechazaban la validez del mundo físico por ser una ilusión. Por tanto, no sé si la astrología puede enfocarse adecuadamente desde nuestro actual paradigma o debemos buscar otras maneras de explorar y conocer. Véase que para un chamán de la selva amazónica determinados logros de nuestra ciencia y tecnología le pueden parecer “magia”, mientras que para nosotros son “conocimiento”. En cambio, para nosotros muchas de sus experiencias pueden ser “mágicas”, y para él es simple “conocimiento” en otra dimensión.

      Aparte de esto, para rematar la cuestión, y según he podido comprobar, en muchos temas los científicos del sistema se saltan sus propias reglas y nos venden como verdades empíricas sus sesgos y dogmas (el evolucionismo, sin ir más lejos…). Por de pronto, a Gauquelin lo crucificaron acusándole de que no era “científico”.

      Saludos,
      X.

    2. Por arte de magia,, jeje, La magia es otra cosa, como la astrología. Y si dije y repito que es ciencia, digo y repito que no es una a la cual se le pueda aplicar el moderno método científico. Es ciencia en cuanto se sustenta en observaciones y experimentación y dispone de leyes.
      Todos estamos dirigidos por fuerzas que no controlamos, la astrología (entre otras) es un método para intentar entender y controlar esas fuerzas.

      Saludos.

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