¿Fake news? ¡Pero si todo es mentira!

USS_MaineLa verdad es lo de menos; la creencia es lo de más. Hace unos 150 años, cuando aún no había televisión ni radio ni Internet, la prensa norteamericana –apelando a la libertad y la democracia– inició una campaña en favor de los independentistas en la colonia española de Cuba, en una guerra que se había iniciado en 1868 entre los insurrectos y el gobierno de España. Dada la presión constante de dicha prensa, que incidía en las atrocidades cometidas por los españoles contra los patriotas cubanos, el ambiente anti-español en la sociedad americana se fue caldeando con el paso de los años. Finalmente, saltó a la primera plana de todos periódicos el hundimiento del buque de guerra USS Maine la noche del 15 de febrero de 1898, en el puerto de La Habana, con el resultado de 266 víctimas mortales. La prensa de EE UU apuntó directamente como responsable al gobierno español y, una vez indignada la sociedad estadounidense con el lema de “¡Recuerden el Maine!”, la administración del presidente McKinley ya dispuso de todo el apoyo popular para declarar un bloqueo contra Cuba el 21 de abril de ese año. En los siguientes días España y Estados Unidos se declararon la guerra mutuamente. Había estallado la famosa “Guerra de Cuba”.

Lo cierto es que jamás se pudo demostrar que el barco había sido minado por parte española. Actualmente se piensa que pudo ser un accidente o un auto-sabotaje, lo que también se denomina comúnmente una “bandera falsa”. Ninguna investigación resultó concluyente en su momento, pero cabe destacar que incluso los propios norteamericanos, en dos estudios datados en 1976 y 1998, se refirieron a una explosión interna –con el polvo de carbón como principal detonante– como posible causa del desastre. Y si esta versión no es más que una mera excusa o tapadera, nunca lo sabremos. En todo caso, poco importa ya, pues se desencadenó la guerra deseada, murieron miles de soldados, y finalmente Cuba pasó a estar bajo la órbita o influencia de los Estados Unidos. Una noticia verdadera, pero falsa o como mínimo tendenciosa en su fondo, fue aceptada como un hecho indiscutible y sirvió de base para una actuación bélica. ¿No les resulta esto familiar?

Ha pasado más de un siglo y desde entonces la presencia mediática se ha multiplicado de manera exponencial. Hoy en día asistimos en los medios de comunicación, y sobre todo en Internet, a la ingente acumulación de noticias e información de todo tipo que somos absolutamente incapaces de valorar, contrastar o siquiera digerir. Y en este océano de información desatada se ha puesto de moda recientemente el fenómeno de las llamadas fake news (“noticias falsas”), que a juicio de muchos daña la credibilidad e imagen de los políticos, de los personajes públicos, de los medios y de los periodistas. Ahora bien, a la hora de buscar responsabilidades no resulta fácil identificar quién crea y mueve estas historias, pues en nuestros modernos tiempos de redes sociales y comunicación inmediata mediante dispositivos electrónicos, cualquiera –desde un presidente a un don nadie– puede propagar un bulo y hacer que corra libremente por el ciberespacio. De este modo, en cuestión de minutos una información “que llama la atención” puede multiplicarse y difundirse infinitamente como un virus que invade el cuerpo de un huésped a toda velocidad (de ahí que se hable de fenómenos virales), aunque otros prefieren emplear la metáfora del fuego, sobre todo en temas polémicos, como si se expandiera a partir de una pequeña chispa. ¿Quién no ha oído aquello de que tal o cual personaje “ha incendiado” las redes?

fake_newsEl caso es que, en este maremágnum, en muchas ocasiones se hace casi imposible identificar la fuente original, contrastar los datos y averiguar qué hay de verdad o mentira en la noticia. Y tampoco sabemos si detrás de todo hay un desquiciado, un listillo, un intoxicador a sueldo… o una maniobra de altos vuelos bien orquestada. En lo que parece haber unanimidad es en la condena de estas fake news y por ello ya se están organizando iniciativas –básicamente en Internet– de cara a cribar y eliminar todos los contenidos dudosos o escandalosos o que de algún modo pongan en cuestión la versión de los medios oficiales y “serios”. Dicho de otro modo, Internet –el único espacio donde aún sobrevive cierta libertad de crítica y pensamiento– podría ser amordazado y controlado mediante un sistema de censura y supresión de contenidos peligrosos, disidentes o políticamente incorrectos con la excusa de que difunden información falsa o manipulada. Por supuesto, la clave en este asunto radicará en quién y cómo realiza tal labor y con qué criterios, y uno ya puede suponer que Internet dejará de ser un espacio común y abierto para convertirse en el espacio del Gran Hermano. De momento, por lo que hemos visto hasta ahora, la censura avanza a buen ritmo en las redes sociales –pero no para rebajar los niveles de vulgaridad, estupidez y odio– y en las plataformas habituales de Internet. En cuanto a los medios de comunicación… bueno, eso ya es otra historia.

Se mire como se mire, ya no es posible creer en la independencia y honestidad de los periodistas y de los medios de comunicación. Todos ellos conforman un intrincado engranaje pagado –a veces muy bien pagado– por el poder global, que desde hace décadas ostenta la propiedad y el control de periódicos, radios, cadenas de televisión, grupos de difusión, revistas, publicaciones digitales, agencias de noticias, etc. en todo el mundo. Así pues, aunque existen múltiples medios –­tanto públicos como privados– que se muestran como una gran variedad de opinión, en realidad toda la oferta obedece las consignas de unos pocos mastodontes mundiales de la comunicación que tienen unas políticas muy marcadas sobre lo que se debe o no se debe decir, y cómo. Por cierto, permítanme que les baje de la nube, por si alguien apela a la autonomía e imparcialidad de los medios públicos. No hay nada “público” en los estados, en ningún lugar del mundo. Los estados no son nuestros; antes bien, son estructuras o entidades privadas que controlan y depredan a los ciudadanos agrupándolos en naciones. El día en que lo asimilen y lo asuman se sentirán más aliviados.

television
¿Muchos canales para una sola visión del mundo?

Con todo, el hecho de disponer de diferentes cadenas o publicaciones puede crear la sensación de que hay libertad de pensamiento e incluso versiones enfrentadas sobre la realidad cotidiana. De este modo, resulta posible mantener la ilusión de que esa diversidad de medios es real y veraz, de tal manera que el ciudadano puede contrastar la información y extraer su propia opinión sobre el mundo que le rodea. En la práctica, lo único que hay es la típica división y trifulca del ámbito social y político, que obviamente es lo deseado por el máximo poder. Por consiguiente, estamos ante una misma visión del mundo con actores que hacen ver que se pelean, y a eso la gente lo llama libertad o pluralidad. Los pocos periodistas que no participan de este circo y realmente quieren ir más allá y ejercer un “yo acuso” firme y comprometido lo acaban pagando, más pronto o más tarde.

En efecto, todo lo que sale en los medios, y que es objeto de polémica o discusión, no deja de ser la oferta “oficial” –divinizada con el debido sello de rigor y profesionalidad– que tiene por objeto trasmitir una verdad unívoca. Así, los medios tienen la potestad de difundir auténticas creencias, en particular cuando las fuentes primarias de las noticias son percibidas como dignas del máximo crédito, como los gobiernos, las instituciones nacionales e internacionales, los estamentos científicos, las organizaciones no gubernamentales, etc. En tal caso, los periodistas actúan estrictamente en el papel de intermediarios o voceros, al trasmitir una realidad cotidiana que se supone que importa o afecta directamente al ciudadano. En general, podríamos decir que la gran mayoría de periodistas sólo son culpables de seguir los métodos y directrices que les imponen, y que ellos hacen suyas, limitándose pues a participar de un tráfico de información que ellos en realidad no controlan. Su tarea es pues la de reflejar fielmente el teatro que se ha puesto antes sus ojos y sus cámaras, y mientras sean profesionales en esa labor podrán hacer carrera. Eso sí, como en todas las empresas, quien paga manda.

Desde esta perspectiva, es insostenible considerar seriamente que hay “noticias falsas” y “noticias verdaderas”. Nuestro mundo es un gigantesco vertedero de fake news, porque desde las altas instancias no hay ninguna intención de contar la verdad última, sino de alimentar el inconsciente colectivo con las historias y mensajes adecuados. En otras palabras, se busca crear una realidad deseable para que sea asimilada por el público, lo que en el fondo no es más que una programación mental “para adultos” que funciona de modo similar a la programación escolar. Esto es, las noticias serían en sí mismas un teatro hiperreal que debe venderse cada día y a cada minuto como elemento de cohesión social y manipulación de masas. Así pues, el engaño, la mentira y la manipulación son necesarias para mantener la estructura de control, dominio y explotación. Si se supiera la verdad, todo se vendría abajo.

Lo que ocurre –para desgracia de los que mandan– es que siempre hay personas indeseables que quieren ir más allá de las consignas y desconfían de todo lo que viene de arriba, e incluso tienen el sano propósito de desmontar el pastel y averiguar qué hay detrás de la fachada mediática. Evidentemente, eso supone un riesgo, y por pequeño que sea –pues los críticos son una minoría– exige una respuesta por parte de quien tiene el monopolio de la información. En consecuencia, lo que se hace desde el poder para neutralizar las posibles fugas de información crítica es crear una enorme ceremonia de la confusión en la que se mezclan elementos verdaderos con otros falsos, sin que falten las contradicciones, los puntos oscuros, los desmentidos, etc. De esta forma tan simple se acaba desorientando a ese público escéptico o conspiranoico, que ya no sabe a qué atenerse.

Anonymous
¿Quién hay detrás de ciertos informadores supuestamente “anti-sistema”?

En este contexto, hasta la llamada prensa alternativa está en nómina (este es el viejo clásico de la oposición controlada) y muchos de los informadores o difusores de noticias “alternativas” son en realidad manipuladores o intoxicadores a sueldo de sus amos. Por supuesto, también hay difusores de buena fe que no están “en el ajo”, pero que pican el anzuelo y acaban trasmitiendo información falaz a la que han dado crédito con cierta inocencia o ingenuidad. Así, es bien posible que muchas de esas noticias a cargo de insiders, whistleblowers y compañía tengan que ponerse en cuarentena porque pueden ser igual de falsas o más que las informaciones oficiales de los medios. El resultado final es que cualquier fuente independiente de información –más o menos crítica– queda fuera de las grandes cadenas y medios oficiales y pierde toda credibilidad pública. Y entonces, una vez establecida la “legitimidad” de la información, toda la mentira se convierte en verdad y la verdad en mentira.

En resumidas cuentas, si uno repasa la prensa desde sus inicios en la Edad Contemporánea, podrá ver que el fenómeno de las fake news, en el sentido de falsear, tergiversar u ocultar la verdad, no es nada nuevo. Recuerden el Maine. Antes bien, ha sido el pan nuestro de cada día, en noticias relacionadas con la política, la economía, las guerras, los sucesos, la ciencia… Explicar la falsedad y la impostura con gran rigor y aplomo no cambia las cosas. Estamos hablando del fondo; no de la forma, que puede ser “impecable”. Ya no es cuestión de ser más o menos objetivo o subjetivo; se trata de que las claves del juego están completamente contaminadas desde su propio origen. Por consiguiente, el enfoque de estas fake news, tal como nos lo presentan, es totalmente erróneo. Al final, esta estrategia sólo trata de confundir, censurar y en última instancia imponer una verdad única “certificada”.

El caso es que, a estas alturas, podríamos llegar a la conclusión de que prácticamente todo lo que vemos en las noticias de la televisión, Internet, o los periódicos es un puro montaje –más o menos elaborado– en que todo está construido para ser expuesto al público con el fin de conseguir un impacto racional o emocional. Desde el enorme espectáculo digital y cinematográfico de los atentados del 11 de septiembre de 2001, con actuaciones teatrales de muchos implicados y un generoso despliegue de efectos (y golpes de efecto), hasta unas simples –y falsas– agresiones a determinadas personas, todo es una gran mascarada relatada “con gran profesionalidad”.

Así que… ¿fake news? ¡Pero si todo es mentira!

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

 

 

 

 

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5 respuestas a “¿Fake news? ¡Pero si todo es mentira!

  1. Todo es mentira y la peña no exige comprender ni profundizar. Sacan una noticia de que han detenido a alguien por consumir videos pedo-satanicos .- aunque solo con el *pedo* es satanico igualmente-. al que acusan de corrupcion de menores y pederastia y nadie se pregunta QUIEN hizo esos videos, donde, quienes son las victimas, si se las va a resarcir ,si se va a hacer justicia…. La noticia solo se centra en el degenerado consumidor de peliculas, punto pelota. Y los criminales a los que detienen VENDIENDO ese material, poca persecucion y poca condena reciben, amen de que NO SE INVESTIGAN sus videos, como ocurrio con Bernard Alapetite, uno de los nombrados por las supuestas victimas del caso Bar España y Daniel Fernandez Garcia * Dani el payaso*, un pederasta convicto de Castellon igualmente nombrado. Ahora de este caso, solo se limitan a decir que es un ciber-bulo de hace muchos años y ahi se acaba todo, cuando lo normal seria que nos contaran QUE ocurrio exactamente ya que ALGO tuvo que ocurrir, pues una historia de esas gigantescas dimensiones y relatos coincidentes no se inventa de la mas absoluta de las NADAS, me parece a mi, luego no es solo cuestion de que sea un bulo o una realidad y ya esta…..

    1. Gracias Ania

      Dejando a un lado el conocido caso que comentas, es evidente que existe una oscura realidad paralela o subyacente que jamás saldrá en los medios, y que tal vez sea la parte sumergida del iceberg. O sea, mientras que en la superficie se ve el tumulto y la saturación de información, por debajo hay una enorme masa de cosas que no deben ser conocidas por el público. Eso no sé si serían “fake news”, más bien las calificaría de “impossible news”. Pero el objetivo es claro: que la gente consuma el producto deseado (las noticias oficiales) y que los críticos se queden empantanados en la ceremonia de la confusión que ya he citado. En suma, todo el mundo distraido o desorientado.

      Saludos,
      X.

      1. * por debajo hay una enorme masa de cosas que no deben ser conocidas por el público. * Esa sensacion me da a mi tambien.

  2. En el fondo creo que la cuestion,me conduce a conclusiones expresadas en otros comentarios.
    Pienso que la denominacion de fake news o noticias falsas,es un modo de edulcorar el verdadero significado del hecho en si,que es la pura y simple mentira,es como denominar el aborto,que suena muy mal,como interrupcion voluntaria del embarazo,que suena mejor y es menos dramatico.
    La mentira nace con el hombre,siempre existio,lo que cambia actualmente,es la facilidad de difusion y propagacion de masas,cosa que antiguamente no sucedia.
    A mi me es indiferente que sea un periodista o un grupo de periodistas o millones de periodistas los que difunden y tergiversan falsos testimonios,el numero no cambia el hecho en si de mentir y me es indiferente que los financie pepito o que los adoctrine manolito,el conocimiento y sobre todo la intencionalidad,no los exime,por el contrario les agrava la deliberada transgresion de mentir.
    Todos alguna vez hemos caido en la primera impresion de una noticia falsa y la hemos mantenido,hasta que por un interes personal de conocimiento,la hemos descartado en nuestras conclusiones,esto nos suele pasar en temas en los que no tenemos un interes explicito de conocer y cuya verdad ultima,nos resultaba algo indiferente.
    Si alguien demuestra interes por conocer algo que estime relevante,tendra que indagar,compilar y filtrar diversa informacion,para aproximarse a lo que mas se parezca a la verdad.
    Personalmente creo que las mentiras son como semillas que se esparcen en el campo,con la finalidad de dar un fruto esperado,en ciertos receptores que podemos intentar agrupar y clasificar:
    Los sabios.- son inmunes a la mentira,solo fructifica por una decision personal de aceptarla,por motivos personales directos e indirectos,en cuyo caso la mentira se vuelve un arma peligrosa y dificil de detectar.
    Los ignorantes.- la mentira solo les afecta en la medida de su alcance cognitivo,si se les muestra relevancia y argumentacion,pueden perfectamente descartar la informacion falsa.
    Los idiotas y los tontos.- no tienen defensa ante la mentira,no la detectan y no pueden hacer nada por evitarla,son como son y no cambian,difunden la falsedad sin maldad explicita,su peligro no radica en la intencionalidad,si no,en la estupidez atribuida a su condicion.
    Los h-jos de p-ta.- este grupo es el mas peligroso y toxico de todos,conocen la mentira,la difunden con interes y a sabiendas del mal que generan,disfrutan haciendolo,tienen conocimiento de causa y no paran aunque se contrarresten sus falacias con argumentos solidos.
    La unica defensa posible ante este grupo,es el aislamiento total,de todo y de todos,aun asi,esta medida no garantiza proteccion total ante los casos mas recalcitrantes.
    Al final de todo queda la reflexion de que a nivel individual,se deberia de tratar de buscar un analisis profundo de conocimiento y elevacion espiritual,para eliminar las mentiras que se esculpen y se almacenan en el alma humana y tal y como lo veo,tomar esta decision,requiere poner en el centro de nuestras vidas a Cristo,cuanto mas nos apartamos de El,mas profunda es la huella de la maldad y el resultado lo estamos viendo dia a dia.
    Es importante no confundir a Cristo con el Papa,el Vaticano,los sacerdotes,los cilicios,las catedrales,los capirotes,las cruzadas y o la inquisicion.
    Esto puede que suene cursi,que no sea chik,ni guay ni cool,pero es lo que yo creo.

    Gracias por su trabajo. Un saludo.

    1. Apreciado Alarico,

      Gracias una vez más por su comentario. Sobre todo lo que comenta y reflexiona, me gustaría realizar algunas apostillas.

      1. Es cierto que la mentira es consustancial al ser humano y va desde el eufemismo y la mentira piadosa hasta la falsedad más rastrera. El problema es que los que dirigen el mundo, desde todas sus posiciones, están instalados sistemáticamente en el engaño y la manipulación, y eso es lo que se refleja en los medios.
      2. Sobre los periodistas, insisto en que muchos se dejan llevar por los cauces del sistema y no saben de verdad a qué están jugando. En todo caso, los que dirigen los medios sí tienen muy claro de qué va todo el tema y no es casualidad que en las reuniones Bilderberg no falten nunca los mandamases de los grandes grupos de comunicación.
      3. Sobre los receptores de mentiras, puedo aceptar más o menos su clasificación, pero el problema radica en que la gente sepa diferenciar entre verdad y mentira y sepa relativizar, analizar, contrastar y evaluar. Si los científcos, que teóricamente saben mucho de esto, ya se dejan engañar, se autoengañan o engañan a la sociedad, vemos cómo de fácil es que la mentira triunfe incluso entre la gente más capaz. En ese sentido, el sabio tiene la capacidad para detectar la mentira porque la mentira se mueve en una vibración que es capaz de engañar a la mente, pero no al espíritu.
      4. Comparto con ud. que la elevación espiritual nos puede sacar de este fango, y en ese sentido puede hacerse desde las creencias (ya sea en Cristo, Buda, etc.). Y en efecto, todo lo que cita no tiene que ver con Cristo. (Ya escribí hace mucho una entrada sobre la diferencia entre religión y espiritualidad).

      Saludos,
      X.

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