Libia: el color de la verdad

PUBLICDM ORIGINALS 31/05/2003 (P43)1933STALIN SLAVE LABOUR CAMPEn la película de 2002 “K-19” (basada en un hecho histórico real en torno a un submarino nuclear) tenía lugar un curioso diálogo entre los dos protagonistas, dos oficiales de la armada soviética de los años 60. Así, el capitán Polenin (Liam Neeson) le preguntaba a su superior, el también capitán Vostrikov (Harrison Ford), por su padre, una persona más o menos conocida en el ambiente militar. Polenin le decía: “Sobre su padre se cuentan dos historias. En una de ellas se le reconoce como un héroe de la revolución, y en la otra se dice que estuvo preso en el GULAG. ¿Cuál de las dos es cierta?” Y Vostrikov respondía con tristeza: “Ambas”.  La verdad, como vemos, no es unívoca; tiene matices, caras, colores, sesgos… y hasta puede ser aparentemente contradictoria. El caso es que hoy en día nos quieren convencer de todo lo contrario: que la verdad es plana y que la marcan los medios y las autoridades, al ofrecernos una visión “objetiva y veraz” de los hechos. De este modo, en este mundo parece que es necesario “pintar” en blanco y negro, dictar verdades prefijadas y poner las etiquetas o sambenitos que salvan o condenan según lo que interese en cada momento.

A este respecto, posiblemente muchos recuerden aquellos famosísimos versos del poeta español Ramón de Campoamor (1817-1901) que decían lo siguiente:

“Y es que en este mundo traidor / Nada es verdad ni mentira / Todo depende del color / Del cristal con que se mira”

Si incorporamos esta duda o incertidumbre a nuestro mundo real nos podemos encontrar con que prácticamente todo se podría discutir. Es, en cierto modo, la típica postura del escéptico que no cree que podamos tener un conocimiento verdadero y total de las cosas, por el problema de la propia naturaleza del conocimiento y de lo que llamamos “realidad”. E indudablemente –aunque aceptásemos que existe una realidad objetiva– siempre están los enfoques o sesgos (“el cristal con que se mira”), que pueden determinar la definición de una u otra verdad. Este concepto puede trasladarse perfectamente a cualquier aspecto de nuestra realidad cotidiana, y por supuesto también a la historia, e incluso a la historia más reciente, que casi podríamos calificar como de “actualidad”, en que la prensa ejerce un papel preponderante, pues es la que vende los discursos adecuados a la población con un pretendido aire de rigor y verismo.

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Los medios controlan al ciudadano

En este contexto, los análisis de la realidad –centrados en el mundo social, político y económico– pertenecen casi en exclusiva a los medios de comunicación, que inundan las mentes de millones de ciudadanos con una determinada visión de los hechos en que la supuesta objetividad brilla por su ausencia. Y por supuesto, no sólo es una cuestión de calidad, sino también de cantidad. Así pues, para que el mensaje cale debe repetirse constantemente, para que quede grabado y sin fisuras en el inconsciente colectivo, mientras que cualquier otro mensaje distractor (que podría contradecir al mensaje deseado) se oculta o se elimina. En suma, como ya he apuntado en alguna entrada anterior, hoy en día la realidad se construye y se distribuye masivamente de forma inmediata, pues en la sociedad moderna los canales de comunicación e información son omnipresentes y funcionan prácticamente en tiempo real.

Como ejemplo de esta realidad en dos colores, quisiera exponerles un caso que será de todos conocido y que ilustra a las claras cómo casi todos nosotros tenemos una imagen de la realidad determinada, construida en un color prefijado, y que cuando recibimos impresiones en otro color quedamos, cuando menos, desorientados. Así, voy a referirme a la vida y obra del coronel libio Muamar el-Gadafi[1] (1942-2011), que fue líder de su país durante varias décadas y que tuvo un final atroz como consecuencia de una cierta revolución interna a inicios de este siglo. Lo que voy a presentar seguidamente podría ser el retrato-tipo que se tiene en Occidente de este personaje, obviamente con todas las generalizaciones y simplificaciones impuestas por los medios de comunicación, pero que podría corresponder a lo que sabe un ciudadano medio “bien informado” sobre los asuntos políticos internacionales, a partir de las noticias de televisión y de la información que actualmente puede hallarse en Internet.

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Muamar el-Gadafi

Pues bien, según el estereotipo, Gadafi fue un militar que en los años 60 dio un golpe de estado en su país, Libia, derrocando al monarca legítimo (el rey Idris) e instaurando un régimen entre islamista y socialista, de corte claramente dictatorial y sin ningún atisbo de libertad ni de democracia. Gadafi estuvo en la cresta de la ola del llamado panarabismo o panislamismo, una corriente política que trataba de aunar voluntades en el mundo árabe en contra del estado de Israel y, por extensión, contra Occidente, como promotor y defensor de dicho estado. De este modo, Gadafi buscó complicidades con varias naciones árabes, sobre todo con Egipto, a fin de hacer un frente común para combatir el sionismo en Oriente Medio por todos los medios, incluyendo el recurso a la violencia y la guerra.

Con el tiempo, Gadafi se fue haciendo una figura cada vez más incómoda para Occidente, pues quiso mantener una política propia en la zona, oponerse al capitalismo y jugar con la fuerza de su petróleo, que era el arma que tenían los países árabes para desestabilizar la situación internacional. No obstante, Gadafi fue más allá y empezó a promover el terrorismo global y la agitación contra las potencias occidentales, lo que acabó con el turbio episodio de Lockerbie, un atentado aéreo en que murieron muchas personas inocentes. Además, quiso intervenir militar y políticamente en otros países –como el caso del Chad– para extender su poder e influencia en África. Ese fue un punto de inflexión, pues la comunidad internacional lo puso en su punto de mira y lo persiguió a través del aislamiento y las sanciones a su país, aparte de una campaña de desprestigio y acoso en la prensa. Incluso se tuvo que actuar militarmente contra su régimen para pararle los pies, mediante una acción de bombardeo (Trípoli, 1986) promovida por la administración Reagan, que causó unos 50 muertos.

Toda esa campaña internacional destapó lo peor de su régimen personalista y dictatorial, en el que se vulneraban sistemáticamente los derechos humanos. Gadafi adquirió una imagen de hombre déspota, arrogante e implacable y se le consideró una amenaza global. En esta coyuntura, Gadafi tuvo que aflojar sus desafíos y buscar un acercamiento a Occidente a finales del pasado siglo e inicios del actual. Ese apaciguamiento se produjo en cierta medida y Gadafi tuvo algún papel internacional, siendo recibido por varios líderes occidentales. Sin embargo, los hechos políticos se precipitaron con la llamada primavera árabe, que provocó fuertes convulsiones en Túnez y Egipto, donde cayeron los regímenes imperantes. Y como en una maniobra de pinza, Libia, que estaba en medio de ambos países, acabó alcanzada por la revolución y la guerra civil, con la participación de Occidente (representado por la OTAN), que atacó con sus aviones al régimen de Gadafi y apoyó a los insurrectos. El final de la historia lo recuerda todo el mundo porque es muy reciente. Los rebeldes derrumbaron la resistencia de los leales al régimen en 2011 y acabaron por localizar al propio Gadafi cuando trataba de huir, ejecutándolo sin contemplaciones. Eso sí, tras la guerra no hubo una verdadera paz, sino que el país quedó envuelto en luchas intestinas que prosiguen hasta la actualidad.

Este podría ser el escenario global que todos conocemos más o menos y que podemos ampliar buscando información sobre Gadafi, sobre todo en Internet, donde todavía se añaden más detalles a su siniestra personalidad. Aparte de dictador, se le tacha de corrupto y entregado al nepotismo, la megalomanía (con sus poses y manías) y a los excesos de todo tipo, por no citar las graves acusaciones de una conducta sexual agresiva y depravada. Para muchas personas en Occidente, Gadafi fue básicamente un criminal que no sólo oprimió y explotó a su pueblo, sino que se alió con quien fuese necesario para mantenerse en el poder (primero fue un títere del bloque comunista y luego se rindió ante las democracias occidentales). Y, por si fuera poco, fue un hombre que alentó la guerra en Oriente Medio contra Israel y propagó en todo el mundo el terrorismo anti-occidental, cuya última expresión en forma de yihadismo es harto conocida hoy en día.

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Libro Verde (edición alemana)

El caso es que hace un tiempo que me vengo interesando por el mundo árabe-islámico y me fijé en concreto en ese país casi desconocido que había pasado siglos instalado en la irrelevancia y la pobreza hasta que se convirtió en una colonia occidental. Entonces, buscando más allá de las fuentes habituales, fui a dar con una serie de informaciones y datos[2] sobre el mandato de Gadafi que, si bien no podemos considerar como ocultos o secretos, sí son bastante desconocidos para la mayor parte del público internacional. Tales informaciones cambiaron el color del cristal con que había valorado al régimen de Gadafi y me empujaron a leer el famoso Libro Verde escrito por el propio Gadafi en 1975, en el cual se resume la filosofía de su revolución para Libia. Tampoco éste es un documento top secret, pero me pregunto cuánta gente en Occidente lo ha leído para hacerse una idea de lo que representaba realmente el gobierno de Gadafi y su labor política, social y económica.

En fin, según estas nuevas informaciones, extraje una nueva visión de Libia –en color “verde”– y aunque sólo sea de forma breve querría exponerla ahora en sus elementos principales. Ahora bien, a modo de advertencia previa, admito que no he podido corroborar la veracidad de toda la información alternativa que he recogido; así pues, en el caso de que algún lector de este artículo posea un conocimiento de primera mano, completo y profundo sobre la Libia reciente le quedaría muy agradecido si me ayudara a refrendar lo expuesto, o bien a desmentir todo aquello que no se ajuste a la verdad.

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El rey Idris, monarca de Libia (años 50)

Pues bien, si nos situamos en la era pre-Gadafi, Libia acababa de salir del dominio colonial anglo-francés[3] en 1951, pero el recién creado régimen monárquico –supeditado a Arabia Saudita– iba aún a remolque de los intereses occidentales mientras el país seguía sumido en la pobreza, pues las nacientes explotaciones de gas y petróleo no redundaban en beneficios para el pueblo. De hecho, Libia era uno de los países más pobres de África y, por extensión, del mundo. La tasa de analfabetismo alcanzaba el 95% en una sociedad todavía arcaica, anclada en tradiciones religiosas y dominada por clanes y tribus. Sólo había 16 graduados universitarios en todo el país y apenas dos abogados. El resto de profesionales y técnicos eran de origen extranjero. Cuando Gadafi dio el golpe de estado instauró un Consejo de la Revolución y prometió revertir esta situación a través de una serie de propuestas y principios que luego se plasmaron en el citado Libro Verde.

Así, tras la aplicación de una política nacionalista e independiente durante unos 40 años, las cosas cambiaron de forma drástica. Gadafi nacionalizó las explotaciones petrolíferas y Libia aumentó exponencialmente su nivel de vida, hasta el punto de llegar a ser el país más rico de África e incluso ponerse por delante de grandes naciones como Arabia Saudita, Rusia y Brasil. Gadafi nacionalizó también el Banco Central, que pasó a ser del estado y no una propiedad del imperio Rothschild, propietario de los bancos centrales de prácticamente todo el mundo. De este modo, el estado libio emitía su propia moneda no sujeta a interés o deuda, y se negaba a cobrar sus exportaciones de petróleo en dólares (dinero ficticio nacido de la Reserva Federal de EE UU). Asimismo, no se aplicaban intereses a los préstamos realizados, sin importar la cantidad en cuestión[4]. Antes de morir, Gadafi tenía pensada la creación de una moneda soberana africana respaldada en oro. A este respecto, el presidente francés Sarkozy se pronunció diciendo que tal iniciativa era “una amenaza para las finanzas del mundo”.

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La moderna ciudad de Tripoli (imagen de 2009, antes de la guerra)

En cuanto a los resultados prácticos, la política social y económica de Gadafi se tradujo en un amplio programa de servicios al ciudadano, que incluía el blindaje efectivo de derechos básicos como la educación, la vivienda y la sanidad. Por ejemplo, la campaña de alfabetización alcanzó a más del 80% de la población y se garantizó la educación gratuita para toda la población. En lo social, organizó un eficaz sistema de seguridad social y se propuso superar la tradición islámica conservadora, implementando cambios legislativos para conseguir la dignificación e igualdad de la mujer en una sociedad básicamente patriarcal. Asimismo, Gadafi facilitó que los trabajadores participaran en las ganancias de las empresas estatales.

Por otra parte, se dictó como derecho fundamental el acceso al agua y, de hecho, el suministro de agua potable era gratuito. También se fijó como derecho inalienable el acceso a una vivienda digna para todos los ciudadanos. En este ámbito, Gadafi prometió construir viviendas para toda la población y aseguró a las parejas recién casadas el pago de una suma equivalente a 50.000 dólares para la compra de su casa. La sanidad era gratuita y de alta calidad para todo el mundo, y en caso de no poder prestar un servicio determinado en el propio país, se facilitaba la ayuda económica para obtener la prestación de dicho servicio en el extranjero. La esperanza media de vida pasó de los 57 a los 77 años durante el mandato de Gadafi.

Existían otras ventajas, como un precio muy bajo de los combustibles o la ayuda para comprar un coche, de hasta el 50%. La electricidad, asimismo, era gratuita para toda la población. En cuanto al sector agrícola y ganadero, se llevó a cabo una profunda reforma agraria, en la cual el estado proporcionaba gratuitamente a los productores una casa, tierras, animales, equipamiento y semillas para sacar adelante sus explotaciones.

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Protesta “popular” contra Gadafi en Dublín (Irlanda) en 2011

Frente a este escenario, la prensa occidental vendió la cruzada liberadora contra el déspota Gadafi y dio apoyo logístico, financiero y militar a los diversos movimientos opositores supuestamente “democráticos”. Así, de la noche a la mañana, esas fuerzas de patriotas –en realidad, mercenarios y terroristas– surgieron de la nada y pudieron hacerse con el poder con la ayuda prestada por la OTAN y sus bombardeos masivos sobre la población libia. Presuntamente, los objetivos atacados eran “estratégicos” (como en Irak, Afganistán, etc.), pero el resultado fue la destrucción de ciudades y pueblos y la masacre de unos 30.000 civiles, sumando dichos ataques aéreos y las acciones de los rebeldes. A todo esto, ¿estaba el pueblo esperando que la comunidad internacional les “liberase” del odiado dictador? Más bien resulta todo lo contrario, pues en una manifestación convocada en Trípoli el 1 de julio de 2011 para protestar contra los bombardeos de la OTAN, acudieron 1,7 millones de personas –la práctica totalidad de la población de la ciudad– que en conjunto era una cifra enorme, dado que el país sólo tiene 5 millones de habitantes. Finalmente, el régimen fue abatido por la presión externa y Gadafi fue brutal y vergonzosamente asesinado por los insurrectos, sin derecho siquiera a un juicio, como se hizo con Saddam Hussein[5].

¿Y qué ha pasado con Libia en la era post-Gadafi? La prensa internacional corrió un tupido velo después de 2011 y ahora apenas se habla de este país, pero los pocos informes que llegan son muy negativos. La memoria de Gadafi y de su Libro Verde ha sido borrada sin contemplaciones y se ha creado un nuevo Banco Central adscrito al emporio Rothschild. No hay un gobierno unificado, sino tres (dos en la capital y otro en Tobruk), que se disputan el poder. Así pues, prosigue la inestabilidad y la guerra civil, con la intromisión de grupos yihadistas que no existían en la época de Gadafi, todo lo cual ha producido un importante éxodo de refugiados. Entretanto, las exportaciones de petróleo han bajado en picado y el PIB (producto interior bruto) se ha desplomado, con una caída de hasta 200.000 millones de euros. Eso sí, Libia se ha convertido en un importante centro operativo para las oscuras mafias que trafican con los inmigrantes que son llevados a Europa en los barcos y pateras de los negreros.

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La Libia post-Gadafi: una caricatura siniestra del antiguo líder (Benghazi)

En cuanto a la reacción popular ante este panorama caótico, he extraído de una fuente de Internet[6] los siguientes comentarios de ciudadanos libios sobre la situación del país cuando se cumplían cinco años de la caída de Gadafi:

Faiza al Naas, una farmacéutica de Trípoli: “Nuestra vida era mejor bajo Gadafi.”

Naser Seklani, exdiputado, exiliado en Túnez: “Cinco años después comenzamos a preguntarnos quién hizo de verdad la revolución y sentimos que no fue una revolución libia, sino una decisión internacional, y eso nos crea una desazón tremenda.”

Mohamed Eljarh, analista del Centro Rafik Hariri para Medio Oriente: “Los libios están obligados a elegir entre dos extremos: el caos de las milicias y los extremistas islamistas, o un régimen militar.”

Karima Munir, una experta independiente libia: “Hará falta tiempo para que la crisis pueda reabsorberse porque los ingresos generados por estas exportaciones tardarán tiempo en poder cubrir de nuevo los considerables gastos públicos. La dependencia del petróleo ha afectado mucho a la economía y ha puesto a prueba las reservas.”

Dr. Mustafá Zaidi, Secretario General del Libyan Popular National Movement: “Creo que debido a la situación en Libia antes de 2011 era como el cielo, todo el mundo tenía acceso a la educación, teníamos salud gratuita, vivienda libre y dimos a la gente la posibilidad de ganar no menos de 500 dólares al mes, y de eso se beneficiaron todos los pobres de Libia. Más de un millón de personas se beneficiaron de este préstamo por parte del gobierno. El gobierno asignaba una parte de los ingresos del petróleo para los pobres. Hoy en día, la gente ni siquiera reciben sus salarios. Así que ahora la gente compara cómo eran las cosas antes con cómo son las cosas ahora y piensan que las políticas que tuvimos por más de 40 años fueron muy exitosas y entonces todo el mundo quiere volver a eso.”

Si ahora retornamos al principio de este documento, yo mismo podría preguntar a un hipotético capitán Vostrikov que tuviera cierto conocimiento del tema: ¿Y cuál de las dos historias sobre Gadafi es cierta? Y tal vez recibiera la misma respuesta: “Ambas”. O tal vez no. Personalmente, habiendo leído otras informaciones y echando mano de la intuición, creo que buena parte de la verdad en este trágico episodio de Gadafi y Libia sigue tras el negro telón de lo que yo llamo metahistoria, una maquinaria histórica fundada en oscuras manipulaciones y motivaciones que nunca aparecen en primer plano. Por todo ello, creo que es oportuno rescatar la premisa de Campoamor en el ámbito de la realidad histórica: este es, sin duda, un mundo traidor.

Sin embargo, no desearía concluir con un tono de pesimismo. Antes bien, quisiera creer que existe una verdad única en el fondo de todo, una verdad de luz donde están comprimidos todos los colores y que nos cuesta mucho alcanzar porque en nuestro mundo tendemos a ver esa realidad monocolor o de difusos colores mezclados. Quizá sería oportuno sacar a colación otra frase que me parece de gran calado, dicha por otro personaje histórico de no poca influencia y que también acabó asesinado cuando estaba en el poder: Mahatma Gandhi. Pues bien, Gandhi dijo: “La verdad sigue siendo la verdad, aunque la defienda una sola persona.”

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikiemdia Commons

Nota: Dado que el Libro Verde contiene información muy interesante para entender la Libia moderna, pero también para reflexionar sobre nuestra sociedad occidental, he considerado oportuno dedicarle un análisis específico más extenso en un próximo documento que publicaré en breve.


[1] El nombre completo de Gadafi era Mulazim Awwal Mu’ammar Muhammad Abu Monyar al-Qadhafi, y su grafía depende de los criterios diversos de transcripción del árabe. Para simplificar, he optado por una de las grafías más comunes y, por supuesto, en su forma más breve.

[2] Recomiendo particularmente los extensos trabajos del investigador francés Thierry Meyssan sobre Libia y otros muchos escenarios internacionales.

[3] Anteriormente Libia había sido colonia italiana durante décadas, pero perdió su dominio al ser derrotada en la guerra mundial.

[4] Cabe recordar que en el mundo árabe tradicional la usura está muy mal vista.

[5] Cabe resaltar que, tras el drama humano y la caída de Gadafi, algunos sacaron a relucir su bajeza moral y su cinismo, como el presidente Obama (el muy demócrata del “Sí, podemos”), que afirmó lo siguiente: “Mi peor error fue probablemente no planificar el día después de la intervención en Libia, cosa que creo que había que hacer”.

[6] Fuente: https://www.telesurtv.net/news/Libia-caos-y-pobreza-cinco-anos-despues-de-muerte-de-Gadafi-20161020-0001.html

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13 respuestas a “Libia: el color de la verdad

  1. Hola Xavi,

    Como siempre, gracias por la información. Al final uno se cuestiona si alguna de las cosas que han pasado es realmente como creemos que fue. Como dijiste en una entrada anterior: no es que haya fake news, todo es mentira.

    De todas las mentiras que se contaron sobre Siria (otro país mayoritariamente islámico en el que se vivía excepcionalmente bien hasta que estalló una revolución muy útil para los intereses de algunas élites), ya no me creo nada de la versión oficial, porque he tenido la ocasión de ver testimonios de los hechos, perfectamente creíbles, que desmienten la historia que nos ha llegado a través de los telediarios.

    Qué opinas de la situación en Venezuela? Trabajo en un centro de secundaria y este año he visto un aumento de alumnado procedente de allí.

    1. Gracias, amiga, por tu comentario

      Bueno, el caso de Siria es otro ejemplo muy similar al de Libia y que se inscribe en la “movida” generada por Occidente (o mejor dicho, el poder global) desde inicios de este siglo a fin de crear una situación de conflicto e inestabilidad perpetua en la zona, con muchas muertes de por medio, y como paso previo quizá para planes mayores. Pero como bien dices, no es que haya fake-news, es que todo es una farsa, como la reciente crisis EEUU-Irán por el tema de los petroleros. Ya no se preocupan demasiado en disimular; montan cualquier maniobra de baja estofa, te la meten por TV a todas horas y con eso ya pueden justificar una guerra o lo que sea. Creen que la población humana es estúpida, y tal vez tengan razón… pero cada vez menos.

      Sobre Venezuela, país creado por masones (como todas las independencias latinoamericanas), las cosas no han cambiado en 200 años. Todos son del mismo palo y se dedican a hacer el teatro -poder y oposición- que se les han encomendado. El pueblo es lo de menos, como siempre. Pienso que Maduro y Guaidó son títeres puestos ahí para llegar a una situación crítica que no sé cómo acabará, esperemos que no sea un baño de sangre.

      En fin, nuestro mundo está podrido hasta la médula, pero no de dióxido de carbono, sino de infamia, mentira, odio, explotación, manipulación… no sigo.

      Saludos,
      X.

  2. Interesantisimo articulo,cuyas atribuciones hechas a las politicas sociales de Gadafi,desconocia por completo.Tambien es cierto que nunca puse un interes especial en conocer la problematica Libia y mucho menos de Gadafi.
    En honor a la verdad,las pocas veces que vi a Gadafi a traves de los medios de television,por sus maneras de actuar y expresarse,me daba la impresion de estar contemplando a un hombre insano mentalmente,no me parecia muy cuerdo,opinion que deducia sin mas profundidad que la meramente visual.
    Supongo que de ser ciertas sus politicas sociales,estarian influenciadas y promovidas por un equipo de asesores o directivos del sistema,sin descartar que alguna idea en concreto pudiera tener un origen personal,no lo se,eso es lo que me imagino.
    Desde hace bastantes años,aplico una tabla matematica a la inversa,de la informacion recibida a traves de los medios,cuando dicen blanco,existe la probabilidad casi total,de que en realidad sea negro,esto como es logico,no es cierto siempre,pero si es cierto casi siempre.
    Con respecto a la divulgacion de informacion falsa y tergiversada,creo que se ha debatido muchas veces sobre su origen,su causa y sus consecuencias,considero mucho mas relevante,empezar a comprometerme con proponer,plantear y difundir soluciones,sometiendo cada propuesta a un analisis complejo de viabilidad,o de lo contrario ser complice consciente,de eludir el problema,o de connivencia con la degradacion sistematica a la que estamos sometidos.

    Gracias por su trabajo.Un saludo.

    1. Gracias por el comentario Alarico

      Bueno, esa reacción de cierta sorpresa también la tuve yo, y es que estamos acostumbrados a que nos muestren sólo una parte de la realidad, y posiblemente falseada. En efecto, Gadafi trasmitía esa imagen de déspota pagado de sí mismo, arrogante y desafiante a la vez. Pero si sus políticas internas fueron tal como las he descrito, se entiende la razón por la que muchísima gente lo apoyaba en su país.

      Lo que no puedo saber es hasta qué punto todo era decisión suya o estaba apoyado o asesorado por otros. Esto se puede aplicar a otros dictadores, pero en general a cualquier político en cualquier régimen. Tras mi estudio de la historia y del mundo reciente, creo que no hay ninguna independecia real en los dirigentes: todos obedecen a una casta que impone las políticas en todo el globo. A partir de ahí, si algún político se sale del guion que le han marcado (¿fue este el caso de Gadafi?), puede acabar muy mal, y la historia está llena de fracasos y tragedias. Por lo demás, hace bien en considerar que cuando los medios dicen “negro”, lo más posible es que sea “blanco”. No hay información, sólo lavado de cerebro.

      Saludos

  3. La Verdad depende.
    Ahi tienes a Arabia Saudita Bombardeando en una guerra ilegal y matando a miles en el Yemen, los occidentales vendiendoles armas y tapando el tema. Islam es Paz, si pero no para el Yemen…

  4. Hola maestro,
    (maestro es aquel capaz de enseñar)

    Yo leí el libro verde cuando aun no habían asesinado a Gadafi, y conocía algo de la historia de Libia desde hacía tiempo por haberme interesado por ella, tras ver una peli: El Leon del desierto, recomendad apara quien no la conozca, que habla de como Inglaterra ayudó a los guerrilleros Libios para expulsar a los Italianos…. y quedarse en su lugar, después de traicionarlos también a ellos, aunque eso no se cuenta en la película estadounidense.

    Añadir que Gadafi, además prometió que sus padres no tendrían una casa (vivan en una tienda de campaña) hasta que el último libio no tuviera casa y entregaba una parte de los beneficios de la venta del petroleo a cada ciudadano. Pues normal que lo quitasen de en medio. Y por supuesto, el ataque al avión que provocó el bombardeo de Tripoli, fue una falsa bandera, así pues un doble asesinato.

    Saludos.

    1. Apreciado piedra,

      Gracias por tu comentario. Ya ves, yo hacía años que había oído hablar del famoso libro y no lo leí hasta hace muy poco. En una próxima entrada lo comentaré para la gente que no lo conozca y tal vez se lleven alguna sorpresa; espero tu sabia opinión.

      Por lo demás, también había leído algo acerca de esa promesa sobre las viviendas que mencionas y no puedo asegurar si es rigurosamente cierta o no (en lo referido a sus padres). Asimismo, tras el bombardeo de Trípoli se dijo que había resultado muerta una hija pequeña de Gadafi, pero se dice también que fue una niña adoptada por Gadafi tras el bombardeo. ¿Dónde esta la verdad? A saber. En cuanto a lo de la falsa bandera, es el pan nuestro de cada día, y lo ha sido a través de toda la historia. Y los americanos son maestros en el tema.

      Saludos,
      X.

  5. ¿Donde esta la Verdad?, El Maestro Google que tanto enseña y no enseña, tiene innumerables links sobre Gadafi…
    Vanidad de Vanidades, Todo es Vanidad….

    1. Querido amigo

      La obviedad cae por su propio peso. Google no es fuente de verdad (ni la omnipresente Wikipedia). Es fuente de montones de datos que se manejan en la superficie, y gran parte de ellos pueden ser falsos o medio verdades. Ello por no hablar de todo lo realmente esencial que nunca aparecerá en Google.

      Saludos

  6. Hola Xavier. No se si has seguido la divulgacion de Leonor Massanet en su dia. Ella, entre otras cosas, contaba que su marido se quedo estupefacto cuando en uno de los viajes que hicieron juntos a Libia, vio que los policias NO LLEVABAN pistola. Eso me hace o me haria pensar que NO podria ser un pais POBRE como Venezuela. También contaba que había bastante inmigracion del Africa negra y si era asi, pobre no podía ser. Lastima no poder asegurarse al 100% de todo lo que se cuenta de positivo, pero si creo que hubo algo de guerra civil a tenor de una conferencia que le escuché al ministro libio Moussa Ibrahim, dirijiendose a toda la población, en un inglés lo suficientemente lento y claro para mi como para entenderlo. Esto puse yo en mi blog, relacionándolo con el tema del fascismo en Cataluña: http://vuelaave.blogspot.com/2017/09/bandera-verde-bandera-libia.html

    1. Gracias Ania

      Ya me he mirado tu artículo sobre Libia, muy revelador. La verdad es que ese panorma de una sociedad próspera y justa lo vi corroborado en gran parte en lo que pude encontrar en internet, incluyendo el testimonio de españoles que habían vivido en la Libia anterior a la guerra. Puedo creer en todos los claroscuros de Gadafi, que seguramente los tuvo, pero parece muy obvio que los poderes globales fueron a por él y pintaron el país mucho peor de lo que realmente era y ocultaron que la mayoría de la población estaba con él. Por lo demás, ya estamos acostumbrados a ver cómo se dinamitan países desde dentro (aparentemente) cuando en realidad todo viene de fuera (o de muy arriba, para ser exactos).

      Saludos

      1. El problema es que una ya duda, porque de las políticas neo-comunistas ( las llamo así porque los líderes negaban simpatizar con el comunismo) en Venezuela se han hablado maravillas y cuando la nación ha ido a la bancarrota el mismo soniquete de siempre * la culpa es de Estados Unidos* ( España nos roba ) si bien en el caso libio, la tranquilidad, la falta de armas de los policías ( en muchos casos al menos ) y la inmigración, me hacen pensar que muy mal no podían estar y si el gobierno del pueblo llamado * Yamahiriya* funcionaba bastante bien y si encima habia una autentica apertura comercial con el resto del mundo en los últimos años de Libia ( multinacionales con sus trabajadores ahi, productos, importaciones, exportaciones… ) pues… bueno… Está claro, eso sí, que si no hay comunismo salvaje ( por eso ahora recelo de las * nacionalizaciones* de empresas ) hay lo que creo que ha habido toda la vida, oligarquia, tambien llamado, o mal llamado * mercantilismo*, y monopolios, y la verdad es que en America llevan como mal endemico la miseria y no salen de ese bucle, pues si no es por una cosa es por otra, o sea, si no hay comunismo, al parecer hay oligarquia, y de una manera tan cruel, que por eso las masas se abrazan al comunismo pensando que va a revertir la situacion de oligarquia salvaje…. y de ese bucle, qué curioso NO SALEN, no llegan a parecerse algo a Suiza….. Qué curioso….

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