Una visión budista para abandonar la Matrix

matrix_neoEste 2019 se cumplen 20 años del estreno de la famosa película de culto The Matrix, de los hermanos (ahora hermanas) Wachowski. Como ya he expuesto en este blog varias veces, la película trascendió del mero entretenimiento de aventuras o ciencia-ficción para convertirse en objeto de revisión del clásico mito de la caverna de Platón, aparte de otras múltiples lecturas en clave iniciática o conspirativa. De hecho, en estos 20 años se ha escrito y polemizado hasta la saciedad sobre los mensajes explícitos y ocultos de la trilogía, pero casi siempre en relación a dos ejes: el cuestionamiento de eso que llamamos “realidad” y el sometimiento a un orden establecido por unas máquinas o seres superiores que controlan a los humanos dentro de esa ilusión o realidad ficticia. Estos planteamientos, por supuesto, nos llevan a otros escenarios bien conocidos de ciertas creencias o saberes, sobre todo el gnosticismo y el budismo, cuya presencia en Matrix ha sido reconocida por numerosos expertos.

Precisamente, como homenaje a estos 20 años de Matrix y para aportar un nuevo aspecto al tema, adjunto seguidamente un artículo ad hoc de Alejandro Martínez Gallardo, editor de la interesante página web pijama surf.  Este documento gira en torno a la particular visión que tenía el escritor norteamericano Philip K. Dick (1928-1982) sobre el concepto del mundo ilusorio y la forma de escapar de él. Cabe reseñar, para los que no lo conozcan, que Dick fue todo un referente del género de ciencia-ficción en la segunda mitad del siglo XX, y autor, entre otros éxitos, de la famosa novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, adaptada para el cine por Ridley Scott en otra película de culto, Blade Runner (1982).

Lo que quizá poca gente sabe es que Dick fue algo más que un creador de ficciones; fue conocedor del budismo y un auténtico iniciado gnóstico cristiano, como demostró particularmente en sus oscuros escritos The Exegesis y en su trilogía sobre VALIS[1]. Por ese motivo, he creído que esta conexión entre Dick y el discurso de fondo de Matrix era más que oportuna y acertada, sobre todo porque Dick, en cierto modo, fue un místico en busca de la verdad última frente a una realidad virtual absurda, lo que le hace situarse en paralelo al personaje central de Neo, el iniciado que busca respuestas y persigue la libertad. Al respecto, me queda poca duda de que los Wachowski se inspiraron bastante en la obra de Dick para conformar The Matrix.

Cómo salir de la Matrix… según Philip K. Dick

Philip K. Dick dijo en una conferencia en 1977:

“Vivimos en una realidad programada computacionalmente y la única pista que tenemos es cuando una variable es cambiada y una alteración en nuestra realidad ocurre.”

Sus ideas prefiguran indudablemente la noción desarrollada en la trilogía The Matrix. Una serie que, como ha notado el profesor Robert Thurman, tiene notables influencias budistas (la Matrix del budismo se llama samsara) y que ha producido la gran metáfora de nuestro tiempo para referirse a una sensación milenaria: la sospecha de que el mundo que experimentamos convencionalmente es una ilusión.

Dick
Philip K. Dick

En su laberíntica y obsesiva reflexión en torno a una serie de visiones místicas que ocurrieron el 2/3/1974, plasmadas en The Exegesis, curiosamente Dick, un gnóstico cristiano, da como posible escapatoria a este dédalo ilusorio que hoy llamamos La Matrix el camino del bodhisattva.

Dick cuenta sobre el protagonista de un texto que pensaba titular The Owl: Sólo escapa verdaderamente del laberinto cuando decide regresar voluntariamente (volverse a someter al poder del laberinto) para beneficiar a aquellos que siguen atrapados dentro de él.

Esto es, nunca puedes irte tu sólo, para salir debes de elegir llevar a los demás…

Ésta es la paradoja última del laberinto, la ingenuidad quinta-esencial de su construcción, que la única vía de salida es una vía de regreso voluntaria (al interior de su poder), que es lo que constituye el sendero del bodhisattva.

Dick refuerza esta misma idea:

“Si existe la felicidad, debe de surgir de voluntariamente entregar el propio ser en intercambio por participar conscientemente en el destino de la unidad total.”

En otras palabras, el héroe de la Matrix, el bodhisattva, el hacker, es aquel que descubre que la realidad más allá de la ilusión del programa o simulacro es una completa interdependencia entre todos los seres, lo cual es la semilla indestructible de la compasión.

La motivación de la compasión, de la renuncia y la entrega en favor de los demás es la sabiduría de que los otros son parte de mí; si el universo entero es la experiencia de un sólo cuerpo o mandala, entonces la compasión surge de manera tan espontánea como cuando uno quita los dedos del fuego (ese fuego es el samsara, es la Matrix).

En el budismo tántrico, la compasión constituye el insuperable método (upaya) para alcanzar la iluminación y despertar del sueño del samsara.

Este intersticio o glitch divino en la arquitectura de la Matrix o del laberinto (este hilo de Ariadna), que Dick descubre como la compasión, es justamente lo que unen al budismo y al cristianismo.

También en The Exegesis, Dick escribe:

“Cristo es Buda homologado como bodhisattava.”

El acto crístico es un acto de compasión pura: sacrificar su vida para salvar a los demás; coincide con el juramento del bodhisattva: dedicar incontables vidas a liberar a todos los seres, permanecer dentro del samsara hasta que todos los seres alcancen la liberación.

Siguiendo con esta incursión gnóstica en el budismo mahayana, Dick escribe que, “la cualidad más alta de la compasión es el único poder capaz de resolver el laberinto… La verdadera medida del hombre no es su inteligencia o su éxito en este sistema demente. No, la verdadera medida del hombre es esta: qué tan rápido puede responder a la necesidad de los demás y qué tanto de sí mismo puede dar.”

Aquí hay un claro eco bíblico, sólo quien es capaz de dar su vida (esta vida mundana, este polvo) podrá obtener la vida eterna, pero no será ya alguien, un individuo, sino será la divinidad misma…

La muerte de nuestra personalidad separada, de nuestro ego, es la semilla de la vida del espíritu. Pero esa vida del espíritu más que una fase nueva es la condición original que siempre ha existido, innata y por lo tanto inmortal.

Con esto llegamos también a otro de los conceptos esenciales de la teología de Philip K. Dick, el escritor de ciencia ficción que era en realidad uno de los grandes místicos del siglo XX.

Tomando de Platón, pero en comunión también con del camino tántrico del budismo vajrayana, Dick mantiene que el remedio para sanar esta condición de estar perdidos en el laberinto (en el samsara) es la anamnesis, la pérdida de la amnesia que nos caracteriza.

“Recordaste tus orígenes, y eran de más allá de las estrellas…”

buddha-1369081592xqn

En el budismo tántrico se asume la condición original, la noción de la pureza primordial, la naturaleza búdica inherente (o tathagatagarbha), como la realidad presente, así la base del sendero se vuelve indivisible del fruto (el proyecto de volverse budas se nutre de la visión de que ya somos budas). En otras palabras, se trae a mente, se recuerda (mindfulness, sati) la propia naturaleza búdica, la luz del origen (allende las estrellas y allende lo humano).

Asimismo, el hecho de que la salida del laberinto constituya precisamente permanecer en él desde la perspectiva de la compasión intuye ya una noción que no está del todo desarrollada en la visión de Dick (y que quizás entre en conflicto con el dualismo del gnosticismo cristiano), esto es, la no-dualidad.

En el sentido más profundo, cuando se ha realizado el cambio de perspectiva de la compasión y la integración de la totalidad en uno, el laberinto ya no es un laberinto (es un espacio sin límites), no hay separación entre afuera y adentro, el samsara es nirvana, pero, nos dicen las tradiciones místicas, es sólo entendido y experimentado por alguien que ha alcanzado un estado como el de un cristo, un bodhisattva, un tzadikim, etc.

En la película The Matrix – Revolutions, el clímax de la saga se produce con un enfrentamiento entre el Agente Smith y Neo.

Neo logra conquistar el último obstáculo, así reconociendo completamente su propia naturaleza búdica como “The One”, convirtiéndose antes en su enemigo, absorbiéndolo en él mismo a Smith. Al lograr esto, la Matrix estalla en la vacuidad que siempre fue, sólo vacío radiante.

Para el budismo mahayana la vacuidad necesariamente implica la compasión y viceversa (este extenderse de Neo en Smith es un reconocer la vacuidad de la identidad y una compasión, un sentir-con). Las cosas están vacías ya que no tienen existencia inherente, no existen desde su propio lado sino solamente en interdependencia con todas las otras cosas.

La compasión surge espontáneamente de reconocer esta interdependencia, incluso podríamos decir que la compasión es esa misma interdependencia: el acto reflejo que surge espontáneamente de saber que en cada cosa se reflejan todas las otras cosas (como en el caso del mítico collar de perlas de Indra, una de las más hermosas metáforas de la naturaleza del universo).

Dice Dick:

“Somos cosmocrators olvidadizos, atrapados en el universo de nuestra propia hechura.”

Es la ignorancia de que este mundo es generado por nuestra propia mente la que perpetúa el estado de sufrimiento, la que sigue reproduciendo un sueño. Sufrimos y sentimos dolor porque creemos que el sueño es real y que estamos separados de los otros, pero ese mismo sufrimiento es lo que nos motiva a actuar, descubrir la verdad y despertar.

“En un sentido muy real, el dolor que sentimos como criaturas vivientes es el dolor de despertar… la presión de este dolor nos motiva a buscar respuestas o, lo que es lo mismo, nos motiva a una mayor conciencia.”

Este es exactamente el entendimiento de la primera noble verdad del Buda…

© Alejandro Martínez Gallardo 2017

Fuente: https://pijamasurf.com/

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] VALIS (Vast Active Living Intelligent System: “Vasto sistema inteligente activo y viviente”) fue una entidad consciente o espíritu guía que según Dick le había acompañado a lo largo de su vida.

 


3 respuestas a “Una visión budista para abandonar la Matrix

  1. Luego….cuando nos referimos a las poderosas y ocultas fuerzas que rigen el mundo….no somos mas que nosotros mismos? Gran articulo! Un abrazo.

    1. Gracias Ismael

      El mérito es del autor, que está más versado en gnosis y budismo que un servidor. Creo que todas sus reflexiones son muy acertadas y yo las comparto de uno u otro modo. Lo que propones sobre los poderosos es la esencia de la no-dualidad. No hay enemigo “externo”, el enemigo somos nosotros mismos, pero desde la perspectiva de la mente Neo y Smith deben luchar hasta el fin, hasta que se dan cuenta de que uno no puede existir sin el otro porque son el mismo ser, la misma y única conciencia.

      Pero hay que vencer la amnesia y recordar quiénes somos de verdad, esto lo plantea la frase de Dick: “somos cosmocrátors olvidadizos”. Creemos que el sueño es real y entretanto estamos alejados de nuestra fuente… El sueño de Dios está ahí siempre presente. Claro que cuando el sueño es pesadilla, uno prefiere despertar y volver a casa. En suma, la matrix puede ser un campo de concentración o una escuela; cada uno debe tomar su propia decisión.

      Saludos,
      X.

  2. No hay forma de salir de Maya.
    !Qué risa!.
    Ese Señor es buen intencionado, pero no lo ha “visto” bien..
    Pero, animar, anima mucho…..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s