¿Qué pasa con Marte? (I)

Introducción

solar_systemHace ahora tres años publiqué en este blog una entrada sobre las múltiples rarezas, peculiaridades o anomalías de nuestro satélite, la Luna, que habían dejado perplejo a más de un científico a lo largo de décadas y siglos de investigación. Y es que la astronomía, aunque es una ciencia milenaria, todavía tiene que responder a muchas preguntas sobre el origen y desarrollo de nuestro propio Sistema Solar, y del universo en general. Recordemos al respecto que, en muchos casos, aún se trabaja con teorías y especulaciones (por ejemplo, el famoso Big Bang) a partir de los datos recabados, y no con hechos comprobados fehacientemente.

Y sí, es cierto que se ha avanzado mucho en el último siglo gracias a la moderna tecnología y a la exploración espacial, pero aun así el conocimiento que tenemos de los planetas de nuestro entorno sigue siendo relativamente incompleto. Tanto es así que a mediados del siglo pasado todavía se generó una enorme polémica científica a causa de los postulados de Immanuel Velikovsky acerca del origen de Venus, cuando este médico metido a astrónomo propuso una grave herejía al afirmar que las irregularidades de Venus se debían a que en realidad era un antiguo cometa eyectado de Júpiter y capturado en órbita estable por el Sol, y –lo que es peor– se atrevió a argumentar todo esto echando mano de la mitología y las narraciones de varios pueblos antiguos. Para los interesados en conocer en detalle este tema, les remito al artículo que escribí sobre Velikovsky en mi otro blog.

Ahora bien, a diferencia de Venus, parecería que nuestro viejo hermano Marte es mucho menos polémico, y que ya ha desvelado casi todos sus secretos gracias a las diversas misiones de sondas no tripuladas que han registrado y enviado datos desde la órbita del planeta e incluso desde la misma superficie. Sin embargo, tal vez Marte encierre muchas sorpresas e incógnitas que en gran parte han sido propuestas desde posiciones alternativas (…y luego negadas o discutidas desde los estamentos oficiales). Vamos pues a adentrarnos en esta cuestión –aunque sea de forma resumida– para descubrir que existe todo un mundo de anomalías y controversias científicas con respecto a Marte, y que se remontan a la propia observación del planeta desde hace siglos.

Conocimiento y exploración de Marte

Para empezar y situarnos en contexto, es preciso hacer antes una breve exposición con los datos científicos básicos sobre este planeta.

  • Marte es el último de los planetas “terrestres” y está situado a una distancia media de unos 78 millones de Km. de la Tierra y unos 227,8 millones de Km. del Sol.
  • Su diámetro es de sólo 6.786 Km., más o menos la mitad que el de la Tierra. Su gravedad es aproximadamente un tercio de la terrestre.
  • Posee una leve atmósfera de dióxido de carbono y trazas de vapor de agua. Su relieve está formado por planicies, mesetas, cráteres y depresiones, y la composición del suelo es básicamente de silicio y hierro.
  • Tarda 687 días terrestres en completar su órbita alrededor del Sol (su movimiento de traslación o año), mientras que posee un movimiento de rotación directo[1] de duración casi idéntica a la de la Tierra, con un día de 24 horas y 37 minutos.
  • El eje polar del planeta está inclinado en unos 25º con respecto al plano de la órbita, lo que también lo hace muy semejante a la Tierra (con poco más de 23º).
  • Por su distancia al Sol, recibe bastante menos energía solar que la Tierra y por ello es un planeta muy frío, con temperaturas habituales bajo los cero grados en casi todo el planeta, oscilando entre un mínimo de 160º bajo cero en los polos y un máximo en el ecuador de hasta los 30º.
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Vista general de Marte, con el Vallis marineris en el centro

En cuanto al conocimiento histórico de Marte, es obvio que fue siempre uno de los astros más significativos para el ser humano, pues desde la prehistoria ya destacaba en el firmamento a causa de su característico tono rojizo. Tal vez por ello, las antiguas civilizaciones lo asociaron al fuego y la sangre y –por extensión simbólica– a la virilidad, la violencia y la guerra. Así, fue conocido como dios de la guerra con diversos nombres: Nirgal por los babilonios, Ares por los griegos y Marte por los romanos. Esta herencia bélica la tenemos plasmada en el símbolo astrológico de Marte, que es un escudo y una lanza.

El estudio propiamente científico no arrancó hasta la invención del telescopio y no fue hasta el siglo XVII en que el astrónomo holandés Huygens realizó el primer mapa de la superficie marciana. Estos mapas fueron mejorando con el avance de la astronomía, hasta que a mediados del siglo XIX ya eran bastante representativos. Finalmente, en 1877 Asaph Hall descubrió los dos diminutos satélites del planeta –casi unos “pedruscos” cósmicos– y los bautizó con los nombres de los dos hijos del dios Marte, Fobos y Deimos (Miedo y Terror), según la mitología griega. En época más moderna destacaron los trabajos –no exentos de controversia como luego veremos– de Schiaparelli y Lowell, pero hubo que esperar hasta 1962 para que Marte fuera objeto de la exploración espacial de los EE UU y de la URSS mediante sondas no tripuladas (Mariner y Mars). El siguiente paso fue el envío de pequeñas naves con módulos de aterrizaje y en algunos casos con robots autónomos para el estudio activo de la superficie y la búsqueda de trazas de vida. Estas misiones se remontan a las Viking 1 y 2 (1976) y siguieron con las Mars Observer, Mars Pathfinder y Mars Global Surveyor a finales del siglo pasado, hasta llegar a los más sofisticados artefactos enviados ya durante este siglo XXI.

Miedo y Terror

Las sorpresas sobre Marte se desencadenaron ya desde el mismo momento en que se inició la investigación científica en la Edad Moderna. A este respecto, me ha llamado mucho la atención el caso de los satélites Fobos y Deimos, que –como acabamos de citar– fueron descubiertos oficialmente en 1877, casi en un “golpe de suerte”, debido especialmente a su escasa dimensión (25 y 13 Km. de diámetro, respectivamente). Sin embargo, resulta que estos dos pequeños astros ya habían sido intuidos mucho antes de la intervención de Hall. Así, Johannes Kepler creyó haberlos identificado en 1610. Más adelante, otros astrónomos como Schyrl o Kindermann también afirmaron haber visto al menos una luna de Marte, si bien la ciencia oficial considera que se trató de simples errores. Con todo, lo realmente asombroso es que en 1726 el escritor británico Jonathan Swift ponía por escrito en sus famosos Viajes de Gulliver las siguientes palabras, en referencia a los astrónomos del imaginario país de Laputa (que, curiosamente, era una especie de isla volante circular):

“… han descubierto de esta suerte dos estrellas menores o satélites que giran en torno a Marte, de las cuales, la más interior dista al centro del planeta primario tres veces su diámetro, y cinco la más exterior. La primera gira en el espacio de diez horas y la otra en veintiuna y media.”

Jonathan_swift
Jonathan Swift

Como está demostrado actualmente, los datos que citó Swift sobre las distancias son bastantes precisos sin llegar al detalle, y resultan muy aproximados en los tiempos (unas 7 y 30 horas respectivamente). Por lo tanto, nos deberíamos preguntar si es lícito hablar en este caso de una mera ficción o una intuición. Creer en las felices coincidencias parece aquí demasiado forzado, y más bien todo indica que el escritor inglés tenía conocimiento positivo de la existencia de Fobos y Deimos y de las características de sus órbitas alrededor de Marte. La gran pregunta sería ahora: ¿De dónde extrajo Swift tal información, que en teoría no estuvo disponible hasta finales del siglo XIX? Hasta la fecha, nadie ha podido responder a tal cuestión.

El caso es que estos dos satélites han despertado la curiosidad científica por sus movimientos, que resultan excepcionales en el Sistema Solar. Deimos prácticamente gira en torno a Marte en un tiempo muy similar a la rotación del planeta, lo que le hace parecer “casi parado” en el cielo marciano, mientras que el veloz Fobos da más de tres vueltas a Marte en un solo día marciano, circunstancia que confundió seriamente a Asaph Hall, que en un primer momento no supo si se trataba de un solo cuerpo o de varios. No hay ningún paralelo de este fenómeno en nuestro sistema, si dejamos a un lado las ya conocidas “anomalías” de la Luna.

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Fobos: imagen obtenida por la Mars Reconnaissance Orbiter

En fin, a partir del diminuto tamaño de estas dos lunas, su inusual proximidad al planeta y sus peculiares movimientos, en 1959 el científico ruso I. S. Shklovski –que coescribió un libro con Carl Sagan– se atrevió a proponer que Fobos y Deimos eran en realidad satélites artificiales puestos en órbita por una desconocida civilización marciana hace nada menos que dos o tres mil millones de años. Además, Shklovski añadía que Fobos tiene un comportamiento muy similar a nuestros satélites artificiales, pues se sabe que está perdiendo altura y acelerando su velocidad de tal modo que acabará por caer en el planeta en unos millones de años. En cuanto a su densidad, que se ha estimado como muy baja, impulsaría a pensar de que se trata de un objeto hueco, lo que no cuadra con un cuerpo celeste. Curiosa teoría, en verdad, que viene a coincidir con lo que decían otros científicos rusos acerca de la Luna, a la que calificaban de gigantesca nave espacial abandonada y luego capturada por la Tierra, como ya expuse en su momento.

Y aunque todo esto parezca una historia de ciencia-ficción, todavía en tiempos muy recientes, algunos científicos –­sobre todo rusos– siguen creyendo en la artificialidad de Fobos. Y para acabar de crear más confusión y misterio en torno a él, cabe reseñar que el astronauta estadounidense Buzz Aldrin afirmó en 2009 que sería interesante visitar Fobos pues en dicho satélite “en forma de patata” existía un monolito –muy similar al que se ve en la película 2001: una odisea del espacio– sobre la superficie, el cual había sido fotografiado aunque no con mucha nitidez[2]. Precisamente, en 2011 los rusos prepararon una sonda específica para estudiar Fobos, la Fobos-Grunt, con la intención de que aterrizase allí y tomase muestras del suelo para su posterior análisis a la vuelta, prevista para 2014. Sin embargo, el artefacto ruso no cumplió la misión, pues después de ser lanzado quedó atrapado en la órbita terrestre y acabó por estrellarse en el océano Pacífico. Asimismo, otras misiones rusas a Marte, en la anterior era soviética, también fracasaron en su propósito de llegar a Fobos, debido a diversos fallos técnicos. Ahí lo dejamos, admitiendo que sobre todo este asunto se han vertido numerosas sospechas de conspiración y sabotaje.

Los polémicos canales de Marte

Giovanni_Schiaparelli_1890s
Giovanni Schiaparelli

Ya metidos en la especulación sobre la vida inteligente en Marte, es obligado dar unos pasos atrás y referirnos al astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli que, en sus observaciones entre 1877 y 1886, lanzó a la palestra el tema de los famosos canales de Marte. En realidad, lo que vio Schiaparelli a través del telescopio fue poco más de cien largas líneas o surcos rectilíneos sobre la superficie marciana y que a su juicio podían ser unas vías naturales de agua (canali, en italiano); en ningún momento llegó a afirmar tajantemente que se tratase de obras artificiales. Sin embargo, al traducirse (mal) al inglés el término “canali”[3], la comunidad científica quedó sorprendida por el descubrimiento de unas supuestas canalizaciones de grandes dimensiones emprendidas por una no menos supuesta civilización marciana.

El testigo de estas observaciones lo retomó años más tarde el astrónomo norteamericano Percival Lowell, que llegó a construir su propio observatorio en Flagstaff (Arizona), con un telescopio bastante más potente que el de Schiaparelli, para escudriñar el planeta rojo al máximo detalle posible. Lowell estaba muy influido por la idea de los canales y se dedicó a investigarlos y a buscar las pruebas de que había vida en Marte, y en particular una vida inteligente muy avanzada, como también había sugerido el escritor francés Flammarion en esa misma época. Así, entre 1895 y 1908 publicó tres libros que tenían como hipótesis principal que los marcianos habían construido laboriosamente una gigantesca red de canalizaciones para llevar el agua que se fundía en los casquetes polares a la zona ecuatorial del planeta, a fin de que la vegetación y los cultivos prosperasen.

Lo cierto es que Lowell fue muy minucioso en el estudio de estos canales marcianos, que pudo fotografiar por primera vez en 1907. Tras años de trabajo, para 1915 ya había detectado cerca de 700. En su opinión se trataba de una vasta obra de ingeniería, pues estos canales de irrigación trascurrían –a veces en paralelo– en un curso bastante rectilíneo (con longitudes de cerca de 5.000 kilómetros y una anchura máxima de hasta 40 kilómetros) y estaban entrecruzados o conectados de forma geométrica, con lo cual de difícil modo se podía hablar de un fenómeno natural. Asimismo, observó unas zonas manchadas en las intersecciones de los canales, que a su juicio debían ser unos “oasis” de vegetación. Estas evidencias le permitieron al fin confirmar categóricamente su teoría: “Marte está habitado y tenemos las pruebas definitivas”.

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Observatorio Lowell, en Flasgstaff, Arizona (EE UU)

Estas afirmaciones causaron asombro entre muchos científicos, pero también fueron tomadas con escepticismo y cautela. No sucedió lo mismo en la cultura popular, pues la creencia en los marcianos como seres humanoides inteligentes triunfó en pocos años. Así, desde el esoterismo de Madame Blavatsky a la literatura de ciencia-ficción, se dio pábulo a la existencia de una raza de marcianos, cuyas intenciones no siempre serían amistosas. Basta recordar las ficciones de E. R. Burroughs y sobre todo de H. G. Wells, con su famosa obra La guerra de los mundos, según la cual los marcianos nos venían espiando desde hacía muchos años y tenían previsto invadirnos. Y como ya sabemos, el imaginario fantástico fue creciendo en torno a esas figuras extraterrestres hasta el punto de que mucha gente creyó la dramatización radiofónica creada en 1938 por el cineasta Orson Welles, con el resultado de que millones de personas en EE UU entraron en un estado de pánico ante la invasión marciana. Y téngase en cuenta que esta elaborada farsa se hizo con los rudimentarios efectos sonoros de esa época; hoy en día, con toda la tecnología de la imagen y la realidad virtual, la gente podría creerse cualquier cosa sin dificultad…

Lowell falleció en 1916, pero los estudios de Marte prosiguieron a buen ritmo y el tema de las presuntas anomalías –canales incluidos– se mantuvo vivo durante décadas. El sucesor de Lowell en Flagstaff, Earl C. Slipher, siguió tomando fotografías de Marte, desplazándose a mejores zonas de observación (en particular, Sudáfrica). El resultado fue que los canales seguían apareciendo, tal y como apreciaron también otros colegas suyos hasta los años 50. Como dato curioso, es oportuno destacar que en fotografías tomadas en 1938 por los astrónomos de Flagstaff se apreciaron algunos cambios significativos en la estructura de los canales, lo que aportó más argumentos para defender su artificialidad.

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Atlas de los canales de Marte, según los describió Schiaparelli (1888)

Aparte, más allá de los canales, otros científicos observaron varios fenómenos un tanto desconcertantes. Por ejemplo, las fotografías tomadas con luz ultravioleta en 1926 mostraron que Marte tendría una atmósfera bastante densa y de cierta extensión, no muy distinta a la de la Tierra, lo que empujaba a pensar que las temperaturas serían más semejantes a las terrestres y que la gravedad marciana sería bastante superior a lo estimado hasta entonces, pues sólo así el planeta tendría capacidad para retener tal atmósfera. Por otro lado, astrónomos japoneses documentaron en 1937 –y luego en 1949– un resplandor muy brillante sobre la superficie que no podía ser debido a la actividad volcánica. Al parecer, otras luces, destellos o brillos fueron vistos en diversos momentos y no se les pudo dar una explicación, algo similar a lo que se ha registrado en el caso de la Luna.

Tampoco faltaron otras rarezas como la captación de señales de radio procedentes de Marte[4] en los años 20 y 30, la detección de un objeto parecido a una nube en forma de “W” en 1954 que se mantuvo inmóvil durante más de un mes (algo insólito para una nube) o la observación de una especie de enorme convulsión o cataclismo en 1957, que creó grandes nubes amarillas que oscurecieron parte del planeta durante varias semanas. En este último caso, incluso se llegó a sugerir que el fenómeno tenía similitudes con una explosión atómica, pues todo había ocurrido de manera súbita y extraordinariamente violenta. Además, unos años antes, un astrónomo alemán había apreciado en la zona tropical marciana una nube blanca en forma de hongo que se extendió unos 500 kilómetros, hasta deshacerse al cabo de una semana. Fuese lo que fuese, lo cierto es que jamás se había visto nada igual anteriormente en los varios siglos de observación de Marte.

Telescopios contra sondas

Una vez expuesto este panorama, vale la pena retomar por última vez el controvertido asunto de los canales, pues aquí ya entran en juego consideraciones que desbordan la pura discusión científica y que más bien se adentran en el conspiracionismo, que no ha hecho más que crecer de forma exponencial en las últimas décadas, como veremos en su momento.

Como ya se ha dicho, Marte seguía siendo investigado con interés a mediados del siglo XX, y precisamente entre 1954 y 1956 se aprovechó su periodo de oposición a la Tierra –la máxima cercanía entre sus órbitas– para desarrollar un ambicioso proyecto de observación y registro fotográfico a gran escala coordinado por un Mars Committee (“Comité Marte”) de carácter internacional. Así, los más reputados astrónomos y expertos en Marte de 17 países, liderados por el citado E. C. Slipher (la mayor autoridad sobre Marte en su época), formaron una “Patrulla Marte”, cuya labor durante unos cinco meses se plasmó en la toma de unas 20.000 fotografías desde los mejores observatorios de todos los rincones de la Tierra. Esta amplia documentación confirmó los dos extremos propuestos por Lowell: que habían grandes canales –perfectamente rectos– en la superficie y que había vegetación alrededor de éstos y en las zonas de confluencia (los “oasis”).

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Descripción de los canales de Marte, según la investigación de los años 50

Cabe señalar que todo este trabajo se hizo con la tecnología más avanzada, que incluía cámaras electrónicas que podían ampliar tenues marcas superficiales y que, gracias a su velocidad de exposición, evitaban las imágenes borrosas producidas por la turbulencia atmosférica. Con estos medios, en sólo una semana se pudieron fotografiar claramente hasta 40 canales y 15 oasis. A partir de este punto, estaba prevista la difusión mundial de estos notables descubrimientos, que sugerían fuertemente la posibilidad de que hubiera vida inteligente en Marte. Sin embargo, el gobierno estadounidense ejerció una fuerte presión sobre el Comité y sobre la prensa de tal modo que no se publicitaron los hallazgos ni se difundieron las correspondientes notas de prensa. Las explicaciones oficiales fueron confusas y tendieron a correr un tupido velo sobre el tema, aludiendo a la falta de coordinación y acuerdo entre los expertos sobre lo que se había visto y fotografiado.

Al final, el proyecto científico que tenía que confirmar o desmentir a Lowell quedó prácticamente anulado y sus resultados nunca llegaron a los periódicos. Slipher sólo hizo un breve comunicado en que afirmaba que Marte “estaba vivo”, y que los cambios de coloración observados en el planeta eran muy llamativos en comparación a los registros anteriores, sin añadir más datos. Su libro de referencia, The Photographic Story of Mars, en el que se publicaron las fotos tomadas durante décadas de trabajo, no apareció hasta 1962 y tuvo una muy escasa difusión, con pocos ejemplares impresos. No obstante, todavía en 1958, nuevas fotografías tomadas por el astrónomo William Sinton con cámara infrarroja revelaron que en algunas zonas oscuras de Marte la energía solar era absorbida en ciertas longitudes de onda, que precisamente se correspondían con las longitudes de onda absorbidas por los compuestos orgánicos (hidrocarburos), lo que sería una prueba de vida vegetal similar a la terrestre. Una vez más, parecía que el fantasma de un Marte “vivo” se resistía a desaparecer.

Con todo, aún hoy en día, el estamento académico sostiene firmemente que la fantasiosa propuesta de los canales y de la vida exuberante en Marte murió con Lowell en 1916 y que cualquier discusión sobre el tema quedó zanjada cuando las primeras sondas llegaron a Marte y lo fotografiaron a corta distancia en los años 60. Sin embargo, resulta que no acaba aquí la polémica, pues las versiones oficiales fueron discutidas aún después de que tuvieran lugar esas misiones en las cercanías del planeta rojo. Vamos pues a exponer los hechos esenciales, que presentan un conflicto entre la evidencia telescópica y la proporcionada por las sondas.

Mars_(Mariner_4)
Imagen de Marte tomada por la Mariner 4 (1965)

Como ya apuntamos, las primeras misiones a Marte tuvieron lugar a inicios de los años 60, mediante las sondas americanas y rusas. En esta exploración, la NASA obtuvo mejores resultados con sus naves Mariner, que se situaron en la órbita de Marte y efectuaron miles de fotografías de la superficie marciana a lo largo de los años. Así, las primeras imágenes representativas las tomó la Mariner 4 en julio de 1965, si bien sólo fueron 22 y en blanco y negro, con una resolución mediocre. El caso en que en ellas no se apreciaba ninguna señal de canales y sí un paisaje desértico y desolado, sin ningún rastro de vida, y fuertemente marcado por la presencia de muchos cráteres, siendo la primera vez que se adquiría constancia fehaciente de tales accidentes en un planeta del Sistema Solar (exceptuando la conocida geografía de la Luna).

Con esta prueba, la observación telescópica quedaba en cierto modo devaluada o desacreditada, y se ponía punto final a las audaces propuestas de los astrónomos más heterodoxos. El estamento académico achacó el mito de los canales de Marte a observaciones precarias o erróneas, a ilusiones ópticas y a otros factores incluso de índole psicológica. Por ejemplo, el paladín de la astrofísica oficial, el mediático Carl Sagan, se refirió a la predisposición mental a creer en la vida marciana, pero también a los fallos del ojo humano o de los mecanismos del cerebro, que conducen a un autoengaño. Así, Sagan dictaminó el origen del problema en su famosa obra Cosmos: “Los canales de Marte parecen ser una disfunción, bajo difíciles condiciones de visión, de la combinación entre mano, ojo y cerebro humanos.”

Pese a ello, muchos expertos siguieron defendiendo el valor intrínseco de la observación telescópica y aportaron unos argumentos razonables para relativizar lo conseguido por las sondas. Así, las imágenes habían sido tomadas a unos 10.000 Km. del planeta por las lentes de las cámaras, que no eran telescopios. A esa distancia, las fotografías de la propia Tierra apenas muestran los accidentes geográficos principales y no permiten detectar ninguna muestra de vida o de civilización. Realmente es complicado distinguir nada con nitidez en ese contexto y los investigadores se ven obligados a realizar cierta “interpretación” de las imágenes.

Después está el problema de la toma y la emisión de las imágenes a través del espacio. En realidad, las fotos se envían en forma de puntos mediante señales de radio. Luego, una vez recibida la señal en la Tierra, se debe reconstruir la imagen por medios electrónicos, dando a cada punto un tono de gris. Así, la primera imagen que se obtiene en bruto es como un collage de grises más bien borroso, que debe procesarse y refinarse mediante ordenador para obtener en gris un conjunto de trazos y formas definidas. Finalmente, tras un retocado, estas imágenes son difundidas al público. De este modo, se puede decir que –aparte de la propia calidad o definición original de las imágenes– existe un proceso posterior que puede modificar, resaltar o apagar determinados rasgos, ya sea de forma consciente o inconsciente, tanto por la acción de las máquinas como de los sesgos de los propios expertos que manejan el material fotográfico.

Mars_full_disk_approach_view_from_Mariner_7
Imágenes de Marte tomadas por la Mariner 7 (1969)

Con todo, lo más inquietante lo apunta el investigador independiente Daniel Ross[5], que afirma que las imágenes obtenidas por la Mariner 4 pudieron ser manipuladas de forma intencionada para ocultar los canales. Ross sostiene que el astrónomo Clyde Tombaugh –descubridor del planeta Plutón en 1930– confirmó que la Mariner 4 había fotografiado los canales pero que dichas pruebas no fueron expuestas por la NASA al público. Esto sería posible en tanto que existiría una manifiesta diferencia entre las fotografías originales –protegidas y retenidas por la NASA– y las que se mostraron a la opinión pública, previo “procesado”. De todos modos, William Pickering, responsable del Jet Propulsion Laboratory (entidad que trabaja en los proyectos planetarios de la NASA), admitió más tarde que sí se habían fotografiado unas líneas rectas sobre la superficie marciana, pero se retuvo esta información a la espera de ser “confirmada oficialmente”.

En cualquier caso, en opinión de los críticos, lo sucedido con el Mariner 4 abrió la puerta a la hipótesis de que todo el material fotográfico y videográfico posterior –hasta la actualidad– pudiera estar bajo sospecha de haber sido manipulado desde la propia toma de la imagen hasta su exposición al público, por no hablar de la supresión directa de todo lo “no conveniente”, lo que nos introduce de pleno en el terreno de la conspiración. Este es, en fin, el quid de la cuestión de las modernas polémicas sobre Marte, ya a partir de los años 70 del pasado siglo, y que vamos a dejar para la segunda parte de este artículo.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Esto quiere decir que, visto desde la vertical del polo, el planeta gira en sentido contrario al de las agujas del reloj, y por tanto el Sol sale por el este y se pone por el oeste, como en la Tierra.

[2] Según otras versiones, se trataría quizás de una pequeña pirámide. Además, se ha incidido en la presencia en la superficie de Fobos de otras formas regulares o apuntadas sospechosas de no ser naturales.

[3] La expresión correcta en inglés hubiese sido “channels”, pero en la traducción se tendió erróneamente a un “falso amigo”, pues “canals” en inglés se refiere a obras de ingeniería, como la que estaba haciendo en aquella época en el canal de Suez.

[4] Estas señales fueron recogidas también por el famoso científico italiano Marconi, que creyó haber interceptado mensajes de Marte, dado que las señales parecían estar codificadas de forma inteligente. Asimismo, años antes, Nikola Tesla dijo haber captado en su enorme torre eléctrica en Colorado Springs unas señales coherentes supuestamente procedentes de Marte.

[5] Fuente: EISEN, J. Suppressed inventions and other discoveries. Perigee Trade, 2001.

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5 respuestas a “¿Qué pasa con Marte? (I)

  1. Habia leido sobre estas anomalias y algunas otras que en el articulo no se mencionan,curiosamente indagando para intentar despejar dudas,cuanto mas profundizas mas dudas surgen,parece el camino de nunca acabar.
    Personalmente y sin un razonamiento muy estricto y aceptando ciertas anomalias,aparentemente de factura inteligente,creo que los alienigenas,somos nosotros o nuestros ancestros o una parte reducida y selecta de ellos,algo que no conocemos y que se nos escapa de la historia humana y que puede ser mucho mas extraño y raro,que cualquier novela de ciencia ficcion.
    Pero esto,como comprendera,es solamente una hipotesis mas,sin mas fundamento que un pensamiento no razonado,que es lo mismo que decir,me da la espina o tengo el presentimiento que esto puede ser asi o asa.
    Despues de todo,tanto para los que defienden una posicion heterodoxa,como para los que buscan una explicacion alternativa,carecen de datos suficientes para poder pasar de las teorias a las leyes,si optamos por seguir las pistas de las evidencias,estas saldran por toneladas de las carteras de unos y de otros. La duda sigue,sobre todo para los que no tenemos un conocimiento mas especifico sobre ciertos temas.

    Gracias por su trabajo.Un saludo.

    1. Apreciado Alarico,

      Gracias por el comentario. No tengo mucho más que añadir, coincido básicamente con la falta de respuestas o las incertidumbres sobre nuestro universo. Lo que sí me parece cada vez más evidente, y esto se verá aún más en la 2ª parte del artículo, es que la confusión es creciente y que la ciencia oficial nos puede colar cualquier cosa del mismo modo que lo hizo la religión durante siglos. Por ejemplo, hasta hace poco no supe que las “evidencias” para probar el Big Bang están sujetas a sesgo y manipulación, tal como demostró un astrofísico norteamericano, que ha pasado al ostracismo por oponerse a las “verdades científicas”. Yo creía que la historia y la arqueología eran poco fiables (y me reafirmo en ello), pero con el tiempo he ido viendo que en el campo de las ciencias naturales o exactas, no podemos hacer más que un acto de fe ante las consignas oficiales, porque no quieren que discutamos, contrastemos o pensemos sin prejuicio. Los científicos que van a contracorriente ya saben el precio que hay que pagar por ello. Y al final… ¿dónde está la verdad? Eso quisiera saber yo, porque mucha de la ciencia “alternativa” tampoco me convence.

      Saludos,
      X.

  2. Sabemos que la biología es verdad.
    Hoy proyectos como Time Machine en Europa nos ponen en duda sobre la ultima finalidad de ello…
    https://www.arte.tv/es/videos/RC-017553/europe-time-machine/
    Puede que mañana la realidad de la arqueología sea virtual salvo permiso oficial.
    Marte Dios de la Guerra!!
    El espacio exterior es información sensible militar.
    Y los militares solo piensan en la guerra…
    saludos

    1. Gracias por el comentario

      ¿Qué quiere decir “la biología es verdad”? Según muchos científicos ortodoxos, pero disidentes, como Rupert Sheldrake, Bruce Lipton o Máximo Sandín, la biología actual va por un camino erróneo y sesgado. No se trata ya de que las ciencias sociales sean opinables, sino de que las propias ciencias “empíricas” están sujetas a debate y crítica, ya no digamos a conspiración (militar o no), que es otro nivel. Pero vaya, si quieres en otro momento podríamos plantear un debate epistemológico sobre la naturaleza de la ciencia moderna y el conocimiento, pero tal vez nos estemos alejando un poco de Marte…

      Saludos

  3. La Biología (Vida biológica) no la ha creado la mente humana, la ciencia llamada biología si.

    Mea culpa……Abrevio demasiado…..

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