¿Qué pasa con Marte? (II)

La esfinge de Marte

Viking_spacecraftCuando en 1976 el turbio asunto de los canales ya estaba bien enterrado, llegaron a Marte las sondas Viking 1 y 2, cuyos módulos de aterrizaje se posaron exitosamente en las regiones de Chryse y Utopia. Esta misión fue un hito tremendo en la investigación espacial, pues, dejando aparte los escasos resultados sobre Venus, por primera vez se situaba un artefacto humano en otro planeta y se podían llevar a cabo estudios in situ con pruebas físicas, no con imágenes, si bien estos módulos también captaron cientos de fotografías de su entorno para tener un “primer plano” del planeta. Así pues, se implementaron investigaciones meteorológicas, análisis geológicos de la composición del suelo e incluso experimentos bioquímicos para detectar posibles trazas de vida. Entretanto, la Viking (en la imagen) siguió orbitando en torno a Marte y tomó miles de fotografías de la superficie marciana, con una calidad bastante superior a las 7.000 fotos tomadas por la Mariner 9 en 1971.

Y al recibirse dichas imágenes saltó una nueva e inesperada sorpresa. Así, algunas fotos de la región de Cydonia llamaron la atención, y en particular una etiquetada como 35A72. Fue exactamente el 25 de julio de 1976 cuando el técnico de procesamiento de imagen Tobias Owen quedó perplejo al ver en dicha fotografía una formación geológica de 2,6 Km. de largo, 1,6 de ancho y 800 metros de altura que parecía tener el aspecto de un rostro humano, con su frente, ojos, nariz, boca e incluso una especie de tocado alrededor. Las fotos llegaron a la opinión pública y causaron cierta sensación, pero lo cierto es que ya antes algunos científicos de la NASA se habían empezado a preguntar qué era aquel extraño monte aislado con unos rasgos tan peculiares. La imagen se hizo rápidamente famosa y fue bautizada como la “cara de Marte” o “esfinge de Marte”. El fantasma de la vida inteligente en Marte volvía a agitarse.

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La “esfinge de Marte”, en la imagen tal como fue recibida y procesada en 1976

Al JPL (organismo asociado a la NASA) le faltó tiempo para proclamar a los cuatro vientos que dicha cara no era más que un efecto óptico, un juego caprichoso de luces y sombras sobre la falda erosionada del monte en cuestión, y que de hecho, una foto de unas pocas horas más tarde, ya realizada con otra iluminación, no mostraba esos rasgos tan marcados[1]. No obstante, la aclaración no resultó del todo satisfactoria para algunos científicos, que –con buen criterio– sostenían que una de las misiones de la NASA es precisamente la búsqueda de vida inteligente en otros planetas, y lo visto en Cydonia parecía bastante más sólido que la confusa cuestión de los canales. El caso es que la foto, tomada por la sonda Viking 1, formaba parte de la inspección de Cydonia para comprobar si aquel era un lugar propicio para el aterrizaje de la Viking 2, que ya estaba en camino. Y al poco de aparecer la “esfinge”, la NASA –con la opinión de peso aportada por Carl Sagan– cambió de planes y desestimó Cydonia como zona de aterrizaje, enviando a la Viking 2 a la planicie de Utopia.

En medio de la polémica, el entonces consultor de la NASA Richard C. Hoagland tomó el protagonismo en la defensa de la esfinge como inequívoca obra artificial de una civilización marciana desaparecida y emprendió una cruzada contra la propia NASA y sus supuestos encubrimientos. Hoagland se acabó por desligar de la NASA y en 1983 fundó una organización para la investigación independiente de Marte, que luego se trasformó en la Enterprise Mission, que todavía está activa a día de hoy. Además, Hoagland consiguió el apoyo y la complicidad de otros científicos y astrónomos, aparte de cierto impacto mediático.

El caso es que la región de Cydonia pareció desde entonces sutilmente apartada de las exploraciones de Marte y el enigma de la cara o esfinge seguía en el limbo a la espera de nuevas pruebas. Sin embargo, un rayo de luz se abrió para Hoagland y los críticos cuando la NASA envió en 1992 la sonda Mars Observer con el objetivo de volver a cartografiar Marte (incluyendo desde luego Cydonia), lo que suponía repetir el trabajo de la Viking, pero mediante una tecnología fotográfica muy superior, con una imponente resolución de 1,4 metros por píxel, mientras que la vieja cámara de la Viking había fotografiado a casi 50 metros por píxel. Sin embargo, en agosto de 1993, a pocos días de que llegara la sonda a Marte, la NASA perdió el contacto con la nave y ya no lo pudo recuperar.

Nuevamente saltaron las suspicacias, y se habló de conspiración, insinuando incluso que la Observer sí había llegado a su destino y había tomado imágenes, pero de algún modo había sido desconectada de la opinión pública. Sea como fuere, hubo que esperar hasta 1998 para que la misión Mars Global Surveyor procediera a realizar nuevas fotografías de la zona, y esta vez no hubo fallos técnicos. La imagen enviada por la Surveyor fue de una calidad diez veces superior a la de la Viking y lo que se pudo ver fue muy distinto del paisaje de 1976: no había rasgos humanos en el monte. Para acabar de desmontar el mito, la misión de 2001 Mars Global Observer realizó otra fotografía con aún más definición y con un resultado muy semejante al anterior: se aprecia un monte con varias zonas muy erosionadas, pero nada que recuerde claramente a un rostro humano.

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Foto de la “esfinge de Marte” tomada en 2001 por la Mars Global Observer. Véase la diferencia con la imagen de 1976 (recuadro).

Así las cosas, los escépticos no se rindieron y durante años acusaron a la NASA de no jugar limpio. Así, incidieron en que se podían haber hecho mejor las cosas (y se optó por hacerlo mal intencionadamente), o bien que se tomaron las fotos y luego se manipularon en la fase de procesado, reteniendo las imágenes originales que sí serían concluyentes. Eso sí, algunos críticos con la versión oficial de la NASA, como el especialista en procesado de imágenes Mark Carlotto, se tomaron su tiempo para volver a analizar la imagen original de 1976 y tratar de extraer alguna conclusión. Carlotto, por ejemplo, llegó a desarrollar un modelo tridimensional de la imagen y afirmó que en dicho modelo se podía distinguir hasta una especie de diadema, un tocado a rayas (al estilo faraónico), ¡e incluso dientes!

Por lo demás, aparte del halo conspirativo, con el paso de los años han ido surgiendo todo tipo de hipótesis acerca de la cara marciana, a cuál más audaz. Sólo por poner un ejemplo pintoresco, el polémico autor judío Zecharia Sitchin afirmó que Marte había sido para los Anunnaki una estación espacial intermedia en el trayecto entre Nibiru y la Tierra. En cuanto a la cara, en su obra The Lost Book of Enki (2004) Sitchin aseguró que se había realizado para marcar el lugar de enterramiento –en una caverna– de un líder Anunnaki llamado Alalu. Así, la cara esculpida en el monte representaría los rasgos de dicho personaje, incluyendo su “casco de astronauta”. ¡Ahí queda eso!

En fin, esta oscura y confusa historia de la cara o esfinge de Marte tal vez hubiera quedado en una mera anécdota si no fuera por que no muy lejos de allí, y después en otros puntos, aparecieron otras supuestas anomalías inexplicables… y vuelta a empezar. 

Las estructuras de Cydonia

Mucha gente conoce la controversia de la cara, pero lo que ya no es tan popular es el tema de las estructuras próximas a ésta. En realidad, surgió apenas un poco después y siguió creciendo de forma exponencial durante años, si bien las mayores discusiones ya han quedado bastante olvidadas a estas alturas. Y nuevamente está por medio Richard Hoagland, junto con otros expertos, para poner en aprietos las versiones oficiales de la NASA. Veamos pues los puntos principales de la polémica.

El caso es que a poca distancia de la esfinge, en la misma región de Cydonia, algunos expertos identificaron en las fotos de la Viking una serie de accidentes del terreno muy llamativos y, con el precedente sentado por la imagen 35A72, no tardaron en apreciarse algunos rasgos que no parecían naturales. Los científicos Vincent DiPietro (ingeniero) y Gregory Molenaar (informático) ya habían sido de los primeros en fruncir el ceño ante la cara de Marte y se esforzaron en obtener mejores resoluciones de las fotos del Viking creando una nueva técnica matemática de interpolación de píxeles, que no consiguió, empero, grandes resultados. Sin embargo, su empeño no fue en vano pues tras el atento análisis de otras imágenes del lugar iban a producirse más sorpresas. De hecho, quien encabezó esta búsqueda fue el incansable Hoagland, que consideró que la cara era una simple señal para atraer la atención hacia un enclave próximo.

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La “pirámide D&M” de la región de Cydonia

Lo que vino a continuación fue el descubrimiento de una serie de estructuras que –a juicio de Hoagland– de ninguna manera podían ser formaciones naturales. En concreto, Hoagland identificó varios edificios, monumentos o estructuras que formarían parte de una especie de “ciudad”, organizada en torno a unos “montículos” situados en forma de cruz. Aparte, distinguió unas estructuras de tipo piramidal en una aparente disposición regular, un gran edificio en un extremo, al que bautizó como “el fuerte” –por su similitud a un castillo– y una estructura, “el acantilado”, en forma de muro junto a un gran cráter. Y para acabar de rematar la herejía, los ya citados DiPietro y Molenaar se fijaron en la imagen 70A13, que mostraba un gran monte cercano a estas estructuras y a unos 16 Km. de la esfinge, con una sospechosa forma pentagonal. Tras estudiar su aspecto, los dos técnicos dictaminaron que era una estructura aparentemente artificial y decidieron bautizarla como “pirámide D&M” (por las iniciales de sus apellidos). Se trata de una pirámide gigantesca de cinco lados, siendo alguno de éstos de clara forma triangular, como las pirámides terrestres. Sus dimensiones son impresionantes: casi 800 metros de altura y una base de aproximadamente 1,6 x 2,6 Km.

El caso es que en 1988 un cartógrafo llamado Erol Torun, experto en geomorfología, estudió los datos disponibles sobre la supuesta pirámide y llegó a la conclusión de que muy difícilmente podría haberse formado a través de procesos naturales (sobre todo por erosión). Para acabar de confirmar sus sospechas, Torun se centró en la observación de los aspectos geométricos y matemáticos de la extraña formación, y ahí empezó a sacar a la luz la presencia de ciertas simetrías, constantes y números muy significativos como π (pi), φ (fi), √2, √3, √5 y el número e (base de los logaritmos), siendo los valores más repetidos e / π, e / √5 y √3. En suma, a juicio de Torun, o bien se trataba de una estructura totalmente artificial (una pirámide construida) o bien de una formación natural modelada por seres inteligentes.

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Estudios geométricos de las formaciones de Cydonia

Después de esto, se practicaron más análisis de todo tipo para tratar de identificar modelos inteligentes en la zona, relacionados con las distancias, alineaciones, formas, posiciones relativas, orientaciones, etc. que no voy a exponer ahora para no perdernos en detalles. En fin, con todo este arsenal, los críticos con la NASA –encabezados por Hoagland– ya pudieron plantear seriamente su hipótesis OAC (Origen Artificial de Cydonia), a la cual se fueron apuntando algunos científicos no muy convencidos por la explicaciones oficiales, entre los que destacaron Stanley McDaniel, Horace Crater y Tom Van Flandern. De entre ellos, cabe reseñar el trabajo de Crater, gran experto en transformación de datos en patrones matemáticos, que –tras analizar los 16 principales “montículos” de Cydonia– dictaminó que no estaban dispuestos de forma aleatoria sino que aparecían interrelacionados según patrones geométricos, básicamente triángulos, con la inequívoca presencia de una constante tetraédrica denominada t. Sumando todos los datos, Hoagland y sus seguidores ya pudieron hablar de que allí había una planificación inteligente y que posiblemente existía algún tipo de “mensaje”.

A todo esto, es oportuno citar que las posteriores misiones de la NASA no tuvieron excesivo interés en cartografiar la zona minuciosamente y que las escasas imágenes parciales obtenidas no parecían ser representativas. Con todo, ya en el siglo XXI con las miles de fotografías de calidad que han llegado al conocimiento público, algunos investigadores han creído identificar en otros lugares del planeta rojo nuevas estructuras de aspecto artificial (incluida alguna otra pirámide, pero también una especie de “ciudad inca”, aparte de otros pequeños accidentes o rasgos en la superficie más o menos sospechosos)[2]. En realidad, todo este asunto ha estado envuelto en opacidad y sensacionalismo, y ha acabado derivando –cómo no– en otra polémica discusión sobre lo que la NASA quiere o no estudiar y difundir o, lo que es peor, lo que presuntamente oculta bajo presiones o directrices de tipo político. A final, todo ello se traduce en más carnaza para el omnipresente tema conspirativo, que dejaremos para el final.

Catastrofismo marciano

Sin duda, la obsesión de muchos científicos ha sido la cuestión de la vida en Marte. ¿La hubo en el pasado? ¿La hay actualmente? A estas alturas, las investigaciones parecen haber corroborado que Marte tuvo un aspecto muy distinto hace millones de años, con gran cantidad de agua líquida en forma de mares y ríos por todo el planeta. Hoy sólo queda agua en forma de hielo en los casquetes polares, y la existencia de agua líquida en otras zonas aún es objeto de discusión, si bien algunos sondeos parecen haber hallado trazas de agua líquida en el suelo (posiblemente hielo fundido). El caso es que, con agua o sin ella, se siguen buscando formas de vida simples, como microorganismos, aunque entre los alternativos persiste la teoría de que Marte pudo tener una vida semejante a la terrestre.

Y si existió una vida desarrollada en Marte, no son pocos los investigadores que apelan al consabido catastrofismo cósmico como factor fundamental para explicar la “muerte” de Marte. En este ámbito ha destacado el conocido autor Graham Hancock, que lleva ya muchos años defendiendo su tesis catastrofista para la Tierra: un terrible evento cósmico –que él data en unos 12.800 años– afectó gravemente al planeta y puso fin a una civilización ignota. Así, Hancock, a finales de los 90, volvió la vista hacia Marte y escribió un libro (El misterio de Marte[3]) sobre la cuestión de las anomalías de Marte y la posible destrucción de una civilización marciana.

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El aspecto de un planeta “muerto”, según las imágenes de la superficie marciana tomadas por la  sonda Viking

Básicamente, Graham Hancock “compró” a Hoagland la herética propuesta de que muy probablemente existió una civilización avanzada en Marte, según lo que acabamos de exponer, y a partir de este planteamiento recurrió una vez más al catastrofismo cósmico, interpretando que fueron los fuertes impactos de cometas los que acabaron por destruir no sólo la civilización sino también toda forma de vida en Marte. Así, Hancock expone una serie de paralelismos entre la Tierra y Marte en cuanto a catástrofes causadas por cometas, asteroides o meteoritos, que han ido dejando huella en la superficie planetaria y han causado grandes extinciones de formas de vida, como se ha podido comprobar en el caso terrestre. Para el investigador escocés, no cabe duda de que Marte –un planeta tan parecido al nuestro– fue “asesinado” en una época quizá no muy remota por una serie de desastres cósmicos. Su teoría se fundamenta en la observación de varios elementos, como: 1) su campo magnético tan leve; 2) su rotación tan lenta; 3) su traslación tan excéntrica y elíptica; 4) su violento movimiento de balanceo sobre su eje.

Pero, sobre todo, lo que Hancock destaca es el terrible el aspecto superficial de Marte, que da a entender que su corteza fue golpeada brutalmente hasta el punto de deslizarse a capas interiores. Estas gravísimas heridas sufridas por Marte pueden verse en la enorme cicatriz del Vallis Marineris (una sima de 4.000 Km. de longitud y unos siete de profundidad) o en la gran cantidad de cráteres de tamaño considerable, que están concentrados principalmente en el hemisferio sur. Así, hay más de 3.000 cráteres que exceden los 30 Km. de diámetro, pero también hay otros tres monstruosos como el Hellas (2.000 Km. de diámetro), el Isidis (1.000 Km. de diámetro) o el Argyre (650 Km. de diámetro). Además, dichos impactos parecen compensarse en la zona opuesta del planeta por unas mesetas surgidas a modo de efecto rebote. Según algunos astrónomos, esto demuestra que Marte sufrió cataclismos de proporciones apocalípticas tras el impacto de cuerpos celestes. Como consecuencia, el planeta perdió la mayor parte de su atmósfera, que se difuminó en el espacio, y ya no pudo retener el agua líquida sobre la superficie. Y todo ello pudo haber ocurrido no en fechas de hace millones de años, sino hace relativamente pocos milenios (se habla incluso de 17.000 años).

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¿Guiza y Cydonia relacionadas en un mensaje cósmico?

En suma, Hancock ata cabos y piensa que Marte pudo ser destruido completamente por la acción de los impactos celestes mientras que la Tierra “sólo” sufrió desastres menores que, aun siendo muy graves, no supusieron la desaparición de la vida. Ya hacia el final de su libro, Hancock reincidía en el ejemplo del planeta rojo y nos alertaba del grave peligro que supondría un impacto brutal de un gran cuerpo celeste, fijándose en particular en los cuerpos que viajan en las Táuridas, que regularmente nos visitan a cierta distancia, pero que algún día podrían enviarnos un “regalo” mortal. Entretanto, especulaba con las semejanzas entre las estructuras de Cydonia y las de Guiza o Teotihuacan, que podrían trasmitir un mismo mensaje dirigido a la Humanidad (véase lo que insinuaba Hoagland) de peligro o atención hacia lo que sucede en el firmamento.

Cabe decir que a estas alturas, el investigador escocés aún sigue insistiendo en el tema, y ha escrito sus dos últimos libros (de 2015 y 2019) en clave catastrofista con el cometa Clovis como protagonista de un tremendo cataclismo que llevó a la Tierra al terrible periodo del Dryas reciente. Además, en su sitio web se publican regularmente muchas noticias sobre las amenazas de cometas y asteroides que se acercan a nuestra órbita. No voy a comentar nada más al respecto porque desconozco los motivos de tal obsesión, pero debo confesar que a veces el discurso de Hancock me parece confuso, pese al gran respeto que tengo por su trabajo. Ahí lo dejo.

Velikovsky
Immanuel Velikovsky

Sin salir del catastrofismo, me referiré brevemente a otras propuestas que navegan en las turbias aguas de la especulación científica. Por ejemplo, David Talbott, científico proponente del llamado universo eléctrico[4], sostiene la teoría de que Marte fue afectado en toda su superficie por una serie de grandes descargas eléctricas en un lejano pasado. Tomando algunas imágenes significativas, como en particular las del Vallis Marineris, Talbott ve la huella, no de impactos de cuerpos celestes o de terribles corrientes de agua, sino de una gigantesca descarga eléctrica. Todo esto viene a concordar con lo defendido por autores como Velikoksky y Sitchin, que explicaron la génesis del Sistema Solar en función de algunos eventos muy violentos que incluían las batallas eléctricas entre planetas u otros cuerpos celestes, según reflejaba la mitología de algunos pueblos de la Antigüedad. Este modelo también explicaría que, al menos en una ocasión, un planeta –Tiamat, según Sitchin– llegó a ser destruido completamente y se convirtió en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter.

En una línea similar tenemos también al ya citado Tom Van Flandern, que aboga por la teoría EPH (Exploded Planet Hypothesis), según la cual Marte no fue en su inicio un planeta, sino un gran satélite de un planeta mayor. Este escenario plantea la hipotética posibilidad de que los planetas estallen debido a complejos mecanismos internos relacionados con la presión, la fisión nuclear y la gravedad. A partir de aquí, Van Flandern sugiere la existencia de dos grandes planetas orbitando entre la Tierra y Júpiter, llamados “planeta K” y “planeta V”. El primero de ellos habría explotado hace cientos de millones de años, mientras que “V” estalló hace 65 millones de años en la órbita del actual Marte[5]. Como resultado de este evento, Marte –antiguo satélite de “V”– habría quedado liberado pero muy dañado, especialmente en un hemisferio, por los efectos de la colosal explosión, y ello explicaría en gran parte todas las anomalías y desgarros asimétricos del planeta rojo, en especial en el asunto de la dicotomía de la corteza superficial y la presencia masiva de cráteres. Van Flandern, de todos modos, añade otros factores que demuestran a su juicio que Marte fue un antiguo satélite y no un típico planeta. Cabe reseñar, empero, que tanto esta teoría como la anterior apenas han tenido aceptación en el estamento académico.

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¿Explosiones atómicas en Marte?

Para cerrar este tema, podemos citar otra teoría catastrófica no de origen cósmico, sino humanoide. Así, un científico llamado John Brandenburg escribió un artículo[6] hace escasos años asegurando seriamente que la vida en Marte fue erradicada a causa de una enorme explosión termonuclear. En su opinión, existía una avanzada civilización en Marte –él es firme partidario de la teoría OAC– que resultó destruida a causa de unas guerras atómicas entre alienígenas. Para probar su teoría, Brandenburg, alude a una serie de rastros inequívocos en la atmósfera y la superficie marcianas, en forma de isótopos nucleares (sobre todo de Xenón129) y de otros elementos como el uranio y el torio. Este testimonio se ve en el tono rojizo del suelo de Marte y se concentra en dos zonas particulares, Cydonia y Utopia, que pudieron ser los epicentros de los ataques atómicos desde el espacio. Brandendurg insiste en que los paralelos con las trazas derivadas de los ensayos nucleares en la Tierra son evidentes, en especial por la presencia del citado isótopo de Xenón. En fin, dado mi casi nulo conocimiento de física nuclear, prefiero no emitir ninguna opinión.

Bases, alienígenas y conspiraciones

He dejado para el final este epígrafe que podría ser un gran cajón de sastre de una amplia literatura que desde hace unos 20 ó 25 años se ha centrado en todos los aspectos oscuros, conspirativos y ufológicos de Marte que forman una caótica ensalada de difícil digestión y que por sí sola daría para escribir un artículo el doble de extenso del presente, por lo menos. La verdad es que, si bien soy receptivo a las teorías más heterodoxas, estimo que la cuestión anómala marciana se ha desbordado tanto en los últimos tiempos que ha acabado por caer en la típica ceremonia de la confusión, a veces cercana al disparate, que más bien disuade a las personas con auténtico espíritu científico. De todos modos, voy a intentar trazar a grandes rasgos toda esa investigación paralela en torno a Marte, en el marco de esa nueva disciplina llamada exopolítica.

Para entrar en contexto, cabe decir que de algún modo hemos recuperado la nebulosa atmósfera de H. G. Wells y sus marcianos, si es que nunca llegaron a irse de verdad. Así, la ufología ha vuelto a citar la observación de ovnis en Marte, así como el presunto contacto entre inteligencias marcianas y seres humanos, los famosos “contactados”, alguno de los cuales asegura haber estado en Marte. Pero la cosa va mucho más lejos. En realidad, Marte se ha convertido ya en objeto de interés de dos mundos que conviven en paralelo. Por un lado, tenemos la investigación oficial de la NASA y otras agencias espaciales, que llega al público básicamente a través de noticias y artículos de divulgación científica. Por otro, tenemos un batiburrillo de historias, leyendas, rumores y especulaciones que se relacionan con el mundo de la conspiración, en el cual tenemos un poco de todo, como trataré de resumir a continuación.

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Logotipo de la NASA

Eso sí, antes que nada, hay que señalar que la propia condición de la NASA como agencia gubernamental parece alimentar al monstruo, pues los críticos aluden a que esta institución goza de ciertas prerrogativas legales que oscurecen su labor, como la de sólo rendir cuentas ante el gobierno y no ante la opinión pública, la de retener información según directivas de seguridad nacional (sobre todo con relación al posible hallazgo de vida extraterrestre) o la de no facilitar la documentación gráfica a la prensa o el público hasta pasados unos meses de su obtención por motivos supuestamente técnicos[7]. En suma, la NASA se mostraría más bien como una organización cerrada en sí misma y con pocos o nulos mecanismos de transparencia.

Pues bien, ya hemos comentado que Zecharia Sitchin creía que Marte había sido una base de los famosos Anunnaki. Así, puestos a rescatar antiguos mitos, no es de extrañar que varios autores afirmen seriamente que existen bases ocultas en Marte y que se trata de instalaciones secretas donde se llevan a cabo experimentos y proyectos de todo tipo en interés y beneficio de la élite global terrestre, con la participación del gobierno de EE UU, la CIA, el ejército y otras agencias discretas o secretas. Este es sin duda uno de los campos más fértiles de la exopolítica, que tiene notables referentes como Michael Salla, Alfred Webre, Robert Dean y sobre todo Andrew Basiago[8], el cual se muestra como una fuente de información inagotable sobre el Marte oculto. En general, y uniéndose al carro de Richard Hoagland, estos investigadores reinciden en la mentira de las versiones oficiales y en la persistente ocultación de la NASA acerca de la situación real en Marte, al que dan por un planeta vivo, e incluso muy activo.

En cuanto a las pruebas gráficas, casi todos toman como base las miles de imágenes disponibles de Marte, queriendo ver cosas que nadie ha visto antes o insistiendo en que dichas imágenes han sido sistemáticamente manipuladas por la NASA, como ya hemos apuntado reiteradamente. Sólo por poner un ejemplo, Hoagland cree que las imágenes que confirman a Marte como “planeta rojo” han sido modificadas cromáticamente, incluso desde la época de las fotografías desde la Tierra a través de telescopios. Así, saca a la palestra unas fotografías tomadas en 1999 por un astrónomo aficionado con un equipo telescópico modesto en las cuales se aprecia un Marte más bien azulado con manchas rosadas (los “desiertos”), frente a las clásicas fotos tomadas con los telescopios más potentes que mostraban la predominancia total del color rojizo.

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Típica imagen rojiza (“oficial”) de Marte

Asimismo, opina –en base a testimonios de personal de la NASA– que las fotos realizadas desde la superficie marciana por la Viking, en que se ve un suelo de tono rojizo y un cielo anaranjado, fueron retocadas, pues las originales mostrarían un terreno más bien tirando a marrón y con rocas grises, aparte de un cielo azul parecido al terrestre, lo cual no hace más que insistir en las viejas concepciones de un planeta no tan hostil y, de hecho, muy similar a la Tierra. A todo esto, el mejor telescopio moderno disponible, el Hubble, lleva tomando fotos de Marte desde 1995 y al menos se han podido apreciar hasta cinco coloraciones distintas, incluyendo una similar a la azul-rosada. Aquí podríamos retomar el tema de las extrañas variaciones (¿relacionadas con cambios estacionales?) en la coloración de Marte, pero no insistiremos en ello.

El caso es que la ya citada exopolítica nos brinda información de toda clase: personas teletransportadas a Marte, visión remota[9], reuniones con marcianos, colonias de esclavos humanos, centros de experimentación genética, grandes ciudades subterráneas, actividades mineras, etc. Incluso he leído que ciertas personas de alto rango habrían pasado por Marte, como el ex presidente Obama. Por supuesto, en este barullo no pueden faltar las filtraciones, los documentos clasificados ni los testimonios de los llamados whistleblowers (que se puede traducir como “los que alertan o destapan lo oculto”), cuya credibilidad es toda una incógnita, siendo muy generosos. Muchas veces, al revisar tales historias, uno tiene la sensación de estar leyendo ciencia-ficción o conspiranoia barata sin ton ni son, y no parece que sea muy complicado crear montajes de este tipo cuando no hay pruebas o son fácilmente creables / manipulables. Con todo, todavía corren por ahí con cierto éxito fotografías recientes de Marte en las cuales se puede ver sobre la superficie del planeta todo tipo de anomalías y cosas raras, ¡hasta humanoides marcianos! Sobre el origen, veracidad e interpretación de tales imágenes, me abstengo de hacer comentarios.

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El Dr. Steven Greer

Ahora podría exponer en más detalle algunas de las conspiraciones más llamativas sobre Marte, pero reconozco que entrar en ese campo me hastía y me da mucha pereza, y no creo que este blog deba dedicar tanto espacio a tamaños despropósitos. Para los interesados en profundizar en este tipo de material, existe una amplia información en Internet[10], y además –por suerte o por desgracia– una parte importante de la ufología ha comprado el relato de la exopolítica. Debo confesar que hace años me interesé por este fenómeno, que me llamó la atención por aportar un nuevo enfoque al asunto alienígena, pero, tras haberlo estudiado someramente, creo que –bajo una apariencia científica o periodística– no parece ofrecer más que humo, sensacionalismo o distracción, al igual que otros discursos paralelos como el Disclosure Project del Dr. Greer. En realidad, en ese contexto, Marte ya es lo de menos; lo de más es construir una historia para llenar las mentes de las personas.

Así pues, considero que la visión conspirativa de Marte es todo un galimatías del que no parece que podamos sacar nada en claro. Más bien da la impresión de que en todo este asunto hay mucho montaje y falsedad por todas las partes implicadas, empezando por la paradoja de que si la NASA es –presuntamente– una organización seria y profesional, con métodos y directrices coherentes, resulta casi de broma que se convierta en un coladero de información crítica, fotos extrañas, filtraciones de alto nivel, traiciones y rumores de sabotaje. Si realmente hubiera un control férreo sobre toda la investigación en Marte, no habría habido lugar para la más mínima opción conspirativa.

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El mediático Richard Hoagland

Asimismo, cabe recordar que varios de los críticos han estado ligados a la investigación espacial oficial, y que todos han bebido de un modo u otro de unas mismas fuentes de información. Además, alguno de éstos, como en especial Richard Hoagland, ha tenido amplia visibilidad y repercusión en los medios, con lo cual podemos decir que realmente no se han hecho esfuerzos para acallar estas voces, sino más bien todo lo contrario. Por otro lado, la obsesión por ocultar la hipotética existencia de vida en Marte (pasada o presente, inteligente o no) para evitar un clima de angustia o inseguridad entre la población me parece un argumento bastante risible como para tejer tantas maniobras o conspiraciones[11]. ¿Están tramando una operación de ingeniería social? ¿Nos quieren hacer creer sutilmente en alienígenas? ¿Se quiere montar un pequeño teatro para distraer al público de la realidad del Cosmos? No tengo respuestas para estas cuestiones.

Y aquí acabamos. Después de haber tratado el tema de la Luna y ahora el de Marte, se me ocurren muchas cosas sobre la exploración del espacio y las rarezas de los astros, pero todo se quedaría en el mundo de las hipótesis y las especulaciones, puesto que no puedo tener ninguna seguridad sobre una remota realidad que es explorada y publicitada por un círculo de entidades y personas muy reducido. Lamentablemente, sólo nos queda realizar un acto de fe sobre los que unos pocos dictaminan como “verdadero”, aunque ello no consiga explicar, por ejemplo, cómo es que hasta los años 50 se apreciaban claramente canales en Marte en la observación telescópica con los mejores aparatos y luego tales canales “desaparecieron” en cuanto llegaron allí las sondas. ¿Estamos ante errores generalizados o ante una realidad cambiante?

En fin, la experiencia sobre la moderna ciencia me ha acabado por posicionar en la trinchera del sano escepticismo frente a la postura de los creyentes y acólitos. Desde este enfoque tengo muy presente que la verdad podría permanecer en un cierto limbo, pues ni oficialistas ni críticos estarían dando en la diana (intencionadamente o no). Y esta es la gran tragedia de la investigación científica genuina: no sabemos dónde acaba el error o el sesgo y dónde empieza la tergiversación o la mala intención. ¿Podemos fiarnos de la ciencia materialista-reduccionista? Creo que lo más adecuado es que cada cual extraiga sus propias conclusiones sobre ese brillante punto rojo que llevamos viendo en el firmamento desde hace miles de años.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

 


[1] Sin embargo, según comenta Graham Hancock, dicha imagen nunca apareció en los archivos de la NASA porque muy posiblemente nunca se realizó, pues se había hecho de noche y ya no podía verse nada.

[2] A decir verdad, algunas imágenes de la región de Elysium tomadas por las Mariner en los años 70 ya habían mostrado algunos montes de formar regular, sobre todo de tetraedro (con 3 Km. de lado y 1 Km. de altura), pero apenas se hizo caso a tales formaciones, a la espera de posteriores estudios.

[3] HANCOCK, G. El misterio de Marte. Grijalbo. Barcelona, 1999.

[4] En realidad, quien lanzó este concepto al debate científico fue Immanuel Velikovsky, que fue considerado un hereje por tratar de explicar el universo en función de fuerzas eléctricas en vez de los consabidos mecanismos de la gravedad.

[5] Precisamente uno de los fragmentos resultantes de esta explosión habría sido el causante del evento K/T, un impacto de asteroide que supuestamente acabó con los dinosaurios sobre la Tierra

[6] BRANDENBURG, J. Evidence of a Massive Thermonuclear Explosion on Mars in the Past. The Cydonian Hypothesis and Fermi’s Paradox. Journal of Cosmology, 2014, vol. 24, number 13.

[7] En concreto, no existe una ley que proteja esa confidencialidad o discrecionalidad, pero sí una cláusula contractual con la empresa (de nombre MSSS) que desde los años 90 proporciona el equipo de toma y procesado de las imágenes, según la cual la empresa dispone de un periodo de validación de datos de hasta un máximo de seis meses, si bien lo habitual es que las imágenes sean tratadas y difundidas en tiempos relativamente cortos.

[8] Basiago es el presidente de MARS (Mars Anomaly Research Society). Este investigador defiende, no sólo que hubo vida en Marte en el pasado, sino que todavía la hay, incluyendo humanoides inteligentes.

[9] Tipo de percepción extrasensorial o paranormal para “ver” una determinada realidad saltando las barreras del espacio e incluso del tiempo.

[10] Para los que deseen entrar en el “universo Hoagland”, como muestra principal del Marte alternativo, les adjunto aquí el enlace a su web: http://www.entreprisemission.com

[11] De todas maneras, es oportuno citar que en 1960, y por iniciativa de la NASA, se redactó el “informe Brookings”, que establecía una serie de preceptos ante la posibilidad de encontrar vida inteligente superior durante la exploración espacial. Este informe tenía como eje central el posible impacto que tendría en la sociedad –sobre todo en la cuestión de las creencias– el contacto con esas inteligencias extraterrestres, y de qué manera las autoridades debían gestionar la situación, incluyendo la retención u ocultación de información cuando así se considerase necesario.

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4 respuestas a “¿Qué pasa con Marte? (II)

  1. Hola Xavier, lo primero quería darte las gracias por tus estupendos artículos, es un placer leerlos, tanto por lo interesante de los temas como por su cuidada redacción.

    En cuanto a Marte, las fotografías de los aficionados ni siquiera se parecen a las que nos muestra la Nasa. En dichas fotografías el planeta no es tan rojo y tiene un polo extrañamente brillante, que por supuesto no aparece en las imágenes oficiales, que son todas composiciones digitales según dicen ellos mismos.

    Personalmente a la Nasa ya no le puedo conceder la más mínima credibilidad, han sido demasiadas ruedas de molino, la última, en mi caso, la supuesta existencia de tormentas con formas geométricas, como la tormenta hexagonal de Saturno. Lo siento pero no.

    No se que función tiene ese organismo, pero desde luego no es descubrir el espacio y mostrarlo a la humanidad.

    Un saludo.

    1. Gracias María por el comentario

      No puedo añadir mucho más, porque no soy experto en astronomía, pero sí es verdad que documentando el artículo he encontrado varias referencias a las diferencias entre el Marte que ven (y fotografían) los aficionados con sus equipos modestos y lo que muestra la NASA. Precisamente, como ya cité, Hoagland mostraba esta discrepancia como un hecho anómalo. Con todo, insisto en que -más allá de las críticas que ya he explicado- no puedo valorar lo que hace la NASA y sobre sus intenciones o formas de trabajar, aunque sí es cierto que parece haber muchas cosas que chirrían.

      Saludos,
      X.

  2. En las fotografías que recibimos de las Viking se ve Marte como una fotografía hecha con gran angular.
    Y en muchísimas de ellas sale parte de la Viking (antenas ; cables; placas solares…)
    Es curioso que la misma Nasa asegure que hay fuertes tormentas de polvo que incluso se pueden divisar desde la Tierra con un telescopio…

    … y que al mismo tiempo , las partes de la Viking que salen en las fotos estén ecrupulosamente limpias.

    No llego a comprender cómo envían a Marte al personal de limpieza (hasta lo más recóndito de las distintas piezas se ve inmaculado)

    Tal vez la mision Viking fuese un total desastre y nos estén “informando” con paisajes hechos por ordenador o grabaciones de estudio.

    Un abrazo.

    1. Gracias por el comentario Jose

      No mucho más que añadir, ya he expuesto las dudas y controversias por las imágenes marcianas. En efecto, las fotos de la Viking parecen impolutas (y la misma NASA reconoce que las tormentas de polvo son cosa violenta y habitual en la superficie marciana…). Que todo sea un montaje al estilo de la versión conspirativa del alunizaje de la misión Apolo se me escapa. Podría ser; otra cosa más complicada es probarlo de manera rotunda. Por ello hablaba en el artículo de que tan sólo hacemos un acto de fe frente a lo que nos presentan como una “realidad científica”.

      Saludos

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