El simbolismo iniciático de “La guerra de las galaxias”

star_warsPermítanme los lectores que haga otra fugaz incursión en el mundo del cine, que –aparte de proporcionar entretenimiento– ofrece de vez en cuando no pocas ocasiones para la reflexión y la introspección… para los que saben leer entre líneas. En efecto, algunas películas de determinados géneros, con grandes o pequeños presupuestos, tienen una lectura subliminal que no siempre resulta fácil de detectar, sobre todo cuando la cinta se mueve –al menos aparentemente– en el campo del mero pasatiempo, como por ejemplo sucede en el thriller, la ciencia-ficción o las aventuras. Así, en bastantes casos, por debajo de la narración cinematográfica aparecen historias y mensajes soterrados que el creador de la ficción se ha guardado bien de exponer de forma explícita, como si fuera un pequeño juego para iniciados.

En su momento, ya me adentré en los entresijos de Casablanca y más en particular de Matrix, siendo ambas películas de culto sobre las cuales se ha dicho prácticamente todo. Ahora bien, por seguir la línea de Matrix y su mensaje filosófico e iniciático, me gustaría realizar un breve análisis de otra película de aventuras que marcó toda una época en los años 70 y que todavía sigue viva en forma de precuelas y secuelas, si bien considero que –más allá de la primera trilogía– queda muy poco que comentar, pues a estas alturas más bien estamos ante un fenómeno comercial repetitivo, basado en el abuso de los efectos especiales más impactantes y la irresistible atracción por el mito creado[1]. Vamos pues a hablar de la criatura nacida de la imaginación del cineasta George Lucas hace ya 40 años: Star Wars o “La guerra de las galaxias”, cuya primera entrega (estrenada en 1977), destaca con mucho en la trilogía inicial y ya no digamos con respecto al resto de la saga.

Digamos para empezar que George Lucas fue desde pequeño un gran admirador y consumidor de la ciencia-ficción más clásica, representada por héroes como Flash Gordon o Buck Rogers, o por las películas de serie B de este género, que incluían todo tipo de aventureros, monstruos, robots, naves espaciales… Cuando se introdujo en el mundo del cine como director no dudó en crear su primera ficción futurista, una cinta modesta y poco comercial titulada THX 1138, de tintes más bien siniestros. Sin embargo, a la hora de meterse en una gran producción de ciencia-ficción decidió rescatar la versión más aventurera y épica del género, la que había disfrutado en su infancia, y que debía incluir altas dosis de acción y fantasía.

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La obra principal de J. Campbell

En este punto, al repasar la saga Star Wars vemos que, en efecto, Lucas retomó esa ciencia-ficción más fantástica y espectacular, pero incorporó en su fondo toda una narrativa mitológica surgida de su interés por la obra de Joseph Campbell, unos de los antropólogos más notables del siglo XX y gran experto en mitología. De hecho, Lucas admitió explícitamente la influencia ejercida por Campbell, tanto en la construcción del argumento como en el perfil de los personajes, con un especial énfasis en la figura del héroe y su proceso iniciático. No por nada, la obra más destacada de Campbell es con toda certeza The hero with a thousand faces (“El héroe de las mil caras”), escrita en 1949, en que el académico estadounidense realizó un profundo análisis del mito del héroe en las antiguas tradiciones del mundo.

Así pues, ¿qué hay de simbolismo iniciático en la saga galáctica? Forzosamente hemos de penetrar en la trama de las películas para descubrir esos antiguos arquetipos míticos presentados en forma de una falsa ciencia-ficción. Los argumentos de la primera película, A New Hope (“Una nueva esperanza”) y de sus dos secuelas son harto conocidos, pero tendremos que volver a repasar escenas, situaciones y personajes para comprobar que la historia galáctica es en realidad una obra mitológica e iniciática puesta al día con un disfraz de aventuras espaciales. Eso sí, para Lucas, se trataba en realidad de una misma película o historia partida en tres bloques, y de hecho podemos hablar de un círculo que se abre en la primera entrega y se cierra en la tercera. Y, como veremos, la propuesta de Lucas en esa trilogía posee muchas concomitancias con la posterior Matrix (también una trilogía), a pesar de que parezcan películas bien distintas. Pero vayamos ahora a Campbell.

Para Joseph Campbell, la estructura básica del mito del héroe es esencialmente la misma en todas las culturas del planeta. Se trata de un círculo o ciclo que él denomina unidad nuclear del monomito, y que consta de tres etapas: la separación, la iniciación y el regreso, y cada una de ellas con sus correspondientes sub-etapas. Campbell comprobó que, en efecto, tanto en Oriente como en Occidente existía una misma tradición iniciática del héroe, o sea, un relato que narra el viaje o aventura –que incluye enseñanzas, pruebas y vivencias– que el iniciado debe realizar y que le conduce en última instancia al triunfo, esto es, a la iluminación y el autoconocimiento. Así, por ejemplo, menciona los paralelismos entre famosos mitos e historias como Jasón, Prometeo, Teseo, Jonás, Buda, etc., más otras muchas mitologías poco conocidas de varias tribus primitivas y culturas de diferentes regiones del mundo.

La primera etapa de ese viaje es la separación, que representa la ruptura del héroe con su mundo rutinario y predecible para adentrarse en terrenos desconocidos. Campbell señala la presencia inicial de un mensaje o estímulo que desencadena el viaje: es el elemento que a modo de chispa da arranque al héroe, lo que Campbell denomina “la llamada de la aventura”. Así, el mensajero trae consigo una revelación que sacará al futuro héroe de su situación anodina y mundana y lo obligará a reaccionar y a seguir la senda que trae el propio mensaje. De alguna manera, este es el principio del despertar del nuevo yo que irá creciendo a partir de este punto. Pero para que la separación tenga lugar, el iniciado debe entrar en el terreno de lo sobrenatural, y eso le conduce directamente a la figura del guía o maestro, que le va introducir en ese universo. Esto sería, en la tradición primitiva, la iniciación del chamán, y de hecho, esta palabra significa literalmente “el que camina por el cielo”, es decir, Skywalker, en inglés.

En efecto, en la película vemos perfectamente esta secuencia cuando Luke Skywalker, un joven granjero que tiene sueños de aventura pero que vive una vida aburrida con sus tíos, es sorprendido por el mensaje portado por el pequeño robot R2D2. Dicho mensaje trastoca la vida de Luke, que se siente implicado en la historia y decide averiguar quién es ese Obi-Wan Kenobi, aunque sospecha que se podría tratar del viejo solitario que vive en el desierto, Ben Kenobi. Por la película ya sabemos que se produce esa búsqueda y ese encuentro, en el cual Kenobi salva a Luke y lo empieza a iniciar, explicándole la historia de su familia y revelándole la existencia de “la Fuerza”, un mundo sobrenatural y desconocido para los profanos. En realidad, Lucas quería que el personaje de Kenobi fuera lo más próximo a un típico chamán, con un halo de mago o hechicero, pero –a petición del actor Alec Guiness– ese perfil se diluyó hacia una especie de sabio ermitaño, algo más aceptable para su estilo.

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Escena de la película en que Obi-Wan Kenobi observa el mensaje recibido por Luke Skywalker

De este modo, el chamán se convierte en figura protectora e iniciadora que velará por su pupilo y lo irá introduciendo en los entresijos de la magia del mundo inmaterial, donde una poderosa energía cósmica –la Fuerza– se convertirá en su aliada y en su regla de vida, otorgándole unas facultades y poderes que no están al alcance de los no iniciados y que él debe emplear sabiamente para el triunfo del Bien. Esta idea chamánica de fuerza protectora se refleja perfectamente la película, así como las dudas y tropiezos del recién iniciado, que al principio se siente desconcertado y abrumado, cuando no incrédulo. Asimismo, Kenobi advierte a Luke de que existe el reverso de la Fuerza, la otra cara del mundo sobrenatural y que resulta tan atractiva como peligrosa y destructiva. Esto viene a plantear la clásica –y falsa– dicotomía sobre el esoterismo. No existe un saber o un poder esotérico “bueno” y otro “malo”. Es un mismo conocimiento, una misma energía, que puede emplearse en uno u otro sentido, según el libre albedrío de la persona.

Y por cierto, si retornamos por un momento a Matrix, vemos que la secuencia del héroe es muy similar: un individuo joven que vive una vida rutinaria recibe un mensaje –por medio de Trinity– que le sacará de su mundo y lo llevará directamente a la iniciación, que es el camino que estaba buscando de modo inconsciente. Ahí se produce el encuentro con el guía, que no es otro que Morfeo, que le explicará cómo moverse y prosperar en el mundo virtual de la simulación holográfica, o sea, el universo sobrenatural que funciona con otras reglas… que pueden ser burladas o superadas.

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La elección que dará paso al cruce del umbral (Matrix)

La separación culmina con lo que Campbell llama “el cruce del primer umbral”, que es la frontera que marca el punto de no retorno. El iniciado se embarca de pleno en la aventura vital y espiritual que ha comenzado y ya no tiene enmienda posible. El héroe deja atrás su antigua personalidad para adoptar la nueva, que le comporta nuevos retos y responsabilidades. Luke deja de ser el joven granjero y se embarca en la aventura de los rebeldes para destruir al imperio que ha roto la armonía de la galaxia. Todavía no es propiamente el chamán –o caballero Jedi– pero ya está implicado en su nuevo rol y en el camino marcado por la Fuerza, gracias al entrenamiento material y espiritual que le ha proporcionado su maestro Jedi. Algo semejante ocurre en Matrix cuando Neo toma la pastilla roja, cae por el agujero de la madriguera y aparece en el nuevo mundo con su nueva personalidad y la aceptación de su misión (aunque él mismo no acabe de creer).

La segunda etapa del héroe es propiamente la iniciación. Si bien el héroe ya ha sido introducido en el mundo sobrenatural, necesita superar una serie de obstáculos o desafíos para alcanzar el control total de su ser y de sus habilidades. Según Joseph Campbell, esto es lo que recogen típicamente los mitos en forma de “camino de las pruebas”, que es claramente visible en muchas historias, como por ejemplo en los trabajos de Hércules. En La guerra de las galaxias vemos marcada esta etapa en la segunda película, en la cual Luke completa su adiestramiento de la mano de otro maestro chamán, el pequeño Yoda, que vive en un planeta selvático y desapacible.

Allí Luke se adentra en terrenos boscosos y tenebrosos donde no sabe a ciencia cierta qué peligros deberá afrontar, aunque Yoda le avisa de que de nada le servirán sus armas materiales. De algún modo, el paisaje oscuro y amenazante representa una búsqueda en el laberinto interior, en el cual habitan todas las inseguridades y miedos. Así, no es de extrañar que frente al héroe aparezca de repente su contraparte –en este caso, Darth Vader– para intimidarlo, y Luke lo acomete violentamente para acabar comprobando, al caer la máscara, que en realidad su gran enemigo es él mismo, su “lado oscuro”. Así pues, para alcanzar el autoconocimiento, el héroe deberá enfrentarse finalmente a su opuesto, y eso es precisamente que es lo que Yoda le trasmite.

Por otro lado, esta iniciación con Yoda muestra el problema del apego a la realidad física como obstáculo para poder dominar la Fuerza. Luke ha crecido y ha superado muchos peligros pero no se ve capaz de sacar su caza de ala X de las aguas del pantano. Cuando Yoda le pide que lo eleve, Luke dice que lo intentará, y el maestro le responde que lo haga o que no lo haga, pero que no lo intente. Ese es el momento de la duda, el temor, la sensación de incapacidad. Por ello Luke acaba fracasando y Yoda le demuestra que la tarea era perfectamente posible pues no era una cuestión de tamaño o peso (la materia), sino de poder, o sea, creer. “Por eso fallaste, porque no creías.”

Si volvemos a la comparación con la trama de Matrix, tenemos un proceso semejante de adiestramiento o iniciación en la figura de Neo. Después de traspasar el umbral, el héroe se va adentrando en el mundo sobrenatural de la mano de su maestro, Morfeo, y comprueba progresivamente cómo va aumentando su poder de chamán. Sin embargo, también experimenta el fracaso de la no creencia, al no poder superar la prueba del salto entre dos rascacielos. Del mismo modo, se incide una vez más en la importancia del autoconocimiento como motor de la trasformación y posterior iluminación. Así, el en casa del oráculo –otra figura iniciadora de gran peso– vemos el cartel del famoso Gnothi Seauton, “conócete a ti mismo”, y en el resto de la película se desarrolla el camino hacia ese conocimiento interior: “¿Soy o no soy el elegido? ¿Soy libre o cumplo mi destino?”

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Darth Vader, padre y oponente de Luke

Siguiendo a Campbell, el proceso de iniciación contiene otros elementos como el papel de apoyo de la Diosa Madre y el reencuentro o reconciliación con el padre. En el caso de Skywalker, no hay propiamente una figura materna, pero sí un referente femenino en la figura de la Princesa Leia, a la que amará como ideal y luego como hermana, según descubrimos en la tercera película. En cuanto a la figura paterna, es obvio que ahí surge Darth Vader, según la confesión de la segunda entrega, y ese será el gran desafío que se planteará en adelante: para Luke, enfrentarse a su opuesto –el malvado que emplea la Fuerza para el Mal– es enfrentarse a su propio padre, pero no tiene otra salida, pues ese el punto final del camino que le ha marcado Yoda. Y como ya sabemos, en la trilogía de Matrix, ese duelo entre Neo y su eterno oponente Smith debe resolverse también de un modo definitivo.

Por fin, la culminación de la iniciación del chamán tiene lugar en dos estadios que Campbell denomina “apoteosis” y “la gracia última”. En la trilogía cinematográfica, esta fase se corresponde con la tercera película, en la cual Luke emprende la ruta final que le llevará hasta la iluminación, esto es, la superación del ego y la asimilación del amor incondicional, un estado que en la tradición budista se denomina Bodhisattva. En la película El retorno del Jedi Luke vuelve por amor a sus amigos y compañeros y encara la aventura final en la que irremisiblemente deberá encararse a su padre, que es a la vez su opuesto.

Como era previsible, el encuentro entre ambos se produce y Luke no sólo rehúsa unirse al lado oscuro de su padre, sino que confía en poder rescatarlo de su prisión de maldad. En la escena final se produce la lucha y Luke muestra su gran poder como chamán, pero es el odio el que por un momento le ha obnubilado y le ha permitido vencer a su padre. Dándose cuenta de ello, abandona el odio y renuncia a aniquilar a su padre, como le exige el emperador. En ese momento se produce la redención mutua de ambos héroes: Darth Vader (o sea, Anakin Skywalker) no puede soportar ver cómo Luke está siendo torturado a muerte por el emperador y reacciona sacando el bien que hay en él para salvar la vida física de su hijo. Recíprocamente, Luke salva a su padre –no en la vida física, lo que ya no es posible– pero sí en su espíritu, que ha recuperado el amor, la sabiduría y la paz. Recordemos el inequívoco diálogo: “¡Padre, tengo que salvarte!, a lo que Anakin responde: “Ya me has salvado”. De alguna manera, ambos han renacido, han tomado su inmortalidad y han completado su viaje, la aventura del héroe.

Ni que decir tiene que en Matrix se da un episodio muy semejante en el fondo, que se desarrolla en los finales de la primera y de la tercera película. En la primera, el amor de Trinity hace renacer a Neo, que había “muerto” en el mundo material. Esto lo hace inmune al miedo y a su enemigo, el agente Smith, que es vencido con facilidad. Sin embargo, su opuesto renace y se enfrenta a él al final de la saga. Neo acaba por comprender que ambos son uno mismo y que está luchando contra su propio ser. La fusión entre ambos pondrá fin a ese falso conflicto y le permitirá la liberación definitiva.

La tercera y última etapa del héroe es la del regreso, y no aparece como tal en la primera trilogía, si bien el título El retorno del Jedi así podría indicarlo. La culminación o cierre del círculo tiene lugar una vez el héroe ha llegado al final de su camino personal de iniciación y en realidad ya no le queda más por hacer, pues ya sabe todo lo que debía saber. Este es el punto en el que finaliza la primera trilogía de la saga, que luego se volvió hacia los orígenes del mito (los episodios previos I, II y III), que en gran medida carecen de la fuerza emocional y narrativa de la trilogía inicial.

En el regreso propiamente dicho, según Campbell, el héroe renuncia en un principio a la vuelta, se recluye en su mundo e incluso emprende una huida mágica. Sin embargo, el héroe no se ha desconectado del todo y puede renacer al mundo que abandonó un día. Para ello, deberá volver a cruzar el umbral que atravesó en el pasado para regresar al mundo material mundano y aportar su singular don a aquellos que lo precisan. Esto es precisamente lo que vemos en la séptima entrega de la saga, en la que un viejo Luke, que estaba perdido y aislado, reaparece al final para retomar su rol de caballero Jedi y restaurar el equilibrio del mundo.

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George Lucas en los años 80

Este sería, explicado de forma muy sucinta, el trasfondo mitológico de La guerra de las galaxias, una película algo desplazada de su época, pues por entonces triunfaba más bien otro tipo de cine, más realista y menos dado a la fantasía, incluyendo el llamado cine de autor. El motivo del grandioso éxito de esta cinta –que ni siquiera imaginaba George Lucas– lo podríamos situar en la novedad de los efectos especiales, en el impacto visual o en la recuperación del género de la ciencia-ficción, que estaba relativamente olvidado en los 70. No obstante, sin desestimar todos estos factores, parece claro que Lucas acertó al tomar el enfoque de Campbell sobre el héroe y la aventura vital iniciática para construir su historia. Si bien es obvio que el director americano llenó la película de máquinas y de tecnología futurista, asentó la historia en la personalidad del héroe y en la mística de la Fuerza, y con ello conectó a la audiencia con los mitos más arcaicos y sugerentes que de alguna manera se mantienen vivos en el inconsciente colectivo.

En efecto, con el personaje de Luke Skywalker, el chamán galáctico, Lucas recuperaba una idea metafísica o espiritual del héroe prácticamente perdida en la sociedad materialista occidental de finales del siglo XX, pero que no había desaparecido del todo. En realidad, toda la trilogía gira alrededor del triunfo del héroe de las mil caras, gracias a la Fuerza (la conexión al mundo etéreo), no a la mera acumulación de elementos físicos. Luke es pues el arquetipo reconocible del héroe clásico, que combina su faceta de guerrero y explorador con la de santo y que ofrece su vida en pos de un ideal superior al que él no puede renunciar. Por el camino tendrá que aprender a usar la Fuerza, lo que le permitirá moverse por los terrenos más hostiles, luchar contra malvados de todo tipo, matar dragones (véase la tercera película), rescatar a la Dama, salvar a sus compañeros, liberar el reino y redimir finalmente a su propio padre, que es el reto más duro de todos, pero el que le permitirá alcanzar la iluminación.

En definitiva, la simbología de La guerra de las galaxias nos enfrenta al sentido de nuestra existencia: todos somos héroes anónimos que debemos obtener una experiencia, un aprendizaje y una comprensión profunda de nosotros mismos. Todo ello conforma una gran aventura que comporta dificultades, riesgos y peligros, pero eso es “parte de la película”. Y al término del viaje se alcanza el triunfo final: la Fuerza y el héroe son en realidad una misma cosa, la única cosa.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons / flickr / Dick T. Johnson (foto de Mark Hamill)

Anexo: anécdotas y curiosidades de “La guerra de las galaxias”
  • George Lucas en realidad deseaba hacer una versión libre del clásico de los años 30 Flash Gordon, e intentó comprar los derechos del personaje, pero sus propietarios pusieron un precio demasiado alto para el presupuesto de Lucas, con lo cual tuvo que renunciar a su propósito inicial y se vio forzado a crear toda una historia nueva, con su propio héroe y el resto de personajes.
  • El rodaje de la primera película, en 1976, tuvo bastantes complicaciones en Túnez, por el calor sofocante y las continuas tormentas de arena, hasta el punto que todos los integrantes del equipo –excepto los actores– llevaban anteojos de protección. El actor inglés Anthony Daniels, embutido en su traje de androide C3PO, fue el actor que peor lo pasó, al sufrir varios desmayos y perder casi dos kilos diarios a causa del intenso calor. Además, el disfraz de robot no estaba muy bien acabado: era rígido e incómodo –el actor apenas podía caminar– e incluso se llegó a romper parcialmente.
  • Sir Alec Guiness estuvo a punto de no participar en la saga porque –tras leer el guión– consideró que no se ajustaba a su perfil de actor. Pero Lucas lo quería para el papel de Ben Kenobi e insistió mucho hasta lograr su implicación, lo que le obligó a modificar de forma sustancial el personaje de Kenobi para que al fin resultara del agrado del actor británico. De todos modos, a Guiness nunca le acabó de gustar su papel, aunque económicamente salió bastante beneficiado, al recibir un porcentaje de las recaudaciones (y con la ayuda del inesperado éxito de la cinta).
  • En el caso de Harrison Ford todo fue más fácil, pues actor y director ya se conocían y habían trabajado juntos, pero aun así Ford se quejó de los diálogos de su personaje Han Solo, que consideraba demasiado banales, y llegó a amenazar a Lucas con atarlo a una silla y hacerle repetir dichos diálogos. Ford, por cierto, no debía haber intervenido en el film, pues Lucas quería actores desconocidos para los papeles principales. El caso es que Ford, a petición de Lucas,  acudió a las audiciones para echar una mano y acabó convenciendo al director de que él era la mejor opción frente a los aspirantes.
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    Mark Hamill en la actualidad

    El joven Mark Hamill, al tener conocimiento del proyecto de Lucas, se mostró interesado en asistir al rodaje de una película de aventuras espaciales, pero su agente artístico no sólo le consiguió eso sino que lo colocó en el casting para el papel protagonista. El resto de la historia ya la sabemos.

  • El casting para el papel de la princesa Leia estuvo muy disputado y acudieron a él actrices consagradas u otras que iban a ser grandes estrellas más adelante: Sissy Spacek, Farrah Fawcett, Jane Seymour, Jessica Lange, Glenn Close, Sigourney Weaver, Cibyll Shepherd, etc. No obstante, la que al final se llevaría el gato al agua fue la jovencísima Carrie Fisher, que más allá de su participación en la saga no tuvo otros grandes éxitos comerciales.
  • David Prowse, el gigantón inglés que interpretó al malvado Darth Vader, no era actor profesional sino boxeador y culturista. Lucas, al principio, no tenía claro quién podría ser Vader y le ofreció a Prowse este papel o el de Chewbacca (ambos de gran presencia física). Prowse escogió el rol de Vader porque –según sus palabras– “el público siempre recuerda al villano de la película”. Sin embargo, su interpretación se limitó estrictamente a la gestualidad, pues la voz en el original inglés la puso el actor norteamericano James Earl Jones (el acento de Prowse resultaba demasiado inglés rural). Asimismo, un especialista llamado Bob Anderson le suplantó en las escenas de combate con espadas de luz. Pero la mayor afrenta para Prowse fue no poder “dar la cara” al final de “El retorno del Jedi”, pues cuando Vader aparece por fin sin la máscara no se trataba de Prowse, sino de otro actor inglés, Sebastian Shaw. El motivo de tal sustitución no está muy claro. Entre otras explicaciones, he leído que Guiness enchufó a un viejo amigo suyo que necesitaba un empujón, o bien que Lucas castigó a Prowse por irse demasiado de la lengua.
  • El personaje del wookie Chewbacca fue interpretado por el también amateur Peter Mayhew, un robusto mozo de dos metros de un hospital londinense. La idea e imagen del personaje nació del peludo perro del propio George Lucas, un poderoso Alaskan Malamute que solía ejercer de “copiloto” en su coche, al estilo del wookie en la nave de Han Solo. Y, ¡vaya casualidad!, el perro se llamaba Indiana… ¿Les suena de algo? (Aparte, en los estudios de la Fox se llegó a generar una polémica absurda sobre Chewbacca porque este ser –semejante a un bigfoot– estaba completamente desnudo… a pesar de no mostrar nada.)
  • En la primera película aparecen muchas naves y vehículos futuristas que fueron creados físicamente –entonces no había efectos digitales– por los expertos en diseño. En realidad fue un trabajo de creatividad e ingenio, pues la mayoría de las naves se construyeron conjuntando con imaginación múltiples piezas de maquetas aeronáuticas de plástico ya existentes (los mismos kits de montaje que podía comprar cualquier aficionado). Del famoso Halcón Milenario de Han Solo se construyeron tres maquetas: dos a escala y una a tamaño real, lo que provocó algún problema de coordinación, porque la enorme nave a 1:1 estaba en Londres y las otras dos en Los Angeles. Por lo demás, para dar vida a las naves y hacer que surcasen el espacio se tuvo que desplegar toda una nueva tecnología de cámara para conseguir los resultados deseados. En total, la película precisó de la participación de casi 900 técnicos en efectos especiales.
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Caza rebelde de ala X: realizado con piezas de simples kits de aeromodelismo
  • George Lucas no quería una banda sonora de música electrónica de tipo futurista, sino una música romántica y épica, muy sinfónica, que crease un fuerte contraste con las imágenes. Así, encargó la banda sonora al compositor neoyorquino John Williams, que –como en la mayoría de sus trabajos– compuso las melodías sin ver un solo fotograma de la película ni leer el guión, para no verse influido o condicionado a priori por la historia. El resultado, empero, fue espectacular: la música se grabó en 14 sesiones durante marzo de 1977 y se acopló perfectamente a todas las escenas, hasta el punto de convertirse en todo un clásico de las bandas sonoras.

[1] Aparte de estos factores, considero que la continuación de la primera trilogía ha desnaturalizado en gran medida el espíritu de la saga inicial y la ha llenado de simbolismos perversos y de mensajes subliminales en la línea de lo políticamente correcto.


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