Navidad en las trincheras

trench_world_war_warHace ahora 105 años, en diciembre de 1914, Europa andaba sumida en una guerra que nadie había creído posible y que –en caso de estallar– nadie pensaba que fuese a durar más allá de unas pocas semanas o meses. Sin embargo, aquello sólo era el principio de la Primera Guerra Mundial, la primera guerra masiva en la cual se instituyó la masacre generalizada y mecanizada, el primer aviso de lo que comportaba la moderna civilización industrial cuando ésta ponía en marcha sus potentes mecanismos de producción de armas y movilización de ciudadanos a gran escala. Lo cierto es que, tras cinco escasos meses de guerra, la cifra de bajas en los contendientes ya ascendía a unas 800.000, sobre todo provocadas por la pavorosa guerra estática de trincheras, caracterizada por suicidas asaltos a la bayoneta contra auténticos muros de fuego.

En este contexto, nos situamos en el día 24 de diciembre de 1914 en las cercanías de Ypres (Bélgica), en el frente occidental. Agazapados en sus trincheras y en medio de un clima frío y desapacible, los alemanes observaban a sus enemigos, que distaban a no muchos centenares de metros. Llegada la noche decidieron decorar sus trincheras con velas y árboles de navidad y acto seguido empezaron a cantar villancicos, como el conocido Noche de paz (Stille Nacht, en alemán). Entonces, para su sorpresa, sus adversarios –franceses y escoceses– entonaron también sus correspondientes villancicos en francés o inglés. Momentos después ya se produjeron las primeras salidas de las trincheras por una y otra parte para continuar con los cantos navideños. Un famoso tenor alemán llamado Walther Kirchhoff llevó la voz cantante –nunca mejor dicho– en esos momentos, emocionando con su maestría vocal a todos los presentes, en una u otra trinchera.

De ahí se pasó ya directamente a un abandono general de las posiciones para reunirse en tierra de nadie, conversar y compartir cigarrillos, bebida, chocolate y otros obsequios. Asimismo, aprovechando el oasis de paz, cada bando se dedicó a recoger los cadáveres de sus caídos sobre el terreno para darles adecuada sepultura. Visto el panorama, los oficiales optaron por pactar con sus homónimos del otro lado una tregua temporal o alto el fuego oficioso para “formalizar” la situación por lo menos en Nochebuena y el día de Navidad, si bien en algunas zonas se extendió hasta fin de año. Sea como fuere, la extraña tregua se fue generalizando por los sectores colindantes, dándose muestras de confraternización de todo tipo, e incluso llegándose a disputar un partido de fútbol entre aliados y alemanes, que ganaron estos últimos. Según se ha estimado, esta pausa navideña afectó a unos 100.000 hombres, sumando todas las fuerzas en liza. Por otra parte, en el otro extremo de Europa, hay evidencias de que rusos y austro-húngaros acordaron una tregua similar en diciembre, en la que también los soldados de ambos bandos se encontraron pacíficamente en tierra de nadie.

Por supuesto, en cuanto las noticias de esta insólita tregua de Navidad llegaron a los altos mandos respectivos se produjo una reacción de pánico, aunque también de furia. Para frenar la tendencia al apaciguamiento se dieron órdenes tajantes de no confraternizar con el enemigo bajo severísimas penas y se procedió al inmediato relevo de las tropas implicadas en el funesto incidente. Muchas de estas tropas fueron enviadas a frentes lejanos y mucho más duros, donde les esperaba un destino más bien sombrío. A partir de ahí, se puso el mayor empeño en evitar un efecto contagio y se implementaron medidas para que tales hechos no se volvieran a repetir. De este modo, se redoblaron los esfuerzos propagandísticos y disciplinarios y se procuró desde entonces que las unidades no pasasen demasiado tiempo en un mismo frente –y especialmente si era poco activo– para evitar “familiarizarse” con el enemigo. Además, para las fechas navideñas se impuso la práctica de ataques y de grandes bombardeos de artillería para mantener el miedo y el clima de guerra y evitar así que el ambiente de Navidad pudiera volver a suscitar deseos de bajar las armas. El resultado de esta política fue obviamente exitoso, pues la guerra siguió su curso y se extendió cuatro años más, con un enorme derramamiento de sangre.

Ahora bien, pese a todos los intentos de borrar este episodio de la realidad bélica, el incidente existió y su impacto fue innegable, pues nos quedan los testimonios de muchas cartas de los que participaron en la tregua, así como de algunas fotografías, e incluso noticias periodísticas, pues algunos periódicos de Estados Unidos (que entonces aún era neutral) y de Gran Bretaña llegaron a hacerse eco de los hechos a pesar de la censura impuesta. Eso sí, en Alemania casi no hubo repercusión y en Francia se silenció completamente la noticia en los medios. Lo que sí es cierto es que ya antes de esta tregua –por lo menos desde noviembre de 1914– se habían producido acciones similares esporádicas y que después se siguieron produciendo en casi todos los frentes, aunque todas ellas a menor escala. En cualquier caso, como ya se ha comentado, las medidas tomadas desde las más altas instancias políticas y militares dejaron estos sucesos como meras anécdotas en forma de breves interrupciones de las hostilidades locales.

Para los que deseen saber más sobre ese tema concreto pueden consultar la información disponible en Internet referente a la “Tregua de Navidad de 1914” o pueden ver la interesante película francesa de 2005 Joyeux Nöel (“Feliz Navidad”), una correcta recreación de los hechos históricos, con alguna licencia artística, que fue candidata al Oscar a la mejor película extranjera.

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Ambiente festivo en trinchera alemana (Primera Guerra Mundial)

Hoy en día, transcurrido más de un siglo, podríamos pensar que todo aquel desastre ya es parte de la historia más trágica de la Humanidad y que la terrible guerra de trincheras fue superada y sólo quedó como un amargo recuerdo. Sin embargo, la propia historia nos muestra que la salida de las trincheras aquella Nochebuena de 1914 fue duramente reprimida y que la guerra más despiadada volvió a sus cauces normales de odio y aniquilamiento del “enemigo”. Y esa es una lección metafórica que hoy más que nunca deberíamos tener en cuenta. En los tiempos que corren vemos cómo se está intentando meter a todo el mundo en múltiples trincheras, agrupando a las personas según su ideología, opinión política, nación, clase social, religión, raza, cultura e incluso sexo. Vivimos en el escenario de la permanente trinchera y enfrentamiento contra un oponente que está igualmente asustado y prevenido en otra trinchera, y al que –como a nosotros– le han vendido que el “enemigo” está ahí enfrente, que él es el culpable de un cierto “conflicto” y que debe ser combatido y eliminado por todos los medios.

Por tanto, quizá no sería mala idea ir pensando en dejar la trinchera, y no sólo por Navidad, sino todo el año, indefinidamente. Desde luego, no es labor fácil. Requiere abandonar el miedo y la amenaza, y sobre todo la cerrazón provocada por nuestra propia mente. De este modo podríamos entender que esos otros que han salido de su trinchera no son nuestros enemigos en absoluto. Por supuesto, son distintos; cada uno es hijo de su padre y de su madre, piensa y siente a su manera, tiene sus gustos y costumbres, hablará nuestra misma lengua o no, será de nuestra raza o de otra, qué más da. No podemos esperar ser iguales. Vendernos un cierto igualitarismo o tabla rasa para acabar con los problemas del mundo es una enorme trampa. No tenemos por qué ser robots o clones; la desigualdad o diferencia forma parte de nuestra propia esencia en este universo material.

Lo que debemos asumir de una vez por todas es que en el plano de la conciencia no hay distinción ninguna, sino la unidad bajo la apariencia superficial de una infinita diversidad. Así, somos víctimas de una ilusión que nos impide ver la realidad última trascendente. Y la realidad es que no hay trincheras, ni campo de batalla, ni enemigos. Combatir contra otros es combatir contra nosotros mismos.

© Xavier Bartlett 2019


8 respuestas a “Navidad en las trincheras

    1. Gracias Rubén,

      Pues eso, Feliz Navidad para todos, para cristianos, de otras religiones, agnósticos y ateos (que nadie se ofenda, que los buenos deseos son sinceros, esto no va de religión). Y para los que les guste la tortilla de patatas SIN cebolla y también para los partidarios de dicha tortilla CON cebolla. Salgan de la trinchera y compartan un poco.

      Saludos,
      X.

  1. Felices fiestas, sea Navidad, solsticio de invierno, Saturnales o lo que sea. Los mensajes de paz y de amor deberían servir para cada día del año, y no sólo para estos días en los que nos vemos envueltos en la vorágine consumista que poco tiene que ver con la celebración de un evento religioso.

    Aprovecho para desearte también un magnífico 2020.

    M

    1. Querida amiga,

      En efecto, la Navidad cristiana fue tomada de una antigua fiesta pagana solar, pero eso es lo de menos. También puedo aborrecer que actualmente sea un acto de puro consumismo e hipocresía, pero lo que he relatado en la entrada es algo muchoi más serio: la imposición del miedo y la muerte aun cuando los pobres soldados sólo querían tener un poco de paz y beber con sus compañeros. Hoy en día no tenemos esas guerras sangrientas, pero los brotes para la división y el enfrentamiento han prosperado en todos los sectores de la sociedad. Lo que temo es que el “remedio” sea mucho peor que la “enfermedad”.

      Saludos y mis mejores deseos para 2020,
      X.

  2. No me cabe duda de que algún día no muy lejano los soldados habrían estado dispuetos a apuntar sus armas contra aquellos que les obligan a matar y morir …por eso están siendo sustituidos por máquinas.
    Aun así, “los malos” no están a salvo, la era de acuario ha llegado y poco a poco se irá imponiendo.

    Saludos desde más allá del calendario.

    1. Apreciado piedra,

      Comparto tu comentario y te diré que en 1917, ante la masacre en masa, las tropas francesas estuvieron a punto de amotinarse y hubo muy serios problemas de control y disciplina. Algunos cabecillas fueron juzgados y ejecutados (véase la película de Kubrick “Senderos de gloria”). Pero el caso es que más allá de esa navidad del 14, hubo treguas o acuerdos tácitos para “no hacerse daño”, a pesar de persecución oficial. En cuanto a lo de matar oficiales, he leído que eso ocurrió en Vietnam en los años 60 entre las tropas estadounidenses, y quizá por ello la guerra “moderna” es cada vez más maquinal e insensible, con muerte a distancia con sólo apretar un botón. Por ejemplo, la OTAN se dedicó a bombardear Libia hace pocos años matando a gran cantidad de civiles y aquí no pasa nada…

      Saludos y buenos deseos… más allá de las fechas
      X.

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