Lectura recomendada: “Las mariposas vuelan libres”

mariposas_davisNo es ninguna novedad afirmar que en las últimas décadas ha surgido una abundante literatura que podríamos enmarcar en la búsqueda de respuestas genuinamente espirituales a nuestra existencia. Por supuesto, a veces se hace harto difícil separar esta corriente de lo que es el típico género de autoyauda o de otras temáticas paralelas relacionadas con la New Age. La verdad es que a estas alturas existe una cierta ceremonia de la confusión en cuanto a los libros que versan sobre el despertar o el proceso de iluminación y otros que más bien juegan con otras reglas y tratan de desviar la atención o simplemente apaciguar las mentes. Por mi parte, no pretendo aquí sentar cátedra, fijar criterio ni exaltar ni condenar nada. Cada uno es libre de leer lo que crea conveniente (¡sólo faltaría!) y extraer de la lectura lo que proceda, sea poco o mucho.

Pues bien, he leído algunos libros sobre el llamado despertar espiritual, y me permito ahora recomendar uno de ellos, que me ha parecido útil y revelador por una serie de conceptos, sin que por ello esté necesariamente de acuerdo con todo lo que se dice en él. Se trata del libro “Las mariposas vuelan libres”[1] del autor estadounidense Stephen Davis, que ya en su introducción incide en que no aspira a ejercer de guía, maestro o gurú. Su intención, tal como confiesa él mismo, no va más allá de ofrecer pistas para quien las pueda necesitar, como si fuera un explorador o adelantado en tierra ignota, y que simplemente nos quiere informar sobre la ruta que ha descubierto, dejando a cada lector la decisión de qué hacer en ese nuevo camino (si es que quiere transitarlo).

Para este viaje, Davis ha dividido su obra en tres grandes bloques. El primer de ellos es lo que él llama la metáfora de la sala de cine, que no es más que una puesta al día de la clásica “caverna de Platón”, el inevitable punto de partida para todos los que se cuestionan el mundo real, que resulta ser un gran escenario –teatro o cine– donde la gran mayoría de la gente vive enganchada a una mera ficción hipnótica. La alegoría platónica es sobradamente conocida, por lo que no voy a comentarla[2]. Lo que es interesante en Davis es cómo nos explica metafóricamente el proceso de levantarse de la butaca, dejar la sala y dirigirse hacia el exterior, en una serie de pasos y dudas que reflejan la evolución en el despertar, empezando por darse cuenta de que no es una cuestión de que “te cambien de película”.

Para Stephen Davis, el hecho de despertar es algo más que dejar el estado de “humano-niño” para convertirse en “humano-adulto” (según la teoría de Jed McKenna), si bien ese primer paso es imprescindible para abandonar esa inocencia o niñez sumisa que mantiene estancadas a muchas personas de por vida. Así pues, hay que dejar atrás la complacencia y la ignorancia, pero todavía queda un largo camino por recorrer. El resto de este bloque profundiza en ese estado de evolución de humano-adulto a partir de experiencias personales del propio Davis, con todos los problemas, confusiones y contradicciones que comporta salir del mundo de los normales y empezar a buscar certezas, especialmente en el afán de hallar un grupo, una doctrina o una tendencia con la que identificarse, lo que nos puede llevar al desvío indeseable de “tomar un partido” o “encontrar una verdad”. En este sentido, el lector percibirá a lo largo del libro repetidos varapalos a la New Age y movimientos similares.

cerebro
Un mundo desplegado por nuestro cerebro… y que no está “ahí afuera”

Aparte, Davis nos ofrece una serie de pistas sobre el tema de la realidad (o la materia), en directa relación con la física cuántica, a fin de que el lector tenga una perspectiva completamente nueva del llamado “universo”. En su visión, todo forma parte de un cierto “campo”, un vasto océano de energía donde todo es posible. Para los que ya intuyen por dónde van los tiros, en efecto, el autor se acaba refiriendo a un complejo holograma o proyección como base de nuestra experiencia, es decir, algo parecido a la famosa Matrix (o Maya en la tradición hindú). En este contexto, no hay nada “ahí afuera”, pues toda la realidad es generada por el cerebro a partir de la recepción y descodificación de ciertas frecuencias –ondas vibrantes– emitidas por una forma de inteligencia (o conciencia). Y aquí se cerraría el círculo de la metáfora cinematográfica: vemos películas, imágenes, objetos… pero en verdad no hay ninguna materia; todo es etéreo, todo es vibración. Los que hayan leído alguna obra de David Icke –o sus referentes científicos– reconocerán fácilmente esta exposición.

El segundo bloque que presenta Davis ya es propiamente la fase de transformación, en que la oruga evoluciona hacia su nueva forma: la mariposa, que es la culminación del proceso de iluminación espiritual. Sin duda, esta es la parte más personal, intrincada e íntima del libro en que el autor nos revela su experiencia como explorador en un mundo nuevo –teniendo aún que bregar con el mundo antiguo y todos sus vicios y apegos– y nos avisa de lo duro que resulta el camino del despertar, como ya expuse en una entrada previa. No obstante, el punto central de este discurso radica en determinar qué estamos haciendo aquí o cuál es el sentido último de nuestra existencia, desde la inevitable pregunta inicial de ¿quién soy yo?, que es el fundamento de la doctrina hindú del advaita vedanta.

Para encarar esta cuestión, el autor nos ofrece una serie de modelos, o tentativas de respuesta, que no pretenden ser más que unas hipótesis que se remontan a las más antiguas tradiciones espirituales hasta llegar a las modernas teorías cuánticas. No voy a extenderme en la exposición de estos modelos, pero lo que sí vale la pena destacar es que aquí surge de manera natural el concepto de conciencia como “hacedora de toda realidad o experiencia” desde el libre albedrío. Para mí personalmente esta es la parte más reveladora del libro pues aquí se pone de manifiesto que la verdadera espiritualidad nada tiene que ver con la religión o las creencias sino con la pura ciencia, esto es, el conocimiento final y completo de la conciencia, si es que podemos alcanzarlo. Davis es inequívoco en este punto y cita al famoso físico Amit Goswami:

“La Física Cuántica nos permite ver directamente que solo podemos darle un sentido al mundo si lo basamos en la consciencia. El mundo está hecho de consciencia, el mundo es consciencia… La Física Cuántica lo pone tan claro como la luz del día… La Consciencia debe estar implicada… así que, por primera vez, la ciencia se encuentra con el ‘libre albedrío’. La consciencia es libre porque no hay descripción matemática del objeto en nuestra ciencia; solo los objetos pueden ser descritos matemáticamente, y solo hasta el punto de que son posibilidades. La cuestión sigue siendo primordial: ¿quién es el que escoge? Y entonces vemos que existe la libertad de elección y que desde esa libertad de elección proviene nuestra experiencia real.”

Davis reconoce, empero, la extrema dificultad de definir la conciencia y descarta más bien lo que no es (ni el cuerpo, ni el cerebro, ni la mente). Al final, para tratar de poner un nombre a ese algo superior que crea y observa, emplea el término “Yo infinito” y admite que eso puede ser la verdad… o no, sin pretender equiparar esa figura a una gran conciencia cósmica que ha sido llamada tradicionalmente Dios. En este modelo imaginado por Stephen Davis el Yo infinito nos permite tener una experiencia holográfica, y de alguna forma estamos conectados a él, porque él está al mando. Como vemos, es una visión más bien determinista, en que nuestro yo cotidiano y material ejerce de una especie de jugador, que juega o actúa en el gran teatro del mundo “preparado” por esa figura superior. Aceptar esta realidad debería suponer un alivio, en vez de una angustia, pues –según Davis– ello nos libera de las preocupaciones y del deseo de control y nos lleva al camino del desapego y al abandono de las creencias, los juicios y las resistencias.

Finalmente, la tercera parte del libro contiene una serie de reflexiones y explicaciones en forma de preguntas y respuestas sobre lo visto en las dos partes anteriores. En este bloque final Davis refina cuestiones como el holograma, el Yo infinito, la reencarnación, el karma, el ego o la compasión, y ofrece un amplio repaso sobre tres autores que han marcado su despertar: R. Schonfield, J. McKenna y U. G. Krishnamurti. En esta revisión el lector encontrará nuevas pistas sobre lo que es –o no es– el despertar y la iluminación y posiblemente relativizará o desmontará muchas cosas que tenía previamente asumidas. Lo que recalca Davis, como yo mismo he experimentado, es que la mente trata de darle vueltas a las cosas, hacer “lo correcto”, buscar razones y porqués, y de este modo tendemos a distraernos y a perder el norte. En verdad, no hay “búsqueda”, sino “encuentro”.

Sheldrake
Rupert Sheldrake

Davis acaba el libro con un breve capítulo en que presenta una perspectiva de futuro optimista, pues –aunque admite el peso de la adversidad, el dolor y el caos– cree que todo ello es síntoma de un cercano “éxodo masivo de la sala de cine” ante el colapso de un juego agotado. De este modo, cada vez habría más gente abandonando la sala, y a partir de ahí puede que las personas sintonicen una serie de nuevas frecuencias que dejen atrás el holograma conocido y construyan una realidad completamente nueva. Según el propio autor, echando mano de la famosa teoría de los campos mórficos de Rupert Sheldrake, cuando la masa crítica alcance cierto punto álgido se producirá inevitablemente el cambio, o sea, el inicio de un nuevo juego.

A modo de síntesis, podemos decir que esta obra es como un pequeño repositorio donde el lector podrá encontrar inspiraciones diversas que van desde Platón a Matrix, pasando por Buda, Jesucristo o Ramana Maharshi, sin olvidar las referencias científicas a nombres como Pribram, Bohm, Goswami, Wolf, Sheldrake, Lipton, Talbot o McTaggert, y alguna mención a clásicos del despertar, como el conocido autor Eckhart Tolle. Y desde luego, tenemos como eje del discurso la vivencia personal de Stephen Davis en su viaje iniciático, de la cual podemos extraer también algunas enseñanzas, si bien es cierto que cada persona experimenta el despertar a su manera, en unos tiempos y formas que pueden ser muy variables. Lo que cada uno tome o deseche de todo este arsenal ya es una cuestión de resonancia o afinidad, o del nivel donde esté cada uno, pero siempre teniendo en cuenta que el despertar o iluminación no es un proceso mental. Nadie puede provocarlo en nosotros, ni nosotros podemos provocarlo en otras personas. En todo caso, alguien puede ejercer de instrumento, guía o ayuda en un momento dado, pero realmente no necesitamos nada que no tengamos ya en nuestro interior.

En fin, para concluir, me gustaría adjuntar una cita mencionada en este libro que podría resumir el estado adquirido por el despierto o iluminado cuando deja atrás el mundo normal y se adentra en el universo de la conciencia, en el cual no hay diferencia ni dualidad. Para mí tiene pleno sentido, pero reconozco que aún me resulta muy difícil abandonar cierta locura quijotesca frente a todos los males que asolan el mundo. Dice así:

“Los iluminados se han despertado del sueño y ya no lo confunden con la realidad. De una manera natural, ya no son capaces de darle importancia a nada. Para la mente iluminada, el fin del mundo no es más ni menos transcendental que el chasquido de una ramita. ‘El sabio ve lo mismo en todo’, dice el Gita. ‘Los sabios son imparciales’, dice el Tao. Los iluminados no pueden concebir que nada sea erróneo, de modo que no luchan para hacer correctas las cosas. Nada es mejor ni peor, entonces ¿por qué intentar ajustar las cosas?”

© Xavier Bartlett 2020


[1] En versión original, Butterflies are free to fly (2010).

[2] Para los que deseen amplias explicaciones sobre la caverna de Platón, les remito al artículo específico que publiqué al inicio de este blog.


10 respuestas a “Lectura recomendada: “Las mariposas vuelan libres”

  1. El sueño esta lleno de iluminados que sueñan iluminar en el sueño.
    Ya lo dijo Cristo. “Yo soy la Luz del mundo, el que me siga no andará en tinieblas sino que tendrá la Luz de la Vida”.

    Feliz año nuevo soñadores…

    1. Gracias por el comentario Libex

      De hecho ya tenía pensado escibir sobre el “sueño” en una próxima entrada, y aquí me he limitado a comentar el trabajo del autor para no mezclar temas.

      Saludos

  2. Esa locura quijotesca está perfectamente bien.

    “Nada es mejor ni peor, entonces ¿por qué intentar ajustar las cosas?”

    Porque si tu no lo ajustas otros lo harán.
    No me refiero a ajustar el cadaver del mundo sino a su reflejo sobre nosotros, sobre nuestro espejo imperecedero.
    Tras muchos años leyendo libros similares que sin duda contienen perlas de sabiduría he llegado a la conclusión que son susurrados a los oidos de los autores por los mismos que se afanan y mucho en ajustar las cosas según les convenga.

    Pero no olvidemos que nuestro Reino no este de este mundo y como bien cuenta el mito lo importante es poder decir en completo silencio…
    Yo he vencido al mundo.

    Los tarados y taradas astrales no descansan por eso se les mata estando en Paz.

    1. Gracias heliotropo

      Eso mismo que comentas sobre cierto “susurro” me lo he planteado no una sino muchas veces. Dicho esto: ¿Debemos cabalgar como Don Quijote para “desfacer entuertos” aunque nos llamen locos? ¿O debemos ser mansos Sancho-Panzas? ¿Quién se equivoca? ¿O son correctas ambas posturas? ¿O es que algunos quieren que no hagamos nada y nos dicen que no hay que nada que hacer, o que es inútil? Quizá un día desmonte de Rocinante, no digo que no, pero por el momento prefiero cabalgar y empuñar la lanza, aunque sea en solitario, a ver a dónde lleva el camino… Y tal vez descubra que no tiene ningún sentido acometer los molinos como si fueran gigantes.

      Saludos

  3. En mi antiguo blog durante muchos años lo encabecé con una frase que podría ser una buena respuesta…

    En el libro de Arthur-Powell–El-cuerpo-astral que publicaré en unos dias se lee…

    Sobre todas las cosas, el aspirante debiera aprender a no dejarse dominar por
    preocupaciones. El contento no es incompatible con la aspiración. El optimismo está
    justificado por la certeza de que el bien triunfa siempre. Es verdad, sin embargo, que si
    sólo tenemos en cuenta el plano físico no es fácil mantener tal actitud.

    1. Gracias Heliotropo

      Pues sí, coincido con esa conclusión; todo es correcto y somos libres de tomar uno u otro papel e “interpretarlo” como mejor nos parezca. (De hecho, el autor de este libro insiste en la idea de que nuestro yo material es un actor o jugador). No obstante, me sigo preguntando por la libertad última, porque sólo la verdad y el conocimiento nos pueden hacer libres de escoger. Eso lo veo claro en un plano superior, pero no en éste, pues los seres humanos viven anclados en la inopia (esto es, el sufrimiento), y hasta parece que les gusta que sea así.

      Saludos,
      X.

  4. Ese libro que tambien lei,junto al ebook de Un abogado contra la demagogia y un articulo tuyo en pdf me los he descargado en mi lector de ebooks aunque tuve que agrandar la letra con Calibre….

  5. Gracias por la recomendación, Javier. Como incansable “buscadora”, aunque aún no encontradora, me he lanzado a leer el libro y aún estoy en él. Curiosamente, todos los argumentos que aporta son ya conocidos por mi…Sin embargo, desde que lo estoy leyendo, siento un montón de “clicks” interiores que me están gustando mucho. No llego a entender aún por qué pero me alegra mucho que lo hayas puesto en mi camino. ¡Gracias de nuevo!

    1. Amiga sindistopia,

      De nada. Bueno, me alegro de que el libro haya “conectado” contigo. En este blog trato de aportar, en la medida de lo posible, herramientas y pistas, y cada uno puede tomar lo que le parezca más conveniente. En este caso, sé que hay muchas personas en el proceso de despertar y por ello creí adecuado comentar este libro porque es bastante accesible y combina lo personal con lo profundo. Te animo, una vez acabada la lectura, a que adjuntes aquí tus impresiones para el resto de lectores del blog.

      Saludos

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