Cambio climático: la responsabilidad de saber

algoreDesde los inicios de este blog llevo publicando numerosos artículos que desmontan la farsa del llamado “cambio climático”, con el propósito de dejar claro que no estamos ante ninguna clase de ciencia rigurosa sino ante una burda maniobra globalista de carácter social y económico. Y quizá, después de tantos años, alguien se podría preguntar qué hace un historiador enfrascado en una cruzada contra la “ciencia empírica” del clima. ¿Qué validez puede tener lo que diga un licenciado en ciencias sociales –un intruso– frente al peso del llamado “consenso científico” de miles de expertos de máximo nivel? ¿O qué valor puede tener lo que un ciudadano común pueda opinar? ¿Tenemos derecho a informarnos imparcialmente y a discrepar aun sin ser especialistas? Déjenme que les haga una serie de breves reflexiones al respecto a partir de mi experiencia personal.

Estamos en un mundo muy complejo, con una tremenda cantidad de conocimientos científicos y tecnológicos. Hoy en día impera la ley de la especialización, pues hay tantos campos del saber y la técnica que se precisan especialistas para todo, con el resultado de que esos expertos saben mucho de algo concreto y muy poco de lo demás. Así es como funcionan las cosas, con disciplinas tan compartimentadas que hasta los propios científicos padecen de fuertes lagunas en áreas próximas e interrelacionadas pero que se escapan de las fronteras de su “celda de conocimiento”. El caso es que, con esta filosofía, se da por hecho que el ciudadano medio, incluso el que tiene estudios superiores, no puede comprender las materias científicas más intrincadas y por ello debe fiarse (acto de fe) de lo que dicen los profesionales patrocinados –evidentemente– por las autoridades políticas.

En este contexto, hasta el año 2011 aproximadamente, yo creí a pies juntillas en las verdades escritas a fuego por la ONU y los gobiernos sobre el llamado cambio climático y el calentamiento global antropogénico. Recuerdo bien haber leído algunos artículos, visto documentales e incluso leído con atención el libro del inefable Al Gore y su verdad incómoda. Con todo, podría decir que prácticamente el 90% de mi conocimiento sobre el asunto provenía de la avalancha masiva de los medios de comunicación. Sin embargo, mi capacidad crítica en este tema era mínima, ya que precisamente la física, la química y la biología no formaban parte de mi formación humanística, lo que me obligaba a creer en lo que afirmaban los especialistas sin poder ejercer una cierta libertad de conocimiento.  Afortunadamente, por aquel entonces ya había puesto en entredicho muchas de las verdades y dogmas que circulaban desde hacía décadas o siglos en el campo de la historia y la arqueología y empecé a relativizar el poder sagrado de la ciencia oficial.

Como consecuencia de estas dudas, y por una serie de encuentros y descubrimientos personales, fui a parar a una situación de shock cuando oí por primera vez –con argumentaciones científicas– que el virus VIH no existía (para ser exactos, que nadie había logrado aislarlo) y que la enfermedad SIDA era una farsa. De ahí salté a otros campos de la ciencia “dura” e inevitablemente topé con el asunto del cambio climático, que también se alejaba de mi ámbito de conocimiento. Así pues, viendo el tufillo a propaganda, alarmismo e imposición de toda la información oficial, me metí a fondo en el tema y empecé a buscar la información alternativa disponible en Internet (y ya veremos por cuánto tiempo, tal y como van las cosas).

El caso es que descubrí que existían muchos científicos “negacionistas” o simplemente “críticos” que se oponían a las tesis oficiales. Y no eran 10 ni 20 ni 50 chalados, sino miles de expertos de reconocido prestigio y experiencia (incluyendo algún Premio Nobel) en este campo. A partir de ese punto leí sus artículos –no los he contado, pero deben de estar ya cercanos a los 100– y algunos libros, y empecé a desmontar en mi mente toda la paranoia alarmista, al considerar que no había allí ninguna ciencia real, sino simples juegos de manos, presentados como sesudas proyecciones matemáticas. Póngase ahora el nombre que se quiera: mentira, manipulación, tergiversación, engaño…

climate_protest
Las consignas más simples e impactantes calan entre los activistas climáticos… abordar con rigor la cuestión científica ya es otra cosa.

Naturalmente, para poder comprender los entresijos de la controversia tuve que arremangarme y familiarizarme con bastantes términos y conceptos que me eran más o menos extraños (mi escasa formación química del bachillerato ya quedaba muy lejos). Por desgracia, aquí no es posible la simplificación ni la comodidad: hay que informarse bien, contrastar datos y argumentos, y luego extraer conclusiones. Lógicamente, hay muchos materiales técnicos de difícil comprensión, pero buscando bien se puede llegar a documentos más accesibles para cualquier persona con cultura media. Y ese es el único camino para construir una opinión propia y fundamentada: el esfuerzo personal por querer saber lo que hay detrás de las proclamas oficiales. Todo lo demás es dejarse llevar por el adoctrinamiento de los medios y los poderes establecidos, no querer oír nada “que moleste” o tener miedo a salirse del rebaño.

Como estamos viendo, la maniobra climática está cada vez más acelerada, con sus declaraciones de emergencia y sus imposiciones políticas. Así pues, los ciudadanos de todos los países ya están viendo cómo se están aplicando a marchas forzadas medidas de carácter social y económico que van a impactar fuertemente en sus vidas y que vienen avaladas por la agenda de la política climática mundial, que supuestamente no admite discusión ni oposición. Pero sí que hay discusión, y muy seria; otra cosa es que no salga a la luz. Ya no podemos creer en versiones únicas ni dogmas religiosos disfrazados de estudios científicos. Si la mentira climática persiste es porque su discurso unívoco inunda todos los espacios y mentes a todas horas. Frente a esto, debemos ejercer la responsabilidad de saber, de entender que ya somos mayorcitos para formarnos nuestra propia opinión y de oponernos a las políticas oficiales si estimamos que son contrarias al bien de la Humanidad.

Para concluir, quisiera destacar un caso algo parecido al mío que descubrí hace no mucho en Internet. Otro lego en la materia, un bloguero procedente del campo de la economía, creyó en el cambio climático provocado por el hombre durante muchos años. No obstante, a fin de comprobar las bases científicas de fondo, se puso a investigar por su cuenta, lo que le llevó a dar con la triste realidad de la manipulación. Si es cierto lo que afirma en su blog –dice haber consultado unos 9.000 artículos sobre el tema– debe ser una de las personas no especialistas mejor informadas del mundo sobre el tema. Me permito aquí recomendar un artículo suyo titulado “La emergencia climática no existe, pero nos la van a cobrar”, que incluyo al final en enlace, pues resulta demasiado largo para reproducirlo aquí (aparte de los gráficos explicativos adjuntos).

En dicho documento el lector hallará una gran profusión de datos y bastantes de los argumentos que ya he sacado a la palestra en estos años, destapando todas las miserias y vergüenzas de los calentólogos. Pero, sobre todo, se presenta un acertado análisis de lo que supone la implantación de la política “verde” en términos económicos y que no tiene nada que ver con la protección del medio ambiente ni con los cambios del clima. En fin, esa es nuestra prerrogativa: que nadie nos dicte el conocimiento, que nadie nos introduzca en la mente programas dañinos sin haber pasado antes por nuestro “antivirus”. Así pues, la responsabilidad de saber exige valentía, paciencia y trabajo, pero es lo que hay.

https://www.rankia.com/blog/game-over/4421312-emergencia-climatica-no-existe-van-cobrar

© Xavier Bartlett 2020


5 respuestas a “Cambio climático: la responsabilidad de saber

  1. Efectivamente la responsabilidad de QUERER SABER es el eje central de esta batalla espiritual de la que el vendido a las masas falso cambio climático es una gota más.

    Ya se ven claramente dos humanidades que han convivido forzadamente e inconscientemente durante siglos.
    Debido a la naturaleza de la escuela espiritual de la Tierra se mezclaron a propósito y desordenadamente con el fin de confundir y crear caos en el conocimiento.
    Es como destruir una escuela mezclando los cursos, los alumnos, los profesores no son tales, el temario es nefasto, etc, etc, etc…
    Cada vez se verá más de forma creciente y exponencial quién es quién pués la Luz que está entrando mostrará todo lo que permanecía oculto y será para sanar pero en estos procesos el caos es una consecuencia del acumulado del NO QUERER SABER durante siglos de mentiras y engaños sistémicos de la granja-prisión que habitamos.Una prisión colectiva y sin barrotes y a cielo abierto pues es una prisión mental sustentada por la ignorancia de la situación.

    Nosotros participamos de esas mentiras y nosotros debemos ponerles fín, principal y finalmente en nosotros mismos y dejar que cada cual limpie su casa, pués EL MUNDO es un reflejo de todas esas casas sucias y desordenadas.
    Pero puedes ver claramente en el pudridero político como todos señalan los pecados ajenos sin ver que los propios son exactamente los mismos.
    Muertos vivientes.

    Todo esto es una granja-prisión precisamente por ese no querer saber y dejarse conducir como borregos.
    El ritual del voto es un ejemplo clarísimo de repetir hasta la saciedad a los mismos monigotes del poder oculto con distinta careta.¿Y quién los pone ahí?.Pués los buenos ciudadanos por la comodidad del NO QUERER SABER.

    Más claro no se lo pueden poner a los que votan ya que luego el poder oculto pactan entre ellos lo que les da la gana y hacen las coaliciones más inverosímiles con tal de gobernar y si mañana hubiera elecciones los que no quieren saber saldrían de nuevo a votar.
    ¿Se entiende lo que es el mal? ¿Se entiende que la ignorancia repetida y el mal son la misma cosa?

    La elección siempre ha sido nuestra y QUERER SABER aunque suponga reconocer lo ignorantes que éramos es lo único que nos salva.

    El problema no es ser ignorante, ignorar algo es bueno siempre que quede sitio para aprender, con un ignorante humilde puedes trabajar, hay muchas posibilidades de aprender, el problema es el empecinamiento de la ceguera del ignorante que por miedo y comodidad cree que sabe.
    Son Legión creando el mundo que tendrán que habitar.

    1. Gracias por el comentario Heliotropo

      Poco más que añadir que añadir a tu análisis, que comparto en gran medida. En efecto, parece que no querer saber es más cómodo y placentero; es el carpe diem de vivir la vida alegremente (o no tanto) y de pensar que ya hay otros al mando que deben hacer su trabajo. Eso es renunciar directamente a la libertad y al poder, que siempre han estado ahí. Como resultado, estamos en una cárcel sin barrotes en que ejercemos al mismo tiempo de preso y carcelero.

      La verdad nos hace libres, pero requiere un esfuerzo, como comentaba en el artículo, un trabajo que hay que hacer en la vida material para superar la amnesia y volver al punto de partida. Sólo el miedo y la ignorancia nos atrapan en la oscuridad; una vez desaparecidos, el castillo de naipes caerá por sí solo.

      Saludos,
      X.

  2. Es por ello, que el seguir las enseñanzas de Jesus es prueba de responsabilidad.

    La gente de hoy esta sometida a control mental; los medio deformativos, los controles de fake news y toda la basura mediática te lleva a pensar que ser bueno, honesto y honrado es una basura.

    Es el Sol el que calienta los océanos, y son los océanos la base del clima. Las fogatas de los humanos poco pueden hacer. Eso si, una variación en el Sol….

    Los Chemtrails son importantes, aunque los veas no existen…

  3. Gracias Xavi, por compartir el interesante artículo de Rakia. Cuesta hacer llegar la información a la gente cuando nos están bombardeando constantemente con la consigna de la emergencia climática inminente. El temporal Gloria y todos los desperfectos que ha ocasionado les habrá venido estupendamente como ejemplo de lo que nos espera en los próximos años.

    Saludos,
    M

    1. Gracias Melisa

      Evidentemente, hoy en día cualquier cosa puede ser calificada como “anormal” y achacada al clima (o sea, a la maldad humana, en los términos en que nos movemos). La propaganda es tan brutal que la gente ya ha perdido el espíritu crítico. Sólo con vender la amenaza y el miedo a gran escala ya consiguen aplastar cualquier oposición.

      En cuanto a los eventos climáticos que ocurren (como “Gloria”), hace ya años que vengo escuchando voces que hablan de armas climáticas, geoingeniería y demás, lo que indica que el poder global podría manipular artificialmente el clima y crear desastres de todo tipo para justificar sus tesis. Y por supuesto, pueden pegar fuego a enormes masas forestales, como ha pasado en Australia; para eso no hace falta mucha sofisticación técnica.

      Saludos,
      X.

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