Ya no saben cómo eliminarnos

mass_people_groupEs un dato objetivo e indiscutible que, en los últimos 200 años y más aún en las recientes décadas, la población mundial se ha disparado de forma exponencial. Con la explosión de la Revolución Industrial en el mundo occidental, la población se fue expandiendo gracias al avance de una nueva economía y a las mejoras sociales, sanitarias e higiénicas que consiguieron frenar la mortalidad infantil y alargar en general la vida de las personas. Asimismo, las regiones más pobres del planeta tenían una natalidad muy alta, y la siguen teniendo actualmente, a pesar de todos los problemas para la supervivencia. Con estos precedentes, y con un Tercer Mundo más desarrollado, hoy en día la población mundial se ha situado por encima de los 7.000 millones de habitantes, con una perspectiva de seguir creciendo, pues el bienestar va llegando a cada vez más lugares.

Dicho esto, es obvio que todavía hay muchos millones de personas que viven en condiciones precarias, en la miseria, y con hambre y enfermedades. Pero sobreviven y sacan adelante sus familias, porque en Occidente pensamos que no podríamos vivir sin todas las comodidades que nos rodean, pero la vida puede ser mucho más simple de lo que imaginamos, y de hecho los robustos hombres primitivos superaron la última Edad de Hielo (ríanse de todas las estupideces del actual “cambio climático”), pese a no tener prácticamente nada y tener que vivir del entorno y de la caza. Como ya expuse recientemente en otro artículo, nunca antes el ser humano había gozado de tanto bienestar material. Y si hay 7.000 millones de personas aquí es porque el hombre ha vencido todos los obstáculos y ha prosperado. Por tanto, no es cuestión de decir si somos “pocos o muchos”. Somos los que somos y nuestro planeta –aun con todos sus achaques y problemas– nos mantiene pese a las diatribas de los voceros apocalípticos, y en verdad todos podríamos vivir muy dignamente si no fuera porque la riqueza y los recursos están en manos de unos pocos oligarcas.

Malthus
Thomas Malthus

No obstante, parece evidente que para los amos del mundo tal número de personas no es cosa buena, o por lo menos resulta “poco manejable”. Ya a finales del siglo XVIII, y con una población modesta, el miembro de la Royal Society Thomas Malthus agitó el espantajo de que los recursos naturales –básicamente los alimentos– no iban a crecer al mismo ritmo que la Humanidad y que sería insostenible mantener a una gran cantidad de población. Este es, en definitiva, el famoso discurso malthusiano, centrado en controlar la demografía para evitar un desbordamiento de los recursos ante las crecientes necesidades de una población en constante aumento. La realidad objetiva, por cierto, ha desmentido tal discurso, pero aun así hoy en día se siguen poniendo límites, sombras y amenazas.

Sea como fuere, Malthus puso la primera piedra de las políticas organizadas de reducción de la población, que poco después se verían reforzadas con la llegada de Darwin y su evolucionismo por selección natural. De la unión de ambas visiones partió la corriente ideológica –y según ellos “científica”– de la eugenesia, cuyo fin era poner coto a la expansión demográfica humana y asentar el concepto de la competencia extrema por la obtención de recursos, bajo el imperativo “natural” de que sólo los más aptos tendrían derecho a vivir, reproducirse y avanzar. El problema era, sin embargo, que los discursos teóricos no bastaban para afrontar la cuestión. Se tenía que pasar seriamente a la acción a fin de reducir el crecimiento de la población de manera efectiva.

Obviamente, para ese propósito sólo cabían dos estrategias:

  • Controlar el número de nacimientos.
  • “Deshacerse” de la población existente (de todas las edades).

La primera de las estrategias dio lugar a las políticas de control de natalidad que se empezaron a implementar en el siglo XX, sobre todo en el mundo occidental. Fundamentalmente, se trataba de que las mujeres tuvieran menos hijos, para lo cual se crearon las planificaciones familiares y se implantaron los métodos anticonceptivos más avanzados, por no hablar de las políticas abortistas (con el apoyo estatal). Lógicamente, si nacen menos criaturas, la pirámide de población se estanca y se invierte, pues cada vez hay menos niños y jóvenes y, en cambio, hay más personas mayores. De este modo, la población no se renueva, porque la tasa de nacimientos no permite compensar el progresivo envejecimiento de la población. Ciertamente, con los avances sanitarios, los ancianos viven más, pero ya no van a poder reproducirse. La mortalidad llegará a todos; así que no hay problema. Al final, el resultado es una lenta decadencia demográfica que no se aprecia en unos pocos años, pero sí a lo largo de unas cuantas décadas.

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Medir a la población… para reducirla

Aparte, se fueron aplicando medidas selectivas de esterilización para las capas más bajas de la sociedad, en políticas eugenésicas patrocinadas por los estados, para cortar por lo sano la reproducción de un sector de las capas populares, so pretexto de no traer al mundo más gente “inferior” (poco dotada física y mentalmente), y de reducir la criminalidad, la miseria y otras lacras sociales. En este ámbito a todos nos viene a la mente la ideología nazi, pero lo cierto es que estas políticas se implantaron en varios países “democráticos” y avanzados de Occidente, empezando por Estados Unidos. En todo caso, nunca se pudo eliminar a demasiadas personas de este modo, por cuanto la generalización de esta práctica hubiera provocado no pocas alarmas, y no sólo por una reacción de compasión hacia los afectados, sino porque los márgenes “técnicos” para la esterilización se podrían hacer peligrosamente más amplios para una parte importante de la población.

Otro asunto ya más siniestro sería una cierta esterilización generalizada, pero encubierta. Esto se ha podido observar a lo largo del siglo XX con la bajada en picado de la natalidad en los países desarrollados. Esta estrategia ha sido muy sutil y ha funcionado por la acción directa de vacunas, medicamentos, alimentos, productos químicos u otras sustancias tóxicas reductoras de la fertilidad tanto masculina como femenina. En paralelo, tendríamos la acción indirecta –pero no menos eficiente– de generar en la sociedad un estilo de vida consumista y hedonista, pero al mismo tiempo estresante y centrado en el trabajo y la carrera profesional, con la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral para conseguir cierta “igualdad”. En consecuencia, la familia tradicional ha ido a la baja progresivamente, la natalidad ha caído a cotas ínfimas, y se ha hecho muy complicado mantener una familia de más de dos hijos, por cuestiones económicas y sociales[1]. Eso sí, en algunos países menos desarrollados –como la China comunista– fue el propio estado el que tuvo que imponer severas medidas de evitar cierto desbordamiento demográfico, imponiendo por ley una política oficial de hijo único, con severas penas para aquellos que la trasgrediesen.

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Promoción de las políticas de género

Y llegados ya a los tiempos más recientes, hemos visto la aparición de una campaña global enfocada a destruir la familia tradicional y, por ende, las posibilidades de reproducción natural. Me refiero, obviamente, a la combinación del feminismo radical, el movimiento LGTBI y las llamadas políticas de género. Como todos ya sabemos a estas alturas, esta campaña ha tendido a homosexualizar a la población, a confundirla con el concepto de “género”, a despreciar la realidad biológica, a enfrentar fuertemente a los dos sexos y a ver la maternidad como un engorro o una imposición. El propósito de todo esto, como ya lo anunció sutilmente Aldous Huxley hace casi un siglo, es acabar con la reproducción natural humana y sustituirla por una sexualidad recreativa y una reproducción artificial perfectamente controlada por el estado, lo que era el sueño no confesado de los ideólogos de la eugenesia. En otras palabras, estamos ante la ya reconocida agenda transhumanista.

Por otra parte, la segunda estrategia –la eliminación masiva de personas– se pudo ejecutar en el siglo XX de la manera tradicional: mediante las guerras a gran escala. Así, el siglo pasado vio dos grandes conflictos mundiales que por sí solos se llevaron por delante la vida de más de 60 millones de personas. El mundo moderno e industrializado, en efecto, ha permitido la aplicación de matanzas en masa con armas cada vez más devastadoras capaces de aniquilar a muchísima gente en relativamente poco tiempo, con la facilidad añadida de que la población civil se ha ido concentrando en grandes ciudades, lo que favorece la aplicación de la fuerza destructiva en puntos concretos muy poblados. Esto se pudo comprobar, por ejemplo, en la generalización de los terribles bombardeos aéreos sobre ciudades en las grandes guerras del siglo XX, con el resultado de que en un día –o poco más– se podía acabar con la vida de cientos de miles de personas.

En fin, no cabe duda de que, aparte de los grandes conflictos citados, se han generado innumerables guerras locales o regionales –y represiones organizadas– que han causado millones de víctimas, con un peso creciente de la acción dirigida expresamente contra los civiles, hasta el punto de crear auténticos genocidios o matanzas en masa. Esto se ha podido observar sobre todo en regiones con altas tasas de natalidad del Tercer Mundo (de África y Asia en particular) en que la población civil se ha llevado con mucho las peores consecuencias de la guerra, siendo mujeres y niños los colectivos más desprotegidos y afectados.

Sin embargo, dada la gran expansión de la población mundial desde mediados del siglo XX, las guerras no parecen tener la suficiente fuerza para eliminar enormes cantidades de personas.  En las últimas décadas, ante la falta de grandes contextos de guerra, se han desatado nuevas guerras en Oriente Medio y se han generado malvados globales (los grupos terroristas, sobre todo islámicos) para enfrentarlos a las fuerzas de la civilización y crear así nuevos conflictos y oportunidades para matar más gente, como ha sucedido en Afganistán, Irak o Siria, aparte de algunas guerras tercermundistas silenciadas por los medios de comunicación.

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La amenaza nuclear lleva suspendida desde 1945

El caso es que la guerra definitiva, el Armaggedon prometido por la Biblia, en forma de 3ª Guerra Mundial o algo parecido, no acaba de llegar pese a todos los recientes intentos que se han llevado a cabo y a la continua amenaza de la situación caótica en Oriente Próximo y otros escenarios secundarios. Está claro que hay potencias armadas hasta los dientes –y con armamento nuclear incluido– dispuestas a intervenir ante cualquier situación crítica, pero por alguna razón no han podido orquestar esa guerra global definitiva que dejaría a la Humanidad exhausta, tal como pronosticó hace más de un siglo Albert Pike. Así pues, estamos a la espera de que muevan ficha en el tablero de la guerra total para eliminar a centenares –sino miles– de millones de seres humanos.

No obstante, es posible que existan otras modernas estrategias de eliminación masiva de población que pasarían por ser poco menos que desgracias naturales. Si nos retrotraemos a hace un siglo, la famosa “gripe española” de 1918-1919 se cobró, según las estimaciones, entre 40 y 100 millones de muertos  en todo el mundo (sobre todo en Occidente), justamente después de una campaña de vacunación internacional masiva. Ante este brote letal, parece ser que no se pudo hacer gran cosa, más que lamentar el desastre humanitario y pasar página sin llegar a saber qué había ocurrido en verdad. Este hecho fue de algún modo comparable –aunque a menor escala– a los tremendos brotes de peste que diezmaron literalmente a la población mediterránea en el siglo VI o a la población europea en el siglo XIV.

En este punto hemos de volver al tema de una cierta agresión encubierta contra la Humanidad en forma de la proliferación de tóxicos de todo tipo. Una vez más aparece aquí la cuestión química, farmacológica y de las vacunas, pues a estas alturas los estudios y las estadísticas imparciales han demostrado que tanto fármacos como vacunas producen una alta tasa de muertes en todos los rincones del planeta. En este sentido, y sin ningún rubor, el magnate Bill Gates ha reconocido el importante papel de las vacunas en el Tercer Mundo para reducir drásticamente la población. Además, en el mundo occidental la situación es realmente grave ante un creciente número de muertes por causas iatrogénicas, básicamente por la sobreatención sanitaria (fruto de las políticas mundiales de “salud pública”) hacia todas las capas sociales, y en especial hacia los grupos más débiles, como las personas mayores.

Por cierto, vale la pena mencionar el hecho de que en la sociedad occidental las autoridades ya están invitando a la eutanasia activa para todas aquellas personas con enfermedades dolorosas, graves o crónicas. Así, algunos estados no sólo se plantean despenalizar la eutanasia sino favorecer las condiciones para la retirada de enfermos y de ancianos cansados de vivir. Por ejemplo, muy recientemente en Holanda se ha planteado la aprobación de una pastilla letal que podrán tomar los mayores de 70 años sin prescripción médica ni justificante de mala salud, lo que implica dar vía libre al suicidio patrocinado por el estado. El siguiente paso podría ser la progresiva aceptación de la eutanasia en la sociedad, en personas de todas las edades que –ante un determinado problema– decidan poner fin a su vida. No quiero pensar ya en la hipotética situación en que no haya voluntariedad, sino una eliminación recomendada por las autoridades sanitarias, en base a criterios médicos, sociales o incluso “humanitarios”. En este sentido, no sería de extrañar que cundiese un mensaje soterrado de que mantener a los mayores sale muy caro (pensiones, asistencia sanitaria, etc.) y encima ellos lo pasan mal… lo mejor para todos sería acabar bien cuando llegue el momento. Así pues, de eutanasia a eugenesia no habría más que un pequeño paso.

Sin embargo, parece que todo esto no resulta suficiente ni satisfactorio para los paladines de la eugenesia y el ecologismo (ideologías que no casualmente van de la mano). Así, el siglo XX nos ha traído la siniestra sombra criminal de una cierta guerra biológica o bacteriológica contra el conjunto de la población. Sólo para ponernos en contexto, basta recordar que en los años 80 apareció la mortal enfermedad SIDA provocada por el extraño virus VIH, frente a la cual poco o nada se pudo hacer al principio. El caso es que, en poco tiempo, de colectivos minoritarios (homosexuales y drogadictos principalmente) saltó a toda la población y marcó entonces una política de alarma sanitaria global para evitar la expansión del virus. El resultado fue que se incidió fuertemente en el uso de preservativos para evitar contagios (y de paso evitar embarazos) y en la administración de fármacos para combatir el virus y reducir la mortalidad, o al menos cronificar la enfermedad.

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Un virus que no existe no puede matar; un veneno, sí

La realidad, como se ha sabido con los años, es que el VIH jamás fue identificado –“aislado” según los protocolos científicos exigidos– y que tampoco hay pruebas fehacientes acerca de sus vías de trasmisión (aunque, si no hay virus, no puede haber trasmisión que valga). En verdad, el llamado SIDA era un cúmulo de enfermedades ya existentes, que con el adecuado tratamiento podían superarse en muchos casos. No obstante, la principal medicación oficial contra el virus fantasma resultó ser un cóctel de fármacos en que predominaba el AZT, un reconocido veneno capaz de destrozar la salud y acabar matando al paciente. De este modo, millones de personas en todo el mundo fueron etiquetadas de SIDA y murieron por falta de atención médica (sobre todo en África) o por una atención inadecuada, por no decir criminal, en forma de medicinas tóxicas. Como vemos, con la estrategia viral del SIDA se mataron dos pájaros de un tiro. Por un lado, se instaló el pánico en la población ante un virus mortal y descontrolado, estando además relacionado con el sexo y la eventual procreación. Por otro, se consiguió la sumisión de la población ante las políticas sanitarias internacionales, lo que lógicamente constituyó un útil precedente para crear posteriores “crisis” o “emergencias” sanitarias.

Si lo recuerdan, unos años más tarde fueron apareciendo otras epidemias –o pandemias– que pusieron en alerta a la OMS y a los gobiernos nacionales para extender, gracias a la inestimable colaboración de los medios de comunicación, un clima de terror y de amenaza ante un posible apocalipsis sanitario. Sin ir más lejos, hubo dos casos muy llamativos como fueron las llamadas “vacas locas” o el brote de gripe A. En este último evento las alarmas se maximizaron y se sugirieron todo tipo de medidas preventivas y contingentes, empezando por proponer unas campañas masivas de vacunación en todo el mundo. Las compañías farmacéuticas prepararon sus productos, los gobiernos compraron las vacunas y todo el mundo se preparó para lo peor. Entonces, tan rápidamente como surgió el asunto, desapareció en poco tiempo. Las alarmas se rebajaron, los casos de muerte fueron relativamente pocos y no se llegaron a implementar los planes de vacunaciones generalizadas, aunque en algunos países las cosas llegaron bastante lejos. Por ejemplo, en EE UU ya se habían preparado unos enormes campos de concentración-aislamiento para todos los ciudadanos que rehusasen vacunarse.

Ahora mismo, después de dos conatos (fallidos) de desastre como el ébola o el zika, tenemos una nueva vuelta de tuerca con el famoso coronavirus de origen chino. No hay que ser muy listo para ver que se repiten exactamente los mismos patrones político-mediáticos que con la gripe A, con una publicidad masiva y apocalíptica para un raro virus que supuestamente ha matado a unos pocos centenares de pacientes en China, cuando todos sabemos que la gripe común causa decenas de miles de muertes anuales en cualquier país desarrollado, por no hablar de las causas de muerte más comunes, relacionadas con el cáncer o el corazón. ¿Miedo a los terribles agentes externos? Pero si ya lo dice el notable biólogo Máximo Sandín: somos bacterias y virus. Llevamos en nuestro interior multitud de gérmenes que sirven para regular nuestra salud y proceder al reciclaje necesario para limpiar nuestro organismo. Todo lo demás es morir de puro miedo y exponerse a los “remedios” oficiales en forma de vacunas, antibióticos y fármacos agresivos.

En fin, voy concluyendo. Me queda poca duda de que para los amos del mundo el supuesto problema de la población (que ellos llaman “superpoblación”) no es un tema baladí. Querrían un mundo más ecológico y habitable, con una razonable cantidad de personas, lo que facilitaría mucho el control de todo el ganado. Pero, visto lo visto, la población ha seguido creciendo y –como ya he expuesto– no acaban de decidirse a la hora de lanzar su guerra definitiva. Tampoco parece que sus estrategias en el campo médico-biológico vayan a tener un enorme éxito, pues las anteriores intentonas de crear nuevas oleadas de peste (al estilo medieval) no acabaron de funcionar, a menos que se esmeren mucho con este caso chino o con nuevos virus de alta tecnología, tal vez salidos de algún laboratorio secreto. En tal caso es posible que no haya ningún virus o que este sea inofensivo y que la verdadera muerte venga por el oportuno tratamiento.

antenas
¿Podrá el 5G matar en masa?

Asimismo, no quisiera desmerecer sus intentos en el campo de la contaminación electromagnética, pues, si es cierto lo que han denunciado muchos expertos en la materia, la tecnología 5G rebasa por mucho todo lo humanamente soportable y los experimentos realizados hasta la fecha demuestran la peligrosidad de este sistema, disfrazado de gran avance en las comunicaciones. Por de pronto, miles de insectos y aves han muerto en torno a las grandes instalaciones de antenas 5G. De todos modos, llevamos ya unas décadas con esta tecnología y, aunque haya afectado de forma notable a la salud pública, no ha provocado una gran avalancha de muertes atribuibles sin ningún género de duda a la radiación electromagnética. Veremos lo que nos depara el futuro.

Con todo, el espíritu de la eugenesia sigue ahí presente y no creo que vayan a renunciar fácilmente a sus planes. Por el momento, ya han montado su impecable coartada ecologista en defensa de la madre Tierra y han señalado directamente al hombre, al ciudadano común y corriente, como culpable de todos los males del planeta, y que por tanto debe ser combatido y neutralizado. El problema, empero, es que ya no se trata de eliminar a unos cuantos millones de personas mediante pandemias, guerras convencionales o nuevas medidas anti-natalidad. Si realmente quieren hacer una limpieza a lo grande sobre el planeta que implique una reducción brutal de la población humana deberían implementar algo realmente monstruoso y nunca visto antes. Entretanto, nos siguen amenazando con emergencias, urgencias y conflictos de todo tipo, pero algo debe estar pasando ahí arriba para que no acaben de cuajar sus proyectos. Quizá debamos buscar las respuestas en otro plano.

Para finalizar, me permito exponer algunas opiniones destacadas sobre el tema eugenésico y demográfico a cargo de ciertos personajes públicos, recordando el hecho de que para el ecologismo radical el número adecuado de habitantes del planeta debería estar en torno a los 500 millones (según el famoso monumento Guidestones de Georgia, EE UU). Esto supone eliminar por las buenas o por las malas a 6.500 millones de personas por el bien de la diosa Gea. No sé por qué sospecho que los teóricos ecologistas y los impulsores de esas políticas no querrán estar entre esos 6.500 millones. Ahí van las opiniones, que no precisan de comentarios.

Ezekiel Emanuel, ex asesor de Salud del presidente Obama y uno de los arquitectos del proyecto de salud pública Obamacare:

“La sociedad sería mucho mejor si las personas no trataran de vivir más allá de los 75 años.”

Ted Turner, propietario de un gran grupo de medios y fundador de la CNN:

“Una población total mundial de entre 250 y 300 millones de personas, con una disminución del 95% desde los niveles actuales, sería lo ideal.”

David Rockefeller, banquero y magnate de las finanzas:

“El impacto negativo del crecimiento de la población en todos nuestros ecosistemas planetarios se está convirtiendo en algo terriblemente evidente.”

Bill Maher, presentador de la cadena HBO: 

“Estoy a favor del aborto, estoy a favor del suicidio asistido, estoy a favor del suicidio regular… Hay demasiada gente, el planeta está demasiado lleno de gente y tenemos que promover la muerte.”

Philip Cafaro, profesor de la Colorado State University:

“Acabar con el crecimiento de la población humana es una condición necesaria (pero no suficiente) para la prevención del cambio climático global catastrófico.”

Margaret Sanger, fundadora de Planned Parenthood (organización no gubernamental asociada a la Federación Internacional de Planificación Familiar): 

“Todos nuestros problemas son el resultado de un exceso de reproducción entre la clase obrera.”

Mijail Gorbachov, ex dirigente de la URSS:

“Tenemos que hablar con más claridad acerca de la sexualidad, de la anticoncepción, del aborto, asuntos de control de la población, debido a la crisis ecológica que experimentamos. Si logramos reducir la población en un 90%, ya no habrá suficientes personas para provocar grandes daños ecológicos.”

Jacques-Yves Cousteau, marino y oceanógrafo:

“Con el fin de estabilizar la población mundial, deberíamos eliminar 350.000 personas cada día. Es algo horrible decirlo así, pero es igual de malo no decirlo.”

¡Qué buena gente son esos ecologistas! ¡Qué amor por el ser humano!

© Xavier Bartlett 2020

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Como es evidente, tal bajada de la población occidental –sobre todo en Europa– ha tendido a “compensarse” con la llegada masiva de inmigrantes de países menos desarrollados, con una natalidad notoriamente más alta, oficialmente para “ocupar los puestos de trabajo vacantes”, aunque en la práctica se acoge y se subvenciona a inmigrantes por una gran diversidad de motivos. De este modo, con las actuales políticas favorables a la inmigración, se está procediendo a la progresiva sustitución de los pueblos autóctonos europeos por un tipo de sociedad multicultural y multirracial venida de todo el mundo.


8 respuestas a “Ya no saben cómo eliminarnos

  1. Interesante artículo que me da que pensar lo siguiente y aprovecho para extenderme (disculpa, ja,ja,ja,…)…

    El deshacerse de la población se hace en función de la energía que pueda dar el proceso en guerras, matanzas,…
    En una granja hay stock para sacrificar y stock para mantener y regenerar la granja, ningún granjero inteligente sacrifica todo su ganado de golpe (salvo que tenga otra granja, ja, ja, ja,…) sino que tiene stock disponible aquí o allí y va tomando y soltando según lo necesiten.
    Ese es el proceso natural ya que para que haya vida algo debe morir pero…
    Lo que ocurre es que la vida miserable profita a ciertas entidades y de ello el resultado de lo que llamamos mundo.
    Primero se siembra y mantiene la ignorancia, se evita y se esconde el conocimiento y la degradación va siguiendo su cauce de lo que aún se puede extraer más miedo-culpabilidad diciendo que es meramente ignorancia humana, que lo es, pero ignorancia cultivada y extraer la culpabilidad en el proceso.No desaprovechan nada!

    En cuanto al tema de las vacunas en mi opinión han polarizado totalmente el tema para crear debate, ya sabes y mezclar verdades y mentiras.Sin duda el número de vacunas para mi es muy excesivo y responde al negocio de la enfermedad puro y duro que tantos beneficios da a la farma-industria.Muchas vacunas son creadas “para prevenir enfermedades” que ni siquiera se han manifestado de forma que deban ser consideradas peligrosas y como suele decirse a veces es peor el remedio que la enfermedad.
    Sin embargo irse al extremo opuesto también puede resultar peligroso.
    Detrás de todo ello está el miedo a la muerte debido a la ignorancia humana de lo que somos.
    Alguién miedoso que olvida que morirá más pronto que tarde es muy facilmente manejable.

    Lo que la gente llama virus yo lo llamaría virus-mediáticos que cuando se despierta del caracter engañoso de matrix devienen virus-inexistentes en el sentido que crean miedos e industrias de enfermedad con el solo hecho de que les hallamos comprado las noticias.Igualito que el falso cambio climático.
    Matrix es el resultado de la creación subconsciente humana operada para bien y para mal desde el astral.

    La concentración de grandes masas de población en ciudades también responde a mecanismos de extracción energética ya que es más fácil trasquilar a las ovejas bajo una misma instalación que tener que salir a buscarlas y traerlas de una en una.
    Por supuesto la concentración en pueblos y ciudades también responde al hecho de que la unión hace la fuerza y una comunidad grande con los medios actuales se gestiona mejor concentrada en puntos que dispersa por la geografía.
    Ambos mecanismos se dan al mismo tiempo.

    La supuesta tecnología dañina que vemos es el reflejo tras el velo de la tecnología que no vemos.
    De esta forma mostrando ocultan.
    Debido a ley de polaridad y libre albedrío ni es tan mala como la pintan los conspiracionistas extremos ni tan buena como la pinta el sistema.Cuando apareció la TV muchos pensarían que iba a ser el fín del mundo por las ondas y la radiación de los tubos del TV,… y resulta que lo más dañino de la TV es su programación misma.
    De esta forma el proceso tecnológico invisible puede ser ocultado a la vista mostrando y creando miedos de lo que podemos ver y el mecanismo de ordeñe emocional permanece oculto y a la vista al mismo tiempo.
    ¿Se entiende el mecanismo?

    La tecnología física que se usa son juguetes en comparación con la tecnología que no se ve y en realidad el daño está más en la idea de la entidad que compra-la-película que en la tecnología misma.

    Por ejemplo la Quimioterapia.
    Es un negocio fabuloso e inmenso que pagamos todos y en el que el paciente firma un contrato invisible con el miedo a la muerte si no trata el cancer que le han diagnosticado a cambio de unos pocos años más de vida brutalmente degenerada.
    He visto ese proceso indirectamente durante años.
    Si el sistema de creencias de la persona es totalmente opaco a la manipulación encubierta deviene en poco tiempo carne de matadero, pero es el proceso de degradado de la vida lo que interesa al poder vampírico tras la fachada de curar el cancer.
    Ahora quieren comprar y pagar máquinas carísimas para detectar canceres mínusculos que en la inmensa mayoría de los casos son asintomáticos y que no suponen problema alguno pero le venden a la gente que se revise “para prevenir el cancer” lo que no es sino ponerse en la boca del lobo.
    Esas personas si no entienden lo que es la industria de la enfermedad ya están adelantando su salida de este mundo y además a precio de dolor y sufrimiento.

    La ONU tiene un dia mundial del enfermo.Purita programación de masas.

    ¿Con que tipo de personas crees que van a funcionar esos programas?

    Por eso el conocimiento protege.

    Un saludo.

    1. Apreciado Heliotropo

      Gracias por tu extenso comentario y las dos apostillas adjuntas. Comparto la mayor parte de tu análisis en tu habitual meta-lectura de la realidad. Las estrategias están bien a la vista y ya sabemos cuáles son sus efectos y propósitos. Sólo me permito discrepar en un punto, que mencionas al final. No creo que debamos entrar en un debate de “calidad” frente a “cantidad”, pues eso es precisamente lo que defendieron los eugenetistas-ecologistas desde el principio (véase por ejemplo la opinión de Margaret Meade).

      “Calidad de vida” es lo que quieren ellos y ya la tienen, en el plano estrictamente material-energético. De hecho, mucha gente ya la tiene el mundo occidental, pero su vida está vacía, no hay moral ni ética ni conciencia. Nuestro “civilizado” mundo es nauseabundo a estas alturas. En fin, el mundo es el que es y si hay pobreza, dolor y sufrimiento es parte del sueño de Dios y debemos aceptarlo, porque así debe ser, por mucho que nos duela. Como decía en el artículo, tal vez las claves deban ser leídas en otro plano.

      Saludos,
      X.

      1. Tienes razón cuando dices que materialidad no es equivalente a calidad de vida.
        Por calidad de vida deberíamos entender un buen equilibrio entre lo que solemos llamar terrenal y lo espiritual.

  2. Puntualizar que no es de la ONU la promotora del próximo dia 11 de febrero jornada mundial del enfermo sino de…

    El Papa Juan Pablo II instituyó el 11 de febrero la Jornada Mundial del Enfermo.
    Nuestra Señora de Lourdes con la cola tras el manto.

    ¿Cómo no la Iglesia Católica (una de las fachadas del poder arconte) detrás de los enfermos con sus Teresitas,…?

  3. Acabo de ver este video sincromisticamente y me gustaría compartirlo…

    Para mi está claro que se trata más de calidad de vida que de cantidad de vida.
    Pero resulta curioso como en los paises desarrollados parece impulsarse una tasa baja de natalidad mientras que en los paises menos desarrollados se impulsa la sobrepoblación.

    ¿Podría el poder arconte estar seleccionando su tipo de ganado preferido?

  4. Gracias por el interesante artículo, Xavi.

    Ya me gustaría que todos esos eugenistas, tan preocupados por la sobrepoblación, se aplicasen sus ideales a sí mismos y se suicidasen o aplicasen la eutanasia de la que tan convencidos están al llegar a los 75 años (o incluso antes, si tanto les preocupa el planeta). ¡Qué gran favor nos harían a todos!, pero seguro que son los primeros en intentar prolongar su vida por todos los medios, haciendo uso de los avances médicos más punteros – como transfusiones y limpiezas de sangre, trasplantes y todo lo que haga falta, para rejuvenecer en la medida de lo posible-, porque lo que quieren es que mueran los otros. Ellos son los “valiosos”; para ellos no se aplica la misma idea que promulgan; ellos no sobran.

    Saludos,
    M

    1. Gracias por tu comentario amiga

      En fin, todo el asunto de la eugenesia se basa en que una cierta casta selecta se cree superior y con el derecho de ejercer cualquier acción sobre su “ganado”. Superiores e inferiores, amos y esclavos, mejores y peores. Todo funciona en clave de poder y jerarquía. Aun así, tengo la sensación de que no tienen todo por la mano, y de ahí sus actuales estrategias de control absoluto sobre la población. Todavía no ha llegado el final de la película.

      Saludos,
      X.

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