El rincón de la palabra

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Muy probablemente, de no haber estudiado arqueología e historia hubiera escogido la carrera de filología, sobre todo la clásica, dado mi especial interés por el tema del lenguaje, la etimología, la evolución de los idiomas y la relación entre ellos. De hecho, existen importantes conexiones entre la antropología (vista desde una perspectiva histórica) y la filología, pues los lenguajes han vehiculado el pensamiento y la cultura de las comunidades humanas, tanto desde las coordenadas espaciales como desde las temporales.

Así pues, he decido abrir una modesta página en Somnium Dei dedicada a diversos aspectos del lenguaje y de la filología en general, incluyendo todo tipo de curiosidades y anécdotas. De este modo, en la medida de lo posible y teniendo en cuenta mi preferencia por la página principal, iré aportando en este rincón breves documentos (en forma de capítulos) para todos los amantes de la palabra y de la comunicación; eso sí, sin ningún interés de sentar cátedra sino simplemente de ofrecer un material ameno y fácilmente digerible para pasar un buen rato y aprender algo nuevo.

A efectos prácticos, mantendré esta página como un libro al que iré agregando los capítulos sin borrar el material ya publicado. Para avisar del añadido de un nuevo capítulo, iré actualizando una breve notificación que figurará en la columna derecha del blog, donde consta toda la información. 

Gracias por adelantado y que ustedes lo disfruten. Ahí va mi primera entrega.

Capítulo 1. ¿Por qué conmigo?

Si uno mira la gran mayoría de los idiomas, al menos los más próximos, verá que la construcción del complemento circunstancial de compañía (referido a personas) es muy simple: se trata de juntar la preposición de compañía con el pronombre personal correspondiente. Así pues, a modo de ejemplo, tenemos:

  • With me (inglés)
  • Avec toi (francés)
  • Amb ell (catalán)
  • Con te (italiano)
  • Mitt uns (alemán), etc.

En castellano, los pronombres plurales mantienen esta estructura (con nosotros, con ellos, etc.), pero en singular ocurre algo muy extraño en comparación con las otras lenguas. En vez de decir “con me (o mi)”, “con te (o ti)”, se usan unas formas más largas y unidas en un solo término: conmigo, contigo y consigo. Pero… ¿por qué preposición y pronombre se escriben juntos? ¿Y de dónde sale ese sufijo “-go” que no está en otras lenguas, a excepción del portugués? Ahora veremos el origen de esta diferencia y la especial particularidad del consigo.

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Inscripción romana SPQR

Para entender esta evolución, hay que irnos al latín, lengua madre del castellano y de otros idiomas romances. Como es sabido, el latín clásico escrito, y podemos suponer que en gran medida el latín hablado, tenía un orden sintáctico distinto del nuestro, colocando, por ejemplo, el verbo al final de la frase. Asimismo, en casos puntuales invertían la posición de conjunciones y preposiciones. Así pues, el famoso “SPQR” quería decir Senatus PopulusQue Romanus, que en estricta lógica era Senatus et Populus Romanus, con ese sufijo “-que” haciendo las veces de la conjunción et, pero puesta detrás. Siguiendo esta costumbre, era muy habitual poner la preposición cum (“con”) detrás de la palabra a la que acompañaba. Véanse, por ejemplo, expresiones clásicas que se han conservado hasta hace poco en la liturgia religiosa como Dominus vobiscum (“El Señor esté con vosotros”). O sea, vemos que la preposición se une al nombre o pronombre y aparece detrás en vez de ir delante.

Y aquí llegamos al quid de la cuestión, pues algo poco común sucedió a finales de la era romana e inicios de la Edad Media en una parte de la Península Ibérica. La gente del pueblo se había habituado a emplear las fórmulas mecum, tecum y secum, siendo esta última una referencia al pronombre reflexivo se (“uno mismo”), mientras que en otras partes del mundo romano (o de otros dominios lingüísticos) se recurrió al pronombre personal de 3ª persona del singular. Pero con el paso de los siglos, el mecum, tecum y secum fueron evolucionando fonéticamente y acabaron por pronunciarse mego, tego y sego (y quizá pasaron antes por las formas intermedias meco, teco y seco). Sin embargo, a esas alturas, el pueblo llano había dejado el latín atrás y había olvidado que el “-go” procedía del antiguo cum, y por ello volvió a poner la preposición delante para indicar la compañía, que ahora ya era “con”. De este modo surgieron los términos con-mego, con-tego y con-sego, que nuevamente con el uso se deformaron hasta llegar a nuestros actuales conmigo, contigo y consigo.

Quizá sería conveniente explicar esta anécdota filológica a algunos extranjeros despistados y sorprendidos que aprenden el castellano y no acaban de encontrar la lógica a tales complementos. La verdad es que fue una curiosa metedura de pata colectiva, pero la lengua que pervive no surge de los literatos o de los filósofos, sino del uso cotidiano popular a través de los siglos.

Capítulo 2. El arte de insultar

No es muy difícil suponer que desde los tiempos más antiguos el ser humano se ha dedicado a lanzar todo tipo de interjecciones, insultos e improperios a sus semejantes por los más diversos motivos, pero principalmente por dos: para despreciar o dejar en evidencia a los tontos, inútiles, raritos o incapaces, o para agredir verbalmente a un oponente, que ha cometido una ofensa (real o presunta) contra el que profiere el insulto. Claro que cualquier persona que se siente importunada o molestada por otra –incluso por la razón más nimia– se ve en el derecho de insultar.

Estos múltiples insultos no han variado demasiado a lo largo de los siglos y resultan ser bastante parecidos en su forma y significado en la mayoría de los idiomas, en cualquier parte del mundo. Sobre los más habituales, los que van más cargados de “mala leche”, no hace falta realizar comentarios. Son las expresiones emocionales más soeces y groseras, que pretenden ofender gravemente a la persona interpelada con alusiones inequívocas a su persona (incluidos aspectos raciales, sexuales, anatómicos, culturales, etc.), o bien a su madre, a su pareja, etc. En fin, todo el mundo las tiene en mente y como este documento va de insultos, no vale la pena cargar las tintas con las bajezas cotidianas de la calle y las redes sociales, y así pues las obviaremos discretamente.

Lo que más me interesa del tema es que con el paso de los años se ha ido perdiendo una cierta riqueza o ingenio en el insulto, lo que sería propiamente “el arte de insultar”. Porque decir las típicas palabrotas está alcance de cualquiera, pero llamar a cada cosa por su nombre y tener una cierta riqueza léxica en el insulto ya es otra cosa. Vamos, que el insulto forma parte ancestral del idioma y no es cosa baladí. En este sentido, la lengua castellana, como otras muchas, ha ido construyendo un rico léxico de insultos que incluso quedó reflejado en magnas obras literarias. Sin ir más lejos, en la famosa Celestina de Fernando de Rojas hallamos una bonita colección de insultos, algunos de los cuales –muy directos– nos sonarán, como hideputa, pero otros resultan más extraños como saltaparedes, atajasolaces, o barbiponiente.

En fin, hoy en día la riqueza del insulto va a la baja y muchos términos que eran bien comunes hasta hace pocas décadas se han ido perdiendo. Además, aparte de oírse cada vez menos, la presente corrección política los ha ido eliminando del lenguaje escrito. Aquí tendríamos una extensa colección de tópicos como imbécil, idiota, memo, cretino, bobo, estúpido, majadero, lelo, burro, asno, borrego, tarugo, besugo, palurdo, etc., que básicamente son sinónimos de tonto o persona corta de luces. En cuanto al grupo de insultos típicos referentes a individuos poco recomendables por su conducta, aquí la lista de clásicos no es menos larga. Sólo por citar algunos: granuja, sinvergüenza, ruin, bruto, miserable, canalla, golfo, fanfarrón, animal, bribón, pillo, truhán, bravucón, borde, mangante, perdonavidas, cantamañanas, mamarracho, guarro, farsante, gorrón, chorizo, fantoche, fantasma, chupóptero[1], bocazas, energúmeno, embustero, trolero, chivato, chorro (“ladrón”, en Argentina), etc.

Y todavía podríamos citar unos cuantos insultos más que posiblemente los menores de 40 años no hayan empleado (ni oído o leído) en su vida, porque ya son auténticos arcaísmos, al igual que muchas interjecciones que hoy sólo podemos leer en viejas publicaciones, como ¡pardiez!, ¡cáspita!, ¡sopla!, ¡atiza!, ¡sapristi!, etc. La gran mayoría de estas expresiones han desaparecido o están en vías de desaparecer más pronto que tarde, ya que las jóvenes generaciones han reducido a mínimos su lenguaje verbal y escrito, y simplemente echan mano de su escaso y repetitivo vocabulario propio de una educación muy pobre y de las modernas tendencias de las redes sociales y medios de comunicación. Ahí van unos cuantos que actualmente parecen estrafalarios y que en cierto modo hasta resultan divertidos.

Como insultos más o menos relacionados con los tontos, simples o torpes, tenemos algunas antigüedades arqueológicas como por ejemplo botarate, mentecato, macatrullo, ceporro, ganapán, mastuerzo, pazguato, gaznápiro, panoli, zafio, zoquete, y zopenco. Y en otros tiempos, para descalificar a ciertas personas por motivos diversos, se empleaban expresiones de este tenor: tarambana, adefesio, felón, malandrín, rufián, bellaco, bergante, villano, matachín, pelagatos, perillán, tunante, tumbacuartillos, zascandil, mequetrefe, mercachifle, correveidile, etc. Es probable que el lector no sepa exactamente el significado de algunos de estos términos; sólo como ejemplo diremos que un tumbacuartillos abusa de la bebida, un rufián es un granuja y un correveidile es más o menos un chivato o delator.

haddockLo cierto es que en el lenguaje cotidiano muy pocas personas han recurrido a esta riqueza léxica, y para hallar a algún auténtico experto en el arte de insultar hemos de referirnos al mundo de la ficción y la literatura. En este contexto, destaca con mucho el personaje del capitán Haddock, de Las aventuras de Tintín. En efecto, el dibujante belga Hergé quiso dar un tono rudo a este marino de la vieja escuela, pero sin recurrir a los insultos más bastos –lo que hubiera sido más realista– pues seguramente no serían del agrado de sus editores, teniendo además en cuenta el perfil del público infantil y juvenil que leía sus cómics. Así pues, Hergé puso en boca de Haddock una extravagante ristra de insultos relativamente flojos que el personaje descarga con inusitada furia sobre los malvados de turno en situaciones que resultan ser más cómicas que dramáticas.

Analizando el amplísimo repertorio de Haddock, podemos ver que en realidad hay hasta tres estilos de insulto, que a menudo aparecen combinados o mezclados en unas pocas viñetas. En primer lugar, tenemos un conjunto de insultos tradicionales, más o menos contundentes pero nada soeces, dada la autocensura ejercida por el propio Hergé: canallas, desarrapados, salvajes, bárbaros, holgazanes, sinvergüenzas, alcornoques, bestias, bicharracos, macacos, papanatas, piratas, espantapájaros, tontos de capirote, etc.

En segundo lugar, el capitán Haddock recurre a veces a expresiones imaginativas que no parecen tener demasiado sentido o aplicación sobre las personas insultadas, y que resultan graciosas dado que raramente se podrían imaginar como insultos. Como dato curioso, cabe destacar que algunos de ellos son de estilo “étnico”. Aquí podríamos citar, por ejemplo: bebe-sin-sed, bulldozer a reacción, vendedor de alfombras, nuez de coco, emplastos, aztecas, pandilla de zapotecos, apaches, mercado negro, sátrapa, caníbal, papú de mil diablos, filibustero, mameluco, ostrogodo, herético, tecnócrata, megalómano, diplodocus, zulú, incas de carnaval, patagones, jugo de regaliz, ornitorrinco, pacta-con-todos, vegetariano, pedazo de calabacín, zuavo, chuc-chuc[2], especie de Cyrano de cuatro patas, especie de brutos sombríos, especie de logaritmo, etc.

Y rizando el rizo, Hergé desarrolla un tercer tipo: el insulto más abiertamente exótico, rebuscado, estrambótico e incluso culto, sobre todo porque algunas expresiones provienen insólitamente del campo técnico o científico. De hecho, es tal la creatividad en este ámbito que en muchos casos el lector puede quedar descolocado al ignorar el significado exacto de esos términos. Desde luego, Hergé se tomó aquí una gran licencia, ya que resulta hasta cierto punto inverosímil que un capitán de la marina mercante conociese y emplease todos esos términos. No obstante, ahí está la gracia de quien ha oído un término extraño –sin saber bien lo que quiere decir– y lo utiliza a modo de insulto o chascarrillo en su plática habitual. En este grupo de insultos cabría mencionar algunas perlas como las siguientes: ectoplasma, anacoluto, coloquinto, giroscopio, antracita, cercopiteco, antropopiteco, macrocéfalo, Bibendum, ciclotrón, hidrocarburo, Rocambole, bachi-bazuc[3], iconoclasta, polígrafos, viviseccionistas, o doríforo.

Sólo a modo de ilustración del genio de Hergé, explicaremos los entresijos de algunos de estos improperios. Así, por ejemplo, un ectoplasma es una especie de psicofluido (relacionado con apariciones o fantasmas), un anacoluto es una incoherencia en las cláusulas de una frase o proposición, un coloquinto es una planta con propiedades purgantes, la antracita es un mineral de carbón, un cercopiteco es un mono catirrino propio de África, un antropopiteco es una especie de hombre-mono (supuesto antecesor del humano moderno) y Bibendum es el nombre del famoso muñeco neumático de la firma Michelin. Y seguimos con selectos referentes históricos: Rocambole[4] era un personaje novelesco francés del siglo XIX, los bachi-bazucs eran los mercenarios que constituían la infantería de choque en los ejércitos del imperio otomano, y los iconoclastas eran destructores de iconos o imágenes religiosas.

Por supuesto, todo esto es ficción y el insulto en la vida cotidiana es mucho más gris y descarnado, sobre todo cuando los ánimos están exaltados. Por consiguiente, para poder sobresalir en el arte del insulto es preciso cambiar de contexto y dejar que los demonios se vayan por otro lado, mientras se agudiza el ingenio con la palabra. Así, no es de extrañar que en el mundo del humor se hayan ideado insultos creativos y jocosos, cuya intención lógicamente no puede ser ofensiva sino lúdica. Véase a modo de ejemplo al recientemente fallecido humorista andaluz Chiquito de la Calzada, que triunfó mucho más por su estrambótico lenguaje y su gestualidad teatral que por la escasa brillantez de los chistes que explicaba. En fin, quedémonos con aquellos célebres insultos que tantas risas provocaron: ¡cobarde! ¡fistro! ¡pecador de la pradera! 


[1] Insulto popularizado en su día por el periodista deportivo José M.ª García referido a ciertos altos cargos.

[2] Reconozco no haber encontrado el sentido de este raro insulto que aparece en “El cangrejo de las pinzas de oro”.

[3] Expresión procedente del turco que aparece escrita de varias formas en los álbumes de Tintín y en distintas fuentes.

[4] De ahí procede precisamente el adjetivo “rocambolesco”.

Capítulo 3. Perdón, no entiendo…

prostitucionEl idioma castellano es muy rico en expresiones relacionadas con el sexo y otros menesteres o vicios (grandes y pequeños) y no todas ellas aparecen en los diccionarios. Además, cabe señalar que las cosas no siempre se dicen igual a uno y otro lado del Atlántico, con lo cual un español puede quedar un poco descolocado al oír ciertos términos extraños para él.

He aquí una jocosa selección de expresiones de este ámbito que se pueden escuchar en diversos países de Latinoamérica, sobre todo en México, y su correspondiente traducción al lenguaje formal:

  • Acabar: tener un orgasmo (Argentina)
  • Agarraderas: pechos (México)
  • Aguacates: testículos (México)
  • Albóndigas: testículos (México)
  • Andar con el cutis flojo: tener diarrea (México)
  • Ángel de la guardia: preservativo (México)
  • Atizar coliflor tostada: fumar marihuana (México)
  • Bajar al pozo: realizar un cunnilingus (Cuba)
  • Bandera roja: menstruación
  • Basuco: crack, un tipo de droga (Latinoamérica)
  • Berreadero: burdel (México)
  • Buscar flete: ir a buscar un trasero (Cuba)
  • Cachapera: lesbiana (Venezuela)
  • Casquete: acto sexual
  • Chocolate de fu-man-chu: opio o heroína pura (México)
  • Chucha cuerera: mujer con mucha experiencia sexual (México)
  • Coger: copular (Argentina, Uruguay, México)
  • Crica: órgano sexual femenino (Puerto Rico)
  • Dar candela por el culo: practicar la sodomía (Cuba)
  • El sin mangas: preservativo (México)
  • Fachar: copular (Venezuela)
  • Grifear: fumar marihuana (México)
  • Güebo: miembro viril (Santo Domingo)
  • Gumersinda: opio o heroína pura (México)
  • Ir a desgastar el petate: practicar el sexo (México)
  • Ir a la junta de conciliación: practicar el sexo (México)
  • Ir a la lucha libre a calzón: practicar el sexo (México)
  • Jugar a los dos bandos: ser bisexual (Cuba)
  • Mango: hombre muy sexy (México)
  • Mango de manila: mujer muy sexy (México)
  • Mayate: homosexual (México)
  • Mermelada de miembrillo: semen (México)
  • Morisqueta: marihuana (México)
  • Morrongo: miembro viril (México)
  • Motor de chorro: marihuana (México)
  • Muchachas putiérrez: prostitutas (México y Guatemala)
  • Motivosa: marihuana (México)
  • Mula: hombre impotente (México) [Imaginen a un español diciendo a un mexicano: ¡está usted hecho una mula!]
  • Nalga de ángel: marihuana (México)
  • Ñema: miembro viril (Santo Domingo)
  • Obstáculos: testículos (México)
  • Orégano chino: marihuana (México)
  • Orto: trasero (Argentina/ Uruguay)
  • Pedazo: miembro viril (Uruguay) [Imaginen la frase nefasta: Bueno, si no quiere más , ya me comeré yo su pedazo…]
  • Pendejo: idiota, memo (México)
  • Quebrachón: homosexual (México)
  • Quedar de encargo: quedar embarazada (México)
  • Quitarle al mondongo un peso de encima: defecar (México)
  • Remolino del pellejo: ano (México)
  • Repisas: pechos (México)
  • Resbalón: burdel (México) [el español despistado: Sí, soy un poco torpe, voy de resbalón en resbalón…]
  • Retazo macizo: miembro viril (México)
  • Retozona: prostituta (México)
  • Revisar los interiores: practicar el sexo (México)
  • Ruletera: prostituta de carretera (México)
  • Singar de mira quién viene: practicar el sexo “al estilo perro” (Cuba)
  • Sobo: masturbación masculina (Costa Rica)
  • Soltura: diarrea (México) [Hábil comentario de español: Sí, ya veo que tienes mucha soltura en este trabajo…]
  • Sombrero de Panamá: preservativo (México)
  • Sopladores: testículos (México)
  • Subir al guayabo: practicar el sexo (México)
  • Tacuche de Filiberto: preservativo (México)
  • Tener el fambán barretoso: tener un gran trasero (Cuba)
  • Tener la mecha puesta: tener la regla (Cuba)
  • Trastero: ano (México)
  • Vergallito: masturbación masculina (México)
  • Zorrero: ladrón que roba en tu casa y luego defeca en el suelo (México)

Capítulo 4. ¿Por qué el alemán tiene palabras tan largas?

Si se han fijado un poco, algunos idiomas presentan palabras de mucha extensión, que en realidad son una amalgama de varios conceptos. Así, mientras que en las lenguas romances o latinas precisamos de una retahíla de sustantivos y adjetivos unidos por conjunciones y preposiciones para referirnos a una serie de conceptos, en otras lenguas –como las de raíz germánica– a menudo se tiende a unificar todos los conceptos en una sola palabra y a sobrentender las relaciones entre los términos según su posición en la expresión unificada.

Esto ocurre, por ejemplo, en el alemán, que es capaz de expresar un conjunto de conceptos –a veces muy extenso– en una sola palabra. Como muestra de una palabra “relativamente corta” pero que aúna varios significados tendríamos panzerkampfwagen, que quiere decir “vehículo blindado de combate”[1]. Como se ve, no hay ninguna preposición o conjunción entre las tres partes de la palabra: panzer-kampf-wagen, pero el sentido es totalmente claro para cualquier alemán, teniendo como premisa que el núcleo del concepto va siempre al final, lo que ocurre de forma más o menos parecida con las expresiones inglesas en que los adjetivos o complementos preceden al sustantivo principal (pero siempre por separado).

Con esta estructura, en alemán se pueden construir larguísimas palabras en que se van acumulando conceptos de izquierda a derecha hasta culminar en el concepto principal. Para describir en detalle el mecanismo de construcción de estos trenes gramaticales les adjunto a continuación una pequeña broma filológica que en tono humorístico –pero ajustado estrictamente a la norma de la lengua germana– nos explica cómo funciona una larga combinación de términos.

El asesino de una mujer hotentote

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Nativos hotentotes (África del Sur)

La lengua alemana es relativamente fácil. Para verlo claro, vamos a estudiar bien el alemán con un ejemplo. Primero, se toma un libro de alemán: un magnífico volumen, forrado en tela, publicado en Dortmund, que trata de los usos y costumbres de los hotentotes (en alemán, Hottentotten).

En dicha obra se cuenta que los canguros (Beutelratten) son capturados y metidos en jaulas (Kotter) cubiertas con una tela (Lattengitter) para protegerlas de la intemperie. Esas jaulas se llaman en alemán “jaulas cubiertas de tela” (Lattengitterkotter) y cuando tienen dentro al canguro, se llama a éste Lattengitterkotterbeutelratten, “el canguro de la jaula cubierta de tela”.

Un día los hotentotes detuvieron a un asesino (Attentater), acusado de haber matado a una madre (Mutter) hotentota (Hottentottermutter), madre de un niño tonto y tartamudo (Stottertrottel).

Esta mujer toma en alemán el nombre de Hottentottenstottertrottelmutter, y su asesino, en consecuencia, se denomina Hottentottenstottertrottelmutterattentater. Los guerreros hotentotes lo habían capturado y puesto a buen recaudo en una jaula de canguro (la ya citada Beutelrattenlattengitterkotter), pero de algún modo el preso consiguió escapar. Enseguida comenzó la búsqueda y pronto llegó un guerrero hotentote gritando:

“¡He capturado al asesino!” (o sea, al Attentater).

“¿A cuál?”, preguntó el jefe hotentote.

“Al Lattengitterkotterbeutelratterattentater”, contestó ufano el guerrero.

“¿Cómo que al asesino que está en la jaula de canguros cubierta de tela?”, dijo el jefe de los hotentotes.

“Sí, se trata del Hottentottenstottertrottelmutteratentater (el asesino de la madre Hotentota del niño tonto y tartamudo)”, respondió a duras penas el indígena.

“¡Anda, demonios! ¡Podrías habernos dicho desde el principio que habías capturado al Hottentotterstottertrottelmutterlattengitterkotterbeutelrattenattentater!”, concluyó por fin el jefe.

Como se puede ver, el alemán es facilísimo. Basta con un poco de interés.


[1] Tomando esta palabra como referencia, hace años corría un chiste de la saga “¿Cómo se dice en…? Concretamente, “¿Cómo se dice autobús en alemán? Respuesta: Zubanstruchenwagen; o sea, “Suban-Estrujen-Bajen”.

 

Capítulo 5. Los acertijos y las trampas del lenguaje

acertijoExiste desde antiguo –y en todas las culturas– una tradición popular de proponer problemas lógicos en forma de adivinanzas o acertijos con el fin de hacer pensar o agudizar el ingenio (o la imaginación) para dar con la solución. Y bien es cierto que muchos de estos acertijos son auténticos retos para las inteligencias más sutiles y que requieren de algún tipo de pensamiento lateral para poder desenredar el nudo del problema planteado. Sin embargo, muchas veces, no se trata de un sesudo ejercicio de lógica o de razón sino simplemente de “cazar” las trampas del lenguaje que modifican o distorsionan nuestro pensamiento. De hecho, el lenguaje y el pensamiento aparecen unidos como un solo instrumento que conforma el núcleo de nuestra mente y nos permite dar sentido a eso que llamamos “realidad”.

Así pues, jugando con el lenguaje, con lo que se dice y lo que se omite, y atrayendo a las personas al terreno deseado (los esquemas preestablecidos), resulta bastante fácil confundir a la mente y llevarla a la manipulación o al desconcierto, cosa que bien saben y mejor emplean los que rigen el mundo. A continuación, voy a proponer una serie de acertijos o enigmas para que el lector medite y proponga la solución correcta, teniendo en cuenta lo expuesto sobre las citadas trampas que afectan a nuestro pensamiento. La mayoría de estos acertijos son relativamente fáciles, pero en todo caso añadiré después las soluciones acompañadas de los oportunos comentarios

1. Un pendiente en el café

Esta mañana se me cayó un pendiente en el café. Y aunque la taza estaba llena, el pendiente no se mojó. ¿Cómo pudo ser?

2. Ingenio canino

Un perro está atado por el cuello a una cuerda de 2 metros de longitud. ¿Cómo podrá alcanzar un sabroso hueso situado a 4 metros de él?

3. El adivino del fútbol

Un personaje afirma poseer poderes psíquicos y se las da de adivino deportivo. Así, se muestra capaz de decir el tanteo de un partido de fútbol antes de que comience el encuentro, y lo cierto es que hasta ahora nunca ha fallado. ¿Cómo es posible?

4. Un túnel y dos trenes

En una línea de ferrocarril, el tendido tiene doble vía excepto en un túnel, que no es lo bastante ancho para acomodar ambas. Por ello, en el túnel la línea es de vía simple. Una tarde, entró un tren en el túnel marchando en un sentido, y otro tren entró en el mismo túnel, pero en sentido contrario. Ambos iban a toda velocidad; y sin embargo no llegaron a colisionar. ¿Qué explicación hay para esto?

5. Caladas a un cigarrillo

¿Cómo se pueden dar seis caladas a un cigarrillo sin que mengüe su tamaño en lo más mínimo?

6. Leyendo a oscuras

Una noche, cuando un hombre estaba leyendo un libro apasionante, su mujer apagó la luz del dormitorio. La habitación quedó completamente a oscuras, pero el hombre siguió leyendo sin inmutarse (y no recurrió a ninguna linterna…). ¿Cómo es posible?

7. Un clásico

Yendo yo para Villavieja, me crucé con siete viejas, cada vieja llevaba siete sacos, cada saco siete ovejas. ¿Cuántas viejas y ovejas iban para Villavieja?

8. Una historia de cama

Por asuntos de trabajo, el señor Barrios viajó al extranjero y regresó dos meses después. Al entrar en su casa encontró a su mujer compartiendo la cama con un desconocido. El señor Barrios, en vez de enfurecerse, se alegró mucho de ver a la pareja en actitud cariñosa. ¿Cómo se explica tal reacción?

9. Misterio familiar

Roberto y Raquel nacieron a la misma hora del mismo día, mes y año y de los mismos padres. Sin embargo, no son mellizos. ¿Cómo puede ser eso?

10. Extraña caza

Un cazador va de caza, hoy come la liebre, y mañana la mata. ¿Cómo es posible?

11. Tres euros, dos monedas

Dos monedas suman un total de tres euros y, sin embargo, una de ellas no es una moneda de 1 euro. ¿Qué monedas son?

12. Vencedores y vencidos

Durante la Guerra Fría se organizó una carrera internacional de campo a través, con la participación de atletas de varios países, entre ellos un representante estadounidense y otro soviético. Tras finalizar la prueba, un periodista soviético envió su crónica a Moscú: “En una carrera terrible y agotadora, nuestro representante ha obtenido una brillantísima segunda posición, mientras que el corredor norteamericano sólo pudo finalizar en una humillante penúltima posición.” A su vez, un periodista de EE UU escribía para su diario lo siguiente: “Gran victoria de nuestro atleta en una difícil prueba. Nadie pudo seguir su ritmo, mientras que el representante soviético, en una nefasta actuación, quedó último.” ¿Cuál de los dos periodistas estaba mintiendo?

Soluciones y comentarios

El acertijo 1, sobre el café, es un pequeño ardid acerca del sentido que damos a ciertas expresiones cotidianas. Así, “una taza de café” nos remite a un humeante líquido oscuro, al que podemos acompañar con leche, azúcar, licor, etc. Sin embargo, al decirnos que el pendiente no se mojó, resulta evidente que no podía haber ningún líquido en la taza, y por tanto estamos hablando de café en grano (o molido) en una taza. En efecto, al ser una imagen poco corriente, la alusión a un pendiente que no se moja al caer sobre “el café” funciona perfectamente como distractor mental hasta que no damos con la lógica solución[1].

El acertijo 2 sobre el perro es bastante más sutil y tramposo. Aquí el breve texto nos compone una imagen de difícil comprensión, y que algunos tratarán de resolver con geometría o matemáticas. No obstante, la solución consiste en romper una mera suposición del lenguaje sobre la situación del perro. Se dice que el perro lleva atada una cuerda de dos metros a su cuello… pero, ¿está dicha cuerda atada a algo? Como no hay tal información, la simple respuesta es que el perro se abalanzará sobre el hueso sin ninguna dificultad, pues sólo debe arrastrar una cuerda que no está fijada a ninguna estructura o poste.

El acertijo 3 nos propone algo que parece imposible. Porque si hubiera adivinos capaces de acertar los números de lotería o los resultados de fútbol de la quiniela, se podrían hacer de oro y además podrían “vender” sus visiones a muchos futuros millonarios. La trampa de este acertijo vuelve a ser el lenguaje: a nadie le resulta difícil acertar el tanteo (no el resultado final) antes de celebrarse un partido, o sea 0-0 en el minuto 0. El adivino tendría mérito de verdad si predijera con antelación el resultado del marcador en el minuto 90. Pero la frase en sí del acertijo es correcta y sobrevive en su ambigüedad: el adivino dice cuál es el tanteo antes de que comience el partido, aunque nosotros interpretamos otra cosa.

El acertijo 4 nos ofrece un escenario muy claro para el cual nos podríamos romper la cabeza buscando alternativas dentro del túnel, pero una vez más es el lenguaje el que nos despista. La situación parece ser única e inevitable pero basta fijarse en que el enunciado dice “una tarde”. O sea, no una hora o minuto concreto, lo que nos lleva a la lógica solución: los trenes pasaron a distintas horas, haciendo sus paradas y esperas correspondientes para evitar los cruces, como ocurre en cualquier tramo ferroviario sin desdoblar.

El acertijo 5 juega claramente con la omisión y las suposiciones. En ninguna parte del enunciado se dice que el cigarrillo esté encendido (lo que podríamos haber supuesto), por lo cual ya podemos hacer las caladas que queramos, que con el cigarrillo apagado no va a haber mengua posible.

En el acertijo 6 tenemos una situación doméstica que no parece tener explicación a falta de luz. Podríamos especular sobre las capacidades del hombre o sobre otras hipotéticas fuentes de luz[2], pero la solución es la típica distracción del lenguaje sumada a los prejuicios mentales. Estamos suponiendo que el matrimonio está en la cama, en el dormitorio, y que la mujer apaga la luz dejando en ascuas a su marido (una especie de “lectura interrupta”). No obstante, en ningún momento se asegura que ambas personas estén juntas. Luego, en efecto, la mujer apaga la luz del dormitorio mientras su marido sigue leyendo tranquilamente… en otra habitación.

El caso del acertijo 7 es realmente un clásico, una adivinanza infantil que tiene más de chiste que de acertijo. En efecto, hay versiones todavía más largas, con más datos, que juegan al despiste y obligan a hacer cálculos más o menos pesados, pero la simple solución radica en la diferencia entre el inicio y el final del enunciado, que nos indica que el único que iba para Villavieja era yo.

El acertijo 8 expone una situación casera típica y tópica en que destacan claramente dos palabras sobre las que gira el enredo: “desconocido” y “pareja”. Lo que en un principio parece una situación de infidelidad (por la evidencia de dichas palabras), bien podría ser otra cosa. Podemos buscar extravagantes explicaciones a la alegría del señor Barrios por el adulterio evidente, pero el inicio del acertijo nos confirma que el hombre no había visto a su mujer en dos meses. Y… ¡oh, sorpresa! Al volver a casa, la encuentra en la cama con un desconocido (no se dice un hombre) y siente alegría al ver a la pareja en actitud cariñosa (¡ojo, “pareja”, significa estrictamente “dos personas (o cosas)”!). Creo que no hace falta seguir: lógicamente, el desconocido es el hijo del señor Barrios y de su esposa, recientemente nacido mientras él aún estaba de viaje en el extranjero.

El acertijo 9 se fundamenta en la imposición de una realidad mediante una sola palabra que nos impide ver otra posibilidad. Los datos parecen muy concluyentes y podemos darles vueltas y vueltas, pero lo que debemos tener siempre presente es que no hemos caer en la trampa de la exclusión. Si Raquel y Roberto no son mellizos es porque son gemelos. Tan simple como eso.

En el acertijo 10 tenemos una aparente incongruencia lógica pues no se puede comer una liebre y después matarla. Es algo tan obvio que nos debería llevar a destapar la trampa, que es totalmente lingüística. En este caso, se trata de la típica indeterminación provocada por la posición equívoca del sujeto y del verbo y la consiguiente confusión entre sujeto y objeto directo. No es el cazador el que come hoy, sino la liebre, la cual será cazada y muerta… mañana. Muy sencillo, pero hay que caer en ello.

El acertijo 11 es el colmo de los acertijos en que sólo hay trampa y cartón; no hay en realidad enigma que resolver porque el propio acertijo es un equívoco en sí mismo. Si nos fijamos, nos dicen que “una de las monedas no es de 1 euro”. Esto podría provocar un cierto estupor si no cayéramos en cuenta del ardid lingüístico: “una” y no “ninguna”. Por tanto la respuesta al supuesto enigma es: “Lógicamente, se trata de una moneda de 2 euros y una de 1 euro. Como es obvio, una de las monedas no es de 1 euro; la otra, sí.”

Finalmente llegamos al acertijo 12, que de algún modo homenajea el clásico lenguaje manipulador del ámbito de la propaganda, ya sea política o de otro tipo. Naturalmente, la propaganda emplea generosamente la mentira, el engaño y la falsedad, pero a veces le basta sólo manipular, tergiversar o maquillar la realidad para presentarla adecuadamente a su público. Este es el caso de este fácil acertijo, en que se ve que ninguno de los cronistas miente, pero a costa de presentar una realidad distorsionada gracias a las triquiñuelas del lenguaje. Así, el ganador es transformado en “penúltimo”, mientras que el segundo se convierte en “último”, indudablemente en una carrera en la que sólo finalizaron estos dos participantes, el único contexto en que cuadran las afirmaciones.


[1] Otra respuesta imaginativa –que va por otra vía muy distinta– sería que el pendiente estaba metido en una pequeña bolsa de plástico, pues había sido reparado por un joyero, por ejemplo.

[2] Siendo imaginativos, podríamos pensar que se trata de una noche ártica en la cual luce sol o bien algún fenómeno atmosférico extraño, como la luminosidad nocturna que se produjo tras el evento de Tunguska.

Capítulo 6. Asaltados por el inglés

businessEn todas lenguas del mundo tiene lugar un proceso de adquisición de nuevas palabras –denominadas neologismos– cuando no se dispone de términos propios que cubran el significado de los nuevos conceptos. Esto es bastante habitual en nuestros tiempos, con tantas innovaciones y con la presión del inglés como idioma global, que ejerce un predominio total en cuestiones económicas, financieras, comerciales, técnicas y científicas. En este contexto, es lógico aceptar los extranjerismos –ya sean retocados o tomados literalmente– siempre que realmente cubran el déficit de la lengua receptora. Sin embargo, lo que ocurre en la práctica es que, por ignorancia o por esnobismo, el inglés ha pasado por encima de muchas lenguas cultas y ha “asaltado” el lenguaje coloquial de los ciudadanos sin que haya justificación para la adopción de los neologismos ingleses.

En el caso del castellano, tanto en España como en América, vivimos en la paradoja de tener al mismo tiempo una buena parte de la población que no sabe inglés o que lo habla muy pobremente (a pesar de que en los currículos se dice otra cosa) y otra gran parte de la población que se ha rendido incondicionalmente al asalto del inglés, despreciando los términos propios del idioma. Dicho de otro modo, en muchísimos casos no ha habido inclusión de nuevas voces necesarias sino la sustitución de unas palabras por otras que nos podríamos ahorrar perfectamente. La cosa llega a tal punto en algunos ámbitos profesionales que si empleas la expresión castellana genuina te miran con cara de extrañeza, como si estuviesen ante un auténtico paleto o despistado, porque lo suyo, por ejemplo, es decir “customizar” un producto y no “adaptar” o “personalizar”, que serían opciones equivalentes y perfectamente asumibles.

Para mostrar el alcance de este asalto sobre nuestro idioma, incluyo a continuación un breve panfleto satírico en que se pone de manifiesto que hemos bajado los brazos ante el inglés para dar una sensación de cultura, modernidad y progreso, cuando en realidad es todo lo contrario. El texto habla por sí mismo y seguro que todos podemos reconocernos en esas actitudes y costumbres lingüísticas.

Si no estás “in”, estás “out”

Desde que las insignias se llaman pins; los homosexuales, gays; las comidas frías, lunchs; y los repartos de cine, castings, este país no es el mismo. Ahora ya no somos casposos. Gracias al inglés, el país es mucho más moderno.

En efecto, durante muchos años los españoles estuvieron hablando de una forma poco adecuada y arcaica. Y, lo que es aún peor, sin darse cuenta siquiera de lo muy atrasados que estaban. Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacían fiestas o guateques en vez de parties, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, las secretarias usaban medias en vez de panties, y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del catering. Afortunadamente, todo esto ya ha cambiado. Hoy, España es un país avanzado en la Unión Europea, y a los españoles se les nota el cambio simplemente cuando hablan, lo cual es muy importante.

El lenguaje, ya se sabe, es como la prueba del algodón. No es lo mismo decir bacon que tocino –aunque tenga igual de grasa–, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Las cosas, en otro idioma, mejoran mucho y tienen mayor prestancia. Sobre todo en inglés, que es el idioma que manda.

Desde que Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga en inglés un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, aquí estamos ya completamente modernizados, superando en cosmopolitismo a otros grandes países. Así, mientras que en otras naciones toman sólo del inglés las palabras que no tienen, bien porque sus idiomas son pobres (que no es nuestro caso), o bien porque pertenecen a lenguajes de reciente creación como el de la economía o el de la informática, nosotros, más generosos, hemos ido más allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacían falta, lo cual demuestra nuestra apertura y capacidad para estar a la última.

Así, ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino biscotes o plum-cake, que queda mucho más fino. Y de la misma manera, sacamos tickets, compramos compacts, usamos kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, quedamos groggies, hacemos rappel y, los domingos, cuando salimos al campo, en lugar de acampar como hasta ahora, vivaqueamos o hacemos camping. Y todo ello con la mayor naturalidad y sin darnos apenas importancia.

Obviamente, esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más moderno y elegante. Por ejemplo, los españoles ya no usamos calzoncillos, sino slips o boxers, lo que da mayor empaque a las partes nobles. Y ya no hacemos una pausa para el café, sino un coffee-break, que es infinitamente mejor. Y en el desayuno, en lugar de con galletas, ahora tomamos unos estupendos corn-flakes (que no vulgares cereales). Y cuando nos afeitamos, nos ponemos after-shave, que nos deja más fresca la cara.

En el plano colectivo ocurre exactamente lo mismo que pasa en privado; todo ha evolucionado. En España, por ejemplo, hoy la gente ya no corre; hace jogging o footing (depende mucho del chándal). Ya no camina, ahora hace trekking; ya no estudia; hace masters; ya no aparca; deja el coche en el parking, que es muchísimo más práctico. Hasta los que se tiran de un puente, ya no se tiran. Hacen puenting, que es más ¿in? Aunque, si falla la cuerda, se matan igual que antes.

Entre los profesionales, la cosa ya es del todo exagerada. En la oficina, por ejemplo, el jefe ya no es el jefe; es el boss, y está siempre reunido con la public-relations, el community manager, el controller, el office manager, el event project coordinator y el acconting assistant, y va a hacer business a Miami junto con su secretaria. En su maletín de mano, al revés que los de antes, que lo llevaban repleto de papeles, lleva tan sólo un smart-phone y una tablet. La secretaria tampoco le va a la zaga. Aunque seguramente es de Cuenca, ahora ya no lleva agenda ni confecciona listados. Ahora hace mailings y trainings –y press-books para la prensa– y cuando acaba el trabajo va al gimnasio a hacer aeróbic o gim-jazz. Allí se encuentra con todas las de la jet-set, que vienen de hacerse liftings, y quizá con alguna top-model amante del body-fitness y del yogurt desnatado. Todas toman, por supuesto, cosas light, y ya no fuman tabaco, que ahora es una cosa out, y cuando acuden a un cocktail toman bitter y roast-beef, que, aunque parezca lo mismo, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne asada. En fin, todo muy fashion.

En la televisión, entretanto, ya nadie hace entrevistas ni presenta, como antes, un programa. Ahora hacen interviús y presentan magazines, que dan mucha más prestancia aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos collares. Si el presentador dice mucho “OK” y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show –que es distinto de espectáculo– y si este es un show heavy, es decir, tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle la cosa cutre que tiene en castellano. Entre medias, por supuesto, ya no nos ponen anuncios, sino spots, que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping. ¿Y qué decir de las comunicaciones, Internet y las redes sociales? Hoy en día tenemos whassaps, tuits, nicks y likes, y nos hacemos selfies mientras tratamos de ser trending topic.

En el deporte del basket –que antes era baloncesto–, los equipos (clubes) ya no se eliminan, sino que juegan play-offs, que son más emocionantes, y a los patrocinadores se les llama sponsors, que para eso son los que pagan. El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking; el solomillo, el steak (incluso aunque no sea tártaro); la gente guapa, la beautiful people, y el representante, el manager. Y desde hace algún tiempo, los importantes también son vips; los auriculares, walk-man; los puestos de venta, stands; los ejecutivos, yuppies; las niñeras, baby-sitters, y los derechos de autor, royalties. Hasta los pobres ya no son pobres; ahora los llamamos homeless, como en América, lo que indica hasta qué punto hemos evolucionado.

Para ser ricos del todo y quitarnos el complejo de país tercermundista que tuvimos algún tiempo y que tanto nos avergonzaba, sólo nos queda ya decir siesta (la única palabra que el español ha exportado al mundo, lo que dice mucho a favor nuestro) con acento americano.

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