Cómo es el mundo… en realidad

A finales del año 2013 los editores de la revista Dogmacero, David Álvarez-Planas y un servidor de ustedes, decidimos dedicar buena parte del número 6 de dicha publicación a un polémico suceso ya casi olvidado y enterrado en la memoria de los españoles, pero que en su día fue toda una tragedia humana de grandes proporciones y una auténtica amenaza a la salud pública.

Me estoy refiriendo al llamado Síndrome Tóxico, un caso de envenenamiento masivo que tuvo lugar en 1981, con más de 700 muertos y unos 30.000 afectados, a causa –según la versión oficial– del consumo de aceite de colza desnaturalizado. El asunto comportó bastantes controversias y dudas, en especial cuando la versión oficial fue puesta en tela de juicio por varios profesionales procedentes del ámbito científico, que apuntaron a unas partidas de tomates tratados con un determinado pesticida.

Sin embargo, las consignas oficiales promovidas por el gobierno español y los organismos internacionales acabaron por imponerse, con una gran campaña mediática (des)informativa. Así pues, en el macrojuicio del Síndrome Tóxico celebrado en 1988 varios industriales del aceite de colza fueron condenados a penas de prisión –no demasiado graves, por cierto– y se echó tierra sobre el asunto. No obstante, atrás quedó una oscurísima historia de sobornos, mentiras, amenazas, ocultaciones e incluso atentados a la vida de las personas.

Y en definitiva, para que este funesto asunto no quedara en el olvido, publicamos un amplio reportaje sobre el tema y entrevistamos a la veterana periodista alemana Güdrun Greunke, que vivió en primera persona aquellos hechos cuando ejercía el periodismo en España. Su investigación la llevó a publicar años más tarde El montaje del síndrome tóxico, un libro muy valiente que le costó no pocas injurias y amenazas.

Seguidamente, incluyo un amplio extracto de dicha entrevista para mostrar la tremenda gravedad de los hechos, y sobre todo para desvelar la cruda realidad de que el mundo funciona de manera bastante distinta a lo que nos han contado y que, bajo una falsa apariencia de soberanía y democracia, los ciudadanos estamos bien indefensos ante los designios de los grandes poderes. Y lo que es peor, la historia se repite, y lo que pasó hace 30 años podría volver a ocurrir. Luego, que cada cual extraiga sus propias conclusiones.

Entrevista a Güdrun Greunke

Greunke
Güdrun Greunke

DogmaCero: ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre el Síndrome Tóxico?

Güdrun Greunke: La verdad es que después de todo lo que había pasado y después de todo lo que yo había vivido, quería escribir un libro como éste pero distinto del que escribió Andreas Faber Kaiser, que es magnífico[1]. Creo que ambos se complementan, pero el suyo es más recopilatorio, más una crónica de lo que había pasado. Para lo que yo quería hacer necesitaba la colaboración de un especialista, porque yo sola no podía con la carga técnica que representaba entender y explicar determinados conceptos científicos. Encontré a la persona ideal en Jörg Heimbrecht, co-autor del libro, dados sus conocimientos de Química. Así que nos pusimos manos a la obra.

DC: ¿Cómo entra en contacto con el asunto del Síndrome Tóxico?

GG: Yo entré en contacto con el Síndrome Tóxico cuando trabajaba para Stern. Recuerdo que les llamé para explicarles lo que aquí estaba pasando y me dijeron que investigara. Yo era periodista free lance, así que me desplacé hasta la provincia de León, donde se estaban produciendo, según la prensa, el mayor número de casos de afectados. Llegué a un pueblo de León llamado Aguilar del Campo y allí localicé a una señora mayor que tenía a doce familiares en el hospital, a la que entrevisté. Empezamos a hablar, me contó su historia: que si su familia, que si se pusieron enfermos, que si era el aceite, lógicamente… cuando, de pronto me dice: “Está usted muy flaca, voy a darle algo de comer”. Y va y me saca un trozo de queso en aceite.

DC: ¿Y usted qué hizo?

GG: Pues, ¿qué iba a hacer? Darle las gracias y comer lo que me daba. Luego, de vuelta a mi hotel, el Hotel San Marcos, estuve toda la noche sin dormir pensando “a ver cuándo me empiezan los síntomas”, porque en aquella época se aseguraba que los primeros síntomas se producían a las pocas horas de haber ingerido el aceite supuestamente tóxico. Y claro, no me pasó nada…

DC: Y con la perspectiva que da el tiempo, porque estamos hablando del año 1981, ¿qué cree que pasó realmente y cuáles fueron las causas?

GG: Ahora lo tengo muy claro. Además, hoy en día es mucho más fácil de lo que era antes… se han empeñado en desviar la atención hacia el aceite de colza y científicamente es absolutamente imposible que el causante del Síndrome Tóxico fuera el aceite de colza. ¡Fueron los organofosforados!

DC: Entonces, si está tan claro ahora y también lo estaba entonces ¿por qué el gobierno se empeñó en mirar hacia otra parte?

GG: La palabra organofosforados era, y es, una palabra maldita, a pesar de que al cabo de pocos días de producirse los primeros casos de afectados, ya se seguía esta pista. Es cierto que al principio nadie sabía nada porque se produjeron varias muertes seguidas y todo el mundo estaba muy desorientado. Pero a los pocos días ya se sabía cuál era la causa real de la enfermedad. Es más, si tras los primeros casos se hubiera aplicado la inyección de atropina, se hubiesen salvado todos. Yo siempre he dicho que debieron haber muerto entre seis y diez personas y no cientos como murieron. Y el gobierno español conocía la verdad y sabía cómo debía tratar el problema.

DC: ¿Cree que algo así hubiera podido pasar en cualquier otro país europeo como Alemania o Gran Bretaña, por ejemplo?

GG: Sí, sí. Y de hecho, ha pasado. ¿Se acuerda usted de la llamada “enfermedad de las vacas locas”?

DC: Sí, pero ese caso fue algo muy distinto, provocado, al parecer, por la ingesta de alimentos contaminados por parte de los animales que, al incorporarse a nuestra cadena alimentaria contaminaron a los humanos.

GG: Sí, claro, eso es lo que nos dijeron; pero estamos ante otra mentira. La verdad es que esa enfermedad, que mató cientos de miles de vacas y causó más de 200 víctimas humanas, fue causada también por un producto organofosforado. En realidad, el origen del problema estuvo en una diminuta mosca, la bugger fly que con su picadura efectúa minúsculos orificios en la piel de las vacas. Durante años la industria peletera estuvo presionando a la administración británica para que les permitiera tratar a las vacas para evitar esas picaduras. Finalmente, les permitieron ese tratamiento con una solución que contenía organofosforados. Con esa solución se roció el lomo de las vacas, que es donde solía picar el insecto pero que es también por donde pasa todo el sistema nervioso, contaminando así todo el animal. Y ese fue el auténtico origen de la llamada “enfermedad de las vacas locas”. A partir del momento en que desaparece ese insecto y se deja de aplicar ese insecticida en las vacas, desaparece la enfermedad. Y eso se puede verificar perfectamente comparando las cronologías de estos casos.

DC: ¿Cree que un caso como el Síndrome Tóxico puede repetirse hoy en día?

GG: Sí, claro, sin ir más lejos, en la primavera próxima, si alguien quiere, puede desencadenar otro caso de síndrome tóxico…

DC: ¿Y cómo lo haría?

GG: Muy fácil. Se rocían las zonas en las que se cultivan verduras y hortalizas para el consumo humano con una combinación de productos organofosforados, que están a la venta y se pueden adquirir sin demasiados problemas, y cuando estos se distribuyen y a las pocas semanas empiezan a consumirse, ya habría gente que empezaría a enfermar. Sin ir más lejos, hace muy poco tiempo he leído la noticia de que compuestos organofosforados empleados en pesticidas han matado varios niños en un colegio de la India.

DC: Pero estos productos son tóxicos si son mal utilizados…

GG: En absoluto, los organofosforados son tóxicos siempre, independientemente de cómo se utilicen. Y no se trata de un solo producto, sino de varios. Uno sólo de ellos no explica todas las lesiones que se produjeron, sino que se necesita de la combinación de varios de ellos. La utilización sólo del “Nemacur”, un producto al que se apuntó en su día, no explica todos los síntomas.

DC: ¿Cuál es el origen de los organofosforados?

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¿Pesticidas o armas químicas?

GG: En primer lugar, hay que decir que son productos artificiales; es decir, no existen en la naturaleza sino que son compuestos que han sido fabricados por el hombre. El primero de ellos se denominó “tabún” y el segundo “sarín”. Fue el Dr. Gerhard Schrader, químico de la empresa Bayer, el primero que logró sintetizar el primer compuesto organofosforado a finales de 1936 y principios de 1937, que es el famoso “tabún”. El segundo, como digo, fue el “sarín” y el tercero el “soman”. Estos son los tres compuestos que siempre se citan como los primeros. Recuerdo que en los años 90 intenté entrevistar a ese doctor pero no me dejaron ni acercarme. El equipo del Dr. Schrader, trabajando para Bayer, llegó a fabricar más de 1.500 compuestos organofosforados y todos y cada uno de ellos como armas químicas, no como pesticidas. Recordemos que en esa época quien gobernaba en Alemania era Adolf Hitler. Es decir, los compuestos organofosforados fueron originalmente pensados y diseñados como armas químicas. Hitler no los empleó porque tenía mucho respeto hacia este tipo de armas ya que él mismo, en la Primera Guerra Mundial, sufrió las consecuencias del gas mostaza, el cual, por cierto, fue también invención de Bayer.

DC: Es decir, que los compuestos organofosforados no fueron creados para servir de pesticidas…

GG: No, claro que no. Son armas químicas que con el tiempo ganaron en complejidad. Cuando empezaron a usarse los pesticidas, hacia 1944, se usaron los “organoclorados”, el más conocido de los cuales es el DDT. Curiosamente, desde 1972 el DDT está prohibido usarlo pero no fabricarlo y la única empresa que hasta hace poco lo fabricaba todavía era Bayer, en su fábrica de Brasil. Los organoclorados no se degradan nunca y se integran en toda la cadena alimentaria. ¡Se han encontrado restos de organoclorados hasta en los esquimales! Ya me dirán qué agricultura pueden tener los esquimales. A raíz de la publicación en 1962 del libro de Rachel Carson Silent Spring y de diversos estudios científicos que se realizaron, la gente empezó a darse cuenta del gran peligro que representaban estos compuestos y las consecuencias letales que podía representar su uso continuado. Y esa presión hizo que las autoridades se planteasen retirarlos de circulación. Entonces “alguien” recordó que existían grandes stocks de organofosforados y vieron que, cambiando una o dos moléculas de eso que eran armas químicas, se podían usar como pesticidas.

DC: Si se sabe que son tan peligrosos, que son los causantes de auténticas epidemias como lo fue el Síndrome Tóxico, si se sabe que en cualquier momento puede repetirse una auténtica catástrofe humanitaria, ¿por qué no se prohíben?

GG: En Alemania se dice que las grandes farmacéuticas hacen y deshacen gobiernos. No sé si esto puede responder a su pregunta. Ciertamente hay mucha presión de mucha gente para que se retiren estos compuestos, pero también hay grandes intereses en juego, un gran lobby que está a favor de su uso y que presiona a instituciones y políticos para que nada cambie. Además, pese a su peligrosidad, como pesticidas funcionan muy bien, aun cuando hay multitud de grupos que están luchando para que se prohíban.

DC: Y siendo tan cercano el “parentesco” entre arma química y pesticidas, ¿cómo es que usted en su libro descarta de forma contundente que el Síndrome Tóxico tuviera su origen en un supuesto experimento químico en la base norteamericana de Torrejón de Ardoz en la que, como recordará, se produjo en 1979 la muerte del sargento Marcelo Pérez con unos síntomas idénticos a los de los afectados por Síndrome Tóxico?

GG: En primer lugar, permítame que le aclare que no son parientes. Son lo mismo, exactamente lo mismo. Y respondiendo a su pregunta, le diré que lo descarté completamente porque no cuadraba. Básicamente hay tres formas por la que los compuestos organofosforados entran en el cuerpo: por inhalación, por contacto con la piel o por ingesta. En los tres casos los síntomas son ligeramente distintos y en este caso, como le digo, no cuadraba. Si se hubiese producido un accidente de este tipo en Torrejón, en el entorno inmediato se hubieran producido muchas más víctimas. Además hay que tener en cuenta la fecha de esa muerte, 1979, con la aparición masiva de afectados que no se produjo hasta 1981. Tenga en cuenta que, a diferencia de los organoclorados, los organofosforados se degradan en cuestión de días o, en otros casos, de meses. Es decir, que con el tiempo se degradan y desaparecen.

DC: Entonces, ¿descarta usted un ensayo de guerra química?

GG: Sinceramente no lo sé, no puedo afirmarlo ni negarlo con rotundidad. Por las informaciones que tengo, me inclino a pensar que, efectivamente, pudo tratarse de un ensayo de guerra química, pero hay que ser muy rigurosos en un tema así. Sin embargo, me permito leerle las palabras del periodista Rafael Cid en el prólogo de mi libro El montaje del síndrome tóxico:

«Pero si Casinello no dio luz verde para investigarlo (en realidad hizo mucho más: prohibió las pesquisas), los hombres del CESID sí. Durante cerca de un año un equipo al mando de dos oficiales desmenuzó el caso. Su resultado, contenido en un informe de siete folios elevado al máximo responsable del CESID, el general Emilio Alonso Manglano, fue preocupante: la tesis del aceite no se sostenía; por el contrario existían datos que apuntaban hacia un ensayo de guerra química como detonante de la epidemia. Pero este gravísimo informe nunca vio la luz. Ni siquiera en el juicio.»

DC: ¿Había políticos españoles a los que les llegó la información de la existencia de este posible ensayo de guerra química?

GG: No, no… quizás les llegó la noticia como me llegó a mí, a través de una información que me facilitó Rafael Cid. La verdad es que estuve buscando pruebas que confirmasen esta información. Al parecer, existía un informe del CESID clasificado como “Alto secreto, sólo para los ojos del Presidente del Gobierno” que yo intenté localizar. Me entrevisté con un miembro del CESID que, de algún modo, me confirmó que ese documento existía pero ellos me pidieron que, antes de hablar de otra cosa, yo les redactara un informe detallado sobre todo lo que sabía, a raíz de mi investigación, acerca del Síndrome Tóxico. La verdad es que este personaje no me inspiró confianza y no nos entendimos.

DC: El Doctor Antonio Muro fue el primero que apuntó los compuestos organofosforados como los responsables de esta epidemia. ¿Cuál es su opinión acerca de las teorías del Dr. Muro?

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Doctor Antonio Muro

GG: Para mí son totalmente correctas. El Dr. Muro expuso a los responsables del Ministerio de Sanidad su hipótesis acerca del origen de la enfermedad y que esta se propagaba a través de las ensaladas. Sin embargo, el Gobierno, en vez de apoyar sus investigaciones, lo suspendió en sus funciones. Podemos afirmar –porque se puede comprobar científicamente– que tuvieron que ser forzosamente productos organofosforados los que causaron esta enfermedad y sus víctimas, pero lo que no podemos asegurar es que fueran pesticidas o armas químicas las portadoras de esos productos.

DC: El Dr. Muro redactó un informe que apuntaba a los organofosforados como los responsables de la enfermedad, y luego lo envió a las autoridades sanitarias. ¿Dónde fue a parar ese informe?

GG: Si, sé que ese informe se hizo pero sinceramente no sé dónde fue a parar.

DC: ¿Y esos productos cómo llegaron a contaminar a las personas?

GG: A través de los tomates. Los trabajos del Dr. Muro fueron concluyentes en este sentido. Pero como yo no estaba presente en el momento en el que esos tomates fueron contaminados, no puedo decir sin temor a equivocarme que fueron contaminados por pesticidas o por armas químicas.

DC: ¿Pero llegaron a identificar a las personas que contaminaron esos tomates?

GG: No. Se llegó a identificar hasta el lugar del que salieron esos tomates: los campos de Almería, pero no quien los contaminó. Cuando estuve en la zona y entrevisté a diversos agricultores, me mostraron lo que ellos de forma coloquial llaman el “almacén de venenos” en donde almacenan pesticidas de todo tipo, muchos de los cuales son tóxicos Alguien puede vender los productos que lleva el compuesto organofosforado, y de hecho se vende bajo diversos nombres comerciales. El Nemacur es uno de ellos. Y alguien los compra y los emplea. Lo que sí es cierto es que en España estos productos se vendían con una etiqueta de información de apenas media página; en los Estados Unidos esos mismos productos llevan una etiqueta de tres páginas (en inglés y en español) en donde, además, se exige que sean utilizados por un aplicador certificado.

DC: El Dr. Muro llegó a la conclusión de que esos compuestos llegaron a la cadena alimentaria a través de los tomates e, incluso, como decía antes, identificó el lugar exacto en el que se cultivaron esos tomates. Pero donde nos perdemos es a la hora de saber quién y cómo aplica los compuestos organofosforados a los tomates ¿Cierto?

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Mapa de provincias afectadas con casos de Síndrome Tóxico

GG: Es exacto. Dado que yo no estaba allí, no puedo decir ni quién ni cómo lo hizo. Pero tampoco el Dr. Muro podría haberlo dicho. Él pudo decir en qué campo pasó porque hizo un seguimiento de todo el proceso a través de los transportistas y de la documentación de envío a los diversos mercados en que se comercializaron, pero nada más. El Dr. Muro hizo un trabajo de investigación ingente. Reunió una enorme documentación acerca del Síndrome Tóxico; era el único que tenía todos los datos, con más de 3.000 fichas de productos fitosanitarios. Recibió muchas presiones pero la verdad es que, desde el primer momento, vio que la explicación inicial de que estábamos ante una neumonía no se sostenía. Era un epidemiólogo excelente, que había terminado sus estudios con el número uno de su promoción. Además no era el único que mantuvo que el aceite de colza no era el causante del Síndrome Tóxico, hubo otros muchos médicos que se manifestaron en ese sentido. Y aparte estaba el Dr. Frontela, médico forense de Sevilla, que me confesó que los síntomas son totalmente distintos de los que provocarían las anilinas contenidas en el aceite de colza, las supuestas causantes oficiales de la enfermedad.

DC: ¿Cree usted que el Dr. Muro murió de forma natural?

GG: No creo, no. Parece ser que murió de cáncer. Recuerdo que años después de su muerte, su esposa, Alejandra, me comentó que a su marido lo habían asesinado.

DC: ¿Calificaría usted la actitud que tuvieron las autoridades de la OMS y del CDC[2] en este asunto como de conspirativa?

GG: Sí, totalmente. Ellos defendieron desde el primer momento la versión oficial como la única válida. En mi opinión –y según el análisis cronológico de los datos– esta línea oficial vino impuesta desde los Estados Unidos.

DC: ¿Cree usted que podemos decir que hubo una connivencia entre la OMS, el CDC y los laboratorios farmacéuticos para no involucrar a los compuestos organofosforados como causantes del Síndrome Tóxico?

GG: Esto va mucho más arriba. Está involucrado el gobierno americano, el gobierno alemán… Porque todavía hoy en día, aunque estén prohibidos, casi todo el mundo tiene armas en las que intervienen productos organofosforados. Porque son muy baratos y muy efectivos… el último es el famoso VX, un agente nervioso extremadamente tóxico, que son dos productos que cuando se mezclan son letales.

DC: Es decir que si en el caso del Síndrome Tóxico se siguiera hasta el final esta línea de investigación, podríamos llegar a descubrir la existencia de enormes depósitos de armas químicas secretas por los gobiernos de diversos países y de ahí el interés que hubo en bloquearla.

GG: Exacto. Y como he dicho, por eso la palabra “organofosforados” es una palabra maldita de la que nadie quiere oír hablar. Las tuvo el presidente de Iraq Sadam Hussein, las tiene el actual presidente de Siria El Assad y las tienen también los americanos, los rusos… ¡Y está prohibido!

DC: En 1981, cuando se produjo el estallido de este caso, el PSOE, entonces en la oposición, prometió que cuando llegase al poder investigaría a fondo el caso del Síndrome Tóxico hasta conocer la verdad. Sin embargo, cuando en 1982 ganó las elecciones no fue así. ¿A qué atribuye usted ese cambio de actitud?

GG: Efectivamente, recuerdo que los socialistas llegaron incluso a promover una moción de censura contra el gobierno de UCD por este asunto. Pero todo cambió cuando llegaron al poder. Yo creo que alguien les prohibió tocar el caso. Así de claro. Estaba todo el mundo involucrado: funcionarios, políticos, incluso jueces. Pero políticos de alto nivel, de muy alto nivel. Y además, durante muchos años no se pudo hablar libremente sobre el Síndrome Tóxico. Me consta que en el programa de Luis del Olmo la consigna era no hablar de este tema. Hubo muchos periodistas que perdieron su empleo por intentar investigar este asunto.

Para que pueda darse una idea de lo que quiero decir, fíjese lo que se decía en la sentencia por el juicio del Síndrome Tóxico:

«Pero es más, a partir de la anilina en el aceite desnaturalizado y en los que lo contenían, se formaban, bien espontáneamente, bien durante el almacenamiento y transporte, bien a consecuencia de las manipulaciones y tratamientos a que eran sometidos, anilidas de los ácidos grasos marcadoras de la presencia del agente productor del Síndrome Tóxico, de tal manera que sin el añadido de a anilina en el aceite de colza no hubiera surgido el agente tóxico, aún desconocido, de la enfermedad…»

“Aún desconocido”, es decir, en la sentencia se reconoce que el agente tóxico causante de la enfermedad era desconocido.

Además, estaban implicados otros organismos. Es muy sospechoso que a los pocos días de producirse los primeros casos, y tras haber llamado las autoridades sanitarias españolas al CDC, aparece el primer americano que procedía, al parecer, de un congreso que se celebraba en Roma. Este médico tenía tanta prisa en llegar que se olvidó el pasaporte y tuvo un problema que resolvió la Embajada de los Estados Unidos, que consiguió que entrase en España sin pasaporte. Y cuando llegó al Hospital del Rey y fue recibido por el Dr. Muro, éste recordaba que, para su sorpresa, el Dr. William Baine –que así se llamaba– se puso la bata al revés y no quiso ver a ningún paciente.

DC: O sea que probablemente ni era médico.

GG: Probablemente… Algunas personas bienintencionadas argumentan que las autoridades sanitarias no querían que se relacionase a los tomates con esta epidemia para no perjudicar las exportaciones agrícolas a Europa, en vísperas de la incorporación de España al Mercado Común. Pero esto es una tontería porque este caso perjudicó, y mucho, al aceite. Durante mucho tiempo no se vendió ni una lata de conserva de Galicia que llevaba aceite, por ejemplo.

DC: Quien también tuvo un cambio radical de postura fue el Dr. Gaston Vetorazzi, de la OMS, que tras afirmar que la epidemia no estaba causada por el aceite de colza sino por un agente neurotóxico, al cabo de algún tiempo se desdijo totalmente de sus afirmaciones. ¿Cómo explica este cambio de opinión tan radical?

GG: Pues por lo mismo: alguien le debió dar un toque, lógicamente. En su día yo hablé con él y alguien le debió “sugerir” que no siguiera en esa línea. Ya he dicho antes que aquí había muy altas instancias implicadas, interesadas en que no se supiera la verdad.

DC: De todos los casos oscuros que se han producido durante la transición y posteriormente (como el caso GAL, el 23-F, etc.) el único en que no ha habido interés de revisarlo ha sido éste, y no sólo por parte de los políticos sino por parte de la judicatura y los medios de comunicación.

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El libro escrito por G. Greunke (Ed. Obelisco)

GG: ¡Claro! Porque no se atreven. Ha habido muchas presiones a todos los niveles. Incluso las hubo en mi caso, como verás en mi libro. En su día, el Departamento Jurídico de Bayer me envió una carta en la que me amenazaba con emprender acciones judiciales contra mí si seguía adelante con mis investigaciones. Naturalmente, no les hice ni caso y ahí está mi libro El montaje del Síndrome Tóxico. Hay que decir que esto no fue sólo un problema de España sino que tuvo un nivel internacional. Además esto les debió servir para aprender como desviar la atención de la opinión pública, como lo hicieron después en otros muchos casos.

DC: Con la perspectiva que dan los años y a la vista de las informaciones que fueron saliendo, da toda la sensación de que lo que pasó en España en 1981 fue un experimento que se les fue de las manos…

GG: Es cierto que da esa sensación porque muchos hechos parecen apuntar en esa línea, pero la verdad es que no tenemos pruebas concluyentes. Hubo un caso similar sucedido en la antigua Rhodesia (la actual Zimbabwe) hace años. Pero allí había unas estructuras sociales, sanitarias, educativas etc. muy poco desarrolladas y quizás no pudieron obtener las conclusiones que esperaban. Es como si se necesitase repetir el experimento en un país, como la España de entonces, en vías de desarrollo, que tuviera buenos hospitales en los que poder efectuar el seguimiento de la enfermedad. Uno de los abogados de la defensa había concertado una cita con uno de los médicos de allí y tres días antes de que se fueran a ver, se mató en un accidente de coche… No deja de ser curioso ¿verdad?

DC: ¿A usted le consta que durante el juicio se manipulasen pruebas o se negase la intervención de testigos?

GG: No, eso no, pero antes del juicio sí que se produjeron algunas cosas extrañas. Por ejemplo, recuerdo que un documento de vital importancia para demostrar unas afirmaciones de la defensa, estuvo traspapelado durante mucho tiempo y sin él, los argumentos que se planteaban no se sostenían. Había gente que había dicho una cosa que luego decía otra, testigos a los que se censuraba en sus declaraciones… cosas así. Los periodistas tampoco tuvimos las cosas fáciles pues con frecuencia la policía intentaba hacerte la vida imposible. En una ocasión intentaron retirarme el pasaporte y si no lo hicieron fue por mi firme oposición, tras recordarles que era ciudadana alemana y que ese pasaporte era propiedad de la República Federal Alemana. En otra ocasión intentaron acusarme de haber robado un documento, pero curiosamente no sabían concretar de qué documento se trataba exactamente.

Hubo también irregularidades; en aquel entonces había una ley que no permitía que un acusado estuviera más de 30 meses en prisión preventiva. Esta ley se la saltaron pues esos imputados estuvieron 40 ó 45 meses en prisión preventiva. Fue totalmente ilegal.

DC: En su libro habla también de que, durante la celebración del juicio, se produjeron una serie de hechos “extraños”: desaparición de documentos, asaltos a domicilios, amenazas… ¿Qué casos recuerda?

GG: Hubo algunos casos realmente notables. No sólo entraron en los despachos de algunos de los letrados para robar documentos, sino que manipularon los frenos del coche de un abogado y de un médico, ambos opuestos a la tesis oficial del aceite de colza como responsable del Síndrome Tóxico… También recuerdo amenazas de secuestro de los hijos de los abogados… A uno de los abogados defensores, José María Ceret, le entraron en su despacho del barrio de Salamanca y le sustrajeron la documentación que tenía sobre el juicio del Síndrome Tóxico. Curiosamente, en ese despacho no sólo tenía objetos de valor sino también documentos comprometedores del Caso Rumasa, y no tocaron nada. En otra ocasión, un grupo anónimo, a través de un conocido suyo, se puso en contacto con él para ofrecerle un puesto de asesor jurídico en cualquier organismo en el que estuviera representada España, pudiendo elegir el sueldo, fuera la cantidad que fuera, a cambio de dejar el caso.

Dado que se negó a aceptar, la próxima oferta se la hicieron al poco tiempo y fue llevar unos asuntos de una inmobiliaria norteamericana que, por un trabajo de apenas tres meses de duración le reportaría un millón de dólares. También lo rechazó. Al cabo de un tiempo, recuerdo que en una comida que tuve con él y otras personas, le vimos muy preocupado porque, al parecer estaba recibiendo amenazas muy serias. Le convencimos para que acudiera a la policía y pidiera protección. Así lo hizo y, según me contó posteriormente, una vez finalizada la reunión en la que se acordó que le pondrían una escolta policial, le dijeron: “A propósito, ¿Has pensado en la posibilidad de que el tiro en la nunca te pueda venir de alguno de los que te tienen que vigilar?

DC: Ahora que han pasado 32 años desde que estallara el caso del Síndrome Tóxico, ¿Podemos decir que este asunto está enterrado y olvidado?

GG: Olvidado no, pero es cierto que nadie ha intentado reabrir el caso, posiblemente porque sería algo muy costoso y entre los afectados no hay nadie que tenga esa posibilidad. Además, hay que recordar que a los afectados, para que pudiesen tener derecho a una indemnización por parte del Estado, les hicieron firmar un documento en el que afirmaban que habían tomado aceite de colza cuando, en realidad, muchos de ellos no lo habían hecho nunca. Y en cuanto a los condenados, fueron el chivo expiatorio y acabaron tan “quemados” con este caso que simplemente decidieron seguir adelante con su vida y nada más. Al respecto creo que es ilustrativo lo que pasó con mi libro El Montaje del Síndrome Tóxico. Cuando se puso a la venta, podía encontrarse en todos los sitios pero, curiosamente, a las pocas semanas, fue retirado de las estanterías y de las vitrinas de las librerías y se devolvió a la editorial. Por quién y por qué, no lo sé.

© David Álvarez / Xavier Bartlett 2013

[1] Faber-Kaiser tuvo que editar de forma independiente el libro Pacto de silencio (1988) pues nadie quería publicarlo. Su trabajo estaba respaldado por muchas fuentes documentales y testimonios y fue un ejemplo de rigor y denuncia sobre este tema. Algunas personas creen que la publicación de este libro pudo ser una de las causas que le costaron la vida unos pocos años después (1994).

[2] Centres for Disease Control: organismo oficial de los EE UU cuya función es detectar y combatir las amenazas a la salud pública.

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4 thoughts on “Cómo es el mundo… en realidad

  1. Muy buena información y necesaria fuente de reflexiones para todo aquel que desconociera el caso.
    Como se menciona, todos estos sucesos, deberían al menos, dejar claro quien dirige el mundo: el dinero.
    Creo que nunca se podrá tener claro si fue un accidente, un experimento civil o uno militar, lo que si está claro es que existió un complot y unos asesinos, que pudieron evitar la muerte y sufrimiento de miles de personas, pero que no lo hicieron para ocultar la verdad. La ley nunca los perseguirá, pero la justicia jamás los olvidará.

    Sobre lo mencionado de las vacas locas, en su día no encontré información y ahora que lo vuelvo a leer compruebo que ya es fácil acceder a teorías “alternativas”.

    Saludos.

    1. Gracias por el comentario.

      Visto lo visto, uno puede elucubrar sobre si fue o no un accidente o un experimento de guerra química, pues no hubo pruebas definitivas. Lo que está claro, tras leer los dos libros citados en este artículo, es que un médico brillante e independiente identificó enseguida el agente tóxico y propuso la oportuna cura. Otros científicos le siguieron pero nadie les escuchó. El Dr. Muro fue despedido de su puesto para que no interfiriera en los acontecimientos. Pero no hay duda ninguna que el gobierno español sabía qué estaba pasando y permitió la muerte y el sufrimiento de centenares y miles de personas. A esto se le llama asesinato o complicidad con el asesinato. La justicia, obviamente, tampoco fue imparcial y siguió las consignas dadas “desde arriba”. Conclusión: el gobierno y todas sus instituciones callaron y acataron lo que venía de un poder supremo que controla como títeres a gobiernos nacionales y a organismos internacionales. No hace falta decir mucho más, ¿o sí?

      Saludos,
      X.

  2. Mi enhorabuena a estos dos escritores de la realidad no falseada. Xavier Bartlett y David Alvarez por este articulo y el valor de su publicacion.

    Ya sabemos que estos temas, una vez podidos editar y publicar y leeidos por los interesados, demuestran una vez mas ( para quien quiera de verdad saber la verdad) quienes nos gobiernan en realidad y como .
    Deberian de bastar para rebelarse pero no lo hacenos.

    ¿PORQUE?.

    Este tema y otros relativos a la “santa” madre iglesia le costaron la vida a Andreas F-K, y evidentemente no es el único ni lo será. Cada vez que se quiere destapar una información verdadera y que afecta a la ciudadanía… “casualmente” ( me gusta la intención de esta palabra) mueren o son asesinados todo aquel que respalde una tesis diferente a la oficial.
    ¿Todavía hay “gente” que cree que esto es una democracia?. ¿Todavía hay “gente” que cree que sirve de algo votar?. ¿Todavía hay “gente” que cree en sus gobiernos?.

    DESPERTAD. ( dejad de ser “gente” y convertios en personas)

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