Los grandes enigmas sobre Adolf Hitler (1ª parte)

Introducción

Bundesarchiv_Adolf_HitlerNo cabe duda de que Adolf Hitler fue uno de los grandes protagonistas del siglo XX y que su figura ha sido objeto de numerosos estudios y biografías, básicamente a cargo de historiadores del bando vencedor de la guerra mundial. En efecto, hay multitud de libros específicos sobre Hitler y el nazismo, y tal vez la extensa obra escrita por el reputado historiador británico Ian Kershaw sea la más completa en muchos aspectos, aunque seguramente sería demasiado atrevido decir que es la obra definitiva sobre el dictador alemán.

De hecho, desde el punto de vista personal como historiador, y tras haber leído algunos libros sobre Hitler y su época, me da la impresión de que todavía quedan por desvelar bastantes lagunas y episodios oscuros en su vida, desde sus orígenes y su prodigiosa ascensión al poder hasta su dramático final. Y lo primero que llama la atención es la fulgurante carrera política del líder alemán, que es una historia de éxito sin precedentes. Así, resulta hasta cierto punto asombroso cómo una gran potencia europea pudo ser gobernada de forma despótica por un hombre de extracción tan humilde. Tengamos en cuenta que todos los gobernantes de Alemania, al igual que sucedía en el resto de países europeos, habían sido siempre miembros de la realeza, de la aristocracia o al menos de la alta burguesía. Por este motivo, que el hijo de un agente aduanero, que ni siquiera era alemán de origen (de hecho, no obtuvo la ciudadanía alemana hasta 1932), pudiera llegar a lo más alto del poder conduce a la lógica reflexión de que –como mínimo– debió tener muy buenos padrinos, en forma de apoyo político, económico y financiero, como luego veremos.

Asimismo, y en relación directa con este asunto, desde hace cierto tiempo corre la teoría herética de que en realidad Hitler sí tenía un origen elitista ¡y judío nada menos!, pues sería el hipotético nieto ilegítimo del barón Rothschild de Viena, lo cual supone un auténtico anatema tanto para las comunidades judías como para los seguidores de los movimientos neo-nazis. Además, tocaremos otros temas colaterales no menos oscuros o polémicos, que son la vida (muy) privada de Hitler, su posible escape de Berlín poco antes de la caída de la ciudad, y los numerosos –e infructuosos– intentos de atentado contra su persona. Pero entremos ya en materia.

La historia oficial

Como es obvio, lo primero que debemos hacer es presentar de forma sucinta qué nos dice la historia oficial acerca del nacimiento, infancia y juventud de Hitler, al menos hasta convertirse en un personaje público. Todas las biografías señalan que Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Gasthof zum Pommer, una hospedería de Braunau, una pequeña localidad que entonces formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, colindante con Baviera (Alemania). El ancestro más antiguo reconocido del dictador alemán se llamaba Stephan Hiedler –este apellido aparece también escrito Hitler, Hütler o Hüttler– y vivió en el siglo XVII en esa misma región austriaca.

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Alois Hitler (1837-1903)

En cuanto a su familia más cercana, su abuelo se llamaba Johann Georg Hiedler (o Hütler) y nació en 1792. Su hijo Alois Hitler, nacido en 1837, sería el padre de Adolf. Alois trabajó de zapatero hasta que consiguió un puesto de policía aduanero y fue destinado a Braunau. En 1864 contrajo matrimonio con Anna Glasl-Hörer, con la que no tuvo hijos. Esta relación no fue bien y se acabaron separando. Anna murió en 1883 y, apenas un mes después de su muerte, Alois se volvió a casar con Franziska Metzelsberger, con la que ya había tenido un hijo natural, Alois. Lamentablemente, Franziska murió de tuberculosis un año más tarde, tras haber dado a luz a Angela. Acto seguido, en 1885, Alois contrajo su tercer matrimonio, esta vez con Klara Pölzl, que no sólo era mucho más joven que él –23 años de diferencia– sino que además era su sobrina[1] (y Alois había sido su tutor siendo ésta aún una niña).

Alois y Klara tuvieron cinco hijos, de los cuales tres (Gustav, Ida y Edmund) fallecieron a los pocos años de vida, quedando vivos solamente Adolf y su hermana pequeña Paula[2]. Más adelante, la familia se trasladó a otros pequeños pueblos, siguiendo los destinos aduaneros de Alois, hasta que al jubilarse éste se asentaron en Leonding, un pequeño pueblo cerca de Linz. Como recogen todos los biógrafos, la infancia de Adolf no fue fácil ya que su padre tenía mal carácter, bebía y era duro e irascible. Las crónicas nos hablan de un Adolf poco competente en los estudios, ante los ojos de un padre que sólo aspiraba a que siguiese su carrera administrativa y alcanzase una buena posición social. Así pues, cuando el joven Adolf, que ya estaba estudiando en Linz, le dijo que deseaba ser pintor, Alois entró en cólera. Sea como fuere, la mala relación con su padre acabó con la muerte de éste en 1903, tras lo cual Adolf decidió “hacer su vida”.

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Viena a inicios del siglo XX

De este modo, Adolf abandonó los estudios en 1905 y dos años más tarde –coincidiendo con la muerte de su madre– se trasladó a Viena con la idea de hacer carrera artística, pero fue rechazado en la Escuela de Bellas Artes al no superar las pruebas de acceso. En 1908 volvió a intentar el ingreso en esta institución y volvió a fracasar. También quiso ingresar en la Escuela de Arquitectura pero la carencia de estudios superiores le impidió el acceso. Lo que vino después es una época confusa y poco documentada, de la cual no se sabe demasiado y de la cual Hitler apenas habló. La mayor parte de esta etapa es conocida a través de lo que escribió un amigo suyo, August Kubizek, al que ya conocía desde Linz y que estuvo con él en Viena compartiendo alojamiento y desventuras. Las fuentes nos dicen que vivió cinco años en Viena de forma muy precaria. En ese periodo, Hitler mantuvo una existencia bohemia, casi sin recursos y sin esperanzas profesionales, malviviendo del dinero de familiares, de empleos ocasionales y de la venta de algunos cuadros. Finalmente, en 1913 se mudó a Munich para empezar una nueva vida, dejando atrás el imperio de los Habsburgo que tanto detestaba.

Lo que sigue, hasta inicios de los años 20, ya es más conocido por las fuentes históricas y por el propio relato personal de Hitler: su participación en la Primera Guerra Mundial, el encuentro con las corrientes pangermanistas, la consolidación de su antisemitismo y nacionalismo racista, su acercamiento al esoterismo y el ocultismo, y su incipiente carrera política enmarcada en la ideología nacional-socialista. En suma, su etapa de formación ideológica y política, tras pasar por el trauma de la derrota en la guerra.

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Mein Kampf, de A. Hitler

El caso es que, pese a ser un completo desconocido tras finalizar la contienda, Hitler se catapulta como líder de masas y se convierte en un ferviente orador, agitador político, líder ultranacionalista y en definitiva una figura pública que pretende derribar el sistema a través no sólo de los discursos sino también de la acción directa. Así, Hitler protagoniza en 1923 una intentona golpista, el llamado “Putsch de la cervecería de Munich”, que le llevó directamente a juicio y a ser condenado a cinco años de cárcel, de los cuales sólo cumpliría nueves meses en la prisión de Landsberg, que aprovechó para escribir su famoso alegato Mein Kampf[3]. A partir de ese punto y contra todo pronóstico, en vez de desaparecer de la escena pública, consolidó su meteórica carrera como líder del NSDAP[4] y político de referencia en Alemania, y entró de lleno en la lucha por el poder, usando el sistema para presentarse a las elecciones democráticas hasta su triunfo final en las urnas en 1932 y su nombramiento como canciller a inicios de 1933. Lo que vino después ya es harto sabido: Hitler se asentó como líder dictador (Fuehrer), disolvió el parlamento y prohibió todos los partidos excepto el NSDAP.

Sombras en el pasado

Hasta aquí hemos visto lo que sería la versión oficial sobre los orígenes de Hitler y su progresivo ascenso al poder. Pero fue justamente cuando Hitler ya se había convertido en dictador de Alemania cuando empezaron a surgir los primeros rumores sobre su oscuro pasado e incluso sobre su propia identidad. Al parecer uno de sus hermanastros ya intentó chantajearlo en los años 30 difundiendo la idea de que en realidad su familia austriaca tenía raíces judías. Hitler quiso acabar con este problema rápidamente y lo derivó a uno de sus hombres de confianza, su abogado personal Hans Frank.

Precisamente, este asunto lo conocemos en gran parte gracias al propio Hans Frank que, tras ser detenido al término de la Segunda Guerra Mundial, confesó a un interrogador americano llamado Gustave Gilbert que había accedido a información privada y comprometedora sobre el origen de Hitler[5]. Sin embargo, Frank no dijo ni media palabra de este asunto en los Juicios de Nuremberg, porque de hecho no se le preguntó al respecto. Lo que Frank vino a explicar es que la familia de Hitler por el lado paterno no descendía del abuelo Johann Georg Hidler sino de un miembro de la familia judía Frankenberger, la cual había sostenido económicamente a Alois, el padre de Adolf, al menos hasta los 14 años.

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Klara Pölzl (1860-1907)

Asimismo, Alois no había usado el apellido Hitler hasta los 39 años, ya que hasta entonces había llevado el apellido de soltera de su madre, Maria Anna Schickelgruber. Además, existían pruebas documentales –numerosas cartas– de la relación entre Anna y los Frankenberger y de irregularidades en la partida de nacimiento de Alois. De hecho, el matrimonio de Anna Schickelgruber parecía un enlace de conveniencia, puesto que Johann Georg Hidler ya era bastante mayor cuando se casaron (él acababa de enviudar) y no reconoció a Alois como su hijo hasta una edad muy avanzada. Sin embargo, la sombra de ese origen bastardo planeaba sobre la familia pues cuando el matrimonio Hitler discutía agriamente –cosa que sucedía muy a menudo– Klara llamaba a Alois “bastardo” y “judío”. De todos modos, según el historiador suizo Konrad Heiden, la propia Klara también tenía ascendencia judía austriaca, de un tal Johan Solomon.

Por otro lado, en esa misma época el canciller austriaco Engelbert Dollfuss –amenazado por los nacional-socialistas de su país y por la propia Alemania nazi– encargó una investigación para sacar a la luz los posibles orígenes judíos de Hitler. Y lo que encontró, gracias a disponer de los recursos del aparato administrativo del país (con todo tipo de documentos, archivos y registros oficiales), vendría a confirmar dicha tesis. Más adelante, el OSS[6], organismo estadounidense antecesor de la CIA, aprovechó estas informaciones para proponer que el abuelo biológico de Hitler no había sido Johann Georg Hidler, sino el mismísimo barón Salomon Mayer Rothschild, el financiero por excelencia del Imperio Austro-húngaro. La historia fue narrada posteriormente en un libro escrito por Walter Langer y titulado The Mind of Adolf Hider (“La Mente de Adolf Hitler”), del cual han bebido muchos autores posteriores.

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Salomon Mayer Rothschild

Según la versión de Langer[7], Maria Anna Schickelgruber era una joven criada que se había desplazado a Viena para trabajar en casas de alta alcurnia. Así, acabó sirviendo en la residencia del barón Salomon Mayer Rothschild. Tras ser seducida por éste, quedó embarazada y cuando la familia se dio cuenta de la situación la envió de vuelta a su villa natal, donde tuvo a Alois. De hecho, la fama del barón de mujeriego y de gusto por las jovencitas ya era conocida (y encubierta) por la policía vienesa, y al no tener allí a su esposa –que vivía en Frankfurt– ni a su hijo Anselm, que estaba inmerso en continuos viajes de negocios, todo resultaba mucho más fácil. Obviamente, después se hicieron los arreglos precisos para regularizar la situación de Anna y de su hijo, aunque –como ya se ha dicho– éste se llamó legalmente Alois Schickelgruber durante casi cuatro décadas.

Una vez expuestas ambas versiones, vemos que no son necesariamente contradictorias, sino que incluso podrían conjuntarse en un solo argumento. Así pues, no sería extraño ni impensable que el barón Rothschild fuera el padre biológico de Alois, pero que se hubiese desentendido personalmente del asunto, que habría dejado en manos de los Frankenberger, un clan de su confianza, de tal manera que al joven Alois no le faltara protección ni el adecuado sostén económico.

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Engelbert Dollfuss, en 1933

En todo caso, no hay forma de saber si Adolf Hitler estaba al corriente de esta historia cuando era niño o adolescente. Lo que sí sabemos es que una vez instalado en el poder dispuso de esa información y actuó en consecuencia. Así pues, movió los hilos precisos para echar tierra sobre el asunto y borrar los puntos más oscuros de su origen. Es muy posible, pues, que el asesinato de Dollfuss en 1934 a manos de nazis austriacos en un frustrado golpe de estado tuviera unas segundas intenciones, más allá de derribar a un rival político. Además, una vez anexionada Austria, Hitler mandó destruir el cementerio cercano a la ciudad de Graz donde se hallaba la tumba de su abuela paterna, Anna Schickelgruber. Asimismo, ordenó convertir otros cementerios austriacos donde hubiese rastro de sus antepasados en campos de entrenamiento militar. Naturalmente, es factible considerar que cualquier otra documentación comprometedora fuese destruida.

¿Tuvo Hitler descendencia?

Si el origen y ascendencia de Hitler ya es un tema relativamente opaco (dejando a un lado la versión oficial), otro tanto se puede decir de su vida personal más íntima y de su hipotética descendencia. Nuevamente, para centrar la cuestión, hemos de recurrir a la historiografía convencional, que no aporta demasiados datos al respecto. Lo que se suele repetir en las biografías es que Hitler era un joven más bien solitario, retraído y tímido, poco interesado en flirtear con chicas, aparte de un efímero episodio de amor platónico con una joven llamada Stefanie. Por ejemplo, Alan Bullock recoge estas palabras del amigo de Hitler August Kubizek: “Las mujeres se sentían atraídas por él, pero Hitler les demostraba la más profunda indiferencia.”[8] Bullock también menciona otro testimonio de juventud, un tal Hanisch, que afirmaba que Hitler era demasiado huraño y torpe para obtener el favor de las mujeres. A partir de estas informaciones varios autores han sugerido que Hitler tenía quizá tendencias homosexuales, pero sin llegar a ahondar en esta cuestión.

Más adelante, y conforme fue pasando el tiempo, Hitler se fue imbuyendo de múltiples lecturas y estudios de los más diversos temas hasta desembocar en una fuerte pasión intelectual y política, lo que determinó el fin de su escasa –por no decir casi nula– vida privada. Así pues, el futuro Fuehrer abandonó la idea del matrimonio, así como cualquier otra pasión terrenal[9], y se convirtió en un hombre de estado entregado enteramente a sus ideales, al partido y finalmente a la patria alemana. De todos modos, con el tiempo se mostró más proclive a mantener una cierta vida sentimental junto a su amante, la modelo Eva Braun, con la que estuvo más de diez años hasta contraer matrimonio con ella poco antes de cometer (supuestamente) suicidio.

Adolf Hitler und Eva Braun auf dem Berghof
Eva Braun y Adolf Hitler en la residencia alpina del Berghof

Sin embargo, existe una literatura paralela –bastante más alternativa que ortodoxa– que se ha adentrado en el perfil personal de Hitler para sacar a la luz ciertos trapos sucios acerca de su sexualidad y sus relaciones. Así, para el investigador alemán Lothar Machtan quedan pocas dudas de que Adolf Hitler era homosexual, si bien tuvo esporádicas –y más bien turbias– relaciones con mujeres. Lo cierto es que sobre su presunta homosexualidad se han acumulado algunos testimonios y pruebas pero también especulaciones y rumores de difícil comprobación, siendo la teoría más extrema la del autor Greg Hallet, que comentaremos más adelante.

Básicamente, los investigadores sitúan la mayor parte de las experiencias homosexuales de Hitler en su periodo anterior a la Primera Guerra Mundial, tanto en Viena como en Munich[10]. Allí, Adolf Hitler habría buscado la compañía de hombres (se habla incluso de “acoso”) o bien se habría prostituido con hombres mayores, sin descartar que hubiera tenido algún affaire con alguno de sus amigos de esa época. Asimismo, hay testimonios referidos a la época de la guerra que insinúan una relación de Hitler con un compañero de armas llamado Schmidt, y otra con un oficial. En cuanto a posibles relaciones con mujeres, apenas hay un relato de una modelo asediada de forma brusca por el joven Hitler pintor, que se había obsesionado con ella.

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Rudolf Hess

Lo que sí está contrastado es que bastantes personas destacadas del partido o de la ideología nazi fueron homosexuales (en la intimidad) y estuvieron cerca de Hitler, como los casos de Rudolf Hess y Ernst Roehm. En concreto, se sabe que Hitler tenía un gran aprecio personal por Hess y no es descartable que hubiera tenido relaciones con él, así como con otros hombres que le influyeron en sus primeros años de formación intelectual, política y esotérica, en particular Dietrich Eckart y Karl Haushofer. Aparte, cabe destacar que los conocidos intereses de Hitler en Wagner y Bayreuth no fueron sólo místicos o musicales, sino que incluyeron también el ámbito íntimo. De hecho, ya era conocida la relación entre Hitler y la familia Wagner, pero lo que se mantuvo en secreto es que Hitler abusó del joven nieto de Wagner, Wieland, en los años 20. Más tarde, Wieland Wagner se convirtió en protegido de Hitler (que le excluyó del servicio militar) y fue ferviente seguidor del régimen nazi[11].

Ahora bien, una vez instaurado el régimen nazi, Hitler aplicó una doble vara de medir. Por un lado, mantuvo una relativa tolerancia y vista gorda para la homosexualidad dentro del partido, si bien controlando u ocultando las conductas más escandalosas e incluso eliminando a los individuos más peligrosos, como fue el caso de Roehm[12], según se relata en el polémico libro The Pink Swastika. Por otro lado, fabricó un duro discurso anti-homosexual para las masas, que culminaría con la persecución legal de los homosexuales, a los que llegó a internar en campos de concentración, identificándolos con un triángulo rosa.

Pero, retornando a su limitada relación con mujeres, los pocos investigadores que han profundizado en el tema apuntan a que dichas relaciones fueron fugaces, traumáticas y enfermizas. En concreto, hay dos oscuras historias de Hitler que han quedado tapadas bajo la sombra de Eva Braun. Por un lado, tenemos la relación de Hitler con Angela “Geli” Raubal, hija de su hermanastra Angela. Parece ser que Hitler quedó embrujado por la belleza de su sobrina y repitió la misma conducta de su padre, que sedujo a su sobrina –y luego esposa– Klara. Esta historia fue especialmente turbulenta, por cuanto Geli rechazaba las aberrantes prácticas sexuales de su tío y quería distanciarse de él. (Cabe señalar que Benito Mussolini se refería a Hitler como “ese horrible degenerado sexual”.) El drama acabó con la muerte de Geli, con sólo 17 años, con fuertes sospechas de que fue el propio Hitler el que la mató con su pistola al saber que había quedado embarazada de otro hombre[13].

Por lo que sabemos, este trágico episodio impactó fuertemente en Hitler, que perdió la serenidad y consideró suicidarse o abandonar la política, ideas que le quitó de la cabeza su círculo más fiel –liderado por Rudolf Hess– en el momento más crítico. En cuanto al crimen, Hitler todavía no había llegado al poder por aquel entonces (1931) pero, por fortuna para él, la investigación concluyó que se había tratado de un suicidio y se echó tierra sobre el asunto. Posteriormente todos los que estuvieron relacionados con este caso fueron asesinados en las purgas de 1934, incluyendo al padre Stempfle, el sacerdote confesor de Hitler, que conocía la verdad de los hechos. Y por cierto, el juez que dictaminó el suicidio de Geli, el Dr. Guertner, fue años más tarde promovido a Secretario de Justicia del Tercer Reich.

La segunda historia tiene menor apoyo historiográfico, pero sí levantó cierta polvareda mediática en su momento, ya que tiene que ver con una hipotética descendencia de Adolf Hitler, que habría tenido lugar en Francia durante la Gran Guerra. Al parecer, en 1916 Hitler estaba estacionado con su unidad en Vavrin (Francia), donde conoció a una joven llamada Charlotte Lobjoie, con la que entabló una relación. Como fruto de esa unión nació un niño a inicios de 1918, al que se le puso de nombre Jean-Marie Lobjoie, y que en la escuela sufrió mofas e insultos por ser “hijo de un boche (alemán)”. Para salvar las apariencias, más adelante, Jean-Marie adoptó el apellido Loret, tomado del hombre que se casó con Charlotte.

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Jean Marie Loret

A todo esto, Hitler ya no estaba en aquella zona en 1918 pero supo de ese nacimiento más tarde y trató de que el joven Jean-Marie se trasladara a Alemania en los años 30, aunque finalmente permaneció en Francia. Luego estalló la guerra y Jean-Marie estuvo en la línea defensiva Maginot y posteriormente ingresó en la Resistencia[14]. Y ya en 1948, su madre, próxima a morir, le reveló a Jean-Marie el secreto de su origen. Loret en principio no creyó esta historia pero luego cambió de opinión y se empeñó en ser reconocido como hijo del dictador alemán, dejándose incluso el típico bigote de su supuesto padre. Al fin, en los años 70 decidió recurrir a un historiador alemán llamado Werner Maser, que –tras una ardua investigación– confirmó el relato de su madre, que quedó registrado en un libro escrito por el propio Loret. De todos modos, para la casi totalidad del estamento académico esta folletinesca historia carece de veracidad y de sólidas pruebas.

No obstante, por lo que he podido investigar someramente en Internet, no hay un veredicto claro ni a favor ni en contra de la paternidad de Hitler, pues ninguna de las partes, incluso echando mano de modernos análisis de ADN[15], ha podido demostrar fehacientemente que su versión es la correcta pues quedan cabos sueltos e interpretables y afirmaciones sin contrastar. Así pues, la incógnita sobre la supuesta descendencia ilegítima de Hitler sigue en el limbo histórico y no tiene visos de despejarse en un futuro próximo.

Finalmente, cabría citar una última teoría –aún más enraizada en el ámbito conspirativo– que propone que Adolf Hitler sí tuvo descendencia legítima a partir de su relación con Eva Braun, concretamente una niña y un niño (nacidos en 1938 y 1941 respectivamente). Estos niños habrían sido apartados de sus padres al final de la guerra y se habrían criado con otra familia en el extranjero (con otro apellido, naturalmente), perdiéndose su rastro con el paso de los años. Hasta donde he podido averiguar, esta historia tiene muchos visos de ser un rumor o una leyenda, dada la ausencia de sólidas pruebas documentales que la sustenten.

La controversia sobre la muerte (o huida) de Hitler

Ya desde el mismo final de la Segunda Guerra Mundial surgieron los primeros rumores de que Hitler no había muerto en su bunker subterráneo, sino que había escapado poco antes de la caída de la capital. Ante esto, a día de hoy, la historia oficial sigue vendiendo la versión de que el Fuehrer se suicidó –junto con Eva Braun– el 30 de abril de 1945 en el bunker de la Cancillería de Berlín. Más tarde, y siguiendo las propias instrucciones de Hitler, los cuerpos habrían sido incinerados con gran cantidad de gasolina, lo que habría hecho desaparecer prácticamente cualquier prueba.

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¿Un doble de Hitler?

Lo cierto es que los rusos buscaron infructuosamente el cuerpo de Adolf Hitler, aunque fuera muy quemado, pero no hay pruebas fehacientes de que hallaran ningún resto identificable con seguridad. A este respecto, se conservaba en Rusia un pedazo de cráneo con un agujero de bala, pero un análisis de ADN realizado hace no muchos años descartó que se tratase de Hitler. Esta falta de pruebas hizo que la naciente República Federal Alemana considerara a Hitler como desaparecido y que sólo fuera declarado oficialmente muerto en una fecha tan tardía como el 31 de diciembre de 1956.

Además, por si fuera poco, otras visiones heterodoxas apuntan a que Hitler tenía uno o varios dobles, y que tal vez fue uno de ellos el que pereció en la Cancillería de Berlín, mientras el auténtico huía sigilosamente al extranjero. En concreto, los autores británicos Dunstan y Williams aseguran sin dudar que la famosa (y última) filmación de Hitler en que aparece felicitando a unos miembros de las Juventudes Hitlerianas el 20 de marzo de 1945 habría sido llevada a cabo por un doble, dadas algunas sutiles diferencias físicas detectadas por expertos.

A partir de este punto, casi todos los investigadores que no han creído la historia del suicidio sostienen la hipótesis de que Hitler escapó de Berlín (posiblemente en avión) y que salió de Europa, bien por el Mediterráneo bien por Noruega. Posteriormente, se habría embarcado en un submarino, acabando por refugiarse en Sudamérica[16], al igual que otros muchos jerarcas o militares nazis que huyeron en el último momento o que se instalaron allí tras ser liberados de su cautiverio. Este confuso asunto sigue causando controversia y para muchos académicos no deja de ser un bulo conspiranoico montado para vender libros sin ningún atisbo de veracidad. No obstante, para los investigadores independientes ya se acumulan suficientes pruebas de esta historia jamás contada. De hecho, existen muchos documentos desclasificados a finales del siglo XX por el FBI que confirmarían esta tesis, e incluso apuntarían a una cierta complicidad –o cuando menos conocimiento– por parte de las potencias occidentales.

Respecto a los detalles de este asunto, se habla de una huida bien planeada y ejecutada que llevó a Hitler y a Eva Braun hasta Argentina, concretamente a la región de la Patagonia. Los investigadores independientes –muchos de ellos argentinos– proclaman que Hitler partió de las Islas Canarias en un submarino del tipo IX (muy posiblemente el U-530), que cruzó el Atlántico a fin de desembarcar discretamente al Fueher y a su séquito en las costas patagónicas, tras lo cual dicha nave se dirigió a Mar del Plata para entregarse. Este acto de rendición tuvo lugar el 10 de julio de 1945, según consta en los registros históricos[17]. Entretanto, Hitler habría sido acogido por un militar nazi de las SS llamado Hermann Fegelein (“oficialmente” ejecutado por traición en los últimos días de la guerra), que estaba casado con Gretl Braun, hermana de Eva Braun.

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El U-530 siendo inspeccionado por marinos argentinos en el Mar del Plata (julio de 1945)

A continuación, Hitler se habría instalado en aquella zona, en una hacienda llamada San Ramón, rodeada de alambradas. Años después, se habría trasladado a su residencia definitiva, una mansión de estilo bávaro llamada Inalco[18] situada dentro de una extensísima finca –llamada Villa La Angostura­– bien custodiada, cerca de la población de Bariloche (provincia de Río Negro), y todo ello bajo el amparo del régimen de Perón. Precisamente, el general argentino ascendió al poder a inicios de 1946 y tuvo entre sus asesores más cercanos a Rodolfo Freude, hijo de un poderoso hombre de negocios alemán, que facilitó la inmigración –y la tranquilidad– de muchos “refugiados” alemanes, así como de colaboracionistas nazis de otros países. Gran cantidad de ellos cambiaron discretamente de identidad y es bien posible que Adolf Hitler pasara desapercibido de este modo, difuminado entre la numerosa colonia alemana que llevaba tiempo viviendo en la Patagonia.

Con todo, y a pesar de moverse en un ambiente relativamente cerrado, existen algunos testimonios acerca de la visita fugaz de Hitler a algunos puntos de Argentina y de países limítrofes, obviamente bajo nombre falso y con su aspecto físico remodelado para no despertar sospechas[19]. Incluso unos pocos ciudadanos argentinos confesaron ante las cámaras haber estado en presencia de Hitler, si bien en su momento guardaron discreción para evitar meterse en problemas. Al parecer, Hitler habría fallecido en Argentina en los años 60 (Dunston y Williams señalan la fecha concreta de 1962) y habría sido enterrado en un lugar recóndito, aunque no hay confirmación sobre este punto. Lo que resulta claro, si la historia es verídica, es que en todo ese tiempo no fue molestado ni mucho menos perseguido, pese a los repetidos rumores y sospechas y la evidente presencia de nazis en el país, como casi era de dominio público internacional.

¿Qué habría impedido pues la búsqueda y captura de Hitler, si sotto voce se sabía que había huido y estaba viviendo en Argentina? Los autores alternativos apuntan a la necesidad por parte de las potencias capitalistas ganadoras de la guerra de captar a los nazis para enfrentarse a la naciente amenaza soviética. En este empeño, habría sido decisivo obtener la desarrollada ciencia y tecnología de los nazis, así como sus “cerebros” y sus especialistas en servicios secretos. Así, quizás se dio un acuerdo secreto entre las partes implicadas para intercambiar favores y protecciones, lo cual obligaría a reinterpretar la historia bajo otro enfoque. Sea como fuere, la hipotética supervivencia de Hitler en Argentina se sigue viendo como algo “fuera de lugar”.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

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[1] La madre de Klara era Johanna Hüttler, prima de Alois.

[2] Paula Hitler sobrevivió a su hermano en varios años, pues falleció en 1960 en Alemania. De todas formas, ya de joven se había cambiado el apellido –por deseo de su hermano­– y pasó a llamarse Paula Wolf, nombre que conservó hasta el final de su vida. Ni se casó ni tuvo descendencia.

[3] Vale la pena citar que en Landsberg Hitler disponía de una amplia celda personal con dos estancias y que podía recibir visitas y regalos. Además, él no escribió personalmente su Mein Kampf sino que la dictó a sus ayudantes Hess y Maurice, aunque algunos autores aseguran que el texto no es suyo; se lo escribieron.

[4] Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei: Partido Nacional-Socialista de los trabajadores alemanes.

[5] Esta información aparece en el libro de Gilbert The Nuremberg Diary.

[6] Overseas Secret Service.

[7] La fuente de Langer era un alto oficial de la GESTAPO llamado Hans-Jurgen Koehler, que había tenido pleno acceso a la documentación de la investigación Dollfuss.

[8] BULLOCK, A. Hitler (tomo I). Ed. Grijalbo. México, 1955. (pág 10)

[9] Cabe recordar, además, que Hitler no fumaba, no bebía y era vegetariano. En gran parte esta conducta tenía su origen en el rechazo hacia la vida disoluta de su padre Alois.

[10] De hecho, la policía vienesa tenía fichado a Hitler como homosexual. Por otro lado, las residencias para hombres a las que acudió Hitler solían ser conocidos y discretos lugares de contactos homosexuales.

[11] La fuente de esta información es uno de los propios hijos de Wieland, que así se lo confesó al diplomático americano Frederic Spotts, que estaba escribiendo un libro sobre Bayreuth.

[12] De todos modos, aparte de tapar conductas indeseadas, el asesinato de Roehm estuvo también causado por una cuestión política y de lucha por el poder dentro del partido.

[13] No obstante, según el autor Konrad Heiden, el padre era el propio Hitler, tal como aseguraba Stempfle.

[14] Otra versión de esta historia afirma que –con Francia ocupada por los nazis en 1940– la GESTAPO buscó a Jean-Marie y le dio un buen trabajo y protección, y cuando las cosas empezaron a ir mal para los alemanes, en 1944, la propia GESTAPO destruyó todos los documentos que ligaban al joven con el régimen colaboracionista.

[15] Un análisis genético, impulsado en 2008 por el periodista belga Jean-Paul Mulders y llevado a cabo con muestras de familia Loret y de parientes austriacos de Hitler, no encontró conexión paterno-filial. Sin embargo, otro estudio realizado por la Universidad de Heildelberg en 2012 concluyó que, en el mejor de los casos, Loret podía ser hijo de Hitler, apreciando que tenían el mismo grupo sanguíneo y una caligrafía similar, aparte de cierto parecido físico. Asimismo, se habla de otras pruebas como sobres (que llevarían dinero) con el sello de la Wermacht destinados a la Sra. Lobjoie o incluso de pinturas firmadas por Hitler en poder de ésta.

[16] Otra hipótesis, más minoritaria, señala a España como destino final –o al menos temporal– de Hitler, y es bien cierto que el régimen de Franco ocultó y protegió a muchos nazis destacados. Aparte, existe la audaz teoría de que Hitler huyó a una base secreta de los nazis en la Antártida, relacionada con la Tierra Hueca y una civilización perdida.

[17] Lo cierto es que no está claro qué hizo este submarino a inicios de 1945. No hay acuerdo sobre si partió de su base en Kiel a finales de febrero o inicios de marzo de 1945. Se sabe que su misión asignada era patrullar la costa este de EE UU, pero desde mediados de mayo se perdió el contacto por radio y no hay forma de saber cuál fue su actividad hasta el día de su rendición, teniendo en cuenta además que el capitán Otto Wermuth mandó deshacerse de toda la documentación (cuaderno de bitácora, cartas de navegación, etc.) e incluso del armamento. La versión oficial afirma que el capitán, una vez enterado de la capitulación alemana, dejó escoger a la tripulación si querían dirigirse a España o a Argentina, y eligieron este último país.

[18] Edificada ex profeso por orden de Hitler, según algunos investigadores, y con un innegable parecido a su antigua residencia del Berghof, en los Alpes.

[19] Según el investigador argentino M. García, no hubo tal cambio radical, sino que Hitler mantuvo más o menos su aspecto, con su típico bigote. A su juicio, las fotografías de Hitler en Argentina que corren por Internet son todas falsas, excepto una, si bien es bastante dudosa. En ella se ve a una persona con bigote –en segundo plano y de lado– en la mesa del restaurante de un hotel.

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4 thoughts on “Los grandes enigmas sobre Adolf Hitler (1ª parte)

  1. Muy completo, pero se echa a faltar una parte también oscura de Adolfito, su faceta esotérica, que daría quizás para muchos escritos.
    Como curiosidad, mencionar que era vegetariano (quizás forzado por sus prácticas esotéricas) y que como Franco y Napoleón, solo tenía un testículo.

    El que tuviera origen judío no es algo descabellado, ni sería imposible en la Alemania nazi, ya que algunos altos cargos eran de ascendencia judía reconocida. Los nazis no perseguían a los judíos, solo usaron de cabeza de turco a algunos judíos POBRES, pero animados por los propios sionistas, para forzar , quizás sin pretenderlo, la creación del estado de Israel.
    Por otro lado los fascistas, (aun los actuales), son pro-sionistas pero anti semitas, sin olvidar que la mayoría de autodenominados judíos del mundo no son semitas, sino askenazis.

    Y algo más, desde la ultra derecha se intenta rescatar la figura de Hitler y se lo presenta como un héroe del pueblo, un antisistema, anticapitalista que ayudaba a cruzar a las viejecitas y besaba a los niños por la calle, otro “campechano” que solo llevó ventajas a su pueblo, pero que tuvo que vérselas con los envidiosos del resto del mundo…. Lo peor es que mucha gente se lo llega a creer: los fachas pobres, que suelen ser la carne de cañón de todo este tinglado.

    Un saludo.

    1. Gracias Piedra

      Coincido con tus apreciaciones y te emplazo a leer la segunda parte cuando aparezca, en la que tocaré al menos someramente el tema esotérico, aunque reconozco que podría dar para mucho. También me adhiero a tu comentario sobre esa nefasta moda entre algunos “enterados” de intercambiar los papeles de buenos y malos (en la que Hitler aparece como “el bueno”), y de hecho esta reflexión formará parte de mi conclusión.

      Saludos,
      X.

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