Héroes populares: las odiosas comparaciones históricas

SchindlerMuy posiblemente si saliéramos a cualquier calle de España y preguntásemos a la gente si han oído hablar de un tal Oskar Schindler, muchas personas responderían: “Sí, claro, el de la película, el de la lista, el industrial alemán que salvó a tantos judíos.” Si a continuación preguntásemos si saben quién fue Melchor Rodríguez, me temo que poquísimas personas –si es que hay alguna– podrían dar una respuesta acertada. Tal vez dirían: “No me suena, ¿es un deportista, un actor, un empresario?” Es evidente que el enorme poder mediático de Hollywood ha hecho que Schindler sea un personaje conocido popularmente en todo el planeta y considerado todo un héroe salvador de personas en circunstancias especialmente trágicas. Sin embargo, Melchor Rodríguez no sólo es un gran desconocido en el ámbito internacional, sino también para la gran mayoría del pueblo español, a pesar de que se han escrito varios libros sobre él y se ha realizado un documental sobre su vida.

Como estudioso de la historia, me ha sorprendido esto hasta cierto punto, pues sobre todo en España se cumple aquello de que “nadie es profeta en su tierra”. Pero, ¿por qué tan pocas personas en España conocen a Melchor Rodríguez y en cambio Oskar Schindler es todo un héroe popular aupado por Hollywood? A ambos dediqué en su día un artículo específico (el de Schindler lo hice en mi otro blog), pero me quedó la espina clavada de reivindicar más firmemente al personaje español, y más aún cuando he leído en algunos comentaristas que Rodríguez fue en verdad el “Schindler español”. Déjenme pues que les explique unas cuantas cosas al respecto. Luego, busquen, comparen y si encuentran una explicación mejor, cómprenla. Desde luego, no pretendo llevar razón ni vender verdades (para eso ya están otros), sino simplemente invitar a una reflexión de carácter social e histórico.

Empezaré por hablar de Oskar Schindler, por el cual me interesé más en particular cuando leí hace pocos años la novela original de Thomas Keneally (de 1982), sobre la cual se inspiró la posterior película de Steven Spielberg, estrenada en 1993 y que vi varias veces antes de leer el libro. Fue en ese momento cuando pude observar diferencias apreciables entre ambos relatos, hasta el punto de que la película parecía trastocar en parte la realidad de la novela, basada supuestamente en hechos históricos a partir del testimonio de uno de los “judíos de Schindler”. Sin embargo, no fue hasta hace relativamente poco en que fui a dar con diversa información –de fuentes “exteriores” a las de la novela– que me confirmó que la obra de Keneally tampoco era un fiel reflejo de lo sucedido en aquella convulsa época. Y ahí es cuando pude hacerme una idea más rigurosa de quién fue el auténtico Oskar Schindler. Vayamos pues a los hechos.

Schindler nació en 1908 en la población de Svitavy (antiguo imperio austro-húngaro, luego Checoslovaquia) en el seno de una familia más o menos acomodada. En su niñez y juventud tuvo una buena educación y no pasó privaciones de ningún tipo. Con el auge del nazismo en la vecina Alemania, se afilió al partido nazi en 1930 y desde entonces unió sus intereses políticos a los económicos y comerciales, en una maniobra que muchos podrían calificar de arribista, o al menos oportunista. Así, Schindler apostó a la carta ganadora y se hizo oficial de las SS, llegando a colaborar con la GESTAPO alemana en actividades de información y espionaje para la represión de opositores al régimen nazi en su Checoslovaquia natal. Con el estallido de la Guerra Mundial, vio al final su gran oportunidad para convertirse en un empresario de éxito. Se desplazó a la Polonia conquistada a finales de 1939 y allí se hizo con la dirección de una fábrica de esmaltes y cacerolas de Cracovia[1] que había sido incautada a la fuerza por las autoridades nazis (Schindler no la compró, tal como aparece en la película).

Oskar_Schindler_enamel_factory_in_Kraków
Puerta de entrada de la DEF, la fábrica de Schindler en Cracovia (Polonia)

En ese punto empezó su gran éxito como industrial, al conseguir mano de obra esclava (judía) a la que prácticamente sólo tenía que mantener, mientras él obtenía grandes beneficios de sus ventas al ejército. Y, por cierto, allí no sólo realizó “marmitas y ollas” como se ve en el film, sino que desde el principio fabricó munición para el ejército y en ningún momento incurrió en la fabricación intencionada de proyectiles defectuosos, pues eso no sólo le hubiera dejado sin dinero ni contratos, sino que hubiera puesto en riesgo su propia seguridad, en la eventualidad de ser acusado de sabotaje. Por tanto, Oskar Schindler no se diferenció de otros industriales alemanes de la época que se aprovecharon de la situación, explotaron a sus obreros y colaboraron sin fisuras con el esfuerzo de guerra nazi. Más adelante, y gracias a sus contactos y sobornos en las más altas esferas políticas y militares, siguió con su lucrativo negocio en el campo de trabajo de Plaszow (dirigido por el oficial nazi Amon Goeth), hasta que llegados a 1944 los avatares de la guerra le forzaron a un drástico cambio de planes.

Fue entonces cuando se forjó la leyenda del héroe popular, que –en medio de tanta barbarie nazi– iba a salvar a más de 1.000 personas (los judíos de su empresa) de una muerte segura. Sin embargo, la realidad es que no hubo realmente una maniobra de salvar intencionadamente a nadie de la muerte, sino una respuesta ante la presión de las tropas soviéticas que, en su avance hacia el oeste, amenazaban con llegar a los campos de trabajo polacos. De este modo, Schindler elaboró una lista con toda su gente para poderlos trasladar en tren a otro campo –que él controlaría personalmente– en un lugar más seguro. Así pues, lo que en la película se veía como una lista “del bien absoluto” no era más que una lista –como otras tantas que se hicieron en aquella época– impuesta por la burocracia nazi, que exigía este tipo de formalidades para registrar el traslado de la mano de obra esclava. Y una vez más, Schindler echó mano de sus influencias y dinero para conseguir lo que quería, que incluía la movilización de gran cantidad de vagones, lo que no era cosa fácil en 1944.

Schindlergrave
Tumba de Schindler en Jerusalén

Schindler consiguió al final hacerse con una fábrica en Brunnlitz, en su Checoslovaquia natal, y allí llevó a toda su mano de obra para que siguieran con la producción de proyectiles. De todas maneras, a inicios de 1945 la suerte estaba echada y los rusos se acercaban peligrosamente. En esa tesitura, y con la ayuda de sus propios obreros, Schindler y su esposa Emilie huyeron disfrazados de Brunnlitz para no ser capturados por el ejército soviético o la resistencia checa. En cualquier caso, Schindler estaba muy implicado con el régimen nazi y terminó por escapar de Europa y buscar refugio en Argentina, donde ya se había concentrado gran número de jerarcas nazis. En realidad, no fue hasta el año 1955 en que el estado de Israel no le exculpó de sus presuntas responsabilidades (algo extraño para alguien que parecía haberse mostrado como un defensor y salvador de judíos). Entonces no sólo dejó de ser un proscrito, sino que –por su heroica actuación al salvar las vidas de unos 1.200 judíos– Israel le concedió una pensión vitalicia y fue nombrado “justo entre las naciones” por el Museo israelí Yad Vashem. La veneración hacia Schindler siguió después de muerto, pues –pese a haber fallecido en Alemania en 1974– sus restos mortales fueron trasladados al cementerio católico de Jerusalén, donde reposan a día de hoy.

Por lo que he podido recopilar no puedo afirmar hasta qué punto Schindler fue un seguidor acérrimo del nazismo, pero todo apunta a que más bien lo utilizó en su propio interés y que en el fondo no tenía una filia o una fobia particular hacia los judíos ni tampoco una ideología definida. También podríamos dejar aparte otros aspectos que ya aparecen en la película, como su carácter de vividor, mujeriego, farsante y persona sin escrúpulos. Todo eso son argumentos ad hominem que realmente no aportan nada. En todo caso, lo que parece claro es que –a la luz de las memorias de su esposa más los estudios recientes de algunos investigadores– la historia de Schindler fue bastante maquillada o manipulada para hacer de él un héroe salvador bastantes años después de la guerra. Lo demás llegó con la novela y sobre todo la película, que lo convirtió en todo un icono del heroísmo y la redención a través de una grandiosa obra humanitaria –la salvación de los judíos perseguidos– en medio de enormes peligros.

Ahora volvamos a Melchor Rodríguez.

melchorrodriguez
Melchor Rodríguez

Rodríguez nació en barrio de Triana (Sevilla) en 1893. Su familia era muy humilde y su madre se quedó viuda muy joven teniendo que pasar muchos apuros para sacar a los suyos adelante. Melchor apenas tuvo una educación básica y con 13 años se tuvo que poner a trabajar como calderero. Después, por su afición al toreo, quiso iniciar una carrera profesional como torero, pero una grave cogida le apartó de ese mundo en 1918. A partir de ahí, redirigió su vida y se desplazó a Madrid, donde se hizo obrero carrocero y empezó a tomar contacto con el movimiento sindicalista. Así, ya en los años 20 se afilió a la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), de ideología anarquista, y tuvo sus primeros encontronazos con el poder establecido. Fue entonces cuando supo lo que eran las penalidades de la cárcel: a lo largo de su vida, y bajo diferentes regímenes, Rodríguez estuvo hasta 34 veces en prisión, a menudo en estancias breves, pero también en otras que duraron años.

Llegados a la época de la 2ª República, Rodríguez fue tomando gran protagonismo como líder anarquista y volvió a tener graves problemas con el poder, aunque –una vez ganada cierta notoriedad– pudo ejercer influencia sobre éste, como por ejemplo cuando intercedió ante el gobierno para la liberación de 250 sindicalistas detenidos por los sucesos de octubre de 1934. Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, Rodríguez se vio superado los acontecimientos sociales y políticos y comprobó con desánimo que la revolución había degenerado en un clima de persecución y violencia extrema hacia cualquier sospechoso de simpatizar con los sublevados, incluyendo “paseos” y “sacas” de presos que concluían normalmente en ejecuciones extrajudiciales. Ante esta situación, Rodríguez tiró de sus influencias y su prestigio y se apropió de una finca (el palacio del marqués de Viana), en la cual acogió clandestinamente –y jugándose la vida por ello– a personas inocentes de derechas o a religiosos para librarles de una más que posible ejecución. Asimismo, facilitó a muchos perseguidos documentación en regla o el traslado seguro a embajadas extranjeras o a la frontera.

No_pasarán_Madrid
Imagen del Madrid sitiado en el otoño de 1936

En este trágico contexto, y con el apoyo del ministro anarquista García Oliver, el 10 de noviembre de 1936 llegó su nombramiento como Inspector General de Prisiones, dado su gran conocimiento de la realidad penitenciaria del país. Lo primero que hizo Melchor Rodríguez fue visitar tres prisiones donde se agolpaban los presos políticos y secuestrar literalmente unas listas de la muerte con cientos de nombres de presos que iban a ser excarcelados y fusilados de forma inminente. Su actuación fue objeto de críticas de todo tipo, sobre todo por parte de los comunistas, y Rodríguez acabó por dimitir a las dos semanas. No obstante, y por presiones de la diplomacia extranjera y de los sectores más moderados, el día 4 de diciembre se vio aupado al cargo de Delegado de Prisiones de la República, con plenos poderes para emprender una política efectiva de prisiones.

Desde ese momento cesaron las sacas y los abusos y las prisiones volvieron a ser regidas según el régimen constitucional republicano, bajo la tutela de los funcionarios en vez de la de los milicianos. Con su iniciativa y la imposición de medidas concretas se acabaron las ejecuciones extrajudiciales y se fomentaron unas mínimas condiciones de sanidad y alimentación para los presos. Para muestra de su talante en la gestión de las prisiones, basta citar la reacción que tuvo al ser interpelado por un consejero de la Junta de Defensa de Madrid, que le recriminaba su excesiva preocupación por los presos fascistas: “Me preocupo de ellos porque es mi obligación. Si hay que fusilarnos o no, eso es cosa de los tribunales. Son hombres, y hay que darles de comer. En cuanto a las ideologías, yo las respeto todas.” Precisamente por esa digna conducta humana y profesional, sus enemigos políticos –los presos de las cárceles de Madrid– lo apodaron el ángel rojo.

Con todo, su intervención más sonada tuvo lugar en Alcalá de Henares el 8 de diciembre de 1936, cuando una muchedumbre quiso asaltar la prisión donde había más de 1.500 presos políticos, con el ánimo de asesinarlos en represalia por el bombardeo aéreo que había sufrido dicha población madrileña. El director de la prisión se negó a dar paso a los exaltados, pero ya estaba a punto de ceder cuando de improviso llegó Rodríguez a las puertas del centro. Acto seguido, se enfrentó dialécticamente a la multitud durante siete horas argumentando, entre otras cosas, que “la justicia es lo que nos diferencia de esos salvajes fascistas”. Rodríguez, empero, sufrió lo indecible para defender la vida de los presos, siendo amenazado, vejado y golpeado a punta de fusil y pistola por los milicianos. Al final las masas se retiraron y 1.532 personas se salvaron de una muerte segura, pues en fechas anteriores unos hechos similares habían acabado con el fusilamiento de todos los presos –menos uno que logró escabullirse– de la cárcel de Guadalajara.

MRodriguez_1
Rodríguez en una alocución pública

Lo cierto es que esta continua dedicación a los presos enemigos le valdría no sólo el acoso político, sino también varios atentados contra su vida, siendo el más grave uno acaecido en Valencia donde su coche fue acribillado a balazos. Finalmente, y dada la fuerte influencia comunista, Rodríguez fue cesado de su cargo en marzo de 1937 y nombrado responsable de los cementerios de Madrid, función que ejerció prácticamente hasta el final de la Guerra Civil. Llegados a marzo de 1939, convino con otros republicanos que la guerra estaba perdida y que era inútil derramar más sangre. Así, formó parte del Consejo Nacional de Defensa, que se opuso al gobierno de Juan Negrín y se enfrentó a las tropas comunistas en Madrid. En esos convulsos días, Rodríguez fue detenido por los comunistas y corrió peligro de muerte hasta que fue liberado tras la derrota de éstos. Y ya en los últimos días del régimen republicano fue nombrado alcalde de Madrid para facilitar el traspaso de poderes a las autoridades franquistas y evitar muertes en las calles. En esos momentos se le ofreció una salida segura para dejar Madrid antes de la entrada de las tropas de Franco, pero él decidió quedarse en su puesto, aun a sabiendas de que iba a sufrir las represalias de los facciosos.

Lo que le esperaba, en efecto, no fue precisamente compasión y perdón, pues fue juzgado dos veces por los vencedores y condenado a muerte en el segundo juicio. Sólo la intervención del general Muñoz Grandes, salvado en Alcalá de Henares, evitó lo peor, pues el militar aportó las firmas de 2.500 personas que habían sido salvados directamente por Rodríguez. Su pena fue conmutada por veinte años de cárcel, aunque sólo cumplió unos pocos. Al salir en libertad, ejerció un modesto empleo de agente de seguros y siguió con sus actividades clandestinas sindicalistas. Melchor Rodríguez falleció el 14 de febrero de 1972 y su entierro en el cementerio de San Justo de Madrid fue un evento bastante insólito en la España franquista. Acudieron a él sus compañeros libertarios de la CNT, pero también muchos falangistas y personajes del régimen franquista, personas a las que había salvado durante el conflicto. La emotiva ceremonia, pese a ser multitudinaria y con gentes en principio tan opuestas, transcurrió en paz y sin ningún incidente.

Los que han estudiado su vida han estimado que, entre su actividad personal y política (desde su cargo institucional), salvó de la muerte directa o indirectamente a unas 12.000 personas, al haber dado protección o permitido la huida de personas amenazadas, evitado las represalias en caliente y marcado unas firmes directrices en el ámbito de las prisiones para acabar con las sacas y otros abusos carcelarios.

En fin, dice el tópico que todas las comparaciones son odiosas. Yo creo que la historia no es una excepción en este caso, y por desgracia en muchas ocasiones se tiende a simplificar los hechos o, lo que es peor, a aplicar diferentes raseros según criterios o razones que costarían bastante de explicar o justificar. Por todo lo que he expuesto y, a la vista de las muchas diferencias entre ambos, me parece que calificar a Rodríguez de Schindler español es una burda simplificación y una comparación poco afortunada, sin entrar siquiera en la magnitud de las cifras de personas salvadas de verdad. Por lo demás, no creo que sea oportuno juzgar a ninguno de los personajes en su conducta personal. A los dos aprecio y respeto, y considero que hicieron lo que estimaron más conveniente en cada momento según sus valores e intereses. Tampoco voy a ponerles la calificación de héroes, porque ni ellos mismos se consideraron como tales. En todo caso, es evidente que uno de ellos ha tenido una prensa inmejorable y el otro ha permanecido en un relativo silencio histórico. ¿Por qué este doble rasero? Acabo con unas últimas reflexiones sobre ambos hombres y el trato histórico que han recibido.

Si al final Schindler mostró sinceramente compasión y humanitarismo por sus trabajadores –fuesen judíos o de cualquier otra etnia– es algo que se me escapa, pero a lo largo de toda su trayectoria vital sólo miró en su propio interés y no arriesgó más que lo necesario para lograr sus fines, tal como reveló su esposa en sus memorias. Ciertamente, en algunos aspectos tuvo una vida complicada, con su exilio, su matrimonio fracasado y una actividad empresarial que tampoco funcionó, más allá de los exitosos años de la guerra. Pero si nos atenemos a los hechos, debe tenerse en cuenta que, aparte de su famosa lista de Plaszow, hizo otras muchas listas en sus labores de información para la GESTAPO con nombres de opositores que en muchos casos acabarían presumiblemente en prisión o en un campo de concentración, o directamente eliminados.

Schindlers_Liste_mit_Helena_Sternlicht
Fragmento de la lista de Schindler original elaborada para el traslado de sus trabajadores

El caso es que una novela y una película lo convirtieron en un héroe admirado en todas partes por su supuesto cambio de actitud y su compromiso con la suerte del pueblo judío (o al menos esto es lo que dice la historia oficial). Dicho esto, no es ninguna novedad apuntar que desde hace décadas existe una masiva exposición en los medios y en la cultura popular del llamado Holocausto judío, como si hubiera sido el único hecho luctuoso destacable de la Segunda Guerra Mundial. Si la historia de Schindler fue retocada o aprovechada para seguir con esta tendencia, es algo que entra dentro del campo de las conjeturas.

Por su parte, y en las antípodas de Schindler, Melchor Rodríguez fue un hombre muy sencillo y de profundas convicciones, un auténtico idealista y pacifista que sufrió la cárcel y que se jugó la vida más de una vez por defender sus ideales y por sostener una cierta noción de decencia, honestidad y empatía por los demás. Quisiera recordar que, pese a haber sido el último alcalde republicano de Madrid y haber llevado a cabo una política eficaz e intachable en su gestión de las prisiones, el ayuntamiento madrileño no le dedicó una calle hasta 2016, cuarenta años después de la llegada de la democracia a España.

¿A qué se debió ese olvido? Creo que el origen humilde de Melchor Rodríguez tuvo bastante que ver en ello, pero sobre todo su firme posición de salir de las trincheras del odio político para tratar de dignificar la vida humana en medio de la barbarie, aplicando su propio lema personal: “Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas”. Además, lamentablemente, Rodríguez fue atacado y despreciado por los de su bando, que le llegaron a considerar un traidor o un colaboracionista, y de resultas de esto su papel en la Guerra Civil quedó desdibujado o en entredicho, pues la mayor parte de la historiografía sobre el conflicto ha sido escrita desde posiciones izquierdistas, a menudo poco ecuánimes u objetivas en la interpretación de los hechos.

Sea como fuere, tanto Schindler como Rodríguez ya tienen su pequeño hueco en la historia, mientras que otros cientos o miles de personas que salvaron vidas –a veces con riesgo de la propia– y se apiadaron de los que sufrían en tiempos de conflicto, crimen y odio todavía permanecen en un completo anonimato. A ellos en verdad está dedicado este artículo.

© Xavier Bartlett 2019

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

Nota: Para obtener una visión alternativa de la vida de Schindler, existe una obra en castellano en la que se destapan los muchos puntos oscuros que no aparecieron ni en la novela ni en la película. El libro, escrito por Alex Szarazgat, se titula Oskar Schindler: fabricante de la muerte, de Ed. Nuestra América (2003).


[1] La fábrica se rebautizó como la Deutsche Emaillewaren-Fabrik o DEF.


18 respuestas a “Héroes populares: las odiosas comparaciones históricas

  1. Melchor Rodriguez… Me falta su segundo apellido.Tienes razon en lo que expones y no tenia ni idea de esa bella persona. Me imagino que no le haran una pelicula porque harian PENSAR a los espectadores que los mal llamados republicanos- que eran comunistas estalinistas y cenetistas- tambien se las traian, tambien asesinaban, tambien querian imponer una dictadura…mas que salvar a la republica de los sublevados…que quiza no se sublevaron contra la republica precisamente… Tambien hay otro heroe del Madrid rojo, que fue consul noruego, llamado Felix Schlayer, de quien se negaron los fascistas progres de la desmemoria histerica a ponerle una calle o una placa aunque logro salvar a mucha menos gente, segun leo en la portada a cientos de perseguidos… En cuanto a Schindler… tambien tiene un rival…ESPAÑOL. Angel Sanz Briz, el Angel de Budapest, que estuvo en esa ciudad de embajador del 42 al 44 y salvo a unos 5000 judios con el tema de los sefardies o familiares españoles como escudo y documentos falsificados como arma…Hace muy poco, se le hizo un homenaje en Madrid por iniciativa de Javier Ortega Smith que presento una mocion y el PSOE fue el unico que se abstuvo en la votacion y no se sumo al homenaje. Yo por mi parte oi hablar de este hombre visitando la sinagoga de Budapest este verano. Tambien segun leo, Miguel de Unamuno se entristecio mucho al ver como el bando nacional se dejaba llevar de su fanatismo e intento que no se condenara a muerte a algunos presos pero Franco no le hizo caso…

    1. Hola Ania

      El segundo apellido era García; no lo he puesto porque es tan corriente como Rodríguez.

      Corroboro lo que has escrito y no tengo mucho más que añadir. Es evidente que en los tiempos actuales hemos vuelto a las trincheras (si es que alguna vez salimos de ellas), incluso con el mismo lenguaje y los mismos “bandos”.

  2. Uno de lo mejores artículos que has escrito, Bartlett. Y muy apropiado para los tiempos que vivimos. O, al menos eso me parece a mí. Un abrazo,

    Joaquín Albaladejo

    1. Muchas gracias Joaquín

      Sí, y ya ves qué pasó con la “desmemoria histórica” que sufrió Rodríguez, mientras que el otro individuo ha sido ensalzado y honrado com un gran héroe… Y lo que es peor, los que hoy fomentan la división, la separación, el odio, el supremacismo y el conflicto son jaleados y adorados por las masas y considerados también “héroes”. Sin comentarios.

      Un abrazo, viejo amigo
      X.

  3. En estos tiempos de ficción hollywoodense EN TODO no solo en el cine se agradece un artículo como este.

    Parece como si el sistema de control odiara la verdad y a los verdaderos, con todas sus sombras y sus luces y se esforzara en vendernos lo falso tras un buen maquillaje de “efectos especiales” y luego someternos a un lavado de cerebro colectivo.
    Los sombríos odian la luz pues los destruye.

    1. Muchas gracias Heliotropo

      Confirmo tus palabras: estamos ante una hiperrealidad creada desde los medios y la cultura popular en la que todo parece invertido y en la que el villano es un héroe y el bondadoso un malvado (o al menos alguien a quien se debe ignorar). El caso que aquí he expuesto me ha parecido sangrante por lo odioso de la distorsión de la realidad, y todavía me he guardado en el tintero otros detalles y datos relevantes para no echar más leña al fuego.

      Saludos,
      X.

  4. Yo soy uno de los que si lo conocía.

    Algo más sobre “chinler” No salvó directamente de la muerte a los prisioneros, (judíos o no), porque los nazis a los prisioneros no los asesinaban, los esclavizaban. ( A pesar de que asesinasen a muchos militares y civiles apresados, como el resto de estados).

    Un saludo.

    1. Gracias piedra

      Sabía que lo conocías, pero fíjate que el caso de Durruti (otro anarquista célebre de la época) sí ha tenido una amplia difusión y homenaje en las últimas décadas. ¿Cómo te lo explicas? Voy a parar a lo mismo: En este país no se tolera salir de la trinchera y confraternizar con el “enemigo”, o al menos apiadarse de él.

      Sobre lo otro que apuntas de Schindler, eso merecerá en su momento otro artículo. Llevo años documentándome al respecto, y sigo buscando y contrastando. Algún día toda la verdad saldrá a la luz.

      Saludos,
      X.

  5. En el caso de Durruti es que sirve para fomentar el odio, que es todo lo que se pretende que se aprenda de él, es lo que interesa, polarizar y separar, pero en el caso de Melchor, si lo que tenemos que aprender es a ayudar al margen de los ideales y a confraternizar con el prójimo…

    Más saludos.

    1. No puedo estar más de acuerdo contigo. En todo caso, lo sabes bien, el anarquismo ha tenido siempre varias caras y actitudes, como en general casi todos los partidos o tendencias. Creo que Melchor tenía la idea de que no se podía construir la sociedad anarquista “contra nadie”, y eso no era precisamente lo que más se llevaba en aquella época, muy anclada en la lucha de clases y la revolución violenta.

      1. Si, Xavier, lo de la lucha de clases fue el arma populista mas eficaz y lo sigue siendo de manera mas o menos latente… y Melchor fue de los mas coherentes con su utopia… En facebook he compartido este articulo con este comentario * Ave Melchor Rodriguez Garcia, ave HEROE. Tres comentarios del blog a destacar * fíjate que el caso de Durruti (otro anarquista célebre de la época) sí ha tenido una amplia difusión y homenaje en las últimas décadas. ¿Cómo te lo explicas? Voy a parar a lo mismo: En este país no se tolera salir de la trinchera y confraternizar con el “enemigo”, o al menos apiadarse de él.* * En el caso de Durruti es que sirve para fomentar el odio, que es todo lo que se pretende que se aprenda de él, es lo que interesa, polarizar y separar, pero en el caso de Melchor, si lo que tenemos que aprender es a ayudar al margen de los ideales y a confraternizar con el prójimo…* y el ultimo * En todo caso, lo sabes bien, el anarquismo ha tenido siempre varias caras y actitudes, como en general casi todos los partidos o tendencias. Creo que Melchor tenía la idea de que no se podía construir la sociedad anarquista “contra nadie”, y eso no era precisamente lo que más se llevaba en aquella época, muy anclada en la lucha de clases y la revolución violenta.*

    2. Muy buena respuesta, Piedra, acerca de lo poco que se promociona ayudar y confraternizar al margen de ideologias o religiones mas o menos politizadas- si pongo a las ideologias a la altura de las religiones- y ya de paso digo que lo unico que necesitamos son buenos gestores, SIN CREENCIAS UTOPICAS, y un mecanismo para que haya una vigilancia MUTUA entre Estado y votantes, como lo hay en Suiza, que es la unica democracia del mundo… o al menos la mas conocida ya que en Liechestein y demas micro-estados, Singapur, etc, dicen, que sin llegar a lo del gobierno de la mayoria como en Suiza, hay mucha libertad…

      1. Hola Ania

        Poco más que añadir a lo que has dicho. Sigo pensando que Melchor fue (y es) un personaje muy incómodo para todo el mundo, por haber mantenido unas ideas y una firmeza moral que le impedían “machacar” al enemigo. Debía saber muy bien que matando gente no desaparecen las diferencias o conflictos, sino que se acrecientan. Dicho esto, hoy en día no se aprenden para nada las lecciones del pasado, sino que se vuelve a los mismos demonios.

        Saludos,
        X.

  6. Gracias por el artículo, Xavi, Como siempre, la historia nos llega deformada y manipulada según los intereses de aquellos que están en posesión de la “verdad oficial”. Los héroes anónimos, si no sirven para la propaganda de los que ejercen el poder, seguirán siendo anónimos y olvidados para siempre. Gracias a tu trabajo y al de personas que como tú buscan la verdad libre de manipulaciones, por lo menos unos pocos tenemos acceso a este aspecto de la historia que, lamentablemente, permanecerà oculto e ignoto para la mayoría.

    Saludos,

    M.

    1. Gracias por el amable comentario Melisa

      No mucho más que añadir. Trato de reivindicar a quien lo merece, pero sin condenas ni exaltaciones, y buscando exponer los hechos tal cual sucedieron, lo cual no siempre resulta fácil, por el sesgo y la manipulación, pero también a veces por la falta de pruebas y datos objetivos.

      Saludos,
      X.

  7. Apreciada Ania,

    Conspiranoico no es un término que me agrade mucho, porque da a entender que quien critica y expone las incoherencias del “mundo real” es poco menos que un enfermo mental… pero bueno. En mi caso, después de años de escepticismo y dudas he acabado por llegar a un punto en que creo que la realidad no es explicable con los argumentos oficiales que nos venden sino que más bien responde a una pura farsa dominada por unos pocos. Esta noticia que has adjuntado es una prueba más de ello. “Piensa mal y acertarás”, dice el refrán.

    Saludos,
    X.

    1. Un abogado contra la demagogia me responde en twitter lo siguiente * No he podido constatar la veracidad de la noticia ya que aún no está publicado este acuerdo, no hay constancia documental oficial. Sigo investigando y si es cierto se tendrá que saber. Pero aún no lo sé porque
      @elconfidencial
      no da enlace a la fuente ni la cita.*

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s